En este programa queremos poner en valor el acompañamiento espiritual como vía necesaria para nuestra formación personal. Porque no queremos andar por la vida como 'ovejas sin pastor'.
Autor: Radio lavendee.es - Francisco Javier Cebrián
Contacto: acompanamientoespiritual@lavendee.es
Francisco Javier Cebrián, licenciado en teología fundamental, es vocal de formación del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española.
Podcast: https://lavendee.es/aes/.
Buscamos poner en valor el Acompañamiento Espiritual como vía necesaria para la formación personal y para la evangelización de los fieles.
Con la guía del Espíritu Santo, formamos nuestro entendimiento y nuestra voluntad para vivir el camino de perfección que el Señor nos pide, y lo hacemos a la luz de las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia Católica.
Nos encantaría conocerte y que participes activamente en la escucha y en el diálogo que abrimos cada día. Te esperamos.
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Las virtudes cardinales (IV). #35
Fecha: viernes, 28 de noviembre de 2025, a las 21:00:00
Duración: 53:57
Transcripción de Episodio 35. Juan XXIII. Encíclica 'Mater et magistra' (1961), sobre el reciente desarrollo de la cuestión social a la luz de la doctrina cristiana.
Buenas noches a los que me escucháis. Os habla Javier Cebriano, vocal de formación del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed bienvenidos al programa de acompañamiento espiritual de Radio Lavandé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios. Bien sabemos que esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior. Él nos va edificando para ser configurados con Cristo, cabeza de la Iglesia de la que formamos parte, para ser nosotros miembros de su cuerpo místico. Y buscamos esta unión con el Espíritu Santo no sólo para vivir mejor o más confiados, sino... para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. Ya en el primer programa que celebramos el 4 de octubre de 2024, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo. En la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, comenzamos siempre con la invocación al Espíritu Santo para que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando... todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Hoy en nuestra oración pedimos por el Papa León XIV, en su primer viaje apostólico a Turquía y Líbano, países que indican dos de las prioridades del Papa en los primeros meses de su pontificado, la unidad de los cristianos y la paz. Hoy se encuentra en Turquía, siguiendo la iniciativa de sus predecesores para conmemorar el... mil setecientos aniversario del concilio ecuménico de Nicea y continuar con la labor de la Iglesia en favor de la unidad de los cristianos y el diálogo interreligioso. Pedimos también por los obispos, en unión con el Papa, para que el Espíritu Santo los guíe en el gobierno y en la asistencia espiritual de la Iglesia con miras a la unidad de todos los cristianos en Cristo, verdadero Dios y Pastor del rebaño. Y pedimos finalmente por todas las necesidades de la Iglesia, por todos los pueblos de la Tierra y por toda la humanidad, especialmente por las personas que se nos han encomendado, particularmente nuestros familiares, amigos y bienhechores. Invocamos. Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados. Y renovarás la faz de la Tierra. Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve, María, llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos ya en materia, recordando que estamos siguiendo una serie de programas en la que vamos analizando los documentos principales del Magisterio en los que se desarrolla la doctrina social de la Iglesia. En el programa anterior analizábamos la encíclica del pavo Pío XI, cuatragésimo año, de 15 de mayo del 31, sobre la restauración del orden social en perfecta conformidad con la ley evangélica, al cumplirse los 40 años de la publicación de la encíclica Rerum Novarum, y seguidamente reflexionábamos sobre algunos aspectos de las virtudes cardinales. Hoy vamos a analizar la encíclica del Papa Juan XXIII, Mater et Magistra, de 15 de mayo de 1961, al cumplirse los 70 años de la Rerum Novarum, sobre el reciente desarrollo de la cuestión social a la luz de la doctrina cristiana. Y a continuación reflexionaremos sobre nuevos aspectos de las virtudes cardinales. Si hay tiempo en los últimos minutos, abriremos el diálogo para que haya participación directa de los oyentes que quieran hacer alguna pregunta o alguna aportación. Bien, pues comenzamos recordando que el Cardenal Angelo Giuseppe Roncalli, nacido en 1881, con 77 años de edad, fue elegido Papa el 28 de octubre de 1958, tras la muerte del Papa Pio XII. Era originario de Pérgamo, la Lombardía italiana, y su pontificado, de menos de cinco años de duración, se desarrolló hasta el 3 de junio de 1963, fecha de su fallecimiento, siendo sucedido por San Pablo VI, que, en fin, en esta situación de relevos, analizaremos lo que afectó también al Concilio Vaticano II. Juan XXIII fue beatificado posteriormente por el Papa Juan Pablo II en el año 2000, por el Papa Francisco en 2014. Recordamos también que una carta encíclica es un documento magisterial de primer orden, en el que los papas exponen los temas de la doctrina católica que afectan a una materia concreta. Las encíclicas están dirigidas a todos los fieles católicos y buscan instruir y aunar la doctrina en el ámbito universal de la Iglesia. El Papa San Juan XXIII, en el tercer año de su pontificado, promulgó esta encíclica el 15 de mayo del 61, día en que la Iglesia celebra la memoria de San Isidro Labrador, al cumplirse 70 años, como hemos dicho, de la publicación de la encíclica de León XIII, Rerum Novarum. Fue la quinta encíclica que escribió Juan XXIII, de un total de ocho. Mater et magistra se presentó en vísperas del inicio del Concilio Vaticano II. Ya estaba convocado. La encíclica fue una sorpresa, pues no se esperaba un texto con contenido social y económico de un Papa que era considerado de transición poco erudito, bonachón, cuya experiencia había sido eminentemente pastoral, con tránsito por algunos seminarios e enunciaturas, pero que carecía de antecedentes en temas sociales del calado mundial. Es más, la Iglesia no se había pronunciado sobre temas sociales desde que Pío XII lanzara por las ondas de la radio su Mensaje de la Solemnitat, el 1 de junio de 1941, en plena Segunda Guerra Mundial. Podemos decir que la intención principal de Juan XXIII fue conmemorar los 70 años de la llamada Carta Magna de León XIII, Rerum Novarum, buscando con ello la cercanía de la Iglesia con el mundo obrero, a fin de ofrecer una visión actualizada sobre la grave problemática social y económica del mundo. Con el tiempo, le seguiría otra carta encíclica, Pace Minterris, sobre la problemática sociopolítica, promulgada el 11 de abril de 1963, 53 días antes de su fallecimiento, carta que tuvo una gran repercusión por la amenaza histórica de los misiles soviéticos instalados en el país. y que analizaremos en el próximo programa. Aunque Mater et Magistra no se publicó hasta el mes de julio, Juan XXIII tuvo la ocasión de presentarla el 14 de mayo en la Plaza de San Pedro, con motivo del Congreso conmemorativo de la Rerum Novarum, ante más de 100.000 trabajadores de 46 países. Su discurso fue extenso y memorable, obteniendo un gran eco en los medios de comunicación y una amplia resonancia a nivel mundial. La encíclica presenta una concepción de lo que debe ser la Iglesia, una gran familia al servicio de la gran familia humana, que debe mirar a la sociedad como una madre para, con ojos evangélicos, procurarle como maestra una buena educación, que motive en ella una convivencia justa y fraterna. Todo esto con la finalidad de superar el grave desequilibrio existente entre los países desarrollados y subdesarrollados. Para Juan XXIII, por encima de toda la realidad social, está el bien común de los pueblos, bien que hay que proteger a partir del reconocimiento de la dignidad moral del hombre. Sin olvidar la agricultura, de la que dependen tantos pueblos en vías de desarrollo, se centra en los problemas sociales y económicos que afectan a todos los países, considerando que es urgente la práctica de una ética de conducta. A partir de estas ideas, Juan XXIII presenta la doctrina social de la Iglesia como elemento esencial de la misión evangelizadora, pidiendo que se enseñe en las universidades, en los seminarios, en las parroquias, con apertura a la consideración plural de la sociedad. Pese al pesimismo del momento social, económico y cultural, el Papa aprecia un final de época y cree que otro mundo es posible, confiando en que la Iglesia siempre ha sabido encender luces y aportar su granito de arena para encontrar un camino de salida a los problemas de los más desfavorecidos. Analizando un poco el contexto histórico del Pontificado y las aportaciones del Papa Juan XXIII, diremos que el mundo había cambiado radicalmente y la Iglesia, por su misma dinámica, si quería seguir siendo y existiendo, tenía que leer los signos de los tiempos. De lo contrario, dejaría de ser Iglesia. Sacramento de salvación. Dejaría de ser, dice el Papa, sal, levadura, luz. Y la intuición de Juan XXIII fue esta. El mundo ha cambiado. Las dos guerras mundiales, las ideologías políticas emergentes que llevaron a los totalitarismos, la nueva conciencia del hombre sobre los derechos fundamentales, la gran crisis mundial de la década de los 60, la Guerra Fría, el anticlericalismo, el ateísmo, el indeferentismo, la revolución social, la revolución industrial y económica, los nuevos sistemas económicos, los movimientos nacionalistas e independentistas, la aparición de las nuevas iglesias de misión . Las nuevas teologías que se iban elaborando en París, Berlín, Oxford, con los movimientos de la renovación del cristianismo. Todos estos hechos condicionaron que la Iglesia replanteara la teología, surgiendo con fuerza la llamada nouvelle théologie, que nació de la mano de los dominicos en Leso-Troyes, Francia, con una mirada puesta en los principios de la Iglesia a partir de las escrituras y de la tradición. Para el Papa Juan XXIII, la Iglesia debía volver a pisar la tierra del mundo, debía volver a la teología de la encarnación, para ver que la sociedad es nueva y que por ello tiene que crear un nuevo lenguaje, una nueva liturgia, unas nuevas formas de presencia, unos nuevos métodos de evangelización. Y debe dirigirse sobre todo a los ambientes más alejados de la Iglesia, las zonas industriales, los barrios obreros, los espacios universitarios. Todo esto requería una nueva Iglesia, tanto en sus principios, esto es, desde donde vive la fe, las escrituras, como en las formas de estar presente en la sociedad. Esto es una nueva pastoral. Y el Papa deseaba una Iglesia que hablara al hombre de hoy desde el anuncio de la fe del Evangelio, no desde la autoridad clerical, no desde los anatemas y las condenas, sino desde unas nuevas coordenadas. La diaconía entendida como servicio y la ternura de Dios como fuente de la misericordia. Y así fue. El Papa Juan XXIII, aun siendo de origen campesino, se mostró como un gran historiador de la Iglesia. Había sido patriarca de Venecia desde 1953 y tenía fama de hombre bueno. De su permanencia diplomática en varios países, entre ellos Francia, había sacado la conclusión de que el mundo había evolucionado y que la Iglesia estaba ausente en muchos sectores de la vida social. Con su espíritu sencillo y evangélico, quiso simplificar las cosas complicadas. Y lo hizo volviendo al espíritu del Evangelio. Adoptó un nuevo estilo pontificio, siendo el primer Papa en salir del Vaticano desde 1870, con visitas a la cárcel de Roma e incluso peregrinando a Loreto y a Asís. Cuando muchos se preguntaban, ¿qué más podría hacer aquel Papa Bonachón? Decidió convocar el Concilio Vaticano II, provocando la sorpresa general. Un nuevo concilio que no estuviera condicionado a dar continuidad al primero. Y así, el 25 de enero de 1959, Juan XXIII anunció una triple intención. reunir un sínodon para la diócesis de Roma. reformar el Código de Derecho Católico. reunir un concilio para la Iglesia Universal. Pues sin tener ideas muy concretas sobre el contenido del concilio, Juan XXIII señaló dos objetivos muy amplios. Una adaptación de la Iglesia a la sociedad, lo que se conoce con el nombre de y otra de apostolado a un mundo en plena transformación. Buscando con ello la vuelta a la unidad de los cristianos. Algo que al parecer del Papa sería realizable en un plazo muy corto. Para la Iglesia no se trataba tanto de luchar contra los adversarios, como de encontrar un nuevo modo de expresión para el mundo. Y por eso decía. Hay que sacudir el polvo imperial que recubre la Iglesia. Hay que abrir las ventanas de la Iglesia para que los fieles puedan mirar al interior. Juan XXIII diría del concilio. Gran empresa. Para mí ya es un consuelo haberlo iniciado. Hemos venido a ponerlo en marcha, pero no a concluirlo. Esto nos indica que ya intuía que moriría antes de su término. Cabe decir también que Pio XI y Pio XII habían soñado en ello alguna vez, pero concluyeron erróneamente que ya había pasado la época de los concilios, porque en el concilio Vaticano I, Pio IX había proclamado la infalibilidad pontificia con la constitución dogmática Pastora Aeternus. Y porque las comunicaciones de Roma con todas las Iglesias habían mejorado notablemente y ya no se apreciaba la necesidad de un concilio. Bien, pues entrando ya en la estructura y el contenido de la encíclica, diremos que es un documento amplio al que deberíamos dedicar un tiempo para su lectura y la meditación personal. El texto se estructura en 264 puntos, es denso, dividido en dos partes. La introducción, números 1 al 9, y la exposición, números 10 al 264, con cuatro capítulos que vamos a analizar. En la introducción, el Papa alude en primer lugar a la misión que tiene la Iglesia, columna y fundamento de la verdad. Cita a Carta I de Timoteo, número 3. Confiada por Jesucristo para engendrar hijos para sí y la de educarlos, velando con maternal solicitud por la vida de los individuos y de los pueblos. Para el Papa no es extraño que la Iglesia católica siga su ejemplo y cumpla el mandato de Cristo, manteniendo siempre en alto la antorcha de la caridad durante dos milenios. Juan XXIII hace referencia al influjo de la Rerum Novarum en la organización pública de no pocas naciones, y recuerda que los principios de dicha carta pueden proporcionar a los hombres de nuestra época nuevos y saludables criterios para comprender realmente las proporciones concretas de la cuestión social, como hoy se presenta, y para decidirlos a asumir responsabilidades necesarias. En el capítulo I, titulado Enseñanzas de la Encíclica, Rerum Novarum y su desarrollo posterior en el Magisterio de Pío XI y Pío XII, números 10 al 50, el Papa rememora el contenido de la Encíclica de León XIII y las convulsiones sociales de su pontificado. También incide en el desarrollo posterior del Magisterio de los Papas. Haciendo mención a la Rerum Novarum, comenta que León XIII expone una suma de la doctrina social católica, fundada en las exigencias de la propia naturaleza humana, pero inspirada en el espíritu del Evangelio. Dicha encíclica tuvo una gran acogida universal, pues era la primera vez que se formulaba una construcción sistemática de los principios sociales de la Iglesia con perspectiva de aplicación futura en el campo económico y social. Los principios que desarrolló esta encíclica, Rerum Novarum, exponen las bases fundamentales del orden justo que ha servido a la legislación social de los Estados en la época contemporánea. El 15 de mayo de 1931, al cumplirse 40 años de la Rerum Novarum, Pío XI promulgó la encíclica Cuadragésimo Ánimo, orientando el nacimiento y desarrollo de una nueva disciplina jurídica, el llamado derecho laboral, en la que afirma que los trabajadores tienen el derecho natural no sólo de formar asociaciones propias o mixtas de obreros y patronos, sino de moverse libremente en estas asociaciones conforme a sus intereses. El 1 de junio de 1941, día de Pentecostés, al cumplirse 50 años de la Rerum Novarum, el Papa Pío XII dirigió al orbe entero un radiomensaje, la Solemnitá. En este mensaje confirmaba la vitalidad perenne y fecundidad de las enseñanzas de León XIII, aprovechando la ocasión para desarrollar tres cuestiones fundamentales de la vida social y de la realidad económica. El uso de los bienes materiales, el trabajo y la familia. Derecho de todo hombre al uso de los bienes materiales para su sustento como derecho superior a cualquier otro derecho de contenido económico, incluido el de la propiedad privada. Los bienes creados por Dios, para provecho de todos los hombres, han de llegar con equidad a todos, de acuerdo con los principios de la justicia y de la caridad. El trabajo es un deber y un derecho de todos y cada uno de los hombres. Los bienes materiales contribuyen en sumo grado a garantizar y fomentar la vida familiar. Bien, pues con todos estos antecedentes, Juan XXIII era consciente de las transformaciones que había sufrido la sociedad en los últimos 20 años en el campo científico, técnico, económico, energía atómica, química, en cuanto a los tejidos sintéticos, la automatización de la industria, la modernización de la agricultura, los transportes, medios de comunicación, radio y televisión, la conquista de espacios interplanetarios. También en el orden social había habido los suficientes progresos, seguros sociales, riesgos laborales, responsabilidad del obrero, enseñanza profesional. La cultura media general había aumentado y todo ello había permitido una mayor integración social. También es consciente de los desequilibrios que existían entre la agricultura y la industria y los servicios generales de las ciudades, así como entre diferentes zonas de un mismo país. Incluso lo apreciaba en el plano internacional. Finalmente aprecia que en el campo político se han experimentado cambios importantes. Intervención económica y social, abolición del colonialismo, independencia política en las relaciones internacionales, interdependencia de los pueblos mediante la actuación de organismos mundiales, todo lo cual ayudaba al desarrollo del conjunto de los pueblos. Pues bien, ante esta gran realidad manifiesta, Juan XXIII se propone ofrecer una nueva luz, para por una parte subrayar y aclarar con mayor detalle, las enseñanzas de sus predecesores, y por otra, tratar de exponer con claridad el pensamiento de la Iglesia sobre los nuevos problemas acuciantes del momento. Recordamos que estamos en 1961. En el segundo capítulo, puntualización y desarrollo de las enseñanzas sociales de los pontífices anteriores, números 51 al 121, el Papa puntualiza y desarrolla las enseñanzas sociales del magisterio anterior, enfatizando la importancia de la cooperación mutua de los poderes públicos. Los empresarios y los trabajadores, con miras al bien común, pero sin coartar la libre iniciativa de los particulares, que por el contrario, debe ser garantizada por los estados, para salvaguardar los derechos esenciales de la persona. A la que reconoce como primer responsable de su propia manutención y de la de su familia. Destaca así la importancia de que no falte la iniciativa particular, pues cuando ésta no se cuida, surge la tiranía política. Falla la economía o es defectuosa. Y vienen los desórdenes irreparables que nos llevan al abuso de los débiles. Advierte de la importancia del progreso de la vida social, derivado de numerosos factores que han contribuido a ello. El progreso científico y técnico, el aumento de la productividad económica y el auge del nivel de vida del ciudadano. La salud, la instrucción, la educación, la orientación profesional, los métodos para la reeducación y readaptación de los sujetos inhabilitados física o mentalmente. Con todo, destaca que ha sido posible gracias a la asociación espontánea de los hombres por medio de instituciones para fines económicos, sociales, culturales, recreativos, deportivos, profesionales y políticos, tanto a nivel nacional como en el plano mundial. Valorando todo ello, insiste en la necesidad de abandonar el individualismo para asumir convenientemente responsabilidades personales que nos permitan afirmar y consolidar con plenitud la riqueza espiritual humana. Sin que caigamos en la tentación de generar meros autómatas sin libertad propia. Lo que llevaría a los gobernantes a perder el sano concepto del bien común. Es más, atendiendo a sus fines específicos, decía, procuren los gobernantes que los organismos y las asociaciones sociales sean totalmente autónomas. Esto será posible si se mueven en el ámbito del orden moral y de acuerdo con el principio de adaptación para el bien común. De lo contrario, serán un peligro grave para los ciudadanos. A continuación, reitero los temas ya tratados por los pontífices anteriores y que afectan a los trabajadores. Todo lo relativo al ámbito laboral, al salario justo, a la participación de los trabajadores en los beneficios empresariales, a la propiedad privada, al bien común de las naciones, a la producción económica, a la situación financiera de las empresas, a los recursos naturales de la tierra, y sin olvidar las exigencias del bien común para la comunidad internacional. El Papa entiende que el desarrollo económico y el progreso social deben orientarse a asegurar las condiciones externas que permitan a cada ciudadano desarrollar plenamente su vida individual. Pues sólo así será posible el uso de los bienes terrenos en justa distribución y la prosperidad económica de los pueblos conforme a las normas establecidas por nuestro Señor y Dios Creador. En cuanto a la propiedad pública, considera que sólo es lícita cuando es una exigencia manifiesta y de objetiva necesidad para el bien común, siempre que se excluya el peligro de que la propiedad privada se reduzca en exceso o se suprima, debiendo ser confiadas a aquellos ciudadanos que sobresalgan por su competencia técnica y su probada honradez, y siempre que cumplan con sus deberes cívicos. En el tercer capítulo, los aspectos recientes más importantes de la cuestión social, números 122 al 211, el Papa aprecia que el desarrollo histórico de la época demuestra, con evidencia cada vez mayor, que los preceptos de la justicia y de la equidad no deben regular sólo las relaciones entre los trabajadores y los empresarios, sino también las que median entre los distintos sectores de la economía, entre las zonas de diverso nivel de riqueza en cada nación, pero también en el ámbito mundial, entre los países que se encuentran en diferente grado de desarrollo económico y social. El Papa lo expone en cinco apartados. El primero, la relación entre los distintos sectores de la economía. El Papa aprecia que el éxodo rural que se verifica en favor de los centros urbanos nos indica que hay que mejorar con espíritu cristiano varios aspectos que afectan a la dignidad de los hombres y de las familias del sector agrícola entre los que destaca. El hecho de ser un sector deprimido que afecta a ciudadanos y a familias, la necesidad de un desarrollo adecuado de servicios públicos, la armonización de un desarrollo gradual de todo el sistema económico, la necesidad de una adecuada política económica agraria, la promoción y la reforma de las industrias agrícolas para completar la mejora de todo el sector, la dignificación de la tarea agrícola haciendo que los agricultores sean los protagonistas de su propia elevación económica y social, y la potenciación o creación de empresas cooperativas. En el segundo punto trata sobre las relaciones entre las zonas de desigual desarrollo de un país, porque aprecia esas diferencias económicas y sociales que se presentan entre ellas. Tres temas destacan la carencia de servicios públicos fundamentales, la falta de iniciativa privada, que requiere una acción subsidiaria por parte de los gobiernos, y la desproporción existente entre tierra y población con sistemas de cultivo muy anticuados. En el punto tercero analiza las relaciones entre los países de desigual desarrollo económico. Considera que es el principal y mayor problema de la época, ya que hay países muy desarrollados y avanzados cuando otros carecen de una vida digna y padecen una durísima escasez de medios. Sugiere tomar medidas de calado, de gran calado, como son ayudas de emergencia de bienes de consumo y productos agrícolas en favor de las poblaciones que luchan contra la miseria y el hambre. La cooperación científica, técnica y financiera con los países subdesarrollados. Favorecer el acceso de estudiantes de estos países a las universidades de los pueblos ya desarrollados. Evitar, en definitiva, errores del pasado. Equilibrando la agricultura de los países que todavía necesitan mejora en servicios, mejora en sectores industriales. Potenciar las ayudas de los países avanzados en favor de los más necesitados. Sin recurrir al colonialismo. Salvaguardar el sentido moral de los pueblos. En definitiva, ayudándolos en la prosperidad. Y por último, favorecer la evangelización por parte de la Iglesia para que fructifiquen los bienes de la vitalidad cristiana y los frutos morales de su semilla. En el cuarto punto aborda el tema del incremento demográfico y el desarrollo económico. Lo que no debe ser un problema, como algunos aprecian como situación peligrosa en extrema. Y aporta unas razones. Dios, en su bondad y sabiduría, ha otorgado a la naturaleza una capacidad casi inagotable de producción. No hay que preocuparse por las riquezas de los bienes materiales. La única solución al problema consiste en un desarrollo económico y social que conserve y aumente los verdaderos bienes del individuo y de toda la sociedad. Siempre en colaboración mutua de todos los pueblos. Por tanto, deben ser respetadas las leyes de la vida en su forma natural. Hemos de educar en el sentido de la responsabilidad, con espíritu firme y dispuesto a soportar fatigas y sacrificios para cumplir esa grave misión de colaborar personalmente con Dios en la propagación de la vida humana y en la educación de la pobre. Y por último, dejar a la Iglesia que pueda hacer llegar la Palabra de Dios. Dejarla. Trabajar en la evangelización que encarna siempre al servicio de la vida. En el quinto punto, aborda la colaboración en el plano mundial, indicando algunos problemas que impiden esa mutua relación de los Estados. Primero, la desconfianza recíproca, incluso entre países desarrollados. La falta de reconocimiento común de un orden moral objetivo. Se hace necesario reconocer en el Dios verdadero el único fundamento de orden moral estable. Segundo, desterrar la idea de prescindir de Dios, que algunos países lo toman como bandera. El hombre debe comprender que el espíritu y la moral han de ser antepuestos a todo si queremos que el progreso científico y técnico sirva para coadyuvar a la obra de la civilización. Las naciones y sus hombres, insatisfechos tal vez por la posesión de los bienes materiales, abandonan la idea de un paraíso perdurable aquí en la Tierra, cuando es posible construirlo. Pero con todo, el Papa aprecia signos de esperanza al ver que, comenzando a reconocer sus limitaciones naturales, los hombres buscan las realidades del espíritu con el afán de superarse para ser más eficaces en la ayuda mutua. En el cuarto y último capítulo, La reconstrucción de las relaciones de convivencia en la verdad, en la justicia y en el amor, números 212-264, el Papa plantea la necesidad de una reconstrucción de estas relaciones de convivencia en la verdad, en la justicia y en el amor. Comienza por comentar el influjo de las ideologías defectuosas y erróneas, algunas de las cuales han desaparecido ya, como la niebla ante el sol. Son siempre ideologías que no consideran la total integridad del hombre, y no comprende la parte más importante de éste, ni tienen en cuenta las imperfecciones de la naturaleza humana, como son la enfermedad y el dolor, imperfecciones que no pueden remediarse de modo alguno. Más bien, aprecia, por otra parte, que los hombres se sienten movidos por un profundo e invencible sentido religioso, que no puede ser jamás conculcado por la fuerza u oprimido por la astucia, en el que encuentra algunas dificultades, sí, pero también expone una serie de retos y oportunidades de futuro. Las enumero. El sentido religioso, que es natural en el hombre. Prueba evidente de que ha sido creado por Dios y tiene irrevocablemente que tender hacia él. Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los albañiles. La Iglesia Católica enseña y proclama una doctrina social y de convivencia humana. La doctrina social es inseparable de la doctrina de la vida humana, por lo que espera que esta doctrina se enseñe como disciplina obligatoria en los colegios católicos de todo grado y principalmente en los seminarios. Esta doctrina debe enseñarse y divulgarse en los modernos medios de difusión para que alcance a todo el pueblo. Debe primero aprenderse por católicos seglares. Cuando la aprendan y la practiquen personalmente, procuren con empeño que los demás también conozcan su eficacia en la resolución de los problemas sociales del momento presente. El Papa asume la dificultad que tiene esta práctica de la doctrina social de la Iglesia por tres razones. El desordenado amor, el amor propio del hombre. El materialismo de la sociedad moderna y la dificultad de determinar las exigencias de la justicia en cada caso. Otro tema es la restauración de la moral cristiana, que es tarea fundamental para el momento presente, lo que requiere la intervención de las asociaciones del apostolado seglar. La acción social católica requiere tres fases. El examen completo del verdadero estado de la situación. Una valoración exacta de esta situación a la luz de los principios de la determinación de lo posible o de lo obligatorio para seguidamente aplicar los principios en cada momento y lugar. Con todo invito a un ejercicio de responsabilidad de los seglares en el campo de la acción social, porque son ellos los que están inmersos en la vida diaria y en el ejercicio de las actividades temporales e institucionales. Pero alerta del peligro que supone el olvido del hombre, de sí mismos, por el debilitamiento que supone de las energías de su espíritu y de su propio cuerpo. Con todo invita al reconocimiento y al respeto de la jerarquía de valores, a fin de que los católicos evitemos paralizar nuestro sentido de responsabilidad o caigamos en el orden de los bienes supremos. Igualmente a respetar el descanso obligatorio de los días festivos, para santificarlos, mirando por la unidad de la familia y asistiendo al santo sacrificio de la Misa, memorial verdadero de la obra redentora de Cristo. Orienta al ejercicio de la perfección cristiana, compatible con el dinamismo temporal, porque Jesús no pidió al Padre que nos sacase del mundo, sino que nos guardara del mal. Así confirma a los católicos la necesidad de una mayor eficacia en las actividades temporales para la consecución de los fines a que tienden inmediatamente por su propia naturaleza. En definitiva, enseña que hemos de ser miembros vivos del cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia. Sólo así seremos miembros de la Iglesia y sarmientos de la vid verdadera que es Cristo, cabeza de la Iglesia, del que emana toda fuerza y virtud salvadora. Juan XXIII concluye la encíclica diciendo así Esta es la doctrina de la Iglesia católica y apostólica, madre y maestra de todos los pueblos, cuya luz ilumina, enciende, inflama, cuya voz amonestadora, por estar llena de eterna sabiduría, sirve para todos los tiempos. Cuya virtud ofrece siempre remedios tan eficaces como adecuados para las crecientes necesidades de la humanidad y para las preocupaciones y ansiedades de la vida presente. Muy bien, pues concluido el análisis de la encíclica pasamos a nuestra reflexión de hoy que nos lleva a las virtudes cardinales. Seguimos el catecismo, que contiene también enseñanzas doctrinales de primer orden. Comenzamos recordando lo relativo a las virtudes humanas y distinguimos lo relativo a las virtudes cardinales. Las virtudes humanas son actitudes firmes, disposiciones estables, perfecciones habituales del entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la fe. Proporcionan facilidad, dominio y gozo para llevar una vida moralmente buena. El hombre virtuoso es el que practica libremente el bien. Es una cita al número 1804 del catecismo. Cuatro virtudes desempeñan un papel fundamental, número 1805. Por eso se las llama cardinales. Todas las demás virtudes se agrupan en torno a ellas. Y estas son la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Hoy nos centramos en la virtud de la templanza. Número 1809. La templanza es la virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien sus apetitos sensibles. Guarda una sana discreción y no se deja arrastrar para seguir la pasión de su corazón. La templanza es a menudo alabada en el Antiguo Testamento. No vayas detrás de tus pasiones. Tus deseos refrenan. En el Nuevo Testamento es llamada moderación o sobriedad. Debemos vivir con moderación, justicia y piedad en el siglo presente. Es una cita a Tito. Punto número 2. Vivir bien no es otra cosa que amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todo el obrar. Quien no obedece más que a él, lo cual pertenece a la justicia, quien vela para discernir todas las cosas por miedo a dejarse sorprender por la astucia y la mentira, lo cual pertenece a la prudencia, le entrega un amor entero por la templanza que ninguna desgracia puede derribar, lo cual pertenece a la fortaleza. Es una cita de San Agustín. Moral eclesial número 1. Bien, pues a modo de conclusión personal del programa de hoy, diré que la importancia de la encíclica Mater et Magistra está... si analizamos así los puntos más importantes de la Rerum Novarum y Cuadragésimo Año, eso es lo que pretendía el Papa. Reflexiona sobre la dimensión mundial de los problemas sociales de la época a la luz de esas encíclicas y de sus predecesores. Nos muestra una realidad acertada, muy bien desarrollada, de la situación de los años previos a la promulgación de la Mater et Magistra. El Papa compara a las personas pobres con las naciones para que a partir de la trascendencia de la dignidad humana podamos entender su proyección en el hacer de las propias naciones, dignidad comparable que hay que reconocer especialmente en los pueblos menos desarmados. Reconociendo que la iniciativa privada es fundamental para el desarrollo de las naciones, también admite la necesidad de una intervención subsidiaria de los poderes temporales a los que atribuye la potestad de regular y valorar en justa medida el trabajo y el salario de los obreros. Destaca la creciente sociabilidad de las relaciones humanas de los pueblos de todo el mundo y la importancia de las relaciones internacionales tan necesarias para superar los problemas acuciantes del momento. En este sentido, establece las bases de un orden económico centrado en los valores del hombre y en la atención de sus necesidades. Sin condenar las ideologías, habla claramente del concepto de socialización y abre para los católicos las puertas de la intervención en las estructuras socioeconómicas para que éstas sean cada vez más justas. Ordena las prioridades morales y sociales dentro de la estructura económica situando en primer lugar la dignidad humana, seguido de la familia, la aportación del trabajador, la situación económica de la empresa, de la nación y, en último lugar, la situación económica mundial. Para el Papa, sólo así las estructuras podrán cumplir una función social, pues su esencial ocupación ha de ser el hombre y la suya realización personal, no la obtención de las riquezas y los beneficios. Por estas razones defiende que los trabajadores han de tener el derecho de sindicarse, a fin de que puedan defender sus intereses frente a otras corrientes ideológicas que no tienen en cuenta la dignidad humana y cristiana de las personas, ni la importancia de las familias en las tareas de cooperación con Dios y en la educación de la prole. En conclusión, el Papa reafirma que la doctrina social de la Iglesia está fundada en la justicia y la caridad de Cristo, y tiene como fin al hombre en su integridad total. Es más, cree que un orden social que no esté fundado en la justicia y en la caridad, está abocado al fracaso. La encíclica aporta muchísimas ideas que nos animan a ver el futuro con esperanza, siempre que las relaciones humanas y las relaciones nacionales e internacionales se orienten desde la verdad, desde la justicia y el amor fraterno cristiano que la Iglesia viene enseñando. En consecuencia, avivemos nuestra fe y llevemos una vida de oración y de práctica de sacramentos , sin las cuales el acompañamiento espiritual carece de eficacia. Permanezcamos en lo posible un rato cada día ante el Santísimo Sacramento en adoración, en silencio. Busquemos el momento oportuno para estar en su presencia y pongamos ante el Señor nuestras necesidades y las de toda la humanidad, con confianza plena y con la esperanza de alcanzar los bienes espirituales que nos ha prometido. Sigamos el ejemplo de las enseñanzas del fundador de la adoración nocturna española, el Venerable Luis de Trelles, quien decía así en su tiempo, nos situamos en 1888 La adoración nocturna es un ejercicio de adoración a Dios con el doble fin de desagraviarle de las ofensas del hombre, de coadyuvar cuanto lo permita nuestra flaqueza a la conversión del mundo pecador. Muy bien, pues hoy en vísperas del comienzo ya del tiempo de Adviento, terminamos recordando la necesidad que tenemos todos de poner nuestra confianza en la venida del Niño Dios. Viene a nuestro corazón para que podamos colaborar en la evangelización del mundo, principalmente con nuestro testimonio de vida. Asumamos las obras de caridad que el Señor nos pida en nuestros ambientes y en nuestras tareas cotidianas, confiando así en merecer un día la vida bienaventurada. Que la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, nos guíe en el camino de santidad que ella ya ha recorrido, por lo que goza eternamente junto a la Santísima Trinidad en el Cielo. Y recordemos siempre que la oración del Rosario va preparando nuestra tierra, nuestra humanidad, para que vivamos abiertos a recibir nuevas gracias. Solo así podremos dar frutos espirituales abundantes tanto en la afloración de las virtudes como en el servicio a nuestros hermanos. Que nuestro honesto y coherente testimonio sea motivo suficiente para despertar la admiración de cuantos nos observan con lo que iremos exhortándolos y animándolos a su propia conversión. Esta es nuestra misión evangelizadora y para ello hemos de formarnos en todo momento para estar mejor preparados. Que el Señor nos bendiga a todos. Voy terminando para dar por finalizado el programa diciendo que el próximo viernes, día 5 de diciembre, analizaremos como ya he anticipado, la encíclica del mismo Papa Juan XXIII Pachen Interris de 1963 sobre la paz entre todos los pueblos que ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad. Y seguidamente reflexionaremos sobre nuevos aspectos de las virtudes cardinales. Gracias por vuestra atención y hasta el próximo programa. Un abrazo a todos. Que el Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén. Ave María Purísima, sin pecado concebida María Santísima.
Las virtudes cardinales (III). #34
Fecha: viernes, 21 de noviembre de 2025, a las 21:00:00
Duración: 49:21
Transcripción de Episodio 34. Pío XI. Encíclica 'Quadragesimo anno' (1931), sobre la restauración del orden social en perfecta conformidad con la Ley Evangélica.
Buenas noches a los que me escucháis. Os habla Javier Cebrián, vocal de Formación Espiritual del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed todos bienvenidos al programa Acompañamiento Espiritual de Radio Label D, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios. Bien sabemos que esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior, el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues solo Cristo es la cabeza de la Iglesia, de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. Y buscamos esta unión con el Espíritu Santo no solo para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo, para que nos santifique. Y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa que celebramos allá por el 4 de octubre del año 24, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo, en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo, a fin de que el Parásito, el Diáclito, prometido por Jesús, nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Hoy en nuestra oración, pedimos por el Papa y los Obispos, para que el Espíritu Santo los guíe en el gobierno y en la asistencia espiritual de la Iglesia, siempre con miras a la unidad de todos los cristianos en Cristo, verdadero Dios y Pastor del rebaño, Sumo y Eterno Sacerdote. Pedimos también por todas las necesidades de la Iglesia, por todos los pueblos de la tierra y por todos los hombres, especialmente por aquellas personas que se nos han encomendado y muy particularmente por nuestros familiares, amigos y bienhechores. Invocamos. Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados, y renovarás la faz de la tierra. Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad. Amén. Bendita es tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén. Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, Muy bien, pues entramos ya en materia, recordando que estamos realizando una serie de programas en la que vamos analizando los documentos principales del Magisterio que desarrollan la Doctrina Social de la Iglesia. En el anterior programa, en directo, el 31 de octubre pasado, analizábamos la exhortación apostólica del Papa León XIV, Dilexi T., de 4 de octubre de este año, sobre el amor hacia los pobres, y seguidamente reflexionábamos sobre algunos aspectos de las virtudes cardinales. En el programa de hoy vamos a analizar la encíclica del Papa León XIII, Rerum Novarum, de 15 de mayo de 1891, sobre la situación de los obreros en ese siglo de la Revolución Industrial. Seguidamente reflexionaremos sobre nuevos aspectos de las virtudes cardinales. Y en los últimos minutos del programa abriremos el diálogo para la participación directa de los oyentes que quieran hacer alguna aportación o pregunta. Pues bien, comenzaremos recordando que el cardenal dio aquí vincenzo rafael luigi pezzi con 67 años de edad fue elegido Papa el 20 de febrero de 1878 tras la muerte de su predecesor el Papa Pio IX, era originario de Roma. Y su pontificado de 25 años de duración, Se extendió desde el 20 de julio de 1903, fecha del fallecimiento del anterior, y sería sucedido posteriormente por Pío X. Recordamos también que una carta encíclica es un documento magisterial de primer orden, en el que los papas exponen los temas de la doctrina católica que afectan a una materia concreta. Las cartas encíclicas están dirigidas a todos los fieles católicos y buscan instruir y aunar la doctrina en el ámbito universal de la Iglesia. El Papa León XIII promulgó la encíclica Rerum Novarum, como hemos dicho, el 15 de mayo de 1891, día en que la Iglesia conmemoraba y celebraba la memoria de San Isidro el Labrador. Lo hace en su décimo cuarto año bíblico. De las cosas nuevas, sobre las cosas nuevas, es la trigésimo cuarta encíclica del Papa León XIII, y es considerada la primera encíclica social de la Iglesia católica de la modernidad, en la que trata de los cambios políticos que se dieron en el siglo XIX, por lo que es considerada un referente fundamental de la Iglesia católica. La doctrina social de la Iglesia en todos los tiempos. El documento trata de los problemas sociales que se derivaron de la revolución industrial, una época marcada por la explotación de los trabajadores y la desigualdad económica entre las clases sociales. Se ocupa de tres aspectos principales. La mejora de las condiciones de los trabajadores. El derecho de estos para formar asociaciones. ...y la justa compensación de los salarios para que puedan mantener al trabajador y a sus familias. También aborda el derecho a la propiedad privada, entendido como un derecho natural e inviolable, haciendo hincapié en el uso moderado que ha de hacerse de las riquezas. En esto, el Papa fue muy crítico con el socialismo, porque pretendía abolir la propiedad privada, al igual que con el liberalismo, porque estos entendían a la propiedad como algo sin ningún tipo de restricción. Por estas razones, llega a afirmar que el Estado tiene la obligación de intervenir para proteger a los trabajadores de forma... ...que se diera una distribución equitativa de las rentas, especialmente cuando los trabajadores no pueden defenderse por sí mismos. Por situarlo, daremos unas pistas, unas pinceladas del contexto histórico, ¿verdad? El pontificado de León XIII está marcado por la revolución industrial con la aparición de la clase obrera urbana. Son muchos los campesinos que se trasladan a la ciudad. Buscando un modo de vida mucho más eficaz, mucho más eficiente. Pero también por las corrientes del modernismo que condicionaron la actuación del papado en defensa de los valores cristianos. Se distinguió esta encíclica por tratar abiertamente sobre los asuntos siguientes. Me refiero al pontificado en general, no a la encíclica. En general, en un contexto histórico. Sobre la iglesia. Mejoró la formación del clero apartándose de la mera doctrina defensiva de su predecesor. Nombrando en 1879 una comisión de cuatro cardenales y adoptando la filosofía tomista como modelo para afrontar los problemas de su tiempo. En lo cultural, fomentó el acercamiento del catolicismo a la cultura contemporánea. Fundando un nuevo instituto en Roma para el estudio de la filosofía y la teología. Con apertura de los archivos vaticanos. Para el estudio. Abrió varios centros. Centros de estudio, de escrituras, centro astronómico para la investigación. Todo ello con el deseo de que se llegase al conocimiento de la verdad. En cuanto a la política de estados. Hay que decir que, excepto en Italia, donde se mantuvo lo que se denominó el non-expedit, no conviene participar en la política del estado italiano. Es lo que quería decir. Pues bien, el papa, a pesar de esto, favoreció la relación iglesia-estado con los regímenes políticos por medio de la relación diplomática a través de los nuncios apostólicos. Siempre en aras del bien común. Estados Unidos, Alemania, Francia, Países Bajos, Inglaterra, España, etc. En lo relativo al ecumenismo, procuró el acercamiento con la comunión anglicana y con los ortodoxos. Buscando la reunificación también con las iglesias orientales. En cuanto a la actividad misionera. Impulsó esta acción misionera. Muy particularmente en África. En lo relativo a la devoción, a la piedad. Promovió el rezo del santo rosario con varias encíclicas. Atendiendo las peticiones de Nuestra Señora de Lourdes en las apariciones marianas a Bernadette Soubirous. En lo relativo a la presencia en la vida pública. Propuso un programa cristiano para el nuevo mundo del trabajo. Con presencia activa de la iglesia. Y la creación de asociaciones de obreros cristianos. En cuanto al mundo del trabajo. Propio de esta encíclica ya. Propició la colaboración y el diálogo entre patronos y obreros. Pero fue una constante de su pontificado. En lo relativo a la sociedad en general. Fomentó el asociacionismo para la acción política de los católicos. La cual cristalizaría después. Con la creación del Partido Popular. Que en Italia se llamaría democracia cristiana. Y en el tema económico y último. Decir que exhortó a los estados. A ejercer un control económico que no fuera totalitario. Bien, entrando ya en el contenido de la encíclica. Diremos que es un documento amplio. Al que debemos dedicar un tiempo para su lectura. Y la meditación personal. El texto se estructura en 42 puntos densos. Que podemos dividir en tres partes bien diferenciadas. La primera es de análisis de la situación. Números 1 al 14. La segunda contiene las propuestas de la Iglesia. Números 15 al 39. Y la tercera parte y última contiene las conclusiones. Vamos a analizarlo con detalle. El Papa León XIII comienza su análisis. Haciendo un detalle pormenorizado. De la realidad que encuentra en una sociedad. Que parece que quiere cambiarlo todo. Dice así. En efecto, los adelantos de la industria y de las artes. Que caminan por nuevos derroteros. El cambio operado en las relaciones mutuas. Entre patronos y obreros. La acumulación de las riquezas en manos de unos pocos. Y la pobreza de la inmensa mayoría. La mayor confianza de los obreros en sí mismos. Y la más estrecha cohesión entre ellos. Juntamente con la relajación de la moral. Han determinado el planteamiento de la contienda. El Papa reconoce que no es la primera vez que trata de estos temas. Pero quiere insistir en la realidad. Y el Papa, al ver la situación de cambio social. Considera que el relajamiento que vive la sociedad. Repercute notablemente en los graves problemas. Que padecen las sociedades modernas. En las que aprecia una gran inhumanidad de los empresarios. Quienes con codicia y usura. Actúan bajo una apariencia distinta. Con lo que el gran dominio de los ricos sobre los pobres. Se convierte en un yugo. De esclavitud para la infinidad de los proletarios. León XIII denuncia que el remedio que proponen los socialistas. Atrizando el odio de los indigentes contra los ricos. Es peor que la enfermedad. Pues solo busca acabar con la propiedad privada de los bienes. Cuando lo que hace falta es propiciar una igual distribución de la riqueza. Para curar el mal presente. Esta actitud es sumamente injusta. Pues llega a perjudicar a las propias clases obreras. Y además ejerce violencia contra los legítimos poseedores. Y agita, decía el papa, fundamentalmente a las naciones. En consecuencia, el papa defiende la propiedad privada. Y el respeto lícito del ahorro. Especialmente de los trabajadores. Que ahorran parte de sus salarios. Para dar cobijo y sustento a sus familias. Y confirma que los socialistas empeoraron la situación de los obreros todos. En cuanto tratan de transferir los bienes de los particulares a la comunidad. Puesto que privándolos de la libertad. De colocar sus beneficios. Con ello mismo los despojan de la esperanza y de la facultad de aumentar los bienes familiares. Y de procurarse utilidades. Para el papa lo más grave es que la propuesta socialista está en pugna abierta contra la justicia. Pues la propiedad privada es un derecho natural del hombre. Cuya inteligencia está guiada por la razón. Y esto orienta y exige que el hombre no tenga sólo el puro uso de los bienes. Como ocurre con los animales. Sino que ha de poseerlos con derecho estable y permanente. Tanto en el mundo como en la humanidad. Tanto los bienes que se consumen con el uso. Cuanto los que, pese al uso, se hace de ellos y perduran. Bienes perecederos o bienes duraderos. No es en definitiva lo que quiere resaltar. Para el papa la necesidad de la propiedad privada se vuelve más clara al estudiar la naturaleza humana. Por la razón, el hombre dueño de sus actos se gobierna a sí mismo según las leyes de Dios. Lo cual le da la capacidad de elegir las cosas que estime más convenientes para su bienestar. Tanto del presente como del futuro. Esto es, no sólo de los frutos terrenales. Sino también el uso de la tierra misma. Pues ve que de la fecundidad de la tierra le son proporcionadas las cosas necesarias para el futuro. Y esto está garantizado por la fertilidad de la tierra. El papa explica que la tierra es un don de Dios entregado a la comunidad del género humano. Y que esto no se opone a la propiedad privada. Pues aunque los bienes se hayan repartidos entre los particulares. No dejan de servir a la comunidad a la común utilidad de todos. De la misma manera que los que no tienen propiedad sirven a la sociedad con su trabajo. En consecuencia. Es absolutamente justo. Que use de esa parte como suya. Y que de ningún modo sea lícito que venga nadie a violar este derecho social. De ahí que el Papa León XIII cuestiona a quienes sólo reconocen que el fruto del trabajo del campo y el uso del suelo. Son propios del individuo. Y no el mismo suelo. En el que ha edificado o cultivado. Con lo que priva al hombre. De las cosas productivas con su trabajo. Sostiene que las leyes civiles justas. Reconocen el derecho de propiedad. Igual que las leyes divinas. Prohiben el deseo de las cosas ajenas. Es más. Considera que la familia. Tiene derechos y deberes propios. E independientes de la potestad civil. Pues al igual que el Estado. La familia es una verdadera sociedad. Que se rige. Por una potestad propia. Por esto. Si los ciudadanos. Si las familias. Hechos partícipes de la convivencia y sociedad humanas. Encontraran. En los poderes públicos. Perjuicio en vez de ayuda. Un cercenamiento de sus derechos. Más bien que una tutela de los mismos. La sociedad sería. Más que deseable. Digna de repulsa. En definitiva. La intromisión del Estado. En la intimidad de los hogares. Es un error grave. Y pernicioso. Es justo. Que el Estado ayude a la familia. En situaciones de extrema necesidad. Para proteger a los ciudadanos. Pero no es lícito. Apropiarse de los derechos de los ciudadanos. No es justo. Atropellar la patria potestad. Y en esto. Es donde radica. El error del socialismo. El Papa. Percibe que la injusticia. De violar la patria potestad. Produce envidia. Maledicencia y discordia. Y destruye. El estímulo al ingenio. Y la habilidad. Cuando en verdad. Son las causas de la riqueza. La igualdad que preconiza el socialismo. Por el contrario. Nos llevan a la pobreza común. Dañando a los trabajadores. Cuando en verdad. Repugna a los derechos naturales. De los individuos. Y perturba las funciones del Estado. Y la tranquilidad común. Si el Estado quiere mejorar. La condición de las clases inferiores. Se ha de tener. Como fundamental. El principio de que la propiedad privada. Ha de conservarse. Y es inviolable. En consecuencia. El Papa defiende. El derecho a intervenir. En la cuestión social. Pues solo las enseñanzas de la Iglesia. Permitirán. Resolver por completo el conflicto. O al menos. Hacerlo más llevadero. Más soportado. Y seguidamente recuerda. El principio de que no se puede igualar. En la sociedad civil. Lo alto con lo bajo. Y que esa pretensión del socialismo. Atenta contra la naturaleza. Porque son distintos. Los talentos de todos. La habilidad. La salud. Las fuerzas. Por cuyas diferencias. Brota espontáneamente. La inevitable diferencia de la fortuna. Según la posición social que tenga cada uno. En definitiva. Engañar al pueblo. Dice el Papa. Es cometer un fraude. Que tarde o temprano. Acabará produciendo. Males mayores que los presentes. La solución por tanto. Es buscar. El oportuno alivio de los males. De la sociedad. Por parte de los estados. Como conclusión. Al análisis de la situación. Del momento. El Papa sostiene. Que el error. Estaba en suponer. Que una clase social. Como si la naturaleza. Hubiera dispuesto a los ricos y a los pobres. Para combatirse mutuamente. En un perpetuo duelo. Razón que le lleva a afirmar. La necesidad de la armonía social. Pues ambas se necesitan. Definitivamente. Ni el capital. Puede subsistir sin el trabajo. Ni el trabajo. Sin el capital. Como propuestas. De la iglesia. El Papa defiende. Para acabar la lucha de clases. Resulta necesaria. La fuerza de las doctrinas cristianas. Pues estas. Pueden reconciliar y unir a los ricos. Con los proletarios. Llamando a ambos sectores. A la responsabilidad de cumplir. Sus deberes de justicia. Y seguidamente. Expone estos deberes. Tanto para los trabajadores. Como para los patrones. Deberes de los proletarios. De los obreros. Cumplir íntegra. Y fielmente. Lo que por propia libertad. Y con arreglo a justicia. Se haya estipulado sobre el trabajo. No dañar en modo alguno. Al capital. No ofender a la persona. De los patrones. Abstenerse de toda violencia. Al defender sus derechos. Y no promover sediciones. No mezclarse. Con hombres depravados. Que alientan pretensiones. Inmoderadas. Y se prometen artificiosamente grandes cosas. Lo que lleva consigo. Arrepentimientos estériles. Y las consiguientes. Pérdidas de fortuna. Deberes. Para los patrones. Respetar en los obreros. Como es justo. La dignidad de la persona. Sobre todo ennoblecida por lo que se llama. El carácter cristiano. Que los trabajos remunerados. Si se atiende a la naturaleza. Y a la filosofía cristiana. No son vergonzosos. Para el hombre. Sino de mucha honra. En cuanto dan honesta posibilidad. De ganarse la vida. Que lo realmente vergonzoso. E inhumano. Es abusar de los hombres. Como de cosas de lucro. Y no estimarlos en más. Que cuanto sus nervios y músculos. Pueden dar de sí. E igualmente se manda. Que se tengan en cuenta. Las exigencias de la religión. Y los bienes de las almas de los proletarios. Por lo cual. Es obligación de los patronos. Disponer que el obrero. Tenga un espacio de tiempo. Idóneo para atender a la piedad. No exponer. Al hombre a los halagos. De la corrupción. Y a las ocasiones de pecar. Y no apartarlo en modo alguno. De sus atenciones domésticas. Y de la afición al ahorro. Tampoco. Debe imponérseles. Más trabajo. Del que puedan soportar sus fuerzas. Ni de una clase. Que no esté conforme con su edad. Y su sexo. Pero entre los primordiales deberes. De los patronos. Se destaca el de dar a cada uno. Lo que sea merecido. Lo que sea justo. Seguidamente. El papa indica. Que no bastaría con esto. Pues la iglesia. No está contenta. Con atenuar la violencia. Y los motivos de discordia. Más bien persigue una meta más alta. Que consiste en unir. Una clase con la otra. Por la aproximación. Por la relación. Por la amistad. Y eso se consigue poniendo la mirada en Cristo. Nuestro maestro y guía. Que quiere llevarnos a todos. A la felicidad eterna. Es más. El ejemplo de Cristo. Y su entrega amorosa en la cruz. Con sus trabajos y sufrimientos. Pero también con su gracia y con la esperanza. Anunciada del eterno galardón. Han de ser el referente. Para la práctica de las virtudes. De todos. De unos con otros. En esto. El papa nos advierte. Que. De que las riquezas. No nos eximen del sufrimiento. Ni contribuyen por sí mismas. A la vida eterna. Razón por la que nos exhorta. Al temor de Dios. Y nos recuerda. Que todos tendremos que dar cuentas severísimas. Por el uso de las riquezas. Porque la recta posesión del dinero. Es propia. Pero el recto uso del mismo. Ha de ser para el bien común. Tal y como lo exige el deber de caridad. En la ley de Dios. A los pobres. Les recuerda. Que la pobreza no es considerada. Como una deshonra ante el juicio de Dios. Y que no han de avergonzarse. Por el hecho de ganarse el sustento con un trabajo. Pues Cristo se hizo pobre. Y trabajó también. Como artesano durante 30 años. En esto. Nos recuerda también. Que la verdadera dignidad. Y excelencia del hombre. Radica en lo moral. Es decir. En la virtud. La cual es patrimonio común. De todos los mortales. Y asequible por igual. A altos y bajos. A ricos y pobres. Destacando además. Que la voluntad de Dios. Parece más inclinada. Hacia el lado de los afligidos. El Papa anima a todos. En definitiva. A seguir los preceptos de Cristo. A fin de que se produzca. El fruto de la amistad. Y del amor fraterno. Entre las clases. Pues todos hemos sido creados. Por el mismo Dios. Tales son los deberes y derechos. Profesados por la filosofía cristiana. Con ayuda de los cuales. La lucha de clases se acabará. Ahora bien. Para la Iglesia no basta solo. Con indicar el camino. Para llegar a la curación. Sino que aplica. Ella misma por su mano. La medicina. Pues está dedicada por entero. A instruir y enseñar a los hombres. Su doctrina. En consecuencia. El Papa insiste en que. Si hay que curar a la sociedad humana. Solo se podrá conseguir. Por medio del retorno. A la vida y a las costumbres cristianas. A fin de que el hombre. Pueda aprender a amar a Dios. Y al prójimo. Con singular y suma caridad. Y destruya. Animosamente. Cuanto obstaculiza. El sendero de la virtud. El Papa nos alerta. De que es un error. Pensar que la Iglesia solo. Se desvela por el cuidado de las almas. Y se olvida de la vida mortal y terrena. Con su aportación. La Iglesia quiere que los proletarios. Salgan de su misérrimo estado. Y logren. Una mejor situación. Pues aunque se ha pretendido solucionar. Sus problemas. Con cierta beneficencia civil. No se encontrarán. Recursos humanos. Capaces de suplir. La caridad cristiana. Que se entrega toda entera. A sí misma. Para utilidad de los otros. Tal virtud es exclusiva. De la Iglesia. Si no brotara. Del sacratísimo corazón de Jesucristo. Jamás hubiera existido. Andaría errante. Lejos de Cristo. El que se separa de la Iglesia. Seguidamente el Papa. Se pregunta. Que parte de la ayuda. Puede esperarse del Estado. Pues los que gobiernan. Deben cooperar. Primeramente y en términos generales. Con toda la fuerza de las leyes e instituciones. Esto es. La ordenación y la administración misma del Estado. Brote espontáneamente. La prosperidad. Tanto de la sociedad. Como de los individuos. Habida cuenta. De que este es el cometido. De la política y el deber. Inexclusable de los gobernantes. Y en esto. El Papa reconoce. El principio de subsidiariedad. Subsidiariedad. De los Estados. Los cuales deberían cooperar. Y promocionar a los individuos. Pero respetando a las familias. Y a las organizaciones. Que las forman. En consecuencia. Dado que la naturaleza única de la sociedad. Es común. A los de arriba y a los de abajo. Y que todos formamos parte de la nación. Todos tenemos que ser atendidos. Y recibir por igual. Los cuidados públicos. Lo cual exige hacerse cargo. De los proletarios. Observando. Dice el Papa. Inviolablemente. La justicia llamada distributiva. Más aún. Ya que todos deben contribuir. A la totalidad del bien común. No todos. Pueden aportar lo mismo. Ni en igual cantidad. Se exige por tanto a las autoridades. Una equidad. Para el cuidado especial del proletario. A fin de que este reciba. Algo. De lo que aporta el bien común. Como la casa. El vestido. El poder sobrellevar la vida. Con mayor facilidad. Etcétera. Y esto porque. Hay que tener en cuenta. Que interesa mucho al Estado. Que no vivan en la miseria. Aquellos de quienes provienen. Unos bienes tan necesarios. Para el sistema. Según esto. El Papa entiende. Que no es justo. Que el Estado absorba al individuo. Y a la familia. Lo justo es dejar a cada uno. La facultad de obrar con libertad. Hasta donde sea posible. Sin daño del bien común. Y sin curia de nadie. Por lo cual. Los que gobiernan. Debieran atender a la defensa de la comunidad. Y de sus miembros. Reafirma así. El principio de subsidiariedad. De los poderes públicos. Y todo ello. Protegiendo a los trabajadores. Para que los patronos. No les impongan condiciones ofensivas. Para la persona. Y la dignidad humana. En consecuencia. Dice. Las clases sociales. Habrán de respetarse. Indeliblemente. Los derechos de todos. Los poderes y los pobres. Habida cuenta de que. La gente rica. Protegida por sus propios recursos. Necesita menos la tutela de lo público. Por ello. Los estados están llamados a. Dice así. Rodear de singulares cuidados y providencia. A los asalariados. Que se cuentan. Entre la muchedumbre desvalida. El papa considera. Como muy importante. Otros asuntos. Es que debe asegurarse. Las posesiones privadas. Con el imperio y la fuerza de las leyes. A fin de que haya una equidad. Entre deberes y derechos. Con miras al bien común. Pero buscando con ello. Que uno no pueda arrebatar a otro. Lo que le pertenece. Bajo la idea. De una pretendida igualdad. Cuando lo que en verdad busca. Es el abuso desmedido. Para apropiarse. De la fortuna ajena. Resulta un abuso. La excesiva carga laboral. Al igual que un bajo salario. Pues ambas condiciones. Favorecen la huelga. Y el ocio voluntario. Es un mal frecuente y grave. En aquel tiempo. Al que se debía poner remedio públicamente. Porque las huelgas. Perjudicaban a todas las partes. Patronos, obreros, comercio. Intereses públicos. Y cuando eran violentas. Ponían en peligro. La tranquilidad. De la vida pública. De igual forma. El papa apreciaba. Que había muchas cosas en el obrero. Que se han de tutelar. Con la protección del estado. En primer lugar. Los bienes del alma. Puesto que la vida mortal. Aunque buena y deseable. No es con todo el fin último. Para el que hemos sido creados. Sino tan sólo. El camino. El instrumento para perfeccionar. Nuestra vida. La vida del alma. Con el conocimiento de la verdad. Y el amor del bien. En esto el papa reflexiona. Que el señor nos mandó. Llenad la tierra y sometedla. Y dominad a los peces del mar. Y a las aves del cielo. Y a todos los animales que se mueven sobre la tierra. Pero entiende. Que todos los hombres. Somos iguales. Sin distinción. Pues uno mismo es el señor de todos. Y a nadie le está permitido violar impunemente. La dignidad humana. De la que Dios mismo dispone. Con gran reverencia. Tampoco puede ponerle trabas. En la marcha de su camino. Hacia el perfeccionamiento. Que lleva a la serpiterna vida. De los cielos. En consecuencia. No es lícito. Decía el papa. Ningún tipo de esclavitud. Ni el de ejercer. Trabajos durante los días festivos. Días que han de respetarse. Pues el descanso. Está consagrado por la religión. Para atraer a los individuos. Al pensamiento. De las cosas celestiales. Y a rendir a la suprema divinidad. El culto justo y debido. Por todas estas razones. Entiende que debe. Librarse a los pobres obreros. De la crueldad de los ambiciosos. De quienes los someten. Al exceso del trabajo. Todo lo cual lleva a un debilitamiento. Del espíritu. Con fatiga excesiva. Para el cuerpo humano. Es necesario. Que el trabajo se interrumpa. De cuando en cuando. Y se dé lugar al descanso. Evitando que la jornada diaria. No se prolongue más horas. De las que permitan las fuerzas humanas. El Papa también reflexiona sobre el salario justo. Pues el libre consentimiento. Y posterior cumplimiento. De ambas partes. No es suficiente. Ha de reconocerse. Que el trabajo es necesario. Para conservar la vida. Pero también debe reconocerse. Por justicia natural superior y anterior. Al acuerdo libre. Que el salario. No debe ser en manera alguna. Insuficiente. Para alimentar a un obrero. Y al sustento de su familia. En esto el Papa afirma. Que si el obrero percibe un salario. Lo suficientemente amplio. Para sustentarse a sí mismo. A su mujer y a sus hijos. Dado que sea prudente. Se inclinará fácilmente al ahorro. Y hará lo que parece aconsejar. La misma naturaleza. Reducir gastos. Al objeto. De que quede algo con que ir construyendo. Un pequeño patrimonio. De cara al futuro. En definitiva. Obreros y empresarios. Pueden hacer mucho en esta cuestión. Desarrollando organizaciones benéficas. Fraternales. Pues resulta muy interesante la cooperación. Resulta grato. Encontrarse con que constantemente. Se están constituyendo. Asociaciones de este género. De obreros solamente. De las dos clases. Lo cual es de desear. Que crezca en el número y eficiencia. Es más. Por su propia naturaleza. Dice el papa. El hombre va dando forma a la sociedad civil. Y a la construcción de pequeñas sociedades. Si el fin de la sociedad civil. Es el bien común. El de las sociedades privadas. Ha de ser el bien de sus miembros. Todo lo cual. Debe ser favorecido por los estados. Como derecho natural. De los fieles. Papa en esto. Recuerda las diversas instituciones. Creadas por la autoridad de la iglesia. Y la piadosa voluntad de los fieles. Junto con su aportación. Al beneficio de la humanidad. Y en este sentido. El papa alerta. De lo que ocurre en los tiempos actuales. Y sus tiempos. Denunciando que el estado. No puede arrogarse ningún derecho sobre ellas. Sino que debe respetarlas. Conservarlas. Y si se diera el caso. Defenderlas de toda injuria. En esto explica. Que si bien podemos percibir. Que cada vez hay más asociaciones benéficas. Principalmente de obreros. También percibimos en muchas ocasiones. Que están dirigidas. Por fines contrarios al cristianismo. Lo cual pone a los obreros cristianos. Frente al dilema. De incorporarse. A estas asociaciones. De las que cabe temer peligros. Para la religión. O crear sus propias asociaciones. Obreras católicas. Y en este tema. El papa felicita. A todos cuantos promueven el crecimiento integral. De los obreros. Con oficios honestos. Afirmando que esto es. Lo que conduce diligentemente. Al bien común. Pues ofrece sanas esperanzas. Para el futuro. Exhorta a los estados. A proteger estas organizaciones. Advirtiendo. Que no se inmiscuya. En su constitución interna. Ni en su régimen de vida. Finalmente. El papa defiende. La libertad de asociación. Lo que implica. El ejercicio del derecho de los individuos. De elegir su pertenencia. Y definir libremente. Las normas que han de regularla. Internamente. Para conducirla. Al fin pretendido. Todo ello. De suerte. Que cada integrante. Consiga en la medida de lo posible. Un aumento de los bienes del cuerpo. Del alma. Y de la familia. Y siempre respetando como fin principal. La perfección de la piedad. Y de las costumbres. En las conclusiones. Ya. El papa. Sustenta el fundamento. De las leyes sociales de la religión. Con ayuda de la cual los individuos. Podrán emprender. El camino que ha de llevar. A las sociedades pacíficas. A un floreciente bienestar. Con estos principios. Decía el papa. Las asociaciones católicas. Tendrán un papel fundamental. En la prosperidad de las naciones. En consecuencia. El papa invita a trabajar a cada cual. En lo que a cada uno le corresponde. En la idea de que puedan resolverse. Los problemas acuciantes. De esa cuestión social. Considerando que la religión. Es la única. Que puede curar radicalmente el mal. Y que todos. Deben laborar. Trabajar. Para que se restauren. Las costumbres cristianas. El papa concluye la encíclica. Con estas palabras. Emprenda. De los dones divinos. Y en testimonio de nuestra benevolencia. A cada uno de vosotros. Venerables hermanos. Y a vuestro clero y pueblo. Amantísimamente en el Señor. Os impartimos. La bendición apostólica. Muy bien. Pues concluido el análisis. De la exhortación. Pasamos a nuestra reflexión de hoy. Que nos lleva a las virtudes cardinales. Para ello. Seguimos las enseñanzas del catecismo. Teniendo muy presente. Que el catecismo. Contiene enseñanzas del magisterio. Y que por tanto. Son enseñanzas doctrinales. También de primer orden. Recordaremos. Una vez más. Lo relativo a las virtudes humanas. Las virtudes humanas. Son actitudes firmes. Disposiciones estables. Perfecciones habituales. Del entendimiento y de la voluntad. Que regulan nuestros actos. Ordenan nuestras pasiones. Guían nuestra conducta. Según la razón y la fe. Proporcionan. Facilidad, dominio y gozo. Para llevar una vida moralmente buena. El hombre virtuoso. Es el que practica. Libremente el bien. Las virtudes morales. Se adquieren. Mediante las fuerzas humanas. Son los frutos y los gérmenes. Los actos moralmente buenos. Disponen. Todas las potencias del ser humano. Para armonizarse. Con el amor divino. Cuatro virtudes. Desempeñan un papel fundamental. Por eso se las llama cardinales. Todas las demás. Se agrupan en torno a ellas. Estas son. La prudencia. La justicia. La fortaleza. Y la templanza. Estas virtudes son el fruto de sus esfuerzos. Pues ella enseña la templanza. Y la prudencia. La justicia y la fortaleza. Cita el libro de sabiduría. Número 8. Bajo otros nombres. Estas virtudes son alabadas. En numerosos pasajes. De la escritura. Y hoy. Nos centraremos. En la virtud de la justicia. Número 1807. Del catecismo. La justicia. Dice. Es la virtud moral. Que consiste. En la constante y firme voluntad. De dar a Dios y al prójimo. Lo que les es debido. La justicia para con Dios. Es llamada la virtud de la religión. Para con los hombres. La justicia dispone. A respetar. Los derechos de cada uno. Y a establecer en las relaciones humanas. La armonía. Que promueve la equidad. Respecto a las personas. Y al bien común. El hombre justo. Evocado con frecuencia en las sagradas escrituras. Se distingue. Por la rectitud habitual. De sus pensamientos. Y de su conducta con el prójimo. Dice el Levítico. Siendo juez. No hagas injusticia. Ni por favor del pobre. Ni por respeto al grande. Con justicia. Juzgarás a tu prójimo. Levítico 19. Por otra parte. En Colosenses. Se nos dice. Amos. Dad a vuestros esclavos. Lo que es justo y equitativo. Teniendo presente. Que también vosotros. Tenéis un amo en el cielo. Cita a Colosenses 4. Muy bien pues. A modo de conclusión personal. Del programa de hoy. Diré que la importancia. De la encíclica. Rerum Novarum. Está en que. Sentó las bases. Para la doctrina social de la Iglesia. Pues ha sido y sigue siendo. Una referencia de muchísimos. De los documentos de primer orden. De la Iglesia. Sobre la cuestión social. Destaco también. El Papa León XIII. Con esta encíclica. Supo ganarse el aprecio. De muchos cristianos. Y de muchos estados. Con lo que favoreció con ello. A la estabilidad social de los pueblos. De las clases. Y a las buenas relaciones internacionales. Con la. Por medio de la diplomacia vaticana. El texto. Como hemos visto. Abandonó todo tipo de condena. Y abrió. Los tiempos de diálogo. De entendimiento. De armonía. Que han dado con el tiempo. Un fruto importante. Todo lo cual vamos a ir viendo. En futuros programas. En los que seguiremos analizando. Los documentos posteriores. Sobre doctrina social. De los diferentes papas. Pues bien. Que el Señor nos bendiga a todos. Con estas meditaciones. Y bien. Vamos a abrir líneas. Damos por finalizado el programa de hoy. Diciendo que el próximo viernes. Día 14 de noviembre. No voy a poder emitir el programa en directo. Ofreceremos. En esta ocasión. La oportunidad de escuchar. La reposición del programa número 15. Emitido el pasado 28 de febrero. En el que. Presentábamos. El acompañamiento espiritual. Como camino de santidad. Tema muy interesante. Y que os hago. Pues eso. La oferta de que acudáis a escucharlo. Seguidamente. Reflexionábamos. Sobre el derecho a la intimidad. Y a la libertad del acompañado. Un tema también interesante. Y bien. Pues nuestro programa en directo. Nuestro futuro programa. Dios mediante. Será el viernes 21 de noviembre. En el que. Vamos a analizar. Cuadragésimo año. Del Papa. Pío XI. De 15 de mayo de 1931. Precisamente. Sobre los logros. Alcanzados a los 40 años. De la publicación. De la Rerum Novarum. Que hemos visto hoy. Y seguidamente. Reflexionaremos sobre nuevos aspectos. De las virtudes cardinales. Haciendo mención. A la. Siguiente virtud. Prudencia, justicia. La fortaleza. Damos las gracias. Por vuestra atención. Y nada. Solo me queda despedirme. Hasta el próximo programa. De acompañamiento espiritual. Un abrazo para todos. Que el Señor nos bendiga. Nos guarde de todo mal. Y nos lleve a la vida eterna. Amén. Ave María purísima. Sin pecado concebida.
Las virtudes cardinales (II). #33
Fecha: viernes, 7 de noviembre de 2025, a las 21:00:00
Duración: 49:13
Transcripción de Episodio 33. León XIII. Encíclica 'Rerum novarum' (1891), sobre la situación de los obreros.
Buenas noches a los que me escucháis. Os habla Javier Cebrián, vocal de Formación Espiritual del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed todos bienvenidos al programa Acompañamiento Espiritual de Radio Label D, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios. Bien sabemos que esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior, el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues solo Cristo es la cabeza de la Iglesia, de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. Y buscamos esta unión con el Espíritu Santo no sólo para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa que celebramos allá por el 4 de octubre del año 24, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo, en la idea de que el Divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo a fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo verdadero Dios y verdadero hombre. Hoy en nuestra oración pedimos por el Papa y los Obispos para que el Espíritu Santo los guíe en el gobierno y en la asistencia espiritual de la Iglesia, a la unidad de todos los cristianos en Cristo, verdadero Dios y Pastor del rebaño, sumo y eterno Sacerdote. Pedimos también por todas las necesidades de la Iglesia, por todos los pueblos de la Tierra y por todos los hombres, especialmente por aquellas personas que se nos han encomendado y muy particularmente por nuestros familiares, amigos y bienhechores. Invocamos. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía a tu Espíritu y serán creados, y renovarás la faz de la tierra. Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la Tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos ya en materia, recordando que estamos realizando una serie de programas en la que vamos analizando los documentos principales del magisterio que desarrollan la doctrina social de la Iglesia. En el anterior programa, en directo, el 31 de octubre pasado, analizábamos la exhortación apostólica del Papa León XIV, Dilexi te, de 4 de octubre de este año, sobre el amor hacia los pobres, y seguidamente reflexionábamos sobre algunos aspectos de las virtudes cardinales. En el programa de hoy, vamos a analizar la encíclica del Papa León XIII, Rerum Novarum, de 15 de mayo de 1891, sobre la situación de los obreros en ese siglo de la Revolución Industrial. Seguidamente, reflexionaremos sobre nuevos aspectos de las virtudes cardinales. Y en los últimos minutos del programa, abriremos el diálogo para la participación del Papa León XIII. Y en la sección directa, de los oyentes que quieran hacer alguna aportación o pregunta. Pues bien, comenzaremos recordando que el cardenal Joachino Vincenzo Rafael de Luigi Pezzi, con 67 años de edad, fue elegido Papa el 20 de febrero de 1878, tras la muerte de su predecesor, el Papa Pío IX. Pío IX. Era originario de Roma, y su pontificado, de 25 años de duración, se extendió desde el 20 de julio de 1903, fecha del fallecimiento del anterior, y sería sucedido posteriormente por Pío X. Recordamos también que una carta encíclica es un documento magisterial de primer orden, y que los papas exponen los temas de la doctrina católica que afectan a una materia concreta. Las cartas encíclicas están dirigidas a todos los fieles católicos, y buscan instruir y aunar la doctrina en el ámbito universal de la Iglesia. El Papa León XIII promulgó la encíclica Rerum Novarum, como hemos dicho, el 15 de mayo de 1891, día en que la Iglesia conmemoraba y celebraba la memoria de San Isidro, el Labrador. Lo hace en su décimo cuarto año de pontificado. Rerum Novarum, de las cosas nuevas, sobre las cosas nuevas, es la trigésimo cuarta encíclica del Papa León XIII, y es considerada la primera encíclica social de la Iglesia Católica de la modernidad, en la que trata de los cambios políticos que se dieron en el siglo XIX, por lo que es considerada un referente fundamental de la doctrina social de la Iglesia en todos los tiempos. El documento trata de los problemas sociales que se derivaron de la Revolución Industrial, una época marcada por la explotación de los trabajadores y la desigualdad económica entre las clases sociales. Se ocupa de tres aspectos principales. La mejora de las prácticas sociales. Las condiciones de los trabajadores. El derecho de estos para formar asociaciones o sindicatos. Y la justa compensación de los salarios para que puedan mantener al trabajador y a sus familias. También aborda el derecho a la propiedad privada, entendido como un derecho natural e inviolable, haciendo hincapié en el uso moderado que ha de hacerse de las riquezas. En esto, el Papa fue muy crítico con el socialismo, porque pretendía abolir la propiedad privada. Al igual que con el liberalismo, porque estos entendían a la propiedad como algo sin ningún tipo de restricción. Por estas razones, llega a afirmar que el Estado tiene la obligación de intervenir para proteger a los trabajadores, de forma que se diera una distribución equitativa de las rentas. Especialmente cuando los trabajadores no pueden defenderse por sí mismos. Por situarlo, daremos unas pistas, unas pinceladas del contexto histórico. El pontificado de León XIII está marcado por la revolución industrial con la aparición de la clase obrera urbana. Son muchos los campesinos, los campesinos, los campesinos, los campesinos, los campesinos, los campesinos, los campesinos, los campesinos, los campesinos, los campesinos. Los campesinos que se trasladan a las ciudades buscando un modo de vida mucho más eficaz, mucho más eficiente. Pero también por las corrientes del modernismo que condicionaron la actuación del papado en defensa de los valores cristianos. Se distinguió esta encíclica por tratar abiertamente sobre los asuntos siguientes. Me refiero al pontificado en general, no a la encíclica. En general, en un contexto histórico. Sobre la Iglesia. Mejoró la formación del clero apartándose de la mera doctrina defensiva de su predecesor. Nombrando en 1879 una comisión de cuatro cardenales y adoptando la filosofía tomista como modelo para afrontar los problemas de su tiempo. En lo cultural. Fomentó el acercamiento del catolicismo a la cultura contemporánea. Fundando un nuevo instituto en Roma para el estudio de la filosofía y la teología. Con apertura de los archivos vaticanos. Para el estudio. Abrió varios centros. Centros de estudio. De escrituras. Centro astronómico para la investigación. Todo ello con el deseo de que se llegase al conocimiento de la verdad. En cuanto a la política de estados. Hay que decir que, excepto en Italia, donde se mantuvo lo que se denominó el non-expedit, no conviene participar en la política del Estado italiano. Es lo que quería decir. Pues bien, el Papa, a pesar de esto, favoreció la relación Iglesia-Estado con los regímenes políticos por medio de la relación diplomática a través de los nuncios apostólicos. Siempre en aras del bien común. Estados Unidos, Alemania, Francia, Países Bajos, Inglaterra, España, etc. En lo relativo al ecumenismo. Procuró el acercamiento con la comunión anglicana y con los ortodoxos. Buscando la reunificación también con las iglesias orientales. En cuanto a la actividad misionera. Impulsó esta acción misionera. Muy particularmente en África. En lo relativo a la devoción, a la piedad. Promovió el rezo del Santo Rosario con varias encíclicas. Atendiendo las peticiones de Nuestra Señora de Lourdes en las apariciones marianas a Bernadette Soubirous. En lo relativo a la presencia en la vida pública. Propuso un programa cristiano para el nuevo mundo del trabajo. Con presencia activa de la Iglesia. Y la creación de asociaciones de obreros cristianos. En cuanto al mundo del trabajo. Propio de esta encíclica ya. Propició la colaboración y el diálogo entre patronos y obreros. Pero fue una constante de su pontificado. En lo relativo a la sociedad en general. Aumentó el asociacionismo para la acción política de los católicos. La cual cristalizaría después. Con la creación del Partido Popular. Que en Italia se llamaría democracia cristiana. Y en el tema económico y último. Decir que exhortó a los estados. A ejercer un control económico que no fuera totalitario. Bien, entrando ya en el contenido de la encíclica. Diremos que es un documento amplio. Al que debemos dedicar un tiempo para su lectura. Y la meditación personal. El texto se estructura en 42 puntos. Densos. Que podemos dividir en tres partes bien diferenciadas. La primera es de análisis de la situación. Números 1 al 14. La segunda contiene las propuestas de la iglesia. Números 15 al 39. Y la tercera parte y última. Contiene las conclusiones. Vamos a analizarlo con detalle. El Papa León XIII comienza su análisis haciendo un detalle pormenorizado de la realidad que encuentra en una sociedad que parece que quiere cambiarlo todo. Dice así. En efecto, los adelantos de la industria y de las artes que caminan por nuevos derroteros. El cambio operado en las relaciones mutuas entre patronos y obreros. La acumulación de las riquezas en manos de unos pocos. Y la pobreza de la inmensa mayoría. La mayor confianza de los obreros en sí mismos. Y la más estrecha cohesión entre ellos. Juntamente con la relajación de la moral. Han determinado el planteamiento de la contienda. El Papa reconoce que no es la primera vez que trata de estos temas. Pero quiere insistir en la realidad. Que el cambio operado en las relaciones mutuas que había ante esta situación de cambios sociales. Pues considera que el relajamiento que vive la sociedad. Repercute notablemente en los graves problemas que padecen las sociedades modernas. En las que aprecia una gran inhumanidad de los empresarios. Quienes con codicia y usura actúan bajo una apariencia distinta. Con lo que el gran dominio de los ricos sobre los pobres. Se convierte en un yugo de esclavitud para la infinidad de los proletarios. León XIII denuncia que el remedio que proponen los socialistas. Atrizando el odio de los indigentes contra los ricos. Es peor que la enfermedad. Pues solo busca acabar con la propiedad privada de los bienes. Cuando lo que hace falta es propiciar una igual distribución de la riqueza. Para curar el mal presente. Esta actitud es sumamente injusta. Pues llega a perjudicar a las propias clases obreras. Y además ejerce violencia contra los legítimos poseedores. Y agita, decía el papa, fundamentalmente a las naciones. En consecuencia, el papa defiende la propiedad privada y el respeto lícito del ahorro. Especialmente de los trabajadores que ahorran parte de sus salarios. Para dar cobijo y sustento a sus trabajadores. Y a sus familias. Y confirma que los socialistas empeoraron la situación de los obreros todos. En cuanto tratan de transferir los bienes de los particulares a la comunidad. Puesto que privándolos de la libertad de colocar sus beneficios. Con ello mismo los despojan de la esperanza y de la facultad de aumentar los bienes familiares. Y de procurarse utilidades. Para el papa lo más grave es que la propuesta socialista está en pugna abierta contra la justicia. Pues la propiedad privada es un derecho natural del hombre. Cuya inteligencia está guiada por la razón. Y esto orienta y exige que el hombre no tenga sólo el puro uso de los bienes. Como ocurre con los animales. Sino que ha de poseerlos con derecho estable y permanente. Tanto los bienes que se consumen con el uso. Cuanto los que pese al uso se hace de ellos y perduran. Bienes perecederos o bienes duraderos. No es en definitiva lo que quiere resaltar. Para el papa la necesidad de la propiedad privada se vuelve más clara al estudiar la naturaleza humana. Por la razón el hombre dueño de sus actos se gobierna a sí mismo. Según las leyes de Dios. Lo cual le da la capacidad de elegir las cosas que estime más convenientes para su bienestar. Tanto del presente como del futuro. Esto es, no sólo de los frutos terrenales. Sino también el uso de la tierra misma. Pues ve que de la fecundidad de la tierra le son proporcionadas las cosas necesarias para el futuro. Y esto está garantizado. Por la fertilidad de la tierra. El papa explica que la tierra es un don de Dios. Entregado a la comunidad del género humano. Y que esto no se opone a la propiedad privada. Pues aunque los bienes se hayan repartidos entre los particulares. No dejan de servir a la comunidad a la común utilidad de todos. De la misma manera que los que no tienen propiedad. Sirven a la sociedad con su trabajo. En consecuencia. Es absolutamente justo. Que use de esa parte como suya. Y que de ningún modo sea lícito que venga nadie a violar este derecho social. De ahí que el Papa León XIII cuestiona a quienes sólo reconocen que el fruto del trabajo del campo y el uso del suelo. Son propios del individuo. Y no el mismo suelo. En el que ha edificado o cultivado. Con lo que priva. Al hombre. De las cosas productivas con su trabajo. Sostiene que las leyes civiles justas. Reconocen el derecho de propiedad. Igual que las leyes divinas. Prohíben el deseo de las cosas ajenas. Es más. Considera que la familia. Tiene derechos y deberes propios. E independientes de la potestad civil. Pues al igual que el Estado. La familia es una verdadera sociedad. Que se rige. Con una potestad propia. Por esto. Si los ciudadanos. Si las familias. Hechos partícipes de la convivencia y sociedad humanas. Encontraran en los poderes públicos. Perjuicio en vez de ayuda. Un cercenamiento de sus derechos. Más bien que una tutela de los mismos. La sociedad sería. Más que deseable. Digna de repulsa. En definitiva. La intromisión del Estado. En la intimidad de los hogares. Es un error grave. Y pernicioso. Es justo. Que el Estado ayude a la familia. En situaciones de extrema necesidad. Para proteger a los ciudadanos. Pero no es lícito. Apropiarse de los derechos de los ciudadanos. No es justo. Atropellar la patria potestad. Y en esto. Es donde radica. El error del socialismo. El Papa percibe. Que la injusticia. De violar la patria potestad. Produce envidia. Maledicencia y discordia. Y destruye. El estímulo al ingenio. Y la habilidad. Cuando en verdad. Son las causas de la riqueza. La igualdad que preconiza el socialismo. Por el contrario. Nos llevan a la pobreza común. Dañando a los trabajadores. Cuando en verdad. Repugna a los derechos naturales. De los individuos. Y perturba las funciones del Estado. Y la tranquilidad común. Si el Estado quiere mejorar. La condición de las clases inferiores. Se ha de tener. Como fundamental. El principio de que la propiedad privada. Ha de conservarse. Y es inviolable. En consecuencia. El Papa defiende. El derecho a intervenir. En la cuestión social. Pues solo las enseñanzas de la Iglesia. Permitirán. Resolver por completo el conflicto. O al menos. Hacerlo más llevadero. Más soportado. Y seguidamente recuerda. El principio de que no se puede igualar. En la sociedad civil. Lo alto con lo bajo. Y que esa pretensión del socialismo. Atenta contra la naturaleza. Porque son distintos. Los talentos de todos. La habilidad. La salud. Las fuerzas. Por cuyas diferencias. Brota espontáneamente. La inevitable diferencia de la fortuna. Según la posición social que tenga cada uno. En definitiva. Engañar al pueblo. Dice el Papa. Es cometer un fraude. Que tarde o temprano. Acabará produciendo. Males mayores que los presentes. La solución por tanto. Es buscar. El oportuno alivio de los males. De la sociedad. Por parte de los estados. Como conclusión. Al análisis de la situación. Del momento. El Papa sostiene que el error. Estaba en suponer. Que una clase social. Fuera espontáneamente enemiga de la otra. Como si la naturaleza. Estaba dispuesta. A los ricos y a los pobres. Para combatirse mutuamente. En un perpetuo duelo. Razón que le lleva a afirmar. La necesidad de la armonía social. Pues ambas se necesitan. Definitivamente. Ni el capital. Puede subsistir sin el trabajo. Ni el trabajo sin el capital. Como propuestas. De la iglesia. El Papa defiende. Que para acabar la lucha de clases. Resulta necesaria. La fuerza de las doctrinas cristianas. Pues estas. Pueden reconciliar y unir. A los ricos con los proletarios. Llamando a ambos sectores. A la responsabilidad de cumplir. Sus deberes de justicia. Y seguidamente. Expone estos deberes. Tanto para los trabajadores. Como para los patrones. Deberes. De los proletarios. De los obreros. Cumplir íntegra y fielmente. Lo que por propia libertad. Y con arreglo a justicia. Se haya estipulado sobre el trabajo. No dañar en modo alguno. Al capital. No ofender a la persona. De los patrones. Abstenerse de toda violencia. Al defender sus derechos. Y no promover sediciones. No mezclarse. Con hombres depravados. Que alientan pretensiones inmoderadas. Y se prometen artificiosamente. Grandes cosas. Lo que lleva consigo. Arrepentimientos estériles. Y las consiguientes. Pérdidas de fortuna. Deberes. Para los patrones. Respetar en los obreros. Como es justo. La dignidad de la persona. Sobre todo ennoblecida por lo que se llama. El carácter cristiano. Que los trabajos remunerados. Si se atiende a la naturaleza. Y a la filosofía cristiana. No son vergonzosos para el hombre. Sino de mucha honra. En cuanto dan. Honesta posibilidad. De ganarse la vida. Que lo realmente vergonzoso. E inhumano. Es abusar de los hombres. Como de cosas de lucro. Y no estimarlos en más. Que cuanto sus nervios y músculos. Pueden dar de sí. E igualmente se manda. Que se tengan en cuenta. Las exigencias de la religión. Y los bienes de las almas de los proletarios. Por lo cual. Es obligación de los patronos. Disponer que el obrero. Tenga un espacio de tiempo. Idóneo para atender a la piedad. No exponer. Al hombre a los halagos. De la corrupción. Y a las ocasiones de pecar. Y no apartarlo en modo alguno. De sus atenciones domésticas. Y de la afición al ahorro. Tampoco. Debe imponérseles. Más trabajo. Del que puedan soportar sus fuerzas. Ni de una clase. Que no esté conforme con su edad. Y su sexo. Pero entre los primordiales deberes. De los patronos. Se destaca el de dar a cada uno. Lo que sea merecido. Lo que sea justo. Seguidamente. El papa indica. Que no bastaría con esto. Pues la iglesia. No está contenta. Con atenuar la violencia. Y los motivos de discordia. Más bien persigue una meta más alta. Que consiste en unir. Una clase con la otra. Por la aproximación. Por la relación. Por la amistad. Y eso se consigue poniendo la mirada en Cristo. Nuestro maestro y guía. Que quiere llevarnos a todos. A la felicidad eterna. Es más. El ejemplo de Cristo y su entrega amorosa en la cruz. Con sus trabajos y sufrimientos. Pero también con su gracia. Y con la esperanza. Anunciada del eterno galardón. Han de ser el referente. Para la práctica de las virtudes. De todos. De unos con otros. En esto. El papa nos advierte. Que. De que las riquezas. No nos eximen del sufrimiento. Ni contribuyen por sí mismas. A la vida eterna. Razón por la que nos exhorta. Al temor de Dios. Y nos recuerda. Que todos tendremos que dar cuentas severísimas. Por el uso de las riquezas. Porque la recta posesión del dinero. Es propia. Pero el recto uso del mismo. Ha de ser para el bien común. Tal y como lo exige el deber de caridad. En la ley de Dios. A los pobres. Les recuerda. Que la pobreza no es considerada. Como una deshonra ante el juicio de Dios. Y que no han de avergonzarse. Por el hecho de ganarse el sustento. Con un trabajo. Pues Cristo se hizo pobre. Y trabajó también como artesano. Durante 30 años. En esto nos recuerda también. Que la verdadera dignidad. Y excelencia del hombre. Radica en lo moral. Es decir. En la virtud. La cual es patrimonio común. De todos los mortales. Y asequible por igual. A altos y bajos. A ricos y pobres. Destacando además. Que la voluntad de Dios. Parece más inclinada. Hacia el lado de los afligidos. El Papa anima a todos. En definitiva. A seguir los preceptos de Cristo. A fin de que se produzca. El fruto de la amistad. Y del amor fraterno. Entre las clases. Pues todos hemos sido creados. Por el mismo Dios. Tales son los deberes y derechos. Profesados por la filosofía cristiana. Con ayuda de los cuales. La lucha de clases se acabará. Ahora bien. Para la Iglesia no basta solo. Con indicar el camino. Para llegar a la curación. Sino que aplica. Ella misma por su mano. La medicina. Pues está dedicada por entero. A instruir y enseñar a los hombres. Su doctrina. En consecuencia. El Papa insiste en que. Si hay que curar a la sociedad humana. Solo se podrá conseguir. Por medio del retorno. A la vida y a las costumbres cristianas. A fin de que el hombre. Pueda aprender a amar a Dios. Y al prójimo. Con singular y suma caridad. Y destruya. Animosamente. Cuanto obstaculiza. El sendero de la virtud. El Papa nos alerta. De que es un error. Pensar que la Iglesia. Solo se desvela por el cuidado de las almas. Y se olvida de la vida mortal y terrena. Con su aportación. La Iglesia quiere que los proletarios. Salgan de su misérrimo estado. Y logren. Una mejor situación. Pues aunque se ha pretendido solucionar. Sus problemas. Con cierta beneficiencia civil. No se encontrarán. Recursos humanos. Capaces de suplir. La caridad cristiana. Que se entrega toda entera. A sí misma. Para utilidad de los otros. Tal virtud es exclusiva. De la Iglesia. Si no brotara del sacratísimo corazón. De Jesucristo. Jamás hubiera existido. Andaría errante. Lejos de Cristo. El que se separa de la Iglesia. Seguidamente el Papa. Se pregunta. Que parte de la ayuda. Puede esperarse del Estado. Pues los que gobiernan. Deben cooperar. Primeramente y en términos generales. Con toda la fuerza de las leyes e instituciones. Esto es. La ordenación y la administración misma del Estado. Brote espontáneamente. La prosperidad. Tanto de la sociedad. Como de los individuos. Habida cuenta. De que este es el cometido de la política. Y el deber. Inexclusable de los gobernantes. Y en esto. El Papa reconoce. El principio de subsidiariedad. Subsidiariedad. De los Estados. Los cuales deberían cooperar. Y promocionar a los individuos. Pero respetando a las familias. Y a las organizaciones. Que la forman. En consecuencia. Dado que la naturaleza única de la sociedad. Es común. A los de arriba y a los de abajo. Y que todos formamos parte de la nación. Todos tenemos que ser atendidos. Y recibir por igual. Los cuidados públicos. Lo cual exige hacerse cargo. De los proletarios. Observando. Dice el Papa. Inviolablemente. La justicia llamada distributiva. Más aún. Ya que todos deben contribuir. A la totalidad del bien común. No todos. Pueden aportar lo mismo. Ni en igual cantidad. Se exige por tanto a las autoridades. Una equidad. Para el cuidado especial del proletario. A fin de que este reciba. Algo de lo que aporta al bien común. Como la casa. El vestido. El poder sobrellevar la vida. Con mayor facilidad. Etc. Y esto porque. Hay que tener en cuenta. Que interesa mucho al Estado. Que no vivan en la miseria. Aquellos de quienes provienen. Unos bienes tan necesarios. Para el sistema. Según esto. El Papa entiende que no es justo. Que el Estado absorba al individuo. Y a la familia. Lo justo es dejar a cada uno. La facultad de obrar con libertad. Hasta donde sea posible. Sin daño del bien común. Y sin curia de nadie. Por lo cual los que gobiernan. Debieran atender a la defensa de la comunidad. Y de sus miembros. Reafirma así. El principio de subsidiariedad. De los poderes públicos. Y todo ello. Protegiendo a los trabajadores. Para que los patronos. No les impongan condiciones ofensivas. Para la persona. Y la dignidad humana. En consecuencia. Dice. Las clases sociales. Habrán de respetarse. Indeliblemente. Los derechos de todos. Especialmente de los débiles y los pobres. Habida cuenta de que. La gente rica. Necesita menos. La tutela de lo público. Por ello. Los estados están llamados a. Dice así. Rodear de singulares. Cuidados y providencia. A los asalariados. Que se cuentan. Entre la muchedumbre desvalida. El papa considera. Como muy importante. Otros asuntos. El principal. Es que debe asegurarse. Las posesiones privadas. Con el imperio. Y la fuerza de las leyes. A fin de que haya una equidad. Entre deberes y derechos. Con miras al bien común. Pero buscando con ello. Que uno no pueda. Arrebatar a otro. Lo que le pertenece. Bajo la idea. De una pretendida igualdad. Cuando lo que en verdad. Busca es el abuso desmedido. Para apropiarse. De la fortuna ajena. Es más. Resulta un abuso. La excesiva carga laboral. Al igual que un bajo salario. Pues ambas condiciones. Favorecen la huelga. Y el ocio voluntario. Es un mal frecuente y grave. En aquel tiempo. Al que se debía poner remedio públicamente. Porque las huelgas. Perjudicaban a todas las partes. Patronos. Obreros. Comercio. Intereses públicos. Y cuando eran violentas. Ponían en peligro la tranquilidad. De la vida pública. De igual forma. El papa apreciaba. Que había muchas cosas en el obrero. Que se han de tutelar. Con la protección del estado. En primer lugar. Los bienes del alma. Puesto que la vida mortal. Aunque buena y deseable. No es con todo el fin último. Para el que hemos sido creados. Sino tan solo. El camino. El instrumento para perfeccionar. Nuestra vida. La vida del alma. Con el conocimiento de la verdad. Y el amor del bien. En esto el papa reflexiona. Que el señor nos mandó. Llenad la tierra y sometedla. Y dominad a los peces del mar. Y a las aves del cielo. Y a todos los animales que se mueven sobre la tierra. Pero entiende que todos los hombres. Para esto. Somos iguales. Sin distinción. Pues uno mismo es el señor de todos. Y a nadie le está permitido violar impunemente. La dignidad humana. De la que Dios mismo dispone. Con gran reverencia. Tampoco puede ponerle trabas. En la marcha de su camino. Hacia el perfeccionamiento. Que lleva a la serpiterna vida. De los cielos. En consecuencia. No es lícito. Ningún tipo de esclavitud. Ni el de ejercer. Trabajos. Durante los días festivos. Días que han de respetarse. Pues el descanso. Está consagrado por la religión. Para atraer a los individuos. Al pensamiento de las cosas celestiales. Y a rendir a la suprema divinidad. El culto justo. Y debido. Por todas estas razones. Entiende que debe. Librarse a los pobres obreros. De la crueldad de los ambiciosos. De quienes los someten. Al exceso del trabajo. Todo lo cual lleva a un debilitamiento. Del espíritu. Con fatiga excesiva. Para el cuerpo humano. Es necesario. Que el trabajo se interrumpa. De cuando en cuando. Y se dé lugar al descanso. Evitando que la jornada diaria. No se prolongue más horas. De las que permitan las fuerzas humanas. El Papa también reflexiona. Sobre el salario justo. Pues el libre consentimiento. Y posterior cumplimiento. De ambas partes. No es suficiente. Ha de reconocerse. Que el trabajo es necesario. Para conservar la vida. Pero también debe reconocerse. Por justicia natural. Superior y anterior. Al acuerdo libre. Que el salario. No debe ser en manera alguna insuficiente. Para alimentar a un obrero. Y al sustento de su familia. En esto el Papa afirma. Que si el obrero percibe un salario. Lo suficientemente amplio. Para sustentarse a sí mismo. A su mujer y a sus hijos. Dado que sea prudente. Se inclinará fácilmente al ahorro. Y hará lo que parece aconsejar. La misma naturaleza. Reducir gastos. Al objeto. De que quede algo con que ir construyendo. Un pequeño patrimonio. De cara al futuro. En definitiva. Obreros y empresarios. Pueden hacer mucho en esta cuestión. Desarrollando organizaciones benéficas. Fraternales. Pues resulta muy interesante la cooperación. Resulta grato. En contarse. Con que constantemente se están constituyendo. Asociaciones de este género. De obreros solamente. O mixtas. De las dos clases. Lo cual es de desear. Que crezcan en número y eficiencia. Es más. Por su propia naturaleza. Dice el papa. El hombre va dando forma a la sociedad civil. Y a la construcción de pequeñas sociedades. Si el fin de la sociedad civil. Es el bien común. Y las sociedades privadas. Ha de ser el bien de sus miembros. Todo lo cual. Debe ser favorecido por los estados. Como derecho natural que es. Papa Ernesto. Recuerda las diversas instituciones. Creadas por la autoridad de la iglesia. Y la piadosa voluntad de los fieles. Junto con su aportación. Al beneficio de la humanidad. Y en este sentido el papa alerta. De lo que ocurre en los tiempos actuales. Y sus tiempos. Denunciando que el estado. No puede arrogarse. Ningún derecho sobre ellas. Sino que debe respetarlas. Conservarlas. Y si se diera el caso. Defenderlas de toda injuria. Ernesto explica. Que si bien podemos percibir. Que cada vez hay más asociaciones benéficas. Principalmente de obreros. También percibimos en muchas ocasiones. Que están dirigidas. Por fines contrarios al cristianismo. Lo cual pone a los obreros cristianos. Frente al dilema. De incorporarse a estas asociaciones. De las que cabe temer peligros. Para la religión. O crear sus propias asociaciones. Obreras católicas. Y en este tema. El papa felicita. A todos cuantos promueven. El crecimiento integral. De los obreros con oficios honestos. Afirmando que. Esto es lo que conduce. Diligentemente al bien común. Pues ofrece. Sanas esperanzas para el putillo. Exhorta a los estados. A proteger estas organizaciones. Advirtiendo. Que no se inmiscuya. En su constitución interna. Ni en su régimen de vida. Finalmente. El papa defiende. La libertad de asociación. Lo que implica. El ejercicio del derecho de los individuos. De elegir su pertenencia. Y definir libremente. Las normas. Que han de regularla internamente. Para conducirla al fin pretendido. Todo ello. De suerte. Que cada integrante. Consiga en la medida de lo posible. Un aumento de los bienes del cuerpo. Del alma. Y de la familia. Y siempre respetando como fin principal. La perfección de la piedad. Y de las costumbres. En las conclusiones. Ya. El papa. Sustenta el fundamento de las leyes sociales. De la religión. Con ayuda de la cual los individuos. Podrán emprender el camino. Que ha de llevar. A las sociedades pacíficas. A un floreciente bienestar. Con estos principios. Decía el papa. Las asociaciones católicas. Tendrán un papel fundamental. En la prosperidad de las naciones. En consecuencia. El papa invita. A trabajar a cada cual. En lo que a cada uno le corresponde. En la idea de que puedan resolverse. Los problemas acuciantes. De esa cuestión social. Considerando que la religión. Es la única. Que puede curar radicalmente el mal. Y que todos. Deben laborar. Trabajar. Para que se restauren. Las costumbres cristianas. El papa concluye la encíclica. Con estas palabras. Emprenda de los dones divinos. Y en testimonio. De nuestra benevolencia. A cada uno de vosotros. Venerables hermanos. Y a vuestro clero y pueblo. Amantísimamente en el señor. Os impartimos. La bendición apostólica. Muy bien. Pues concluido el análisis de la exhortación. Pasamos a nuestra reflexión de hoy. Que nos lleva a las virtudes cardinales. Y a la reflexión. Para ello seguimos. Las enseñanzas del catecismo. Teniendo muy presente. Que el catecismo. Contiene enseñanzas del magisterio. Y que por tanto. Son enseñanzas doctrinales. También de primer orden. Recordaremos. Una vez más. Lo relativo a las virtudes humanas. Las virtudes humanas. Son actitudes firmes. Disposiciones estables. Perfecciones habituales. Del entendimiento y de la voluntad. Que regulan nuestros actos. Ordenan nuestras pasiones. Guían nuestra conducta. Según la razón y la fe. Proporcionan facilidad. Dominio y gozo. Para llevar una vida moralmente buena. El hombre virtuoso. Es el que practica. Libremente el bien. Las virtudes morales. Se adquieren. Mediante las fuerzas humanas. Son los frutos y los gérmenes. De los actos moralmente buenos. Disponen. Todas las potencias del ser humano. Para armonizarse. Con el amor divino. Cuatro virtudes. Desempeñan un papel fundamental. Por eso se las llama cardinales. Todas las demás. Se agrupan en torno a ellas. Estas son. La prudencia. La justicia. La fortaleza. Las virtudes. Las virtudes son el fruto de sus esfuerzos. Pues ella enseña la templanza. Y la prudencia. La justicia y la fortaleza. Cita el libro de sabiduría. Número 8. Bajo otros nombres. Estas virtudes son alabadas. En numerosos pasajes. De la escritura. Y hoy. Nos centraremos en la virtud. De la justicia. Número 1807. Del catecismo. La justicia. Dice. Es la virtud moral. Que consiste. En la constante y firme voluntad. De dar a Dios y al prójimo. Lo que les es debido. La justicia para con Dios. Es llamada. La virtud de la religión. Para con los hombres. La justicia dispone. A respetar. Los derechos de cada uno. Y a establecer en las relaciones humanas. La armonía. Que promueve la equidad. Respecto a las personas. Y al bien común. El hombre justo. Evocado con frecuencia en las sagradas escrituras. Se distingue. Por la rectitud habitual. De sus pensamientos. Y de su conducta con el prójimo. Dice el Levítico. Siendo juez. No hagas injusticia. Ni por favor del pobre. Ni por respeto al grande. Con justicia juzgarás. A tu prójimo. Levítico 19. Por otra parte. En Colosenses. Se nos dice. Amus. Dad a vuestros esclavos. Lo que es justo y equitativo. Teniendo presente. Que también vosotros. Tenéis un amo. En el cielo. Cita a Colosenses 4. Muy bien. Pues a modo de conclusión. Personal del programa de hoy. Diré que la importancia. De la encíclica. Regum Novarum. Está en que. Sentó las bases. Para la doctrina social de la Iglesia. Pues ha sido y sigue siendo. Una referencia de muchísimos. De los documentos de primer orden. De la Iglesia. Sobre la cuestión social. Destaco también. Que el Papa León XIII. Con esta encíclica. Supo ganarse el aprecio. De muchos cristianos. Y de muchos estados. Con lo que favoreció con ello. A la estabilidad social de los pueblos. De las clases. Y a las buenas relaciones internacionales. Con la. Por medio de la diplomacia vaticana. El texto. Abandonó. Todo tipo de condena. Y abrió caminos de diálogo. De entendimiento. De armonía. Que han dado con el tiempo. Un fruto importante. Todo lo cual vamos a ir viendo. En futuros programas. En los que seguiremos analizando. Los documentos posteriores. Sobre doctrina social. De los diferentes Papas. Pues bien que el Señor. Les bendiga a todos. Con estas meditaciones. Damos por finalizado el programa de hoy. Diciendo que el próximo viernes. Día 14 de noviembre. No voy a poder emitir el programa en directo. Ofreceremos. En esta ocasión. La oportunidad de escuchar. La reposición del programa. Número 15. Emitido el pasado 28 de febrero. En el que presentábamos. El acompañamiento espiritual. Como camino de santidad. Tema muy interesante. Y que os hago. Pues eso. La oferta de que acudáis a escucharlo. Seguidamente. Reflexionábamos. Sobre el derecho a la intimidad. Y a la libertad del acompañado. Un tema también interesante. Y bien. Pues nuestro programa en directo. Nuestro futuro programa. Dios mediante. Será el viernes 21 de noviembre. En el que. Vamos a analizar. La encíclica. Cuadragésimo año. Del Papa Pío XI. De 15 de mayo de 1931. Precisamente. Sobre los logros. Alcanzados a los 40 años. De la publicación. De la Rerum Novarum. Que hemos visto hoy. Y seguidamente. Reflexionaremos sobre nuevos aspectos. De las virtudes cardinales. Con atención. A la siguiente virtud. Prudencia. Justicia. La fortaleza. Damos las gracias. Por vuestra atención. Y nada. Solo me queda despedirme. Hasta el próximo programa. De acompañamiento espiritual. Un abrazo para todos. Que el Señor nos bendiga. Nos guarde de todo mal. Y nos lleve a la vida eterna. Amén.
Las virtudes cardinales. #32
Fecha: viernes, 31 de octubre de 2025, a las 21:00:00
Duración: 48:01
Transcripción de Episodio 32. León XIV. Exh. Ap. 'Dilexi te' (2025), sobre el amor a los pobres.
Buenas noches a los que me escucháis. Os habla Javier Cebrián, Vocal de Formación Espiritual del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed todos bienvenidos al programa Acompañamiento Espiritual de Radio Lavandé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios. Bien sabemos que esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior, el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues solo Cristo es la cabeza de la Iglesia de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. Y buscamos la unión con el Espíritu Santo. El Espíritu Santo no solamente para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa que celebramos allá por el 4 de octubre de 2024, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo a fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Hoy en nuestra oración pedimos por el Papa León, por los obispos, para que el Espíritu Santo los guíe en el gobierno y en la asistencia espiritual de la Iglesia, siempre con miras a la unidad de todos los cristianos. En Cristo, verdadero Dios y Pastor del rebaño, sumo y eterno Sacerdote. Pedimos también por todas las necesidades de la Iglesia y por todos los pueblos de la tierra, por los hombres, especialmente por aquellas personas que se nos han encomendado, y más particularmente por nuestros familiares, amigos y bienhechores. Invocamos. Ven Espíritu Santo. Llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía al Señor tu Espíritu y serán creados, y renovarás la faz de la tierra. Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos rectamente y gocemos de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos ya en materia, recordando que hoy iniciamos una nueva serie de programas sobre temas de actualidad, en los que vamos a analizar los documentos principales de la Iglesia que desarrollan la doctrina social. En el anterior programa, en directo, el pasado 17 de octubre, analizábamos la exhortación apostólica, Sé la confianza, del 15 de octubre del 23, sobre la confianza en el amor misericordioso de Dios, y seguidamente reflexionábamos sobre algunos aspectos finales de las Bíblicas. En el programa de hoy, vamos a analizar la exhortación apostólica del Papa León XIV, Dilexi te, de 4 de octubre de 2025, sobre el amor hacia los pobres, y seguidamente reflexionaremos sobre las virtudes cardinales. En los últimos minutos del programa de hoy, al ser posible, abriremos el diálogo para la participación directa de los oyentes que quieren hacer alguna aportación, o alguna pregunta. Comenzaremos recordando que el Cardenal Robert Francis Prevost Martínez, con 69 años de edad, fue elegido Papa el 8 de mayo de 2025, tras la muerte de su predecesor, el Papa Francisco. Es el segundo Pontífice originario de las Américas, y el primer Papa perteneciente a la Orden de San Agustín, que fue fundada en 1242. por el Papa Inocencio IV. Recordamos también que una exhortación apostólica es un documento oficial del Magisterio, y que, aunque no es de primer orden, goza de una autoridad pastoral significativa. Está dirigida a todos los fieles católicos, y busca animar, instruir o guiar acerca de un tema específico. Es un texto para la reflexión y la puesta en práctica de las enseñanzas de la Iglesia, sobre el asunto que trata. Las exhortaciones apostólicas se suelen presentar al final de un sínodo de los obispos, en el que han debatido sobre el tema, aunque en este caso la razón es otra. Está centrada en el amor hacia los pobres, y busca dar continuidad al magisterio de su predecesor, el Papa Francisco, quien ya había iniciado la redacción de este documento. El Papa León XIV firmó la exhortación apostólica Dilexi te, el pasado 4 de octubre, en el día en que la Iglesia conmemora y celebra la memoria de San Francisco de Asís, siendo presentada en la sala de prensa de la Santa Sede el día 9 de octubre, en su primer año del pontificado. Dilexi te, te he amado, es una llamada a la reflexión del amor de Cristo, que se hace carne en el amor a los pobres, en cuyo amor se ven reflejados varios colectivos. El cuidado de los enfermos, la lucha contra la esclavitud, la defensa de las mujeres que sufren exclusión y violencia, el derecho a la educación de los marginados, el acompañamiento a los migrantes, la limosna como gesto de justicia restaurada y no como simple gesto de paternalismo, y por último, la equidad en el reparto de los bienes, cuya ausencia, dice el Papa, es la raíz de todos los males sociales. En definitiva, es un texto que brota del Evangelio del Hijo de Dios, que se hizo pobre desde su entrada en el mundo, con el que el Papa León quiere actualizar las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia de los últimos 150 años, sobre la promoción del desarrollo humano integral. Esta enseñanza entrelaza tres pilares esenciales de la doctrina social de la Iglesia. La educación, la Eucaristía y el servicio, los cuales siempre han de estar orientados en favor de los pobres y marginados. La exhortación a la luz de la revelación cristiana y de la tradición de la Iglesia sigue los pasos de sus predecesores, cuyos documentos analizaremos en futuros programas, y que son los siguientes. Del Papa Juan XXIII, con su llamamiento a los países ricos en Mater et Magistra, para que no permanecieran diferentes ante los países oprimidos por el hambre y la miseria. Previamente, bien sabemos que el Papa León XIII había publicado la encíclica Rerum Novarum, de la que emana, podemos decir, una fuente sobre la doctrina social totalmente renovada. También veremos la del Papa San Pablo VI, Populorum Progressio, y su intervención en la ONU como abogado de los pueblos pobres. Del Papa Juan Pablo II, quien supo consolidar doctrinalmente la relación preferencial de la Iglesia con los pobres. Del Papa Benedicto XVI, con la Caritas In Veritate, en la que pedía, como necesarias, unas políticas justas ante la crisis del tercer milenio. Y bueno, pues nos quedaría, por último, el Papa Francisco, comentar, pues eso, que hizo también todo lo que pudo en favor del cuidado por los pobres y con los pobres, y fue uno de los pilares de su pontificado, que culminó con la Dilexit Nos, que ya hemos comentado. Pues bien, entrando ya en el contenido de la exhortación que nos ocupa, diremos que es un documento amplio, al que deberíamos dedicar un tiempo para su lectura y la meditación personal. El texto se estructura en 121 puntos, divididos en dos partes. La introducción, números 1 al 3, y la exposición, números 4 al 121, con cinco capítulos que pasaremos a analizar. En la introducción, el Papa comienza haciendo alusión al título de la exhortación, Te he amado, frase tomada del libro del Apocalipsis. Capítulo 3, en el que el Señor se dirige a una comunidad cristiana que no tenía relevancia ni recursos, con lo que estaba expuesta a la violencia y al desprecio de las otras comunidades. Y les dice el Señor. A pesar de tu debilidad, obligaré a que se postren delante de ti. Cita Apocalipsis 3. El Papa con esto nos indica que el texto evoca las palabras del cántico de María. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Seguidamente, el Papa comenta que esta declaración de amor del Apocalipsis nos remite al misterio inextinguible que el Papa Francisco pronunció en la encíclica Dilexit nos, sobre el amor divino y humano del corazón de Cristo, en la que podemos admirar el modo en que Jesús se identifica con los más pequeños de la sociedad y cómo, con su amor entregado hasta el final, muestra la dignidad de cada ser humano. Sobre todo, cuando es más débil, miserable y sufriente. Es por ello que el Papa entiende que contemplar el amor de Cristo nos ayuda a prestar más atención al sufrimiento y a las carencias de los demás. Nos hace fuertes para participar en su obra de liberación, como instrumentos para la difusión de su amor. Precisamente, el Papa nos hace ver que esta exhortación es clara. Es una descontinuidad de la encíclica Dilexit nos, y que el Papa Francisco ya la estaba preparando en los últimos meses de su vida, queriendo tratar sobre el cuidado de la Iglesia por los pobres, a la que ya había dado ese título, de Dilexit te. Imaginando que Cristo se dirigiera a cada uno de ellos, diciendo "No tienes poder ni fuerza, pero yo te he amado". Por esta razón, el Papa nos dice que el amor divino y humano del corazón de Cristo, es el mismo que el amor divino de la Iglesia. En estas ocasiones, el Papa León justifica que haya decidido proponernos este documento que ha recibido de su predecesor, con el que quiere manifestar la continuidad del magisterio petrino. Con ello, busca que todos los cristianos podamos recibir la fuerte conexión que existe entre el amor de Cristo y su llamada a acercarnos a los pobres. De hecho, dice el Papa, "También yo considero necesario insistir sobre este camino de santificación, porque en el llamado a reconocerlo en los pobres y sufrientes, se revela el mismo corazón de Cristo, sus sentimientos y opciones más profundas con las cuales todo santo intenta configurarse". En el capítulo primero, titulado "Algunas palabras indispensables", el Papa toma en consideración algunos textos de las Sagradas Escrituras y de la vida de los santos, particularmente de San Francisco, con los que nos recuerda el tema principal, la opción preferencial por los pobres. El Papa sostiene que "la condición de los pobres representa un grito que en la historia de la humanidad interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente, como no, a la Iglesia". En el rostro herido de los pobres encontramos impreso el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el mismo sufrimiento de Cristo. El Papa identifica los rostros de la pobreza, reconociendo que hay mucho por hacer a pesar de los esfuerzos realizados en los últimos decenios, pues en nuestra sociedad sigue habiendo criterios sociales y políticos que están marcados por numerosas desigualdades entre los hombres. También percibe como necesario un cambio de mentalidad en lo cultural, de manera que los más necesitados y los migrantes puedan integrarse en las sociedades modernas. Igual ha de ser con los países que no tienen capacidad para el desarrollo de sus pueblos, o con los que siguen sin reconocer la dignidad entre hombres y mujeres. Con lo que se ven expuestas a la exclusión, al maltrato y a la violencia sin que puedan defender sus derechos. En definitiva, es la pobreza de cuantos no cuentan con medios de sustento material, pero también de cuantos están marginados socialmente y no pueden expresarse ni hacer valer sus capacidades, todo lo cual empobrece la dignidad moral, espiritual y cultural de las personas y de los pueblos, porque se quedan sin reconocimiento, sin derechos ni espacio para crecer su plena libertad como seres humanos. Con todo, el Papa aprecia que, habiendo reglas económicas que resultan eficaces para el crecimiento de las sociedades, sigue pendiente la asignatura del desarrollo humano integral. Vemos que aumenta la riqueza, pero no lo hace de forma equitativa, con lo que no paran de crecer nuevas pobrezas que no pueden medirse con los parámetros económicos de Occidente. Hay países en los que los pobres no pueden salir de su pobreza porque no cuentan con los medios necesarios para avanzar y apartarse de esa indigencia. También los cristianos nos dejamos contagiar por actitudes marcadas por ideologías mundanas, o posicionamientos políticos y económicos mirando sólo a nuestras necesidades. Un síntoma de esta mentalidad es el hecho de que el ejercicio de la caridad resulte a veces despreciado o ridiculizado. Ante estas realidades, el Papa nos indica que los cristianos no podemos quedarnos indiferentes porque nos apartaríamos de la vida de la Iglesia, porque nos apartaríamos de la vida de la Iglesia, que ha de brotar siempre del Evangelio para fecundar todo momento histórico. En el capítulo segundo, titulado Dios opta por los pobres, el Papa nos presenta el proyecto del amor de Dios misericordioso por la humanidad, amor que se extiende y se realiza en la historia al hacerse hombre entre nosotros a fin de liberarnos de la esclavitud, de los miedos, del pecado, y del poder de la muerte. Es desde este amor donde surge la opción preferencial de Dios por los pobres, expresión nacida en América Latina, no para indicar un exclusivismo o una discriminación hacia otros grupos, sino la acción de Dios que se compadece ante la pobreza y la debilidad de toda la humanidad, que quiere inaugurar un reino de justicia, fraternidad, y solidaridad, que se preocupa particularmente de aquellos que son discriminados y oprimidos, pidiéndonos también a nosotros, a su Iglesia, una opción firme y radical en favor de los más débiles. El Papa nos presenta una serie de reflexiones a la luz de las Sagradas Escrituras, presentando a Dios como amigo y liberador de los pobres, que escucha el grito del pobre e interviene para liberarlo. Es una cita al Salmo 34. Destaca cómo Dios muestra su debilidad para con su pueblo, pues el corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres. Todo el camino de nuestra redención está signado por los pobres. Cita el Deuteronomio, perdón, cita el número 17 de la de la Exhortación. Es más, Jesús se ha hecho pobre en su encarnación. Él se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres y presentándose con aspecto humano. Y así nos ha sido revelado el verdadero rostro del amor divino. Citas a Juan 1 y a 1ª de Juan 4. Y más tarde lo puede afirmar San Pablo también. Decía, ya conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza. Cita a 2ª de Corintios 8. El Papa continúa con el Nuevo Testamento, haciéndonos ver las citas que hacen referencia a la atención preferencial de Jesús por los pobres, quien vino a manifestar en el hoy de la historia, la cercana y amorosa actitud de Dios, que es ante todo obra de liberación para quienes son prisioneros del mal, para los débiles y los pobres. Jesús se muestra compasivo con los enfermos, con los pobres y pecadores, pues todos eran marginados de la sociedad y de la religión. A ellos se dirige la palabra de esperanza y de liberación, y por eso, aun en la condición de pobreza o debilidad, ya ninguno debe sentirse abandonado. Como consecuencia, la Iglesia, si quiere ser de Cristo, debe ser la Iglesia de las Bienaventuranzas, dice el Papa. Una Iglesia que hace espacio a los pequeños y camina pobre con los pobres. Un lugar en el que los pobres tienen un sitio privilegiado. Cita a Santiago 2. El Papa hace hincapié en la llamada del Señor a la Misericordia para con los pobres, la cual ha encontrado una expresión plena en la gran parábola del juicio final, Mateo 25, que es también una descripción gráfica de la Bienaventuranza de los Misericordiosos. Allí el Señor nos ofrece la clave para alcanzar los objetivos, para alcanzar nuestra plenitud. Porque si buscamos esa santidad que agrada a los ojos de Dios, en este texto hallamos precisamente un protocolo sobre el cual seremos culpados. Las palabras fuertes y claras del Evangelio deberían ser vividas sin comentario, sin elucubraciones y excusas que les quiten la fuerza. El Señor nos dejó bien claro que la santidad no puede entenderse, ni vivirse al margen de estas exigencias suyas. El Papa, con varios ejemplos, explica que este fue el programa de las primeras comunidades cristianas, el cual no derivaba de análisis o de proyectos, sino directamente del ejemplo de Jesús, de las mismas palabras del Evangelio. También encontramos en las primeras comunidades cristianas la atención a las viudas. Hechos 6. A pesar de que fuera un problema difícil de resolver, pero supieron poner en el centro la caridad hacia los necesitados sin desatender la predicación de la Palabra. Las colectas igualmente están presentes y unen a las distintas iglesias locales primitivas en las que se manifiesta la generosidad con los más pobres, dando así cumplimiento a la palabra "Den y se les dará, porque la medida con que ustedes midan también se usará con ustedes". Cita a Lucas 6. O bien, hay otra. "Entonces despuntará tu luz como la aurora, y tu llaga no tardará en cicatrizar". Cita a Isaías 58. De todo ello, los primeros cristianos estaban perfectamente convencidos. El Papa concluye este capítulo diciendo que el canon bíblico que nos ha llegado a nosotros contiene la Palabra revelada, la cual se nos ofrece como ejemplo a imitar y como testimonio de la fe que obra por medio de la caridad y que continúa como exhortación permanente para las generaciones venideras. Esta Palabra nos sigue interpretando, apelando a realizar obras de caridad, porque es la semilla fecunda que no cesa de producir fruto. En el capítulo III, titulado "Una Iglesia para los pobres", el más largo de todos los capítulos de hoy, el Papa nos hace ver que Iglesia y pobreza van siempre unidas. Así lo había expresado también el Papa Francisco a los representantes de los medios de comunicación, indicando su deseo de que la Iglesia mostrara más claramente su cuidado y atención hacia los pobres. "A como quisiera una Iglesia pobre y para los pobres", decía el Papa Francisco. Este deseo refleja la conciencia de que la Iglesia reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su fundador pobre y paciente. Se esfuerza en remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo. En consecuencia, hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Y así es como lo vivieron las primeras comunidades. Seguidamente, el Papa lo ilustra con varios ejemplos a lo largo de los siglos, siguiendo las enseñanzas de los padres de la Iglesia, citando a San Justino, a San Juan Crisóstomo, a San Agustín, siempre con una mirada cristocéntrica. Y concluye que sobre este aspecto, en resumen, se puede afirmar que la teología patrística fue práctica, apuntando a una Iglesia pobre y para los pobres, recordándonos que el Evangelio sólo se anuncia bien cuando llega a tocar la carne de los últimos, advirtiendo que el rigor doctrinal sin misericordia es una palabra vacía. Es por esto que la Iglesia debe cuidar a los enfermos, cuidándolos y atendiéndolos como un gesto que limpia las heridas. Haciéndolo así, la Iglesia proclama que el Reino de Dios comienza entre los más vulnerables, y al hacerlo así, permanece fiel a aquel que dijo "Estaba enfermo y me visitaron" . También lo hace cuando libera a los cautivos y a los oprimidos, siendo testigos de la pobreza que emana siempre del Evangelio. El Pontífice recuerda además el ejemplo de San José de Calasán, quien fundó la primera escuela popular gratuita de Europa para subrayar la importancia de la educación de los pobres. No es un favor, sino un beneficio. Es un deber. Los pequeños tienen derecho a la sabiduría, al conocimiento, como exigencia básica para el reconocimiento de la dignidad humana. Al mismo tiempo, recuerda la labor plurisecular de la Iglesia hacia quienes se ven obligados a abandonar sus tierras, expresada en centros de acogida, misiones fronterizas, esfuerzos de Cáritas Internacional y otras instituciones. La Iglesia, como una madre, camina con quienes caminan. Donde el mundo ve una amenaza, ella ve hijos. Donde se levantan muros, ella construye puentes. La Iglesia sabe que el anuncio del Evangelio sólo es creíble cuando se traduce en gestos de cercanía y de acogida, y que en cada migrante rechazado es Cristo mismo quien llama a las puertas de la cruz. El Papa hace suyos los famosos cuatro verbos del Papa Francisco. Acoger, proteger, promover e integrar. Y también toma prestada del Papa argentino la definición de los pobres, no sólo como objeto de nuestra compasión, sino como maestros del Evangelio. Pues servir a los pobres, dice el Papa, no es un gesto de arriba hacia abajo, sino un encuentro entre iguales. Por lo tanto, cuando la Iglesia se inclina hasta el suelo para cuidar de los pobres, asume su postura más elevada. Y concluye este capítulo haciendo referencia a la lucha contra los destructores efectos del imperio del dinero, que están dirigidos por líderes, muchas veces bajo sospecha o incluso perseguidos. Estos, sostiene el Papa, nos invitan a superar esa idea de las políticas sociales concebidas como una política hacia los pobres, pero nunca con los pobres, nunca de los pobres. Razones que apuntan a la necesidad de incorporarlos a los movimientos populares para animar cristianamente a los gobiernos locales, nacionales e internacionales con una nueva energía moral que sea capaz de reivindicar y unificar a los pueblos. En el cuarto capítulo, titulado Una historia que continúa, el Papa reflexiona sobre la doctrina social de la Iglesia que tiene esta raíz popular, siempre a la luz de las enseñanzas del Magisterio de los últimos 150 años. Enseñanzas que parten, como ya decía, de la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII de 1891, en consideración, además, los documentos posteriores que proponen la instauración de un orden social justo. Hago un inciso para indicar que no me detengo en los comentarios que el Papa hace sobre estos documentos, pues como ya indiqué antes, son los documentos que analizaremos en los futuros programas. El Papa León expresa, eso sí, que es consciente de que el camino es largo, especialmente en una época en la que sigue vigente la dictadura de una economía que mata, en la que las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, mientras que las de la mayoría están cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Y en la que se difunden ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera, porque la dignidad de cada persona humana debe ser respetada ahora, no mañana. Es más, el Papa considera que la falta de equidad es la raíz de todos los males sociales, porque percibe que, de hecho, los derechos humanos no son iguales para todos. En consecuencia, el Santo Padre hace un llamamiento a todo el pueblo de Dios para que haga oír de diferentes maneras una voz que despierta, que denuncie y que exponga, aun a costo de parecer estúpidos. Indicando además que las estructuras de injusticia deben ser reconocidas y destruidas con la fuerza del bien, a través de un cambio de mentalidad, pero también con la ayuda de las ciencias y de la técnica, mediante el desarrollo de políticas eficaces para la transformación de la sociedad. Y sostiene que la conversión entre los hombres y las mujeres, la conversión espiritual, la intensidad del amor a Dios al prójimo, el celo por la justicia y la paz, el sentido evangélico de los pobres y de la pobreza, son requeridos a todos, especialmente a los pastores y a los responsables. La preocupación por la pureza de la fe ha de ir unida a la preocupación por aportar, con una vida teologal integral, la respuesta de un testimonio eficaz de servir a Dios. El Papa concluye el capítulo invitándonos a trabajar en un mundo globalizado, en el que tengan cabida todos los hijos e hijas del Padre, siempre de forma inclusiva, para que no falte nadie, siempre reafirmando nuestra opción preferencial y evangélica por los pobres, tal y como quedó patente en la conferencia de Aparecida, donde los obispos latinoamericanos explicitaron esta opción como implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros. Es necesario, pues, que todos nos dejemos evangelizar por los pobres, pues de ellos tenemos mucho que recibir de esa fuente de sabiduría que constituye la experiencia de la vida de estos pobres. En el quinto y último capítulo, titulado Un desafío permanente, el Papa nos recuerda una vez más que el cuidado de los pobres forma parte de la gran tradición de la Iglesia como un faro de luz que desde el Evangelio ha iluminado los corazones y los pasos de los cristianos, de los santos de todos los tiempos. En consecuencia, la Iglesia, en cuanto cuerpo de Cristo, siente como su propia carne la vida de los pobres, que son parte privilegiada del pueblo que está en camino. Por esta razón, el amor a los que son pobres, en cualquier modo en que se manifieste dicha pobreza, es la garantía evangélica de una Iglesia fiel al corazón de Dios. Los pobres no pueden ser un problema social, sino el centro de la Iglesia. El cristiano, dice el Papa, no puede considerar a los pobres sólo como un problema social. Estos son una cuestión familiar, son de los nuestros. Por consiguiente, nuestra relación con ellos no se puede reducir a una actividad o a una oficina de la Iglesia. Hemos de ocuparnos de su cuidado como el buen samaritano, cuya escena hemos de redescubrir para aplicarla a nuestros días. No podemos quedarnos de espaldas al dolor de los que sufren cualquier tipo de marginación. Hemos de atender todo, no exclusivamente sus propias necesidades. Pues los pobres son un desafío ineludible para la Iglesia de hoy, a pesar de las dificultades que se nos presentan. Los pobres pueden ser para nosotros como maestros silenciosos, devolviendo nuestro orgullo y arrogancia a una justa humildad. Precisamente son los pobres los que pueden evangelizarnos desde el silencio de su misma condición, pues nos colocan frente a la realidad de nuestra debilidad. Ellos nos conducen a lo esencial de nuestra fe, y esto es determinante. La Iglesia es constante y constante en la tradición de la Iglesia, tal y como lo enseña o lo enseñaba San Juan Pablo II, al hablarnos del progreso técnico y económico actual que nos lleva a alcanzar formas gigantescas de pobreza. En consecuencia, se hace necesario abrir el corazón para escuchar el clamor de los pobres, para escuchar la necesidad de un desarrollo integral de los más abandonados, de los caprichosos de la sociedad, cuya asignatura es pendiente en algunos movimientos o grupos de cristianos que aún no han experimentado el compromiso por el bien común de la sociedad, y en particular por la defensa y la promoción de los más débiles y desfavorecidos. El Papa nos recuerda que cualquier comunidad de la iglesia En la medida en que pretenda subsistir tranquila, sin ocuparse creativamente y cooperar con eficiencia para que los pobres vivan con dignidad y para incluir a todos, también corre el riesgo de la disolución, aunque hable de temas sociales o critique a los gobiernos. Fácilmente terminará sumida en la mundanidad espiritual, disimulada con prácticas religiosas, con reuniones infecundas o con discursos vacíos. Con todo, el Papa percibe que hay mucha incoherencia en algunos cristianos quienes siguen diciendo "nuestra tarea es rezar y enseñar la verdadera doctrina" y defiende que no se puede desvincular este aspecto religioso de la promoción integral de los pobres pensando que solo el gobierno debería encargarse de ellos, o que sería mejor dejarlos en la miseria para que aprendan a trabajar. León XIV se detiene en la necesidad de promocionar laboralmente a los necesitados a fin de que puedan ganarse una vida más acudida. ...y desarrollando sus capacidades y el esfuerzo personal. Pero la limosna, insiste, sigue siendo un cauce necesario de contacto con los pobres, de encuentro y de identificación de estas situaciones de necesidad. El Papa entiende que, como cristianos, no podemos renunciar a la limosna. Es un gesto que se puede hacer de diferentes formas, y que podemos intentar hacer de la manera más eficaz, pero es preciso hacerlo. Y siempre será mejor hacer algo que no hacer nada. En todo caso, nos llegará al corazón. No será la solución a la pobreza mundial, que hay que buscar con inteligencia, tenacidad y compromiso social. Pero necesitamos, insiste, practicar la limosna para tocar la carne sufriente de los pobres. Finalmente, el Papa nos recuerda que el amor cristiano nos permitirá superar cualquier barrera para acercar a los que están lejanos, para reunir a los extraños. Porque el amor es capaz de familiarizar a los que están lejos. Supera a los enemigos, supera los abismos humanamente insuperables, y penetra en los rincones más ocultos de la sociedad. Por su naturaleza, dice el Papa, el amor cristiano es profético, hace milagros, no tiene límites, es para lo imposible. El amor es, ante todo, un modo de concebir la vida, un modo de vivirla. En definitiva, el amor cristiano es un modo de vivir la vida. En definitiva, nos hace falta una Iglesia que no pone límites al amor, que no conoce enemigos a los que combatir, sino sólo hombres y mujeres a los que amar. Esta es la Iglesia que el mundo necesita hoy. Y en el último punto, el Papa concluye así, textualmente. Ya sea a través del trabajo que ustedes realizan, o de su comportamiento por cambiar las estructuras, sociales injustas, o por medio de esos gestos sencillos de ayuda, muy cercanos y personales, será posible para aquel pobre sentir que las palabras de Jesús son para él. Yo te he amado. Muy bien, pues concluido el análisis de la exhortación, pasamos a nuestra reflexión de hoy, que nos lleva a las virtudes cardinales. Prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Y para ello seguimos las enseñanzas del Catecismo, teniendo muy presente que este contiene enseñanzas del Magisterio, y que por tanto son enseñanzas doctrinales también de primer orden. Comenzaremos recordando lo relativo a las virtudes humanas. En el número 1804 se nos dice Las virtudes humanas son actitudes humanas. Son actividades firmes, disposiciones estables, perfecciones habituales del entendimiento y de la voluntad, que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la fe. Proporcionan facilidad, dominio y gozo para llevar una vida moralmente buena. El hombre virtuoso es el que practica libremente el bien. Las virtudes morales son las actividades humanas. Las virtudes morales se adquieren mediante las fuerzas humanas. Son los frutos y los gérmenes de los actos moralmente buenos. Disponen todas las potencias del ser, memoria, entendimiento y voluntad, para armonizarse con el amor divino. Cuatro virtudes desempeñan un papel fundamental. Por eso se les llama cardinales. Todas las demás se agrupan en torno a ellas. Estas son la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. ¿Amas la justicia? Las virtudes son el fruto de sus esfuerzos, pues ella enseña la templanza y la prudencia, la justicia y la fortaleza. Cita al libro de sabiduría número 8. Pues bien, bajo estos nombres, estas virtudes son alabadas en numerosos pasajes de la Escritura. Y bien, hoy nos vamos a centrar en la virtud de la prudencia. Dice el número 1806. La prudencia es la virtud que dispone la razón práctica a discernir. Repito. La prudencia es la virtud que dispone la razón práctica a discernir. En toda circunstancia, nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo. El hombre cauto medita sus pasos. Proverbios 14. Sed sensatos y sobrios para daros a la oración. Primera de Pedro 4. La prudencia es la regla recta de la vida. No se confunde ni con la timidez o el temor, ni con la doblez o la disimulación. Es llamada auriga vitutum. Conduce a las otras virtudes, indicándoles regla y medida. Es la prudencia quien guía directamente el juicio de la conciencia. El hombre prudente decide y ordena su conducta según este juicio. Gracias a esta virtud, aplicamos sin error los principios morales a los casos particulares y superamos las dudas sobre el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar. Pues hasta aquí la exposición de las virtudes cardinales. Bien, a modo de conclusión del programa de hoy, diré que la importancia de la exhortación apostólica está en la actualidad que tiene el amor misericordioso de Dios en toda la historia de la humanidad. Cristo se abajó a la humanidad y permanece con nosotros hasta el fin del mundo. Se ha quedado en la Eucaristía, fuente de ese amor misericordioso para todos cuantos lo recibimos, desde la pequeñez y la humildad. Su palabra es fuente viva y eficaz que nos edifica espiritualmente para dar frutos de caridad en el servicio a los más pobres y necesitados. Nos falta compromiso individual y mucho más compromiso colectivo para que seamos esas piedras vivas de la Iglesia que se alimentan del amor misericordioso para practicar la misericordia y el servicio con toda la humanidad. Sólo así seremos creíbles y será creíble nuestra fe. Destaco también que el Papa León con esta exhortación ha dado continuidad al magisterio del Papa Francisco. Con esta exhortación nos hace ver que es muy fuerte el vínculo entre el amor de Dios y el amor a los pobres. Pues Dios nos sigue hablando por medio de los profetas y marginados de la sociedad a la vez. En los que vemos que se manifiesta su dolor y sacrificio por la humanidad despreciada. En definitiva, los pobres son el evangelio vivo de la presencia de Jesús crucificado. Pues bien, que el Señor nos bendiga a todos. Damos por finalizado el programa simplemente comentando que el próximo viernes, día 7 de noviembre, iniciaremos este... Seguiremos con este programa. Con esta nueva serie de programas en las que vamos a analizar esos documentos relativos a la doctrina social de la Iglesia. Comenzaremos analizando la encíclica del Papa León XIII, Rerum Novarum, del 5 de mayo de 1891. Sobre la situación de los obreros y la cuestión social en el contexto de la revolución industrial. Documento en el que podemos decir que la doctrina social de la Iglesia... adquiere un perfil moderno y más sistemático. Seguidamente reflexionaremos sobre nuevos aspectos de las virtudes cardinales. Pues bien, damos gracias a Dios por vuestra atención y hasta el próximo programa de acompañamiento espiritual. Un abrazo a todos. Que el Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén. Ave María Purísima, sin pecado concebida. María Santísima.
Las virtudes teologales (X). #31
Fecha: viernes, 24 de octubre de 2025, a las 21:00:00
Duración: 49:01
Transcripción de Episodio 31. Francisco.- Exh. Ap. 'C'est la Confiance' (2023), sobre la confianza en el amor misericordioso de Dios.
Buenas noches a los que me escucháis. Os habla Javier Cebrián, vocal de Formación Espiritual del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed todos bienvenidos al programa Acompañamiento Espiritual de Radio Label D, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios. Bien sabemos que esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior, el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues solo Cristo es la cabeza de la Iglesia de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. Y buscamos la unión con el Espíritu Santo. Y buscamos la unión con el Espíritu Santo, no solamente para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar con su gracia a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa que celebramos allá por el 4 de octubre de 2024, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo, en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y nos va a ayudar a vivir mejor. En el primer programa que celebramos allá por el 4 de octubre de 2024, nos ofrecemos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo, en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y nos va a ayudar a vivir mejor. Y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo, a fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Hoy, en nuestra oración, pedimos por el Papa y los obispos para que el Espíritu Santo los guíe en el gobierno y en la asistencia. Y en la asistencia espiritual de la Iglesia, con miras a la unidad de todos los cristianos. En Cristo siempre esa unidad, verdadero Dios y Pastor del rebaño, sumo y eterno sacerdote. Pedimos también por todas las necesidades de la Iglesia, por todos los pueblos de la tierra, por todos los hombres, especialmente por aquellas personas que se nos han encomendado y muy particularmente por nuestros familiares, amigos y amigas. Y por todos los amigos, amigos y bienhechores. Invocamos. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía a tu Espíritu y serán creados y renovarás la faz de la tierra. Oh Dios, que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que guiados por el mismo Espíritu sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y siempre, por los siglos. Amén. Y volvemos al final de la anterior serie de programas sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. En el anterior programa en directo, del pasado 10 de octubre, analizábamos la exhortación apostólica Laudate Deum, de 4 de octubre de 2023, sobre la crisis climática. Seguidamente reflexionábamos sobre algunos aspectos de las virtudes teologales. En el programa de hoy vamos a analizar... la exhortación apostólica Sé la Confianza, de 15 de octubre de 2023, sobre la confianza en el amor misericordioso de Dios, documento que presentó el Papa con motivo del 150 aniversario del nacimiento de Santa Teresa, del Niño Jesús y de la Santa Faz. Con este documento daremos por finalizada esta serie de programas dedicados al Magisterio del Papa Francisco. Finalmente, también reflexionaremos la última propuesta sobre las virtudes teologales. Y en los últimos minutos del programa de hoy, abriremos el diálogo para la participación de los oyentes que quieran hacer alguna aportación o alguna pregunta. Comenzaremos recordando que el Pontificado del Papa Francisco abarca un total de 12 años, desde 2013 a 2025. El monje Mario Bergoglio fue elegido Papa el 13 de marzo de 2013, tras la renuncia de su predecesor, el Papa Benedicto XVI. Fue el primer pontífice originario de las Américas y el primer Papa perteneciente a la Compañía de Jesús, fundada en 1540 por San Ignacio de Loyola. Falleció el pasado 21 de abril de este año, 2025, lunes de la octava de París. Fue el primer monje de la escuela de resurrección dentro del año jubilar que había abierto él mismo. Pedimos que descanse en la paz de Dios eternamente. Recordaremos también que una exhortación apostólica es un documento oficial del Magisterio y que, aunque no es de primer orden, goza de una autoridad pastoral significativa. Está dirigida a todos los fieles católicos y busca animar, instruir o guiar acerca de un tema específico. Es un texto para la reflexión y la puesta en práctica de las enseñanzas de la Iglesia sobre el asunto concreto que tratan. Las exhortaciones apostólicas se suelen presentar al final de un sínodo de los obispos, pero en este caso la razón está centrada en la figura de Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Paz. El Papa Francisco promulgó la exhortación apostólica C'est la confiance. Es la confianza, el 15 de octubre de 2023, en su décimo primer año del pontificado. Es el décimo documento magisterial en el que resalta la importancia de la confianza plena en el amor misericordioso de Dios como camino esencial para la vida cristiana. El texto pone el énfasis en la confianza que nos libera del miedo, de la mirada de uno mismo, nos permite vivir la fe de una manera más radical y sencilla y siempre inspirado en el caminito de Santa Teresita de Lisier. La confianza y nada más que la confianza puede conducirnos al amor. Esta es la clave que nos ha de llevar al amor divino. Sólo la confianza total en Dios nos libera del miedo. Nos libera de todo cálculo, de toda preocupación excesiva por el futuro, de los miedos que nos paralizan. Y así nos permite vivir con total libertad interior. El Papa nos presenta a Santa Teresita como una maestra de la síntesis, quien nos puede ayudar a acercarnos a lo esencial, a lo indispensable del Evangelio. Esto es, al amor de Dios manifestado en Jesús de Nazaret. Este caminito de la infancia espiritual que propone Santa Teresita es accesible a todos, sin que tenga importancia nuestro estado de vida, pues se basa en una entrega total y confiada a nuestro Dios. Su modo o manera, sostiene el Papa, es evangelizar por atracción, no por presión o por proselitismo, porque es viviendo el amor como podremos atraer a los demás a Cristo con nuestro propio testimonio. Es por esto que el Papa subraya la actualidad del mensaje de Santa Teresita en nuestro tiempo actual. Un tiempo quizás de individualismo, pues para que mostremos la belleza de hacer de la vida un don para los demás y no para encerrarnos en nuestros propios intereses. Entrando ya en el contenido de la exhortación, diremos que es un documento amplio al que deberíamos dedicar un tiempo completo. Para su lectura y la meditación personal, el texto se estructura en cincuenta y tres puntos divididos en dos partes. Una introducción, números uno al seis, y la exposición propiamente dicha, con cuatro capítulos que vamos a analizar. En la introducción, el Papa comienza con la frase de Santa Teresita del niño Jesús que inspira la exhortación apostólica. Se la confianze et rien que la confiance qui doit nous conduire à l'amour. La confianza y nada más que la confianza puede conducirnos al amor. Para el Papa, estas palabras de Santa Teresita resumen la genialidad de su espiritualidad y bastarían para justificar que se la haya declarado doctora de la Iglesia. Razón por la que afirma que no hay otro camino por donde podamos ser conducidos al amor que todo lo da. Con la confianza, el manantial de la gracia desborda en nuestras vidas. El Evangelio se hace carne en nosotros y nos convierte en canales de misericordia para los hermanos. Esta confianza es la que nos sostiene cada día en nuestra vida. Y es la que nos ha de mantener de pie ante la mirada del Señor cuando nos llame junto a Él. Y así lo expresó Santa Teresita. En la tarde de esta vida compareceré delante de ti con las manos vacías. Pues no te pido, Señor, que lleves cuenta de mis obras. Todas nuestras justicias tienen manchas a tus ojos. Por eso yo quiero revestirme de tu propia justicia y recibir de tu amor la posesión eterna de ti mismo. Para el Papa, al igual que sucede con San Francisco de Asís, Teresita es una de las santas más queridas en todo el mundo, pues es conocida y amada incluso por no cristianos y no creyentes. Su sencillez y humildad la han llevado a ser reconocida por la UNESCO entre las figuras más significativas para la humanidad contemporánea, inscribiéndola entre las personalidades que habían de ser homenajeadas durante el bienio 2022-2023. Es por ello que el Papa considera que nos hace bien profundizar su mensaje al conmemorar el 150 aniversario de su nacimiento, el cual tuvo lugar en Alençon el 2 de enero de 1873, y también con ocasión del centenario de su beatificación, 29 de abril de 1923. No obstante, el Papa explica que no eligió ninguna de estas fechas para presentarle la exhortación, sino la de la memoria de Santa Teresa de Ávila en la idea de presentar el mensaje de Teresita como parte del tesoro espiritual de la Iglesia. Con ello, quería presentar a Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz como un fruto maduro de la reforma del Carmelo y de la espiritualidad de la Gran Santa Española. El Papa aprecia que la vida terrena de Santa Teresita fue breve. Era breve y sencilla, como una más, pues apenas vivió 24 años. Su vida transcurrió inicialmente en su familia y más tarde en el Carmelo de Lisier. Pero la vida de Santa Teresita está llevada de una extraordinaria carga de luz y de amor que irradiaba su persona, lo cual se manifestó inmediatamente después de su muerte con la publicación de sus escritos y con las innumerables gracias obtenidas por los fieles que la invocaban. Con todo, el Papa valora también que la Iglesia reconociera con rapidez el valor extraordinario de su figura y la originalidad de su espiritualidad evangélica. Comenta algunos hitos que entran en relación con los Papas precedentes. Comenta, por ejemplo, que Santa Teresita conoció al Papa León XIII con motivo de la peregrinación a Roma en 1887 y fue cuando le pidió permiso para entrar en el Carmelo a la edad de 15 años. Poco después de su muerte, San Pío X, percibiendo su enorme estatura espiritual, afirmó que se convertiría en la santa más grande de los tiempos modernos. Fue declarada venerable en 1921 por Benedicto XV, quien elogió sus virtudes centrándolas en lo que llamó el caminito de la infancia espiritual. El mismo Papa Benedicto XV la beatificó en 1923. Fue canonizada el 17 de mayo de 1925 por Pío XI. Quien agradeció al Señor por permitirle que Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz fuera la primera beata que elevó a los honores de los altares y la primera santa canonizada por él. El mismo Papa Pío XI la declaró patrona de las misiones en 1927. También fue proclamada una de las patronas de Francia en 1944 por el venerable Pío XII, quien en varias ocasiones profundizó el tema de la infancia espiritual. Posteriormente, San Pablo VI se hizo eco de Santa Teresita. Le gustaba recordar su bautismo, el del Papa, recibido un 30 de septiembre de 1897, día de la muerte de la Santa. Y en el centenario de su nacimiento, 1973, dirigió al obispo de Payer, Elysée, un escrito sobre su doctrina espiritual. Seguidamente, San Juan Pablo II, durante su primer viaje apostólico a Francia, junio de 1980, visitó la basílica dedicada a ella. Y en 1997 la declaró doctora de la Iglesia. Considerándola, además, como experta en la sciencia amoris, esto es, en el conocimiento del amor. El Papa Benedicto XVI volvería a retomar este tema del conocimiento del amor y la propuso como guía para todos, sobre todo para quienes en el pueblo de Dios desempeñan el ministerio de teólogos. Y el Papa Francisco concluye la introducción recordándonos que él mismo vivió personalmente la alegría de canonizar a sus padres, padres de la Santa, Luis y Celia, en 2015, durante el sínodo sobre la familia, dedicándole una catequesis posterior, el 7 de junio de 2023, dentro del ciclo sobre el celo apostólico. Pues bien, entramos en la exposición propiamente. En el capítulo primero, titulado Jesús para los demás, el Papa nos presenta la experiencia cristiana de Santa Teresita desde su oración y su vida mística, pero siempre percibiéndola como un alma misionera y sin referencias a su propia vida. El Papa comienza haciendo alusión al nombre elegido como religión. En el nombre que ella elogió como religiosa se destaca Jesús, el Niño, que manifiesta el misterio de la Encarnación y la Santa Faz, esto es, el rostro de Cristo que se entrega hasta el fin en la cruz. Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz es ese nombre que eligió. Este nombre de Jesús será el que respire Teresa como acto de amor hasta el último aliento, tal y como lo había grabado en su celda. Jesús es mi único amor. Nos recuerda el Papa también que su experiencia de fe la convocaba a la misión. Fue un alma misionera que le llevó a su entrega al Carmelo para salvar almas. Pues no entendía su consagración a Dios sin la búsqueda del bien de los hermanos. Ella compartía el amor misericordioso del Padre por el hijo pecador y el del buen Pastor por las ovejas perdidas, las lejanas, las heridas. Teresita pudo definir su misión con estas palabras. En el cielo desearé lo mismo que deseo ahora en la tierra, amar a Jesús y hacerle amar. Por eso es patrona de las misiones y maestra de evangelización. El Papa indica que el alma misionera de Teresita enseña un modo particular de entender la evangelización. Se trata de entenderla por atracción, no por presión o proselitismo. Así lo explica ella misma en las últimas páginas de Historia de un alma. Al atraerme a mí, decía, atrae también a las almas que yo amo. Para Teresita, el Esposo es Jesús, el Hijo de Dios que signó a nuestra humanidad en la Encarnación y que la redimió en la cruz. A esta Iglesia entregó su vida. Unido al Esposo, vivirá su vida no encerrada en sí misma, sino con ferviente espíritu apostólico y misionero, dejándose guiar en todo momento por la acción del Espíritu Santo. Yo pido a Jesús, decía, que me atraiga a las llamas de su amor, que me una tan íntimamente a él, que sea él quien viva y quien actúe en mí. Teresita se deja llevar así, por la gracia del bautismo en su corazón, se convierte en un torrente impetuoso que desemboca en el océano del amor de Cristo, arrastrando consigo una multitud de hermanas y de hermanos, lo que ocurrió especialmente después de su muerte. Esta fue su prometida lluvia de rosas. En el capítulo segundo, titulado El caminito de la confianza y del amor, números 14 al 29, el Papa nos presenta uno de los descubrimientos más importantes de Teresita para el bien de todo el pueblo de Dios. Es su caminito, el camino de la confianza y del amor, también conocido como el camino de la infancia espiritual, un camino que el Padre Celestial revela a los pequeños, y que todos podemos seguirlo en cualquier estado de vida, en cada momento de la existencia. En la historia de un alma, nos enseña que a pesar de nuestra pequeñez, todos podemos aspirar a la santidad soportándonos, primero nosotros, tal cual somos, con todas nuestras intercesiones. Esta es la propuesta de Santa Teresa del Niño Jesús, un camino muy recto y muy corto, un caminito totalmente nuevo, dice el Papa. Para describirlo, Teresita usa la imagen del ascensor. El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús, y para eso no necesito crecer, al contrario, tengo que seguir siendo pequeña, tengo que empequeñecerme más y más. Pero firmemente seguros en la potencia amorosa de los brazos del Señor, aunque seamos incapaces de confiar en nosotros mismos. Este dulce camino del amor subraya la primacía de la acción de Dios y la confianza plena que hemos de tener en la misericordia de Cristo. Frente a una idea pelagiana de santidad, individualista y elitista, más ascética que mística, que pone el énfasis principal en el esfuerzo humano, Teresita subraya siempre la primacía de la acción de Dios, de su gracia, y llega a decir, sigo teniendo la misma confianza audaz de llegar a ser una gran santa, pues no me apoyo en mis méritos, que no tengo ninguno, sino en aquel que es la virtud y la santidad mismas. Sólo él, conformándose con mis débiles esfuerzos, me elevará hasta él, y cubriéndome con sus méritos infinitos, me hará santa. El Papa nos indica que este modo de pensar es parte de la tradicional enseñanza católica sobre el crecimiento de la gracia. Justificados gratuitamente por la gracia santificante, somos transformados, vamos siendo capacitados para cooperar con nuestras buenas acciones en un camino de crecimiento en la santidad. Es así como podemos tener reales méritos para el desarrollo de la gracia recibida. Por ello, Teresita prefiere destacar el primado de la acción divina e invitar a la confianza plena, mirando el amor de Cristo que se nos ha dado hasta el fin. Con palabras de Santa Teresita lo vemos en el Catecismo. Compareceré delante de ti con las manos vacías. Con ello expresa que los santos han tenido siempre una conciencia viva de que sus méritos eran pura gracia. Esta convicción despierta una gozosa y tierna gratitud. Por consiguiente, continúa el Papa Francisco, que la gratitud más adecuada es depositar la confianza del corazón fuera de nosotros mismos, esto es, en la infinita misericordia de un Dios que ama sin límites y que lo ha dado todo en la cruz de Cristo. No obstante, el Papa sostiene que esta confianza hemos de asumirla desde la pequeñez, a fin de dejarnos transformar y ser guiados para llegar a lo alto, y que la confianza de la Iglesia sea la que nos da la esperanza de llegar a la cima de la montaña del amor. Si todas las almas débiles e imperfectas sintieran lo que siente la más pequeña de todas las almas, el alma de tu Teresita, ni una sola perdería la esperanza de llegar a la cima de la montaña del amor, pues Jesús no pide grandes hazaños, sino únicamente abandono y gratitud. De ahí que Teresita, cuando habla de la Eucaristía, no pone en primer lugar su deseo de recibir a Jesús en la Sagrada Comunión, sino el deseo de Jesús que quiere unirse a nosotros y habitar en nuestros corazones. Así lo manifiesta en la ofrenda al amor misericordioso, cuando sufriendo por no poder recibir la comunión todos los días, le dice a Jesús Quédate en mí como en el Sacrario. En definitiva, el centro y el objeto de su mirada no es ella misma con sus necesidades, sino Cristo que ama, que busca, que desea, que habita en el alma. El Papa recuerda las palabras de Santa Teresita que se refieren a ese santo abandono en el amor, pues ella insiste en esto siempre. Decía Los que corremos por el camino del amor, creo que no debemos pensar en lo que pueda ocurrirnos de doloroso en el futuro, porque eso es faltar a la confianza. Si el Señor nos ama sin límites, continúa el Papa, saldremos adelante por encima de los hechos, y podrá cumplirse en nuestras vidas su proyecto de amor y plenitud. El testimonio de Teresita, con sus luces y sus noches, con sus pruebas y enfermedades, es considerado por el Papa como un fuego en medio de la noche, ya que vivió su última etapa a finales del siglo XIX, en el tiempo de la edad de oro del ateísmo moderno. A pesar de ello, supo perseverar en la confianza del amor misericordioso de Dios. Pero la oscuridad no puede extinguir la luz, ella ha sido conquistada por aquel que ha venido al mundo como luz. Con todo, el testimonio de Teresita manifiesta el carácter heroico de su fe, de su victoria en el combate espiritual frente a las tentaciones más fuertes. Se siente hermana de los ateos, y sentada como Jesús a la mesa con los pecadores. Intercede por ellos, mientras renueva continuamente su acto de fe, siempre en comunión amorosa con el Señor. Decía, corro hacia mi Jesús y le digo que estoy dispuesta a derramar hasta la última gota de mi sangre por confesar que existe un cielo. Le digo que me alegro de no gozar de ese cielo, ese hermoso cielo aquí en la tierra, para que Él lo abra a los pobres incrédulos por toda la eternidad. Para Teresita, de hecho, Dios brilla ante todo a través de su misericordia, clave de comprensión de todo lo que se dice del Señor. Decía así, a mí me ha dado su misericordia infinita, y a través de ella contemplo y adoro las demás perfecciones divinas. Entonces, todas se me presentan radiantes de amor, incluso la justicia, y quizás esta, más aún que todas las demás, me parece revestida de amor. Este es uno de los descubrimientos más importantes de Teresita, dice el Papa, una de las mayores contribuciones que ha ofrecido a todo el pueblo de Dios, pues supo penetrar en las profundidades de la misericordia divina, y de allí sacó la luz de su esperanza ilimitada. Y concluye este capítulo el Papa diciendo que el pecado del mundo es inmenso, pero no es infinito. En cambio, el amor misericordioso del Redentor, éste sí es infinito. Teresita, pues, es testigo de la victoria definitiva de Jesús sobre todas las fuerzas del mal, a través de su pasión, muerte y resurrección. Por esta razón, Teresita, movida por la confianza, se atreve a plantear a Jesús. Haz que yo salve muchas almas, que hoy no se condene ni una sola. Jesús, perdóname si digo cosas que no debería decir. Solo quiero alegrarte y consolarte. En el capítulo tercero, que lleva por título Seré el amor, números 30 al 45, el Papa nos presenta un panorama de la respuesta confiada de la Santa al amor misericordioso de Dios a través del prójimo. La historia de un alma, decía la Santa, es un testimonio de caridad, donde Teresita nos ofrece un comentario sobre el mandamiento nuevo de Jesús. Amaos los unos a los otros como yo os he amado. Y Teresita quiere responder, quiere corresponder al amor de Jesús, devolviendo amor por amor. Este amor es esponsal. Es el amor que expresa la reciprocidad del don de sí entre el novio y la novia. Santa Teresita, inspirada por el cantar de los cantares, escribe así. Yo pienso que el corazón de mi esposo es solo para mí, como el mío es solo para él. Y por eso le hablo en la soledad de este delicioso corazón a corazón. A la espera de llegar a contemplarlo un día cara a cara. Para el Papa, Teresita está convencida de que el Señor obra de modo personalísimo, de corazón a corazón. Tiene la certeza de que Jesús la amó y la conoció personalmente en su pasión. Decía la Santa, me amó y se entregó por mí. Contempla al Señor en su agonía y le dice, me has visto. Del mismo modo le dice al niño Jesús en los brazos de su madre. Con tu pequeña mano que halagaba a María, sustentabas el mundo y la vida le dabas y pensabas en mí. Así también al comienzo de la historia de un alma, ella contempla el amor de Jesús por todos y cada uno. Como si fuera único en el mundo. La expresión de amor de Teresita, Jesús te amo, es la clave de su vida y de su lectura del Evangelio. Con ese amor se sumerge en todos los misterios de la vida de Cristo, de los cuales se hace contemporánea, habitando el Evangelio con María y José, con María Magdalena y los apóstoles. Teresita lo vive en la sencillez privada de fenómenos extraordinarios, proponiéndose a todos los fieles como experiencia diaria de amor. Vive la caridad en la pequeñez, en las cosas más simples de la existencia cotidiana. Pero el Señor la iluminó con los rayos de la verdad que excedían de tal forma el brillo tenebroso de las fiestas de la tierra, con lo que expresaba que no podía creer en mi felicidad, no cambiaría los diez minutos que me llevó realizar mi humilde servicio de caridad con gozar mil años de fiestas mundanas. Con todo, Teresita permanece en el corazón de la Iglesia, donde buscó su lugar, llegando a manifestar la experiencia del amor en los textos que había releído en la carta de San José. Y por ello, llega a expresar Comprendí que la Iglesia tenía un corazón, y que ese corazón estaba ardiendo de amor. Comprendí que sólo el amor podía hacer actuar a los miembros de la Iglesia. Que si el amor llegaba a apagarse, los apóstoles ya no anunciarían el Evangelio y los mártires se negarían a derramar sus obras. Teresita aprecia así el corazón de una Iglesia amante, humilde y misericordiosa, no una Iglesia triunfalista. Y sobre esto el Papa afirma que tal descubrimiento del corazón de la Iglesia es también una gran luz para nosotros hoy, para no escandalizarnos por los límites y debilidades de la institución eclesiástica, marcada a veces por oscuridades y pecados. Y entrar en su corazón ardiente de amor que se entendió en Pentecostés gracias al don del Espíritu Santo. Así es el corazón de la Iglesia, que se aviva más aún con cada uno de nuestros actos de caridad. Esta fue la opción radical de Santa Teresa del Niño Jesús, su identidad espiritual más íntima y más personal. El Papa Francisco explica que Teresita supo escuchar la llamada de Dios y antepuso el poner fuego en el corazón de la Iglesia más que a soñar con su propia felicidad, lo cual le permitió poner toda su confianza en el cielo, pero teniendo los pies en la tierra. Su misión fue amar a Jesús y hacerlo amar. Su deseo, trabajar por la Iglesia y por las almas, con lo que pudo expresar. Pasaré mi cielo en la tierra hasta el fin del mundo. Sí, yo quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra. Con ello, Teresita pudo alcanzar la síntesis del Evangelio con su entrega a los demás, con total confianza y convencida de la fecundidad que iba a dar su entrega. La palabra de Dios que es la palabra de Dios. Pienso en todo el bien que podré hacer después de la muerte. Dios no me daría este deseo de hacer el bien en la tierra después de mi muerte si no quisiera hacerlo realidad. Será como una lluvia de rosas. Y el Papa concluye el capítulo con el tema central de la exhortación apostólica, indicándonos que la confianza de Teresita cierra el círculo de su vida. Es la confianza la que nos lleva al amor y así nos libera del temor. Es la confianza la que nos ayuda a quitar la mirada de nosotros mismos. Es la confianza que nos permite poner en las manos de Dios lo que sólo Él puede hacer. Esto nos deja un inmenso caudal de amor y de energías disponibles para buscar el bien de los hermanos. Y así, en medio incluso del sufrimiento de sus últimos días, Teresita podía decir Sólo cuento ya con el amor. En el cuarto y último capítulo, titulado En el corazón del evangelio, números 46 al 52, el Papa reflexiona sobre el anuncio de una iglesia misionera, tarea que debe centrarse en lo esencial, la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado. El centro de la moral cristiana es la caridad, que es la respuesta al amor incondicional de la Trinidad. Por lo cual, dice el Papa, las obras de amor al prójimo son la manifestación externa más perfecta de la gracia interior del Espíritu. Y este es precisamente el aporte específico que nos regala Santa Teresita, pues ella es la doctora de la síntesis. ¿En qué consiste esta síntesis? En llevarnos al centro, a lo que es esencial, a lo que es indispensable. Ella, con sus palabras y con su propio proceso personal, muestra que si bien todas las enseñanzas y normas de la Iglesia tienen su importancia, su valor, su luz, algunas son más urgentes y más estructurantes para la vida cristiana. El Papa afirma que la síntesis de Santa Teresa del Niño Jesús es válida hoy para todo pensador y teólogo. Lo más específico que nos ha regalado Santa Teresita, aparte de su vida de oración, sacrificio y piedad eucarística, es reconocer que cada santo es una misión. Es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento concreto de la historia, un aspecto particular del Evangelio. Esta pequeña grandeza de Teresita perdura hoy y nos muestra la belleza de hacer de la vida un regalo para cada uno. En un momento concreto, en el que hemos perdido el centro de la historia, hemos abandonado la radicalidad evangélica. Hoy damos prioridad a otras cosas, a la obtención de necesidades superficiales, al individualismo extremo, que nos aparta del amor, a las formas de poder frente al camino de la pequeñez y del servicio. También descartamos a los débiles sin practicar la caridad. Y en este contexto, el Papa cree que Teresita puede hacernos redescubrir el valor de la sencillez, la primacía absoluta del amor, la confianza, el abandono en Jesús, para que seamos capaces de vivir con alegría el Evangelio. Y concluye el Papa. En un tiempo de repliegues y de cerrazones, Teresita nos invita a la salida misionera, cautivados por la atracción de Jesucristo y del Evangelio. En el último punto, el Papa concluye la exhortación con estas palabras. Un siglo y medio después de su nacimiento, Teresita está más viva que nunca, en medio de la iglesia peregrina, en el corazón del pueblo de Dios. Está peregrinando con nosotros, haciendo el bien en la tierra como tanto deseó. El signo más hermoso de su vitalidad espiritual son las innumerables rosas que va esparciendo, es decir, las gracias que Dios nos da por su intercesión colmada de amor. Para sostenernos en el camino de la vida. Y termina con esta oración. Querida Santa Teresita, la iglesia necesita hacer resplandecer el color, el perfume, la alegría del Evangelio. Mándanos tus rosas. Ayúdanos a confiar siempre, como tú lo hiciste, en el gran amor que Dios nos tiene, para que podamos imitar cada día tu camino de santidad. Amén. Muy bien, pues concluido el análisis de la exhortación, pasamos a nuestra reflexión de hoy, que nos lleva a las virtudes teologales, la fe, la esperanza y la caridad. Para ello seguimos las enseñanzas del Catecismo. Tenemos muy presente que el Catecismo contiene enseñanzas del Magisterio también, que por tanto, son también enseñanzas doctrinales de primer orden. Con esta reflexión de hoy, damos por concluidas también las reflexiones sobre las virtudes teologales, entendidas como dones del Espíritu Santo. Hoy vamos a presentar el resumen que nos aporta el Catecismo de la Iglesia acerca de estas virtudes teologales. Dice así. Número 1.800. Las virtudes teologales disponen a los cristianos a vivir en relación con la Santísima Trinidad. Tienen como origen, motivo y objeto a Dios, conocido por la fe, esperado y amado por él mismo. Número 1.841. Las virtudes teologales son tres, la fe, la esperanza y la caridad. Informan y vivifican todas las virtudes morales. Cita a I Corintios 13. Por la fe creemos en Dios y creemos todo lo que él nos ha revelado y que la Santa Iglesia nos propone como objeto de fe. Número 1.843. Por la esperanza deseamos y esperamos de Dios con una firme confianza la vida eterna y las gracias para merecerla. Número 1.844. Por la caridad amamos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios. Es el vínculo de la perfección. Y la forma de todas las virtudes. Cita a Colosenses 3. Número 1.845. Los siete dones del Espíritu Santo concedidos a los cristianos son sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Número 1.846. Por la esperanza deseamos y esperamos de Dios con una firme confianza la vida eterna y las gracias para merecerla. Número 1.845. Los siete dones del Espíritu Santo concedidos a los cristianos son sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Número 1.846. Los siete dones del Espíritu Santo concedidos a los cristianos son sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Número 1.846. Por la caridad amamos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios. Número 1.846. Esta fuente de ese amor misericordioso para todos cuantos lo recibimos desde la pequeñez de nuestra existencia. Con todo, también Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, al igual que lo hacen todos los santos, siguen intercediendo por la humanidad para que demos frutos de santidad y de caridad evangélica con nuestra entrega al amor misericordioso y a los hermanos. Sea su ejemplo de vida un foco de orientación personal para nuestro tiempo, de suerte que podamos seguir sus pasos de humildad, de abajamiento, con confianza plena y generosa, sabiendo que el Señor puede elevarnos a las cotas más altas con su amor infinito. Termino deseando que sea este nuestro propósito diario, convencidos de que nuestro honesto y coherente testimonio será también un motivo suficiente para despertar la admiración, la atracción de cuantos nos observan, con lo que iremos exhortando y animando a los demás hermanos a su propia conversión de vida. Esta es nuestra misión evangelizadora. Para ello hemos de formarnos en todo momento, a fin de estar mejor preparados para ejercitar el sacerdocio común. Y que nos pone entre Dios y los hombres, también para ofrecernos como Santa Teresita en el servicio a los hermanos. Pues bien, que el Señor nos bendiga a todos. Damos por finalizado este programa de hoy, diciendo que el próximo viernes, día 31 de octubre, analizaremos la exhortación apostólica del Papa León XIV, Dilexi T., de 4 de octubre de 2025, sobre el amor hacia los pobres. Tema que da continuidad al magisterio del Papa Francisco, porque él lo había iniciado y me pareció oportuno dar la presentación continuada. Esta exhortación está en relación directa con la encíclica Dilexi Nos, de 24 de octubre de 2024, la última del pontificado del Papa Francisco, sobre el amor humano y divino del corazón de Dios. Esta exhortación está en relación directa con la encíclica Dilexi Nos, de 24 de octubre de 2025, la última del Papa Francisco, sobre el amor humano y divino del corazón de Dios. Y que el Señor nos bendiga a todos. Damos por finalizado este programa de hoy, diciendo que el Señor nos bendiga a todos. Tema que da continuidad al magisterio del Papa Francisco, sobre el amor humano y divino del corazón de Dios. Un abrazo a todos. Que el Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén. Ave María Purísima, sin pecado concedida, María Santísima.
Las virtudes teologales (IX). #30
Fecha: viernes, 10 de octubre de 2025, a las 21:00:00
Duración: 50:21
Transcripción de Episodio 30. Francisco.- Exh. Ap. 'Laudate Deum' (2023), sobre la crisis climática.
Buenas noches a los que me escucháis. Os habla Javier Cebrián, vocal de Formación Espiritual del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed todos bienvenidos al programa Acompañamiento Espiritual de Radio Label D, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios. Bien sabemos que esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior, el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues sólo Cristo es la cabeza de la Iglesia de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su Cuerpo Místico. Y buscamos la unión con el Espíritu Santo, no solamente para vivir mejor o más bien, sino también para ser más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa que celebrábamos allá por el 4 de octubre de 2024, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo, en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo, a fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo verdadero Dios y verdadero hombre. Hoy, en nuestra oración, pedimos por el Papa y los obispos para que el Espíritu Santo los guíe en el gobierno y en la asistencia espiritual de la Iglesia, siempre con miras a la unidad con Cristo. También pedimos por todas las necesidades de la Iglesia, las de todos los pueblos de la Tierra y las de todos los hombres, especialmente las de aquellas personas que se nos han encomendado, particularmente pedimos por nuestros familiares, amigos y bienhechores. Invocamos. Invocamos. Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y encienden ellos el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados y renovarás la paz de la Tierra. Oh Dios, que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que guiados por el mismo Espíritu sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Amén. Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos ya en materia, recordando que estamos siguiendo una serie de vídeos que se han publicado en el canal de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Y en esta serie de programas en los que vamos analizando cronológicamente los documentos más importantes del Magisterio del Papa Francisco. Son siete exhortaciones apostólicas y tres encíclicas más que se añaden a la Dilexit Nos, que ya vimos al final de la anterior serie de programas sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. En el programa anterior del viernes 3 de octubre, analizábamos la carta encíclica Fratelli Tutti de 3 de octubre de 2020 sobre la fraternidad y la amistad social y seguidamente reflexionábamos sobre algunos aspectos de las virtudes teologales. En el programa de hoy vamos a analizar la exhortación apostólica Laudate Deum de 4 de octubre de 2023 sobre la crisis climática y seguidamente reflexionaremos... sobre nuevos aspectos de las virtudes teologales. Al final del programa de hoy, esperamos poder abrir el diálogo para la participación de los oyentes que quieran hacer alguna aportación o pregunta. Comenzamos recordando... que el Pontificado del Papa Francisco abarca un total de 12 años, desde 2013 a 2025. Que fue elegido Papa el 13 de marzo de 2013... tras la renuncia... ...de su predecesor, el Papa Benedicto XVI, que fue el primer pontífice originario de las Américas y el primer papa perteneciente a la Compañía de Jesús, fundada en 1540 por San Ignacio de Loyola, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XVI, que fue el primer pontífice originario de la Compañía de Jesús, fundada en 1540 por San Ignacio de Loyola, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XVI, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XVI, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XVI, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XVI, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XVI, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XVI, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XVI, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XVI, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XVI, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XVI, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XVI, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XVI, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XVI, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XIX, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XIX, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XIX, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XIX, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XVI, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XIX, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XIX, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XIX, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. ...de su predecesor, el Papa Benedicto XIX, que falleció el pasado 21 de abril del presente año, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo, por eso pedimos que descanse en la paz de Dios. Sostienen que esta realidad es consecuencia de la emisión de gases de efecto invernadero, aunque esto no interesa a los grandes poderes económicos, pues están más preocupados por el rédito de sus cuentas. Por ello, que el Papa quiere que meditemos sobre lo que es innegable, pues no podemos dudar de que todo es debido a la intervención humana sobre la naturaleza en los últimos siglos. Y no basta con decir que la causa está en los elementos de origen natural, erupciones volcánicas y otras realidades, pues la proporción de los cambios no se sostiene sin el aumento de los gases de efecto invernadero. También apreciamos que algunos cambios son ya irreversibles por cientos de años, como son la temperatura de los océanos, su acidificación y la disminución de oxígeno. Pues los océanos tienen su propia inercia térmica y requieren siglos para normalizar la temperatura y la salinidad, todo lo cual terminará por afectar a la supervivencia de muchas especies. Igual ocurre con la disminución del hielo continental, cuya reversión requerirá cientos de años. El daño ya está causado. Y ahora lo importante es que la temperatura de los océanos no se desvanezca. Y ahora lo importante es evitar que se sigan produciendo daños más dramáticos aún. Con todo, si no se toman las medidas adecuadas en el momento actual, la posibilidad de llegar a un punto crítico de difícil retorno es real, pues el hombre no para de favorecer la disminución del hielo, la modificación de los flujos oceánicos, la deforestación de las aguas, etc. El daño ya está causado. Y ahora lo importante es evitar que se desvanezca. Y ahora lo importante es evitar que se desvanezca. Y ahora lo importante es evitar que se desvanezca. Y ahora lo importante es evitar que se desvanezca. Y ahora lo importante es evitar que se desvanezca. Después de aportar razones científicas, el Papa afirma que urge una mirada más amplia que nos permita no sólo admirarnos por las maravillas del progreso, sino también, esa premiante, prestar atención a otros efectos que probablemente ni siquiera podían imaginarse. Y finalmente añade que la pandemia COVID-19 nos ha confirmado la estrecha relación entre la vida humana con la de otros seres vivientes y con el medio ambiente. Y muy especialmente que lo que ocurre en cualquier lugar del mundo tiene repercusiones en todo el planeta. Todo eso le lleva a concluir que todo está conectado y nadie se salva solo. En el capítulo segundo, titulado Más paradigma tecnocrático, números 20 al 33, el Papa, el Papa subraya que los recursos de la naturaleza no pueden ser explotados sin límites. Esto es un error que nos lleva a pensar que podemos acceder a un crecimiento infinito que solo entusiasma a economistas, a filóctistas y tecnólogos. De ahí parte la inteligencia artificial y las últimas novedades tecnológicas, con lo que el paradigma tecnocrático se retroalimenta monstruosamente. De ahí parte la inteligencia artificial y las últimas novedades tecnológicas, con lo que el paradigma tecnocrático se retroalimenta monstruosamente. El Papa considera que, sin duda, los recursos naturales que requiere la tecnología, como el litio, el silicio y otros minerales, son limitados, lo cual nos debe llevar a un uso razonable de estos. En consecuencia, no puede prevalecer sobre estos recursos el poder económico para utilizarlos sin medida. Más bien se hace necesario el garantizar que vayan siendo utilizados sin riesgos. Por estas razones, hemos de reconocer, dice el Papa, que no todo aumento de poder es un progreso para la humanidad, como ya ocurrió con el uso de las bombas atómicas que solo sirvieron para aniquilar etnias. Pues el desarrollo del ser humano no puede abandonar la responsabilidad inherente a los valores y a la conciencia del hombre. Se hace necesaria entonces una ética sólida, una cultura y una espiritualidad que estén dotados de mecanismos para controlar con una lúcida o lúcida abnegación, a fin de que el paradigma tecnocrático no nos ciegue y nos impida advertir los gravísimos problemas que sufre la humanidad en la actualidad. Todos estamos en un momento de desesperación. Estamos incluidos en la naturaleza y todos somos parte de ella, por lo que no podemos tomar decisiones sobre la naturaleza desde fuera, como si no le perteneciéramos. La vida humana, la inteligencia y la libertad integran la propia naturaleza que enriquece a nuestro planeta y, por tanto, son parte de sus fuerzas internas y de su equilibrio. Realmente hay que ejercer. un control. El gran problema hoy es que el paradigma tecnocrático está destrozando esta sana y armónica relación. En consecuencia, es indispensable que superemos este paradigma, este modelo tan dañino y destructivo que nos lleva a la negación del ser humano y que seamos capaces de incorporar la interacción de los sistemas naturales con los sistemas sociales. El sistema tecnológico es vamos vertidos. Necesitamos repensar entre todos la cuestión del poder humano. ¿Cuál es su sentido? ¿Cuáles son sus límites? Porque nuestro poder ha aumentado frenéticamente en pocas décadas. Hemos hecho impresionantes y asombrosos progresos tecnológicos, pero no somos capaces de advertir que, al mismo tiempo nos convertimos en seres altamente peligrosos. ...con lo que ponemos en riesgo la vida de muchos seres humanos y nuestra propia supervivencia. Con todo, el Papa nos exhorta a reconocer que la ambición desmedida no es sostenible éticamente, pues los poderes del marketing y la información falsa en manos de los que tienen mayores recursos se utilizan para intereses que no respetan la dignidad humana. Como consecuencia, la sumatoria de muchos daños que se consideran tolerables aisladamente terminan llevándolos a situaciones no deseables para amplias regiones del mundo que quedan desoladas y menos habitables, dañando así la convivencia y la esperanza de buena parte de la humanidad. Por tanto, hemos de abandonar la lógica del máximo beneficio con el menor costo disfrazada de racionalidad, de progreso y de promesas ilusorias. Pues vemos que no acepta una sincera preocupación por la casa común ni por cualquier inquietud por promover a los descartados de la sociedad. Más bien, aturdidos frente a las promesas de tantos falsos profetas, los mismos pobres caen en el engaño de un mundo que no se construye bien. No es para ellos, sino para destruirlos. Y en lugar de trabajar por una igualdad de oportunidades, vemos crecer los privilegios de unos pocos con mayor poder aún, cercenando las aspiraciones de realización del resto. Con lo que a los que sufren sus acciones solo les queda preguntarse ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Qué sentido tiene mi paso por esta tierra? ¿Qué sentido tienen, en definitiva, mi trabajo y mi esfuerzo? En el capítulo III, La debilidad de la política internacional, números 34 al 43, el Papa destaca la debilidad de la política internacional, exhortándonos a los Estados a una cooperación global por medio de nuevos acuerdos multilaterales que les permitan superar los enfoques actuales, actuales y pasados, pues han demostrado que son insuficientes. Y para ello, cada generación ha de hacer suyas las luchas y los logros de las generaciones pasadas y llevarlas a metas más altas aún. Este es el camino. El bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzarán de una vez para siempre. Han de ser conquistadas cada día. El Papa aclara que, por multilateralismo, no hemos de entenderlo como la concentración de la autoridad mundial en una persona o en una élite con excesivo poder, sino con organizaciones mundiales más eficaces, dotadas de autoridad para asegurar el bien común mundial. La erradicación del hambre, la erradicación de la miseria y una defensa cierta de los derechos humanos elementales. Sólo de este modo, afirma el Papa, se daría lugar a un multilateralismo que no dependa de las circunstancias políticas cambiantes o de los intereses de unos pocos y que tenga una eficacia estable, que no dependa de los que tienen poder, pues éstos siempre salen indirectos. Para el Papa el desafío actual está en reconfigurar y recrear ese multilateralismo actual, teniendo en cuenta la nueva situación mundial. Y para que este multilateralismo sea justo, hemos de superar la debilidad de la política internacional por medio de una mayor participación de las organizaciones locales, pues éstas son capaces de movilizar la sociedad civil, y de crear dinámicas eficientes que las Naciones Unidas no logran. A medio plazo, dice el Papa, la globalización favorece intercambios culturales espontáneos, mayor conocimiento mutuo y caminos de integración de las poblaciones que terminarán provocando un multilateralismo desde abajo y no simplemente decidido por las élites del poder. Es de esperar que esto ocurra también con respecto a la crisis climática, pues si los ciudadanos no alcanzan a controlar el poder político en todos los niveles, tampoco será posible un control de los daños ambientales. El Papa insiste, una vez más, en el primado que debe tener la persona humana y la defensa de su dignidad, como ya hizo en la encíclica Fratelli Tutti, más allá de toda circunstancia. En consecuencia, la ética debe estar por encima de toda decisión política si queremos que haya resultados a los problemas concretos que nos plantea el cambio climático. Para ello no basta la vieja diplomacia ni los equilibrios de poder. Hace falta una cooperación efectiva en un marco global que dé respuesta a los nuevos desafíos con mecanismos globales para superar los retos ambientales, sanitarios, culturales y sociales, así como para consolidar el respeto a los derechos humanos más elementales, a los derechos sociales y al cuidado de la casa común. En definitiva, se trata de establecer reglas globales y eficientes que permitan asegurar esta tutela mundial. Y concluye este capítulo así. Todo esto supone generar un nuevo procedimiento de toma de decisiones y de legitimación de esas decisiones porque el establecido varias décadas atrás no es suficiente ni parece eficaz. En este marco, necesariamente, se requieren espacios de conversación, de consulta, de arbitraje, de resolución de conflictos y de supervisión. Y en definitiva, una suerte de mayor democratización en el ámbito global para que se expresen e incorporen las variadas situaciones. Ya no nos sirve sostener instituciones para preservar los derechos de los más fuertes sin cuidar los derechos de todos. En el capítulo cuarto, las conferencias sobre el clima, avances y fracasos, números 44 al 52, el Papa reflexiona sobre los avances y fracasos que se han dado alentando a superar las posturas egoístas de algunos países siempre en beneficio del bien común. Reconoce que desde hace décadas representantes de más de 190 países se reúnen periódicamente para tratar la cuestión climática, si bien se muestra muy crítico con el cumplimiento escaso de las resoluciones adoptadas en las cumbres del clima, las llamadas conferencias de los miembros, las COP, Conference of the Parties, cumbres que se realizan bajo la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. En este sentido, el Papa afirma y se lamenta que los acuerdos han tenido un bajo nivel de implementación porque no se establecieron adecuados mecanismos de control, de revisión periódica y de sanción de los incumplimientos. Los principios enunciados siguen reclamando caminos eficaces y ágiles de ejecución práctica. También que las negociaciones internacionales no pueden avanzar significativamente por las posiciones de los países que privilegian sus intereses nacionales sobre el bien común global. Y concluye quienes sufrirán las consecuencias que nosotros intentamos disimular recordarán esta falta de conciencia y de responsabilidad. En el capítulo quinto ¿Qué se espera de la COP 28 de Dubái? Números 53 al 60. El Papa tras analizar las anteriores cumbres sobre el cambio climático expresaba sus esperanzas sobre la siguiente cumbre que tendría lugar en noviembre de 2023. Cita para la que deseaba la superación de la lógica de aparecer como seres sensibles y al mismo tiempo no tener la valentía de producir cambios sustanciales. Con lo que pedía que esta cumbre fuera decisiva para lograr un proceso de transición energética que fuera drástico, intenso y que contara con el compromiso de todos. El Papa en términos económicos advierte que de no tomar medidas eficaces el coste en un futuro será mucho más elevado. Razones por la que exhorta a no conformarnos con poner parches a los problemas climáticos. Pues de no hacerlo bien las consecuencias serían desastrosas y deberían tomarse medidas de modo precipitado con un coste enorme y con gravísimas e intolerables consecuencias económicas y sociales. El Papa defiende que suponer que cualquier problema futuro podrá ser resuelto con nuevas intervenciones técnicas es un pragmatismo homicida. Por todo lo dicho deseaba que la Cumbre de 2023 en Dubái fuera histórica de forma que nos honre y ennoblezca como seres humanos esperando que se tomen decisiones de transición energética que reúnan tres características concretas que sean eficientes que sean obligatorias y que se puedan monitorear fácilmente. Y concluye el capítulo así. Ojalá quienes intervengan puedan ser estrategas capaces de pensar en el bien común y en el futuro de sus hijos más que en intereses circunstanciales de algunos países o empresas. Ojalá muestren así la nobleza de la política y no su vergüenza. A los poderosos me atrevo a repetirles esta pregunta. ¿Para qué quiere preservar hoy un poder que será recordado por su incapacidad de intervenir cuando era urgente y necesario hacerlo? En el capítulo VI Las motivaciones espirituales Nº 61 al 72 último capítulo El Papa hace un llamado a los católicos en la idea de embarcar a toda la humanidad en este compromiso de superación. También se dirige a los hermanos y hermanas de otras confesiones en la idea de que la fe auténtica no sólo da fuerzas al corazón humano sino que puede transformar la vida entera. Transfigura los propios objetivos ilumina la relación con los demás y los lazos con todo lo creado. Nos invita a todos a seguir el ejemplo de Jesús quien podía invitar a otros a estar atentos a la belleza que hay en el mundo porque él mismo estaba en contacto permanente con la naturaleza y le prestaba una atención llena de cariño y de asombro. Cuando recorría cada rincón de su tierra Jesús se detenía a contemplar la hermosura sembrada por su Padre e invitaba a sus discípulos a reconocer en las cosas el mensaje divino. Finalmente nos advierte del peligro de que el modelo tecnocrático nos engañe y nos haga olvidar que todo el mundo es una zona de contacto en la que todos podemos vivir y caminar en comunión y en compromiso con una familia universal reconociendo que la vida humana es incomprensible e insostenible sin las demás criaturas. Al contrario todos los seres del universo decía estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde. En consecuencia nos invita a todos a acompañar este camino de reconciliación con el mundo que nos alberga pues este empeño tiene que ver con la dignidad personal y con los grandes valores siempre que reconozcamos que las soluciones más efectivas no vienen de los esfuerzos individuales sino ante todo de las grandes decisiones de la política nacional e internacional. El Papa por último nos recuerda que no habrá cambios duraderos si no hay cambios culturales sin una maduración en la forma de vida y en las convicciones de las sociedades y no habrá cambios culturales sin cambio en las personas. De ahí la importancia que tiene el esfuerzo de todos, de los hogares por contaminar menos por reducir los desperdicios por consumir con prudencia y creando una nueva cultura que sea capaz de transformar los procesos que operan en lo más íntimo de la sociedad. En definitiva hemos de ser conscientes de que todos somos responsables del cambio que necesitamos. Especialmente los países de occidente pues somos responsables de la mayor parte de los daños que sufren los países más pobres. En el último punto y a modo de conclusión número 73 el Papa nos advierte del peligro que se cierne sobre la humanidad con estas palabras Alaben a Dios es el nombre de esta carta porque un ser humano que pretende ocupar el lugar de Dios se convierte en el peor peligro para sí mismo. Hasta aquí el contenido de la exhortación apostólica Laudate Deo. Bien, pues concluido el análisis de la exhortación pasamos a nuestra reflexión de hoy que nos lleva a las virtudes teologales. Para ello seguimos las enseñanzas del catecismo y tenemos muy presente que el catecismo contiene enseñanzas que son también del magisterio y por tanto son enseñanzas doctrinales de primer orden. Hoy reflexionamos sobre las virtudes teologales como dones que son del Espíritu Santo y nos centramos en los siguientes puntos del catecismo de la Iglesia. La vida moral de los cristianos está sostenida por los dones del Espíritu Santo. Estos son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo. Los siete dones del Espíritu Santo son sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Pertenecen en plenitud a Cristo, hijo de David. Cita Isaías 11 Completan y llevan a su perfección las virtudes de quienes los reciben. Hacen a los fieles dóciles las bendiciones divinas. Tu Espíritu bueno me guíe por una tierra llana. Cita al Salmo 143 Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios y sin hijos también herederos herederos de Dios y coherederos de Cristo. Cita a Romanos 8 Número 1832 del Catecismo Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera 12 Caridad Gozo Paz Paciencia Longanimidad Mansedumbre Fidelidad Modestia Continencia y Castidad Cita a Gálatas 5 Muy bien pues a modo de conclusión personal del programa de hoy diré que la importancia de esta exhortación apostólica está en su relación directa con la encíclica Laudato si en la que Hacía ocho años que el Papa ya había expresado sus preocupaciones sobre el cuidado de la casa común. Apreciando que es indudable el impacto que sufrimos por el cambio climático, el Papa buscaba insistir en los perjuicios que está produciendo en las vidas, las familias de muchas personas, quienes continúan percibiendo el daño en los ámbitos de la salud, lo relativo al trabajo, el acceso a los recursos, la vivienda y la realidad de tantas migraciones forzadas que se dan en nuestra sociedad. Como hemos visto, su motivación principal era recordar y actualizar la situación de los efectos que está produciendo el cambio climático. Pues el Papa no percibía reacciones suficientes por parte de los Estados y, sobre todo, quería influir en la toma de decisiones. Decisiones de cara a la cumbre, a la celebración de la cumbre del clima que estaba previsto se celebrará en Dubái en noviembre de 2023. Cabe mencionar, como conclusión también, que en la cumbre número 28, la COP28, se tomaron los siguientes acuerdos. Primero, la transición para dejar atrás los combustibles fósiles. Marcando el principio del fin de su era, con el objetivo de lograr cero emisiones netas para el año 2050. Dos, se estableció el objetivo de triplicar la capacidad de energía renovables y duplicar la eficiencia energética para el año 2030. Tres, se tomó el acuerdo de acelerar el desarrollo de las tecnologías de cero emisión neta para el año 2030. Cuatro, de reducir las emisiones de gases distintos al CO2, especialmente el metano. Y quinta, activar el funcionamiento del Fondo para Pérdidas y Daños en la idea de ofrecer un apoyo económico a los países más vulnerables. Con todo, podemos destacar que se van poniendo sobre la mesa algunos proyectos comunes para la humanidad, con lo que parece que los responsables de los estados van tomando conciencia de que nadie se salva solo y que únicamente es posible salvarse juntos. Así lo había reconocido el Papa en Fratelli Tutti, número 32. Concluiré diciendo que... Por fin, las enseñanzas del Papa están calando en la sociedad, principalmente porque el Vaticano no escatima esfuerzos para orientar a los responsables de la política internacional y para mantenerse en la cercanía de los más pobres, lo cual sirve como testimonio de credibilidad para todos los hombres de buena voluntad. Es así también en nuestro hacer diario. Y por esta razón... Por esta razón, siempre terminamos recordando que nuestro honesto y coherente testimonio será motivo suficiente para despertar la admiración de cuantos nos observen, con lo que iremos exhortándolos y animándolos a su propia conversión de vida. Esta es la misión evangelizadora a la que todos estamos llamados. Y para ello, hemos de formarnos en todo momento para estar siempre... ...mejor preparados. Que el Señor nos bendiga a todos. Muy bien, pues damos por finalizado el programa de hoy, diciendo que el próximo viernes, día 17 de octubre, no habrá emisión de programa en directo. No me es posible. Por esta razón, ofreceremos la oportunidad de escuchar la reposición del programa 14, emitido el pasado 14 de febrero de 2025. En el que presentamos algunos consejos prácticos para el hombre de hoy, acerca del acompañamiento espiritual, y reflexionábamos también sobre la necesidad del sigilo en este acompañamiento. Nuestro próximo programa en directo, Dios mediante, será el viernes 24 de octubre, en el que analizaremos la exhortación apostólica del Papa Francisco Sela Confianz. De 15 de octubre de 2023. Esta exhortación fue presentada en francés, con motivo del 150 aniversario de Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, y también con motivo de la memoria de Santa Teresa de Ávila. Y seguidamente, a la exposición, pues reflexionaremos sobre nuevos aspectos. Los últimos ya de las virtudes teologales. Y entre tanto, llama a alguien si quiere, pues os comento que después de la exposición de la exhortación apostólica esta de Sela Confianz, lo que haremos será ver, casi seguro, haremos una exposición de la última encíclica que se ha hecho en el año 2000. Que se ha publicado, que la ha publicado el Papa León XIV ya, con el título Dilexi T. Y bueno, pues hasta donde yo he leído ya y donde voy viendo, es una encíclica que ya tenía preparada el Papa Francisco, o por lo menos medio elaborada. Y bueno, pues nos servirá también un poquito de conexión y de continuidad con todo lo que estamos viendo. Bien, os doy las gracias. Gracias por vuestra atención y me despido hasta el próximo programa de acompañamiento espiritual en directo. Un abrazo a todos. Que el Señor nos bendiga, que nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén. Ave María Purísima. Amén.
Las virtudes teologales (VIII). #29
Fecha: viernes, 3 de octubre de 2025, a las 21:00:00
Duración: 56:06
Transcripción de Episodio 29. Francisco.- Encíclica 'Fratelli tutti' (2020), sobre la fraternidad y la amistad social.
Buenas noches a los que me escucháis. Os habla Javier Cebrián, vocal de Formación Espiritual del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed bienvenidos al programa Acompañamiento Espiritual de Radio Lavandé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios. Bien sabemos que eso contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior, el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues sólo Cristo es la cabeza de la Iglesia de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. Y buscamos la unión con el Espíritu Santo no solamente en la formación espiritual, sino también en la formación espiritual. No sólo para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa que celebramos el 4 de octubre de 2024, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa... El programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo a fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Hoy, en nuestra oración, pedimos por el Papa y los Obispos para que el Espíritu Santo los guíe en el gobierno y en la asistencia espiritual de la Iglesia con miras a la unidad con Cristo, verdadero Dios y Pastor. Pedimos también por todas las necesidades de la Iglesia, las de todos los pueblos de la Tierra y las de todos los hombres, especialmente las de aquellas personas que se nos han encomendado y, muy particularmente, por nuestros familiares, amigos y bienhechores. Invocamos. Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase el reino de la iglesia, el reino de la iglesia, el reino de la iglesia, el reino de la iglesia, el reino de la iglesia. Amén. Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase el reino de la iglesia, el reino de la iglesia, el reino de la iglesia, el reino de la iglesia. Amén. Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase el reino de la iglesia, el reino de la iglesia, el reino de la iglesia, el reino de la iglesia. Amén. Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase el reino de la iglesia, el reino de la iglesia, el reino de la iglesia, el reino de la iglesia. Amén. Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino de la iglesia, el reino de la iglesia, el reino de la iglesia, el reino de la iglesia, el reino de la iglesia. Amén. Y con esto le abriremos el diálogo para la participación de los oyentes que quieran hacer alguna aportación o pregunta. Comenzaremos recordando que el pontificado del Papa Francisco abarca un total de 12 años, desde 2013 a 2025. Jorge Mario Bergoglio fue elegido Papa el 13 de marzo de 2013, tras la renuncia de su predecesor, el Papa Benedicto XVI. Fue el primer pontífice original. Fue el primer papa originario de las Américas y el primer papa perteneciente a la Compañía de Jesús, fundada en 1540 por San Ignacio de Loyola. Falleció el pasado 21 de abril, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo. Que descanse en la paz de Dios eternamente. Recordaremos también que una carta encíclica es un documento magisterial de primer orden, en el que los papas exponen los temas de la doctrina católica, que afectan a una materia concreta. Las cartas encíclicas están dirigidas a todos los fieles católicos y busca instruir y aunar la doctrina en el ámbito universal de la Iglesia. El Papa Francisco promulgó esta encíclica, Fratelli Tutti, Hermanos todos, el 3 de octubre de 2020, en su octavo año de pontificado. Es su octavo documento magisterial y fue firmada en Asís, ante el sepulcro de San Francisco, el día 3 de octubre de 2020, a las 15 horas. Su título se inspira en un texto escrito de San Francisco de Asís, ciudad que es un símbolo de paz y fraternidad, en el que expresa textualmente lo siguiente. Miremos con atención hermosamente. Hermanos todos, al buen pastor que para salvar a sus ovejas sostuvo la pasión de la cruz. Admoniciones 6 La encíclica fue presentada como un documento de contenido y orientación social y al mismo tiempo con una propuesta pastoral que mira a la comunidad eclesial, pero también tiene presente la hermandad universal entre las religiones y los pueblos, a los que propone la fraternidad y la amistad, el diálogo, mirando a las tensiones que agitan las relaciones internacionales, los intereses económicos y financieros o la emergencia de la epidemia del COVID-19, con sensibilidad ante los problemas de la degradación medioambiental y de la cultura del desecho que acentúa la presencia de desigualdades. Como antecedentes a la encíclica, diremos que el 4 de febrero de 2019, el Papa Francisco y el jeque Ahmed el Tayyab Graniman de Al-Azhar firmaron el documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común, también conocido como la Declaración de Abu Dhabi. Este texto tuvo su influencia en la encíclica Fratelli Tutti, tal como lo reconoce el Papa Francisco. En cuyo texto afirma que este encuentro le sirvió de inspiración para escribirla, así como para la instauración del 4 de febrero como el Día Internacional de la Fraternidad Humana. También confirma que se inspiró en San Francisco de Asís o en San Carlos de Fipol, así como en varios autores no católicos, entre otros Martin Luther King, Desmond Tutu y Mahatma Gandhi. La encíclica nos pide más fraternidad y solidaridad en las relaciones humanas, por lo que se conforma como una llamada que invita claramente a rechazar las guerras. El documento se centra en los problemas sociales contemporáneos y propone un mundo ideal de fraternidad en el que todos los países puedan formar una gran familia humana más amplia y fraterna. Que esté guiada por el diálogo interreligioso y la atención a los más necesitados, sin olvidar la dignidad de las mujeres, todo ello dentro de una política de colaboración internacional que nos permita superar todo este periodo de guerras. En síntesis, la encíclica contiene las enseñanzas que había ido dando el Papa a lo largo de su pontificado, por lo que podemos considerar que esta encíclica es una reordenación sistemática y completa de los textos de sus anteriores homilías, discursos y declaraciones que el Papa había presentado hasta ese momento sobre el tema. En este contexto, se muestra el interés del Papa por la fraternidad de toda la humanidad, buscando dar un nuevo impulso a la paz y a las relaciones humanas que ayuden a superar los enfrentamientos bélicos. Y lo hizo centrándose en los problemas sociales existentes del momento. Pasamos, entonces, a analizar la encíclica. Y entrando ya en el contenido de la misma, diremos que es un documento extenso al que deberíamos dedicar un tiempo para su lectura y la meditación personal. El texto se estructura en 287 puntos divididos en tres. La introducción, números 1 al 8, y la exposición, números 9 al 287, con una división de 8 capítulos. En la introducción, el Papa comienza haciendo referencia al texto que San Francisco de Asís dirigió a sus hermanos, proponiéndoles una forma de vida con sabor a evangelio, invitándoles a un amor que va más allá de las barreras de la geografía y del espacio, en el que declaraba feliz a quien ame al otro, tanto a su hermano, cuanto está lejos de él, como cuando está junto a él. Admoniciones 25. En esto, el Papa aprecia lo esencial de una fraternidad abierta, que permite reconocer, valorar y amar a cada persona, más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite. El Papa reconoce que los textos de San Francisco le inspiraron para escribir la encíclica Laudato si, y que ahora vuelven a motivarle para dedicar esta nueva encíclica de la fraternidad y la amistad social, pues San Francisco se sentía hermano del sol, del mar y del viento, y se sabía todavía más unido a los que eran de su propia carne, con lo que supo sembrar paz por todas partes, caminando cerca de los pobres, de los abandonados, de los enfermos, de los descartados, de los últimos. Pone de relieve el episodio que vivió San Francisco en su visita al sultán Malik el Camil, en Egipto, hecho que pone de manifiesto su apertura de corazón y el esfuerzo. Que le supuso por su pobreza y los pocos recursos que tenía, incluso por la distancia que tuvo que recorrer y la propia diferencia de idioma, cultural o religiosa. Este fue un viaje histórico, marcado por las cruzadas, lo cual nos muestra la grandeza de un amor tan amplio que deseaba abrazar a todos, tal y como lo enseñaba a sus discípulos, con sometimiento a toda humana criatura por amor a Dios, incluso ante quienes no compartían la fe. El Papa aprecia que San Francisco no buscaba imponer doctrinas, sino que comunicaba el amor de Dios. Había entendido que Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios. Cita a 1ª de Juan 4. De ese modo, fue un padre fecundo que despertó el sueño de una sociedad fraterna, porque sólo el hombre que acepta acercarse a los otros seres en su movimiento propio, no para retenerlos en el suyo, sino para ayudarles a ser más ellos mismos, se hace realmente padre. Allí Francisco acogió la verdadera paz en su interior. Se liberó de todo deseo de dominio sobre los demás, se hizo uno con los últimos y buscó vivir en armonía con todos. También reconoce que se sintió especialmente estimulado por el gran imán Amal al-Tayyeb, con quien se encontró en Abu Dhabi para recordar que Dios ha creado a todos los seres humanos iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad, y los ha llamado a convivir como hermanos entre ellos. Por lo que la encíclica desarrolla los grandes temas planteados en aquel documento que firmaron juntos, así como tiene en cuenta, con su propio lenguaje, el contenido de numerosas cartas y documentos que recibió de varias personas y grupos de todo el mundo. En palabras del Papa, La encíclica no pretende resumir la doctrina sobre el amor fraterno, sino de teerse en su dimensión universal, en su apertura a todos. La idea de que sea una humilde aportación para la reflexión social, que nos permita superar las diversas formas actuales de eliminar o de ignorar a los otros, de forma que seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en palabras. Escrita desde el principio, y desde sus convicciones cristianas, que le alientan y le nutren, el documento busca que la reflexión pueda abrirse al diálogo con todas las personas de buena voluntad. Por último, el Papa hace referencia a la experiencia vivida en la pandemia del COVID-19, que nos dejó al descubierto nuestras falsas seguridades y una realidad de problemas que nos afectaron a todos, razones por las que quiere que se reconozca la dignidad de cada persona humana y que podamos hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad que nos una en esta hermosa aventura de la vida, pues nadie puede salvarse solo, sino que todos nos necesitamos, cada uno con su propia voz, pero siendo todos hermanos. En el capítulo primero, Las sombras de un mundo cerrado, para pretender realizar un análisis exhaustivo, el Papa nos presenta algunas tendencias del mundo actual que desfavorecen el desarrollo de la fraternidad universal. Tal es el caso del abandono del sueño de una Europa unida, también el anhelo de una integración latinoamericana. En otros países y regiones hubo intentos de pacificación y acercamientos que lograron frutos, aunque en todo, la historia nos demuestra que estamos volviendo hacia atrás. Vemos que retornan algunos conflictos internacionales que parecían superados, pues resurgen continuamente nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos. En algunos países, la unidad del pueblo y de la nación está penetrada por diversas ideologías, creándose nuevas formas de egoísmo y de pérdida del sentido social, enmascaradas bajo una supuesta defensa de los intereses nacionales. Esto nos recuerda que cada generación ha de hacer suyas las luchas y los logros de las generaciones pasadas y llevarlas a metas más altas aún, como son el bien, el amor, la justicia y la solidaridad, objetivos que no se alcanzan de una vez para siempre, sino que han de ser conquistados cada día, pues seguimos viendo todavía que muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos interpelan a todos. No basta un globalismo comercial ni un modelo cultural unificado, pues los más débiles y pobres se han hecho más vulnerables y más dependientes. Hemos perdido el sentido de la conciencia histórica, o simplemente se desprecia, con lo que surgen ideologías de distintos colores que parecen nuevas, pero que en verdad lo que hacen es rechazar la riqueza espiritual y humana que hemos recibido a lo largo de las generaciones que nos han precedido. En consecuencia necesitamos un proyecto nuevo que incluya a todos, sin polarizaciones ni descalificaciones, sin confrontación entre los pueblos y los individuos, pues el desarrollo de la humanidad está menospreciado por los intereses particulares. Al contrario, la casa común exige un proyecto común que tenga en cuenta la limitación de los recursos y la defensa del medio ambiente. Es inadmisible la cultura del descarte de los débiles, de los no nacidos, de los ancianos, de los pobres, cuando vivimos un despilfarro continuo de bienes y de alimentos a nivel mundial. También hablamos mucho de derechos humanos, pero en verdad estos no son iguales para todos, por lo que nos urge el desplegar más iniciativas en favor del bien común que nos ayuden a superar las numerosas formas de injusticia nutridas por visiones antropológicas reductivas y por un modelo económico basado en las ganancias que no duda en explotar, descartar e incluso matar al hombre. Mientras una parte de la humanidad vive en opulencia, otra parte ve su propia dignidad desconocida, despreciada o pisoteada y sus derechos fundamentales ignorados o violados. Tal es el caso de las mujeres y niños que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia porque simplemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos. Las diferencias raciales o religiosas no pueden suponer la afrenta contra la dignidad humana y menos aún utilizarse como una razón para la agresión o la guerra. Toda guerra ataca el mismo proyecto de fraternidad inscrito en la vocación de la familia humana, por lo que cualquier situación de amenaza alimenta la desconfianza y el repliegue. Así nuestro mundo avanza en una dicotomía sin sentido con la pretensión de garantizar la estabilidad y la paz en base a una falsa seguridad sustentada por una mentalidad de miedo y de descontrol. Esta realidad sólo puede generar más desconfianza, más soledad, más miedo e inseguridad de tantas personas que se sienten abandonadas por el sistema, lo cual permite que se vaya creando un terreno fértil para las mafias que sólo crean lazos de dependencia y de subordinación de lo que es muy difícil liberarse. Es por esto que necesitamos un proyecto común, que cuenta los progresos históricos de los valores espirituales con sentido pleno de responsabilidad. Es inaceptable el silencio internacional que reina en el mundo actual, en el que los sentimientos de pertenencia a una misma humanidad se debilitan y el sueño de construir juntos la justicia y la paz parece una utopía de otras épocas. Vemos que avanza la tecnología sin pausa. Pero qué bonito sería si el crecimiento de las innovaciones científicas y tecnológicas correspondiera también a una equidad y una inclusión social cada vez mayores. Qué bonito sería que a medida que descubrimos nuevos planetas lejanos, volviéramos a descubrir las necesidades del hermano o de la hermana que está en una órbita alrededor nuestro. La pandemia COVID-19 nos ha hecho experimentar que nadie se salva solo, sino que todos nos necesitamos como verdaderos hermanos. No basta la libertad de los mercados. Necesitamos repensar la forma en que nos organizamos para el bien común, pues todo está conectado y resulta necesario recuperar la pasión compartida por una comunidad de pertenencia y de solidaridad a la cual destinar tiempo, esfuerzo y bienes. Además, no se debería ignorar ingenuamente que la obsesión por un estilo de vida consumista, sobre todo cuando sólo unos pocos pueden sostenerlo, sólo podrá provocar violencia y destrucción recíproca. El sálvese quien pueda se traducirá rápidamente en el todos contra todos y eso será peor que una pandemia. Las migraciones, por otra parte, son un elemento determinante de este futuro mundo, pero hoy están afectadas por una pérdida de ese sentido de la responsabilidad fraterna sobre el que se basa toda sociedad civil. Europa, por ejemplo, corre serios riesgos de ir por esa senda. Sin embargo, inspirándose en su gran patrimonio cultural y religioso, tiene los instrumentos necesarios para defender la centralidad de la persona humana y encontrar un justo equilibrio entre el deber moral de tutelar los derechos de sus ciudadanos, por una parte, y por otra el de garantizar la asistencia y la acogida de los migrantes. No podemos apartarnos de la realidad social, y mucho menos aún, de la capacidad del encuentro con el otro. Por otra parte, las comunidades digitales, tan útiles para el progreso, parecen estar controladas para eliminar el derecho a la intimidad, o bien para generar odio o una dependencia exacerbada, todo lo cual obstaculiza el desarrollo de las relaciones interpersonales. Por ello, el Papa cree que necesitamos recuperar y potenciar las comunicaciones humanas, a fin de evitar el individualismo y la xenofobia que sólo nos conducen al desprecio de los más débiles y a la agresividad. Como consecuencia, surgen ideologías que pierden todo pudor. Y en ocasiones, pierden el respeto a la dignidad humana. Con todo, debemos aceptar que cada país o nación pueda crecer con su estilo propio, con los valores de su cultura, potenciando la autoestima nacional de los países más pobres, sin ningún tipo de menosprecio. No se trata de homogeneizar el mundo, sino de generar relaciones de pertenencia entre sus miembros, creando así lazos de integración entre las generaciones y las distintas comunidades que la forman. El Papa termina este capítulo diciendo Invito a la esperanza, que nos habla de una realidad que está enraizada en lo profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y los condicionamientos históricos en que vive. Nos habla de una sed, de una aspiración, de un anhelo de plenitud, de vida lograda, de un querer tocar lo grande, lo que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas grandes como la verdad, la bondad y la belleza, la justicia y el amor. La esperanza es audaz. Sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna. Caminemos entonces en la esperanza. En el capítulo segundo, un extraño en el camino, el Papa continúa analizando la realidad del mundo actual a la luz del Evangelio. Con ello busca que seamos capaces de redescubrir el mensaje de la salvación, mensaje que se centra en la misericordia que Dios ha tenido con toda la humanidad y que sigue pidiéndonos el amor fraterno. Toda ley alcanza su plenitud en un solo precepto. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Cita a Gálatas 5. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza, pero quien aborrece a su hermano está y camina en las tinieblas. Cita a 1ª de Juan 2. Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. Quien no ama permanece en la muerte. Cita a 1ª de Juan 3. Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Cita a 1ª de Juan 4. El Papa en este capítulo hace una extensa reflexión. De la parábola del buen samaritano, la cual merece su lectura meditada por parte de todos para que nos podamos situar en nuestra propia realidad, siempre con relación a nuestros prójimos más necesitados, a fin de que seamos capaces de ayudarles a superar sus tristes realidades, incluso las de los migrantes y forasteros. Para el Papa, el amor universal es capaz de adaptarse a la fragilidad de cada ser humano. Y en especial del herido, del forastero. Sin tener en cuenta de dónde viene o dónde ha nacido, es una llamada de atención para reconocer a Cristo en cada hermano abandonado o excluido. Porque Él se entregó por nosotros y nadie queda fuera de su amor universal, cuya fuente última es la comunión de vida y el intercambio recíproco que tiene su fuente en la eternidad. Las tres personas que son una comunidad de vida comunicada y compartida. Es imposible desde ahí dar lugar a nacionalismos cerrados que niegan la hermandad. En el capítulo tercero, Pensar y gestar un mundo abierto, el Papa retoma la dimensión universal del amor como valor único que debería evitar el aislamiento. El amor nos mueve a salir de nosotros mismos para hallar en los otros el propio crecimiento de su ser. El amor al otro nos mueve a buscar lo mejor para su vida. El Papa cita el pensamiento de Santo Tomás de Aquino según el cual las virtudes y los valores morales se dinamizan por la caridad. Recuerda también las virtudes y recuerda que sin la caridad no pueden cumplirse los mandamientos de Dios tal y como Dios los entiende. Amor que tiende a la comunión universal y no excluye a nadie. De ahí que sea necesario tener en cuenta la diversidad para valorarla en favor de la fraternidad. Esta es la verdadera riqueza que nos ayuda a la convivencia. En el amor pues se trata de promover el valor de cada ser humano en cualquier circunstancia. Todo lo cual debe traducirse en la promoción del bien moral de los otros. Siempre con respeto a la dignidad inviolable de la propia persona, de cada persona y siempre dentro de los principios éticos básicos que ayudan a la fraternidad universal sin tratar de imponer ninguna idea. La nueva ley no se propone otra cosa que invitar al ser humano a la única y verdadera perfección, la del amor, tal y como lo enseña la Iglesia. Cita declaración Nostra Etate del Concilio Vaticano II, en la que se dejaba bien claro el alcance de la hermandad y la fraternidad con exclusión de toda discriminación. No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a portarnos fraternalmente con algunos hombres creados a imagen de Dios. Cita Nostra Etate V. El fundamento, por tanto, no es una simple abstracción, sino que tiene base en la propia dignidad humana y en los derechos que de ella emanan. Pues todo ser humano es criatura de Dios y vive por el soplo del aliento divino. Cita Agénesis II. Ya que ha sido creado a semejanza de Dios. Cita Agénesis I. El Papa subraya así la naturaleza especial y la extraordinaria dignidad del ser humano creado a imagen de Dios. Y por esta razón todos somos hermanos e hijos del mismo y único Dios. La fraternidad es el fruto de la pertenencia a una misma familia unida por el amor universal que nos otorga el derecho a vivir con la dignidad propia de lo que somos. Sin que ningún estado o nación puedan negarlo o relegarlo a individualismo ni al descarte de aquellos que no tienen las mismas oportunidades. En el capítulo IV. Un corazón abierto al mundo entero. El Papa sostiene que una fraternidad abierta nos obliga a reconocernos hermanos y hermanas para que podamos desafiar todos los movimientos migratorios que se producen actualmente. Es por ello que el Papa pone el foco en cuatro acciones que deben centrar nuestro esfuerzo. Acoger, proteger, promover e integrar. Y entiende que esto requiere que superemos las fronteras para que las identidades culturales o religiosas no sean obstáculo para valorar las diferencias. Y en esto las diferencias culturales o religiosas no pueden servir de excusa para enfrentamientos o acciones violentas. Más aún, la ayuda y colaboración recíprocas son un beneficio para todos. Apoyando la fraternidad universal y la amistad social dentro de cada sociedad, pues son dos polos inseparables y coesenciales. Separarlos nos lleva a una deformación y a una polarización dañina. Es la dimensión local y la universal a un tiempo. Uniendo la dimensión local con el horizonte universal, que acepta el amor a la patria y la inserción cordial en la humanidad entera. Teniendo presente que cada grupo humano está arraigado en un determinado contexto geográfico, pero se sabe perteneciente a la gran familia humana y universal. Todo esto será posible si valoramos a los migrantes con una actitud positiva desde el intercambio. Y la colaboración mutua entre los diferentes países, como ofrenda recíproca y con una acogedora, no comercial, sino de mutuo enriquecimiento, con la generosidad del mismo Dios que hace salir el sol sobre buenos y malos. Cita a Mateo 5. En definitiva, don, gratuidad y diálogo nos han de llevar a ser conscientes de que todos somos iguales. Todos somos colaboradores unos de otros y a un mismo tiempo deudores. En el capítulo quinto, la mejor política, el Papa propone una línea de acción política que se ponga al servicio del bien común, pues ésta ha de ser la mejor política, siempre que respete la premisa de que formamos parte de una identidad común que busca estrechar lazos sociales y culturales. Aunque esta política sea un proceso lento y difícil, lo importante es que seamos capaces de promover los recursos necesarios para que las personas alcancen un desarrollo y que puedan sostener su vida con su esfuerzo y su creatividad. Se trata de promover el bien del pueblo, desarrollando las posibilidades económicas de cada región, tratando de garantizar una vida digna mediante la realización del trabajo personal. Este es el objetivo de la mejor política, porque no existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo. Por tanto, son necesarias unas políticas que favorezcan la participación social y económica, de tal manera que incluya a los movimientos populares y anime las estructuras de gobierno locales, nacionales e internacionales, con ese torrente de energía moral que surge de la incorporación de los excluidos en la construcción del destino común. Recomendando que se promuevan a la vez que estos movimientos, estas experiencias de solidaridad que crecen desde abajo, desde el subsuelo del planeta, confluyan, estén mejor y más coordinadas. Y se vayan encontrando. El Papa hace alusión a la Organización de Naciones Unidas, aludiendo que tiene su sentido cuando propone la justicia y el derecho como requisito indispensable para realizar la fraternidad universal. De hecho, el Papa considera que la Carta de las Naciones Unidas se podría tomar como punto de partida de los principios universalmente válidos y verdades inalienables, como es la igualdad soberana de todos los Estados que la integran, o el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional, y el fomento de las relaciones y amistad entre todas las naciones. Pero el Papa entiende que junto a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, debería estar el compendio de la doctrina social de la Iglesia, en el que la persona, la familia, el trabajo, la economía y el bien común son puntos irrenunciables que deben considerarse y tratarse según el designio de Dios para la humanidad. En definitiva, hemos de realizar unas políticas que busquen los caminos de construcción de comunidades en los distintos niveles de la vida social, en orden a reequilibrar y reorientar la globalización para evitar sus efectos disgregantes. Para ello, deberíamos superar las políticas de mentalidad partidista o individualista, buscando llegar al bien común y a los últimos, con unas políticas que no han de basarse únicamente en el mercado libre por sí solo, pues estas políticas nos llevan a un egoísmo excluyente. En el capítulo VI, Diálogo y Amistad Social, el Papa considera que el diálogo y la amistad nos indican el itinerario a seguir para alcanzar la auténtica cultura de un mundo globalizado. Este diálogo ha de ser paciente, persistente y realizado con coraje, de forma que supere el febril intercambio de opiniones en las redes sociales, que respete el punto de vista del otro, sus convicciones legítimas, su identidad, que tenga en cuenta los valores y convicciones que arraigan en la verdad y que sirven para desarrollar el pensamiento que beneficia a la sociedad. Se trata, pues, de un diálogo que debiera incluir los hechos más graves que afectan a la sociedad. Los hechos que afectan a los pueblos, como lo son, y atestigua la historia, las heridas profundas de las guerras mundiales, la SOAP, la bomba atómica en Japón, los conflictos y guerras del Congo, de Colombia, Sudáfrica, Corea, Ruanda, Uganda, la geografía del genocidio en el pasado, el Medio Oriente, los conflictos actuales donde hay masacres de minorías, pues todas ellas necesitan de la verdad y de la memoria que restaura y sana. Solo así podremos caminar con la verdad y la sinceridad del análisis de todas las causas que nos han llevado a cometer tantas atrocidades. Solo así seremos capaces de reconocer los valores fundamentales, permanentes y universales, aceptando todos que la dignidad de todo ser humano es fundamental para la cultura y la paz. En el capítulo séptimo, Caminos de reencuentro, el Papa nos propone hacer un recorrido que considera urgente y necesario para que la humanidad pueda reiniciar la búsqueda del camino de la justicia y de la paz a partir de la verdad, a fin de que puedan cicatrizar todas las heridas. Se trata de la verdad histórica de los hechos y de los distintos momentos trágicos para las personas y los pueblos. Es una verdad que es inseparable de la justicia y de la misericordia, pues las tres son necesarias para construir la paz. Así lo explica el Papa. Verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos. Verdad es confesar qué pasó con los menores de edad reclutados por los actores violentos. Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas de violencia. Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas de violencia y de abusos. Este reconocimiento de la verdad nos permitirá superar todos los problemas para alcanzar una mejor convivencia, con lo que seremos capaces de asumir los vínculos de pertenencia de unos para con otros. Y para ello son necesarias ciertas transformaciones artesanales obradas por los pueblos, donde cada ser humano puede ser un fermento eficaz con su estilo de vida cotidiana. Y esto requiere una artesanía de la paz que nos involucra a todos, a cada persona con su estilo de vida peculiar. Son necesarias las instituciones sociales, cada una según sus competencias, pero estas necesitan de la colaboración de todos, particularmente de los últimos, de los que menos cuentan si queremos lograr un desarrollo humano integral y alcanzar esa amistad social. Esta es la fraternidad que supera el mundo cerrado del capítulo primero. Y esta es la propuesta del mismo Jesús en el Evangelio. Sin olvidar los conflictos y la violencia que afectan a la sociedad en su particular funcionamiento. Pues tiene presente la opinión de los que piensan que el perdón es ceder el propio espacio para que otros dominen la situación. O que la reconciliación sea sólo un asunto de los más débiles, o una simple forma de ocultar las injusticias. El Papa es consciente de que la curación llegará a largo plazo, pero sabe que sólo se puede vencer al mal con el bien y la verdad. En definitiva, se trata de asumir la verdad para evitar nuevas violencias e intolerancias que generarán una injusticia que el Evangelio de Jesucristo nunca ha promovido. Sino que más bien, invita a perdonar siempre para que podamos superar el mal con el bien. En el capítulo octavo, las religiones al servicio de la fraternidad en el mundo. El Papa pide a todos los creyentes que reconozcan el valor de toda persona como criatura llamada a ser hijo de Dios. Nos pide que compartamos nuestras experiencias y valores morales y espirituales desde la verdad y el amor, fin de que seamos capaces de construir la fraternidad en una convivencia civilizada. Para el Papa, la libertad de conciencia y la libertad religiosa son bienes irrenunciables que están recogidos en la declaración sobre la fraternidad humana. Pero no se trata de que la Iglesia quiera dictar lo que la política tiene que hacer, sino que defiende los valores religiosos, pues ejercen su papel en la vida pública. No se limita a la sola educación o la asistencia, sino que propone una promoción humana y una fraternidad universal. Con todo, la Iglesia no pretende disputar poderes terrenos, sino ofrecerse como un hogar entre los hogares. Esto es la Iglesia, un modelo abierto para testimoniar al mundo actual la fe, la esperanza y el amor al Señor y a aquellos que Él ama con predilección. En definitiva, se trata de asumir la cultura del diálogo como camino, la colaboración común como conducta, el conocimiento recíproco como método y criterio. Son referencias al documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común de 2019. En este documento de Abu Dhabi hay un verdadero sentido religioso de la fraternidad humana, aún con las diferencias, en orden siempre a la paz, al sentido de la justicia, de la verdadera piedad que honra a Dios en los hermanos que tienen necesidad de comprensión, de justicia y de amor. En la conclusión de la encíclica, el Papa confirma su inspiración y motivación especial por San Francisco de Asís y por otros hermanos que no son católicos, como Martín Luther King, Desmond Tutu, Mohandas Gandhi y muchos más, pero termina recordando también al Beato Carlos de Foucault, hombre de profunda fe, quien desde su intensa experiencia de Dios hizo un camino de transformación hasta sentirse hermano de todos. Él fue orientando su sueño de una entrega total a Dios hacia una identificación con los últimos, con los abandonados en lo profundo del desierto africano. En este contexto expresaba sus deseos de sentir a cualquier ser humano como hermano y pedía a un amigo, ruegue a Dios para que yo sea realmente el hermano de todos. Quería ser el hermano universal, pero solo identificándose con los últimos llegó a ser hermano de todos. Que Dios inspire ese sueño en cada uno de nosotros. El Papa termina con dos oraciones. Una ofrecida al Creador y otra de carácter ecuménico. Hacemos la primera. Oración al Creador. Señor y Padre de la humanidad, que creaste a todos los seres humanos con la misma dignidad, infunde en nuestros corazones un espíritu fraternal. Inspíranos un sueño de reencuentro, de diálogo y de justicia y de paz. Impúlsanos a crear sociedades más sanas y un mundo más digno, sin hambre, sin pobreza, sin violencia, sin guerras. Que en nuestro corazón se abra a todos los pueblos y naciones de la tierra para reconocer el bien y la belleza que sembraste en cada uno. Para estrechar lazos de unidad, de proyectos comunes, de esperanzas compartidas amén. Muy bien, pues concluido el análisis de la encíclica, pasamos a nuestra reflexión de hoy que nos lleva a las virtudes teologales. Para ello seguimos las enseñanzas del catecismo, teniendo muy presente que el catecismo contiene enseñanzas del magisterio también y por tanto son enseñanzas doctrinales también de primer orden. Hoy continuamos con la virtud de la caridad y nos centramos en los siguientes puntos del catecismo de la Iglesia. 1827. El ejercicio de todas las virtudes está animado e inspirado por la caridad. Ésta es el vínculo de la perfección. Es la forma de las virtudes. Las articula y las ordena entre sí. Es fuente y término de su práctica cristiana. La caridad asegura y purifica nuestra facultad humana de amar. La eleva a la perfección sobrenatural del amor divino. 1828. La práctica de la vida moral animada por la caridad da al cristiano la libertad espiritual de los hijos de Dios. Éste no se halla ante Dios como un esclavo, en el temor servil, ni como el mercenario en busca de un cornal, sino como un hijo que responde al amor del que nos amó primero. O nos apartamos del mal por temor del castigo y estamos en la disposición. O buscamos el incentivo de la recompensa y nos parecemos mercenarios. O finalmente obedecemos por el bien mismo del amor del que manda y entonces estamos en la disposición de hijos. Una cita a San Basilio. Número 1829. La caridad tiene por frutos el gozo, la paz y la misericordia. Exige la práctica del bien. La corrección fraterna es benevolencia, suscita la reciprocidad, es siempre desinteresada y generosa, es amistad y comunión. La culminación de todas nuestras obras es el amor. Ese es el fin. Y para conseguirlo, corremos hacia él. Corremos. Una vez llegados, en él reposamos. Es una cita a San Agustín. Pues bien, a modo de conclusión del programa de hoy, diré que la presente encíclica cierra una trilogía que está en relación directa con la exhortación apostólica Evangelii Gaudium de 2013, documento programático del pontificado del Papa Francisco. Esta trilogía son tres encíclicas que están guiadas por la luz del Evangelio. La primera fue Lumen Fidei, año 2013, en la que se nos presentaba una fe abierta siempre a la búsqueda de Dios para cuantos creen en Jesucristo, quien ilumina toda realidad humana. La segunda fue Laudato si, en 2015, que nos proporcionó una mirada a nuestra hermana Madre Tierra, nuestra casa común, haciéndonos una llamada al respeto por la creación y por todos los bienes que Dios ha puesto en manos de los hombres. Por último, esta de hoy, la encíclica Fratelli Tutti, nos pide ahondar en la realidad de que somos hijos de Dios, para que seamos capaces de unir nuestros esfuerzos en favor de toda la humanidad. La preocupación del Papa por la fraternidad consolida así un proceso de catequización del pueblo. Este proceso de catequización del pueblo cristiano, presentando ahora este modelo nuevo y alternativo de habitar la casa común, buscando con ello la superación de las amenazas a las que se ve sometida. Aunque el Papa reconoce que actualmente no existe un proyecto común para la humanidad, sí que podemos destacar la idea que nos aporta. La conciencia de que nadie se salva solo, que únicamente es posible salvarse juntos. Este es el proyecto nuevo, expresado en estas palabras. Entrego esta encíclica social como una humilde contribución a la reflexión, para que frente a las diversas formas de eliminar o de ignorar a los otros, seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social. En conclusión, a pesar de las sombras y de la triste visión de un mundo dividido y dañado por las guerras, la encíclica Fratelli Tutti nos propone un nuevo modelo que esté basado en la fraternidad universal y en la amistad social, al tiempo que nos advierte de que no debemos de esperar que nos venga dirigido desde arriba, sino que hemos de construirlo desde la relación personal en nuestros entornos particulares, pues todos hemos de ser responsables. La idea novedosa es, pues, el desplazamiento del centro de actuación. No se trata de esperar las soluciones por parte de la técnica o de la industria, ni de la política económica o social. Necesitamos una civilización solidaria y voluntaria, que preserve y cuide la vida en todas sus fases. Con todo, el Papa quiere que superemos toda visión fatalista acerca de las amenazas, a fin de que, cambiando el rumbo, nos centremos en nuestra propia conversión, para que se nos abra el futuro a toda la humanidad. El Papa nos dice Os invito a la esperanza que nos habla de una realidad arraigada en lo profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y de los condicionamientos históricos en que vive. Que este principio de esperanza resuene en nuestro corazón y se comporte como el iniciador de todos los proyectos. Pues todos somos hermanos y todos hemos de asumir nuevas perspectivas para desarrollar nuevas acciones tanto en el ámbito de las instituciones como en nuestras propias relaciones con los más prójimos. Pues bien, nosotros ponemos todos los sueños de la humanidad en manos de la Virgen María y recordamos que en este mes de octubre la oración del Rosario va preparando la Tierra, nuestra tierra, para que podamos recibir nuevas gracias. Sólo así podremos dar frutos espirituales abundantes, tanto en la floración de las virtudes como en el servicio y en las obras hacia los hermanos. Que nuestro honesto y coherente testimonio sea motivo suficiente para despertar la admiración de cuantos nos observan, con lo que iremos exhortándolos y animándolos a su propia conversión espiritual. Esta es nuestra misión evangelizadora y para ello hemos de formarnos en todo momento para estar mejor preparados. Muy bien, pues damos por finalizado el programa de hoy. Diremos que el próximo programa será el viernes 11 de octubre en el que analizaremos la exhortación apostólica Laudate Deum del 4 de octubre de 2023 sobre la crisis climática y volveremos a reflexionar sobre nuevos aspectos de las virtudes teologales. Damos por finalizado el programa y hasta el próximo viernes. Que el Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén. Ave María Purísima.
Las virtudes teologales (VII). #28
Fecha: viernes, 27 de junio de 2025, a las 21:00:00
Duración: 59:05
Transcripción de Episodio 28. Francisco.- Exh. Ap. 'Querida Amazonía' (2020), sobre la Iglesia y la ecología integral.
Buenas noches a los que me escucháis. Os habla Javier Cebrián, vocal de Formación Espiritual del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed bienvenidos al programa Acompañamiento Espiritual de Radio Laben D, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios. Bien sabemos que esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior, el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues sólo Cristo es la cabeza de la Iglesia, de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. Y buscamos la unión con el Espíritu Santo no solamente para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique, y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa que celebramos el 4 de octubre de 2024, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo, en la idea de que el Divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo, a fin de que el Que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Hoy, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, en nuestra oración pedimos por el Papa y los Obispos para que el Espíritu Santo los guíe en el gobierno y administración de la Iglesia con miras a la unidad con Cristo, verdadero Dios y Pastor del rebaño, Sumo y Eterno Sacerdote. Pedimos también por todas las necesidades de la Iglesia, las de todos los pueblos de la Tierra y las de todos los hombres, especialmente las de aquellas personas que se nos han encomendado, particularmente nuestros familiares, amigos y bienhechores. Hoy hacemos una mención especial de don César Hidalgo, cantante ciego que evangeliza con sus cantos y que lleva varios años luchando contra una enfermedad grave. Que el Señor se muestre misericordioso y lo sane, o bien le dé fuerzas para sobrellevar santamente su dolor. Invocamos. Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía a tu Espíritu y serán creados, y renovarás la faz de la Tierra. Oh Dios, que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo. Haz que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos ya en materia, recordando que estamos siguiendo una serie de programas en los que vamos analizando cronológicamente los documentos más importantes del magisterio del Papa Francisco. Tenemos siete exhortaciones apostólicas y tres encíclicas que se añaden a la Dilexit Noos que ya vimos al final de la anterior serie de programas sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. En el anterior programa analizábamos la exhortación apostólica Christus Vivit de 25 de marzo de 2019 sobre la fe y el discernimiento de los jóvenes. Y, seguidamente, reflexionábamos sobre algunos aspectos de las virtudes teologales. En el programa de hoy, con el que cerramos este curso, vamos a analizar la exhortación apostólica Querida Amazonía de 2 de febrero de 2020 sobre la Iglesia y la ecología integral. Y, seguidamente, reflexionaremos sobre nuevos aspectos de las virtudes teologales. Como es el último programa, tenedlo en cuenta. Si alguien quiere dar una opinión sobre el desarrollo de este programa de acompañamiento espiritual, pues al final de este capítulo vais a tener oportunidad de hacerlo. Aprovechad ese momento, porque es el momento oportuno para que haya algún eco de participación. Gracias. Bien, pues comenzamos recordando que el pontificado del Papa Francisco lleva un total de 12 años, desde 2013 a 2025. Jorge Mario Bergoglio fue elegido Papa el 13 de marzo de 2013 tras la renuncia de su predecesor, el Papa Benedicto XVI. Fue el primer pontífice originario de las Américas y el primer Papa perteneciente a la Compañía de Jesús, fundada en 1540 por San Ignacio de Loyola. Falleció el 21 de abril de 2025, lunes de la octava de Pascua de Resurrección de este año jubilar que él abrió. Que descanse en la paz de Dios. Recordamos también que una exhortación apostólica es un documento oficial del Magisterio y que, aunque no es de primer orden, goza de una autoridad pastoral significativa. Está dirigida a todos los fieles católicos y busca animar, instruir o guiar acerca de un tema específico. Es un texto para la reflexión y la puesta en práctica de las enseñanzas de la Iglesia sobre el asunto que trata. Las exhortaciones apostólicas se suelen presentar al finalizar un sínodo de los obispos, como ocurre en este caso. El Papa Francisco promulgó esta exhortación, querida Amazonía, vive Cristo, el 2 de febrero de 2020 en su octavo año de pontificado. La exhortación es su séptimo documento magisterial y se presentó oficialmente el 12 de febrero de 2020 tras la celebración de una asamblea especial del sínodo de los obispos que se centró en una región específica, la Panamazónica. Esta asamblea fue convocada por el Papa Francisco el 19 de enero de 2018 con el tema Amazonía, nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral. Dicha asamblea reunió a obispos de diferentes partes del mundo, incluyendo a los obispos de la región amazónica, así como a expertos y representantes de otros sectores de la Iglesia. El objetivo principal de este sínodo de la Amazonía fue encontrar nuevos caminos para la evangelización en la región, atendiendo a un tiempo a los desafíos de la ecología integral y el cuidado particular que requiere la región amazónica, por estar considerada como el pulmón del planeta. El sínodo se desarrolló en Roma del 6 al 27 de octubre de 2019, con participación abierta, libre y respetuosa de los obispos pastores en la Amazonía, de misioneros y misioneras, de laicos y laicas, y en el que también participaron varios representantes de los pueblos indígenas de la Amazonía. Todos fueron testigos del sínodo, un acontecimiento eclesial que quedó marcado por la urgencia de abrir nuevos caminos para la evangelización de la Iglesia en el territorio y por la convicción de escuchar la voz del espíritu presente. En varias ocasiones las intervenciones fueron acompañadas por aplausos, cantos, pero también con hondos silencios contemplativos. Fuera del aula sinodal había una notable presencia de personas venidas desde la Amazonía quienes organizaron diversos actos y actividades de apoyo al sínodo, procesiones, cantos, danzas... con un acompañamiento del Santo Padre desde la tumba de Pedro al aula sinodal. También llamó la atención la realización de un vía crucis de los mártires de la Amazonía, todo lo cual fue seguido por medios de comunicación internacionales. Los participantes pudieron hacerse eco de la dramática situación de destrucción que afecta a la Amazonía ante el grave riesgo de desaparición del territorio y de sus habitantes, especialmente de los pueblos indígenas. En esto hay que destacar que la selva amazónica es un corazón biológico para la Tierra, cada vez más amenazada, pues estamos viviendo una carrera desenfrenada que está llevando al planeta a una muerte lenta. Por estas razones, son muchas las voces que alertan de la necesidad de cambios urgentes que nos permitan tomar un nuevo derrotero para salvarla, habida cuenta de que científicamente venimos comprobando que la desaparición del bioma amazónico tendrá un impacto catastrófico para el planeta Tierra. En la etapa preparatoria, el caminar sinodal del pueblo de Dios involucró a toda la iglesia en el territorio, obispos, misioneros y misioneras, miembros de las iglesias de otras confesiones cristianas, laicos y laicas, y muchos representantes de los pueblos indígenas. La consulta inicial se inspiró en el Instrumentum Laboris, documento que destaca la importancia de la escucha de la voz de la Amazonía movida por el soplo del Espíritu Santo, con el grito de una tierra herida y de sus habitantes. Durante el proceso de consulta, se registró la participación activa de más de 87.000 personas pertenecientes a diversas ciudades y culturas distintas, incluidas las de numerosos grupos de otros sectores eclesiales, en las que hubo también aportaciones de académicos y organizaciones de la sociedad civil, particularmente en los temas más específicos y centrales que se trataron. La voz de la Amazonía estuvo representada por la voz y el sentir de los pastores participantes, en una experiencia de escucha atenta para discernir la voz del Espíritu que conduce a la Iglesia a nuevos caminos de evangelización. Con su presencia y diálogo intercultural de la región amazónica, en consecuencia, el documento final del sínodo se muestra como una invitación para preparar nuevos caminos de evangelización, pero también para el cuidado de la ecología, como hemos dicho, y todo ello sin olvidar a los más humildes y necesitados. Pues bien, en este contexto se muestra el interés del Papa por la Amazonía, razón por la que publicó la Exhortación Apostólica, como iniciativa que busca dar un nuevo impulso misionero en la región amazónica, al tiempo que quiere alentar el papel de los laicos en las comunidades eclesiales de la zona. Pasamos a analizarlo. Entrando ya en el contenido de la Exhortación, diremos que es un documento extenso al que deberíamos dedicar un tiempo para su lectura y la meditación personal. El texto se estructura en 111 puntos divididos en dos partes, la introducción, números 1 al 7, y la exposición, números 8 al 111, con cuatro capítulos que llevan por título los deseos del Papa en forma de sueños realizables. El primero, un sueño social. El segundo, un sueño cultural. El tercero, un sueño ecológico. Y el cuarto y último, un sueño eclesial. En la introducción, el Papa comienza diciendo que la querida Amazonía se muestra ante el mundo con todo su esplendor, su drama y su misterio. Y explica el sentido de esta exhortación llena de referencias a documentos de las conferencias episcopales de los países amazónicos, pero también a poemas de varios autores que están relacionados con la región amazónica. Hace hincapié en que desea expresar las resonancias que el sínodo ha provocado en él. Y precisa que no pretende sustituir ni repetir el documento final que nos invita a leer íntegramente, esperando que toda la Iglesia se deje enriquecer e interpelar por él y que la Iglesia de la Amazonía se comprometa en su aplicación. Francisco comparte sus sueños para la Amazonía, cuyo destino debe preocupar a todos, porque esta tierra también es nuestra tierra. Para ello, el Papa nos presenta esos cuatro grandes sueños que la Amazonía luche por sus derechos, los de los más pobres, preserve la riqueza cultural, custodie celosamente la abrumadora hermosura natural y, por último, que las comunidades cristianas sean capaces de entregarse y encarnarse en la Amazonía. En el capítulo primero, Un sueño social, el Papa busca que la Iglesia esté al lado de los oprimidos, destacando que un verdadero planteamiento ecológico es también un planteamiento social. Y si bien aprecia el buen vivir de los indígenas, advierte contra lo que llama el conservacionismo, que sólo se preocupa por el medio ambiente. En tonos vibrantes habla de injusticia y de crimen a la vez. Recuerda que Benedicto XVI ya había denunciado la devastación ambiental de la Amazonía. Los pueblos originarios, advierte, sufren el sometimiento tanto de los poderes locales como de los externos. Para el Papa, las operaciones económicas que alimentan la devastación, los asesinatos, la corrupción, merecen el nombre de injusticia y crimen. Y como Juan Pablo II reitera que la globalización no debe convertirse en un nuevo colonialismo. En consecuencia, el Papa pide que los pobres sean escuchados sobre el futuro de la Amazonía. Ante la injusticia, pide indignarse y que pidan perdón. Para Francisco son necesarias redes de solidaridad y desarrollo. Y llama al compromiso de todos, incluyendo a los líderes políticos. A partir de aquí, el Papa se detiene en el tema del sentido comunitario. Recuerden esto, que para los pueblos amazónicos, las relaciones humanas están impregnadas por la naturaleza circundante. Por esta razón, escribe, viven como un verdadero desarraigo cuando son obligados a emigrar a la ciudad. La última parte del capítulo, de este primer capítulo, está dedicada a las instituciones dañadas, al diálogo social. También, el Papa denuncia el mal de la corrupción que envenena al Estado y a sus instituciones. Y espera que la Amazonía se convierta en un lugar de diálogo social. En primer lugar, con los últimos. La de los pobres, advierte, ha de ser la voz más potente que haya en la Amazonía. En el capítulo segundo, un sueño cultural, el Papa sostiene que promover la Amazonía no significa colonizarla culturalmente. Con esta idea, utiliza una imagen que le es muy querida. Es el Cielo Amazónico en este caso, por lo que hemos de tener en cuenta, que en esta región amazónica existen muchos pueblos y nacionalidades. Y más de 110 pueblos indígenas en aislamiento voluntario. Su situación, por tanto, es muy frágil, y muchos sienten que los últimos depositarios de un tesoro que se encamina a la desaparición. La colonización, dice el Papa, ha llevado a algunos pueblos a perder los valores que los sostenían. Sus puntos de referencia han dado la raíz cultural que le daba una identidad y un sentido de dignidad. Han perdido la transmisión cultural de una sabiduría que durante siglos fue pasando de generación en generación. Los que quedan, tal vez, son tan variados como el territorio. Adaptados a la geografía y a sus posibilidades ciertas de supervivencia, de éxito. Basados en los recursos naturales. Eso sí, pescadores, cazadores, cultivadores... El Papa destaca el hecho de que estos pueblos, siendo diferentes entre sí, constituyen una riqueza que hay que saber proteger. Por esta razón, dice, es necesario luchar contra la colonización postmoderna. Para Francisco es urgente cuidar las raíces. Citando a Laudato si y a Christus vivit, subraya que la visión consumista del ser humano tiende a homogeneizar las culturas y esto repercute especialmente en los pueblos. Por esta razón, el Papa pide a los jóvenes de esta zona que se hagan cargo de las raíces, a fin de que recuperen la memoria dañada, en la idea de que puedan reconocer de manera explícita que hay algo más que una identidad étnica y que son depositarios de preciosas memorias personales, familiares y colectivas. La exhortación se centra, de esta forma, en el encuentro internacional con el ser cultural, rechazando un indigenismo que se mantenga cerrado en sí mismo. El Papa sostiene que las culturas supuestamente más evolucionadas de Occidente pueden aprender de los pueblos que han desarrollado un tesoro cultural en su unión con la naturaleza. De ahí la importancia de saber conservar esta diversidad cultural, que no puede ser una frontera, sino un puente que la une con el resto de culturas. La última parte del capítulo 2 está dedicada a las culturas amenazadas, a los pueblos en riesgo, que se ven amenazados por la economía globalizada que las daña. Por todo ello, en cualquier proyecto para la Amazonía, el Papa recomienda incorporar la perspectiva de los derechos de los pueblos y las culturas. Atendiendo al desarrollo de los pueblos y teniendo en cuenta el protagonismo necesario de los actores sociales de su propia cultura. Esto favorecerá el respeto a los pueblos de la Amazonía, a fin de evitarles un daño irreparable cuando se atenta contra el entorno en el que nacieron y en el que se han desarrollado. En el capítulo tercero, un sueño ecológico, el Papa trata sobre el cuidado del ambiente unido al de las personas, tal y como ya hizo en la encíclica Laudato si. Al introducir este tema, el Papa destaca que en la Amazonía existe una estrecha relación del ser humano con la naturaleza y esto nos lleva a apreciar que la existencia cotidiana es siempre cósmica. Dios es el creador de todo y busca que el hombre se abra confiadamente, no sólo al creador, sino al que él envió, a su hijo Jesucristo, con la misión de redimir a la humanidad para que retorne a la casa del Padre. Dios, por tanto, sigue cuidándonos y también cuida de la creación, en cuya tarea hemos de participar respetando a un tiempo la naturaleza y la ecología humana. Pues, dice el Papa, todo está conectado como se aprecia particularmente en la Amazonía. Hemos de cuidar a nuestros hermanos como el Señor cuida la creación, pues el cuidado de los hermanos es la primera ecología que necesitamos. Pero ambos, el cuidado del medio ambiente y el cuidado de los pobres, hemos de apreciarlos entonces como inseparables. En esto el Papa llama la atención sobre el sueño hecho de agua, pues el agua es la reina de la Amazonía, los ríos y arroyos son las venas, y toda forma de vida está determinada por el agua que recorre y vivifica todo. Citando a Pablo Neruda y a otros poetas locales que han escrito sobre la fuerza y la belleza del río Amazonas, el Papa comenta que sus poemas nos ayudan a liberarnos del paradigma tecnocrático y consumista que destroza la naturaleza. Y en esto concluye que sólo la poesía, con la humildad de su voz, podrá salvar a este mundo. Para el Papa es urgente escuchar el grito de la Amazonía, y nos recuerda que el equilibrio del planeta Tierra depende de la salud de la Amazonía, pues hay muchos intereses en juego, no sólo locales, sino también nacionales e internacionales. La solución en consecuencia no es buscar la internacionalización de la Amazonía, sino que hemos de ejercitar y hacer crecer la responsabilidad de los gobiernos nacionales, pues todo desarrollo sostenible requiere que los habitantes de estas tierras estén en todo momento informados de los proyectos que les conciernen. Ellos esperan que los organismos internacionales y organizaciones de la sociedad civil que pretenden cooperar con la Amazonía lo hagan sin presión, cumpliendo los límites que impone la preservación del ambiente y de los recursos naturales que tiene toda esta zona, aportando convenientemente un sistema normativo que imponga, dice el Papa, límites infranqueables. Es por ello que el Papa plantea lo que llama la profecía de la contemplación, profecía como necesaria para ser capaces de escuchar a los pueblos originarios de la Amazonía y que lleguemos a amarla, no sólo a utilizarla. El Papa sostiene que podemos encontrar en estas regiones lugares teológicos en los que el mismo Dios se nos unirá. El Papa nos muestra y sigue convocando a sus hijos. Para ello nos hace una llamada la educación de los hábitos ecológicos, destacando que la ecología no es una cuestión técnica para la explotación de los recursos, sino que requiere también la implicación de la Iglesia y de los fieles en todos los aspectos educativos. Esta educación es la que nos permitirá el desarrollo de los nuevos hábitos en los hams, los ámbitos en que nos estamos moviendo, personal, comunitario, nacional, a fin de que sepamos abandonar esa cultura del descarte que tenemos tan arraigada y que seamos capaces de corregir los efectos de un consumismo desmedido. El Papa concluye el tercer capítulo diciendo que la Iglesia, con su larga experiencia espiritual y su renovada conciencia sobre el valor de la creación, con su preocupación por la justicia, con su opción por los últimos, con su tradición educativa y con su historia de encarnación en culturas tan diversas en todo el mundo, también quiere aportar al cuidado y al crecimiento de la Amazonía. En el capítulo cuarto, un sueño eclesial, el más extenso y pretencioso, el Papa se dirige directa y particularmente a los pastores y a todos los fieles católicos, invitándonos a caminar con los pueblos de la Amazonía. Quiere que seamos capaces de desarrollar una Iglesia con rostro amazónico por medio de un gran anuncio misionero. Este anuncio es, dice el Papa, un anuncio indispensable en la Amazonía, pues no podemos renunciar a la propuesta de fe que recibimos del Evangelio con el que se identifican también estos pueblos. El Papa nos recuerda que el querigma y el amor fraterno conforman esa gran síntesis del Evangelio que no puede dejar de ser propuesta en esta región. Entiende que no es suficiente llevar un mensaje social, pues estos pueblos tienen derecho al anuncio del Evangelio. Esta es la tradición milenaria que testimonia la acción divina, por lo que la Iglesia tiene la misión de mantener vivo el fuego más que conservar sus cenizas. Así lo recordó San Juan Pablo II al dirigirse a los indígenas del continente americano cuando dijo Una fe que no se haga cultura es una fe no plenamente acogida, no totalmente pesada, no fielmente vivida. De lo contrario, cada estructura eclesial se convertirá en una ONG. Al contrario, la parte sustancial de nuestro esfuerzo debe dedicarse a la inculturación, un proceso que lleva a la plenitud, a la luz del Evangelio, tal y como lo indicó la Constitución Pastoral Gaudium et Spes en el Concilio Vaticano II. Pero el Papa mira más profundamente, señalando ya los caminos de inculturación en la Amazonía. Los valores presentes en el estilo de vida de las comunidades originarias, dice el Papa, deben ser recuperados y sostenidos en la evangelización, pues estos pueblos conservan sus riquezas precolombinas, tales como la apertura a la acción de Dios, el sentido de la gratitud por los frutos de la tierra, el carácter sagrado de la vida humana y la valoración de la familia, el sentido de solidaridad y la corresponsabilidad en el trabajo común. La importancia de lo cultural, la creencia en una vida más allá del eternal y tantos otros valores. Y todo ello sin olvidar que todas las criaturas del universo material encuentran su verdadero sentido en el Verbo Encarnado, porque el Hijo de Dios ha incorporado en su persona parte del universo material, donde ha introducido un germen de transformación definitiva, dice el Papa, en cuya realidad está misteriosamente presente el mismo que está presente en la Eucaristía y asume los elementos del mundo para dar a cada uno el sentido del don pascual. El Papa comenta la necesidad de la inculturación social y espiritual a la vez. Dada la pobreza de tantos habitantes de la Amazonía, la inculturación debe tener un perfume marcadamente social que tenga en cuenta una firme defensa de los derechos humanos y que a la vez haga brillar el rostro de Cristo, quien ha querido identificarse con ternura especial con los más débiles y pobres. Y esto requiere una adecuada formación de los agentes pastorales en materia de doctrina social de la Iglesia. La importancia de este aspecto radica en que los más pobres no necesiten ir a buscar fuera de la Iglesia una espiritualidad que responda a los anhelos de su dimensión trascendente. De ahí que, repite, las dimensiones sociales y espirituales deben caminar unidas. El Papa nos indica los puntos de partida para una santidad amazónica, que no deben ser los modelos de otros lugares. En esto el Papa destaca que no debemos apresurarnos en calificar de superstición o de paganismo algunas expresiones religiosas que surgen espontáneamente de la vida de los pueblos indígenas, pues es posible recoger de alguna manera un símbolo indígena sin calificarlo necesariamente de idolatría. Y añade que un mito cargado de sentido espiritual puede ser aprovechado y no siempre considerado un error pagano, aunque requiera, eso sí, un proceso de purificación o de maduración. Se trata, en definitiva, de aplicar dice el Papa, una espiritualidad centrada en el único Dios y Señor, pero al mismo tiempo capaz de entrar en contacto con las necesidades cotidianas de las personas que procuran una vida digna, esas que quieren disfrutar de las cosas bellas de la existencia, que quieren encontrar la paz y la armonía, que quieren resolver las crisis familiares, curar sus enfermedades y ver a sus hijos crecer felices. Seguidamente, el Papa vuelve a hablar de la inculturación, pero esta vez de la liturgia. Aprecia que los pueblos amazónicos tienen en los sacramentos un camino de especial valor porque en ellos se une lo divino y lo cósmico, la gracia y la creación. De ahí que nuestra preocupación por el ambiente en la Amazonía también nos orienta a ser custodios de todo lo creado, sin negar las expresiones autóctonas ni sus danzas, sus ritos, sus gestos y símbolos como lo pidió en su día el Concilio Vaticano II. Por ello, se impone la necesidad de hacer un esfuerzo de inculturación de la liturgia en los pueblos indígenas que está pendiente de desarrollar después de más de 50 años. El Papa finalmente recuerda que la liturgia debe hacer cercano a Dios que llega con su misericordia a curar y a fortalecer a sus hijos, razón por la que debe ser accesible sobre todo para los más humildes, los pobres, sin que se les pueda negar el acceso por cuestiones económicas. Y en esto el Papa quiere implicar a los obispos de la región amazónica para que envíen misioneros a estos pueblos necesitados de guía y de luz. En esto entiende que la Iglesia debe dar una respuesta que atienda la inmensa extensión territorial con muchos lugares de difícil acceso, de gran diversidad cultural, de serios problemas sociales y la propia opción de algunos pueblos de recluirse. Para ello, el Papa cree que debe garantizarse una mayor frecuencia de la celebración de la Eucaristía. Y a este respecto, reitera, es importante determinar qué es lo más específico del sacerdote. La respuesta no es otra, está en el Sacramento del Orden que habilita sólo al sacerdote para presidir la Eucaristía. En esto el Papa aprecia que en las circunstancias específicas de la Amazonía, de manera especial en sus selvas y lugares más remotos, hay que encontrar un modo de asegurar que ese ministerio sacerdotal pueda atenderlos. Los laicos podrán anunciar la Palabra, enseñar, organizar sus comunidades, celebrar algunos sacramentos, buscar distintos cauces para la piedad popular y desarrollar la multitud de dones que el Espíritu derrama sobre ellos. Pero necesitan la celebración de la Eucaristía porque es ella, la Eucaristía, la que hace la Iglesia. Es por esto que exhorta a todos los obispos, especialmente a los latinoamericanos, a ser más generosos, orientando a aquellos que muestran una vocación misionera para que elijan la Amazonía, invitándolos después a revisar los contenidos de la formación de los sacerdotes con apoyo permanente a esos que decidan integrarse en estas tareas misioneras. El Papa analiza seguidamente las comunidades que están repletas de vida, estas que están en la Amazonía. Aprecia que siendo la Eucaristía el sacramento que significa y realiza la unidad de la Iglesia, el que presida debe acoger esa múltiple riqueza de dones y carismas que el Espíritu derrama en la comunidad. Sostiene por ello que en la Amazonía los diáconos y los laicos deberían ser muchos más, acogiendo las responsabilidades importantes para el crecimiento y maduración de las comunidades, eso sí, siempre con un acompañamiento adecuado. En esto indica que se hace necesario un proceso de formación y de preparación tanto bíblica como doctrinal, espiritual y práctica pastoral, con diversos caminos de formación permanente. Para ello entiende que hay que contar con el protagonismo de los laicos, esos líderes maduros y dotados de autoridad, que conozcan las lenguas, las culturas, la experiencia espiritual y el modo de vivir en comunidad de cada lugar, y que sepan dejar, eso sí, espacio a la multiplicidad de dones que el Espíritu Santo siembra en todos los fieles. De esta forma, reitera el Papa, la Iglesia podrá responder al esfuerzo especial que nos exigen los desafíos de la Amazonía, lo cual nos permitirá lograr una presencia capilar con el protagonismo de los laicos. Con todo, el Papa alienta a las almas consagradas y a las comunidades de base comprometidas al tiempo que recuerda la actividad de la REPAN y de estas organizaciones institucionales y también de los equipos misioneros itinerantes, cuyos proyectos deben consolidarse en toda la cuenca amazónica para que puedan quedar atendidas todas las periferias, particularmente las familias más desfavorecidas. El Papa destaca también el don de las mujeres. Reconoce que durante siglos las comunidades se han mantenido gracias a esas mujeres entregadas al servicio de la comunidad, porque han sido bautizadoras, catequistas, rezadoras, misioneras, todas ellas impulsadas por la acción del Espíritu Santo. Pero en esto el Papa deja claro que no podemos caer. En resolver sólo las estructuras funcionales, otorgando a las mujeres el acceso al orden sagrado, pues esto nos orientaría a clericalizar a las mujeres, lo cual disminuiría la importancia de su entrega. Para el Papa, entonces, la ordenación de las mujeres debe ser rechazada, aceptando, eso sí, la contribución, según el modo femenino, que prolonga la fuerza y la ternura de María. Pero sí que alienta el surgimiento de otros servicios y carismas femeninos que respondan a las necesidades específicas de los pueblos amazónicos. Y en esto siempre con el reconocimiento público de los obispos y según las necesidades de cada comunidad. Es por ello que el Papa propone ampliar horizontes más allá de los conflictos. Entiende que la verdadera respuesta a los desafíos de la evangelización está en la superación de los conflictos que presentan las distintas visiones pastorales que hay en la Amazonía. Para lo cual es esencial el diálogo. Y una mayor creatividad y una mayor generosidad buscando nuevos caminos más amplios y audaces de inculturación. En los últimos puntos del capítulo, de la exhortación ya, el Papa trata el tema de la convivencia ecuménica e interreligiosa. En esto invita a todos los creyentes a encontrar espacios para conversar y para actuar juntos por el bien común y la promoción de los más pobres. Enriqueciéndonos así con la luz del Espíritu Santo para luego enriquecer a los otros. Perseveremos en los momentos compartidos de oración y en dar a conocer las Sagradas Escrituras, aunque a veces encontremos el rechazo de algunos. Y cierra el capítulo así. Todo esto nos une. ¿Cómo no luchar juntos? ¿Cómo no orar juntos y trabajar codo a codo? ¿Para defender a los pobres de la Amazonía? ¿Para mostrar el rostro santo del Señor y para cuidar de su obra creadora? Pues bien, tras compartir estos sueños, el Papa concluye la exhortación apostólica alentándonos a avanzar en caminos concretos que permitan transformar la realidad de la Amazonía y a liberarla de los males que la aquejan. Y nos pide finalmente que levantemos la mirada a la Virgen María, la Madre de Cristo, la Madre que nos dejó, Madre de todos, quien se manifiesta también en la Amazonía de distintas maneras. Y reconoce que los indígenas se encuentran vitalmente con Jesucristo por muchas vías, pero el camino mariano ha contribuido más a este encuentro. Y reconoce que los indígenas se encuentran vitalmente con Jesucristo por muchas vías, pero el camino mariano ha contribuido más a este encuentro. El Papa, ante la maravilla de la Amazonía que hemos descubierto cada vez mejor en la preparación y en el desarrollo del sínodo, culmina la exhortación con esta oración dirigida a la Virgen María. Madre de la vida, en tu seno materno se fue formando Jesús, que es el Señor de todo lo que existe, resucitado. Él te transformó con su luz y te hizo reina de toda la creación. Por eso te pedimos que reines, María, en el corazón palpitante de la Amazonía. Muéstrate como Madre de todas las criaturas, en la belleza de las flores, de los ríos, del gran río que la atraviesa, y de todo lo que vibra en sus selvas. Cuida con tu cariño esa explosión de hermosura. Pide a Jesús que derrame todo su amor en los hombres y en las mujeres que allí habitan, para que sepan admirarlos. Admirarla y cuidarla. Haz nacer a tu Hijo en sus corazones, para que Él brille en la Amazonía, en sus pueblos y en sus culturas, con la luz de su Palabra, con el consuelo de su amor, con su mensaje de fraternidad y de justicia. Que en cada Eucaristía se eleve también tanta maravilla para la gloria del Padre. Madre, mira a los pobres de la Amazonía, porque su hogar está siendo destruido por intereses mezquinos. Cuánto dolor y cuánta miseria. Cuánto abandono y cuánto atropello en esta tierra bendita, desbordante de vida. Toca la sensibilidad de los poderosos, porque aunque sentimos que ya es tarde, nos llamas a salvar lo que todavía vive. Madre del corazón traspasado, que sufres en tus hijos ultrajados y en la naturaleza herida, reina tú en la Amazonía junto con tu Hijo. Reina, para que nadie más se sienta dueño de la Obra de Dios. En ti confiamos, Madre de la Vida, no nos abandones en esta hora oscura. Amén. Muy bien, pues concluido. Con el análisis de la exhortación apostólica pasamos a nuestra pequeña reflexión de hoy que nos lleva a las virtudes teologales. Para ello seguimos las enseñanzas del catecismo, teniendo muy presente que el catecismo contiene enseñanzas del magisterio y por tanto son enseñanzas doctrinales también de primer orden. Hoy continuamos con la virtud de la caridad y nos centramos en los siguientes puntos del catecismo apostólico. Número 1825 Cristo murió por amor a nosotros cuando éramos todavía enemigos. El Señor nos pide que amemos como Él hasta a nuestros enemigos, que nos hagamos prójimos del más lejano, que amemos a los niños y a los pobres como a Él mismo. Son citas varias a Romanos y a Mateo y a Lucas. El apóstol San Pablo ofrece una descripción incomparable de la caridad, dice así La caridad es paciente, es servicial. La caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe, es decorosa. No busca su interés, no se irrita. No toma cuenta del mal. No se alegra de la injusticia, se alegra con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Es una cita a primera carta de Corintios número 13. Y el número 1826 dice así Si no tengo caridad, dice también el apóstol, nada soy. Y todo lo que es privilegio, servicio, virtud misma, si no tengo caridad, nada me aprovecha. La caridad es superior a todas las virtudes. Es la primera de las virtudes teologales. Citando a San Pablo, dice así Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad. Cita a primera Corintios 13. Muy bien, pues a modo de conclusión del programa de hoy, diré que la preocupación del Papa por la Amazonía se enmarca en esa amplia extensión que abarca toda la región en el planeta. Lo que plantea soluciones que han de ser distintas a las de otras regiones, sin que podamos hacer una adaptación similar o parecida a las pastorales que ya funcionan en otras zonas de la Tierra. El problema de la Amazonía se ve ampliado por la influencia que reciben de otras religiones, incluso de sectas que buscan aprovecharse de la debilidad de los pueblos apartados de los núcleos urbanos más importantes. En consecuencia, la novedad del Papa Francisco es la petición de que los obispos de las zonas limítrofes, también los de la Amazonía, claro, se impliquen en favorecer una mayor participación de misioneros que permita superar las carencias de pastores que tienen estas comunidades cristianas. Todo ello revitalizando los principios de la evangelización basados siempre en la tradición y en la inculturación cristiana. De esas tradiciones locales y regionales. En la exhortación vemos una vez más que aparecen las claves esenciales del acompañamiento espiritual necesario, lo cual nos confirma que es un camino de perfección al que pueden acceder todos los fieles, incluidos los sacerdotes, para cuya tarea es muy recomendable pues haber vivido antes esa experiencia de haber sido acompañado. Sólo así será posible la dinámica que requiere la experiencia en el discernimiento, la formación espiritual y la escucha, la distinción del bien sobre el mal y la atención específica de las familias más desfavorecidas. Es así como obra la gracia, es así como obra el Espíritu Santo en la Iglesia. En este camino siempre hay contrariedades y luchas que superar, pero como bien subraya el Papa, con la ayuda de la gracia de Dios, por la oración y la escucha atenta de las Sagradas Escrituras, con la Eucaristía podremos superarlas. Y esto nos afecta a todos, pues nuestra oración también puede colaborar al éxito de la evangelización de los pueblos de la Amazonía. La exhortación es, pues, una invitación para que tomemos buena conciencia de la gran necesidad que tiene la Amazonía ante la amenaza que supone la explotación de las riquezas naturales. Se hace necesaria una intervención internacional que ayude a estos pueblos a conservar sus derechos culturales e históricos, pero con respeto pleno a la posesión de las tierras, esas tierras que los han sustentado durante largos siglos. Dejemos entonces que la gracia de Dios siga haciendo su obra en los fieles de esta cuenca amazónica, para que pueda aparecer allí también el rostro de Cristo, con el que nos unimos todos por medio de la oración y sobre todo por la participación en la Eucaristía. Sólo así será posible que crezca el cuerpo místico de Cristo y con ello se apreciente la gloria de Dios. en el mundo actual. Avivemos pues nuestra vida de oración. Acudamos cada día ante el Santísimo Sacramento y permanezcamos en adoración y en silencio. Busquemos un rato cada día para estar en su presencia. Pongamos ante el Señor las necesidades de toda la humanidad con confianza plena y con la esperanza de alcanzar los bienes espirituales que nos ha prometido y sobre todo practicando la caridad con los más necesitados. Sigamos entonces el ejemplo y las enseñanzas del fundador de la oración nocturna española, el Venerable Luis de Trelles, quien decía así por el año 1885. Dos son por lo general las causas de que la oración no tome esta senda de perfección cristiana que sería capaz de convertir al mundo. La falta de meditación en ello y la falta de fe en toda la extensión de la palabra. Falta de meditación, decimos, porque no se profundiza, no se estudia bien una materia tan importante y trascendental. Muy bien, pues hoy en las Vísperas de la Solemnidad de los Apóstoles San Pedro y San Pablo terminamos recordando la necesidad que tenemos todos de colaborar en la evangelización del mundo, con la oración y, como no, con nuestro testimonio de vida, asumiendo esas obras de caridad que el Señor nos pide en nuestros ambientes y en nuestras tareas cotidianas, confiando en que algún día seamos merecedores de la vida bienaventurada. Esa es la esperanza, pues que la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, nos guíe en el camino de santidad que ella ya ha recorrido y del que goza eternamente junto a Jesús. Recordamos una vez más que la oración del Rosario prepara la tierra, nuestra tierra, para que podamos recibir nuevas gracias. Solo así podremos dar frutos espirituales abundantes, tanto en la floración, decimos, de las virtudes como en el servicio a los hermanos. Que nuestro honesto y coherente testimonio sea motivo suficiente para despertar la admiración de los que nos observan. Con ello vamos exhortándolos y animándolos a su propia conversión. Esta es nuestra misión evangelizadora. Y para ello hemos de formarnos en todo momento para estar cada vez mejor preparados. Muy bien, pues damos por concluido el programa. Nuestro próximo programa ya será en octubre, cuando empecemos el nuevo curso. Vamos a seguir analizando tres documentos magisteriales del Papa que nos quedan por ver. Comenzaremos con la encíclica Fratelli Tutti. De octubre de 2020 sobre la fraternidad y la amistad social. Seguiremos reflexionando sobre nuevos aspectos de las virtudes teologales. Y nos quedarán dos exhortaciones posteriormente ya. La Laudate Deum de 4 de octubre de 2023 sobre la crisis climática. Y la exhortación apostólica Sela Confianz de 15 de octubre de 2023 sobre la confianza en el amor misericordioso de Dios, escrita con motivo del 150 aniversario del nacimiento de Santa Teresa del Niño Jesús. Vale, pues hasta aquí. Ya están abiertos los micrófonos, los teléfonos, perdón, que podéis llamar al número 910607093 en el que hagáis vuestras vuestras preguntas o hagáis un eco siquiera del programa. No tengáis vergüenza, que para esto no hay que tener vergüenza. Os espero unos minutos. Venga. A ver si sois capaces alguno de contactar. Siquiera para hacer un eco de cómo va funcionando el tema. Alguno que quiera hacer un comentario o que diga pues no me no me termina de convencer por esto y por lo otro. Hacen falta opiniones para para poder poner en práctica luego correcciones. Si no contáis vuestra experiencia, vuestra recepción, difícilmente puedo tener conciencia yo de cómo va la cosa. Si está aprovechando, si es conveniente o sugerente el cambiar algo, el hacerlo más breve, el no entrar en tanta materia. Yo que sé, cada uno puede dar su opinión. Yo para el año que viene sí que os puedo anticipar que me estoy planteando el hacer de vez en cuando algún programa, algún programa que sea más participativo. Es decir, que al menos dos o tres personas podamos entrar en diálogo y que sea un coloquio que sea como en lugar de hacer una presentación expositiva, pues que sea un coloquio que nos permita también interactuar en la palabra. Hacerlo un poquito más dinámico, más anímico y más vivo, más sencillo. Porque a veces de una pregunta que puede hacer un participante, se me abren a mí luces para dar a conocer cosas que a lo mejor quedan digamos que ocultas. No le doy la importancia que tiene. Y es bueno que haya participación incluso del que no tiene, os lo digo sinceramente, incluido el que no tenga ni idea. Bueno, pues gracias por vuestra atención y hasta el próximo programa de acompañamiento espiritual. Un abrazo a todos. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.
Las virtudes teologales (VI). #27
Fecha: viernes, 20 de junio de 2025, a las 21:00:00
Duración: 58:48
Transcripción de Episodio 27. Francisco.- Exh. Ap. 'Christus vivit' (2019), sobre la fe y el discernimiento de los jóvenes.
Buenas noches a los que me escucháis. Os habla Javier Cebrián, vocal de Formación Espiritual del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed todos bienvenidos al programa Acompañamiento Espiritual de Radio Lavendé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios. Bien sabemos que esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior, el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues solo Cristo es la cabeza de la Iglesia de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. Y buscamos la unión con el Espíritu Santo, no solamente para vivir mejor o más confiados, sino, sobre todo, para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa que celebramos el pasado 4 de octubre de 2024, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo a fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Hoy, en nuestra oración, pedimos por el Papa y los Obispos para que el Espíritu Santo los guíe en el gobierno y administración de la Iglesia, y en cada momento de la oración, pedimos a la unidad con Cristo, verdadero Dios, y pastor del rebaño, sumo y eterno sacerdote. Pedimos, también, por todas las necesidades de la Iglesia, las de todos los Pueblos de la Tierra, las de todos los hombres, especialmente las de aquellas personas que se nos han encomendado, particularmente por nuestros familiares, amigos y bienhechores. Invocamos. Llena los corazones de tus fieles y encienden ellos al fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados, y renovarás la paz de la tierra. Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que guiados por el mismo Espíritu sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos ya en materia. Bienvenidos a la serie de programas en los que vamos analizando cronológicamente los documentos más importantes del magisterio del Papa Francisco. Son siete exhortaciones apostólicas y tres encíclicas más que se añaden a la Dilexit Nos que vimos al final de la anterior serie de programas sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. En el anterior programa analizábamos la exhortación apostólica Gaudete et Exsultate. De 19 de marzo de 2018 sobre la santidad en el mundo actual. Y seguidamente reflexionábamos sobre algunos aspectos de las virtudes teologales. En el programa de hoy vamos a analizar la exhortación apostólica Christus Vivit. De 25 de marzo de 2019 sobre la fe y el discernimiento de los jóvenes. Y seguidamente reflexionaremos sobre la fe y el discernimiento de los jóvenes. Y sobre nuevos aspectos de estas virtudes teologales. Comenzaremos recordando que el pontificado del Papa Francisco abarca un total de 12 años, desde 2013 a 2025. Jorge Mario Bergoglio fue elegido Papa el 13 de marzo de 2013 tras la renuncia de su predecesor, el Papa Benedicto XVI. Fue el primer pontífice originario de las Américas. Y el primer Papa perteneciente. Y el primer Papa perteneciente a la Compañía de Jesús, fundada en 1540 por San Ignacio de Loyola, falleció el pasado 21 de abril de este año 2025, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo. Que descanse en la paz de Dios. Recordaremos también que una exhortación apostólica es un documento oficial del Magisterio y que, aunque no es de primer orden, es un documento oficial de la Iglesia. Que descanse en la paz de Dios. Y el primer Papa perteneciente a la Compañía de Jesús, fundado en 1540 por San Ignacio de Loyola, falleció el pasado 21 de abril de este año 2025, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo. Y el primer Papa perteneciente a la Compañía de Jesús, fundado en 1540 por San Ignacio de Loyola, falleció el pasado 21 de abril de este año 2025, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en el año jubilar abierto por él mismo. Goza de una autoridad pastoral significativa. Está dirigida a todos los fieles católicos y busca animar, instruir o guiar acerca de un tema específico. Es, pues, un texto para la reflexión y la puesta en práctica de las enseñanzas de la Iglesia sobre el asunto que trata. Las exhortaciones apostólicas se suelen presentar al final de un sínodo de los obispos, como ocurre en este caso. El Papa Francisco promulgó la exhortación apostólica Christus vivit, vive Cristo, el 25 de marzo de 2019, en su séptimo año de pontificado. La exhortación es su sexto documento magisterial y se presentó oficialmente el 2 de abril de 2019, tras la celebración de la decimoquinta Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrado en octubre de 2018, y que tuvo como lema, los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. El texto es una invitación. Es una invitación a la búsqueda de la propia vocación de los jóvenes, del papel de cada joven, hombre o mujer, del papel que ha de tener en su vida cuando se incorpora a la sociedad, la cual debe orientarse con valores cristianos en aras de una búsqueda colectiva del bien común. Para el Papa Francisco es importante la vocación de los jóvenes, pues son los hombres y mujeres del mañana. Considera que es muy necesario que la Iglesia... cuente con una juventud bien formada en valores, pues esto resulta imprescindible para que podamos afrontar los retos del futuro, incluso en la sociedad, en la que se insertarán y colaborarán para el bien común de los pueblos. Observando la sociedad actual, reconocemos a los hombres y mujeres que hace unas décadas éramos jóvenes. Todos nosotros fuimos formados en valores cristianos. De ahí la importancia que tiene una buena formación. Es por ello que la exhortación se dirige especialmente a los jóvenes, pero también está dirigida a todos los fieles y muy particularmente a cuantos participan en la formación de esos jóvenes en la actualidad. Todos los implicados en la educación juvenil debemos preguntarnos si contamos con la formación adecuada para la educación juvenil. Para enseñarlos, y si no es así, procurar madurar más y mejor en la vivencia cristiana para que, consolidando los valores espirituales que recibimos en su día, seamos capaces de transmitirlos con fidelidad al Evangelio sin consentir que estos valores sean modelados por la influencia del mundo, por sus pasiones y tentaciones. Y en este contexto se muestra el interés del Papa por las vocaciones. Razón por la que publicó esta exhortación apostólica, Christus Vivit, que vamos a analizar seguidamente. Pues bien, entrando ya en el contenido de la misma, diremos que es un documento extenso al que deberíamos dedicar un tiempo para su lectura y la meditación personal. El texto se estructura en 299 puntos divididos en dos partes. La introducción, números 1 al 4, y la exposición, números 5 al 299, con 9 capítulos que llevan los siguientes títulos. Primero. ¿Qué dice la Palabra de Dios sobre los jóvenes? Segundo. Jesucristo, siempre joven. Tercero. Ustedes son el ahora de Dios. Cuarto. El gran anuncio para todos los jóvenes. Quinto. Caminos de juventud. Sexto. Jóvenes con raíces. Séptimo. La pastoral de los jóvenes. Octavo. La vocación. Noveno. El discernimiento. En la introducción, el Papa comienza diciendo que Cristo es nuestra esperanza. y Él es la más hermosa juventud de este mundo. Todo lo que él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida. Entonces, las primeras palabras que quiero dirigir, dice el Papa, a cada uno de los jóvenes cristianos son, Él vive y te quiere vivo. Cristo está en cada uno y nunca se va, aunque a veces somos nosotros los que nos alejamos, pero lo importante es que el resucitado siempre llama de nuevo y espera que volvamos a empezar, a pesar de la tristeza, los rencores, los miedos, las dudas o los fracasos. Dice el Papa, Él estará allí para devolverte la fuerza y la esperanza. Como ya hemos mencionado, las reflexiones que propone a todos los fieles, especialmente a los jóvenes, son fruto de los diálogos del sínodo, teniendo en cuenta las aportaciones de aquellos que participaron en el proceso sinodal, incluidas algunas opiniones y preguntas de jóvenes no creyentes. En el capítulo primero, a la luz de la palabra de Dios, el Papa menciona algunos textos que nos ayudan a entender la verdad. Los textos nos indican que, aunque los jóvenes contaban poco en la antigüedad, Dios ya miraba con otros ojos. Tal fue el caso de José, el más pequeño de la familia, cita Génesis 37, al que Dios comunicaba grandes cosas en sueños, con lo que era capaz de superar a todos sus hermanos cuando sólo tenía 20 años. Cita a Génesis 37. Con varios ejemplos tomados de la antigüedad. En el Nuevo Testamento, Samuel, el rey David, Salomón, y otro más tomado del Nuevo Testamento, el hijo pródigo, el Papa percibe que Jesús, el eternamente joven, quiere darnos un corazón siempre joven. Y nos hace ver que a Jesús no le caía bien que las personas adultas miraran despectivamente a los más jóvenes o los tuvieran a su servicio de manera despótica. Al contrario, a Jesús no le caía bien que las personas adultas miraran despectivamente a los más jóvenes o los tuvieran a su servicio de manera despótica. Al contrario, a Jesús no le caía bien que las personas adultas miraran despectivamente a los más jóvenes o los tuvieran a su servicio de manera despótica. Al contrario, a Jesús no le caía bien que las personas adultas miraran despectivamente a los más jóvenes o los tuvieran a su servicio de manera despótica. Al contrario, a Jesús no le caía bien que las personas adultas miraran despectivamente a los más jóvenes o los tuvieran a su servicio de manera despótica. Al contrario, a Jesús no le caía bien que las personas adultas miraran despectivamente a los más jóvenes o los tuvieran a su servicio de manera despótica. Al contrario, a Jesús no le caía bien que las personas adultas miraran despectivamente a los más jóvenes o los tuvieran a su servicio de manera despótica. En el capítulo segundo, el Papa nos presenta la juventud de Jesús, una etapa original estimulante de su vida que el propio Jesús vivió santificándola, y reflexiona sobre la vida de Jesús a la luz del Evangelio. El Papa aprecia que el Señor dio su vida en la plenitud de su juventud cuando tenía poco más de 30 años de edad. Con su vida pública vivió una gran luz, Mateo 4, sobre todo cuando se entregó en la cruz. Todo en la vida de Jesús es un signo de su misterio, cita al Catecismo número 515, y toda la vida de Cristo es misterio de redención, cita al Catecismo número 517. El Evangelio nos narra algunos acontecimientos de su adolescencia y juventud, el exilio, el regreso a Nazaret, su bautismo en el Jordán. Su bautismo, dice el Papa, fue motivo de la alegría y del beneplácito del Padre. Tú eres mi hijo amado. Lucas 3. Seguidamente vemos a Jesús en el templo, donde lo encontraron sus padres tras la pérdida a los que estaba sujeto. Vemos así que Jesús crecía no solo físicamente, sino que también experimentó un crecimiento espiritual, lo cual es un ejemplo para todos nosotros. El Papa percibe que no hay que pensar que Jesús fuera un adolescente solitario o un joven ensimismado. Es cierto que Jesús no era un joven retraído. Su relación con la gente era la de un joven que compartía toda la vida de una familia bien integrada en el pueblo. Pues nadie lo consideraba un extraño y vivía en una familia bien integrada en ese pueblo, ¿no? Esto es, se movía libre y gustosamente entre parientes y amigos. El Papa destaca también que Jesús nos ilumina a todos desde su propia juventud, compartiendo ...con las gentes de su tiempo. Él fue verdaderamente uno de vosotros y en él se pueden reconocer muchas notas de los corazones jóvenes. Cerca de él podemos beber del verdadero manantial que mantiene vivos nuestros sueños, nuestros proyectos, nuestros grandes ideales y que nos alcanza al anuncio de la vida que vale la pena. Nos lanza a ese anuncio de la vida que vale la pena. Por todo ello, dice el Papa, Cristo mismo es para nosotros la gran luz de esperanza y de guía en nuestra noche porque él es la estrella radiante de la mañana. Cita Apocalipsis número 22. La exhortación reconoce que la Iglesia tiene carencias, pero habiendo razones serias y respetables... ...escándalos sexuales y económicos, falta de preparación de algunos ministros ordenados que no conectan con los jóvenes, participación pasiva asignada a los jóvenes en la comunidad cristiana, falta de explicación de sus posiciones doctrinales y éticas frente a la sociedad, hemos de atender a los jóvenes de hoy, pues quieren una Iglesia que escuche y que no condene al mundo. El Papa dice así. Los jóvenes no quieren ver a una Iglesia callada y tímida, pero tampoco que esté siempre en guerra por dos o tres temas que la obsesión dice que le obsesionan, dice el Papa, pues para ser creíble ante los jóvenes a veces necesita recuperar la humildad y sencillamente escuchar, reconocer en lo que dicen los demás alguna luz que le ayude a descubrir mejor el Evangelio. Favoreciendo con ello incluso los derechos de las mujeres en los discursos eclesiales y reconociendo los errores del pasado. El Papa concluye este capítulo poniendo como ejemplo de jóvenes cristianos a varios santos como bien han sido reconocidos por la Iglesia, algunos de ellos mártires, San Sebastián, San Francisco de Asís, Santa Juana de Arco, el Beatro... El Papa Andrés Puyén, Santa Catalina Tecahueta, Santo Domingo Sabio, Santa Teresa del Niño Jesús, el Beato Isidoro Bacanja, el Beato Pierre Giorgio Frassati, el Beato Marcelo Calle, o la joven Beata Chiara Badano. En el capítulo tercero, el Papa hace un balance de los pros y los contras que tenemos hoy en la Iglesia. Explica que el sínodo reconoció que los fieles de la Iglesia no siempre tienen la actitud de Jesús con los jóvenes. Lo cual nos indica que no podemos limitarnos a decir que los jóvenes son el fruto, el futuro del mundo, pues los jóvenes son el futuro bienvenido. Los jóvenes son el presente, lo enriquecen con su aportación. En consecuencia, hemos de abandonar las respuestas preparadas afectando las preguntas de estos jóvenes con su novedad y su provocación, pues los adultos corremos el riesgo de encasillar, de hacer listas de defectos de la juventud de nuestro tiempo. El resultado de esta actitud nos lleva a una distancia cada vez más. En esto reconoce que hemos de estar atentos a la mirada de Dios Padre, que es capaz de valorar y alimentar las semillas de bien sembradas en los corazones de los jóvenes. El corazón de cada joven debe, por tanto, ser considerado tierra sagrada, portador de semillas de vida divina, ante quien debemos descalzarnos para poder acercarnos. Y profundizar en el misterio. El Papa seguidamente comenta que el progreso del mundo actual ha llevado a los jóvenes a una exposición al sufrimiento y a la manipulación. Algunos viven en contextos de guerra y padecen la violencia muy variada. Secuestros, extorsiones, crimen organizado, trata de seres humanos, esclavitud, explotación sexual. Estupros, de guerra, etc. Y en estas situaciones de marginación y exclusión social que nos presenta la sociedad, ya sea por razones religiosas, étnicas, económicas, embarazo no deseado, aborto, difusión del virus VIH, SIDA, adicción a las drogas, juegos de azar, pornografía... Los jóvenes solo pueden experimentar... el dolor y la desafección, lo cual dificulta la dimensión educativa y cultural, y esto afecta enormemente a la transmisión de la fe. Tema importante es también la sexualidad de los jóvenes, pues es esencial para su vida en el camino de crecimiento de su identidad. En esto, el Papa aprecia que el mundo enfatiza excesivamente la sexualidad. Con lo que se hace difícil para los jóvenes mantener una buena relación con el propio cuerpo y vivir serenamente las relaciones afectivas. Y opina que por esta razón y por otras, la moral sexual suele ser muchas veces causa de incomprensión y de alejamiento de la iglesia ya que se percibe como un espacio de juicio y de condena. De otra parte, ante los avances de la ciencia y las teorías de la Iglesia, el Papa parece que es la única cosa que se puede entender en el mundo... y ella tiene que crewar sin entrar al mundo, no le puede. En las tecnologías biomédicas que inciden sobre la percepción del cuerpo, el Papa advierte del peligro de que nos hagan olvidar que la vida es un don, que somos seres creados ilimitados, que podemos ser fácilmente explotados por los que tienen el campo tecnológico bajo su control. Con todo, el Papa aprecia que es Jesús el que se hace presente en las cruces de todos los jóvenes para ofrecerles su amistad, su alivio, su compañía sanadora, y la Iglesia quiere ser un instrumento que facilite la restauración interior y la paz del corazón. Pero no todo es negativo. También percibimos en los jóvenes el deseo de Dios, el sueño de la fraternidad. El sueño de la fraternidad es el deseo de la fraternidad. El deseo de que se service a los demás, la sensibilidad artística, la armonía con la naturaleza, la necesidad de comunicar, el deseo de avanzar en la realización personal. Y de esto ha tratado el sínodo, especialmente de tres temas de suma importancia de las que el Papa se hace eco. La influencia actual de las redes sociales, que pueden volverse inhumanas porque impiden la reflexión personal. El fenómeno de la migración como paradigma de nuestro tiempo, que los aparta de sus raíces familiares y de su cultura nativa, y la necesidad de una lucha permanente contra todo tipo de abuso, tanto interno como externo, a la Iglesia, con total valentía y sincero empeño. El Papa concluye este capítulo exhortándonos a realizar con respeto y con serenidad. Un examen de la propia realidad juvenil más cercana, a fin de poder discernir los caminos pastorales más adecuados para cada situación, porque cada Iglesia tiene su propia situación. Con el ejemplo de la vida de Carlos Acutis, el Papa nos anima a transmitir el Evangelio usando las nuevas técnicas de comunicación, a fin de transmitir nuestros valores y su belleza, cada cual, con las semillas que el Señor ha sembrado en su corazón. En el capítulo cuarto, el Papa pone el énfasis en tres grandes verdades que todos necesitamos escuchar siempre, una y otra vez, verdades que también deben conocer los jóvenes. La primera verdad es que Dios es amor. Y por lo tanto, no hay que dudar nunca. Que Dios te ama y, en consecuencia, a pesar de las malas experiencias que hayas tenido, puedes arrojarte con seguridad en los brazos de tu Padre Divino, de ese Dios que te ha dado la vida. El Papa en esto afirma que Dios es amor, no es un disco duro que registra y archiva todos nuestros datos. Su memoria es un corazón compasivo que se alegra al borrar deformadamente. La segunda verdad es que Dios es amor. En definitiva, los rastros de nuestro pecado, de nuestro mal hacer. Es un amor que no aplasta, un amor que no margina, que no se calla, un amor que no humilla ni avasalla. De ahí la necesidad que tenemos cada día para quedarnos un momento en silencio, dejándonos en sus brazos de amor. La segunda verdad es que Cristo te salva. Por esto, nunca te vas a olvidar. Nunca hemos de olvidar que el Señor perdona sin límites y nos lleva en sus hombros cada vez que pecamos, una y otra vez. Jesús nos ama y nos salva, porque sólo puede ser salvado el que ama, al igual que sólo puede ser transformado aquello que amamos. En definitiva, el amor del Señor es mayor que todas nuestras contradicciones. Mayor que todas... Tanto su perdón como su salvación no es algo que podamos comprar o adquirir con nuestras obras o con nuestro esfuerzo, pues es Cristo el que nos perdona libremente y nos libera de la esclavitud del pecado. Y la tercera verdad es que Él vive. Y esto nos indica que no se trata de un pecado, sino de un pecado. No se trata sólo de un ejemplo del pasado como un recuerdo, como alguien que nos salvó hace más de dos mil años. Es Cristo resucitado, lleno de vitalidad sobrenatural, vestido de infinita luz, como nos indica San Pablo. Si Cristo no resucitó, vana es la fe de nosotros. Cita a 1 Corintios 15. Cita a 1 Corintios 15. Y esto es una garantía de que el bien puede entrar en nuestras vidas. Entonces necesitamos dejarnos encontrar por el Señor para entrar en amistad con Él. La experiencia del encuentro con Jesús resucitado nos preparará para comunicar y formar a otros jóvenes, pues no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con una conciencia. Dentro de este encuentro ingresamos a la iglesia, a assignments, a promociones y equipos, nosotros y el Espíritu Santo se convierte en una red de Dios. Lo cual sesame la forma de ser Padre, como una persona que da un nuevo horizonte a la vida y con ello una orientación decisiva. Por ello hemos de invocar cada día al Espíritu Santo a fin de que podamos ser renovados por el amor de Dios. Este es, dice el papa, el manantial de la mejor juventud, porque el que confía en el Señor es como un árbol plantado al borde de las aguas que echa sus raíces en la corredura, como ???? no hubiera habido una visita. No temerá cuando llegue el calor y su follaje estará fondoso. Cita a Jeremías 17. El Papa concluye este capítulo diciendo que mientras los jóvenes se cansan y fatigan, Isaías 40, a los que esperan confiados en el Señor, Él los renovará las fuerzas, subirán con alas de águila, correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse. Cita a Isaías 40. En el capítulo quinto, el Papa invita a los jóvenes y a todos los fieles a vivir el camino de perfección al que Jesús nos llama. Un don que podemos malgastar inútilmente o bien podemos recibirlo agradecido. Y vivirlo con plenitud. Propone que vivamos el presente disfrutando con gratitud los pequeños regalos de cada día, sin detenernos en los obstáculos que nos cierran la visión amplia de la vida. En efecto, nos pide vivir el presente a lo agradable, utilizando las energías para cosas buenas, cultivando la fraternidad, siguiendo a Jesús y valorando cada pequeña alegría. Como un regalo del amor de Dios, sin preocuparnos por el mañana. Y todo ello en amistad con Cristo, que es el auténtico regalo de la vida y el don de Dios que hemos de apreciar en los amigos, esos que nos acompañan, para abrirnos a cuidarnos todos mutuamente, saliendo de nuestra comodidad y de nuestro aislamiento. Es así como es posible el crecimiento espiritual y la maduración personal, sin inquietarnos por las apariencias. Desde los valores de la juventud, se va profundizando la vida adulta para dar los frutos esperados en la nueva realidad que nos vaya pidiendo la vocación cristiana. Esto es la vida de santidad. Lo cual no es simplemente imitar a los santos ni copiarlos. No es simplemente cambiar su forma de ser, sino viviendo la forma propia, más allá de lo que opinen los demás. Se trata, entonces, de crecer en el amor fraterno, generoso, misericordioso, como bien nos lo enseña el apóstol San Pablo. Que el Señor os haga progresar y sobreabundar en el amor de unos con otros y en el amor para con todos. Cita a primera vez. Tessa Lonicenses, número 3. El Papa concluye este capítulo diciendo que ésta ha de ser la actitud que nos lleve a prestar nuestro servicio al bien común de la sociedad y a dar testimonio del evangelio en los ambientes en que nos toca vivir. De esta forma, nuestra fe se muestra pequeña como una semilla de mostaza a la que Dios dará el crecimiento adecuado, y la utilizará como instrumento, como pasión para nosotros. En el capítulo sexto, el Papa nos alerta del peligro de construir un futuro sin valores, sin raíces cristianas, como si el mundo estuviera empezando ahora. En esto indica que no podemos ignorar la experiencia de los ancianos ni despreciar la historia si queremos mirar al futuro que tenemos por delante. Es así como suelen funcionar las ideologías que destruyen todo lo que no coincide con sus planteamientos para no tener oposición social a sus dictados. En esto el Papa nos advierte, advierte a los jóvenes para que no acepten que usen su juventud para fomentar una vida superficial que confunde la belleza con la apariencia. Tampoco caer en las estrategias. Tampoco caer en las estrategias actuales de una espiritualidad sin Dios, sin afectividad, sin comunidad, sin compromiso con los que sufren. Es por ello que invita a los jóvenes a no dejarse dominar por estas nuevas formas de la globalización que solo persiguen la colonización cultural que desarraiga a los jóvenes de las culturas y de la religión de la que provienen. Anima a todos los fieles. Al acompañamiento de los jóvenes y de su identidad. En esto la perseverancia en la relación con los ancianos ayuda a descubrir la riqueza viva del pasado familiar y de su memoria, tal y como nos lo indica la palabra de Dios. Pues la correcta relación entre generaciones es una ayuda valiosa para construir, dice el Papa, marcos de referencia para cimentar sólidamente una sociedad. El Papa concluye el capítulo recomendando a jóvenes y ancianos a vivir en la apertura del Espíritu Santo, en la idea de producir esa maravillosa combinación en la que los ancianos sueñan y los jóvenes tienen visiones. De esta forma somos capaces de mirar al futuro con esperanza cierta y merece la pena arriesgarnos juntos. Pues las raíces no son ataduras, sino puntos de arraigo que nos permiten crecer y responder a los nuevos desafíos. En el capítulo séptimo, el Papa nos alerta sobre la influencia que tienen los cambios sociales y culturales en la pastoral de los jóvenes. Razón por la que no son capaces de encontrar respuestas válidas a sus preocupaciones. A sus necesidades, a sus problemas y a sus heridas. Pese a todo, el Papa sostiene que los propios jóvenes han de ser los actores de la pastoral juvenil. Eso sí, acompañados y guiados, pero libres para encontrar nuevos caminos con creatividad y audacia. En esto el Papa aprecia que se trata, más bien, de poner en juego la astucia, el ingenio. El conocimiento que tienen los mismos jóvenes de la sensibilidad del lenguaje y las problemáticas de los demás jóvenes. Entonces, necesitamos que la pastoral juvenil sea flexible. Invitando a los jóvenes a eventos, a acontecimientos que cada tanto les ofrezcan un lugar donde no sólo reciban una formación, sino que también les permitan compartir la vida, celebrar. Cantar, escuchar testimonios reales y experimentar el encuentro comunitario con el Dios vivo. Valorando así los distintos carismas que el Espíritu concede según la vocación de cada uno y el rol que desempeñan los miembros en la Iglesia, con participación abierta y responsable que acoja con gratitud el aporte de todos los fieles laicos. Y siempre que sea ofrecida esa pastoral como un camino de comunidad, con dos grandes líneas de acción. La búsqueda y el crecimiento. La primera búsqueda o investigación lo que pretende es el estímulo de los jóvenes para que ellos mismos se entusiasmen en su realización como responsables de los ámbitos juveniles. La segunda es crecimiento en el amor fraterno, en la vida comunitaria, en el servicio, pero sin pretender reducir el crecimiento a esa obsesión por transmitir solamente una formación cristiana cargada de contenidos doctrinales. El Papa concluye este capítulo aportando diversas ideas sobre los ambientes adecuados para el desarrollo de la pastoral juvenil, y el acompañamiento por parte de los adultos. En el capítulo VIII, sobre la vocación, el Papa explica lo que ya indicó en la exhortación apostólica Gaudete et exsultate, en la que llamaba a todos los fieles a la santidad, procurando encarnarla en el contexto actual, con riesgos, desafíos y oportunidades, tal y como lo había expresado el Concilio Vaticano II. que decía Todos los fieles cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre. Para el Papa, lo fundamental es discernir y descubrir que lo que quiere Jesús de cada joven es ante todo su amistad. Porque la vida que Jesús nos regala es una historia de amor, una historia de vida que quiere mezclarse con la nuestra y echar raíces en la tierra de cada uno. Y esta vocación se expresa en el servicio misionero hacia los demás, pues todos estamos llamados a participar en su obra creadora, cada uno según sus capacidades, pero siempre mirando por el bien común. La vocación así entendida alcanza su plenitud cuando se convierte en ofrenda personal. Por estas razones nos es necesario, dice el Papa, el discernimiento, en la idea de que cada uno pueda prestar un servicio específico a la sociedad, con lo que podemos reconocer cuál es el proyecto del Señor para mi vida. Entonces, para cumplir la propia vocación es necesario desarrollarse, hacer brotar y crecer todo lo que uno es. Y en esto el Papa concluye que este ser para los demás, en la vida de cada joven, está normalmente ligado a dos cuestiones fundamentales. La formación de una nueva familia y el trabajo. En cuanto al amor y la familia, el Papa entiende que los jóvenes sienten con fuerza el llamado al amor y sueñan. Encontrar la persona adecuada con quien formar una familia y construir una vida juntos. Tema tratado ya en la exhortación apostólica Amoris Laetitia. Por lo que nos invita a leer este texto. Especialmente los capítulos 4 y 5 de la referida exhortación. El Papa enfatiza también que el sacramento del matrimonio envuelve este amor con la gracia de Dios. Lo enraiza en Dios mismo. Con cuya ayuda podemos iniciar seguros este camino esponsal. Y en este contexto de la familia, el Papa nos recuerda que hemos sido creados, de forma sexuada. Pues Dios mismo creó la sexualidad que es un regalo maravilloso para sus criaturas. Por lo que no debe haber tabúes. Ambos sexos son un don de Dios. Son dones que el Señor nos da. Tienen dos propósitos. Amarse y generar vida. El amor entre un hombre y una mujer, dice el Papa, cuando es apasionado, te lleva a dar la vida para siempre. Siempre. Y a darla con cuerpo y alma. El Papa concluye este capítulo exponiendo lo relativo a la vocación del trabajo y a la vida consagrada. Vocaciones que todo joven debe considerar sin que se excluya la vocación especial y concreta de consagrarse a Dios. Pues los jóvenes han de tener la certeza de que si reconocen la llamada de Dios y la siguen, será la vocación que dé plenitud a sus vidas. Porque Jesús sigue caminando a nuestro lado. Y hemos de percibir su mirada por encima de todas las propuestas maquilladas que nos hace el mundo. Pueden parecer bellas e intensas. Pero hemos de tener en cuenta que con el tiempo, sólo nos dejan vacío, cansancio y soledad. En el último capítulo sobre el discernimiento, el Papa nos recuerda que sin la sabiduría del discernimiento espiritual, podemos convertirnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento. Por lo que hemos de distinguir las inspiraciones que vienen de Dios de las que resultan engañosas. El Papa indica que en este discernimiento, aunque participa en la razón y la prudencia, la sabiduría que otorga el Espíritu la supera, pues nos ayuda a distinguir el misterio del proyecto único e irrepetible que Dios tiene para cada uno. Sólo así podremos aprender a conocer la voluntad de Dios para nuestras vidas. Siempre que atendamos, a la formación que implica dejarse transformar por Cristo y al mismo tiempo practicar habitualmente el bien supremo de la obra de Dios en nuestras experiencias cotidianas. El Papa concluye este capítulo diciendo que una expresión del discernimiento es el empeño por reconocer la propia vocación. Es pues una tarea que requiere espacios de soledad y silencio, porque se trata de una decisión muy personal que otros no pueden tomar por una. Si bien el Señor nos habla de modos muy variados en medio de nuestro trabajo, a través de los demás y en todo momento, no es posible prescindir del silencio de la oración detenida para percibir mejor ese lenguaje. Para interpretar el significado real de las inspiraciones que creímos recibir. Para calmar las ansiedades y recomponer el conjunto de la propia existencia a la luz de Dios. Para lo cual, hemos de colaborar unos con otros por medio del acompañamiento espiritual dirigido particularmente a los jóvenes. Para lo cual, son necesarias tres sensibilidades. Características que debe tener el acompañante. La atención y la escucha. Discernir la gracia sobre la tentación. Y una escucha atenta a esos impulsos que nos animan a seguir adelante. Culmina la exposición haciendo una reflexión a los posibles acompañantes. Dice así. Para acompañar a otros en este camino, primero necesitas tener el hábito de recorrerlo tú mismo. Esto es, sin experiencia personal de ser acompañado, difícilmente vamos a estar preparados para acompañar a los jóvenes. Nos pone el Papa el ejemplo de María. María lo hizo afrontando sus preguntas y sus propias dificultades cuando era muy joven. Pues que ella, dice el Papa, renueve nuestra juventud con la fuerza de su plegaria y nos acompañe siempre con su presencia de madre. El Papa concluye la exhortación apostólica con un deseo personal que transmite directamente a los jóvenes con las mismas palabras que usó el 11 de agosto de 2018 en un encuentro de oración con jóvenes italianos. En el Circo Máximo de Roma. Decía así. Dice así. Queridos jóvenes, seré feliz viéndolos correr más rápido que los lentos y temerosos. Corran, atraídos por ese rostro tan amado que adoramos en la Sagrada Eucaristía y reconocemos en la carne del hermano sufriente. El Espíritu Santo los empuje en esta carrera hacia el futuro. Y adelante. La Iglesia necesita su entusiasmo, sus intuiciones, su fe. Nos hacen falta. Y cuando lleguen donde nosotros todavía no hemos llegado, tengan paciencia para esperarnos. Muy bien, pues concluido el análisis de la exhortación apostólica, pasamos a nuestra reflexión de hoy que nos lleva a las virtudes teologales, fe, esperanza y caridad. Para ello seguimos las enseñanzas del Catecismo, teniendo muy presente que el Catecismo contiene enseñanzas del Magisterio y por tanto son enseñanzas doctrinales de primer orden. Hoy reflexionamos sobre la virtud de la caridad y nos centraremos en los siguientes puntos del Catecismo. Número 1822. La caridad es la fe. Es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios. Número 1823. Jesús hace de la caridad el mandamiento nuevo. Cita a Juan XIII. Amando a los suyos hasta el fin, manifiesta el amor del Padre que ha recibido. Amándose unos a otros, los discípulos imitan el amor de Jesús que reciben también en ellos. Por eso Jesús dice Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros, permaneced en mi amor. Y también Este es mi mandamiento, que os améis unos a otros como yo os he amado. Son citas de Juan XV. Número 1824 del Catecismo. Fruto del espíritu y plenitud de la ley, la caridad guarda los mandamientos de Dios y de Cristo. Permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor. Citas a Juan XV, Mateo XXII y Romanos XIII. Muy bien, pues hasta aquí nuestra reflexión. Y ahora, a modo de conclusión personal, destacaré que la preocupación por la fe y la vocación personal de los jóvenes ha sido una constante en el pontificado del Papa Francisco, planteando la necesidad del sínodo de los obispos para contrarrestar la fuerza de las corrientes sociales y tecnológicas que percibimos en el mundo actual sobre ellos. En esto, el Papa sigue las indicaciones del Concilio Vaticano II, pues parte siempre de las Sagradas Escrituras y de las interpretaciones recientes de sus predecesores. Tal vez, la novedad del Papa Francisco es la petición de que se abandonen modelos de formación doctrinal un tanto antiguos, obsesivos en ese sentido, a fin de que los jóvenes se sientan más atraídos por la experiencia del encuentro con otros jóvenes y por el servicio a los demás. En esto, prevalece su visión del camino de santidad, un camino hacia la realización y la felicidad plena según el proyecto único e irrepetible que Dios tiene para cada uno. Pues en verdad, este es el camino seguro que siguieron los santos, todos los santos que nos han precedido. En la exhortación vemos que aparecen una vez más las claves esenciales del acompañamiento espiritual, lo cual nos confirma que es un camino de perfección al que pueden acceder todos los fieles que lo deseen, especialmente los jóvenes, para cuya tarea es muy recomendable haber vivido antes la experiencia de haber sido acompañado. Solo así será posible la dinámica que requiere la formación en el discernimiento con la escucha, la distinción del bien sobre el mal y la percepción de los impulsos que el Espíritu Santo va obrando, va actualizando. Y en este camino no hay otra realidad, van a persistir las contrariedades, las luchas que superar. Pero como bien subraya el Papa, con la ayuda de la gracia de Dios, sí que podemos superarlas. Basta que seamos capaces de discernir los engaños que los enemigos nos proponen, siendo conscientes, eso sí, de nuestros límites. Mundo, demonio y carne siempre están ahí. De ahí que nos insiste en que necesitamos la ayuda de la gracia, la cual nos va a ir configurando, para que podamos reflejar la luz de Cristo en nuestras vidas. Pues Cristo, con su mirada, con su presencia, es luz que nos ayuda en el camino de la santidad. Recordaremos una vez más que la ley suprema de la Iglesia es la caridad, por lo que el Papa sigue pidiendo cambios de actitud de quienes, desde posiciones de superioridad moral, pretendan dar lecciones permanentemente a la Iglesia. No es así entre nosotros. Pues bien, sabemos que el Señor puede llamar a unos a la oración, a otros al estudio, y a los otros a la acción desinteresada del servicio a los hermanos. El proceso es igual para todos, aunque el comienzo sea distinto. Con el tiempo, los que fueron llamados por la vía de la oración o al estudio, captarán la necesidad de abrirse a la participación activa en el servicio a los demás. De igual modo, los que fueron llamados por la acción voluntaria de servicio, captarán la necesidad de unirse a la oración de la Iglesia y al estudio de las enseñanzas que custodia. Pues bien, yo he disfrutado con la lectura de esta exhortación apostólica, con la que me siento muy bien identificado. Percibo que es una invitación que busca ayudar a los jóvenes, pero también a todos los fieles adultos, en la idea de que tomemos buena conciencia de la gran necesidad que tenemos de personas experimentadas en favor de practicar el acompañamiento espiritual tan necesario en este tiempo, particularmente orientado a los jóvenes. Seamos entonces fieles a la fe recibida para ser testigos del mismo Cristo, y para que, con nuestro esfuerzo, con nuestro sacrificio espiritual personal, con nuestro estudio, ayudemos a los otros a vivir un camino de conversión al que Jesús nos llama. Un camino de perfección hacia la santidad de vida. Dejemos entonces que la gracia de Dios haga su obra en nosotros, para que pueda aparecer en nuestro semblante esa imagen de Jesús. Esta gracia nos viene por la participación en la vida de Jesucristo, con el que nos unimos por medio de la oración y, sobre todo, en la Eucaristía. Sólo así seremos miembros de su cuerpo místico, esto es, miembros de la Iglesia de Cristo. Avivemos nuestra vida de oración, acudamos cada día ante el Santísimo Sacramento y permanezcamos en oración, en adoración. En silencio. Busquemos un rato cada día para estar en su presencia y pongamos ante el Señor las necesidades de toda la humanidad, con confianza plena y con la esperanza de alcanzar los bienes espirituales que nos ha prometido. Sobre todo, practicando la caridad con los más necesitados. Sigamos entonces el ejemplo y las enseñanzas del fundador de la Adoración Nocturna Española, el Venerable Luis de Trellis, quien decía así allá por el año 1889. Adorar, orar, irreparar y, de este modo, merecer para sí y para nuestros hermanos. Esta es nuestra vocación, como guardias nocturnos del Señor. Y en la oración no hemos de ser egoístas, ni aun con el único egoísmo excusable. Es decir, que no hemos de orar por nosotros solos. Como los vigilantes nocturnos velan por la seguridad de los que descansan, esto es, de los que no velan, así hemos de orar por los que no oran. Pues bien, hoy, en las Vísperas de la Solemnidad del Corpus Christi, terminaremos recordando la necesidad que tenemos todos de ser alimentados por el Cuerpo y la Sangre de Cristo, con cuya ayuda podremos ser configurados por él como hijos en el Hijo, asumiendo las obras de caridad que el Señor nos pida en nuestros ambientes y en nuestras tareas cotidianas, confiando así en merecer un día la vida bienaventurada. Que la Madre de Dios, la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, nos guíe en el camino de santidad que ella ya ha recorrido, y del que goza eternamente junto a Jesús. Recordemos siempre que la oración del Rosario va preparando la tierra, nuestra materia, nuestra tierra, para que podamos recibir nuevas y renovadas gracias. Sólo así podremos dar frutos espirituales abundantes, tanto en la floración de las virtudes como en el servicio a los hermanos. Que nuestro testimonio, honesto y coherente, sea motivo suficiente para despertar la admiración de cuantos nos observan, con lo que iremos animándolos y exhortándolos a su propia conversión. Esta es nuestra misión evangelizadora, y para ello hemos de formarnos en todo momento para estar cada día mejor preparados. Muy bien. Pues damos por finalizado el programa de hoy diciendo que el próximo viernes 27 de junio analizaremos la exhortación apostólica del Papa Francisco que herida Amazonía del 2 de febrero de 2020 sobre la Iglesia y la ecología integral. Y seguidamente reflexionaremos sobre nuevos aspectos de las virtudes teologales. Pues bien. Hoy no tenemos tiempo. Se nos ha ido prácticamente todo. No podemos abrir líneas. No nos da tiempo. Pero cualquier pregunta o comentario podéis mandarla a través del correo electrónico que recibís con el anuncio del programa. Gracias por vuestra atención y hasta este próximo programa de acompañamiento espiritual que os he anunciado. Un abrazo a todos. Que el Señor nos bendiga. Nos guarde de todo mal. Y nos lleve a la vida eterna. Amén. Ave María Purísima. Sin pecado concebida. María Santísima.
Las virtudes teologales (V). #26
Fecha: viernes, 13 de junio de 2025, a las 21:00:00
Duración: 53:34
Transcripción de Episodio 26. Francisco.- Exh. Ap. 'Gaudete et exultate' (2018), sobre la santidad en el mundo actual.
Buenas noches a los que me escucháis. Os habla Javier Cebrián, vocal de formación espiritual del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed bienvenidos al programa Acompañamiento Espiritual de Radio Labandé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios. Bien sabemos que esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior, el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues solo Cristo es la cabeza de la Iglesia de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. Y buscamos la unión con el Espíritu Santo, no solamente para vivir mejor. o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa, que celebramos el 4 de octubre de 2024, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo, en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo, a fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Hoy, en nuestra oración, pedimos por el Papa y los Obispos para que el Espíritu Santo los guíe en el gobierno y administración de la Iglesia. Convira siempre a la unidad con Cristo, para que el Espíritu Santo nos guíe en el gobierno y administración de la Iglesia. Convira siempre a la unidad con Cristo, verdadero Dios y pastor del rebaño, sumo y eterno Sacerdote. Pedimos también por las todas necesidades de la Iglesia, las de todos los pueblos de la tierra, y las de todos los hombres, especialmente las de aquellas personas que se nos han encomendado, particularmente por nuestros familiares, amigos, y bienhechores. Invocamos. Ven, Espíritu Santo. El Espíritu Santo llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados, y renovarás la faz de la tierra. Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Amén. Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve, María. Llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres. Amén. Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos ya en materia, recordando que estamos siguiendo una serie de programas en los que vamos analizando cronológicamente los documentos más importantes del magisterio del Papa Francisco. Siete exhortaciones apostólicas y tres encíclicas más que se añaden a la Dilexit Nos que vimos al final de la anterior serie de programas sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. En el anterior programa analizábamos la exhortación apostólica del Papa Francisco a Moris laetitia de 19 de marzo de 2012. En el programa de hoy vamos a analizar sobre el amor en la familia y, seguidamente, reflexionábamos sobre algunos aspectos de las virtudes teologales. En el programa de hoy vamos a analizar la exhortación apostólica Gaudete et exsultate de 19 de marzo de 2018 sobre la santidad en el mundo actual. Y, seguidamente, reflexionaremos sobre nuevos aspectos de las virtudes teologales. Comenzaremos recordando que el pontificado del Papa Francisco abarca un total de 12 años, desde 2013 a 2025. Jorge Mario Bergoglio fue elegido papa el 13 de marzo de 2013 tras la renuncia de su predecesor, el Papa Benedicto XVI. Fue el primer pontífice originario de las Américas y el primer papa perteneciente a la Compañía de Jesús, fundada en 1540 por San Ignacio de Loyola. El Papa Francisco falleció el pasado 21 de abril de 2025, lunes de la octava de Pascua de Resurrección del año jubilar abierto por él mismo. Que descanse en la paz de Dios. Recordaremos también que una exhortación apostólica es un documento oficial del Magisterio y que, aunque no es de primer orden, goza de una autoridad pastoral significativa. Está dirigida a todos. Es un texto para la reflexión y la puesta en práctica de las enseñanzas de la Iglesia sobre el asunto que trata. Las exhortaciones apostólicas se suelen presentar al final de un sínodo de los obispos, pero en este caso no es así. Esta exhortación apostólica no surgió de una consulta o deliberación de un sínodo, sino de una consulta de un sínodo, sino que se trata de una reflexión personal del Papa Francisco sobre la santidad, tema que consideró importante para la Iglesia en el contexto de la nueva evangelización. El Papa Francisco promulgó esta exhortación apostólica, gaudete et exsultate, alegraos y regocijaos el 19 de marzo de 2018, Solemnidad de San José, en su sexto año de puntificado. La exhortación es su quinto documento magisterial y se presentó oficialmente el 9 de abril de este año, 2018. El texto es una invitación al encuentro con Dios en la vida cotidiana y al ejercicio de una mayor responsabilidad moral de todos los cristianos a fin de que podamos alcanzar la santidad a la que Dios nos llama. No es la primera vez que hablaba el Papa Francisco sobre la santidad, sino que es el primer El Papa Francisco sobre la santidad, pues a los pocos meses del inicio de su pontificado, el 2 de octubre de 2013, ya expuso el tema en una audiencia general, en la que nos decía, la santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en dejar de actuar a Dios. En otra ocasión, el 19 de noviembre de 2014, nos decía, estamos llamados a ser santos, precisamente viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio cristiano en las ocupaciones de cada día, y cada uno en las condiciones y en el estado de vida en que se encuentra. Y en una tercera ocasión, el 4 de abril de 2018, al concluir el ciclo de catequesis dedicado a la misa, decía, Así, esto es santidad, hacer como hizo Cristo, esa es la santidad cristiana. Estos precedentes nos muestran el interés del Papa sobre el tema de la santidad en la Iglesia, razón que se materializó con la publicación de esta tercera exhortación, Gaudete et exsultati, que vamos a analizar seguidamente. Pues bien, entrando ya en materia. Gaudete et exsultati es un documento extenso al que deberíamos dedicar un tiempo para la lectura y la meditación personal. El texto se estructura en 177 puntos, divididos en dos partes, la introducción y la exposición, con cinco capítulos que llevan por título. El llamado a la santidad. Dos sutiles en el tema. En la introducción, el Papa comienza reflexionando sobre las palabras que dice Jesús a los que son perseguidos y humillados por su causa. Alegraos y regocijaos, cita a Mateo 5. Haciéndonos ver que el Señor nos pide una entrega total, sin reservas, pues Él ha ofrecido su vida para que alcancemos la felicidad para la que fuimos creados. Dice así, Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada. Esto nos lleva a meditar las primeras páginas de la Biblia, en las que, de diversas maneras, el Señor propuso a Abraham el camino de la perfección. Camina en mi presencia y sé perfecto. Cita a Génesis 17 y a Génesis 1. El Papa indica que no pretende presentar un tratado extenso sobre la santidad ni un análisis sobre los medios de santificación, aclarando su pretensión con estas sencillas palabras. El Papa indica que no pretende presentar un tratado extenso sobre la santidad ni un análisis sobre los medios de santificación, aclarando su pretensión con estas sencillas palabras. Este objetivo, dice, es hacer resonar, una vez más, el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Porque a cada uno de nosotros, el Señor nos eligió para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor. Es una cita a Efesios 1. En el capítulo primero, el Papa nos recuerda que estamos llamados a la santidad, por iniciativa del mismo Señor, quien sigue llamando en nuestros días como lo ha hecho a lo largo de la historia, desde la creación del mundo. Es el Señor el que ha tomado la iniciativa, y nos ha elegido para que seamos santos, por lo que no podemos vivir con miedo este camino de perfección al que Jesús nos llama. De ello tenemos constancia en los Evangelios, pero también tenemos la experiencia en nuestras familias, en las que se han santificado todos los días, los días de fe, los días de la gracia. ¿Cómo podemos hacer esto? - - El Papa indica que los santos que han llegado a la presencia de Dios mantienen, además, con nosotros, lazos de amor y comunión. Y esto lo vemos en el libro del Apocalipsis, cuando habla de los mártires que interceden por nosotros. Vi debajo del altar las almas de los degollados por causa de la Palabra de Dios y del testimonio que mantenían, y gritaban con voz potente, ¿Hasta cuándo, dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia? Trita Apocalipsis 6 La constante de todos los santos ha sido siempre el ofrecimiento de la propia vida por los demás, con el ejemplo del ofrecimiento de Cristo, a quien debemos imitar. El Papa destaca que la santidad hemos de vivirla en nuestro estado, cada cual en su situación concreta. Es de admirar la santificación de todos, pero especialmente la de los padres de familia, quienes difunden su testimonio vivo con una entrega de fe y de caridad. Aunque la mística en estos casos, en estos estados, no es la única. La mayoría de los santos, aunque no los pueda permanecer oculta, son muchos los que han influenciado la vida de otras almas, aunque no digan nada los libros de historia sobre ellos. Es el Señor el que llama. Sed santos, porque yo soy santo. Cita Levítico 11 Pero lo hace de diversas maneras, según las posibilidades de cada cual. Y así lo destacó con fuerza el Concilio Vaticano II, dice el Papa. Todos los fieles cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre. Es una cita a Lumen Gentium 11. Hombres y mujeres, cada cual según su estado, estamos llamados a transformar la sociedad con la potencia de nuestro testimonio personal. Y esto es posible para todos los fieles, sin que sea esencial ser obispo, sacerdote o religioso, pues todos hemos recibido la gracia del Espíritu Santo en el bautismo, y todos podemos realizar acciones ordinarias de manera extraordinaria. En definitiva, el Papa propone una invitación universal a la santidad, en la idea de que cada cual busque su propia misión para la construcción del reino de Dios. Buscad, sobre todo, el reino de Dios y su justicia. Es una cita a Mateo 6. Y esto es posible en todos los ambientes de la vida. En la espiritualidad de la misión evangelizadora, tratada en Evangelii Gaudium. En la espiritualidad de la ecología. Laudato si. Y en la espiritualidad de la vida familiar. Lo que no implica despreciar los momentos de quietud, soledad y silencio ante Dios. Al contrario, todos necesitamos detener esa carrera frenética del día a día, para recuperar un espacio personal de relación sincera con Dios, a fin de que no vivamos dispersos. De esta unión con Dios nacerá el Espíritu Santo. Espíritu de servicio y de entrega a los hermanos. Con el ejemplo de los santos que nos han precedido. En el capítulo segundo, el Papa cita las falsificaciones de la santidad que pueden desviarnos del buen camino. Son el gnosticismo y el pelagianismo. Son dos herejías de los primeros siglos cristianos, pero que tienen permanente actualidad, pues ambas complican la vida de la Iglesia y detienen la vida de la Iglesia. Están a los fieles en el camino de la santidad. El gnosticismo supone una fe encerrada en el subjetivismo, donde sólo interesa una determinada experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos que supuestamente reconfortan e iluminan. Pero, en definitiva, el sujeto queda clausurado en la inmanencia de su propia razón y de sus sentimientos. Es una cita a Evangelii Gaudium 105. Este error sólo puede ser superado por la caridad, no por los conocimientos que acumulamos para poder superar toda vanidad y superficialidad. Pues dice el Papa, una cosa es un sano y humilde uso de la razón para reflexionar sobre la enseñanza teológica y moral del Evangelio, y otra es pretender reducir la enseñanza de Jesús a una lógica fría y dura que busca dominarlo todo. En esto nos pone el ejemplo de San Francisco de Asís, quien escribió a San Antonio de Padua, que estamos celebrando hoy su santo, le decía así San Francisco de Asís a San Antonio de Padua con estas palabras. Me agrada que enseñes sagrada teología a los hermanos con tal que en el estudio de la misma no apagues el espíritu de oración y devoción. Es por esta misma razón que San Buenaventura advertía que la verdadera sabiduría cristiana no se debe desconectar de la misericordia hacia el prójimo. La mayor sabiduría, decía San Buenaventura, que puede existir consiste en difundir fructuosamente lo que uno tiene para dar, lo que se le ha dado precisamente para que lo dispense. Por eso, así como la misericordia es amiga de la sabiduría, la avaricia es su enemiga. Hay una actividad que al unirse a la contemplación no la impide, sino que la facilita, como las obras de misericordia y de piedad. De otra parte, el pelagianismo es una variedad del gnosticismo que atribuye la perfección a la voluntad humana exclusivamente al esfuerzo personal. Pero se olvida de que todo depende no del querer o del correr, sino de la misericordia de Dios. Cita a Romanos 9. Y también de que Él, nuestro Señor, fue el que nos amó primero. Cita a 1ª de Juan 4. En definitiva, necesitamos ser sanados por la gracia santificante, y esto sólo es posible desde el reconocimiento sincero, dolorido y orante de nuestros límites personales, pues necesitamos caminar envueltos en la gloria de Dios, reconociendo su amor constante y su presencia en nuestras vidas, sin miedos, para que pueda desaparecer la angustia de la soledad. Así conoceremos la voluntad agradable y perfecta del Señor, como dice Romanos 12, y dejaremos que Él nos moldee como un alfarero. Cita a Isaías 29. Y en esto concluye que es sano recordar frecuentemente que existe una jerarquía de virtudes, que nos invita a buscar lo esencial. El primado lo tienen las virtudes teologales, que tienen a Dios como objeto y motivo, y en el centro está la caridad. San Pablo, no en vano, dice que lo que cuenta de verdad es la fe que actúa por el amor. Cita a Gálatas 5. Estamos llamados a cuidar atentamente la caridad. El que ama ha cumplido el resto de la ley, por eso la plenitud de la ley es el amor. Cita a Romanos 13. Porque toda la ley se cumple en una sola frase, que es amarás a tu prójimo como a ti mismo. Cita a Gálatas 5. En el capítulo tercero, el Papa nos orienta a la escucha de la Palabra de Dios, a la escucha del Maestro, a fin de que seamos iluminados sobre la santidad y la forma de transmitir la verdad. Aprecia que el Señor lo hizo por medio de las bienaventuranzas en las que encontramos las respuestas para saber lo que hemos de hacer si queremos ser buenos cristianos. En ellas, dice el Papa, se dibuja el rostro del Maestro que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano. de nuestras vidas. Es por ello que el Papa sugiere que volvamos a escuchar a Jesús, de manera que sus palabras nos interpelen a un cambio real de vida, pues de lo contrario, la santidad se queda solo en palabras. A la luz del Evangelio de Mateo, acerca de las bienaventuranzas, el Papa hace un recorrido de cada una de ellas y nos muestra su sentido concreto. La pobreza en el corazón, la humilde mansedumbre, aprender a llorar con los demás, anhelar la justicia, la santidad, con hambre y sed, practicar la misericordia con los prójimos, mantener el corazón limpio de toda mancha, sembrar la paz a nuestro alrededor y aceptar día a día el camino del Evangelio, aunque no suponga enfrentarnos a problemas y contrariedades. En esto consiste la santidad, pues no hay amor sin obras de amor. Y el Señor espera una entrega al hermano que brote del corazón. Pues, si repartiera todos mis bienes entre los necesitados, si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría. El Papa destaca que en la escena del juicio final, Mateo 25, Jesús se detiene en la Bienaventuranza que declara felices a los misericordiosos. Todos estos versículos son importantes para el Papa, pues como escribió San Juan Pablo II, no son una simple invitación a la caridad, sino una página de Cristología que ilumina el misterio de Cristo. En esto el Papa ruega a los cristianos que los acepten, que los reciban con sincera apertura. Esto es, sin excusas, ni elucubraciones que les quiten fuerza. Por ello llega a afirmar que el Señor nos dejó bien claro que la santidad no puede entenderse ni vivirse al margen de estas exigencias suyas. Porque la misericordia es el corazón palpitante del Evangelio. Desde estas perspectivas, el Papa concluye el capítulo poniéndonos en aviso de dos tentaciones que pueden aparecer en la Iglesia. De una parte, la de aquellos cristianos que separan las exigencias del Evangelio de su relación personal con el Señor, lo que convierte al cristianismo en una ONG, vaciándola de la mística luminosa. De otra, la tentación de otros cristianos que sospechan del compromiso social de los demás por considerarlo algo superficial, mundano y securalista. Con todo, el Papa nos anima a releer con frecuencia estos grandes textos bíblicos, a recordarlos, a orar con ellos, a intentar hacerlos vida, hacerlos carne, dice él. Nos harán bien, nos harán genuinamente felices. En el capítulo cuarto, a partir de los textos citados anteriormente, el Papa nos presenta algunas notas o expresiones espirituales que a su juicio no deben faltar para entender lo que es el estilo de vida al que el Señor nos llama. Indica que no son todas las que pueden conformar un modelo de santidad, sino que son como cinco grandes manifestaciones del amor a Dios y al prójimo que considera de particular importancia debido a algunos riesgos y límites de la cultura de hoy. El primero de ellos es el aguante, la paciencia y la mansedumbre centrados en Dios, frente a la ansiedad nerviosa y violenta que nos dispersa y debilita. Desde esa firmeza interior es posible, dice el Papa, aguantar, soportar las contrariedades, los vaivenes de la vida y también las agresiones de los demás, sus infidelidades y defectos. Si Dios está con nosotros, ¿quién estará con nosotros? Cita a Romanos 8. La segunda es la alegría y el sentido del humor frente a la tristeza y la negatividad de las manifestaciones culturales actuales. Ser cristianos, dice el Papa, es gozo en el Espíritu Santo, porque al amor de caridad le sigue necesariamente el gozo, pues todo amante se goza en la unión con el amado. De ahí que la consecuencia de la caridad sea siempre el gozo. Esta es esa alegría que se vive en comunión, que se comparte y se reparte, porque hay más dicha en dar que en recibir. Cita a Hechos 20. Y también nos recuerda que Dios ama al que da con alegría. Cita a II Corintios 2. En la tercera nos habla de la audacia y el fervor frente a la comodidad consumista y egoísta. La santidad, dice el Papa, es parresía, es audacia, es empuje evangelizador que deja una marca en este mundo. Necesitamos el empuje del Espíritu para no ser paralizados por el miedo y el cálculo, para no acostumbrarnos a cambiar y terminar solo dentro de confines seguros. Dios siempre es novedad que nos empuja a partir de una y otra vez y a desplazarnos para ir más allá de lo conocido, hacia las periferias y las fronteras. Nos lleva allí donde está la humanidad más herida, donde los seres humanos, por debajo de la apariencia de la superficialidad y el conformismo, siguen buscando la respuesta a la pregunta por el sentido de la vida. En la cuarta, nos habla de la vida en comunidad frente al individualismo que nos hace egoístas cuando estamos aislados. La seducción del mundo nos seduce y perdemos el sentido de la realidad, la claridad interior con lo cual sucumbimos. Al contrario, la santificación es un camino comunitario de dos en dos, así lo reflejan algunas comunidades santas en las que apreciamos a lo largo de la historia. Vivir o trabajar con otros es sin duda un camino de desarrollo espiritual. San Juan de la Cruz decía a un discípulo estás viendo con otros para que te labren y te ejerciten. Estás viviendo con otros, para que te labren y ejerciten. En consecuencia, en contra de la tendencia al individualismo consumista que termina aislándonos en la búsqueda del bienestar al margen de los demás, nuestro camino de santificación no puede dejar de identificarnos con aquel deseo de Jesús. Que todos sean uno como tu Padre en mí y yo en ti. Es una cita a Juan 17. Y por último, la oración constante abierta a la trascendencia y a la contemplación del Señor frente a toda tendencia que ahoga la espiritualidad del hombre. Necesitamos, dice el Papa, el encuentro con Dios. El santo es una persona con espíritu orante que necesita comunicarse con Dios. Es alguien que no soporta asfixiarse en la inmanencia cerrada de este mundo. Y en medio de sus esfuerzos y entregas suspira por Dios, sale de sí en la alabanza y amplía sus límites en la contemplación del Señor. La súplica está unida entonces a la meditación de la Palabra de Dios y a la contemplación. Si de verdad reconocemos que Dios existe, no podemos dejar de adorarlo. A veces en un silencio lleno de admiración puede cantarle en festiva alabanza. Y concluye este capítulo diciendo que el encuentro con Jesús en las Escrituras nos lleva siempre a la Eucaristía donde esa misma Palabra alcanza su máxima eficacia porque es presencia real del que es la Palabra viva. Allí, en la Eucaristía, el Único Absoluto recibe la mayor adoración que puede darle esta Tierra porque es el mismo Cristo quien se ofrece. Y cuando lo recibimos en la comunión, renovamos nuestra alianza con él y le permitimos que realice más y más su obra transformadora. En el capítulo quinto el Papa confirma que la vida cristiana es un combate permanente que requiere fuerza y valentía para resistir las tentaciones del diablo y para anunciar el Evangelio. Sostiene que esta lucha es muy bella porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra vida. Aprecia en esto que la lucha no es sólo contra el mundo y la mentalidad mundana lo cual nos puede atontar y volvernos mediocres sin compromiso y sin gozo. Tampoco se reduce a la lucha contra nuestra propia fragilidad o inclinaciones pereza, lujuria, envidia, celos, etc. sino que es una lucha constante contra el diablo que es el príncipe del mal. Pues Jesús se alegraba cuando los discípulos lograban avanzar en el anuncio del Evangelio superando así la oposición del maligno y lo celebraba. Pidiendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Es una cita a Lucas 10. Su presencia dice el Papa está en la primera página de las Escrituras que acaban con la victoria de Dios sobre el demonio. De hecho cuando Jesús nos dejó el Padre nuestro quiso que termináramos pidiendo al Padre que nos libere del malo. La expresión utilizada allí no se refiere a un mal abstracto su tradición más precisa es el mal. La existencia del diablo no es un mito no es una representación no es un símbolo no es una figura o una idea. Este engaño nos lleva a despidarnos y con ello quedamos más expuestos al tiempo que nos envenena con el odio la tristeza, la envidia y los vicios. Pues anda dice el Evangelio como león rugiente ronda buscando a quien devorar. Para superar al diablo en este combate el Papa señala las armas poderosas que nos da el Señor. La fe que se expresa en la oración la meditación de la Palabra de Dios la celebración de la Misa la adoración eucarística la reconciliación sacramental las obras de caridad la vida comunitaria el empeño misionero. En el camino de la santidad la maduración espiritual y el crecimiento del amor son el mejor contrapeso ante el mal. Pues dice el Papa nadie resiste si opta por quedarse en un punto muerto si se conforma con poco si deja de soñar con ofrecerle al Señor una entrega más bella. Menos aún si cae en un espíritu de derrota porque el que comienza sin confiar perdió de antemano la mitad de la batalla y entierra sus talentos. El triunfo cristiano es siempre una cruz pero una cruz que al mismo tiempo es bandera de victoria que se lleva con una ternura combativa ante los embates del mal. Comenta también el Papa que Jesús nos advirtió acerca de la tentación engañosa que nos lleva a la corrupción espiritual la peor de las caídas de un pecador. Pues se trata de una ceguera cómoda donde todo termina pareciendo lícito. El engaño la calumnia el egoísmo y tantas formas sutiles de autorreferencialidad ya que el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. Cita a II de Corintios 11 Es por esto que necesitamos del discernimiento para saber si algo viene del Espíritu Santo o si su orientación está en el Espíritu del Mundo o en el Espíritu del Diablo. Y el discernimiento es también un don que hay que pedir. Si lo pedimos confiadamente al Espíritu Santo dice el Papa y al mismo tiempo nos esforzamos por desarrollarlo con la oración, la reflexión la lectura y el buen consejo seguramente podremos creer en esta capacidad espiritual del discernimiento. Y en esto nos recuerda que hoy en día el hábito del discernimiento se ha vuelto particularmente necesario especialmente para los jóvenes porque la vida actual ofrece enormes posibilidades de acción y de distracción y el mundo las presenta como si fueran todas válidas y buenas. El discernimiento dice el Papa no sólo es necesario en momentos extraordinarios o cuando hay que resolver problemas graves o cuando hay que tomar una decisión especial. Es un instrumento de lucha para seguir mejor al Señor. Nos hace falta siempre para estar dispuestos a reconocer los tiempos de Dios y de su gracia para no desperdiciar las inspiraciones del Señor para no dejar su invitación a creer. En consecuencia el Papa pide a todos los cristianos que no dejemos de hacer cada día en diálogo con el Señor que nos ama en el examen de conciencia para que el discernimiento donde Dios nos lleve a reconocer los medios que el mismo Señor dispone como plan de amor para nuestras vidas. De esta forma no nos quedaremos sólo en las buenas intenciones. El discernimiento es un don sobrenatural dice el Papa que no requiere de capacidades especiales ni está reservado a los más inteligentes o instruidos y el Padre se manifiesta con gusto a los humildes. Cita a Mateo 11 Es pues una gracia que nos abre a la escucha del Señor a la obediencia del Evangelio y del Magisterio que lo custodia a fin de acceder a la luz que fecunda la salvación de los fieles. El discernimiento de espíritus dice el Papa nos libera de la rigidez que no tiene lugar ante el perenne hoy del resucitado. Únicamente el espíritu sabe penetrar en los pliegues más oscuros de la realidad y tener en cuenta todos sus matices para que emerja con otra luz la novedad del Evangelio. Entonces el progreso en el discernimiento es educarse en la paciencia de Dios en sus tiempos que nunca son los nuestros. Y el Papa concluye este capítulo diciendo hace falta pedirle al Espíritu Santo que nos libere y que expulse ese miedo que nos lleva a vedarle su entrada, a cerrarle la entrada en algunos aspectos de la propia vida. El que lo pide todo también lo da todo y no quiere entrar en nosotros para mutilar o debilitar sino para plenificar. Esto nos hace ver que el discernimiento no es un autoanálisis ensimismado, una introspección egoísta sino una verdadera salida de nosotros mismos hacia el misterio de Dios que nos ayuda a vivir la misión a la cual nos ha llamado para el bien de los hermanos. Pues bien, el Papa concluye la exhortación apostólica recordándonos que podemos contar con la ayuda de la Virgen María para vivir este camino de santidad en la esperanza de que el Espíritu Santo siga iluminando los corazones de los fieles. Y lo hace con estas palabras. Quiero que María corone estas reflexiones porque ella vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús. Ella es la que se estremecía de gozo en la presente presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada. Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. Ella no acepta que nos quedemos caídos y a veces nos lleva en sus brazos sin juzgarnos. Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La madre no necesita de muchas palabras. No le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez. Dios te salve, María. Es una referencia clara al Santo Rosario. Y termina el Papa diciendo espero que estas páginas sean útiles para que toda la Iglesia se dedique a promover el deseo de la santidad. Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento. Así compartiremos una felicidad que el mundo no nos podrá quitar. Muy bien, pues concluido el análisis este de la exhortación apostólica pasamos a nuestra reflexión de hoy que nos lleva a las virtudes ideologales. Fe, la esperanza, la caridad. Para ello estamos siguiendo las enseñanzas del Catecismo, teniendo muy presente que el Catecismo contiene enseñanzas del Magisterio. Esto es, enseñanzas doctrinales que son también de primer orden. Hoy continuamos reflexionando sobre la virtud de la esperanza de la que ya vimos algunos aspectos en el último programa. Hoy nos centramos en los siguientes. Número 1820 del Catecismo La esperanza cristiana se manifiesta desde el comienzo de la predicación de Jesús en la proclamación de las Bienaventuranzas. Las Bienaventuranzas elevan nuestra esperanza hacia el cielo, como hacia la nueva tierra prometida. Trazan el camino hacia ella a través de las pruebas que esperan a los discípulos de Jesús. Pero, por los méritos de Jesucristo y de su pasión, Dios nos guarda en la esperanza que no falla. Romanos 5 La esperanza es el ancla del alma segura y firme que penetra a donde entró por nosotros como precursor Jesús. Hebreos 6 Es también un arma que nos protege en el combate de la salvación. Revistamos la coraza de la fe y de la caridad con el yelmo de la esperanza de salvación. Primera de Timoteo... No lo tengo bien apuntado. Nos procura el gozo en la prueba misma. Primera de Tesalonicenses 5. Dice Nos procura el gozo en la prueba misma. Con la alegría de la esperanza constantes en la tribulación se expresa y se alienta y se alimenta con la oración particularmente en la del Padre nuestro resumen de todo lo que la esperanza nos hace desear. En el número 1821 del Catecismo Podemos, por tanto, esperar la gloria del cielo prometida por Dios a los que le aman y hacen su voluntad En toda circunstancia cada uno debe esperar con la gracia de Dios perseverar hasta el fin y obtener el gozo del cielo como eterna recompensa de Dios por las obras buenas realizadas con la gracia de Cristo. En la esperanza la Iglesia implora que todos los hombres se salven Espera estar en la gloria del cielo unida a Cristo su Esposo. Espera, espera que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado que todo se pasa con brevedad aunque tu deseo hace lo cierto dudoso y el tiempo breve largo. Mira que mientras más peleares más mostrarás el amor que tienes a tu Dios y más te gozarás con tu amado con gozo y deleite que no puede tener fin. Cita a Santa Teresa de Jesús Cita a Santa Teresa de Jesús Muy bien pues a modo de conclusión personal de este programa de hoy diré que no es nuevo que un Papa hable de la santidad pues lo han hecho todos los Papas desde el Concilio Vaticano II tal vez la novedad del Papa Francisco es la concreción y la claridad con la que lo expresa en esta exhortación en la que no se centra en la vida de los santos para ponerlos como ejemplos en esto destaca la visión de un camino hacia la realización y la felicidad plena según el proyecto único e irrepetible que Dios Pues en verdad, este es el camino seguro que siguieron los santos que nos han precedido. Esto es, los santos no han seguido la vida de otros santos, se han dejado llevar por la misma luz del Espíritu Santo. Vemos, pues, en la exhortación que aparecen las claves esenciales del acompañamiento espiritual, lo cual nos confirma que es un camino de perfección, también, al que pueden acceder todos los fieles que lo deseen. Así vemos la necesidad de la oración, la meditación del Evangelio, la vida de sacramentos que otorgan la gracia santificante, todo lo cual nos lleva a la práctica de las virtudes puras. Y, por último, la oración misma del Espíritu Santo. En este camino hay contrariedades, hay luchas que superar, pero como bien subraya el Papa, con la ayuda de Dios y el discernimiento podremos superarlas, eso sí, siendo conscientes de nuestros límites. De ahí que nos insiste en que necesitamos la ayuda de la gracia, la cual nos va configurando para que podamos reflejar. Con autenticidad, la luz de Cristo en nuestras vidas, pues, repetimos, Cristo es la cabeza de la Iglesia y es la única fuente de la santidad. Al recordarnos que la ley suprema de la Iglesia es la caridad, el Papa está corrigiendo la actitud de quienes, desde una posición de superioridad moral, pretenden dar lecciones, tal vez, de forma permanente. El Papa está corrigiendo la actitud de quienes, desde una posición de superioridad moral, pretenden dar lecciones, tal vez, de forma permanente. El Papa está corrigiendo la actitud de quienes, desde una posición de superioridad moral, pretenden dar lecciones, tal vez, de forma permanente. No sea así entre nosotros. Pues bien, sabemos que el Señor puede llamar a unos a la oración, a otros al estudio, y a los otros a la acción desinteresada del servicio voluntario a los Armados. Y que digonse el Opositor donde está, lo hacáis así y, cuando estéis ahí, dígonse el Opositor e indíguesis, sus discípulos, mihhab, la química o la sabiduría. El proceso es igual para todos, aunque el comienzo sea distinto. Con el tiempo, los que fueron llamados por la vía de la oración o el estudio captarán la necesidad de abrirse a la participación de los que seían llamados. De igual modo, los que fueron llamados a la acción voluntaria de servicio captarán la necesidad de unirse a la oración de la Iglesia y al estudio de las enseñanzas que custodia. Pues bien, yo he disfrutado con la lectura de esta exhortación apostólica, con la que me siento muy bien identificado. Es una invitación a quitarnos los miedos para entrar en el camino de la vida espiritual que nos lleva a la bienaventuranza eterna. Qué gran dicha la de sentirnos llamados a ser santos y realizar cosas extraordinarias en la vida ordinaria. Esto es posible y está al alcance de todos si somos capaces de avivar nuestra fe para ser testigos del mismo Cristo y para dar un ejemplo fiel a la Iglesia. En su seguimiento, con nuestro sacrificio espiritual personal, todo ello en favor de la humanidad, pues todos estamos necesitados de comprensión. Dejemos entonces que la gracia de Dios haga su obra en nosotros para que pueda aparecer en nuestro semblante la imagen de Jesús. Esta gracia nos viene por la participación en la vida de Jesucristo, con el que nos unimos por medio de la oración y, sobre todo, en la Eucaristía. Solo así seremos miembros de su cuerpo místico, esto es, miembros de la Iglesia de Cristo. Avivemos, pues, nuestra vida de oración. Acudamos cada día ante el Santísimo Sacramento y permanezcamos en adoración, en silencio. Busquemos un rato cada día para estar en su presencia. Y pongamos ante el Señor las necesidades de toda la humanidad, con la esperanza plena y con la esperanza de alcanzar los bienes espirituales que nos ha prometido. Y, sobre todo, practicando la caridad con los más necesitados. Sigamos el ejemplo. Las enseñanzas del fundador de la adoración nocturna española, el Venerable Luis de Trelles, quien decía así en su tiempo. Nos situamos en 1870. ¿Cuál será, pues, el verdadero Señor? ¿Cuál será el verdadero fin? ¿Cuál es el objetivo de la comunión? Consiste en alimentar la unión santificante y vivificante de nuestra alma con Dios. Sostener en nosotros la vida espiritual e interior. Hacer que no desfallezcamos en el viaje y en el combate de la vida. Y que no perdamos la santidad que Dios nos ha dado por el bautismo y la confirmación. Muy bien, pues. Hoy, en las vísperas de la Solemnidad de la Santísima Trinidad, terminaremos recordando la necesidad que tenemos todos de pedir asiduamente el auxilio del Espíritu Santo, a fin de que nos acreciente las virtudes teologales, especialmente esta esperanza que hemos meditado, con cuya ayuda podremos asumir la realización de cosas extraordinarias en nuestras tareas cotidianas. Confiando así en merecer la vida bienaventurada. Que la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, nos guíe en el camino de santidad que ella ya ha recorrido y del que goza eternamente junto a Jesús. Recordemos siempre que la oración del Rosario va preparando la Tierra, nuestra propia Tierra, para que podamos recibir nuevas gracias y para que podamos dar frutos espirituales abundantes, tanto en la afloración de las virtudes como en el servicio a los hermanos. Y que nuestro honesto y coherente testimonio siempre será motivo suficiente para despertar la admiración de cuantos nos observen, con lo que iremos exhortándolos y animándolos a su propia conversión. Esta es nuestra misión evangelizadora, ser testigos. Y para ello, hemos de formarnos para estar testigos. Para estar preparados. Muy bien, pues damos por finalizado el programa de hoy, diciendo que el próximo viernes, día 20 de junio, analizaremos la exhortación apostólica del Papa Francisco, Christus vivit. Vive Cristo, esperanza nuestra. De 25 de marzo de 2019, sobre la fe y el discernimiento de los jóvenes. Y seguidamente, reflexionaremos sobre nuevos aspectos de las virtudes teologales. Damos por finalizado el programa. Gracias por vuestra atención y hasta el próximo programa de acompañamiento espiritual. Un abrazo a todos. Que el Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén. Ave María Purísima, sin pecado concedida, María Santísima.
Las virtudes teologales (IV). #25
Fecha: viernes, 6 de junio de 2025, a las 21:00:00
Duración: 52:57
Transcripción de Episodio 25. Francisco.- Exh. Ap. 'Amoris laetitia' (2016), sobre el amor en la familia.
Buenas noches a los que me escucháis. Os habla Javier Cebrián, vocal de Formación Espiritual del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed bienvenidos al programa Acompañamiento Espiritual de Radio Lavandé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios. Bien sabemos que esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior, el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues solo Cristo es la cabeza de la Iglesia, de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. Y buscamos la unión con el Espíritu Santo, no solamente para nosotros. No solo para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa, que celebramos el 4 de octubre de 2024, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo, a fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Hoy, en nuestra oración, tenemos presente al nuevo Papa León XIV. Pedimos también por todos los obispos para que el Espíritu Santo los lleve a la iglesia. Que los guíen al gobierno y administración de la iglesia con miras a la unidad con Cristo, verdadero Dios y pastor del rebaño, sumo y eterno sacerdote. Pedimos también por todas las necesidades de la iglesia, las de todos los pueblos de la tierra, por la paz en el mundo. Por todos los hombres, especialmente aquellas personas que se nos han encomendado. Y muy particularmente por nuestros familiares, amigos y bienhechores. Invocamos. Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía a tu Espíritu y serán creados y renovarás la faz de la tierra. Oh Dios, que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos rectamente que el Espíritu Santo es nuestro Espíritu. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve, María, llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos ya en materia. Recordando que estamos siguiendo una serie de programas en los que vamos analizando cronológicamente los documentos más importantes del magisterio del Papa Francisco. Son siete exhortaciones apostólicas y tres encíclicas más que se añaden a la Dilexit Nos que vimos al final de la anterior serie de programas sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. En el anterior programa analizamos la Biblia. Analizábamos la encíclica Laudato si, alabado seas, de 24 de mayo de 2015, sobre el cuidado de la casa común. Y seguidamente reflexionábamos sobre algunos aspectos de las virtudes teologales. En el programa de hoy vamos a analizar la exhortación apostólica Amoris Laetitia, de 19 de marzo de 2016, sobre el amor en la familia. Y seguidamente reflexionaremos sobre nuevos aspectos de las virtudes teologales. Comenzamos recordando que el pontificado del Papa Francisco abarca un total de doce años, desde 2013 a 2025. Que fue elegido Papa el 13 de marzo de 2013, tras la renuncia de su predecesor, el Papa Benedicto XVI. Fue el primer pontífice originario de las Américas. Y el primer Papa perteneciente a la Compañía de Jesús, fundada en 1540 por San Ignacio de Loyola. Falleció el pasado 21 de abril, lunes de la octava de Pascua de Resurrección de este año jubilar, que él mismo abrió. Que descanse en la paz de Dios. Recordamos también que una exhortación apostólica es un documento oficial del Magisterio. Y que, aunque no es de primer orden, goza de una autoridad pastoral significativa. Está dirigida a todos los fieles católicos y busca animar, instruir o guiar acerca de un tema específico. Es un texto para la reflexión y la puesta en práctica de las enseñanzas de la Iglesia sobre el asunto que trata. Las exhortaciones apostólicas se suelen presentar al final de un seminario. El Sínodo de los Obispos. En el que se ha debatido un tema importante para la Iglesia. Son, pues, documentos que recogen las reflexiones y las conclusiones del Sínodo. El Papa Francisco promulgó la exhortación apostólica post-sinodal amoris laetitia. La alegría del amor o el amor en las familias. El 19 de marzo de 2016. Solemnidad de San José. En su cuarto año de pontificado. El documento recoge los resultados de dos sínodos sobre la familia. Celebrados en 2014 y 2015 respectivamente. En los que se abordaron los problemas que vienen padeciendo las familias en las últimas décadas. Divorcios, parejas de hecho, uniones de personas del mismo sexo, etc. La exhortación se enmarca en el contexto de la evangelización. Pues las familias tienen encomendada la educación de la prole. Pero además también en el ámbito del año jubilar dedicado a la misericordia. Temas que aparecerán en el documento. Los antecedentes de la exhortación apostólica se remontan a la tercera asamblea general extraordinaria del Sínodo de Obispos. Del 2014. Convocada por el Papa Francisco bajo el lema. Los desafíos pastorales sobre la familia. En el contexto, como hemos dicho, de la evangelización. Esto representó un momento decisivo en su papado. Porque suscitó gran interés mediático. Al despertarse algunas polémicas internas que no se daban en la Iglesia desde el Concilio Vaticano II. Aunque algunos plogos y sectores de la Iglesia. Se alertaron ante los cuestionarios que se habían enviado en la fase preparatoria del Sínodo. Este no buscaba debatir asuntos de doctrina. Explicada suficientemente por el Magisterio. No obstante, se tuvo que aclarar explícitamente para salvar algunos malos entendidos. En la Audiencia General del 10 de diciembre de 2014. El Papa presentó un resumen del referido Sínodo. Y señaló los tres documentos oficiales que de él surgieron. El breve mensaje final. Las relaciones conclusivas del Sínodo. En las que se trata sobre los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización. Y el último discurso del Pontífice. Estos documentos se presentaron con miras a la constitución de un nuevo Sínodo posterior. Más largo y extenso que el anterior. Que trataría sobre el mismo tema de la familia. Y que tuvo lugar tras la convocatoria de la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos. Que finalmente se celebró en el año 2015. Y que se presentó con el lema. Jesucristo revela el misterio y la vocación de la familia. La importancia de estos dos sínodos. Más allá de la forma establecida. La apreciamos en que se trataron algunos temas eclesialmente controvertidos. Siempre en relación con las situaciones reales. Que viven muchas familias desde 1980. Año en el que se celebró el anterior concilio. Con la familia como tema central. La exhortación apostólica post-sinodal a Moris laetitia. Expone las conclusiones de ambos sínodos. Entendidos como una unidad. Que abarca, digamos, dos etapas. Es de destacar que hubo un periodo intermedio de casi un año. En el que fueron consultadas las conferencias episcopales. Con participación extendida por los obispos. A las familias y a los fieles en general. Por medio de una metodología específica. Que pretendía potenciar el carácter sinodal tan querido por el Papa. Preocupación permanente del Papa Francisco. Porque quería involucrar también a los laicos. Así entendido, la exhortación apostólica a Moris laetitia. Sobre el amor en la familia. Responde a las conclusiones de estos dos sínodos. Cuyas relaciones conclusivas son ampliamente citadas por el Papa. En la propia exhortación. El Papa hace referencia a otras citas de documentos. Y enseñanzas de sus predecesores. Y de sus numerosas catequesis sobre la familia. También cita las constituciones de diversas conferencias episcopales del mundo. Kenia, Australia, Argentina, entre otras. Y otras citas de personalidades significativas. Como Martin Luther King. O Eric Fromm. E incluso hay una cita a la película. La fiesta de Babette. Babette. De Isaac Dinesel. Con la que el Papa explica el concepto de la gratuidad. Como acto de amor que sana las heridas de la rigidez. Podemos decir que la exhortación. Es un análisis de los problemas que viven las familias. Entre los que destaca la crisis del matrimonio. Tema que requiere una profundización. Para dar una respuesta cristiana a la situación actual. De suerte que pueda servir de estímulo. Para la evangelización de las familias. Pues bien. Entrando ya en la exhortación apostólica. Diremos que es un documento muy extenso. Al que deberíamos dedicar un tiempo. Para su lectura y para la meditación personal. El texto se estructura. En trescientos veinticinco puntos. Divididos en dos partes. Una introducción. Y una exposición. Con nueve capítulos. Que llevan los siguientes títulos. Primero. A la luz de la palabra. Segundo. Realidad y desafíos de las familias. Tercero. La mirada puesta en Jesús. Vocación de la familia. Cuarto. El amor en el matrimonio. Quinto. Amor. Amor que se vuelve fecundo. Sexto. Algunas perspectivas pastorales. Séptimo. Fortalecer la educación de los hijos. Octavo. Acompañar, discernir e integrar la fragilidad. Noveno. Y último. Espiritualidad matrimonial y familiar. En la introducción. El Papa clarifica la complejidad del tema. Y la profundización que requiere. Pero se muestra optimista al afirmar que las intervenciones de los padres en el sínodo han compuesto un precioso poliedro que debe ser preservado. Y manifiesta que no todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones del magisterio. El Papa estima que para algunas ocasiones, en cada país o región, se deben buscar soluciones más inculturadas, atentas a las tradiciones y a los desafíos locales. Indicando además que este principio de inculturación no puede ser globalizado. Por lo que resulta importante el modo de plantear y comprender los problemas más allá de las cuestiones dogmáticas que ya están muy bien definidas por el magisterio de la Iglesia. Y explica la razón. Dice. Las culturas son muy diversas entre sí y todo principio general tiene necesidad de ser inculturado si quiere ser observado y aplicado. Para el Papa, entonces, lo interesante es el reto de cuidar con amor la vida de las familias. Pues estas, dice, no son un problema, son principalmente una oportunidad. Es por esto que el Papa afirma con claridad. Que es necesario salir de la estéril contraposición entre la ansiedad de cambio y la aplicación pura y simple de normas abstractas. Y concluye la introducción con estas palabras. Los debates que se dan en los medios de comunicación, en las publicaciones y aún entre ministros de la Iglesia. Van desde un deseo desenfrenado de cambiar todo sin suficiente reflexión o fundamento. Hasta la actitud de pretender resolver todo aplicando normativas generales o extrayendo conclusiones excesivas de algunas reflexiones teológicas. Ya en el capítulo primero. El Papa. Hablamos del tema la luz de la palabra. Pues el Papa entre los números 8 al 30. Orienta a seguir la luz de la palabra de Dios. Que es la mejor compañera de viaje. También para las familias que están en crisis. O en medio de algún dolor. Porque es allí donde vamos a encontrar la meta del camino. Y donde podemos descubrir las ideas más claras del modelo familiar. La familia de Nazaret. En la Sagrada Escritura dice como María. Somos invitados a custodiar y meditar en el corazón las maravillas de Dios. Inicia pues su reflexión con una meditación sobre el Salmo 128. Propio de la liturgia nupcial. Tanto judía como cristiana. Aprecia que la Biblia está llena de familias. De generaciones. De historias de amor y de crisis familiares. Lo que le lleva a la conclusión. De que la familia no es un ideal abstracto. Sino un trabajo artesanal. Que se expresa con ternura. Pero que está confrontado permanentemente. Con el pecado desde el inicio. Cuando la relación de amor se transforma en dominio. En el capítulo segundo. Realidad y desafíos de las familias. Números 31 al 57. El Papa recorre la situación de las familias en la época actual. Reconociendo que no hay un estereotipo de la familia ideal. Sino un amplio abanico de religión. Realidades diferentes. Que nos llama a liberar en nosotros las energías de la esperanza. Para traducirlas en sueños proféticos. En acciones transformadoras. Con la imaginación de la caridad. Solo dice desde el realismo. Y desde un correcto análisis. Seremos capaces de alcanzar soluciones concretas. Y esto será posible. Si abandonamos el individualismo exagerado. Que hace difícil hoy. La entrega a otra persona. De manera generosa. En la situación actual. Se teme la soledad. Se desea un espacio de protección. Y de fidelidad. Pero al mismo tiempo. Crece el temor de ser atrapado. Por una relación. Que pueda postergar el logro. De las aspiraciones personales. Por eso dice. Hemos de seguir un camino dinámico. De crecimiento. Y de realización. Que no consista. Únicamente en insistir. Sobre cuestiones doctrinales. Bioéticas y morales. Sin motivar la apertura de la gracia. El Papa concluye este capítulo. Diciendo que con el ejemplo de Jesús. Que no perdía jamás. La cercana compasión. Con las personas más frágiles. Por eso es necesario. Dar espacio. A la formación de la conciencia. De los cielos. Y enfatiza en esto. Que estamos llamados. A formar las conciencias. No a pretender sustituirlas. En el capítulo tercero. La mirada puesta en Jesús. Vocación de la familia. Números 58 al 88. El Papa se centra. En la vocación de la familia. Y el matrimonio. Pues sus miembros. Han sido redimidos por Cristo. Así entendido. Jesús alumbra a todo hombre. Cita de Juan 1. Al inspirar. El cuidado pastoral de la iglesia. Hacia los fieles. En cualquier estado de convivencia. Esta mirada. Es amplia. E incluye también las situaciones imperfectas. Pues fuera del verdadero matrimonio natural. También hay elementos positivos. Presentes. En las formas matrimoniales. De otras tradiciones religiosas. Seguidamente. Nos presenta. Algunos elementos esenciales. De la enseñanza de la iglesia. Sobre el matrimonio y la familia. En medio de ellas. Entiende que. Debe volver a resonar siempre. El primer anuncio. Pues toda formación cristiana. Es ante todo. La profundización del carisma. Pues Jesús. Ha llevado a su plenitud. El proyecto divino. Y el matrimonio. Es un don del Señor. Cita a 1 Corintios 7. Enfatiza también. En que la familia. Y el matrimonio. Fueron redimidos por Cristo. Cita a Efesios 5. Por lo dicho. Incluye también. A los esposos unidos en matrimonio. Solo civil. O a los divorciados. Vuelto a casar. Aunque el grado de responsabilidad. No es igual en todos los casos. La idea. Es que los padres de familia. Puedan cumplir. Con la misión educativa de los hijos. Pues con ello también edifican la iglesia. Esto es. El amor vivido en las familias. Es una fuerza constante. Para la vida de la iglesia. Y concluye este capítulo. Diciendo. Que la doctrina. Debe expresarse con claridad. Pero evitando los juicios. Que no toman en cuenta. La complejidad de las diversas situaciones. Por lo que hay que estar atentos. Al modo en que las personas. Viven y sufren. A causa de su condición. Dice así. Sepan los pastores. Que por amor a la verdad. Están obligados. A discernir bien las situaciones. En el capítulo cuarto. El Papa nos recuerda. Que la gracia del sacramento. El matrimonio. Está destinada ante todo. A perfeccionar el amor de los cónyuges. Cita al código de derecho canónico. El amor. Es paciente. Serviciado. No tiene envidia. Cita primera de Corintios 13. El amor de los esposos. Perfecciona el vínculo de unión. Por la caridad. Y servicio mutuo entre ambos. Este vínculo. Encuentra siempre. Nuevas expresiones de amor. Si se invoca cada día al Espíritu Santo. Pidiendo la gracia necesaria. También tiene presente. La transformación del amor. En la prolongación de la vida. No podemos. Prometernos. Tener los mismos sentimientos. Durante toda la vida. En cambio. Si podemos. Tener un proyecto común. Estable. Comprometernos. A amarnos. Y a vivir unidos. Hasta que la muerte nos separe. Y vivir siempre una rica intimidad. Se trata pues. De una contribución rica y preciosa. Para la vida cristiana de los cónyuges. Que tiene en cuenta. La psicología de las emociones de ambos. Positivas y negativas. Esta enseñanza. No tiene hasta ahora parangón. En precedentes documentos papales. Y abandona. La exclusiva visión idealista. Que compara el matrimonio. Con la perfecta unión que existe. Entre Cristo y su iglesia. Pues el matrimonio. Como signo. Implica un proceso dinámico. Que avanza gradualmente. Con la progresiva integración. De los propios dones de Dios. El Papa. En este capítulo. Diciendo que hemos de tener presente. Que en la naturaleza misma. Del amor conyugal. Está la apertura a lo definitivo. En cuyo seno. Encontramos la combinación. De alegrías y de fatigas. De tensiones y reposo. De sufrimientos y de liberación. De satisfacciones. Y de búsquedas. De fastidios. Y de placeres. En el capítulo quinto. Amor que se vuelve fecundo. Números 165 al 198. El Papa pone de manifiesto. Que el amor conyugal. Es fecundo. Y generador de amor. Que no se agota dentro de la pareja. Los cónyuges. Dice. A la vez que se dan entre sí. Dan más allá de sí mismos. La realidad del hijo. Reflejo viviente de su amor. Signo permanente de la unidad conyugal. Y síntesis viva. E inseparable. Del padre y de la madre. En esto. Aprecia que el don de un nuevo hijo. Tiene como destino final. El gozo de la vida eterna. Comenta. Que el matrimonio. Que experimenta la fuerza del amor. Sabe que ese amor. Está llamado a practicar la caridad. Y a ser testigo del amor. En el mundo. Pues Dios ha confiado a la familia. El proyecto de hacer. Doméstico. El mundo. Por medio de las relaciones parentales. Con la presencia de toda la familia. Los tíos. Los primos. Los parientes. Los amigos. En este sentido. No toma en consideración la familia mononuclear. Pues bien. Es consciente de la amplia red de relaciones sociales. En la que nos movemos. En la que practicamos. Una creciente relación. Con los otros. En el capítulo VI. Algunas perspectivas pastorales. Números 199 al 258. El Papa. Nos recuerda. Que las familias cristianas. Por la gracia del sacramento nupcial. Son los principales sujetos. De la pastoral familiar. Sobre todo. Con su testimonio gozoso. En la iglesia doméstica. La iglesia quiere llegar. A las familias. Con humilde comprensión. Y su deseo es. Acompañar a cada una. Y a todas las familias. Para que puedan descubrir. La mejor manera de superar. Las dificultades que se encuentran. En el camino. Cita a la relación final. Número 56. Del año 15. Apela a la participación de los laicos. En el camino de preparación. De los jóvenes al matrimonio. Y de las propias familias. En los primeros años de la vida matrimonial. Favoreciendo así el crecimiento. En la fe con la animación. A la confesión frecuente. A la dirección espiritual. La asistencia a retiros. Y creando espacios. De oración familiar. Familia que reza unida. Permanece unida. Reconociendo que hay casos. Donde la separación. Es inevitable. El papa sostiene que será necesario. Acompañar a los cónyuges. Después de rupturas y divorcios. Especialmente ante el dolor. De quienes han sufrido injustamente. La separación o el abandono. O bien. Se han visto obligados a romper la convivencia. Por maltrato. En esto aprecia las consecuencias. Que conlleva sobre los hijos. En cualquier caso. Se trata pues. De fortalecer el amor. Y ayudar a sanar las heridas. De manera que podamos. Prevenir el avance. Del actual drama. También analiza. Las situaciones de matrimonios mixtos. Y de aquellos. Con disparidad de culto. Acerca de la participación eucarística. Recuerda que. La decisión de permitir. O no al contrayente no católico. La comunión eucarística. Debe ser tomada de acuerdo. Con las normas vigentes. En la materia. Tanto para los cristianos de oriente. Como para los otros cristianos. Pero teniendo en cuenta. Esta situación especial. En la que reciben el sacramento del matrimonio. Dos cristianos bautizados. Es una cita al directorio. Para la aplicación de los principios. Y normas sobre el ecumenismo. Del año 93. Citada también. En la relación final. Número 72 del año 15. En otros casos. Irregulares. En los que se solicita. El bautismo de un cónyuge. En situación irregular. Confirma y mantiene. Que los obispos. Están llamados a ejercer. Un discernimiento pastoral. Acorde con el bien espiritual. De ambos cónyuges. Y el papa. Concluye este capítulo. Diciendo que es consciente. De que a los ministros. Ordenados. Les suele faltar formación adecuada. Para tratar los complejos problemas. Actuales de las familias. Por ello es partidario. De que se mejore la formación. Psicoafectiva de los seminaristas. Involucrando. Más a las familias. En la formación al ministerio. En el capítulo. Séptimo. Fortalecer la educación de los hijos. Números 259 al 290. El papa analiza la educación. Como función esencial de los padres. Por su incidencia. En el desarrollo moral de los hijos. Tarea que se ha de realizar. De un modo consciente. Entusiasta. Razonable y apropiado a la vez. La familia. Es lugar de sostén. De acompañamiento. Para ellos. Aunque deba reinventar sus métodos. Y encontrar nuevos recursos. Pero siempre cultivando. La libertad. A través de propuestas y motivaciones. Que ayuden a desarrollar. Esos principios interiores estables. Que mueven. A obrar espontáneamente el bien. Pero sin exigencias. Inalcanzables. Con paciente realismo. Dice. Sostiene que la familia. Sin caer en la obsesión educativa. Ha de guiar. El proceso de maduración. Y crecimiento integral. Que capacite a los hijos. A desempeñar una auténtica autonomía. En el ámbito. De la educación sexual. Considera que debe incluirse también. El respeto. Y la valoración de la diferencia. Con apertura. A la aceptación del otro. La educación de los hijos. Debe estar marcada. Por un camino de transmisión de la fe. Con adaptación a cada hijo. Según las etapas de su edad. Pero atendiendo. A la gradualidad. Del proceso formativo. Y concluye este capítulo. Afirmando. Que de esta forma. La familia. Es sujeto de la acción pastoral. Mediante el anuncio explícito del evangelio. Y el legado. De múltiples formas de testimonio. Solidaridad con los pobres. Apertura a la diversidad de las personas. Custodia de la creación. Etcétera. Con las que se muestran. Como iglesias domésticas. Y fermento evangelizador. En la sociedad. En el capítulo. Octavo. Acompañar, discernir. E integrar la fragilidad. Números 291 al 312. El papa comenta. Que la iglesia. Entiende. Que toda ruptura del vínculo matrimonial. Va contra la voluntad de Dios. Pero que también. Es consciente. De la fragilidad de muchos de sus hijos. Cita. A la relación sinodal número 24. Del año 14. De ahí que deba. Apreciarlo todo. Con la mirada de Jesucristo. Que mira con amor. A quienes participan de su vida. De modo incompleto. Reconociendo eso sí. Que la gracia de Dios. También obra en sus vidas. Es una cita. A la relación sinodal número 24. Del año 14. Es pues. Una clara invitación. A la misericordia. Y al discernimiento pastoral. Frente a las situaciones. Que no responden. A lo que el señor propone. En este sentido. El papa refuerza. Esta acción de la misericordia. Con tres verbos. Acompañar, discernir. E integrar. Que son fundamentales. Para afrontar situaciones de fragilidad. Complejas o irregulares. Pero teniendo presente siempre. Las circunstancias atenuantes. De toda esa lógica. De la misericordia pastoral. El matrimonio cristiano. El reflejo de la unión entre Cristo. Y su iglesia. Se realiza plenamente. En la unión entre un varón y una mujer. Que se donan recíprocamente. En un amor exclusivo. Y en libre fidelidad. Se pertenecen hasta la muerte. Y se abren. A la comunicación de la vida. Consagrados por el sacramento. Que les confiere la gracia. Para constituirse en iglesia doméstica. Y fermento. De vida nueva. También comenta. Otras formas de unión. Que contradicen radicalmente. Este ideal. Pero reconoce que algunas. Lo realizan al menos. De modo parcial y análogo. La iglesia por tanto. No puede dejar de valorar. Los elementos constructivos. En otras situaciones. Que todavía no corresponden. O ya no corresponden. A su enseñanza sobre el matrimonio. En otras situaciones. Incluidas por razones culturales. O contingentes. La iglesia. Puede valorar también aquellos signos de amor. Que de algún modo reflejan. El amor de Dios. Son citas. A las relaciones sinodales. 41-43 del año 14. Y las 70 del año 15. En esto indica. Que la iglesia debe actuar. Con gradualidad. Y mirada cercana. Buscando siempre el camino de Jesús. Que es el de la misericordia. Y la integración. Como es el caso de los divorciados. En una nueva unión. Que no han de ser catalogadas. O encerradas en afirmaciones rígidas. Sin dejar lugar. A un adecuado discernimiento personal. Y pastoral. Este es el caso. De los que viven una unión. Consolidada en el tiempo. De sus hijos. Probada fidelidad. Entrega generosa. Compromiso cristiano. Conocimiento de la irregularidad de su situación. Y gran dificultad. Para volver atrás. Sin sentir en conciencia. Que se cae en nuevas culpas. Para estos casos. Sugiere la importancia de un acompañamiento. Que ayude a los cónyuges. A la reflexión sincera. Que puede fortalecerles la confianza. En la misericordia de Dios. Que no es negada a nadie. Cita a la relación final. Número 85 del año 15. Se trata en definitiva. Como enseña santo Tomás de Aquino. De que aprendamos a aplicar. Con menos rigor las normas. Incorporando el discernimiento pastoral. Y evitando con ello. Que se cierre el camino. De la gracia. Y el crecimiento. En el camino de santificación. Que da gloria a Dios. Invita pues a los fieles. Que viven situaciones complejas. A que se acerquen. A conversar con sus pastores. O con laicos. Que viven entregados al Señor. Y al mismo tiempo. Invita a los pastores. Y a estos laicos. A escuchar con afecto y serenidad. Con el deseo sincero. De entrar en el corazón del drama. De las personas. Y de comprender su punto de vista. ¿Para qué? Para ayudarles a vivir mejor. Y a reconocer. Su propio lugar en la iglesia. El Papa concluye este capítulo. Diciendo que no podemos olvidar. Que la misericordia. No es sólo el obrar del Padre. Sino que ella se convierte. En el criterio para saber. Quienes son realmente. Sus verdaderos hijos. Entendido así. Estamos llamados. A vivir de misericordia. Porque a nosotros en primer lugar. Se nos ha aplicado también. Misericordia. Es una cita. A la Bula Misericordiae Pultus. Del año 2015. En el capítulo noveno. Y último. Espiritualidad matrimonial y familiar. Números 313 al 324. El Papa recuerda. Que la espiritualidad de los laicos. Brota de la vida familiar. Y debe asumir. Características peculiares. Por razón del estado del matrimonio. Y de la familia. Recuerda. Que la Trinidad está presente. En el templo de la comunión matrimonial. Que habita. En cada familia real y concreta. Compartiendo todos sus sufrimientos. Todas sus luchas. Y alegrías. Todos los intentos. Cotidianos. Si el amor. Anima esa autenticidad. El Señor reina allí. Con su gozo y su paz. Por esto. Una comunión familiar bien vivida. Es un verdadero camino. De santificación en la vida ordinaria. Pero también. De crecimiento místico. Un medio para la unión. Íntima con Dios. Este es. El camino de los cónyuges. Cuando asumen. El desafío y el anhelo. De envejecer y desgastarse juntos. Con lo que reflejan siempre. La fidelidad de Dios. Es un camino de santidad. Que se convierte para los esposos. En un espacio de sana autonomía. Y ayuda mutua. Para descubrir. Que el otro no es suyo. Sino que pertenece a Dios. Su único Señor. Por eso. Que cada cónyuge. Tenga su espacio exclusivo. En los que se reserva. Cierto trato. A la soledad. Para tratar con Dios. Y para sanar las heridas de la convivencia. Y con ello. Posibilitar el encuentro. En el amor de Dios. Que da sentido a la propia existencia. Y a la vida familiar. Y concluye este capítulo. Diciendo que así vivido. La vida de familia. Se convierte en un pastoreo. Misericordioso. En el que cada uno. Con cuidado amoroso. Pinta y escribe en la vida del otro. No con tinta. Sino con el Espíritu de Dios vivo. Cita a II Corintios 3. En definitiva. Se trata de una honda. Experiencia espiritual. Que lleva a los esposos. A contemplar. A cada ser querido. En el amor de Dios. Y reconocer a Cristo en él. El Papa. Concluye la exhortación apostólica. Diciendo que. Con la comunión de los esposos. La familia se convierte en el núcleo. Que no solo acoge la vida. Generándola en su seno. Sino que se abre. Sale de sí. Para derramar su bien en otros. Para cuidarlos. Y buscar su felicidad. Bajo el impulso del Espíritu. Y su iglesia. Siempre con el ejemplo. De la familia de Nazaret. Y de la fraternidad sin mancha. Que existe entre los santos del Cielo. El broche final. De la exhortación apostólica. Es una oración a la Sagrada Familia. Que dice así. Jesús. María y José. En vosotros contemplamos. El esplendor del verdadero amor. A vosotros. Confiados. Nos dirigimos. Santa Familia de Nazaret. Haz también de nuestras familias. Lugar de comunión. Y cenáculo de oración. Auténticas escuelas del Evangelio. Y pequeñas iglesias domésticas. Santa Familia de Nazaret. Que nunca más. Haya en las familias. Episodios de violencia. De cerrazón y división. Que quien haya sido herido. Y escandalizado. Sea pronto consolado y curado. Santa Familia de Nazaret. Haz tomar conciencia. A todos. Del carácter sagrado. E inviolable de la familia. De su belleza. En el proyecto de Dios. Jesús. María y José. Escuchad. Acoged nuestra súplica. Amén. Muy bien. Pues concluido el análisis. De la exhortación apostólica. Pasamos a nuestra reflexión de hoy. Que nos lleva a las virtudes teologales. De esperanza y caridad. Para ello. Seguimos las enseñanzas del catecismo. Pues el catecismo. Contiene enseñanzas del magisterio. Esto es. Son enseñanzas doctrinales. También de primer orden. Hoy nos vamos a centrar. En la virtud teologal de la esperanza. Sobre la que el catecismo. Nos enseña así. Número. La esperanza. Es la virtud teologal. Por la que aspiramos al reino de los cielos. Y a la vida eterna. Como felicidad nuestra. Poniendo. Nuestra confianza. En las promesas de Cristo. Y apoyándonos. No en nuestras fuerzas. Sino en los auxilios. De la gracia del Espíritu Santo. Mantengamos firme. La confesión de la esperanza. Pues fiel es el autor. De la promesa. Cita Hebreos 10. Este es el Espíritu Santo. Que el derramó sobre nosotros. Con largueza. Por medio de Jesucristo. Nuestro Salvador. Para que justificados por su gracia. Fuésemos constituidos herederos. En esperanza. De vida eterna. Cita a Tito. Número 3. En el número 1818. Nos dice. La virtud de la esperanza. Corresponde al anhelo de felicidad. Puesto por Dios. En el corazón de todo hombre. Asume las esperanzas. Que inspiran las actividades de los hombres. Las purifica. Para ordenarlas. En el reino de los cielos. Protege del desaliento. Sostiene en todo desfallecimiento. Dilata el corazón. En la espera de la bienaventuranza. Eterna. El impulso de la esperanza. Reserva del egoísmo. Y conduce a la dicha. De la caridad. Número. Dice así. La esperanza cristiana. Recoge. Recepciona. La esperanza del pueblo elegido. Que tiene su origen y su modelo. En la esperanza de Abraham. En las promesas de Dios. Esperanza colmada en Isaac. Y purificada por la prueba del sacrificio. Esperando contra toda esperanza. Creyó. Y fue hecho padre de muchas naciones. Cita a Romanos 4. Muy bien. A modo de conclusión del programa de hoy. Una conclusión. Ciertamente personal. Diré que me parece muy acertado. El recorrido que hace el Papa. Sobre la tradición de la experiencia matrimonial. Y su evolución. A lo largo de la historia. Al que le sigue. Un estudio ciertamente realista. Y concreto. De la situación actual. Y de los diferentes modelos de familia. Que nos presenta la sociedad. Y de lo que tiene que dar. Creo que hay que destacar. Que el documento. No cambia la doctrina de la Iglesia. Ni su enseñanza fundamental. Se limita a poner énfasis. En la mayor importancia. Que ha de tener la misericordia. Sobre la interpretación estricta de las normas. Lanzando un señuelo. Para que pastores y laicos. Implicados en acompañar a las familias. Sigan la senda de la comprensión. Y la apertura a la misericordia. Querida por Jesucristo. Para con los pobres y humildes. Quienes siempre. Están necesitados de compasión. Es por eso que el Papa. Mira con ternura. Las familias que atraviesan. Ciertas situaciones de crisis. A veces muy complicadas. Al estar condicionadas. Por las realidades sociales y culturales. Del momento presente. Con todo el Papa. Busca reforzar la familia. Como célula básica de la sociedad. Por ser la primera institución. Que tiene en sus manos. La educación de la prole. Y con ello. Pone de relieve. La importancia de su responsabilidad. En la evangelización de los niños. En los primeros años de la vida. Razón de peso. Que nos obliga a todos. A formar a sus miembros. A animarla. Y a acompañarle espiritualmente. Por todas estas razones. El Papa entiende que la Iglesia. Debe emprender una tarea de apoyo. Extraordinario a los esposos. Dentro del nuevo proceso evangelizador. Del proceso evangelizador. De siempre. Quiere implicar. Más aún a los pastores. Pero ve también la necesidad de la participación. De los laicos. Lo que conlleva. Una mayor implicación de todos los fieles. En la labor pastoral de la Iglesia. Y en la formación. Espiritual. Esto sólo será posible. Cuando los fieles. Estemos bien formados. Y orientados a las verdades. De la fe revelada en Jesucristo. Con plena libertad de acogida. Este es el camino que nos inserta. Para ser miembros del cuerpo de Cristo. Y así podremos hacer las obras. Previstas por el Creador. En nuestra propia. Realización personal. Avivemos entonces nuestra fe. Para que nos ayude. A ser testigos del mismo Cristo. Y para dar un ejemplo fiel. En su seguimiento. Con nuestro sacrificio personal. En favor de los hermanos. Y particularmente. De las familias. De nuestro entorno. Dejemos entonces. Que la gracia de Dios. Haga su obra en nosotros. Para que pueda aparecer en nuestro semblante. La imagen de Jesús. Esta gracia nos viene por la participación. En la vida de Jesucristo. Con el que nos unimos. En la oración. Sobre todo. En la Eucaristía. Solo así. Seremos miembros de su cuerpo místico. Esto es. Miembros de la Iglesia de Cristo. Avivemos venga. Avivemos nuestra vida de oración. Acudamos cada día. Un ratito ante el Santísimo Sacramento. Permanezcamos en adoración. Y en silencio. Busquemos un rato cada día. Para estar en su presencia. Y pongamos ante el Señor. Las necesidades de toda la humanidad. Con confianza plena. Y con la esperanza de alcanzar. Los bienes espirituales. Que nos ha prometido. Y sobre todo. Practicando la caridad. Con los más necesitados. Sigamos el ejemplo. Y las enseñanzas. Del fundador de la adoración nocturna. Española. El Venerable Luis de Trelles. Quien decía. Así en su tiempo. Año 1882. Solo nuestra modestia. Solo nuestra humillación. Puede hacer. El acto. Menos indigno. Del Señor. Espiritualizando la obra. Con la práctica de la oración contemplativa. O mental. Y con los actos de desagradio. Cuidando de hacer. Esta poca cosa. Con espíritu de sacrificio. Y con el deseo de la perfección. Uniéndonos. A la víctima santa. Para impetrar del Señor. Las gracias especiales. Que tenemos necesidad. Y que tal vez. Nos otorgue en su infinita misericordia. Si se digna. Apartar la vista. De nuestra indignidad. Pues bien. Hoy. En vísperas ya de Pentecostés. Terminamos recordando la necesidad. Que tenemos todos de pedir asiduamente. El auxilio del Espíritu Santo. A fin de que nos acreciente. Las virtudes teologales. Que nos de sus dones. Pero sobre todo. Hoy pedimos especialmente la esperanza. Con cuya ayuda. Podremos asumir la realización. De nuestras tareas cotidianas. A la espera. De la vida bienaventurada. Esta es la gracia. Que nos preservará. En nuestro camino. De santidad. Del egoísmo. Y nos conducirá. A la dicha de la caridad. Y al servicio de los hermanos. Acudamos. A la mediación de la Virgen María. Madre de Dios y Madre nuestra. Para que sea ella. La que guíe nuestros pasos cada día. Al encuentro con Jesús. Recordemos. Que la oración del Rosario. Va preparando la tierra. Nuestra propia tierra. Para que podamos recibir nuevas gracias. Y para que podamos dar frutos. Espirituales abundantes. Tanto en la floración de las virtudes. Como en el servicio. A los demás. Nuestro honesto. Y coherente testimonio. Será motivo suficiente. Para despertar la admiración. La atracción. En la vida. Con lo que iremos animando. Y exhortándolos. A su propia conversión. Esta es nuestra misión evangelizadora. Y para ello. Hemos de estar preparados. Muy bien. Pues damos por finalizado el programa de hoy. Anunciando ya. Que el próximo viernes día 13 de junio. Analizaremos la exhortación apostólica. Del Papa Francisco. Gaudete et exsultate. Alegraos y regocijaos. Del año 2018. Sobre el llamado a la santidad. En el mundo actual. Y seguidamente. Reflexionaremos sobre. Nuevos aspectos. De las virtudes teologales. También podéis utilizar. El correo electrónico. Que os mando en los anuncios. Cualquiera que quiera. Aclarar algo. Y no quiera hablar. Para hacerlo de una manera directa. Puede utilizar también esa vía. Para hacer cualquier consulta. Para hacer cualquier comentario. Para hacer cualquier participación. Siempre será bienvenida. Y recibida. Gracias. Por vuestra atención. Hasta el próximo viernes. Hasta el próximo programa. De acompañamiento espiritual. Un abrazo a todos. Que el Señor nos bendiga. Nos guarde de todo mal. Y nos lleve a la vida eterna. Amén. Ave María Purísima. Sin pecado concebida. María Santísima.
Las virtudes teologales (III). #24
Fecha: viernes, 23 de mayo de 2025, a las 21:00:00
Duración: 01:01:06
Transcripción de Episodio 24. Francisco.- Encíclica 'Laudato si' (2015), sobre el cuidado de la casa común.
Buenas noches a los que me escucháis. Os habla Javier Cebrián, vocal de Formación Espiritual del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed bienvenidos al programa Acompañamiento Espiritual de Radio Lavandé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios. Bien sabemos que esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior, el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues solo Cristo es la cabeza de la Iglesia de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. Buscamos la unión con el Espíritu Santo, no solamente para dividirnos. No solo para dividir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa que celebramos el 4 de octubre de 2024, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, no es tuyo. Nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo, a fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Hoy, en nuestra oración, seguimos teniendo presente al nuevo Papa León XIV y pedimos para que el Espíritu Santo lo guíe en el gobierno y administración de la Iglesia con miras a la unidad con Cristo. Everton, verdadero pastor del rebaño, sumo y eterno sacerdote. Pedimos también por todas las necesidades de la Iglesia, por las de todos los pueblos de la Tierra y las de todos los hombres, especialmente las de aquellas personas que se nos han encomendado, particularmente nuestros familiares, amigos y bienhechores. Invocamos entonces. Ven Espíritu Santo, lleno de amor, de felicidad y de felicidad. Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles y encienden ellos el fuego de tu amor, envía tu Espíritu y serán creados y renovarás la faz de la tierra. Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos rectamente y gocemos de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Amén. Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos ya en materia, recordando que estamos siguiendo una serie de programas en los que vamos analizando cronológicamente los documentos más importantes del Magisterio del Papa Francisco. Siete exhortaciones apostólicas y tres encíclicas más que se añaden a la Dilexit Noos que vimos al final de la anterior serie de programas sobre la devoción al Sagrado Corazón. En el último programa analizábamos la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, la alegría del Evangelio, de 2013, sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. Y seguidamente reflexionábamos sobre algunos aspectos de las virtudes teologales, fe, esperanza y caridad. En el programa de hoy vamos a analizar la encíclica Laudato si, alabado seas. En el programa de hoy vamos a analizar la encíclica Laudato si, alabado seas. Comenzamos recordando que el pontificado del Papa Francisco abarca un total de doce años, desde 2013 a 2025. Jorge Mario Bergoglio fue elegido Papa el 13 de marzo de 2013. Tras la renuncia de su predecesor, el Papa Benedicto XVI, fue el primer pontífice originario de las Américas y el primer Papa perteneciente a la Compañía de Jesús, fundada en 1540 por San Ignacio de Loyola. Falleció el pasado 21 de abril de 2025, lunes de la octava de Pascua de Resurrección, en este año jubilar abierto por él mismo. Que descanse en la paz de Dios. Recordamos que una carta encíclica es un documento magisterial de primer orden en el que los Papas exponen los temas de la doctrina católica que afectan a una materia concreta. Está dirigida a todos los fieles católicos y a toda la gente de buena voluntad, y busca instruir y aunar la doctrina en el ámbito universal de la Iglesia. Laudato si, alabado seas. Es la segunda encíclica del Papa Francisco, firmada el 24 de mayo de 2015, Día de la Solemnidad de Pentecostés y presentada a los medios el 18 de junio de 2015. El nombre está tomado del Cántico de las Criaturas de San Francisco de Asís. Laudato si mi Signore. Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra Madre Tierra, la cual nos sostiene y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas. Bajo el subtítulo de Sobre el cuidado de la casa común, la encíclica nos presenta el planeta Tierra tal y como nos lo muestra nuestra fe. El lugar dispuesto por Dios para la vida de los hombres como criaturas de Dios llamadas a la conversión del corazón. La encíclica vio la luz en vísperas de la Cumbre del Clima de París, convocada por Naciones Unidas, prevista para finales de 2015, buscando servir como instrumento de reflexión para dicha cumbre en la idea de que se pudieran alcanzar acuerdos de mayor calado que los acordados en el protocolo de Kioto de 1997. Finalmente, la Cumbre del Clima de París, la número 21, estableció un marco legal y político para que todos los países se unieran en la lucha contra el cambio climático, con el objetivo de reducir las emisiones de gas de efecto invernadero y adaptarse así a los efectos del cambio climático. El objetivo principal acordado fue limitar el calentamiento global, buscando alcanzar los niveles de temperatura de la época preindustrial, una disminución entre 1,5 y 2 grados centígrados, con el compromiso de que cada país establezca sus propios objetivos de reducción de emisiones. Bien, entrando ya en la exhortación en la encíclica, diremos que es un documento muy extenso al que deberíamos dedicar un tiempo para su lectura como meditación personal. El texto se estructura en 246 puntos, divididos en dos partes, introducción y exposición, que consta de seis capítulos que llevan los siguientes títulos. Primero, lo que le está pasando a Kioto. Pasando a nuestra casa. Segundo, el evangelio de la creación. Tercero, la raíz humana de la crisis ecológica. Cuarto, una ecología integral. Quinto, algunas líneas de orientación y acción. Y sexto, educación y espiritualidad ecológica. La encíclica nos invita a interrogarnos sobre el sentido de la existencia y el valor de la vida. ¿Para qué pasamos por este mundo? ¿Para qué vinimos a esta vida? ¿Para qué trabajamos y luchamos? ¿Para qué nos necesita esta tierra? El Papa manifiesta que si no nos hacemos estas preguntas de fondo, dice, no creo que nuestras preocupaciones ecológicas puedan obtener resultados importantes. La encíclica pone en relación las sagradas escrituras y la tradición cristiana con los avances del conocimiento científico, buscando ayudar a detectar las raíces de los problemas acuciantes que sufre la humanidad. Problemas que se originan por la tecnocracia y la toma de decisiones sin la consideración de la dignidad del ser humano y el respeto al planeta Tierra. Como soluciones a estos problemas, el Papa propone emprender un diálogo honesto a todos los niveles sociales, de forma que se faciliten los procesos necesarios para tomar decisiones de forma responsable, con una conciencia bien formada, lo cual debiera abarcar los niveles educativo, político, teológico y eclesial, y todo ello teniendo en cuenta la espiritualidad, la cultura y la técnica de forma responsable. En la introducción, el Papa comienza presentando la cuestión principal, tal y como nos lo recordaba San Francisco de Asís en el Cántico de las criaturas, cuando llama al planeta Tierra casa común, hermana y madre. El Papa dice así. Nuestra casa común es también como una hermana con la cual compartimos la existencia y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos. Afirma que hemos llegado a hacer uso de la Tierra de un modo irresponsable, abusando de los bienes que Dios ha puesto en ella y tal vez pensando que estamos autorizados a expoliarla sin medida. En esto añade, la violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada Tierra, que gime y sufre dolores de parto. Es una referencia a Romanos 8. Algo está fallando en nuestra realidad existencial, pues no somos del todo conscientes de que el hombre, como bien interpreta la antropología teológica, tiene el encargo del Creador de dominar sobre todo lo creado. Pero sabiendo que el Creador no se desentiende, de la creación ni de la historia del hombre, es más, guiado por el mismo Dios, dador de vida conforme al plan de salvación, el hombre debe responder de su gestión en la historia de su existencia. No podemos olvidar que somos Tierra, en referencia a Génesis 2, y que estamos hechos con los elementos del mismo planeta en que vivimos, que el aire nos da el aliento y que el agua, nos vivifica y sostiene. El Papa alude a otros papas y personajes que han escrito sobre materias relacionadas con los temas centrales. Comenta así la encíclica Passen Interis, de 1963, del Papa Juan XXIII, manifestando que la Iglesia se ocupa de estos asuntos desde hace más de medio siglo. Resume estas citas diciendo que las aportaciones efectuadas por los papas recogen la reflexión de innumerables científicos, filósofos, teólogos y organizaciones sociales que enriquecieron el pensamiento de la Iglesia sobre estas cuestiones. También reconoce a otras Iglesias y comunidades cristianas que han dado muestras de preocupación por estos mismos temas, con cita expresa a las aportaciones del patriarca ecuménico Bartolomé, dice así, con el que compartimos la esperanza de la comunión eclesial plena. Presenta una bella alusión a San Francisco de Asís, santo patrono de cuantos estudian y trabajan en torno a la ecología, querido y respetado incluso por quienes no son cristianos, cuyo carisma perseguía de forma inseparable la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior. Para San Francisco, por despreciables que sean, todas las criaturas son hermanas, tienen todas un origen común, de forma que la naturaleza se comporta como un libro en el que Dios nos habla de su ternura, de su hermosura y bondad, por lo que es posible conocer al autor, a través de su obra. Y cita así, a través de la grandeza y de la belleza de las criaturas, se conoce por analogía al autor. Cita al libro de la sabiduría número 13. Reconoce que la sociedad está cambiando de actitud y que es la ocasión de ejercer un control efectivo de los niveles de contaminación y del clima, pues para el Papa Francisco, como queda de manifiesto, es fundamental una relación abierta a todos cuantos participamos de la vida en el planeta, porque el desafío ambiental que vivimos, dice, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos, y porque necesitamos una solidaridad universal nueva. Este es el fundamento de la encíclica, involucrar a todos los hombres, desde el tesoro de la experiencia espiritual cristiana, en favor de un renovado estilo de vida, que nos permita ser más responsables en la gestión de los medios que Dios ha puesto en nuestras manos. Ya en la exposición, capítulo primero, lo que le está pasando a nuestra casa, el Papa parte de la realidad de que el planeta está dañado y que la calidad de vida de gran parte de la humanidad sufre las consecuencias de este año, y recomienda analizar las causas para reconocer cuál puede ser la contribución de la humanidad al cuidado de la naturaleza. El Papa alerta de que este siglo podría ser testigo de cambios climáticos inauditos y de una destrucción sin precedentes de los ecosistemas, y enumera con detalle las causas más relevantes que alteran gravemente la biodiversidad del planeta. La contaminación atmosférica procedente del uso abusivo de combustibles, el uso de fertilizantes, insecticidas, fungicidas y otros agrotóxicos en general, la contaminación producida por los residuos peligrosos, la cultura del descarte que nos lleva a desechar rápidamente lo que ya no nos sirve, con el peligro de imponer esta actitud hacia las personas excluidas, la poca capacidad de reutilización de los residuos y desechos, el calentamiento global debido principalmente a la concentración de gases con efecto invernadero, la contaminación que provoca el anídrido carbónico en los océanos con incremento de la acidez de las aguas en la cadena alimentaria. Pues bien, considera el Papa que si queremos evitar estos efectos, hemos de hacer frente a las causas que los provocan. En este sentido, recomienda reducir el uso de combustibles fósiles por nuevas fuentes de energías limpias y renovables, desarrollando tecnologías adecuadas de acumulación para su aplicación en nuevas formas de producción y de transporte, favoreciendo un uso eficiente de energías y de las formas de construcción de edificios. El agua potable y limpia es de vital importancia también para la vida humana, así como para el sustento de los ecosistemas terrestre y acuático, motivos más que suficientes para entender que debe ser gestionada para que esté el agua al alcance de todos. Entiende que la acción del hombre suele estar detrás de cada amenaza, y, consiguientemente, es el hombre el responsable. En consecuencia, no podemos olvidar que la degradación ambiental juega un papel negativo en el desarrollo humano, que la humanidad es también criatura en este mundo y, por ende, está sujeta a los modelos de la cultura del descarte. Un crecimiento desmedido y desordenado urbano hace de las ciudades lugares insalubres para la vida, apartándonos de los espacios verdes que tiene la naturaleza, lo que provoca la exclusión, la fragmentación social y nuevas formas de agresividad como son el narcotráfico y el consumo creciente de drogas entre los más jóvenes, con la pérdida de identidad humana que esto supone. Opina que esto no es un verdadero progreso ni una mejora de la calidad de vida, sino más bien una degradación social animada por un aparente mundo virtual, el mundo digital, que no favorece para nada el desarrollo pleno de la humanidad y su capacidad de vivir sabiamente, de pensar en profundidad, de amar con generosidad. En lo relativo a la natalidad, piensa que no basta con proponer una reducción en determinados países para equilibrar la distribución de la población y los recursos disponibles. Más bien, conviene reconocer que el crecimiento demográfico es plenamente compatible con un desarrollo integral y solidario, pues sabemos que se desperdicia un tercio de los alimentos que se producen y que el alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre. Apreciada la necesidad urgente de una nueva ética de relaciones internacionales para encontrar equilibrios en el uso de los recursos naturales y las exportaciones entre los países del norte y el resto de países, los no industrializados, pues estos son los que sufren las consecuencias del calentamiento originado por un consumo desmedido de los países ricos, siempre a costa de los más pobres. Es necesario, por tanto, que los países desarrollados limiten el consumo de energía no renovable y aporten recursos a los países más necesitados para apoyar políticas y programas de desarrollo sostenible. Y concluye este capítulo haciéndonos ver que estas situaciones provocan el gemido de la hermana Tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo con un clamor que nos reclama otro rumbo. Y dirá, estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que él soñó al crearlo y responda a su proyecto de paz, de belleza y plenitud. Esto será posible creando un sistema normativo que favorezca la protección de los ecosistemas y la superación de las políticas tecnológicas y financieras que arrasan irracionalmente las fuentes de vida a fin de que prevalezca el bien común por encima de los intereses particulares. De esta forma, evitaremos conflictos sociales y bélicos que pueden alcanzar magnitudes imprevisibles y desproporcionadas. En el capítulo segundo, el Evangelio de la creación, el Papa, consciente de que está en juego una ecología integral que afecta el desarrollo pleno de la humanidad, se dirige ahora a creyentes y no creyentes, pues la Iglesia es defensora de un diálogo intenso y abierto entre la ciencia y la religión, de forma que cada una aporte sus diferentes aproximaciones a la realidad en aras de un objetivo común. Deben tenerse en cuenta que la creación es un proceso de creación, porque se deben tener en cuenta las diversas riquezas culturales del saber de los pueblos, incluido el arte, sin dejar de lado ninguna fuente del saber, ninguna ciencia o filosofía, ni tampoco las religiones que vienen iluminando lo que respecta a las cuestiones sociales que nos afectan a todos. A partir del Génesis expone que los relatos bíblicos nos explican la obra creadora y el plan de Dios en el que está incluida la humanidad. Acabada la creación, nos dice Génesis, Dios vio todo lo que había hecho y era muy bueno. Nos enseña que cada ser humano es creado por amor, hecho a imagen y semejanza de Dios, cita a Génesis 1. Y por tanto, quienes defienden la dignidad de las personas encuentran en la fe cristiana los argumentos más profundos para este compromiso. Según las narraciones bíblicas, el ser humano basa su existencia en tres relaciones fundamentales estrechamente conectadas. La relación con Dios, con el prójimo y con la tierra. Por estas tres relaciones vitales se han roto, no solo en lo externo, sino también en lo más interno de nosotros. Esta ruptura condicionó el pecado, que a su vez rompió la armonía. La relación entre el creador, la humanidad y todo lo creado, pues el ser humano pretendió ocupar el lugar de Dios, negando su propia limitación como criatura. El hecho del pecado desnaturalizó también el mandato de dominar la tierra y de labrarla y cuidarla. Génesis 2. La creación es fruto del orden del amor de Dios y este es el pecado. El móvil fundamental de todo lo creado. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hiciste porque si algo odiaras no lo habrías creado. Cita a Sabiduría 11. Cada criatura es objeto de la ternura del Padre y esta realidad debe movernos a mayor responsabilidad y llevarnos a pensar en un universo abierto a la trascendencia del mismo Dios. y de la cual se desarrolla la creación. Vemos así que la fe nos permite interpretar el sentido y la belleza misteriosa de todo lo que acontece. Por lo que tenemos el deber de cuidarla naturaleza y proteger. en contra la destrucción de si mismo. El peligro nos viene cuando los poderosos de las naciones las dominan. como señores absolutos. Y los grandes. Las oprimen con su poder. El Nuevo Testamento nos dice que no sea así entre nosotros, sino que el que quiera ser grande sea el servidor. Cita a Mateo 20. El fin de la marcha del universo está en la plenitud de Dios, que ya ha sido alcanzada por Cristo resucitado, quien abraza e ilumina todo, por lo que el ser humano, dotado de inteligencia y de amor, y atraído por la plenitud de Cristo, está llamado a reconducir todas las criaturas a su Creador. Y esto nos lleva a vivir en sentimientos de íntima unión con los demás seres de la naturaleza, con ternura, con pasión y, sobre todo, con preocupación por el resto de los seres humanos. Si Dios creó el mundo para todos, el derecho universal al uso de los bienes está por encima del derecho a la propiedad privada, pues Dios no excluye a nadie. En consecuencia, el desarrollo humano ha de respetar y promover los derechos humanos personales y sociales, económicos y políticos, incluidos los derechos de las naciones y de los pueblos, como nos enseña la carta encíclica Solicitudo Reis Socialis de 1912. Para que los bienes sirvan a la finalidad general que Dios les ha dado, no siendo conforme con el designio de Dios el uso de este don, de modo tal que sus beneficios favorezcan sólo a unos pocos. Y en este capítulo concluye que Jesús, en sus enseñanzas, se aparta de las filosofías que desprecian el cuerpo, la materia y las cosas de este mundo. Es un dualismo malsano. Más bien, Jesús santificó el trabajo y le otorgó un peculiar valor para nuestra maduración, invitándonos a que el hombre colabore en la redención de la humanidad, pues todo fue creado por él y para él. Colosenses 1. Desde el inicio de la creación, pero de modo concreto desde su encarnación, Cristo opera de parte de nosotros. En el conjunto de la realidad natural, sin por ello afectar a su autonomía. Tras su resurrección, Cristo glorioso está presente en toda la creación, con su señorío universal. Dios quiso que en él residiera toda la plenitud. Por él quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su Cristo. Cita a Colosenses 1. En el capítulo 3. Raíz humana de la crisis ecológica, el Papa reflexiona partiendo de la idea de que es justo alegrarse por los avances experimentados por la ciencia y la tecnología en los últimos dos siglos, particularmente la medicina, la ingeniería, las comunicaciones, así como los esfuerzos de muchos científicos y técnicos. Que han aportado alternativas para un desarrollo sostenible. Pero por otra parte, advierte que no podemos ignorar que los avances en el uso de la energía nuclear, la biotecnología, la informática, el conocimiento del ADN y otras capacidades que vamos adquiriendo, nos dan un tremendo poder. Los que ostentan el conocimiento y sobre todo el poder económico para utilizarlo. Ejercen un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad. Y esto conlleva un riesgo enorme. El problema toma tintes más profundos cuando el hombre se entusiasma por el éxito económico y tecnológico. Y se sitúa en la mentira de la disponibilidad infinita de los bienes del planeta. Esto conlleva la degradación constante del ambiente. Motivada por la creación de un entramado técnico. Que termina condicionando los estilos de vida. Y orienta las posibilidades sociales en la línea de los intereses de determinados grupos de poder. Este modelo, este paradigma tecnocrático, tiende a ejercer su dominio sobre la economía y la política. Con lo que las finanzas ahogan la economía real. Todo se escapa de nuestras manos poco a poco. Debido a la especialización que exige el avance tecnológico. Y esto lleva a la fragmentación de los saberes. Y lleva al hombre a perder el sentido de la totalidad. De las relaciones que existen entre las cosas. Del horizonte amplio de la vida que se vuelve irrelevante. No encontramos caminos orientados a buscar soluciones a los grandes problemas. Porque una ciencia que lo pretenda debería considerar las demás áreas del saber. Incluyendo la filosofía y la ética social. Por esto se pierden los verdaderos horizontes. Y entre tanto se agotan las reservas naturales. Y aumenta la contaminación. La gente ya no parece creer en un futuro feliz. Y va tomando conciencia de que el avance científico y técnico no equivale al avance de la historia de la humanidad. Es necesario aminorar la marcha. Para mirar la realidad de otra manera. Recoger los avances positivos y sostenibles. Recuperar los valores y los grandes fines desterrados por el desenfrenado mundo. Para retornar a un desarrollo humano y social más sano y fecundo. Y la forma correcta de interpretar el concepto del ser humano como señor del universo. Dice el Papa. Consiste en entenderlo como administrador responsable. En consecuencia, el hombre ha de estar por encima de la exaltación tecnocrática que no reconoce a los demás seres un valor propio. Hasta la reacción de negar todo valor peculiar al ser humano. No habrá, concluye el Papa, una nueva relación con la naturaleza sin un nuevo ser humano. Y no habrá ecología cierta sin una adecuada antropología que valore y reconozca previamente sus capacidades peculiares de conocimiento, voluntad, libertad y responsabilidad. Percibe a la persona como el ser superior de la creación. Advirtiendo que si el daño producido en los ecosistemas es consecuencia del mal en el hombre. Lo primero que habrá que hacer es sanar al hombre. Y uno de los factores que ayudan al cambio de comportamiento consiste en anteponer el resto de los seres al yo. Este es el primer paso de la negación de mi voluntad para hacer la voluntad de Dios. Para servir al otro prójimo. La primera consecuencia es pensar en el ser humano como criatura concebida por un hombre y una mujer. Vida que hay que proteger frente a la opción del aborto. Pues si no protegemos el embrión humano, ¿con qué pretexto vamos a educar en valores sociales? ¿Y con qué principios defenderemos el cuidado de la naturaleza? No es nada nuevo. Pues el relativismo práctico lleva implantado en nuestra sociedad desde hace varias décadas. De forma que mientras se dice y se defiende una cosa, hacemos otra. Y nuestro testimonio se vuelve. Contra nuestra propia existencia por la incoherencia de vida. ¿Con qué criterio defenderemos la degradación ambiental? Terminaremos por convertirnos en objetos. Todos los hombres. Cuando toleramos la explotación sexual, el abandono de las personas mayores, la compra de órganos humanos a los pobres o el descarte de niños enfermos en el vientre de la madre. Para salir de esta dinámica, hemos de aceptar verdades objetivas y principios sólidos que ningún proyecto político o normativa social con fuerza de ley puede aportar. Una salida orientada a la ecología ambiental pasa, pues, necesariamente por la ecología humana. Debemos dar prioridad al trabajo humano. De forma que no sólo cuide la creación, sino que también la creación. De modo que, por la labranza de la tierra, produzca frutos saludables con prudente desarrollo. La Iglesia muestra con ejemplo de vida cómo, con una adecuada formación y preparación, el hombre está llamado a la transformación de lo existente. Los monjes, a lo largo de los siglos, han dado muestras de ello. Ora et labora. Se hace necesario el desarrollo moral y espiritual. Para que el hombre pueda ser un agente responsable de su trabajo y de su mejora laboral. De suerte que no se desvirtúe en sí mismo, y dispersando las potencialidades que posee, pierda las dimensiones de la vida. La creatividad, la comunicación, la proyección y realización de sí mismo, en valores trascendentales. Las políticas de los diferentes países. las empresas, los negocios, el nervio, la vida. Todos los esfuerzos económicos deberían situar a las personas trabajadoras por encima de sus propios intereses. Los pequeños productores y las pequeñas iniciativas han de ser favorecidas con programas para el desarrollo sin quedar despreciadas por el sistema financiero. No hacerlo así sería un signo contradictorio de toda política que se precie. Igualmente ocurre con las políticas de investigación genética, para ayudar a la naturaleza en su desarrollo dentro de las líneas de la creación querida por Dios. Entonces, es correcto facilitar el avance científico en estas áreas, pero respetando en todo momento los ritmos lentos de la evolución de la naturaleza animal y vegetal y, a la vez, evitando que se pueda tratar a las personas como meros objetos del mercado. Concluye este capítulo afirmando que la defensa de la integridad del ambiente exige que estos mismos principios se apliquen a la vida humana para que los hombres sepan orientar la investigación en diálogo abierto entre todos, de forma que la técnica orientada con la ética sea capaz de limitar su propio poder. En el capítulo cuarto, una ecología integral, el Papa advierte que no podemos hablar de dos crisis independientes, la ambiental y la social, sino una compleja crisis socioambiental en la que todo está unido. Se hace necesario, por tanto, una aproximación integral que tenga en cuenta la interacción de los sistemas naturales entre sí y estos con los que se han unido. La solución, entonces, conlleva un plan contra la pobreza que devuelva la dignidad a los excluidos y, de forma simultánea, otro que se oriente al cuidado de la naturaleza. El Papa enfatiza en que todo está relacionado con la actividad del hombre, incluida la salud de las instituciones. Tal es así que cualquier falta de solidaridad... o de civismo del hombre con ellas, pone en peligro el medio ambiente, la calidad de vida de los sistemas y al propio hombre. Se hace, por tanto, necesario recuperar los elementos que contribuyen a la auténtica formación de los individuos y, con ello, al saneamiento de las instituciones, familia, comunidad local y naciones. Y en esto concluye que es posible... desde el respeto a los orígenes de los pueblos, a su patrimonio histórico, artístico y cultural, que también se ve amenazado. Se hace necesario poner en diálogo las realidades científicas y las culturales, las de la naturaleza y las humanas a la vez, cultivando una moral de respeto en las relaciones humanas que ayude a construir, desde el propio hombre y su sentimiento de pertenencia, Las ciudades habitables del mañana. Y todo ello sin olvidar que la tierra no es un bien económico únicamente, sino el don de Dios y de los antepasados que descansan en ella. De esta forma, la práctica de la solidaridad, de la justicia y del bien común elevará la dignidad de los ciudadanos y alcanzará a las generaciones futuras. En el capítulo quinto trata de algunas líneas de orientación y acción. Para el Papa es importante el subtítulo de la encíclica, pues concibe el planeta como patria y la humanidad como pueblo que habita en una casa común. Reconociendo que el movimiento ecológico mundial lleva ya un largo recorrido, desde esa perspectiva sugiere que se aporten soluciones globales y que se aporten a la vida. Y no de manera unilateral según los intereses particulares de los estados. Necesitamos un proyecto común a todos los pueblos que permita que el siglo XXI pueda ser recordado a largo plazo por haber sabido asumir con generosidad estas graves responsabilidades. Urge al establecimiento de una autoridad política mundial que controle el poder de los estados y naciones en todo el mundo. Todas las áreas que afectan a las buenas relaciones internacionales y transaccionales, superando el hecho de que la dimensión económico-financiera predomine sobre las políticas internacionales. Se impone la necesidad de una autoridad mundial con capacidad para gobernar la propia economía mundial, de forma que sea capaz de sanear las economías locales afectadas. Por la crisis que logre un oportuno desarme integral de las naciones en conflicto y que garantice la salvaguarda del ambiente, preveniendo los flujos migratorios. En el mismo sentido, las circunstancias actuales requieren de unos planteamientos comunes que erradiquen la miseria y favorezcan el desarrollo social y solidario de los ciudadanos. Un control ético del uso de la economía. Un control ético de las energías fundado en la solidaridad de todos los pueblos, un sistema de gobernanza de los océanos ante el creciente problema de los residuos marinos y la necesidad de proteger las áreas marinas internacionales. Los estados particulares deben ser presionados para optimizar sus sistemas de planificación, coordinación, vigilancia y control dentro de su propio territorio. Impidiendo que la corrupción en los procesos productivos contribuya a mayores riesgos potenciales en el largo plazo y, a la vez, potenciando nuevos procesos para la explotación de energías renovables que sean respetuosas con el cuidado de la propia tierra. Se impone, pues, la necesidad de gestionar con eficiencia nuevos sistemas. Transporte, formas de construcción, riego, desarrollo... transporte, formas de construcción, riego, desarrollo... transporte, formas de construcción, riego, desarrollo... sostenible agrícola... En definitiva, todo cuanto necesita el planeta para que los hombres, desde su sentido coherente de creyentes, recuperen la dignidad que Dios les ha dado, y en sano diálogo abierto, puedan favorecer un desarrollo global e integral que supere los intereses parciales de los estados. Y en sano diálogo abierto, puedan favorecer un desarrollo global e integral que supere los intereses parciales de los estados. En el capítulo 6º... denominado... educación y salud, ...y espiritualidad ecológica, el Papa nos plantea los cambios propuestos en los capítulos precedentes, de los que advierte que requieren un cambio en la conciencia de la humanidad. En este sentido, hace falta potenciar una educación en la responsabilidad personal y colectiva, alentando comportamientos que favorezcan el cuidado del ambiente, el uso de plásticos, papel adecuado, consumo obsesivo... ...uso razonable del agua, separación de residuos, etc. Es fundamental superar las formas de egoísmo colectivo que nos aíslan en nuestra propia conciencia para abordar nuevas actitudes solidarias y menos consumistas que favorezcan la convivencia recíproca y la ocupación del bien por el prójimo. Esta es la apertura al bien, a la verdad y a la belleza que Dios sigue alentando en los corazones de los hombres. ...pues no se ha... ...desentendido de la creación y continúa iluminando a los seres humanos en el plan de salvación. El Papa recomienda que se cultiven estos valores en la familia como lugar de formación integral y de la maduración personal en la escuela, los medios de comunicación y en las catequesis. De ahí que haga una llamada a todas las comunidades cristianas para que se impliquen en todos los ámbitos por el cuidado de la fragilidad de los pobres y del ambiente. De ahí que haga una llamada a todas las comunidades cristianas para que se impliquen en todos los ámbitos por el cuidado de la fragilidad de los pobres y del ambiente. Siendo conscientes todos de la necesidad de regenerar profundamente los hábitos de la vida en la sociedad y su relación con la naturaleza. La Iglesia puede ofrecer la evangelización como modo de pensar, de sentir y de vivir. Es un modo con auténticos principios interiores que fortalecen la acción personal y comunitaria, pues gracias al reconocimiento de los propios errores, pecados, vicios y negligencias, la Iglesia puede ofrecer la evangelización como modo de pensar, de sentir y de vivir. Por cierto, el concepto de evangelización se deja de usar hasta el futuro,inspira en si lo Osman Agostino reclame de nuevo. La Iglesia también Each creature presentes itself, connected to the living beings within reality. La Iglesia realiza, entonces, un nuevoporque de universalidad, que manifiesta el dinamismo de la conversión comunitaria y de esta forma cada criatura se presenta conectado a las demás criaturas reflejando así algo del Dios Resucitado que habita en lo más íntimo de mí. ...de cada ser, aportando su granito de arena en beneficio de toda la humanidad en la comunión universal. Todos buscamos la felicidad con gozo y alegría, pero esto sólo es posible cuando no nos apegamos a lo que tenemos ni nos entristecemos por lo que no poseemos. Esta felicidad está en conexión con la paz interior de los hombres y resulta muy necesaria para el cuidado de la ecología y del bien común, porque la auténtica vida se ve reflejada en un estilo de vida armónico que se orienta a una permanente capacidad de admiración por la naturaleza que está llena de palabras de amor. Es posible la contemplación del amor cuando nos detenemos y evitamos la sensación de amor. Evitamos la dispersión mental por el ansia de tener, de conocer, por la prisa de vivir emociones pasajeras que no nos aportan nada útil ni beneficio alguno a nuestro equilibrio. Se hace por tanto necesario vivir en paz consigo mismo, porque esta paz interior de las personas tiene mucho que ver con el cuidado de la ecología y del bien común. Conviene... Y cuestionad mucho el exterior, porque todo en el pasado no nos ha blowing bien en stabhy pero aún así en la vida de nosotros hemositureado, lo que nos requerió potato, cruce o poco o mucho, como si fuéramos abiertos a la seda. Por eso, en este enorme proceso de formación, observado, el amor individual es esto. Nosotras amamos no solo la salud o el beneficio, sino también la libertad de nuestro shipped, sea algo divino, a los genes, la beautification.... es verdad esa desgracia para las creencias, incluso la cooperación entre los..." la iglesia anora eso con la ciudadana del ? ????ando la enlazada con eso. En conclusión, todo está conectado, y esto nos invita a vivir plenamente en comunión con Dios, con los demás hombres, pero también con todas las criaturas, en una solidaridad global que tiene sus comienzos en el misterio de Dios uno y trino. Los creyentes contamos además con la madre y reina de todo lo creado que sigue cuidando maternalmente este mundo herido por el pecado. María, ella alcanzó toda la plenitud y hermosura junto a Cristo resucitado, y junto a San José, nos anima a vivir con la esperanza de alcanzar la salvación que nos ha sido revelada en Cristo. El Papa concluye la encíclica proponiendo dos oraciones. La primera, para que la podamos compartir todos los que creemos en un Dios creador omnipotente. La segunda, para que los cristianos sepamos asumir los compromisos con la creación que nos plantea el Evangelio de Jesús. Vamos a hacer la primera de ellas. La oración por nuestra tierra. Y en la más pequeña de tus criaturas. Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe, derrama en nosotros la fuerza de tu amor para que cuidemos la vida y la belleza. Inúndanos de paz para que vivamos como hermanos y hermanas sin dañar a nadie. Dios de los pobres, ayúdanos a rescatar a los abandonados y olvidados de esta tierra que tanto valen a tus ojos. Sana nuestras vidas para que seamos protectores del mundo y no depredadores. Para que sembremos hermosura y no contaminación y destrucción. Toca los corazones de los que buscan sólo beneficios a costa de los pobres y de la tierra. Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa. A contemplar admirados, a reconocer que estamos profundamente unidos. Muy bien, pues concluido el análisis de la encíclica pasamos a nuestra reflexión de hoy que nos lleva a las virtudes teologales. La fe, la esperanza y la caridad. Para ello seguimos las enseñanzas del catecismo porque el catecismo contiene también enseñanzas del magisterio. Esto quiere decir enseñanzas doctrinales que son también de primer orden. Hoy nos centramos de nuevo en la virtud teologal de la fe sobre la que ya vimos que es la fe la que recibimos en el bautismo y nos hace hijos adoptivos de Dios. Pero el catecismo nos va enseñando algunas cosas más. En el número 1814 nos dice. La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que él nos ha dicho y revelado y que la santa iglesia nos propone porque él es la verdad misma. Por la fe el hombre se entrega entera y libremente a Dios. Cita a ley verbo 5. Por eso el creyente se esfuerza por conocer y hacer la voluntad de Dios. El justo vivirá por la fe. Romanos 1. La fe viva actúa por la caridad. Gálatas 5. En el número 1815 nos dice. El don de la fe permanece en el que no ha pecado contra ella. Pero la fe sin obras está muerta. La fe no une plenamente el fiel a Cristo ni hace de él un miembro vivo de su cuerpo. En el número 1816 nos dice. El discípulo de Cristo no debe sólo guardar la fe y vivir de ella, sino también profesarla, testimoniarla con firmeza y difundirla. Romanos 2.1.2. El discípulo de Cristo no debe sólo guardar la fe y vivir de ella, sino también profesarla, testimoniarla con firmeza y difundirla. A confesar a Cristo delante de los hombres y a seguirle por el camino de la cruz, en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia. Alumen Gentium 42 El servicio y el testimonio de la fe son requeridos para la salvación. Todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos. Cita a Mateo 10 Como conclusión, podemos decir que el asunto más determinante de los equilibrios del planeta es consecuencia directa de este gran liberalismo, capitalismo predominante en las políticas de los estados más ricos. ¿Por qué? Todo parece reducirse a la obtención de beneficios, como motor del progreso material de los estados, lo que condiciona una relación personal guiada por el Dios Dinero, de cuyas políticas nacen todos los males restantes porque la humanidad vive condicionada por la avaricia, la codicia y la corrupción. No en vano, San Francisco surge en la historia como un personaje en el que se manifiesta la santidad para invitar a la gente a la fe. Pero, a pesar de que todos nos rodean de la violencia, el Papa nos permite ser asumidos de nuestra bondad y que nos permitamos vivir desapegados de los bienes materiales, a fin de que se cumpla en nosotros la voluntad de Dios y que podamos alcanzar la plenitud de vida en el amor de Dios. Vemos que el Papa opta por tratar conjuntamente la ecología de la naturaleza y de la humanidad, pues todas las criaturas son parte de la creación querida por Dios, uno y trino, de forma que su gloria se orienta a que el hombre viva en la forma que necesita. La encíclica es una forma que él ha dispuesto para que se muestre en su amor en cada persona, un amor en plenitud en cada hombre y mujer de su voluntad creadora. Nuestra vocación entonces pasa por el seguimiento de Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, quien nos ha sido revelado en el transcurso de la historia de la salvación. La encíclica es, pues, una llamada al ejercicio de la responsabilidad personal y colectiva en el modo de gestionar la tierra y cuanto hay en ella, por cuanto no podemos obrar a nuestro antojo como si nuestra vida estuviera al margen de Dios. Precisamente el hombre deja de serlo cuando se olvida que ha sido creado a imagen de Dios y se ve tan solo como la imagen más perfecta del mundo animal. Hemos, hemos sido creados por Dios, por amor y para amar. De suerte que el gobierno de todo lo creado se muestre como alabanza y gloria del creador. El hombre no puede perder esta conciencia de agradecimiento al creador, por tanto debe actuar conforme al principio de haber recibido la vida como un don de Dios. Solo de esta forma, como criatura que no es dueña de su vida, podremos, administrar sabiamente los bienes, los bienes que nos han sido entregados para nuestra realización. Una actuación incoherente en la vida personal de cada individuo tendrá siempre consecuencias para todo el universo. Y termino esta reflexión con una cita de San Basilio Magno, dice si el mundo tiene un principio y ha sido creado, busca al que lo ha creado. Busca al que le ha dado inicio al que es su creador. Y esto solo será posible cuando la humanidad esté bien formada y orientada a las verdades de la fe revelada en Jesucristo en libertad de acogida. Este es el camino que nos inserta para ser miembros del cuerpo de Cristo y así podremos hacer las obras previstas por el Creador. En nuestra realización personal. Pues que la fe nos ayude a ser testigos del mismo Cristo y a dar ejemplo de seguimiento con sacrificio propio en favor de los hermanos y de toda la humanidad. Dejemos entonces que la gracia de Dios haga su obra en nosotros para que pueda aparecer en nuestro semblante la misma imagen de Jesús. Esta gracia nos viene por la participación en la vida de Jesucristo con el que nos unimos por medio de la oración. Sobre todo en la Eucaristía. Sólo así seremos miembros de su cuerpo místico, esto es, miembros de la Iglesia de Cristo. Avivemos entonces nuestra oración. Acudamos cada día ante el Santísimo y permanezcamos en adoración, en silencio, busquemos un rato para estar en su presencia y pongamos ante el Señor las necesidades de toda la humanidad con confianza plena. Con esperanza de alcanzar los bienes espirituales prontos. Con esperanza de alcanzar los bienes espirituales prometidos. Practicando la caridad con los más desfavorecidos. Sigamos el ejemplo y las enseñanzas del fundador de la adoración nocturna española, el Venerable Luis de Trelles, quien decía así en su tiempo. Quien no utiliza esta hora feliz en que el Hijo del Eterno se hospeda en nuestro pecho, quien no aprovecha la audiencia que Dios le concede, no ha comulgado sino materialmente. Hoy terminamos entonces recordando que la oración de la Iglesia de Cristo es la oración de la Iglesia de Jesucristo. Recordando la necesidad de invocar a la Virgen María, Madre de Dios y Madre Nuestra, para que nos auxilie y guíe nuestros pasos cada día hacia el encuentro con Jesús. Recordemos que la oración del Rosario va preparando la tierra, nuestra tierra, para que pueda recibir nuevas gracias y para que pueda dar fruto abundante tanto en la floración de las virtudes como en el servicio a los hermanos. Nuestro testimonio. Nuestro testimonio. Es un motivo suficiente para despertar la admiración de cuantos nos observan, con lo que iremos exhortándolos a su propia conversión. Esta es la misión evangelizadora que nos pide la Iglesia y para ello hemos de estar preparados. Muy bien, pues damos por finalizado el programa de hoy diciendo que el próximo viernes día 30, por no poder realizar el programa en directo, vamos a emitir la reposición del programa de hoy. El programa número 9, en el que analizábamos el magisterio del Papa Benedicto XVI en todo lo relacionado con el acompañamiento espiritual y reflexionábamos sobre la necesidad de la pobreza evangélica. Dios mediante, el siguiente viernes, día 6 de junio, analizaremos la exhortación apostólica del Papa Francisco a Amoris Laetitia, el 19 de marzo del 16, sobre el amor en la familia. Y seguidamente seguiremos reflexionando sobre nuevos aspectos de las virtudes teologales. Muy bien, hoy no tenemos tiempo para conectarnos, con lo cual despedimos el programa. Os doy gracias por vuestra atención y os deseo todo lo mejor para estas dos semanitas. Nos vemos ya en el próximo programa de acompañamiento espiritual. Un abrazo a todos. Que el Señor nos bendiga. Nos vemos. Que nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén. Ave María Purísima, sin pecado concebida. María Santísima.
Las virtudes teologales (II). #23
Fecha: viernes, 16 de mayo de 2025, a las 21:00:00
Duración: 45:39
Transcripción de Episodio 23. Francisco.- Exh. Ap. 'Evangelii gaudium' (2013), sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual.
Buenas noches a los que me escucháis. Os habla Javier Cebrián, vocal de Formación Espiritual del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed todos bienvenidos al programa Acompañamiento Espiritual de Radio Lavandé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios. Bien sabemos que eso contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior, el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues solo Cristo es la cabeza de la Iglesia, de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. Y buscamos la unión con el Espíritu Santo no solo para la creación de la Iglesia, sino también para la creación de la Iglesia. No solo para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa que celebramos allá por el 4 de octubre de 2024, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón... Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo a fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo verdadero Dios y verdadero hombre. Hoy, en nuestra oración, seguimos teniendo presente al nuevo Papa León XIV y pedimos para que el Espíritu Santo lo guíe en el gobierno y administración de la Iglesia. Con miras a la unidad con Cristo, verdadero Dios, verdadero Pastor del rebaño, Sumo y Eterno Sacerdote, tenemos presentes todas las necesidades de la Iglesia, las de todos los pueblos de la Tierra y las de todos los hombres, especialmente las de aquellas personas que se nos han encomendado, particularmente nuestros familiares, amigos y bienhechores. Invocamos. Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y encienden ellos al fuego de tu amor. Envía a tu Espíritu y serán creados y renovarás la faz de la Tierra. Oh Dios, que has ilustrado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo, haz que guiados por el mismo Espíritu sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Amén. Oh Dios nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres. Guía el amor entre todas las mujeres y al Señor es contigo. Amén. Bendita tú eres entre todas las mujeres. show your love and all that you dedicate to this to death and your intimacy and yourlevance. Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos ya en materia, recordando que estamos siguiendo una serie de programas en los que vamos analizando, cronológicamente, los documentos más importantes del Magisterio del Papa Francisco. Son siete exhortaciones apostólicas y tres encíclicas más que se añaden a la Dilexit Nos que vimos al final de la anterior serie de programas sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. En el anterior programa, analizábamos la encíclica Lumen Fidei, de 29 de junio de 2013, sobre la fe, y seguidamente reflexionábamos sobre algunos aspectos de las virtudes teologales, la fe, la esperanza y la caridad. En el programa de hoy, vamos a analizar la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, la alegría del Evangelio, de 24 de noviembre de 2013, sobre el Evangelio. El anuncio del Evangelio en el mundo actual. Y seguidamente reflexionaremos sobre nuevos aspectos de las virtudes teologales. Comenzamos recordando que el pontificado del Papa Francisco abarca un total de 12 años, desde el año 2013 al 25. Jorge Mario Bergoglio fue elegido Papa el 13 de marzo de 2013, tras la renuncia de su predecesor, el Papa Benedicto XVI. Fue el primer pontífice originario de las Américas y el primer papa perteneciente a la Compañía de Jesús, fundada en 1540 por San Ignacio de Loyola. Falleció el pasado 21 de abril de 2025, lunes de la octava de Pascua de Resurrección. Que descanse en la paz de Dios. Diremos que una exhortación apostólica es un documento oficial del Magisterio y que, aunque no es de primer orden, goza de una autoridad pastoral significativa. Está dirigida a todos los fieles católicos y busca animar, instruir o guiar acerca de un tema específico. Es un texto para la reflexión y la puesta en práctica de las enseñanzas de la Iglesia sobre la Iglesia. Las exhortaciones apostólicas se suelen presentar al finalizar un sínodo de los obispos en el que se ha debatido un tema importante para la Iglesia. Son, pues, documentos que recogen las reflexiones y las conclusiones del sínodo. Así entendido, la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual, responde a las conclusiones de la Iglesia. La décimo tercera asamblea del sínodo de los obispos, celebrada del 7 al 28 de octubre de 2012, en la que se abordó el tema de la nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana. Este sínodo había sido convocado por el Papa Benedicto XVI y se centró en la importancia de la nueva evangelización para mantener viva la fe cristiana en el mundo actual. Según el Santo Padre, que quiso anunciar personalmente la convocatoria de ese importante acontecimiento eclesial en la solemne celebración de la Eucaristía de clausura de la Asamblea Especial para Oriente Medio, el nuevo sínodo de los obispos debería ser un momento de verificación del camino recorrido, para emprender con nuevo impulso la urgente obra de la evangelización del mundo contemporáneo. La decisión del Sumo Pontífice estuvo precedida por dos importantes acontecimientos. En primer lugar, según la praxis ya establecida, el secretario general del sínodo de los obispos pidió, en nombre del Santo Padre, a los 13 sínodos de las iglesias orientales católicas sui iuris, las que tienen una autonomía de gobierno propio, a las 113 conferencias episcopales de la iglesia católica, a los 25 dicasterios de la curia romana y a la unión de superiores generales, que indicaran por escrito tres temas que podrían tomarse en consideración para una reflexión sinodal, es decir, que deberían tener una notable importancia pastoral, interesar a la iglesia universal y ser adecuados para la iglesia. Y, por último, el debate sinodal. Pues bien, una vez obtenidas las respuestas de los organismos señalados, con los que el sínodo de los obispos mantiene una colaboración institucional, fueron comunicadas al Santo Padre, tras una atenta evaluación por parte del Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, compuesto por 15 miembros, 12 de los cuales fueron elegidos durante la XII Asamblea General Ordenada, celebrada del 5 al 26 de octubre del 2008, y tres fueron nombrados por el Sumo Pontífice. En sus respuestas, la mayoría de las propuestas giraban precisamente en torno a la cuestión de la transmisión de la fe, proceso que experimentaba muchas dificultades debido a los grandes cambios del orden social, cultural y religioso. El segundo acontecimiento, que influyó en la elección de la Iglesia, en la elección definitiva del tema sinodal, fue la decisión que tomó el propio Santo Padre de crear un nuevo dicasterio, el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización. Este nuevo dicasterio fue creado el 21 de septiembre de 2010 con el motu proprio Obicumque et Semper del Papa Benedicto XVI. En consecuencia, fue un acierto la decisión del Papa de centrar el sínodo en la reflexión, pastoral sobre la transmisión de la fe en la nueva y necesaria evangelización de los pueblos, eso sí, adaptándose a la diversidad en toda la Iglesia. El texto de la exhortación es, por tanto, un recorrido que incluye su pensamiento personal, con la aportación de variadas fuentes. Destacan en primer lugar las proposiciones de los padres sinodales de la XIII Asamblea del Diocese, el sínodo, con respecto a las fuentes primarias de las Escrituras y de algunos padres de la Iglesia como son Ireneo de León , San Ambrosio de Milán , San Agustín de Hipona . Cita también algunos de los maestros espirituales medievales como Santo Tomás de Aquino y los Beatos Isaac de Estela y Tomás de Kempis . Y por último, cita algunos autores modernos como son John Henry Newman , Henry Daly Bach , Romano Guardini y George Bernanos . Pues bien, entrando ya en la exhortación apostólica de Evangelii Gaudium, diremos que es un documento muy extenso al que deberíamos dedicar un tiempo. Para su lectura y para la meditación personal es recomendable. El texto se estructura en 288 puntos divididos en dos partes principales. Una introducción y la propia exposición con cinco capítulos que llevan por título los siguientes. La transformación misionera de la Iglesia. En la crisis del compromiso comunitario. El anuncio del Evangelio, que es el tema central. La dimensión social de la evangelización. Y Evangelizadores con espíritu, título con el que se cierra la exhortación. Su tema central, como decía, es el anuncio misionero del Evangelio y su relación con la alegría cristiana. Aunque veremos que trata sobre muchos otros temas, con los que el Papa expresa las líneas de pensamiento que seguiría en su pontificado, en las que se aprecia cierta influencia de la Teología de la Liberación en su vertiente argentina, conocida como Teología del Pueblo. Encontramos otros temas variados como la paz, la homilética, la justicia social, la familia, el respeto por la creación en el ámbito de la ecología, el ecumenismo, el diálogo interreligioso, y el rol de las mujeres en la Iglesia. Por último, decir que contiene algunos temas transversales, como los problemas de las sociedades modernas, de los sistemas económicos injustos, de la especulación financiera, de la corrupción y de la evasión fiscal. En la introducción, el Papa comienza reflexionando sobre algunos pasajes de la Biblia que muestran una relación extrema. Una relación estrecha entre la alegría del mensaje cristiano y la misión evangelizadora de la Iglesia. El texto, como bien ha reconocido ya el Papa León XIV, se muestra como una adhesión al camino que la Iglesia Universal está recorriendo tras las huellas del Concilio Vaticano II, en la que destacan algunas notas fundamentales, como son la conversión misionera de toda la comunidad cristiana, y el regreso al primado de Cristo en el anuncio del Evangelio. En el punto 17, el Papa nos presenta un avance de intenciones sobre los contenidos que quiere tratar y que son los siguientes. La reforma de la Iglesia en salida misionera, las tentaciones de los agentes pastorales, la Iglesia entendida como la totalidad del pueblo de Dios que evangeliza, la familia y su preparación, la inclusión social de los pobres, la paz y el diálogo social, y las motivaciones espirituales para la tarea misionera. En el primer capítulo, la transformación misionera de la Iglesia, el Papa percibe a la Iglesia en salida, dicho esto con sentido misionero. Esto es, una Iglesia con las puertas abiertas, que sale al encuentro, de las periferias humanas, lo que no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido. Se trata de dar pasos ordenados, dejando de lado la ansiedad para mirar a los ojos de las personas y escuchar a los otros, acompañando a los que se van quedando atrás en el camino. Se trata de que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino, de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están, pues no es válida, la simple administración. Y todo ello siguiendo los pasos que nos marcó el Concilio Vaticano II, por medio de una conversión eclesial desde la fidelidad a Jesucristo. En esto destaca la importancia que tiene la parroquia, porque tiene una gran plasticidad, puede tomar forma en su forma, y anima a todas las realidades eclesiales, oratorios, movimientos, relaturas, comunidades de base, a que se integren en la participación de la pastoral concreta de cada parroquia, de cada lugar. Seguidamente reafirma la importancia que tienen los obispos en sus iglesias particulares, donde pueden actualizar y reforzar el anuncio cristiano por medio de vías siempre nuevas. El Papa, en este contexto evangelizador, afirma que se dispone a reformar el papado y a buscar, dice textualmente, sugerencias que se orienten a un ejercicio de su ministerio que lo vuelva más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle. Quiere una iglesia que se edifique desde los evangelios, con todas las limitaciones humanas, pero con corazón abierto a la misión que está llamada a realizar. En el segundo capítulo, en la crisis del compromiso comunitario, el Papa nos presenta dos aspectos para la reflexión. Primero de ellos, bajo el título, algunos desafíos del mundo actual en el que se tratan los temas de economía, exclusión, cultura moderna, incluyendo los nuevos movimientos religiosos y el problema de la religión. Segundo tema del relativismo, pero siempre buscando que no queden excluidos los más débiles. Segundo tema, segundo asunto, bajo el título, tentaciones de los agentes pastorales, describe dos posibilidades de errores entre los cristianos. El primero, la fascinación del gnosticismo, que propone una fe encerrada en el subjetivismo, donde sólo interesa una determinada experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos. El segundo error es el neoplagianismo autorreferencial y prometeico, que tiene un elitismo narcisista y autoritario, donde en lugar de evangelizar, lo que se hace es analizar y clasificar a los demás. En esto también advierte sobre el peligro de un cuidado ostentoso de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia. No podemos quedarnos ahí. En el tercer capítulo, el anuncio del evangelio, tema central, el Papa nos indica que la Iglesia somos todos, la totalidad de los bautizados y, por tanto, todos estamos llamados a ser agentes misioneros y a estar dispuestos para realizar el primer anuncio o querigma. Con la ayuda del Espíritu Santo, todos podemos discernir la verdad de la fe y vivir en coherencia con ella. Es lo que se llama el sensus fidei, el sentido de la fe. Especialmente, en sus formas más propias e inclusivas, como es la fuerza de la piedad popular. Considera que este primer anuncio, el querigma, se puede realizar de persona a persona, en los mismos ambientes en los que habitualmente desarrollamos nuestra actividad social o profesional, sin tener que recurrir a fórmulas aprendidas concretas y siempre de acuerdo con la cultura de cada lugar, de cada región. Con todo, aprecia que el Espíritu Santo sigue despertando los carismas necesarios en cada momento y lugar, con una multiplicidad de dones que deben apreciarse como una diversidad de carismas, siempre con miras a la unidad eclesial. Y todo ello en una Iglesia que se empeña en la evangelización. Aprecia y alienta el carisma de los teólogos y su esfuerzo por la investigación teológica que promueve el diálogo con el mundo de las culturas y de las ciencias. El Papa destaca también la importancia de la homilía, que debe ser breve y evitar parecerse a una charla o una clase, debiendo ser preparada por los presbíteros con cuidado y anticipación con lo que llega a afirmar. Un predicador que no se prepara no es espiritual, es deshonesto e irresponsable con los dones que ha recibido. Para predicar bien es necesario, dice, acercarse a la Palabra con un corazón dócil y orante, para que la propia Palabra penetre a fondo en sus pensamientos y sentimientos y engendre dentro de sí una mentalidad nueva. También es muy útil una lectura asidua espiritual y la utilización de los recursos pedagógicos que ayudan a la comprensión de los fieles. La nueva evangelización, en definitiva, ha de tener en cuenta que el envío misionero del Señor incluye el llamado al crecimiento de la fe y así lo indica, enseñándoles a observar todo lo que os he mandado. Así queda claro que el primer anuncio debe provocar también un camino de formación y de maduración. Y esto con la práctica de las virtudes. Especialmente la virtud del amor al prójimo, siempre con miras a la santificación de todos los fieles. La evangelización, entonces, conlleva un proceso de maduración que se sustenta en la unión con Cristo y en la necesidad de un acompañamiento catequético para que los procesos de crecimiento de los fieles sean adecuados y bien orientados por el discernimiento del Espíritu. Este proceso de crecimiento sigue los pasos del acompañamiento espiritual a los que dedica varios números, del 169 al 173. Se trata de dedicar un tiempo para detenerse ante el otro cuantas veces sea necesario. Y para ello, dice, la Iglesia tendrá que iniciar a sus hermanos, sacerdotes, religiosos y laicos, en este arte del acompañamiento, para que todos aprendan siempre a quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro. Tenemos que darle a nuestro caminar el ritmo sanador de proximidad, projimidad, con una mirada respetuosa y llena de compasión, pero que al mismo tiempo sane, libere y aliente a madurar en la vida cristiana. Esto nos convierte de los peligros que engendra la falsa libertad espiritual, cuando algunos, creyéndose libres, caminan al margen de Dios, sin advertir que se quedan existencialmente huérfanos, desamparados, sin un hogar donde retornar siempre. Dejan de ser peregrinos y se convierten en errantes, que giran siempre en torno a sí mismos, sin llegar a ninguna parte. En este sentido, afirma que hemos de tener presente que el acompañamiento sería contraproducente si se convirtiera en una suerte de terapia que fomente este encierro de las personas en su inmanencia, en su propio yo, y deje de ser una peregrinación con Cristo hacia el Padre. Por esta razón, el Papa nos dice, más que nunca necesitamos de hombres y mujeres, que desde su experiencia de acompañamiento, conozcan los procesos donde campea la prudencia, la capacidad de comprensión, el arte de esperar, la docilidad al espíritu, para cuidar entre todos a las ovejas que se nos confían de los lobos que intentan disgregar el rebaño. Necesitamos ejercitarnos en el arte de escuchar, que es más que oír. Y todo ello con apertura de corazón en la proximidad, sin la cual no existe un verdadero encuentro espiritual. Practicando la escucha respetuosa y compasiva que despiertan los ideales cristianos y las ansias de responder plenamente al amor de Dios y el anhelo de desarrollar lo mejor que Dios ha sembrado en la propia vida. Siempre con la virtud de la paciencia que enseñaba santo Jesús. Pero también con gracia y caridad para poder superar las inclinaciones contrarias que persisten. Se trata entonces de llegar a un punto de madurez que permita a las personas ser capaces de tomar decisiones verdaderamente libres y responsables. Para el Papa, el acompañante ha de saber reconocer que la situación de cada sujeto es diferente. Que cada sujeto ante Dios y su vida en gracia es un misterio que nadie puede conocer plenamente desde fuera. Es por esto que la corrección, el acompañante debe hacerla a la luz del Evangelio, el cual nos propone corregir y ayudar a crecer a una persona a partir del reconocimiento de la maldad objetiva de sus acciones. Cita Mateo 18. Pero sin emitir juicios sobre su responsabilidad y culpabilidad, cita a Mateo 7, a Lucas 6, este es el camino de crecimiento espiritual que la Iglesia nos ofrece. Y en esto el Papa concluye con estas palabras. El auténtico acompañamiento espiritual, siempre se inicia y se lleva adelante en el ámbito del servicio a la Misión Evangelical. Con el ejemplo claro de la relación que tuvo Pablo con Timoteo y Tito, todo un ejemplo de acompañamiento y formación en medio de la acción apostólica. Al mismo tiempo que les confía la misión de quedarse en cada ciudad para terminar de organizarlo todo, les da criterios para la vida personal y para la acción pastoral. En el cuarto capítulo, la dimensión social de la evangelización, el Papa nos orienta a meditar sobre una serie de temas transversales relacionados con la evangelización como son la inclusión social de los excluidos, los sin techo, los tóxicos dependientes, los refugiados, los pueblos indígenas, los ancianos, cada vez más solos y abandonados, etc. El trabajo político a largo plazo y el diálogo social, diálogo que es entre fe y razón, un diálogo ecuménico, el diálogo interreligioso y el diálogo social ampliamente entendido. Destacamos sobre esto algunos puntos. El Papa sugiere seguir la doctrina social de la Iglesia para hacer frente a la religión. El Papa sugiere seguir la doctrina social de la Iglesia para hacer frente con diálogo valiente y confiado a los problemas del mundo contemporáneo en sus diferentes componentes y sus diferentes realidades de cada país. Reconoce que los católicos podemos aprender mucho también de los no católicos, especialmente de anglicanos y ortodoxos, buscando con ello que la Iglesia universal llegue al compromiso de acoger las verdades aceptadas por todos y más concretamente, Reconoce que los católicos podemos aprender mucho también de los no católicos, especialmente de anglicanos y ortodoxos, buscando con ello que la Iglesia universal llegue al compromiso de acoger las verdades aceptadas por todos y más concretamente, dice así, sobre el sentido de la colegialidad episcopal y sobre su experiencia de la sinodalidad. Afirma que el judaísmo no es una religión ajena al catolicismo y que los judíos no tienen necesidad de convertirse, ya que su alianza con Dios jamás ha sido revocada. Considera que los ritos no cristianos de todas las religiones, en general, pueden tener un origen divino, pues todos son una experiencia comunitaria de camino hacia Dios. Y pueden ser también cauces que el mismo Espíritu suscite para liberar a los no cristianos del inmanentismo ateo. En el quinto y último capítulo, Evangelizadores con Espíritu, el Papa nos orienta a recuperar el encuentro personal con Cristo Con la ayuda de la Virgen María Verdadero ejemplo de actitud para todo anuncio misionero. Para ello nos recuerda que es el Espíritu Santo el que nos infunde la fuerza necesaria para anunciar el evangelio con audacia en todo tiempo y lugar. Por lo que hemos de apoyarnos siempre en la oración sin la cual toda acción corre el riesgo de quedarse vacía y el anuncio El Evangelio, finalmente, carece de alma. Jesús quiere evangelizadores que anuncien la buena noticia, no sólo con palabras, sino sobre todo con una vida que se ha transfigurado en la presencia de Dios. Sin pretender hacer una síntesis de la espiritualidad cristiana ni desarrollar grandes temas como la oración, la adoración eucarística o las celebraciones de la fe, el Papa sí que expresa su deseo para el futuro de la Iglesia. Dice así, con exclamación, como quisiera encontrar las palabras para alentar una etapa evangelizadora más fervorosa, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin y de vida contagiosa. Haciendo hincapié así en la necesidad que tenemos del Espíritu Santo, como alma de la Iglesia evangelizadora. Por último, nos invita al encuentro con Jesucristo, con corazón abierto y contemplativo, de quien podemos aprender los gestos de su vida, los gestos de la vida de Jesús. Una vida marcada por su forma de tratar a los pobres, con coherencia, con generosidad sencilla y con entrega total. Jesús es el modelo de esta operación. Es una operación evangelizadora que nos introduce en el corazón del pueblo. Y concluye sobre la necesidad de tener muy presente la oración de intercesión con el ejemplo de San Pablo, quien decía, en todas mis oraciones, siempre pido con alegría por todos vosotros, porque os llevo dentro de mi corazón. Cita a Filipenses 1. El Papa concluye la exhortación recordándonos que hemos de contar con la Virgen María. Ella es la madre de la Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la Nueva Evangelización. Ella es el mejor regalo que Jesús nos ha dado. Es la estrella de la Nueva Evangelización. Es el resucitado quien nos dice, con una potencia que nos llena de inmensa confianza y de firmísima esperanza, yo hago nuevas todas las cosas. Cita Apocalipsis 21. Con María, pues, avanzamos confiados hacia esta promesa y concluye con una oración diciéndole a la Virgen. La decimos todos. Virgen María, Virgen y Madre, tú que movida por el Espíritu acogiste al Verbo de la Vida en la profundidad de tu humilde fe totalmente entregada al Eterno, ayúdanos a decir nuestro sí ante la urgencia más imperiosa que nunca de hacer resonar la buena noticia de Jesús. Deje de hacer resonar la buena noticia de Jesús. Tú, llena de la presencia de Cristo, llevaste la alegría a Juan el Bautista, haciéndolo exultar en el seno de su madre. Tú, estremecida de gozo, cantaste las maravillas del Señor. Tú, que estuviste plantada ante la cruz con una fe inquebrantable, y recibiste el alegre consuelo de la resurrección, recogiste a los discípulos en la espera del Espíritu para que naciera la Iglesia evangelizadora. Consíguenos ahora un nuevo ardor de resucitados para llevar a todos el evangelio de la vida que vence a la muerte. Danos la santa audacia de buscar nuevos caminos para que llegue a todos el don de la belleza que nos envía. Tú, Virgen de la escucha y la contemplación, madre del amor, esposa de las bodas eternas, intercede por la Iglesia de la cual eres el icono purísimo, para que ella nunca se encierre ni se detenga en su pasión por instaurar el reino. Estrella de la nueva evangelización, ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión. Madre del servicio, de la fe ardiente y generosa, de la justicia y el amor a los pobres, para que la alegría del evangelio llegue hasta los confines de la tierra y ninguna periferia se prive de su luz. Madre del evangelio viviente, manantial de alegría para los pequeños, ruega por nosotros. Amén. Aleluya. Muy bien, pues concluido el análisis de la exhortación, pasamos a nuestra reflexión de hoy, que nos lleva a las virtudes teologales, fe, la esperanza, la caridad. Para ello, seguimos las enseñanzas del catecismo, porque el catecismo contiene también enseñanzas del magisterio. Esto es, son enseñanzas doctrinales, que son también de primer orden. Hoy nos vamos a centrar en la virtud teologal de la fe, sobre la que el catecismo nos enseña que por el bautismo recibimos una nueva creación. El catecismo nos dice así. Número 1265. El bautismo no solamente purifica de todos los pecados, hace también del neófito una nueva creación. Un hijo adoptivo de Dios, que ha sido hecho partícipe de la naturaleza divina, miembro de Cristo, coheredero con él y templo del Espíritu Santo. Es interesante reflexionar sobre estos puntos del catecismo, porque todas las citas que he enumerado llevan en paralelo las citas al Nuevo Testamento. No me he parado en ellas, pero están todas en el catecismo. 1265 es el último que acabamos de leer. En el 1266 el catecismo nos dice. La Santísima Trinidad da al bautizado la gracia santificante, la gracia de la justificación, que, primero, le hace capaz de creer en Dios, de esperar en Él y de amarlo mediante las virtudes teologales. Le concede poder vivir y obrar bajo la moción del Espíritu Santo mediante los dones del propio Espíritu Santo. Le permite crecer en el bien mediante las virtudes morales. Así, todo el organismo de la vida sobrenatural del cristiano tiene su raíz en el santo bautismo. Seguiremos abundando con la virtud teologal de la fe en el próximo programa. Hoy, a modo de conclusión, y como broche del mismo, recordamos la necesidad de la perseverancia en la comunión de la Iglesia y en la vida sacerdotal. Es decir, que la fe sea la fuente esencial para vivir la fe, entender lo que queremos, lo que creemos, vivirlo primeramente y después saberlo predicar. Esto es caminar en la fe, construir desde la fe y saber confesarla. De ahí la importancia que la Iglesia otorga a la tradición, esto es, a la transmisión del mensaje de salvación desde los apóstoles hasta la actualidad. Que no se pierda la tradición viva de la Iglesia. Que no se pierda esta tradición con la que el pueblo, porque si no lo hiciéramos así, el pueblo dejaría de pertenecer a Dios, porque se olvida de él, se aparta de él. Este es el gran mal de la sociedad contemporánea. Familias enteras, naciones enteras, que en otros tiempos vivieron la experiencia de la fe y luego la abandonaron, dejaron de transmitirla a sus hijos encerrándose en una vida mundana, con lo que viven ahora sin esperanza de salvación. Este es el problema de la sociedad contemporánea. Recordamos en nuestra conclusión las palabras del Papa Francisco en la exhortación Evangelii Gaudium sobre la conveniencia del acompañamiento espiritual. Porque son muy importantes estas palabras. Más que nunca necesitamos de hombres y mujeres que desde su experiencia de acompañamiento conozcan los procesos donde campea la prudencia, la capacidad de comprensión, el arte de esperar, la docilidad al espíritu, para cuidar entre todos de las ovejas que se nos ha confiado y evitar que los lobos puedan disgregar el rebaño. Es una cita al número 171. En resumen, el Espíritu Santo es el que asiste al acompañante, pues sólo el Espíritu Santo es el que puede santificarnos. Jesús es el modelo a seguir, pero el Espíritu Santo es el que nos va configurando con él, nos va modelando por medio de la gracia santificante. El Espíritu Santo es el que da el crecimiento en estatura espiritual. En sabiduría y en gracia ante Dios y ante los hombres. Dejemos entonces que la gracia de Dios haga su obra en nosotros para que pueda aparecer en nuestro semblante la imagen de Jesús. Esta gracia nos viene por la participación en la vida de Jesucristo con el que nos unimos en la Eucaristía para hacernos hombres con un solo corazón y una sola alma. Sólo así seremos miembros de su cuerpo místico, esto es, miembros de la Iglesia de Cristo. Avivemos entonces nuestra oración. Acudamos cada día ante el Santísimo Sacramento. Permanezcamos en adoración, en silencio. Busquemos un rato para estar en su presencia. Y pongamos ante el Señor las necesidades de toda la humanidad, con confianza plena. Pero con constricción de corazón, siguiendo las enseñanzas del fundador de la adoración nocturna española, el Venerable Luis de Trelles, que enseñaba así en su tiempo. De comunión en comunión, de acto en acto, ascendiendo por la escala de oro de la caridad, puede el hombre llegar, practicando esta vía secreta, a la cúspide de la perfección, anticipándose para sí propio el Paraíso Celestial. Hoy terminamos recordando la necesidad que tenemos de contar con el Espíritu Santo, de invocarlo, para que guíe nuestros pasos cada día. De esta forma iremos experimentando una conversión que nos ha de llevar a ser testigos creíbles ante las necesidades concretas de las personas que encontramos en nuestro camino y en nuestros ambientes cotidianos, ya sea el entorno familiar, el laboral o el social. Nuestro testimonio siempre será motivo suficiente para despertar la admiración de cuantos nos observen, con lo que iremos exhortándolos a su propia conversión. Esta es también nuestra misión evangelizadora. Por lo tanto, hemos de estar preparados. Muy bien, pues damos por finalizado el programa de hoy, diciendo que el próximo día 23 de mayo analizaremos la encíclica del Papa Francisco Laudato si de 24 de mayo de 2015 sobre el cuidado de la casa común. Y seguidamente seguiremos reflexionando sobre nuevos aspectos de las virtudes de la casa. Hoy hemos terminado con tiempo suficiente. Voy a intentar de cara al futuro hacer, eso sí, los programas más medidos para eso, calculando para tres cuartos de hora. Los temas que hemos tratado anteriormente son encíclicas de gran calado y no tenemos más remedio que dedicar más tiempo, porque si no, cualquier resumen que se pretenda hacer, restarle más tiempo es quitar cuestiones de peso, cuestiones importantes. Hoy, pues bueno, una exhortación pastoral tiene, como he dicho, un gran peso en cuanto a la dimensión propia de educación, de orientación para los fieles. Pero efectivamente, lo más interesante son las líneas, que es lo que hemos tratado y no requería el tema mayor cuestión. Con lo cual, pues el que quiera profundizar sobre las enseñanzas del Papa Francisco siempre tiene la opción de poder acceder a la exhortación apostólica Evangelii Gaudium y dedicar, que es bueno, dedicar un poco tiempo a la meditación, poco a poco, porque son enseñanzas muy útiles, muy interesantes para la vida personal y para la vida de cada cual en su situación. Muy bien, pues nada más me queda. Gracias por vuestra atención y hasta el próximo programa de acompañamiento espiritual. Os mando un abrazo a todos con toda mi intención. Que el Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén. Ave María Purísima, sin pecado concebida, María Santísima. Hasta el próximo programa. Amén.
Las virtudes teologales (I). #22
Fecha: viernes, 9 de mayo de 2025, a las 21:00:00
Duración: 59:21
Mostrar transcripción de Episodio 22. Francisco.- Encíclica 'Lumen fidei' (2013), sobre la fe.
Transcripción de Episodio 22. Francisco.- Encíclica 'Lumen fidei' (2013), sobre la fe.
La devoción al Sagrado Corazón de Jesús (VI). #21
Fecha: viernes, 2 de mayo de 2025, a las 21:00:00
Duración: 01:00:57
Transcripción de Episodio 21. Francisco.- Encíclica 'Dilexit nos' (2024), sobre el amor humano y divino del Corazón de Jesucristo.
Buenas noches a los que me escucháis. Os habla Javier Cebrián, vocal de formación espiritual del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed todos bienvenidos al programa Acompañamiento Espiritual de Radio Lavandé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios, de las sagradas escrituras, de la tradición de la Iglesia. Del pensamiento teológico o de las enseñanzas de los santos padres, o incluso de las experiencias de la vida espiritual que han tenido los santos reconocidos por la Iglesia. Bien sabemos que todo esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior. El Espíritu Santo es el que va edificándonos. Para ser configurados con Cristo, pues solo Cristo es la cabeza de la Iglesia de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. Y buscamos la unión con el Espíritu Santo no solamente para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer paso. Programa que celebramos el 4 de octubre del año pasado, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo en la idea de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando. Todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Hoy, en nuestra oración, pedimos por el eterno descanso del Papa Francisco, fallecido el pasado día 21, y tenemos presentes las necesidades de la Iglesia, las de todos los pueblos de la Tierra, las de todos los hombres, especialmente las de aquellas personas que se nos han encomendado. Y, muy particularmente, las de nuestros familiares, amigos y bienhechores. Invocamos. Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y encienden ellos al fuego de tu amor. Envía a tu Espíritu y serán creados y renovarás la faz de la Tierra. Oh Dios, que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos tus pecados. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos ya en materia, recordando que estamos realizando una serie de programas en los que vamos analizando los documentos del Magisterio que tratan sobre las fiestas de Cristo Rey y del Sagrado Corazón de Jesús. En el anterior... En el anterior programa vimos la encíclica del Papa Pío XII, Auretis Aquas, Sacaréis aguas con gozo, del 15 de mayo del 56, sobre el culto al Sagrado Corazón de Jesús, y seguidamente reflexionábamos sobre algunos aspectos de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. En el programa de hoy, último de esta serie, vamos a analizar la encíclica del Papa Francisco. En el programa de hoy, último de esta serie, vamos a analizar la encíclica del Papa Francisco. Empezaremos diciendo que el pontificado del Papa Francisco abarca un total de 12 años, desde 2013 a 2025, un periodo marcado por las grandes diferencias económicas entre países ricos y pobres, en los que se aprecia un desmedido interés por las riquezas del planeta Tierra por parte de las grandes potencias, las cuales explotan de forma despiadada las riquezas humanas y materiales de los países. En el programa de hoy, último de esta serie, vamos a analizar la encíclica del Papa Francisco, sobre el culto al Sagrado Corazón de Jesús, sobre el culto al Sagrado Corazón de Jesús, y seguidamente reflexionábamos sobre algunos aspectos de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, en los que se aprecia un desmedido interés por las grandes potencias, las cuales explotan de forma despiadada las riquezas humanas y materiales de los países. En el programa de hoy, último de esta serie, vamos a analizar la encíclica del Papa Francisco, sobre el culto al Sagrado Corazón de Jesús, en los que se aprecia un desmedido interés por las grandes potencias, las cuales explotan de forma despiadada las riquezas humanas y materiales de los países. El Papa Francisco fue el primer obispo titular de la diócesis de Oca y uno de los cuatro obispos auxiliares de la arquidiócesis de Buenos Aires. En 1997 fue designado arzobispo cuajutor de Buenos Aires, accediendo al arzobispado tras la muerte de su titular en 1998 y ejerciendo además como gran canciller de la Universidad Católica de Argentina. Fue creado cardenal por San Juan Pablo II en 2001 y posteriormente desempeñó la presidencia de la Conferencia Episcopal Argentina en dos periodos consecutivos que llevan desde 2005 hasta 2011. En el año 2013, tras la renuncia del Papa Benedicto XVI, fue elegido Papa, siendo el primer pontífice originario de las Américas. Su procedencia argentina y su experiencia de vida marcaron desde el primer momento una adhesión plena a la opción preferencial por los pobres y marginados de la sociedad, mostrando una actitud pastoral de sencillez y de humanidad poco habitual en un Papa. Su pontificado ha estado marcado por el apoyo a una mayor participación de las mujeres en la Iglesia. Su pontificado ha estado marcado por el apoyo a una mayor participación de las mujeres en la Iglesia. El trato acogedor con las personas transsexuales, la defensa de los migrantes, el cuidado de la naturaleza y la protección de la tierra como casa común de toda la humanidad. Sus iniciativas se orientaron a la reforma de la curia romana en todos los ámbitos, administración, comunicaciones sociales, derecho canónico, economía, finanzas, laicazos, etc. los embarazadores de la familia, manejadores creativos, cuidados, familia, sanidad, tribunales eclesiásticos... Con todo, favoreció a soluciones a problemas muy complejos como los procesos de nulidad matrimonial, la pedofilia, los abusos y protección de los menores, destacado por el carácter sinodal en la toma de decisiones. El tratado de apellido, inicio y fin en su trasparencia era el BCM de la Beyblade, esta Yo termino varios sínodos. El Sínodo Extraordinario de Obispos sobre la Familia, años 2014 y 15. El Sínodo sobre los Jóvenes, la Fe y el Discernimiento Vocacional, año 2018. El Sínodo para la Amazonía, año 2019. El Sínodo para la Sinodalidad, años 2020 al 22. Realizó un total de 47 viajes apostólicos, visitando en torno a 66 países, así como numerosos viajes apostólicos dentro de Italia y otras visitas pastorales a la diócesis de Roma. Además, publicó un total de 7 exhortaciones apostólicas. Evangelii Gaudium, año 2013, sobre la evangelización, en la que marca la orientación de la Iglesia en estado permanente de misión. La Moris Laetitia, año 2016, sobre el amor en las familias. La Gaudete et exsultate, año 2018, sobre la vocación a la santidad. La Christus Vivit, año 2019, sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. La querida Amazonía, año 2019, sobre la fe y el discernimiento vocacional. La querida Amazonía, en la que ...del año 2020 sobre la problemática de esta región amazónica, la Laudate Deum del año 2023 sobre el cuidado de la naturaleza, la ecología integral y la desigualdad de la humanidad. Y Sé la Confianza de 2023 sobre la confianza en el amor misericordioso de Dios con motivo del 150 aniversario del nacimiento de Santa Teresa del Niño Jesús. Publicó también dos bulas de convocatorias de años antes, la del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, años 2015 y 2016, y esta, en la que nos encontramos, la del Jubileo Ordinario de 2025, en el que, como digo, estamos actualmente. Publicó además cuatro encíclicas, la Lumen Fidei de 2013 sobre la fe, la luz que ilumina las tinieblas, redactada previamente por Benedicto XVI y publicada por él como broche del año de la fe. La Lumen Fidei de 2013 sobre la fe, la luz que ilumina las tinieblas, redactada previamente por Benedicto XVI y publicada por él como broche del año de la fe. Muestra de su continuidad con su predecesor, quien ya había escrito antes sobre la esperanza y la caridad. La encíclica Laudato Si del año 2015 sobre la protección ambiental del planeta tierra y la implantación de una ecología integral. La encíclica Fratelli Tutti del año 2020 sobre la fraternidad humana y universal. El Papa falleció, como hemos dicho, el 21 de abril pasado, lunes de la octava de Pascua de Resurrección y pedimos que descanse en la Paz de Dios eternamente. Pues bien, entrando ya en la encíclica, diremos que se estructura en 220 puntos, divididos en tres partes. Introducción, exposición, con cinco capítulos, y conclusión. Desde un primer momento diremos que estamos ante un texto muy extenso y que por su riqueza de contenidos es una encíclica recomendada para la meditación personal. Podemos decir que Dilexit nos actualiza el pensamiento sobre el amor humano y divino del corazón de Jesucristo, invitándonos a retomar esta devoción para no olvidar la ternura de la fe y la alegría del servicio en favor de la misión a la que todos estamos llamados. Es que el Papa percibe en la Iglesia diversas formas de religiosidad sin referencia a una relación personal con un Dios de amor, con lo que podemos estar olvidando la ternura de la fe, la alegría de la entrega al servicio, el fervor de la misión de persona a persona. Es por ello que nos propone la meditación y la profundización en el amor de Cristo, que es lo más importante para la meditación, y que es lo más importante para la meditación El Papa está representado en su Santo Corazón y nos invita siempre a la renovación de nuestra devoción, con lo que hemos de recordar que en el corazón de Cristo podemos descubrir todo el Evangelio, pues sólo es en su corazón donde finalmente nos hemos de reconocer y donde vamos a aprender a amar. El Papa quiere enseñarnos a encontrar la meditación. Ese amor de Dios en el corazón de Cristo pues es ahí donde nos hacemos capaces de tejer lazos fraternos, de reconocer la dignidad de todo ser humano y de cuidar juntos nuestra casa común, como ya indicó en sus encíclicas laudato si y fratelli tutti. Ante el corazón de Cristo, el Papa pide al Señor que vuelva a tener compasión de esta tierra herida, entre ellos los tesoros de su luz y de su amor, para que todo el orbe, sobreviviendo entre guerras, desequilibrios socioeconómicos, consumismo y uso anti-humano de la tecnología, recupere lo más importante y necesario, el corazón. Con esta encíclica, el Papa culmina su propósito de ayudar a meditar sobre los aspectos del amor del Señor. Que pueden iluminar el camino de la renovación eclesial, pero también que pueden decir algo significativo a un mundo que parece haber perdido el corazón, tal y como lo había anunciado ya en la Audiencia General del 5 de junio de 2024, con ocasión de la celebración de los 350 años de la primera manifestación del Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita, María la Coque, allá en diciembre de 2023. Decía así. Por eso me complace preparar un documento que recoja las valiosas reflexiones de los textos magisteriales anteriores y de una larga historia que se remonta a las Sagradas Escrituras, para volver a proponer hoy a toda la Iglesia este culto lleno de belleza espiritual. Metidos ya de lleno en los actos de celebración de estas efemérides, que se clausurarán el 27 de junio de 2025, el Papa nos ha dejado físicamente, pero continúa entre nosotros su guía y su saber pastoral que vamos a intentar analizar. En la introducción de esta encíclica, el Papa parte de las palabras del apóstol. San Pablo, que se refieren a Cristo. Nos amó. Romanos 8. Para ayudarnos a descubrir que de ese amor nada podrá separarnos. Pablo lo afirmaba con certeza, porque Cristo mismo lo había asegurado a sus discípulos así. Como el Padre me ha amado, así os he amado yo. Permaneced en mi amor. Juan 15. También nos dijo. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor. A vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. Juan 15 también. Su corazón abierto nos precede y nos espera sin condiciones, sin exigir un requisito previo para poder amarnos y proponernos su amistad. Él nos amó primero. Primera carta de Juan 4. Y esta es la clave para el Papa Francisco. Gracias a Jesús, nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en ese amor. En el primer capítulo, la importancia del corazón. Números 2 al 31 de la encíclica. El Papa nos hace ver por qué es necesario volver al corazón en este mundo actual, en el que estamos tentados de convertirnos en consumistas insaciables. Esclavizados por los engranajes de un mercado al cual no le interesa el sentido de nuestra existencia. Razón por la que nos advierte de la necesidad de recuperar la importancia del corazón. Con ello, nos invita a analizar lo que entendemos por corazón. Aprecia que la Biblia nos habla de un núcleo, el corazón, que está detrás de toda apariencia, aún detrás de pensamientos superficiales que nos confunden. El corazón es el lugar de la sinceridad, donde no se puede engañar ni disimular. Es el lugar donde no cuenta lo que uno piensa. Muestra por fuera, pues es en el corazón donde somos nosotros mismos. Al corazón conducen las preguntas que importan. ¿Quién soy realmente? ¿Qué busco? ¿Qué sentido quiero que tenga mi vida? ¿Mis elecciones o mis acciones? ¿Por qué y para qué estoy en este mundo? ¿Cómo querré valorar mi existencia cuando llegue a su final? ¿Qué significado quisiera que tenga todo el mundo? ¿Todo lo que vivo? ¿Quién quiero ser frente a los demás? ¿Quién soy frente a Dios? En esto, el Papa aprecia que en la sociedad actual, el ser humano corre el riesgo de perder su centro, el centro de sí mismo. Y nos indica que la actual desvalorización del corazón viene desde antiguo, pues la encontramos ya en el racionalismo griego. Y en el cristiano y pre-cristiano, en el idealismo post-cristiano y en el materialismo en sus diversas formas. Aunque en la evolución del pensamiento filosófico se hayan preferido otros conceptos como el de razón, voluntad o libertad. Como consecuencia, al no encontrar otro lugar distinto de las potencias y pasiones humanas, tampoco se desarrolló ampliamente la idea de un centro personal donde lo único que puede unificar todo es, en definitiva, el amor. Al devaluar el corazón, hemos devaluado también lo que significa hablar desde el corazón, actuar con corazón, madurar y cuidar el corazón. Para el Papa, hemos de reconocer que yo soy mi corazón. Porque es lo que me distingue, me configura en mi identidad espiritual y me pone en comunión con las demás personas. El corazón es una de esas palabras originarias que significan realidades que competen al hombre precisamente en cuanto totalidad, en cuanto persona, corpóreo espiritual. Y esto nos lleva inevitablemente al amor. Es el corazón el que une los fragmentos y hace posible cualquier vínculo auténtico, porque una relación que no se construye con el corazón es incapaz de superar la fragmentación del individualismo. El corazón también es capaz de unificar y armonizar tu historia personal, que parece fragmentada en mil pedazos, y es así que todo puede tener un sentido. Ese núcleo de cada ser humano, su centro más íntimo, no es el núcleo del alma, sino de toda la persona en su identidad única que es anímica y corpórea. Así nos lo muestran los santos, como San Buenaventura, San Ignacio de Loyola o San John Henry Newman, quienes aceptaron la misión de ser una persona. La amistad del Señor desde su presencia en su sagrado corazón. Realidad existencial desde la que Cristo nos salva. Para el Papa Francisco es ahí, ante el corazón de Jesús vivo y presente, donde nuestra mente comprende, iluminada por el Espíritu, las palabras de Jesús. Y es que sólo desde el corazón lograremos unir las inteligencias y voluntades diversas y pacificarlas para que el Espíritu nos guíe como una red de hermanos, pues en el corazón de Cristo nos volvemos capaces de relacionarnos de un modo sano y feliz y de construir en este mundo el reino de amor y de justicia. Por lo tanto, ante tantos dramas que nos presenta el mundo de hoy, hemos de volver al corazón, porque necesitamos el auxilio del amor divino. Acudamos al corazón de Cristo, ese centro de su ser, que es un horno ardiente de amor divino y humano, y es la mayor plenitud que puede alcanzar lo humano. El Papa concluye el primer capítulo con una petición. Ante el corazón de Cristo, pido al Señor que una vez más tenga compasión de esta tierra herida que Él quiso habitar como uno de nosotros, que derrame los tesoros de su luz y de su amor, para que nuestro mundo, que sobrevive entre las guerras, los desequilibrios socioeconómicos, el consumismo y el uso anti-humano de la tecnología, pueda recuperar lo más importante de su vida. Y el segundo capítulo, gestos y palabras de amor de Cristo, el Papa recorre las escrituras para hacernos ver cómo el Señor, con sus gestos y palabras, nos trata como amigos. El corazón de Cristo, que simboliza su centro personal, desde donde brota su amor por nosotros, es el núcleo viviente del primer anuncio. El corazón de Cristo, que simboliza su centro personal, desde donde brota su amor por nosotros, es el núcleo viviente del primer anuncio. Constantemente abierto al encuentro. Ejemplo de ello son el encuentro con la samaritana, con Nicodemo, con la prostituta, con la adúltera y con el ciego del camino. Sus signos de sanación nos hablan también de su ternura y nos animan en la confianza e iluminan nuestra existencia, dándonos la fuerza para levantarnos ante el pecado. Su mirada penetra lo más íntimo de tu ser, percibe y conoce todo lo que hay en ti. Y esto nos muestra que Jesús presta toda su atención a las personas, a sus preocupaciones, a su sufrimiento, como es el caso de los que le siguen y están fatigados y abatidos. Vemos en muchos pasajes que Jesús presta atención de tal modo que se admira. Por las cosas buenas que aprecia y reconoce, como es el caso de la viuda que deposita todo lo que tenía en el tesoro, o el del centurión que le rogaba por la sanación de su criado. Jesús contempla y nos aprecia tal y como lo había aprendido de su madre, la Virgen María. En los evangelios, en definitiva, vemos que las palabras de Jesús son siempre... vivas y actuales, aunque, ojo, a veces nos puede hablar también interiormente. Las palabras que Jesús decía indicaban que su santidad no eliminaba los sentimientos. En algunas ocasiones mostraban un amor apasionado que sufre por nosotros, se conmueve, se lamenta y llega hasta las lágrimas. En los evangelios vemos que Jesús llora. Y expresa su conmoción, como es el caso de la crucifixión. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Ahora bien, todo lo dicho, si se mira superficialmente, puede parecer mero romanticismo religioso. Sin embargo, es lo más serio y lo más decisivo. La palabra de Dios encuentra su máxima expresión en Cristo. Cristo clavado en una cruz. Esta es la palabra de amor más elocuente. En el tercer capítulo, este es el corazón que tanto amó, el Papa nos recuerda cómo la Iglesia reflexiona y ha reflexionado en el pasado sobre el santo misterio del corazón del Señor. Lo hace refiriéndose a la encíclica Audietis aquas del Papa Pio XII. Sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús de 1956. Y nos enseña que la devoción al corazón de Cristo no es el culto a un órgano separado de la persona de Jesús. Pues lo que contemplamos y adoramos es a Jesucristo entero. El Hijo de Dios hecho hombre. Representado, eso sí, en una imagen suya donde está destacado su corazón. Veneramos esa imagen que lo representa. Pero la adoración se dirige sólo a Cristo vivo, en su divinidad y en toda su humanidad. Para dejarnos abrazar por su amor humano y divino a un tiempo. Ese Cristo con el corazón traspasado y ardiente es el mismo que nació en Belén por amor. Es el que caminaba por Galilea sanando, acariciando, derramando misericordia. Es el que nos amó hasta el fin, abriendo sus brazos en la cruz. En definitiva, es el mismo que ha resucitado y vive ya glorioso pero en medio de nosotros. Sobre la veneración de esta imagen, el Papa indica que mientras la Eucaristía es presencia real que se adora, en este caso se trata sólo de una imagen que nos invita a ir más allá de ella. Nos orienta a elevar nuestro propio corazón al de Cristo vivo y unirlo a él. Porque en este signo sensible y accesible se manifiesta el modo como Dios ha querido rebelarse y volverse cercano. Sobre el amor sensible. Siguiendo a Pío XII, el Papa nos recuerda que la Palabra de Dios, al descubrir el amor del corazón mismo de Jesús, comprende no sólo la caridad divina, sino también los sentimientos de un afecto humano. No hay duda de que el corazón de Cristo, unido hipostáticamente a la persona divina del Verbo, palpitó de amor y de todo otro afecto sensible. Y siguiendo a Benedicto XVI, nos confirma que en el corazón de Cristo encontramos lo infinito en lo finito, pues su corazón es símbolo de su amor sensible, en el cual se contiene un triple amor. El amor sensible del corazón físico de Jesús, pero también su doble amor espiritual, el humano y el divino. El Papa cita también a San Juan de la Cruz, quien desde su experiencia mística explica que Jesucristo, viendo a la esposa herida de su amor, él también, al gemido de ella, viene herido del amor de ella. Y en esto nos recuerda que las visiones o manifestaciones místicas narradas por algunos santos que propusieron con pasión la devoción al corazón de Cristo, no son algo que los creyentes estén obligados a creer como si fuera la palabra de Dios, sino que son bellos estímulos que pueden motivar y hacer mucho bien, aunque nadie debe sentirse forzado a seguirlos si no constata que le ayudan en su camino espiritual. No obstante, siguiendo a Pío XII, nos recuerda que no puede decirse que este culto deba su origen a revelaciones privadas. El Papa nos alerta además del peligro del dualismo, el de esas comunidades y pastores concentrados sólo en actividades externas, en reformas estructurales vacías de evangelio, en organizaciones obsesivas, proyectos mundanos o reflexiones secularizadas, diversas propuestas que se presentan como formalidades que a veces se pretende imponer a todos, pues suelen derivar en un cristianismo que olvida la ternura de la fe, la alegría en el servicio y el fervor de la misión persona a persona, con lo que se pierde la cautivadora belleza de Cristo resucitado. Concluye este capítulo invitándonos a considerar que la devoción al corazón de Cristo es esencial a nuestra vida cristiana en cuanto significa la plena apertura de la fe y de la adoración al misterio del amor divino y humano del Señor. Es más, podemos afirmar que, ante el corazón de Cristo, es posible volver a la síntesis encarnada del evangelio, como ya lo indicó al recordar a la entrañable Santa Teresa del Niño Jesús. Decía el Papa entonces, la actitud más adecuada es depositar la confianza del corazón fuera de nosotros mismos, en la infinita misericordia de un Dios que ama sin límites y que lo ha dado todo en la cruz. En los dos últimos capítulos, que vamos a seguir analizando, el Papa Francisco destaca dos aspectos que la devoción al Sagrado Corazón debe mantener unidos para seguir alimentándolos y acercándonos al evangelio. Se trata de la experiencia espiritual personal y el compromiso comunitario y misionero. Vamos a ello. En el cuarto capítulo, Amor que da de beber, es el más extenso y, como ya indicamos al comienzo, muy apto para la meditación personal. Contiene los números 92 al 163. En este capítulo, el Papa relee las Sagradas Escrituras y, a partir de las experiencias de los primeros cristianos, reconoce a Cristo y su costado abierto en aquel a quien traspasaron. Al que Dios se refiere, asimismo, en la profecía del libro de Zacarías. Entiende que es todo un manantial abierto para el pueblo fiel, en el que podrá saciar su sed del amor de Dios y en el que podrá lavar el pecado y la impureza. Considera las enseñanzas de algunos padres de la Iglesia, conservadores de la tradición patrística y medieval, quienes hablaban de la llaga del costado de Jesús como fuente del agua y del espíritu. En esto cita a San Agustín, quien escribe que la llaga del costado abrió el camino a la devoción al Sagrado Corazón como lugar de encuentro personal con el Señor. En esto, el Papa aprecia que, con el paso del tiempo, este costado herido llegó a asumir la figura del corazón. También cita las particularidades de algunos santos y de algunas santas mujeres que contaron experiencias de su encuentro con Cristo, caracterizadas por el descanso en el corazón del Señor. Entre los santos de los tiempos modernos cita en primer lugar a San Francisco de Sales, quien expresaba su propuesta de vida espiritual con un corazón atravesado por dos flechas encerrado en una corona de espinas. Otro ejemplo lo tenemos en la espiritualidad de Santa Margarita María Alacoque, quien relata las apariciones de Jesús en Paré y Limonial, diciembre de 1673 a junio de 1675. El núcleo central del mensaje se resume en las palabras que oyó Santa Margarita. He aquí aquel corazón que tanto amó a los hombres y que no escatimó nada hasta agotarse y consumirse para darles testimonio de su amor. Acerca de Santa Teresa de Lisier, el texto nos recuerda cómo se refería a Jesús. Aquel cuyo corazón latía al unísono con el mío. También nos recuerda las cartas con su hermana Sor María, pues nos ayudan a evitar la exclusividad de la devoción al Sagrado Corazón en un aspecto doloroso, buscando con ello motivarnos a una confianza como la mejor ofrenda agradable al Corazón de Cristo. El Papa, formado en la espiritualidad de los jesuitas, menciona también algunos pasajes del Sagrado Corazón en la historia de la Compañía de Jesús, destacando que San Ignacio de Loyola, en sus ejercicios espirituales, propone entrar en el Corazón de Cristo, en un diálogo de corazón a corazón. Y en esto nos recuerda que en diciembre de 1871, el Padre Beck consagró la Compañía del Sagrado Corazón de Jesús, y más tarde el Padre Arrupe volvió a hacerlo en 1972. Sobre las experiencias de Santa Faustina Kowalska, el Papa nos recuerda que vuelven a actualizarse hoy en día, proponiendo la devoción con un fuerte acento en la vida gloriosa del resucitado y en la misericordia divina. Razones por las que San Juan Pablo II también vinculó íntimamente su reflexión sobre la misericordia con la devoción al Corazón de Cristo. Finalmente, en este capítulo, el Papa habla de lo que llama la devoción de consolación, haciéndonos ver que ante los signos visibles de la pasión que se conservan en el Corazón de Cristo, es inevitable que el creyente desee responder también al dolor que Cristo aceptó soportar por tanto amor. En este punto pide que nadie se burle de las expresiones de fervor creyente del pueblo fiel de Dios, que en su piedad popular busca consolar a Cristo. Pues en estas humildes intenciones, hemos de esperar que todos, deseosos de consolarle, salgamos consolados y también nosotros podamos consolar a los que se encuentren en toda clase de aficiones. En el quinto y último capítulo, Amor por amor, el Papa profundiza en la dimensión comunitaria, social y misionera de toda auténtica devoción al Corazón de Cristo que, al llevarnos al Padre, nos envía seguidamente a los hermanos. Pues así nos lo enseñó Jesús. La gloria de mi Padre consiste en que vosotros deis cruto abundante. Cita a Juan XV. Siguiendo a Santa Margarita, nos enseña que Cristo nos interpela a dar la vida. Pues el sabernos amados y el depositar toda la confianza en su amor no significa anular nuestras capacidades de entrega. Por eso Santa Margarita buscó corresponder en algo y rendirle amor por amor. Es volviendo a la Palabra de Dios como reconocemos que la mejor respuesta al amor de su corazón es el amor a los hermanos, pues no hay mayor gesto que podamos ofrecerle para devolver amor por amor. Este amor a los hermanos no se fabrica, no es un simple resultado de un esfuerzo natural, sino que requiere una transformación de nuestro corazón egoísta. Por eso, siguiendo los consejos de San Pablo, nos dice que nos es necesario suplicar. Jesús, haz nuestro corazón semejante al tuyo, a fin de que podamos tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús. Cita a Filipenses 2 El Papa nos invita a contemplar la historia de la espiritualidad y nos recuerda el compromiso misionero que tuvieron muchos santos devotos del corazón de Jesús. En ellos encontramos a varios padres de la Iglesia, quienes estaban convencidos de que el alma del ser humano, que es la imagen de Dios, puede contener en sí y producir en sí pozos, fuentes y ríos. San Ambrosio decía que había que beber de Cristo para que abunde en ti la fuente de agua que salta a la vida eterna. San Agustín decía, este río que brota del creyente, es la benevolencia. Y Santo Tomás de Aquino reafirmaba la idea, sosteniendo que cuando alguien se apresura a comunicar a otros diversos dones de la gracia que recibió de Dios, agua viva fluye de su seno. Y todo esto sin olvidarnos de la mediación de María, intercesora y madre, pues la devoción al corazón de María no pretende debilitar la única adoración debida al corazón de Cristo, sino estimularla. La misión maternal de María, para cuando los hombres no oscurecen ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo, antes bien, sirve para demostrar su poder. San Bernardo, al mismo tiempo que invitaba a la unión con el corazón de Cristo, aprovechaba la riqueza de esta devoción para proponer un cambio de vida fundado en el amor. San Carlos de Foucault buscó conformarse con los sentimientos del corazón de Cristo y con sus sufrimientos, para devolverle amor por amor, para imitarle, para compartir su obra, ofrecerme a él todo, la nada que yo soy, en sacrificio, en víctima, por la santificación de los hombres. El Papa habla también de reparación, de construir sobre las ruinas, siguiendo las explicaciones que dejara San Juan Pablo II, quien nos invitaba a entregarnos junto al corazón de Cristo para que sobre las ruinas, acumuladas por el odio y la violencia, se pueda construir la civilización del amor tan anhelada. El reino del corazón de Cristo. Pues estamos llamados a construir una nueva civilización en el amor. Y en esto el Papa insiste de nuevo en que la consagración al corazón de Cristo debe asimilarse a la acción misionera de la Iglesia misma, porque responde al deseo del corazón de Jesús de propagar en el mundo, a través de los miembros de su cuerpo, su entrega total al reino. Con mirada de esperanza futura, como consecuencia de nuestra conversión, de la fraternidad y de la solidaridad con todos los pueblos, el Papa vislumbra que será a través de los cristianos que el amor se derramará en el corazón de los hombres para edificar el cuerpo de Cristo que es la Iglesia y construir una sociedad de justicia, paz y fraternidad. Esta es la tarea misionera de la Iglesia que ha de llevar el anuncio del amor de Dios manifestado en Cristo tal y como lo enseñaba San Vicente de Paul, quien movía a sus discípulos a pedir al Señor que nos dé un corazón como el suyo para que estemos bien dispuestos a ir como él iría a llevar a todas partes su fuego de amor. En esto, el Papa recuerda a San Pablo VI, quien advertía de los riesgos de la misión de la Iglesia. Decía, el mayor riesgo en esa misión es que se digan y se hagan muchas cosas, pero no se logre provocar el feliz encuentro con ese amor de Cristo que abraza y que salva. Razón por la cual hemos de reconocer que necesitamos, misioneros enamorados, que se dejan cautivar todavía por Cristo y que inevitablemente transmiten ese amor que les ha cambiado la vida. En definitiva, la misión no es un simple proselitismo, sino un actuar con corazón, sin descuidar la prudencia y el respeto, pero sin tener vergüenza de reconocer nuestra amistad con Cristo. Pues es Cristo quien nos pide contar a los otros el bien de haberlo encontrado. Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Cita a Mateo X. Y todo esto realizado en una vida en comunidad, que se convierte a un tiempo en servicio comunitario. Esta es la misión y esto es ser misionero del Evangelio. Pues bien, el Papa concluye con tres reflexiones que, por su especial contenido, las transcribo literalmente. La primera. Lo expresado en este documento nos permite descubrir que lo escrito en las encíclicas sociales Laudato si y Fratelli tutti no es ajeno a nuestro encuentro con el amor de Jesucristo, ya que bebiendo de ese amor nos volvemos capaces de tejer lazos fraternos, de reconocer la dignidad de cada ser humano y de cuidar juntos nuestra casa común. Hoy todo se compra. El segundo. Hoy todo se compra y se paga. Y parece que la propia sensación de dignidad depende de cosas que se consiguen con el poder del dinero. Solo nos urge acumular, consumir y distraernos, presos de un sistema degradante que no nos permite mirar más allá de nuestras necesidades inmediatas y mezquinas. El amor de Cristo está fuera de ese engranaje perverso y solo él puede liberarnos de esa fiebre donde ya no hay lugar para un amor gratuito. Él es capaz de darle corazón a esta tierra y reinventar el amor allí donde pensamos que la capacidad de amar ha muerto definitivamente. Tercera. La Iglesia también lo necesita. Para no reemplazar el amor de Cristo con estructuras caducas, obsesiones de otros tiempos, adoración de la propia mentalidad, fanatismos de todo tipo que terminan ocupando el lugar de ese amor gratuito de Dios que libera, vivifica, alegra el corazón y alimenta las comunidades. De la herida del costado de Cristo sigue brotando ese río que jamás se agota, que no pasa, que se ofrece una y otra vez para quien quiera amar. Solo su amor hará posible una humanidad nueva. Y la encíclica concluye con una oración del Papa Francisco que vamos a hacer. Pido al Señor Jesús que de su santo corazón broten para todos nosotros ríos de agua viva para curar las heridas que nos infligimos, para fortalecer nuestra capacidad de amar y de servir, para impulsarnos a aprender a caminar juntos hacia un mundo justo, solidario y fraterno. Esto hasta que celebremos juntos con alegría el banquete del Reino Celestial. Allí estará Cristo resucitado, que armonizará todas nuestras diferencias con la luz que brota sin cesar de su corazón abierto. Bendito sea siempre. Pues bien, culminamos hoy nuestro programa reflexionando acerca de la devoción del Sagrado Corazón de Jesús, que es un continuo redescubrimiento del mensaje de amor, reparación y esperanza que el mismo Corazón de Jesús ofreció al mundo a través de Santa Margarita María en 1675. Recordamos una vez más que en este año 2025, año jubilar de la esperanza, estamos haciendo memoria de otros acontecimientos como son la celebración del 1700 aniversario del primer concilio ecuménico de Nicea, el centenario de la encíclica Quas Primas del Papa Sampio XI, sobre la institución de la fiesta de Cristo Rey en 1925 y el 350 aniversario de las apariciones de Santa Margarita María la Coque. Estamos en un tiempo especial en el que el cielo se ha abierto y está derramando abundantes gracias para todos los fieles. Nos ofrece bendiciones que debemos aprovechar para la promoción de esta devoción del Sagrado Corazón de Jesús, siempre con la intercesión del Corazón Inmaculado de María. Y con esta intención hacemos hoy la oración a nuestro Señor en calidad de Rey en el Santísimo Sacramento. Yo os adoro, oh Jesús, Rey poderoso, en este trono de amor y de misericordia. Recibidme por esclavo y siervo vuestro, y perdonad mis repugnancias y rebeldías al soberano dominio que tenéis sobre mi alma. Ah, Rey benigno, acordaos que no podríais ser en efecto misericordioso si carecieseis de vasallos miserables. Alargad, os ruego, vuestra liberal mano, y remediad mi extra indigencia con el precioso tesoro de vuestro santo amor, que al fin no es otra cosa, sino vos mismo, despojándome de todo este miserable amor propio y de estos todos pueriles humanos respetos que me tienen como asido y encadenado. Venid, soberano Rey mío, a romper mis ataduras y a librarme de esta mala servidumbre y a establecer vuestro imperio en mi corazón. Quiero reinar en el vuestro por una ardiente caridad con mi prójimo. No hablando de él, sino caritativamente, sufriéndole, excusándole, haciendo y queriendo para él lo que yo quisiera hiciesen conmigo, no permitiendo que mi lengua suelte palabra alguna ofensiva o de resentimiento. Así no habrá cosa que me turbe para que mi Rey halle en mí imperio de paz. Amén. Bien pues, a modo de conclusión y como broche a la serie de programas que hemos dedicado a la fiesta de Cristo Rey y a la devoción del Sagrado Corazón de Jesús, diremos que hemos de seguir los consejos del Papa Francisco, tal y como nos lo indica en esta encíclica que acabamos de analizar, ofreciendo nuestro sacrificio espiritual en unión al Sacrificio Redentor de Cristo y al de toda la Iglesia Universal, siempre de la mano de María, en la idea de reparar la ingratitud, los desprecios que sigue recibiendo el Sagrado Corazón de Jesús presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Es importante unir ambas devociones para que la Virgen presida y guíe todos nuestros actos de devoción con suma solicitud y purificando todas nuestras intenciones. La devoción al Sagrado Corazón de Jesús, nos permitirá el acceso a esa fuente de gracias, que derrama por toda la humanidad, favoreciendo con ello que previa conversión, su gracia vaya configurándonos con su Corazón Sacratísimo, para que dentro de la Gran Comunidad, que es la Iglesia, Cuerpo de Cristo, seamos capaces de desarrollar, iluminados por el Espíritu Santo, la misión de evangelizar a todos los pueblos. Prioricemos, pues, la necesidad de unirnos fuertemente a su Sagrado Corazón, de manera que evitemos el peligro del dualismo, esa corriente de actividades externas y estructurales que no están impregnadas del Evangelio, esos esfuerzos de organización obsesiva, de proyectos mundanos o de reflexiones secularizadas que nos apartan de la verdadera unión espiritual con Cristo resucitado. Atendamos la necesidad que tenemos de la escucha de la Palabra de Dios, bien interpretada por los Santos Padres y bien actualizada por el Magisterio de la Iglesia, la cual debemos conocer cada vez mejor, a fin de que estemos bien formados en el conocimiento de la Palabra de Dios, también fortaleciendo nuestras vidas con el alimento espiritual del Sacramento de la Eucaristía, y siempre perseverantes, en la fuente de la Misericordia Divina, por medio del Sacramento de la Penitencia. No cesemos en la intención de sabernos mediadores entre Dios y los hombres por el sacerdocio común que hemos recibido. Pidamos por la conversión de los pobres pecadores. Pidamos continuamente por la conversión de todos los hombres, de todas las autoridades y de todos los estados, de todos los responsables de instituciones religiosas o laicas, para que cuantos ejercen una responsabilidad pública o privada, se ocupen de la formación religiosa y espiritual de toda la humanidad. En definitiva, sigamos el consejo del Apóstol San Mateo, quien nos dice a todos, especialmente a cuantos ejercen alguna responsabilidad en la Iglesia, en sus instituciones, buscad, sobre todo, el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura. Acudamos, pues, cada día ante el Santísimo Sacramento y permanezcamos en adoración, en silencio. Busquemos un rato para estar en su presencia y pongamos ante el Señor, ante el Sagrado Corazón de Jesús, las necesidades de toda la humanidad, con confianza plena y con constricción de corazón, siguiendo las enseñanzas del fundador de la adoración nocturna, el Venerable Luis de Trelles, quien enseñaba así en su tiempo. El hombre de espíritu emplea los instantes inmediatos a la comunión en actos de dolor de los pecados, de gratitud a los beneficios, y de ejercicio y de propósito de los afectos y de las virtudes que se van a buscar aquella fuente perenne. De vida y de ventura sobrenatural. Hoy terminamos recordando la necesidad de la observancia del voto apostólico, que consiste en atender las necesidades espirituales de las personas que encontramos en nuestros ambientes cotidianos. Y concluimos con un consejo de Santa Margarita. Sólo el corazón humilde puede entrar en el Sagrado Corazón de Jesús, conversar con él y amarlo, y ser amado de él. El Sagrado Corazón de nuestro Soberano Dueño es una fuente inagotable que anhela derramarse en los corazones humildes, vacíos y desprendidos de todo, y prontos a santificarse a su servicio por mucho que cueste a la naturaleza. Al Corazón de Jesús le agradan mucho los servicios de los pequeños humildes de corazón y paga con bendiciones sus trabajos. Muy bien, pues damos por finalizado el programa. Para el próximo viernes día 9 de mayo comenzaremos una nueva serie en la que vamos a analizar cronológicamente todos los documentos importantes del Papa Francisco. Vamos a comenzar con la encíclica Lumen Fidei del año 2013 sobre la fe y seguidamente reflexionaremos sobre la necesidad de recibir las virtudes teologales para tener una sana vida espiritual. No podemos abrir líneas, se nos ha ido todo el tiempo, era un tema extenso. Yo os agradezco vuestra colaboración, vuestra atención y hasta el próximo programa de acompañamiento espiritual. Un abrazo a todos. Que el Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén. Ave María Purísima sin pecado concebida.
La devoción al Sagrado Corazón de Jesús (V). #20
Fecha: viernes, 25 de abril de 2025, a las 21:00:00
Duración: 58:43
Transcripción de Episodio 20. Pío XII.- Encíclica 'Haurietis aquas' (1956), sobre el culto al Sagrado Corazón de Jesús.
Buenas noches a los que me escucháis. Os habla Javier Cebrián, vocal de formación espiritual del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed todos bienvenidos al programa Acompañamiento Espiritual de Radio Lavandé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios, de las Sagradas Escrituras, de la tradición de la Iglesia, del pensamiento teológico o de las enseñanzas de los santos padres, o incluso de las experiencias de la vida espiritual que han tenido los santos reconocidos por la Iglesia. Bien sabemos que todo esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior. El Espíritu Santo es el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues solo Cristo es la Cabeza de la Iglesia de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su Cuerpo Místico. Y buscamos la unión con el Espíritu Santo no solamente para vivir mejor o más confiados, sino, sobre todo, para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa que celebrábamos, el 4 de octubre de 2024, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que el Divino Vivificador de las Almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo a fin de que el Paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Hoy, en nuestra oración, pedimos por el eterno descanso del Papa Francisco, fallecido el pasado día 21, y tenemos presentes todas las necesidades de la Iglesia, las de todos los pueblos de la Tierra, especialmente las de aquellas personas que se nos han encomendado, y más particularmente las de nuestros familiares, amigos y bienhechores. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía a tu Espíritu y serán creados, y renovarás la paz de la Tierra. Oh Dios, que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve, María, llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos ya en materia, recordando que estamos realizando una serie de programas en los que vamos analizando los documentos del Magisterio que tratan sobre las fiestas de Cristo Rey y de la devoción del Sagrado Corazón de Jesús. En el último programa vimos la encíclica del Papa Pío XII, Summi Pontificatus, de 20 de octubre de 1939, sobre la necesidad de la unión en Cristo ante los problemas sociales de la época. Y seguidamente reflexionábamos sobre algunos aspectos de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. En el programa de hoy vamos a analizar otra encíclica del mismo Papa Pío XII, Auretis Aquas, Sacaréis aguas con gozo, de 15 de mayo de 1956. Sobre el culto al Sagrado Corazón de Jesús. Y seguidamente reflexionaremos sobre nuevos aspectos de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, cuya fiesta está muy unida a la de Cristo Rey y a la misma Eucaristía que celebramos cada día. Como ya vimos en el programa anterior, el pontificado del Papa Pío XII abarca un total de 19 años. Desde 1939 a 1958, cuyo inicio coincidió con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, del 39 al 45, lo cual, decíamos, fue determinante para comprender la situación social del mundo y de la Iglesia, todo lo cual influyó notablemente en su pontificado. Y recordábamos también que el culmen de su magisterio lo alcanzó con la definición del dogma de la Asunción de María, proclamado el 1 de noviembre de 1950, año en el que el prestigio del papado quedó notablemente de manifiesto. Murió el 9 de octubre de 1958, siendo sucedido por el Papa Juan XXIII, quien, tras su elección, el 25 de enero de 1959, anunciaría la convocatoria del Concilio Vaticano II. Pues bien, la encíclica que analizamos hoy sobre el culto al Sagrado Corazón de Jesús fue la número 32 de un total de 41 escritas, lo que nos indica que el Papa Pío XII otorgó mucha importancia al ejercicio de su magisterio, pues apreciaba muy bien las necesidades que tenía la Iglesia universal de su tiempo. Con ello buscaba edificar la fe de todos los fieles, sin excepción. Como ya vimos, tocó muchos temas de contenido pastoral, pues sabía que la ayuda de la Gracia de Dios es fundamental, siempre como vía previa para fomentar la paz entre los pueblos, superando los conflictos bélicos, y para favorecer el progreso de todas las naciones en una amplia relación de ámbito internacional. Con todo, el Papa seguía apreciando que el mundo estaba inmerso en una serie de problemas que afectaban a la humanidad entera, tales como las ideologías racistas, sociales y culturales, y los problemas que habían sembrado los Estados totalitarios. En definitiva, estaba convencido de que sólo la Gracia de Dios podría cambiar el curso de la historia y el extravío de las naciones, razones por las que en esta nueva encíclica profundiza más aún en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. La encíclica Auretis Aquas conmemora el primer centenario de la institución de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús por Pío IX en 1856. El texto, en consecuencia, nos trae a la memoria las razones que impulsaron al Papa Pío IX a instituir dicha fiesta. Podemos decir que su contenido es un compendio de todo el conocimiento que tiene la Iglesia en relación con la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, sin olvidarnos de que fue el mismo Señor el que pidió la institución de esta fiesta a su Sagrado Corazón. Entrando ya en la encíclica, diremos que se estructura en 37 puntos, divididos en tres partes introducción, exposición, con cinco epígrafes y conclusión. En la introducción, el Papa parte de las palabras con las que el profeta Isaías prefiguraba los múltiples y abundantes bienes que la era mesiánica había de traer a la humanidad. Beberéis aguas con gozo en las fuentes del Salvador. Esta misma experiencia es la que aprecia el Papa en la Iglesia Universal durante los cien años pasados desde la institución de la fiesta del Sacratísimo Corazón de Jesús por el Papa Pío IX. Valora las innumerables riquezas celestiales que este culto infunde en las almas, afirmando así las purifica, las llena de consuelos sobrenaturales y las mueve a alcanzar las virtudes todas. También nos recuerda las palabras del Apóstol Santiago Toda dádiva buena y todo don perfecto de arriba desciende del Padre de las luces. Razón para considerar en este culto, ya tan universal y cada vez más fervoroso, el inapreciable don que el Verbo Encarnado, nuestro Salvador divino y único mediador de la gracia y de la verdad entre el Padre celestial y el género humano, ha concedido a la Iglesia su mística esposa en el curso de los últimos siglos en los que ella ha tenido que vencer tantas dificultades y soportar pruebas tan diversas. Gracias a don tan estimable, la Iglesia puede manifestar más ampliamente su amor a su divino fundador y cumplir más fielmente esta exhortación que, según el evangelista San Juan, profirió el mismo Jesucristo. En el último gran día de la fiesta, Jesús, habiéndose puesto en pie, dijo en alta voz El que tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de sus entrañas manarán ríos de agua viva. Es una cita a Juan número 7. En esto el Papa aprecia que todos cuantos escuchaban estas palabras de Jesús con la promesa de que habían de manar de su seno ríos de agua viva, fácilmente las relacionaban con los vaticinios de Isaías, Ezequiel y Zacarías en los que se profetizaba el reino del Mesías y también con la simbólica piedra de la que, golpeada por Moisés, milagrosamente hubo de brotar agua. Aprecia también que la caridad divina tiene su primer origen en el Espíritu Santo, que es el amor personal del Padre y del Hijo, en el seno de la augusta Trinidad, tal y como lo apreciaba el apóstol de las gentes, quien haciéndose eco de las palabras de Jesucristo, atribuye a este Espíritu de amor la efusión de la caridad en las almas de los creyentes. La caridad de Dios ha sido derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado. En esto concluye que, según la Sagrada Escritura, es tan estrecho el vínculo que existe entre el Espíritu Santo, que es amor por esencia, y la caridad divina que debe encenderse cada vez más en el alma de los fieles, que nos revela a todos, en modo admirable, la íntima naturaleza del culto que se ha de atribuir al Sacratísimo Corazón de Jesucristo. En consecuencia, si consideramos su naturaleza peculiar, es el acto religioso por excelencia, esto es, una plena y absoluta voluntad de entregarnos y consagrarnos al amor del Divino Redentor, cuya señal y símbolo más evidente es su corazón traspasado. Ya en la exposición, en el primer epígrafe, Fundamentación teológica, el Papa nos hace ver que la encíclica tiene un marcado carácter doctrinal que se hundiza en el culto al Sagrado Corazón de Jesús, buscando con ello un mayor compromiso universal en la Iglesia que contrarreste las corrientes internas del naturalismo y el sentimentalismo que se oponían a estas prácticas devocionales. Y es que había quien consideraba que era poco apta para reanimar la espiritualidad moderna por considerar que esta singular devoción se mantenía anclada en un simple ejercicio de penitencia o de expiación, lo cual no favorecía la acción concreta que exigía la espiritualidad moderna ni producía frutos externos visibles y tangibles. En esto el Papa advierte del peligro que conlleva una sociedad plenamente dominada por el indeferentismo religioso que niega toda norma para distinguir lo verdadero de lo falso y que, además, se haya penetrada en el pensar y en el obrar por los principios del materialismo ateo y del laicismo. Apoyándose en la doctrina de sus antecesores, combate estas opiniones recordando que León XIII, en su encíclica Annum Sacrum, ya reconoció, en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, una práctica dignísima de todo encomio en la que apreciaba un poderoso remedio para los males de su tiempo, males que el Papa seguía apreciando en la sociedad descreída de su tiempo. También se apoya en el contenido de la encíclica Miserentissimus Redemptor del Papa Pío XI, quien decía ¿No están acaso contenidos en esta forma de devoción el compendio de toda la religión y aún la norma de vida más perfecta puesto que constituye el medio más suave de encaminar las almas al profundo conocimiento de Cristo Señor nuestro y el medio más eficaz que las mueve a amarle con más ardor y a imitarle con mayor fidelidad y eficacia? Es en esto en lo que se fija, para hacer mención a los muchos beneficios que la Iglesia venía recibiendo, incluido su propio pontificado por tantas manifestaciones de piedad promovidas por el apostolado de la oración a cuyo celo y actividad decía se debe que las familias, colegios, instituciones y aún a veces algunas naciones se hayan consagrado al Sacratísimo Corazón de Jesús. El Papa pone el énfasis en distinguir el culto de la tría, este es, el culto de adoración más elevado que sólo se ofrece a Dios, del culto de veneración que reciben la Virgen María o los santos. Es, pues, el culto de adoración que se tributa al Sagrado Corazón de Jesús en el amor que debemos los hombres a la Santísima Trinidad. Y esto entendido en un doble sentido. El primero por el hecho de que el corazón de Jesús, al ser la parte más noble de su naturaleza humana, está unido hipostáticamente a la persona del Verbo de Dios, por lo cual se le debe tributar el mismo culto de adoración con el que la Iglesia honra a la persona del Hijo de Dios encarnado. Es una verdad de fe definida en el concilio ecuménico de Éfeso y en el segundo de Constantinopla. El segundo motivo se refiere, ya de manera especial, al corazón divino redentor, pues su corazón, más que ningún otro miembro de su cuerpo, es un signo o un símbolo natural de su inmensa caridad hacia el género humano. Dice así. Es innata al Sagrado Corazón. Tal como observaba su predecesor León XIII. La cualidad de ser símbolo e imagen expresiva de la infinita caridad de Jesucristo que nos incita a devolverle amor por amor. El Papa Pío XII ancla toda su exposición en los textos de las Escrituras y seguirá haciéndolo siguiendo las enseñanzas de los santos padres. Con relación a los textos del Antiguo Testamento el Papa indica que aunque no hay ninguna referencia explícita al culto al Sagrado Corazón de Jesús sí que hay constancia del amor que Dios tiene al género humano con imágenes llenas de ternura. Es el caso de la alianza establecida entre Dios y el pueblo elegido consagrada con víctimas pacíficas cuyas leyes fundamentales esculpidas en dos tablas promulgó Moisés e interpretaron a los profetas. Esta alianza, ratificada por Dios y la obediencia debida por parte de los hombres fue consolidada y vivificada por los más nobles motivos del amor debido al mismo Dios. Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás, pues, al Señor tu Dios con todo tu corazón con toda tu alma y con toda tu fuerza. Y estas palabras que hoy te mando estarán en tu corazón. Otro ejemplo lo tenemos en el profeta Oseas en el que descubrimos el amor constante de Dios hacia su pueblo. En efecto, en los escritos de Oseas que destaca y sobresale por la profundidad de conceptos sobre el resto de los profetas la concisión de su lenguaje se describe a Dios amando a su pueblo escogido con un amor justo y lleno de santa solicitud cual es el amor de un padre lleno de misericordia y amor o el de un esposo herido en su honor. A pesar de las infidelidades el Señor renueva y confirma los vínculos de su amor. Cuando Israel era niño yo le amé y de Egipto llamé a mi hijo. Yo enseñé a andar a Efraín los tomé en mis brazos mas ellos no comprendieron que yo los cuidaba. Los conducía con cuerdas de humanidad con lazos de amor. Y más adelante dice sanaré su rebeldía los amaré generosamente pues mi ira se ha apartado de ellos. Seré como el rocío para Israel florecerá él como el lirio y echará sus raíces como el víbano. Expresiones semejantes tiene el profeta Isaías. Mas Sion dijo me ha abandonado el Señor el Señor se ha olvidado de mí. ¿Puede acaso una mujer olvidar a su pequeñuelo hasta no apiadarse del hijo de sus entrañas? Aunque ésta se olvidare yo no me olvidaré de ti. Otro ejemplo lo vemos en el Cantar de los Cantares que sirviéndose del simbolismo del amor conyugal describe con vivos colores los lazos de amor mutuo que unen entre sí a Dios y a la nación predilecta. Como lirio entre las espinas así mi amada entre las doncellas yo soy de mi amado y mi amado es para mí. Él se apacienta entre lirios. Ponme como sello sobre tu corazón como sello sobre tu brazo pues fuerte como la muerte es el amor duros como el infierno los celos sus ardores son ardores de fuego y llamas. En esto el Papa nos invita a contemplar toda la acción de Dios como el preludio de la caridad que el Redentor prometió había de mostrar a todos con su amantísimo corazón y que iba a ser el modelo de nuestro amor y la piedra angular de la nueva alianza por medio del que es el unigénito del Padre y el Verbo hecho carne lleno de gracia y de verdad de conformidad con el nuevo pacto. Pondré mi ley en su interior y la escribiré en su corazón. Yo les seré su Dios y ellos serán mi pueblo porque les perdonaré su culpa y no me acordaré ya de su muerte. Su pecado. En el segundo epígrafe sobre el Nuevo Testamento el Papa nos indica que es a través de las Escrituras como podemos conocer el amor humano y divino de Cristo a toda la humanidad. Pues el misterio de la redención divina es por su propia naturaleza un misterio del amor de Cristo al Padre celestial a quien se ha ofrecido en el sacrificio de la cruz con pleno amor y obediencia por todos los pecados del género humano. Esta es la nueva alianza cristiana que supera la antigua en la que se manifiesta con toda claridad un pacto fundado no en la servidumbre o en el temor sino en la amistad que debe reinar en las relaciones entre padres e hijos. Se alimenta y se consolida con una más generosa difusión de la gracia divina y de la verdad. según la sentencia del evangelista San Juan. De su plenitud todos nosotros recibimos gracia por gracia porque la ley fue dada por Moisés más la gracia y la verdad por Jesucristo han venido. Por el evangelio entonces podemos experimentar también nosotros el feliz cumplimiento del deseo significado por el apóstol a los fieles de Éfeso. Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones de modo que arraigados y cimentados en la caridad podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud la alteza y la profundidad hasta conocer el amor de Cristo que sobrepuja a todo conocimiento de suerte que estéis llenos de toda la plenitud de Dios. El Papa cita, se refiere al Evangelio, seguidamente a Santo Tomás para explicarnos la naturaleza de ese amor de Cristo haciéndonos ver que Cristo tuvo un cuerpo humano con todos los sentimientos que le son propios y que su corazón, en el que predomina un amor singular era, no obstante, similar al nuestro. Cristo, por lo tanto, ha sido sin duda el autor de aquella maravillosa reconciliación entre la divina justicia y la divina misericordia que constituye esencialmente el misterio trascendente de nuestra salvación. Muy a propósito, dice el doctor Angélico conviene observar que la liberación del hombre mediante la pasión de Cristo fue conveniente tanto a su justicia como a su misericordia. Ante todo, a la justicia porque con su pasión, Cristo, satisfizo por la culpa del género humano y, por consiguiente, por la justicia de Cristo el hombre fue libertado. Y en segundo lugar, a la misericordia porque, no siéndole posible al hombre satisfacer por el pecado que manchaba a toda naturaleza humana Dios le dio un Redentor en la persona de su hijo. En esto, el Papa concluye que fue un acto de mayor y generosa misericordia de parte de Dios que si él hubiese perdonado los pecados sin exigir satisfacción alguna. Por ello está escrito Dios, que es rico en misericordia movido por el excesivo amor con que nos amó aun cuando estábamos muertos por los pecados nos volvió a dar la vida en Cristo. Él ha unido a su Divina Persona una naturaleza humana individual íntegra y perfecta concebida en el Seno Purísimo de la Virgen María por virtud del Espíritu Santo. Esta unión hipostática nos confirma que la Persona Divina del Verbo estaba en total armonía con la propia voluntad de la humanidad y en perfecta caridad divina del Hijo con el Padre y con el Espíritu Santo sin posible falta ni desacuerdo. Esto enseña la Iglesia Católica y está sancionado y solemnemente confirmado por los romanos pontífices y los concilios ecuménicos. Entero en sus propiedades entero en las nuestras perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad. Todo Dios hecho hombre y todo el hombre subsistente en Dios. El Papa nos hace ver que los santos padres fueron testigos verídicos de la doctrina revelada. Entendieron muy bien lo que ya el apóstol San Pablo había claramente significado a saber que el misterio del amor divino es como el principio y el coronamiento de la obra de la Encarnación y la Redención. Y nos hace ver con frecuencia y claridad, se lee en sus escritos, que Jesucristo tomó en sí una naturaleza humana perfecta con un cuerpo frágil y caduco como el nuestro para procurarnos la salvación eterna y para manifestarnos y darnos a entender en la forma más evidente así su amor infinito como su amor sensible. San Justino, que parece un eco de la voz del apóstol de las gentes, escribe lo siguiente Amamos y adoramos al Verbo nacido de Dios inefable y que no tiene principio. Él, en verdad, se hizo hombre por nosotros para que al hacerse partícipe de nuestras dolencias nos procurase su remedio. San Basilio, el primero de los tres padres de Cappadocia, afirma que los afectos sensibles de Cristo fueron verdaderos y al mismo tiempo santos. Aunque todos saben que el Señor poseyó los afectos naturales en confirmación de su verdadera y no fantástica encarnación, sin embargo, rechazó de sí como indignos de su purísima divinidad los afectos viciosos que manchan la pureza de nuestra vida. Igualmente, San Juan Crisóstomo, lumbrera de la Iglesia antioquena, confiesa que las conmociaciones sensibles de que el Señor dio muestra prueban inexcusablemente que poseyó la naturaleza humana en toda su integridad. Dice así, si no hubiera poseído nuestra naturaleza no hubiera experimentado una y más veces la tristeza. San Ambrosio afirma que la unión hipostática es el origen natural de los afectos y sentimientos que el Verbo de Dios encarnado experimentó. Dice así, por lo tanto, ya que tomó el alma, tomó las pasiones del alma, pues Dios, como Dios que es, no podía turbarse ni morir. San Jerónimo, de otra parte, se apoya en este mismo argumento para probar que Cristo tomó realmente la naturaleza humana. Dice así, nuestro Señor se entristeció realmente para poner de manifiesto la verdad de su naturaleza humana. San Agustín nota la íntima unión existente entre los sentimientos del Verbo encarnado y la finalidad de la redención humana. Dice así, Jesús, el Señor, tomó estos afectos de la humana flaqueza, lo mismo que la carne de la debilidad humana, no por imposición de la necesidad, sino por consideración voluntaria, a fin de transformar en sí a su cuerpo, que es la Iglesia, para la que se dignó ser cabeza, a fin de que su cuerpo aprendiese de su misma cabeza a padecer. San Juan damasceno enfatiza la unión con la humanidad. En verdad, que todo Dios ha tomado todo lo que en mí es hombre, y todo se ha unido a todo para procurar la salvación de todo el hombre. De otra manera, no hubiera podido sanar lo que no asumió. Y también nos dice, Cristo, pues, asumió todos los elementos que componen la naturaleza humana, a fin de que todos fueran santificados. Con todo lo dicho, el Papa concluye que por los sagrados textos y por los símbolos de la fe, podemos con toda seguridad contemplar y venerar en el corazón del divino Redentor la imagen elocuente de su caridad y la prueba de haberse ya cumplido nuestra redención, y al mismo tiempo, como una mística escala para subir al brazo de Dios nuestro Salvador. Su enseñanza y signos expresan su amor hacia la humanidad, particularmente con la institución de la Divina Eucaristía, con su dolorosa pasión y muerte, con la benigna donación de su Santísima Madre, la fundación de la Iglesia para provecho nuestro, y finalmente, con la misión del Espíritu Santo sobre los apóstoles y sobre todo el pueblo cristiano. En el tercer epígrafe, sobre la contemplación del amor del corazón de Jesús, se nos invita a eso, a poner los ojos en los evangelios, pues en ellos descubrimos los testimonios de los que vieron a Jesús, los apóstoles, quienes nos han transmitido sus mensajes y los principales acontecimientos de la vida de Jesús. Es en los textos evangélicos donde podemos contemplar especialmente su encarnación, el seno virginal de la Virgen María, su pasión y muerte, la institución de la Eucaristía, y su resurrección y ascensión al Cielo. El adorable corazón de Jesucristo late con amor divino al mismo tiempo que humano desde que la Virgen María pronunció su fíat. Y el Verbo de Dios, como nota el apóstol, al entrar en el mundo dijo Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me diste un cuerpo a propósito. Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron. Entonces dije, heme aquí presente. En el principio del libro se habla de mí. Quiero hacer, oh Dios, tu voluntad. Por esta voluntad hemos sido santificados mediante la oblación del cuerpo de Jesucristo que Él ha hecho de una vez para siempre. Su corazón palpitó también de amor hacia su Padre y de santa indignación cuando vio el comercio sacrílego que en el templo se hacía. E increpó a los violadores con estas palabras. Escrito está, mi casa será llamada casa de oración, pero vosotros hacéis de ella una cueva de ladrones. El Papa percibe que, colgado ya en la cruz el divino Redentor, es cuando siente cómo su corazón se trueca en impetuoso torrente, guardado en los más variados y vementes sentimientos, esto es, de amor ardentísimo, de angustia, de misericordia, de encendido deseo, de serena tranquilidad, como se nos manifiestan claramente en aquellas palabras tan inolvidables como significativas. Padre, perdónales porque no saben lo que hacen. Dios mío, Dios mío, por qué me has desamparado. En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso. Tengo sed, Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Al don incruento de sí mismo, bajo las especies del pan y del vino, quiso también Jesucristo nuestro Salvador unir, como supremo testimonio de su amor infinito, el sacrificio cruento de la cruz. Así daba ejemplo de aquella sublime caridad que él propuso a sus discípulos como meta suprema del amor con estas palabras. Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos. De donde el amor de Jesucristo hijo de Dios, revela en el sacrificio del Gólgota del modo más elocuente el amor mismo de Dios. En esto hemos conocido la caridad de Dios en que dio su vida por nosotros y así nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos. El Papa pone el énfasis en el momento del nacimiento de la Iglesia. Del corazón traspasado del Redentor nació la Iglesia, verdadera dispensadora de la sangre, de la redención y del mismo fluye abundantemente la gracia de los sacramentos que a los hijos de la Iglesia comunican la vida sobrenatural como leemos en la Sagrada Liturgia. Del corazón abierto nace la Iglesia desposada con Cristo y más adelante tú que del corazón haces manar la gracia. Después que nuestro Salvador subía al cielo con su cuerpo glorificado y se sentó a la diestra de Dios Padre, no ha cesado de amar a su esposa, la Iglesia, con aquel inflamado amor que palpita en su corazón. Aun en la gloria del cielo lleva en las heridas de sus manos, de sus pies y de su costado los esplendentes trofeos de su triple victoria. Sobre el demonio, sobre el pecado y sobre la muerte. Lleva además en su corazón como enarca preciosísima, aquellos inmensos tesoros de sus méritos, frutos de su triple victoria que ahora distribuye con largueza al género humano ya redimido. Esta es una verdad consoladora enseñada por el apóstol de las gentes cuando escribe Al subirse a lo alto llevó consigo cautiva a una grande multitud de cautivos y derramó sus dones sobre los hombres. El que descendió ese mismo es el que ascendió sobre todos los cielos para dar cumplimiento a todas las cosas. Pasados diez días de su ascensión el espíritu paráclito dado por el Padre Celestial bajó sobre los apóstoles reunidos en el cenáculo como Jesús mismo les había prometido en la última cena. Yo rogaré al Padre y él os dará otro consolador para que esté con vosotros eternamente. El espíritu paráclito por ser el amor mutuo personal por el que el Padre ama al Hijo y el Hijo al Padre es enviado por ambos bajo forma de lenguas de fuego para infundir en el alma de los discípulos la abundancia de la caridad divina y de los demás carismas celestiales. Pero esta infusión de la caridad divina brota también del corazón de nuestro Salvador en el cual están encerrados todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia. A esta divina caridad que redunda del corazón del Verbo encarnado y se infunde por obra del Espíritu Santo en las almas de todos los creyentes el apóstol de las gentes entonó aquel himno de victoria que ensalza a la par el triunfo de Jesucristo y el de los miembros de su místico cuerpo sobre todo cuanto a algún modo se opone al establecimiento del divino reino del amor entre los hombres. ¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? ¿La tribulación? ¿La angustia? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El riesgo? ¿La persecución? ¿La espada? Mas en todas estas cosas soberanamente triunfamos por obra de aquel que nos amó. Porque seguro estoy de que ni muerte ni vida ni ángeles ni principados ni lo presente ni lo venidero ni poderíos ni altura ni profundidades ni otra alguna criatura será capaz de separarnos del amor de Dios que se funda en Jesucristo nuestro Señor. El Papa en definitiva reafirma que el corazón de Cristo refleja todo el amor de la divina persona del verbo. Es imagen de la doble naturaleza divina y humana del Salvador y que por tanto cuando adoramos el sagrado corazón de Jesús adoramos igualmente su amor humano y divino por el cual se inmoló para bien de la Iglesia y de toda la humanidad. Ese amor de Cristo le hace ser abogado ante el Padre que por medio de su Hijo hará descender con abundancia sobre los hombres sus gracias divinas. Y concluye este epígrafe diciendo que no puede haber duda alguna de que ante las súplicas de tan grande abogado hechas contundemente amor el Padre celestial que no perdonó a su propio Hijo sino que lo entregó por todos nosotros por medio de él hará descender siempre sobre todos los hombres con abundancia de sus gracias divinas. En el cuarto epígrafe el Papa repasa la historia del culto al sagrado corazón de Jesús reconociendo que siempre ha estado presente en la piedad cristiana aunque aprecia que en los últimos años se ha revivado notablemente insiste en la importancia de los evangelios para entender claramente como este culto se identifica sustancialmente con el culto al amor divino y humano del verbo encarnado y también con el culto al amor mismo con que el Padre y el Espíritu Santo aman a los hombres pecadores. Porque como observa el doctor Angélico el amor de las tres personas divinas es el principio y origen del misterio de la relación humana desbordándose aquel poderosamente sobre la voluntad humana de Jesucristo y por lo tanto sobre su corazón adorado. Le indujo con un idéntico amor a derramar generosamente su sangre para rescatarnos de la servidumbre del pecado. Con un bautismo tengo que ser bautizado y que angustias hasta que se cumpla. Bien, Papa reconoce también a muchos santos que se distinguieron por haber establecido y promovido cada vez más el culto al corazón sacratísimo de Jesús. San Buenaventura San Alberto Magno Santa Gertrudis Santa Catalina de Siena El Beato Enrique Suso San Pedro Canisio San Francisco de Sales San Juan Eudes que es el autor del primer oficio litúrgico en honor al Sagrado Corazón de Jesús cuya fiesta solemne se celebró por primera vez en Francia el 20 de octubre de 1672 y como no Bueno, pues destaca Santa Margarita María la Coque, porque su celo, iluminado y ayudado por el de su director espiritual, el Beato Claudio de la Colombia, consiguió que este culto, ya tan difundido, haya alcanzado el desarrollo que suscita la admiración de los fieles cristianos y que, por sus características de amor y reparación, se distingue de todas las demás formas de la vida cristiana. Su importancia consiste en que, al mostrar el Señor su corazón sacratísimo, de modo extraordinario y singular, quiso atraer la consideración de los hombres a la contemplación, a la veneración del amor misericordioso de Dios al género humano. Bien, seguidamente evoca, recuerda, las intervenciones de los padres que le han precedido, pues para culminar... con una... llegar a una conclusión sobre todo este mandamiento. El mandamiento es el precepto que nos dio el Señor. Un nuevo mandamiento os doy, que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Este mandamiento es en verdad nuevo y propio de Cristo, porque como dice santo Tomás de Aquino, poca diferencia hay... entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, pues como dice Jeremías, haré un pacto nuevo con la casa de Israel, pero que este mandamiento se practicase en el Antiguo Testamento, a impulso de santo temor y amor, se debía al Nuevo Testamento, en cuanto que, si este mandamiento ya existía en la Antigua Ley, no era como prerrogativa suya propia, sino más bien como prólogo y preparación de la Nueva Ley, de la Nueva Alianza. En el quinto y último epígrafe, el Papa aprecia el culto al Sagrado Corazón de Jesús y exhorta a los obispos a promover esta devoción, convencido de que por medio de ella han de brotar grandísimos frutos también en nuestros tiempos. Estamos ante un don del mismo Jesucristo y, por tanto, del sumo agrado de Dios. No hacerlo así sería proceder de forma temeraria y tímida. Es más, no cabe duda alguna de que los cristianos que honran al Sagratísimo Corazón del Redentor cumplen el deber ciertamente gravísimo que tienen de servir a Dios y que juntamente se consagran a sí mismos y a toda su propia actividad, tanto interna como externa, a su Creador y Redentor, poniendo así en práctica aquel divino mandamiento. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El Papa, por tanto, exhorta a todos los fieles a que practiquen con fervor esta devoción, contemplando el admirable espectáculo de la extensión y fervor con que la devoción al Sacratísimo Corazón de Jesús se ha propagado en toda clase de fieles. Razón por la que se siente lleno de gozo y de inefable consuelo. Y luego de dar a nuestro Redentor las obligadas gracias por los tesoros infinitos de su bondad, expresa su paternal complacencia a todos los que con tanta eficacia han cooperado a promover el culto. Invita a todos los fieles a la perseverancia en el culto al Sagrado Corazón de Jesús, para que el amor de Dios se derrame sobre toda la humanidad, incluso sobre los que se han alejado de la Iglesia, o sobre los que difunden falsos principios, y difunden doctrinas contrarias que no hacen otra cosa que exaltar la licencia desenfrenada de las pasiones. Invita a recordar las palabras que León XIII dirigía a todos los cristianos y a cuantos se sienten, sinceramente, preocupados por su propia salvación y por la salud de la sociedad civil. Decía así. Ved hoy ante vuestros ojos un segundo lábaro consolador divino. El Sacratísimo Corazón de Jesús, que brilla con resurgente esplendor entre las llamas. En él hay que poner toda nuestra confianza. A él hay que suplicar. Y de él hay que esperar nuestra salvación. Y concluye sobre esto que una ferviente devoción al Corazón de Jesús fomentará y promoverá sobre todo el culto a la Santísima Cruz. No menos que el amor a la Iglesia. Y en realidad podemos afirmar, como lo ponen de relieve las revelaciones de Jesucristo mismo a Santa Gertrudis y a Santa Margarita María, que ninguno comprenderá bien a Jesucristo crucificado si no penetra en los arcanos de su corazón. Ni será fácil entender el amor con que Jesucristo se nos dio a sí mismo por alimento espiritual si no es mediante la práctica de una especial devoción. Al Corazón eucarístico de Jesús. Concluyendo. El Papa viene a decir que concluye con el deseo de que todo el pueblo cristiano pueda celebrar la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús al cumplirse el primer centenario de su institución por su predecesor Pío IX en 1856. Por tanto, anima a todos los fieles. A unir esta fiesta de la fe. A unir esta devoción con la del Inmaculado Corazón de la Madre de Dios. Pues es un signo precioso que en la obra redentora de la humanidad María estuviera inseparablemente unida a Jesús. Así quedó reconocido por la Iglesia en 1942 cuando Pío XII dedicó y consagró la Santa Iglesia y el mundo entero al Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María. Bien. Pues siguiendo con la devoción propiamente al Sagrado Corazón de Jesús, diremos como reflexión hoy que esta devoción nos invita a redescubrir el mensaje de amor, reparación y esperanza que el Corazón de Jesús ofreció al mundo a través de Santa Margarita María en 1675. Este año 2025, año jubilar de la esperanza, hacemos también memoria de otros acontecimientos como son la celebración de la fe. La celebración del 1700 aniversario del primer concilio ecuménico de Nicea, el centenario de la encíclica Quas Primas de San Pío XII sobre la institución de la fiesta de Cristo Rey en 1925, Pío XI he dicho, y el 350 aniversario de las apariciones de Santa Margarita María en 1675. Es por tanto un año en el que el cielo se abre y derrama abundantes gracias a todos los fieles, ofreciéndonos bendiciones que debemos aprovechar para la promoción de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús siempre con la intercesión del Corazón Inmaculado de María. Y con esta intención, hacemos hoy la oración de consagración de las familias a los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Santísimos Corazones de Jesús y María, unidos en el amor perfecto, como nos miráis con misericordia y cariño, consagramos nuestros corazones, nuestras vidas y nuestras familias a vosotros. Conocemos que el ejemplo bello de vuestro hogar en Nazaret fue un modelo para cada una de nuestras familias. Esperamos obtener con vuestra ayuda la unión y el amor fuertes, fuerte y perdurable que os disteis. Que nuestro hogar sea lleno de gozo. Que el afecto sincero, la paciencia, la tolerancia y el respeto mutuo sean dados libremente a todos. Que nuestras oraciones incluyan las necesidades de los otros, no solamente las nuestras. Y que siempre estemos cerca de los sacramentos. Bendecid a todos los presentes, y también a los ausentes, tanto los difuntos como los vivientes. Que la paz esté con nosotros. Y cuando seamos probados, conceded la resignación cristiana a la voluntad de Dios. Mantened nuestras familias cerca de vuestros corazones. Que vuestra protección especial esté siempre con nosotros. Sagrados corazones de Jesús y María, escuchad nuestra oración. Amén. Bien, pues a modo de conclusión del programa de hoy, diremos que, habiendo muchos respetos humanos, hoy en día, por acoger el culto al Sagrado Corazón de Jesús, también ocurre con la devoción al Inmaculado de María. Por ello es importante unirlos, para que la Virgen presida todos nuestros actos de devoción, con suma solicitud, purificando todas nuestras intenciones. Apreciamos que se siguen dando gestos de desprecio a la Iglesia, a la presencia del Sagrado Corazón de Jesús en la Eucaristía. Razón por la que debemos acercarnos cada vez más, con mayor disposición, si cabe, a esta devoción de la Tría, esto es, de adoración al Santísimo Sacramento. Hemos de hacerlo con total humildad. Tal y como nos lo indica la encíclica que hemos analizado, ofreciendo nuestro sacrificio espiritual, en unión al Sacrificio Redentor de Cristo Rey, y al de toda la Iglesia Universal, de la mano de María Santísima, a fin de reparar la ingratitud y los desprecios, que sigue recibiendo el Sagrado Corazón de Jesús, presente en el Santísimo Sacramento del altar. Cuidamos por la conversión de los pobres pecadores, cuidamos continuamente por la conversión de todos los hombres, de todas las autoridades de los estados, y de todos los responsables de las instituciones religiosas o laicas, para que cuando ejercen una responsabilidad pública o privada, se ocupen de la formación religiosa y espiritual de todos los hombres. Recordemos también, que seguimos en un año jubilar, un año de gracia, en el que cada día podemos ofrecer nuestra oración, pidiendo por la indulgencia plenaria de vivos y difuntos, especialmente por aquellos que no asistirán al templo, por razón de su enfermedad o de su incredulidad. Adoremos al Santísimo Sacramento cada día, busquemos un rato para estar en su presencia, y pongamos ante el Señor las necesidades, de toda la humanidad, con confianza plena y con contrición de corazón, siguiendo las enseñanzas del fundador de la oración nocturna española, el Venerable Luis de Trelles, quien enseñaba así en su tiempo. Venimos los adoradores a asociarnos a Cristo, a inmolar místicamente nuestro corazón con el suyo, y a ofrecernos a Dios por nuestros pecados, y los de nuestros hermanos, uniendo nuestra oración a la de Cristo el Señor. La oración nocturna no ha de buscar su gloria, sino la de los demás, pues somos soldados de Jesús sacramentado, somos guardias de honor, somos guardias de oración, y sólo debemos hacer lo que hace Cristo, pedir al Padre por todos los hombres. Bien, pues, hoy terminamos recordando la necesidad de la observancia del voto de cátedra, que consiste en perseverar en la lectura de las enseñanzas de los santos padres, de la Iglesia, y en las enseñanzas también del Magisterio, que las van actualizando constantemente, en la idea de que podamos ser testigos de palabra y de obra en nuestros ambientes, favoreciendo con nuestro ejemplo de vida, que otros nos imiten y se entreguen voluntariamente a la misión de evangelizar a todos los pueblos de la Tierra. Concluimos con un consejo de Santa Margarita María. Aunque Dios quiera salvarnos, quiere que ayudemos de nuestra parte. Si no, nada hará sin nosotros. Por esto, hemos de estar resueltos a padecer. Este es el tiempo de siembra provechosa para la eternidad. Allí será abundante la cosecha. No os desaniméis. Vuestros trabajos, arrastrados con paciencia, valen mil veces más que cualquier otra penitencia. Bien, pues damos por finalizado el programa de hoy, diciendo que el próximo viernes, 2 de mayo, analizaremos la encíclica del Papa Francisco Vilexit Nos, del 24 de octubre de 2024, sobre el amor divino y humano del corazón. de Jesucristo. Seguidamente, reflexionaremos sobre otros aspectos de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Y con esta encíclica pondremos el broche a la serie de programas que venimos realizando sobre la fiesta de Cristo Rey y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Bien, no hay tiempo. Hoy el tema lo merecía, porque es bastante profundo y largo. No tenemos tiempo para abrir las líneas de teléfono. Podéis hacer consultas a través del... del correo electrónico, que lo tenéis en las convocatorias. Y sin más, pues pasamos a despedirnos. Gracias por vuestra atención. Y hasta el próximo programa de acompañamiento espiritual. Un abrazo a todos. Que el Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal, y nos lleve a la vida eterna. Amén. Ave María Purísima, sin pecado concebida, María Santísima.
La devoción al Sagrado Corazón de Jesús (IV). #19
Fecha: viernes, 4 de abril de 2025, a las 21:00:00
Duración: 59:00
Transcripción de Episodio 19. Pío XII.- Encíclica 'Summi Pontificatus' (1939), sobre la necesidad de la unidad en Cristo.
Buenas noches a los que me escucháis. Os habla Javier Cebrián, vocal de formación espiritual del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed todos bienvenidos al programa de acompañamiento espiritual en Radio Lavandé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios, de las sagradas escrituras, de la tradición de la Iglesia, del pensamiento teológico o de las enseñanzas de los santos padres, o incluso de las experiencias de la vida espiritual que han tenido los santos reconocidos por la Iglesia. Bien sabemos que todo esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior. El Espíritu Santo es el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues solo Cristo es la cabeza de la Iglesia de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. Y buscamos la unión con el Espíritu Santo no solamente para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa que tuvimos el 4 de octubre de 2024, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo, a fin de que el Paráclito prometido por Jesús, nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. En nuestra oración tenemos presente de nuevo la pronta recuperación del Papa Francisco y también las necesidades de la Iglesia, las de todos los pueblos de la Tierra y especialmente las de aquellas personas que se nos han encomendado, muy particularmente nuestros familiares, amigos y bienhechores. Pues invocamos. Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados y renovarás la faz de la Tierra. Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos en materia recordando que estamos realizando una serie de programas en los que analizamos diversos documentos del Magisterio que tratan sobre las fiestas de Cristo Rey y del Sagrado Corazón de Jesús. En el último programa analizábamos la encicla Miserentissimus Redemptor del Papa Pio XI de fecha 5 de agosto de 1928 sobre la expiación que todos debemos al Sagrado Corazón de Jesús y seguidamente reflexionábamos sobre algunos aspectos más de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. En el programa de hoy vamos a analizar la encíclica del Papa Pio XII Summi Pontificatus de 20 de octubre de 1939 sobre la necesidad de la unión con el Espíritu Santo. Con Cristo ante los problemas sociales de la época. Seguidamente reflexionaremos sobre nuevos aspectos de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús cuya fiesta, decimos, está muy unida a la de Cristo Rey y a la misma Eucaristía que celebramos cada día. Pues bien, comenzamos diciendo que el Pontificado del Papa Pio XII abarca un total de 19 años. Desde 1939 hasta 1958, cuyo periodo coincide con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial , lo cual es determinante para comprender la situación social del mundo y de la Iglesia, todo lo cual influyó notablemente en su pontificado. El Cardenal Pacelli era un hombre de la Iglesia. Era un hombre de gobierno, experto en asuntos eclesiásticos, pues antes de ser elegido Papa había desempeñado varios cargos relevantes en la Iglesia. Fue nuncio en Múnich desde 1917. Nunció en Berlín desde 1920. Fue proclamado Cardenal en 1929. Ejerció como Secretario de Estado a partir de 1950. Ejerció como Secretario de Estado a partir de 1950. Designado Legado Papal en Francia, en Hungría, en Norteamérica y Sudamérica. Y fue elegido Papa el 2 de marzo de 1939. El día 1 de septiembre de 1939, a los seis meses de su elección, estalla la Segunda Guerra Mundial. De varias formas intentó frenar el conflicto, pero no fue escuchado. Los seis primeros años de su pontificado estarán absorbidos por los temas de la guerra, realizando denodados esfuerzos por que se cumpliera el derecho internacional. Creó varias organizaciones para la ayuda de las víctimas de la guerra, con acción meritoria en pro de los judíos y perseguidos políticos del nazismo y del fascismo, tanto en el Vaticano como en varios países. En los monasterios de Roma, concedió asilo a más de 5.000 personas. Se esforzó también en salvar la ciudad eterna de los estragos de la guerra. Lanzó la idea de una Europa unida que superase las rivalidades nacionalistas y asegurase la paz permanente. En el gobierno interno de la Iglesia son de destacar algunos aspectos relevantes. Introdujo, por primera vez, en el Colegio Cardenalicio, a un buen número de prelados no italianos. Sobre las misiones, potenció la unión de la Iglesia con China y África, a la que dirigió sendas encíclicas, si bien las florecientes misiones de China se vieron arruinadas con la victoria del consumismo. Es más, desde 1958, el gobierno chino pretenderá que las misiones de China se vayan arruinando. La idea era fundar una Iglesia nacionalista propia, separada de Roma. Sobre las iglesias orientales, manifestó su especial veneración con ocasión del XV Centenario de San Cirilo de Alejandría, tema que trató ampliamente en la encíclica Orientalis Ecclesia . Sobre la acción católica, dedicó especiales atenciones al apostolado universal de Roma, sobre la religión de los laicos. Prestó también especial atención a la opresión de la Iglesia en los países de Rusia, Yugoslavia, Bulgaria, Hungría. En lo relativo al magisterio de Pío XII, hemos de destacar también sus grandes encíclicas y sus grandes discursos para abordar las grandes cuestiones. La encíclica sobre el cuerpo místico de Cristo y la Iglesia, Mystici corporis Christi, de 1943. La encíclica sobre los estudios de la Sagrada Escritura, para hacer ver que está inspirada por el Espíritu Divino, Divino Afflante Spiriti, de 1943. Un gran discurso sobre los institutos seculares, en 1943 también. La encíclica sobre los errores modernos y las falsas opiniones cristianas, contra los fundamentos de la Iglesia, Liumani generis, de 1950. Y por último, la encíclica sobre la proclamación de la fiesta de María Reina, en el año mariano, Accelli reginam, de 1954. Con todo, hemos de reconocer que el culmen de su magisterio lo alcanzó con la definición del dogma de la Asunción de María. 1 de noviembre de 1950. Año en el que el prestigio del papado se puso claramente de manifiesto. Murió el 9 de octubre de 1958. Y será sucedido por el Papa Juan XXIII, quien anunciaría la convocatoria del Concilio Vaticano II, el 25 de enero del 59, al poco de su elección. Bien, pues la encíclica que analizamos hoy, lleva por subtítulo sobre la necesidad de la unidad en Cristo ante los problemas sociales de la época. Esta fue la primera encíclica de Pío XII, en la que se aprecia un tono personal de lo que será el programa de su pontificado. En síntesis, enaltece a sus predecesores, en los que se apoya para criticar... para hacer un juicio de valor sobre los errores principales de los años precedentes, tales como las ideologías racistas, sociales y culturales, y los de los estados totalitarios. También establece el marco teológico, que guiará su pensamiento en futuras encíclicas, exaltando la devoción al Sagrado Corazón de Jesús por encima de todo. Asimismo, denuncia la destrucción, de Polonia pidiendo la restauración y el reconocimiento de su independencia. Pío XII expresó muchas veces su complacencia a la devoción y al culto del Sagrado Corazón de Jesús, fuera en cartas, en discursos, en radiomensajes, aprobando y aceptando esta sublime verdad. Se glorió al contemplar el feliz y triunfal progreso del culto al Sagrado Corazón de Jesús entre el pueblo cristiano a través de asociaciones, de publicaciones de carácter histórico, ascético, místico, fiadosas prácticas de reparación, y de manera especial, manifestaciones de ardentísima piedad promovidas por el apostolado de la oración, a cuyo celo y actividad se debió que familias, colegios, instituciones, e incluso algunas naciones se consagraran al Sacratísimo Corazón de Jesús. De hecho, como veremos en el próximo programa, seguirá tratando el tema del culto al Sagrado Corazón de Jesús en una nueva encíclica, Auretis Aquas, de 15 de mayo de 1956, que analizaremos en el próximo programa. Bien, pues entrando ya en esta encíclica concreta, Summi Pontificatus, diremos que está dirigida a los venerables hermanos, patriarcas, primados, arzobispos, obispos y demás ordinarios locales en paz y en comunión con la santa sede apostólica. El texto se estructura en 83 puntos, es muy denso, divididos en tres partes que se aprecian, la introducción, una exposición y una conclusión. Comienza el Papa diciendo que su supremo pontificado lo es porque se inicia a los 40 años de la consagración del género humano al Sacratísimo Corazón del Redentor, realizada por su predecesor, León XIII, en 1899, con la encíclica Annum Sacrum, gran conocedor de las necesidades y los males manifiestos y ocultos de su tiempo. Agradece a la Divina Providencia de la Iglesia, por hacer coincidir su primer año de pontificado con un recuerdo tan trascendental y quiere que este hecho del culto debido al Rey de Reyes y al Señor de los Señores sea como la plegaria introductoria de su pontificado. El culto en el que se ha de apoyar su propósito inicial con la esperanza de que este culto dirija su enseñanza y pastoral para mayor difusión del Reino de Cristo. En la consagración del género humano a Jesucristo Rey, realizada por León XIII, aprecia un mensaje de exhortación y de gracia divina, no sólo para la Iglesia, sino también para toda la humanidad, que, necesitada de estímulo y de guía, se apartaba del camino recto de la fe en Cristo, e incluso también del reconocimiento y de la observancia de su ley, que se alzaba contra la concepción de la vida, muy extendida, que nos exige reconocer el precepto del amor y la doctrina de la renuncia de sí mismo promulgada por Jesús en el sermón evangélico de la montaña, y cuyo máximo exponente fue la divina gesta de amor realizada en la cruz, aunque a algunos les pueda parecer un escándalo y una locura. Recuerda también la institución de la fiesta de Jesucristo Rey, creada por su inmediato predecesor, Pío XI, de la que dice "han brotado innumerables bienes para los fieles", lo que se nos muestra como un impetuoso río que alegra la ciudad de Dios. No obstante, a pesar de los progresos de toda clase que se han producido en el orden técnico y puramente exterior, en lo humano, percibe que el mundo sigue necesitado de la gracia para cubrir el vacío interior y la indigencia espiritual que sufre. Por estas razones, el Papa expresa "No hay necesidad más urgente, venerables hermanos, que la de dar a conocer las inconmesurables riquezas de Cristo". A todos los hombres de nuestra época, a fin de reconquistar para la cruz victoriosa a los que de ella, por desgracia, se han separado y han roto con impiedad las tablas de los mandamientos de Dios para sustituirlas con otras normas de las que están desterrados los principios morales de la revelación del Sinaí y el divino espíritu que brotó del sermón de la montaña y de la cruz de Cristo, apartando a muchos del seguimiento de los pasos del divino reino. Evoca la inminente fecha ya próxima de la fiesta de Cristo Rey implorando los dones de la divina gracia para todos los fieles y para todos los pueblos de todas las naciones, a fin de que puedan ser iluminados por el único que es camino, verdad y vida. Y confía en que todos los miembros de la familia católica puedan experimentar y purificar los sentimientos de solidaridad en grado sumo, algo raras veces conseguido. La idea es excitar así la fe de los que creen en Dios y siguen a Cristo como guía y maestro. Agradece también los testimonios de estrecha adhesión filial a la Iglesia y al Vicario de Cristo, que libre y espontáneamente ha recibido de todas partes con motivo de su elección y coronación. Recordemos que es la primera encíclica que escribe y da las gracias por la inquebrantable fidelidad y por las muestras de afecto enviadas de todas partes al Pontífice, lo cual es de gran consuelo por la demostración palpable de la indivisible unidad de la Iglesia católica. Todo ello a pesar de las trágicas circunstancias materiales y espirituales del momento. El Papa, encomienda a todos y se propone imitar cuidadosamente el ejemplo del buen pastor para conducir a la verdadera felicidad y para que tengan vida y la tengan muy abundante. En esto muestra un agradecimiento particular a los soberanos, a los jefes de Estado y a las autoridades públicas que en nombre de sus respectivas naciones, con las cuales la Santa Sede se halla en amigables relaciones, han querido ofrecerle en aquella ocasión el homenaje de su reverencia. Destaca a Italia, a la que llama fecundo jardín de la fe católica plantada por el príncipe de los apóstoles, reconociendo así los frutos de los providenciales pactos lateranenses, lo cual permite a Italia ocupar un puesto de honor entre aquellos estados que oficialmente se hayan representados cerca del romano pontífice. Pide que el Señor penetre, consuele y dilate profundamente el alma del pueblo italiano para que siga fiel a sus gloriosas tradiciones católicas y, asegurado por el divino auxilio, siga experimentando cada día la divina verdad de las palabras del salmista. Bienaventurado, el pueblo que tiene al Señor por su Dios. Con ello busca también que sirva de ejemplo y se abran caminos de entendimiento con todas las naciones del mundo. Como vicario de Cristo, siente la responsabilidad de aquel que pronunció la augusta palabra. Yo para esto nací y para esto vine al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que pertenece a la verdad, oye mi voz. Es por ello que reconoce y declara que su principal deber es dar testimonio de la verdad, lo cual se propone cumplir con firmeza apostólica exponiendo los errores y la refutación de los pecados de los hombres para que vistos y conocidos a fondo sea posible el tratamiento médico y la cura. Conoceréis la verdad y la verdad. Os hará libres. Cita a Juan 8. En esto comenta que no se dejará influir por consideraciones humanas o terrenas, sin apartarse por el temor de ser incomprendida la verdad o falsamente interpretada. Y todo ello con la caridad que imita al divino modelo de los pastores, Cristo, Señor nuestro, que nos da al mismo tiempo luz y amor. Es decir, practicando la verdad con el amor. Cita a Efesios 4. Porque cree que lo necesario es procurar que la humanidad vuelva a la ley de la verdad y del amor de Dios, únicos medios que pueden reconducir a los hombres al camino de la salvación. En el desarrollo de la encíclica, el Papa comienza haciendo un análisis de la situación, en la que destaca la realidad del agnosticismo reinante, esa actitud filosófica que declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende la experiencia de la vida. Comienza hablando de la terrible noticia del comienzo de la guerra, a pesar de sus esfuerzos por evitarlo. El sufrimiento, las calamidades para tantas familias afectadas, lo expresa así. Nuestro corazón paterno se siente lleno de angustia al prever todos los males que podrán brotar de la tenegrosa semilla de la violencia y del odio, a los que la espada está abriendo ya sangrientos surcos. Sin embargo, cuando consideramos este diluvio de males presentes y tememos calamidades aún mayores para el futuro, juzgamos deber nuestro dirigir con creciente insistencia a los ojos, a los corazones de cuantos conservan todavía una voluntad recta hacia aquel de quien únicamente viene la salvación del mundo. El Papa confía en que el Señor pueda poner fin a la guerra con la verdad que ilumina las inteligencias y enciende los espíritus de tantos hombres que ahora están combatidos por el error y por el ansia de un egoísmo desmesurado. Pide a Dios que así sea y que pueda mejorar la manera de pensar y de sentir entre tantos responsables que están ciegamente confiados en caminos imprudentes, con engañosas tendencias y opiniones. Porque de este cúmulo de errores y de este diluvio de movimientos anticristianos, se han cosechado frutos tan envenenados que constituyen una reprobación y una condenación de los errores cuya fuerza probativa supera a toda refutación racional. Alienta, por tanto, a mantener la esperanza en la gracia divina para recibir el paso del Señor y la palabra del Redentor. He aquí que estoy a la puerta y llamo. Sólo Cristo puede hacer brillar un rayo de aquella luz que un día transformó a Saulo en Pablo, demostrando su fuerza misteriosa precisamente en los tiempos más difíciles de la Iglesia. Seguidamente, en los números 19 al 26 de la encíclica, analiza los errores concretos de la época, aportando algunas observaciones que considera fundamentales sobre estos temas. La fuente primaria y más profunda de los males que hoy aflicen a la sociedad moderna brota de la negación, del rechazo de una norma universal de rectitud moral tanto en la vida privada de los individuos como en la vida política y en las mutuas relaciones internacionales. La misma ley natural ha quedado sepultada bajo la detracción y el olvido. Obviamente se niega a Dios todo principio de moralidad queda vacilando y perece. La voz de la naturaleza calla o al menos se debilita paulatinamente. Voz que enseña también a los ignorantes y aún a las tribus no civilizadas lo que es bueno y lo que es malo, lo lícito y lo ilícito. Y les hace sentir que darán cuenta alguna vez de sus propias acciones buenas y malas ante un Juez supremo. El fundamento de toda la moralidad comenzó a ser rechazado en Europa porque muchos hombres se han separado de la doctrina de Cristo de la que es depositaria y maestra la cátedra de San Pedro hasta llegar a negar la misma divinidad del Salvador dogma capital y centro del cristianismo acelerando así el proceso de disolución religiosa. Cuando la incredulidad religiosa, ciega y es demasiado orgullosa de sí misma excluye a Cristo de la vida moderna y especialmente de la pública y junto con la fe en Cristo debilita también la fe en Dios. Al perder los principios morales los estados se ajustan por completo a los prejuicios del llamado laicismo, fenómeno que cada día adquiere más rápidos progresos y obtiene mayores alabanzas con lo que aparecen señales cada vez más evidentes y terribles de la corruptora falsedad del viejo paganismo. Pero muchos, tal vez al separarse de la doctrina de Cristo no advierten que son engañados por el falso espejismo de unas frases brillantes que presentaban esta separación del cristianismo como una liberación de una servidumbre impuesta. Ni preveían las amargas consecuencias que se seguirían del cambio que venía a sustituir la verdad que es la que libera con el error que es el que esclaviza. Así, debilitada y perdida la fe en Dios y en el Divino Redentor y apagada en las almas la luz que brota de los principios universales de moralidad queda inmediatamente destruido el único e insustituible fundamento de la estable tranquilidad en que se apoya el orden interno y externo de la vida privada y de la pública pues es el único que puede engendrar y salvaguardar la prosperidad de los estados. Con todo, el Papa advierte que los pueblos de Europa han perdido el vínculo de la fraterna unión y ahora no saben curar sus propios males. Hoy las disensiones no provienen únicamente del ímpetu de mente de un espíritu destemplado sino más bien de una profunda perturbación en la conciencia interior que ha trastornado temerariamente los sanos principios de la moral y de la vida pública. El Papa, seguidamente, habla de los múltiples errores que han nacido del agnosticismo religioso y moral entre los cuales destaca dos principales que quiere proponer de una manera particular a la consideración de los venerables hermanos porque considera que hacen casi imposible o al menos muy precaria e incierta la tranquila y pacífica convivencia de los pueblos. El primero de estos dos errores, en la actualidad enormemente extendido por desgracia, consiste en el olvido de aquella ley de mutua solidaridad y de caridad humana impuesta por el origen común y por la igualdad de la naturaleza racional en todos los hombres, sea cual fuere el pueblo a que pertenecen, y por el sacrificio de la redención ofrecido por Jesucristo en el ara de la cruz a su Padre Celestial en favor de la humanidad pecadora. Seguidamente explica las razones de este error con citas extensas a las Sagradas Escrituras. Estos puntos capitales de la verdad revelada constituyen el fundamento y el vínculo más estrecho de la unidad común de todos los hombres reforzados por el amor de Dios y del Redentor Divino, de quien todos reciben la salud para la edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe, al conocimiento pleno del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto según la medida de la plenitud de Cristo. Percibe que la Iglesia de Jesucristo, como fidelísima depositaria de la vivificante sabiduría divina, no pretende menoscabar o menospreciar las características particulares que constituyen el modo de ser de cada pueblo. La Iglesia busca la profunda unidad, configurada por un amor sobrenatural, en el que todos los pueblos se ejerciten intensamente. El Papa defiende que hay que seguir el camino de Cristo, y que todos aquellos que ingresan en la Iglesia Católica, sea cual sea su origen y su lengua, deben tener por seguro que todos los pueblos de la Iglesia Católica, todos ellos, disfrutan de los mismos derechos de hijos en la casa del Padre, en la Iglesia, donde todos gozan de la ley y de la paz de Cristo. De ahí que pone su esperanza en la fiesta de Cristo Rey, a fin de poder evitar el sufrimiento a tantas familias. Con ello, juzga imprescindible una conciencia de, una universal solidaridad fraterna, que la doctrina cristiana despierta y favorece, que no se opone el amor a la tradición y a las glorias de la propia patria, ni prohíbe el fomento de una creciente prosperidad, y la legítima producción de los bienes necesarios. Porque la misma doctrina, nos enseña que en el ejercicio de la caridad, existe un orden establecido por Dios. Pero el amor a la propia patria, que con razón debe ser fomentado, no debe impedir, no debe ser obstáculo al precepto cristiano de la caridad universal. Precepto que coloca igualmente a todos los demás, y su personal prosperidad, en la luz pacificadora del amor cristiano. El segundo error que aprecia, no menos nocivo, al bienestar de las naciones y de toda la sociedad humana, es el error de aquellos que, con intento temerario, pretenden separar el poder político de toda relación con Dios, del cual dependen, como de causa primera y de supremo señor, tanto los individuos como las sociedades humanas. Porque, despreciada de esta manera la autoridad de Dios, y el imperio de su ley, se sigue forzosamente la usurpación del poder político de aquella absoluta autonomía que es propia exclusivamente del supremo hacedor, prohibiendo así toda apelación a los principios de la razón natural y de la conciencia cristiana. El Papa, en esto, advierte que, donde se rechaza la dependencia del derecho humano respecto del derecho divino, donde no se apela más que a una apariencia incierta y ficticia de autoridad terrena, y se reivindica una autonomía jurídica regida únicamente por razones utilitarias, no por una recta moral, allí el mismo derecho humano pierde necesariamente en ese agitado quehacer de la vida diaria, su fuerza interior sobre los espíritus. Fuerza sin la cual el derecho no puede exigir de los ciudadanos el reconocimiento debido ni los sacrificios necesarios. Y esto sucede siempre que la autoridad política desconoce o niega el dominio del legislador supremo, que al dar a los gobernantes el poder, les ha señalado también los límites de este mismo poder. Hace mención a su predecesor, León XIII, quien en la encíclica Inmortale Dei, nos enseñaba que todo ha sido establecido por el supremo creador para regular la vida pública según las prescripciones de aquel orden inmutable que se apoya y es regido por principios universales. Para facilitar a la persona humana en esta vida presente la consecución de la perfección física, intelectual y moral y para ayudar a los ciudadanos a conseguir el fin sobrenatural que constituye su destino supremo. El Estado, por tanto, cree el Papa, tiene una doble misión, una noble misión, reconocer y regular y promover en la vida nacional las actividades y las iniciativas privadas de los individuos, dirigir convenientemente estas actividades al bien común, el cual no puede quedar determinado por el capricho de nadie ni por la exclusiva prosperidad temporal de la sociedad civil, sino que debe ser definido de acuerdo con la perfección natural del hombre, a la cual está destinado el Estado por el Creador como medio y como garantía. El Papa advierte que el hombre y la familia son, por su propia naturaleza, anteriores al Estado, y que el Creador dio al hombre y a la familia, peculiares derechos y facultades, y les señaló su misión, que responde a inequívocas exigencias naturales y que no pueden ser usurpadas por ninguna concepción política. Por todo lo cual, se alzan ante nuestra vista los tremendos peligros que tememos puedan venir sobre la actual y las futuras generaciones, de la disminución y de la progresiva abolición de los derechos de la familia. Buscamos, por tanto, obligación nuestra, impuesta por la conciencia del deber exigido por nuestro grave ministerio apostólico, defender religiosa y abiertamente estos derechos de la familia, porque nadie, sin duda, padece tan amargamente como la familia estas angustias de nuestro tiempo, tanto materiales como espirituales, y los múltiples errores políticos con sus dolorosas consecuencias. En esto indica que cuanto más gravosos son los sacrificios materiales exigidos por el Estado a los ciudadanos y a la familia, tanto más sagrados e inviolables deben ser para el Estado los derechos de la familia. El Estado puede exigir los bienes y la sangre, pero nunca el alma redimida por Dios. Las almas de los hijos que Dios entregó a los padres, purificadas con el bautismo y señaladas con el sello real de Jesucristo, son como un tesoro sagrado sobre el que vigila con amor solífico el mismo Dios. El divino Redentor que dijo a los apóstoles Dejad que los niños vengan a mí, no obstante su misericordiosa bondad, ha amenazado con terribles castigos a los que escandalizan a los niños, objeto predilecto de su corazón. La concepción que atribuye al Estado un poder casi infinito no sólo es un error pernicioso para la vida interna de las naciones, y para el logro armónico de una prosperidad creciente, sino que es, además, engañosa, dañosa para las mutuas relaciones internacionales, porque rompe la unidad que vincula entre sí a todos los Estados. Despoja al derecho de gentes de todo firme valor, abre camino a la violación de los derechos ajenos, y hace muy difícil la inteligencia, y la convivencia pacífica. Debiera ser al contrario, opina el Papa, pues las relaciones internacionales normales y estables, la amistad internacional fructuosa, exigen que los pueblos reconozcan y observen los principios normativos del derecho natural regulador de la convivencia internacional, considerando que los convenios ratificados, como cosa efímera y caduca, y atribuirse la tácita facultad de rescindirlos cuando la propia utilidad parezca aconsejarlo, o atribuirse incluso la facultad de quebrantarlos unilateralmente, sin consultar a la otra parte contratante, es un proceder que echa por tierra la seguridad de la confianza recíproca entre los Estados. Pues de esta manera queda totalmente derribado el orden natural, y los pueblos quedan separados por un inmenso vacío, casi imposible de salvar. En consecuencia, es totalmente vano, es engañoso, y la experiencia lo demuestra, poner la esperanza de un nuevo orden, social, político, exclusivamente en la conclaración bélica y en el desenlace final que puede acarrear. Una guerra. Ante estos errores, el Papa propone la salvación de los pueblos no nace de los medios externos, no nace de la espada que puede imponer condiciones de paz, pero no puede crearla. Las energías que han de renovar la faz de la tierra tienen que proceder del interior de las almas. El nuevo orden del mundo que regirá la vida nacional y dirigirá las relaciones internacionales cuando cesen las crueles atrocidades de las guerras, sólo puede ser la reeducación y la regeneración espiritual de los pueblos. Y ésta ha de partir de Cristo como fundamento indispensable. Ha de tener como ejecutor eficaz una íntegra justicia, y como corona, la caridad. Llevar a cabo esta obra de renovación espiritual que deberá adaptar sus medios al cambio de los tiempos y al cambio de las necesidades del género humano es deber principalmente de la materna misión de la Iglesia por la predicación del Evangelio que se le ha confiado su divino fundador con la cual se inculcan a los hombres los preceptos de la verdad, de la justicia y de la caridad. El Papa, a pesar de la situación, da a Dios gracias porque contempla en todas las regiones del mundo católico evidentes y heroicos ejemplos de un encendido espíritu cristiano que valerosamente se enfrenta con todas las exigencias de nuestra época y que con noble esfuerzo procura alcanzar la propia santificación, que es lo primero, lo esencial. Aprecia que en su tiempo por desgracia el número de sacerdotes es inferior al número de necesidades pero contempla también que surgen nuevos grupos fervorosos de hombres y mujeres, de jóvenes de ambos sexos, obedientes a la voz del Sumo Pontífice y a las normas de sus respectivos obispos. A ellos van dirigidos también en este momento el grave para la Iglesia y para la humanidad un saludo paterno de agradecimiento haciéndoles ver que el Papa confía en ellos con esperanza. Reconoce que la familia tiene una parte muy principal en el aumento de esta colaboración de los seglares. Si en todas partes se diera a la Iglesia maestra de la justicia y de la caridad la libertad de acción a la que tiene un sagrado e incontrovertible derecho en virtud del mandato divino dice el Papa brotarían por todas partes riquísimas fuentes de bienes nacería la luz para las almas y un orden tranquilo para todos los estados. El Papa con todo manifiesta su deseo del bien para la humanidad pidiendo que todos cuando rigen el timón de los estados dejen el libre camino a la Iglesia para que ésta pueda trabajar en la formación de una nueva época según los principios de la justicia y de la paz. La Iglesia no puede renunciar al ejercicio de su misión que consiste en realizar en la tierra el plan divino de restaurar en Cristo todas las cosas las del cielo y las de la tierra. Y así también su obra resulta hoy día más necesaria que nunca. Con todo pues el Papa concluye en los puntos 67 al 83 llamando a la unidad de la Iglesia y de todos los fieles con la cátedra de San Pedro reconociendo también la estrecha unidad de la jerarquía eclesiástica que ligada al sucesor del príncipe de los apóstoles al iluminar las mentes con la doctrina del Evangelio de acuerdo con la doctrina de Cristo que es la única que puede dar al hombre las verdades fundamentales de la fe. Hace mención a la encíclica Quas primas de Pío XI sobre el poder de Cristo Rey y el poder de la Iglesia declarando que la Iglesia no busca el dominio político de los pueblos sino buscar prestar toda la ayuda que le sea posible sin invadir la competencia de las autoridades legítimas. Es más, indica que la Iglesia predica e inculca el deber de obedecer y de respetar las autoridades terrenas pues han recibido de Dios su noble origen y se atiene a la enseñanza del Divino Maestro que dice dad a César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. El Papa enseña que el fin de la Iglesia que pretende lo que pretende la Iglesia ha sido declarado de modo admirable por los ángeles sobre la cuna del Verbo Encarnado cuando cantaron Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Pero esta paz que el mundo no puede dar el Divino Redentor la ha dejado a sus discípulos como herencia. Les dejo la paz os doy mi paz. Esta paz la han conseguido la consiguen y la seguirán consiguiendo innumerables hombres que han abrazado amorosamente la doctrina de Cristo compendiada por él mismo en el doble precepto del amor a Dios y el amor al prójimo. Ahora bien como la Iglesia está fundada sobre esta piedra angular por esto las potencias adversarias nunca podrán destruirla nunca podrán debilitarla las luchas internas y externas contribuyen, más bien a acrecentar su fuerza sus virtudes y al mismo tiempo le proporcionan la corona gloriosa de nuevas victorias. Con todo aprecia que por causa de la guerra reina ya en innumerables familias la muerte y la desolación el lamento y la miseria la sangre de tantos hombres incluso de no combatientes que han perecido levanta un fúnebre llanto sobre todo desde una amada nación como es Polonia que por su tenaz fidelidad a la Iglesia y por sus méritos en la defensa de la civilización cristiana confía la paz justa para ella a la Virgen Madre de Dios Y en esto nos vuelve a recordar sus amonestaciones, pues si bien fueron escuchadas con respetuosa atención, no fueron, sin embargo, obedecidas. Mientras nuestro corazón de pastor mira dolorido y preocupado la gravedad de la situación, se presenta ante nuestra vista la imagen del buen pastor y tomando sus propias palabras, dice el Papa, juzgamos obligados a repetir en su nombre a la humanidad entera aquel lamento. Si hubieses conocido lo que te conducía a la paz, pero ahora está oculto a tus ojos. Pues bien, confiando en Cristo Rey, el Papa indica que sabe que la Iglesia sabe que anuncia la verdad y sabe que el amor que enseña pone y pone en práctica ha de ser los mejores estímulos y los mejores medios que tendrán a su alcance los hombres de buena voluntad para la reconstrucción de un nuevo orden nacional e internacional. Todos, principalmente los que sufren esta calamidad de la guerra, han de experimentar que el deber de la caridad cristiana es el quicio fundamental del reino de Cristo y no ha de ser palabra vacía, sino una práctica de la realidad viviente. Y concluye, Dios tiene un poder infinito, tiene en sus manos lo mismo, la felicidad y el destino de los pueblos, que las intenciones de cada hombre y dulcemente inclina a unos y otros en la dirección que él quiere. Pues bien, pide oraciones por todos, pide sacrificios. Que el corazón sacratísimo de Jesús, que tanto nos ama, no puede en modo alguno rechazar la oración de nuestras almas, particularmente la de los niños, a los que invita a orar por el bien de la humanidad. Que todos vivan en aquella unidad de fe y de amor, a través de la cual el mundo pueda reconocer la potencia y la eficacia de la redención de Cristo y de la obra de la Iglesia, por él establecida, como ocurrió con la Iglesia Primitiva, que lo resumió en una significativa oración. Acuérdate, Señor, de tu Iglesia, para que la libres de todo mal y la perfecciones en tu caridad, y de los cuatro vientos, reúnela santificada en tu reino, que preparaste para ella, pues tuya es la virtud y la gloria por los siglos de los siglos. Bien, pues el Papa, en última instancia, deseando con ardor que Dios, autor y amante de la paz, escuche benigno la súplica de Dios Iglesia, como prenda de las gracias divinas y testimonio de nuestra benévola voluntad, otorga a todos paternalmente su bendición apostólica. Bien, seguidamente, continuamos con las reflexiones sobre la devoción al Sargentino. El Sagrado Corazón de Jesús, como ya vimos en anteriores programas, tiene sus orígenes en el mismo inicio de la Iglesia, por la contemplación del costado herido de Cristo en la cruz, de cuyo corazón brotó sangre y agua. Recordamos también que fue el mismo Jesús el que se reveló varias veces a Santa Margarita María a la copia. Decíamos también que esta devoción está muy unida a la institución de la fiesta de Cristo Rey, realizada por Pío XI en 1924, y a la misma Eucaristía que recibimos todos los días, pues es el mismo Cristo el que nos alimenta con su cuerpo y con su sangre. Sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, añadiremos hoy que en mayo de 1673, el Corazón de Jesús le dio a Santa Margarita María para aquellas almas devotas a su corazón las siguientes promesas. Les daré todas las gracias necesarias a su estado de vida. Pondré paz en sus familias. Les consolaré en todas sus penas. Seré su refugio durante la vida y sobre todo a la hora de la muerte. Derramaré abundantes bendiciones en todas sus empresas. Bendeciré las casas donde mi imagen sea expuesta y venerada. Los pecadores encontrarán en mi corazón la fuente, el océano infinito de la misericordia. Las almas tibias se volverán fervorosas. Las almas fervorosas harán rápidos progresos en la perfección. Otorgaré a los que se ocupan de la salvación de las almas el don de mover los corazones más endurecidos. Grabaré para siempre en mi corazón los nombres de aquellos que propaguen esta devoción. Yo les prometo, en la excesiva misericordia de mi corazón, que mi amor omnipotente concederá a todos aquellos que comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos la gracia de la perseverancia final. No morirán sin mi gracia, ni sin recibir los santos sacramentos. Mi corazón divino será su seguro refugio en aquel último momento. Pues bien, a modo de conclusión del programa de hoy, podemos decir que apreciamos que siguen dándose unas circunstancias de desprecio a la Iglesia y a la presencia del Sagrado Corazón de Jesús en la Eucaristía. Razones por las que sigue estando vigente la necesidad de acercarnos a esta devoción con humildad amorosa, tal como nos pide el Señor, ofreciendo nuestro sacrificio espiritual al Sacrificio Redentor de Cristo Rey y al de toda la Iglesia Universal, a fin de preparar la ingratitud y los desprecios que sigue recibiendo el Santísimo Sacramento y pidiendo por la conversión de los pecadores. Y damos continuamente esta conversión de todos ellos, de todas las autoridades de los Estados, de todos los responsables de instituciones religiosas y laicas, para que todos se ocupen de la formación religiosa y espiritual de los fieles. Recordemos también que estamos en un año jubilar, un año de gracia, en el que cada día podemos ofrecer nuestra oración pidiendo por la indulgencia plenaria de vivos y difuntos, especialmente de aquellos que no pueden acudir a los templos por razón de enfermedad, pueden hacer esta oración diariamente en su casa. Pues bien, adoradores, adoremos al Santísimo Sacramento cada día y tengamos presentes las necesidades de toda la humanidad, con confianza plena, con contrición de corazón, siguiendo las enseñanzas también del fundador de la oración nocturna, el Venerable Luis de Trelles, quien decía en su tiempo es en verdad gran recompensa que la oración fervorosa arranque, por decirlo así, favores del cielo y convierta al que la hace en colaborador de la redención del mundo. Colaborador de la redención del mundo. Y hoy terminamos recordando la necesidad de la observancia del voto apostólico, que consiste en ser testigos de palabra y de obra en los ambientes en los que cada uno se encuentre, favoreciendo con esa palabra y con este ejemplo de vida que otros puedan imitarnos y se entreguen voluntariamente a la misión de evangelizar a todos los pueblos de la Tierra. Concluimos hoy con un consejo de Santa Margarita María. Dice así. Este divino corazón os pagará no solamente en vuestra persona, sino en la de vuestros parientes y de todos aquellos por quienes os interesáis, a los cuales mirará con ojos propicios y misericordiosos para socorrerlos y protegerlos en todo, con tal que acudan a él con confianza, porque tendrá eterna memoria de lo que hacen por su gloria. Muy bien, pues damos por finalizado el programa de hoy. Solamente me queda decir que nos vienen dos fiestas inmediatas. El próximo viernes día 11 es Viernes de Dolores, fiesta local en Cartagena. Y el siguiente viernes es el Viernes Santo, con lo cual en estos dos viernes seguidos vamos a tener una reposición de programas. Y continuaremos Dios mediante con el siguiente nuevo programa el viernes día 25 de abril, en el que analizaremos la encíclica del Papa Pio XII, de este mismo Papa que hoy, Aurietis Aquas, del año 56, sobre el culto al Sagrado Corazón de Jesús. Y seguidamente seguiremos reflexionando sobre otros aspectos de la devoción al propio Sagrado Corazón de Jesús. Gracias por vuestra atención. Hasta el próximo programa de acompañamiento espiritual. Un abrazo a todos. Que el Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén. Ave María Purísima, sin pecado concebida.
La devoción al Sagrado Corazón de Jesús (III). #18
Fecha: viernes, 28 de marzo de 2025, a las 21:00:00
Duración: 55:00
Transcripción de Episodio 18. Pío XI.- Encíclica 'Miserentissimus Redemptor' (1928), sobre la expiación que todos debemos al Sagrado Corazón de Jesús.
Buenas noches a los que me escucháis. Os habla Javier Febrián, vocal de formación espiritual del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed todos bienvenidos al programa Acompañamiento Espiritual de Radio Labandé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios, de las Escrituras, de la tradición de la Iglesia, del pensamiento teológico o de las enseñanzas de los santos padres, incluso de las experiencias de la vida espiritual que han tenido los santos reconocidos por la Iglesia. Bien sabemos que todo esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior. Es el Espíritu Santo el que va edificando. Es el Espíritu Santo el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues solo Cristo es la cabeza de la Iglesia, de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. Y buscamos la unión con el Espíritu Santo no solo para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa que celebramos hoy, en el que vamos a hablar de la vida espiritual, vamos a hablar de la vida espiritual. En el primer programa que celebramos el 4 de octubre del año 24, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo a fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando. En la oración de hoy, seguimos pidiendo por la pronta recuperación del Papa Francisco y tenemos presentes las necesidades de todas las iglesias, las de todos los pueblos de la Tierra, especialmente las de aquellos que se nos han encomendado y, muy particularmente, nuestros familiares, amigos y bienhechores. Pues bien, invocamos al Espíritu Santo. Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, encienden ellos el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados y renovarás la faz de la Tierra. Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la Tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres. Y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues vamos entrando en materia, recordando que estamos realizando una serie de programas. En los que analizamos los documentos del magisterio que tratan sobre las fiestas de Cristo Rey y del Sagrado Corazón de Jesús. En el último programa analizábamos la encíclica Anum Sacrum del Papa León XIII, de fecha 25 de mayo de 1899, sobre la consagración al Sagrado Corazón de Jesús. Y seguidamente reflexionábamos sobre algunos aspectos de la devoción. En el programa de hoy vamos a analizar la encíclica Miserentissimus Redemptor del Papa Pío XI, de fecha 5 de agosto de 1928, sobre la expiación que todos debemos al Sagrado Corazón de Jesús. Y seguidamente reflexionaremos sobre nuevos aspectos más de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, cuya fiesta, decíamos, está muy unida con la fiesta de la fe. Y en el programa de hoy vamos a analizar la encíclica Miserentissimus Redemptor del Papa Pío XI, de fecha 5 de agosto de 1929, sobre la expiación que todos debemos al Sagrado Corazón de Jesús. Y en el programa de hoy vamos a analizar la encíclica Miserentissimus Redemptor del Papa Pío XI, de fecha 5 de agosto de 1929, sobre la expiación que todos debemos al Sagrado Corazón de Jesús. Y en el programa de hoy vamos a analizar la encíclica Miserentissimus Redemptor del Papa Pío XI, de fecha 5 de agosto de 1929, sobre la expiación que todos debemos al Sagrado Corazón de Jesús. Y en el programa de hoy vamos a analizar la encíclica Miserentissimus Redemptor del Papa Pío XI, de fecha 5 de agosto de 1929, sobre la expiación que todos debemos al Sagrado Corazón de Jesús. En el ámbito del gobierno de la Iglesia destacábamos su preocupación por la educación cristiana de la juventud, de los matrimonios y otros temas como fueron los problemas sociales, las misiones, las relaciones con la Iglesia Oriental, la relación con la cultura, el establecimiento de la Pontificia Academia de las Ciencias del año 36 y las conmemoraciones jubilares. En el ámbito del gobierno de la Iglesia destacábamos su preocupación por la educación cristiana de la juventud, de los matrimonios y otros temas como fueron los problemas sociales, las misiones, las relaciones con la Iglesia Oriental, la relación con la cultura, el establecimiento de la Pontificia Academia de las Ciencias del año 36 y las conmemoraciones jubilares. En 1911 percibía un desorden mundial de gran calado, cuya causa estaba en que los dirigentes políticos y la sociedad en general se habían apartado de Dios. Apreciaba que el peso de los males era superior de las fuerzas de la persona y de la sociedad en la que está inmersa el hombre, pues es el peso del pecado original, personal, social y político, todo lo cual había llevado a las instituciones y al mundo en general. A un desorden de una complejidad y magnitudes que no tenía precedente. Así entendido, Pío XI consideraba que para superar este desorden era necesaria la ayuda de la gracia sobrenatural, por lo que pretendió advertir con claridad que no bastaba un auxilio humano fuera privado o colectivo, sino que se necesitaba un auxilio sobrenatural, privado y público. A la vez, pues la paz mundial sólo podría construirse pidiendo la gracia a quien puede concederla, y esto sólo compete a Dios tal y como lo enseñó Jesús en su vida terrena. Sin mí no podéis hacer nada. Cita a Juan número 15. En este contexto pasamos a analizar la encíclica Miserentissimus Redemptor del año 1912. La encíclica Miserentissimus Redemptor del año 1912. Comienza reflexionando acerca de las apariciones de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque, poniendo el énfasis en las palabras que dirigió Jesús a sus apóstoles y discípulos tras conquistar la salvación del linaje humano en el madero de la cruz y antes de su ascensión al Padre. Mirad que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. El Papa considera que es un gran desorden. Esta divina promesa levantó los ánimos abatidos de los apóstoles, lo que sirvió para inflamar y esparcir la semilla de la doctrina evangélica en todo el mundo, alentando a la Iglesia a la victoria sobre las puertas del infierno, cosa que se ha cumplido con su especial auxilio y protección tantas veces que se ha visto cercada en graves peligros. Considera que la aparición de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque es un gran desorden. La aparición de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque llegó en un momento en que la caridad de los bienes se había entibiado y, en consecuencia, era necesario que de nuevo la caridad de Dios se presentase para ser honrada con un culto especial que nos descubriera, que nos descubra, aquella forma de devoción con la que damos culto al corazón sacratísimo de Jesús, en quien están escondidos todos los tesoros de su sabiduría y de su ciencia. Es una cita a Colosenses 2. En esta ocasión, el benignísimo Jesús nos ha mostrado su corazón como bandera de paz y caridad desplegada sobre las gentes, asegurando cierta la victoria en el combate. El Papa en esto indica expresamente que la revelación de la victoria en el combate es un gran desorden. Nos obliga a todos a darla a conocer a la Grey para su excitación y honesta satisfacción del sagrado corazón de Jesús. Cita al número uno de la encíclica. En la exposición, nos recuerda algunas palabras de su predecesor, el Papa León XIII, de feliz memoria, quien en su encíclica Annum Sacrum, la que ya vimos, admirando la oportunidad del culto al sacramento, en la que, al ser el secretísimo corazón de Jesús, no vaciló en escribir. Cuando la Iglesia, en los tiempos cercanos a su origen, sufría la opresión del yugo de los Césares, la cruz, aparecida en la altura a un joven emperador, es referencia a Constantino I el Grande, fue simultáneamente signo y causa de la amplísima victoria lograda inmediatamente. Otro signo se ofrece hoy a nuestros ojos, faustísimo y divinísimo, el sacradísimo corazón de Jesús, con la cruz superpuesta, resplandeciendo entre llamas con espléndido candor. En él han de colocarse todas las esperanzas, en él han de buscar y esperar la salvación de los hombres. Cita al número dos de la encíclica. El Papa indica que este nuevo signo, y nueva forma de devoción, contiene la suma de toda la religión, e incluso la norma de vida más perfecta, la cual nos conduce a conocer íntimamente a Cristo Señor nuestro, impulsándonos a amarlo más vementemente y a imitarlo con mayor eficacia, con lo que justifica el fomento, de la devoción que ya habían hecho sus predecesores. En esto afirma que la devoción de los fieles al sacradísimo corazón de Jesús ha ido de día en día creciendo, multiplicándose así las asociaciones que promueven el culto al corazón divino y a la costumbre, ya extendida por todas partes, de comulgar el primer viernes de cada mes conforme al deseo de Cristo Jesús. Son citas al número 3 de la encíclica. El Papa destaca la piadosa y memorable consagración con que nos ofrecemos al corazón divino de Jesús, con todas nuestras cosas, reconociéndolas como recibidas de la eterna bondad de Dios con estas palabras. Después que nuestro Salvador, movido más que por su propio derecho, por su inmensa caridad para nosotros, enseñó a la inocentísima discípula de su corazón, Santa Margarita María, cuánto deseaba que los hombres le rindiesen este tributo de devoción, ella fue, con su maestro espiritual, el Padre Claudio de la Colombia, la primera en rendirlo. Siguieron andando el tiempo los individuos particulares, después las familias privadas y las asociaciones, y finalmente los magistrados, las ciudades y los reinos. En esto, analiza brevemente las circunstancias sociales del siglo precedente, en el que se había llegado a despreciar el imperio de Cristo nuestro Señor, y declarado públicamente la guerra a la Iglesia con leyes y mociones populares contrarias al derecho divino y a la ley natural. Pese a todo, reconoce que la consagración al corazón de Jesús es la voz unánime de la Iglesia que busca vindicar su gloria y asegurar sus derechos para que Cristo reine de nuevo, tal y como había proclamado en su encíclica Cuas Primas del año 1925, por la que instituía la fiesta de Cristo Rey y su solemne celebración en todo el hombre cristiano. La idea fue conseguir abundantes frutos que unieran de nuevo a todos los pueblos con el vínculo de la caridad cristiana y la conciliación de la paz en el corazón de Cristo, Rey de Reyes y Señor de cuantos dominan. En la exposición, el Papa justifica la necesidad de añadir a la consagración aprobada por León XIII el deber de tributar al Sacratísimo Corazón de Jesús aquella satisfacción honesta que llama reparación o expiación. Considera que si la consagración responde al amor del Creador, ahora se hace necesario el deber de compensar las injurias, el olvido y los ultrajes con que es ofendido el amor increado, pues es justo padecer con Cristo paciente y saturado de leoprobios para ofrecerle algún consuelo según las posibilidades de nuestra pobreza. En esto, el Papa entiende que la expiación incumbe a todo el género humano, como ocurrió desde el principio. Con el pecado original, lo cual nos obliga a tributar a Dios sacrificios públicos que aplaquen su justicia. Una cita al número 5 de la encíclica. El Papa advierte que ninguna fuerza creada sería suficiente para expiar los crímenes de los hombres si el Hijo de Dios no hubiese tomado la humana naturaleza para repararla, tal y como nos lo anunció el mismo Salvador de los hombres por los labios del sagrado salmista. Hostia y oblación no quisiste, mas me apropiaste cuerpo. Holocaustos por el pecado no te agradaron, entonces dije, heme aquí. Es una cita a Hebreos 10. Pues ciertamente, Él llevó nuestras enfermedades y escribió nuestros dolores. Herido fue por nuestras iniquidades. Cita a Isaías 53. Y llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero. Cita a 1ª carta de Pedro 2. Borrando la cédula del decreto que nos era contrario, quitándole de en medio y enclavándole en la cruz. Cita a Colosenses 2. Para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Cita a 1ª de Pedro 2. Con muchas citas al Nuevo Testamento, el Papa afirma que, aunque Cristo nos ha perdonado con su redención por su cuerpo, que es la Iglesia, ha de completarse en nuestra carne lo que falta en la pasión de Cristo. Razón por la que debemos añadir también nuestras oraciones. Es una cita al número 7 de la encíclica. Y esto sin olvidar que toda la fuerza de la expiación pende únicamente del cruento sacrificio de Cristo. El mismo sacrificio que ahora, por modo incruento, se renueva sin interrupción en nuestros altares mediante el ministerio sacerdotal que el mismo Cristo instituyó y ofreció en la cruz. En consecuencia, entiende que a este augustísimo sacrificio eucarístico debe unirse ahora la inmolación de los ministros y de todos los fieles para que también se ofrezcan como hostias vivas, santas, agradables a Dios. Cita Romanos 12. En esto también cita a San Cipriano quien afirmaba que el sacrificio del Señor no se celebra con la santificación de vida si no corresponde a la pasión, nuestra oración y nuestro sacrificio. También cita al apóstol San Pablo quien nos amonesta que llevando en nuestro cuerpo la mortificación de Jesús con Cristo sepultados y plantados no sólo a semejanza de su muerte hemos de crucificar nuestra carne con sus vicios y concupiscencias huyendo de lo que en el mundo es corrupción de concupiscencia para que en nuestros cuerpos se manifieste la vida de Jesús y para que hechos partícipes de su eterno sacerdocio El Papa indica que la participación en este misterioso sacerdocio debe participar toda la grey cristiana, a la que San Pedro llama linaje escogido, real sacerdocio, cita la primera de Pedro II. Por lo que el celebrante ha de ofrecer por sí y por todo el género humano sacrificios por los pecados, a fin de unir nuestra odlación al sacrificio del Señor, inmolando nuestro amor propio y nuestras concupiscencias para crucificar nuestra carne con la crucifixión mística que encierra la misma Eucaristía, en una misteriosa comunión de todos los santos. En la que todos los individuos y todos los pueblos de la Tierra somos unidos como un solo cuerpo con Jesucristo, que es la Cabeza. Del cual todo el cuerpo, compuesto y bien ligado por todas las culturas, según la operación proporcionada de cada miembro, recibe aumento propio, edificándose en amor. Es una cita a Efesios 4. Todo lo cual pidió al Padre, el mismo mediador de Dios y de los hombres, Jesucristo, cuando próximo a la muerte dijo, Yo en ellos y tú en mí, para que sean consumados en la unidad. Cita a Juan 17. El Papa, seguidamente, indica que así como la consagración profesa y afirma la unidad, así la expiación da principio a esta unión, borrando las culpas. La perfecciona, participando de sus padecimientos, y la consuma, ofreciendo sacrificios por los hermanos. En esto, considera que el mismo designio del misericordioso Jesús ha querido ahora descubrirnos su corazón con los emblemas de su pasión, y echando de sí llamas de caridad, a fin de que, mirando de una parte la malicia infinita del pecado, y admirando de otra la infinita caridad del Redentor, detestemos el pecado y correspondamos ardientemente a su caridad. Es una cita al número 8 de la encíclica. El Papa afirma que en el culto al Sacratísimo Corazón de Jesús ha de tener la primacía y la parte principal el espíritu de expiación y reparación, pues no hay nada más conforme con el origen, índole, virtud y prácticas propias de esta devoción, como la historia y la tradición, la sagrada liturgia y las actas que los santos pontífices han confirmado. Néstor razona que si el mismo Jesucristo se apareció a Santa Margarita María expresándole la infinitud de su caridad, de su pena y de sus quejas por tantas infurias como recibe de los hombres, las almas piadosas deben grabar sus palabras de tal manera que nunca las olviden. He aquí, decía el sacerdote, el sacratísimo Jesús en su aparición a Santa Margarita, he aquí este corazón que tanto ha amado a los hombres y de tantos beneficios los ha colmado, y que en pago a su amor infinito no haya gratitud alguna sino ultrajes, a veces aún de aquellos que están obligados a amarle con especial amor. Y todo esto sin olvidar que, de hecho, el mismo Jesucristo nos ha recomendado que para reparar estas y otras culpas, los hombres, comulguemos con ánimo de expiar su dolor y aflicción. En esto consiste la comunión reparadora y la llamada hora santa, en la que podemos ofrecerle nuestras súplicas y preces durante esa hora, ese tiempo, esto es, en un ejercicio de piedad que la Iglesia no sólo aprobó, sino que lo ha enriquecido con copiosos favores espirituales. Es una cita al número 9 de la encíclica. Bien, pues, para entender estos actos de reparación, el Papa responde con unas palabras de San Agustín. Dame un corazón que ame y sentirá lo que digo. Con ello quiere indicarnos que, es necesario consolar a Cristo doliente, quien sufre durísimas penes, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, tristeza, angustias, oprobios, quebrantado por nuestras culpas, y que quiere sanarnos con sus llagas. No hacerlo así, sería volver a crucificar a nuestro Señor, conforme nos indica el salvo. Impropedio y miseria esperó mi corazón, y busqué quien compartiera mi tristeza y no lo hubo. Busqué quien me consolara y no lo hallé. Salmo 68. Seguidamente, el Papa nos afirma que la pasión espiadora de Cristo se renueva y, de cierto modo, se continúa y se completa en el cuerpo místico que es la Iglesia. En esto sigue a San Agustín quien lo expresa así. Cristo padeció cuanto debió padecer. Nada falta a la medida de su pasión. Completa está la pasión, pero en la cabeza. Faltaban todavía las pasiones de Cristo en el cuerpo. También lo vemos en los Hechos de los Apóstoles, cuando Jesús dice a Saulo Yo soy Jesús a quien tú persigues. Cita a Hechos número 5. Lo cual nos indica que las persecuciones contra la Iglesia conllevan la persecución de la Cabeza Divina de la Iglesia a quien se deja e impugna. En definitiva, siendo como somos, cuerpo de Cristo y cada uno por su parte miembro, es necesario que lo que padece la Cabeza lo padezcamos con ella también los miembros. Cita al número 11 de la encíclica. Sobre la necesidad actual de la expiación, el Papa aprecia que en sus días era muy necesaria esta reparación, pues veía mucha maldad en el mundo en el que los príncipes o rectores de las naciones se habían confabulado contra el Señor y su Iglesia. Veía atropellados todos los derechos divinos y humanos, derribados y destruidos los templos, los religiosos y religiosas expulsados de sus casas, afligidos con ultrajes, tormentos, cárceles y hambre, multitudes de niños y niñas arrancados del seno de la Madre Iglesia, e inducidos a renegar y blasfemar de Jesucristo y a los más horrendos crímenes de la lujuria, todo el pueblo cristiano duramente amenazado y oprimido, puesto en el trance de apostatar de la fe o de padecer muerte crudelísima. En definitiva, era una situación tan triste que sólo dejaba lugar a la manifestación de la Iglesia, la manifestación del dolor humano que provocaba el pecado del hombre contra Dios y contra su adoración, incluso entre los mismos fieles que habían sido bautizados con la sangre del Cordero Inmaculado y enriquecidos con la Gracia. Son cosas muy parecidas a las que seguimos viendo hoy. Pues bien, el Papa sostenía que ante tanta ignorancia de las cosas divinas, urgía recuperar las sanas instituciones para defender la santidad del matrimonio, la educación de los niños y de la juventud cristiana, las buenas costumbres, todo lo cual, decía, nos ha de llevar a la apreciación de la autoridad legítima y de la Palabra de Dios, a fin de evitar que la fe se destruya o se ponga al borde de la ruina. Pues de no hacerlo así, se acercarán los tiempos vaticinados por nuestro Señor. Y porque abundó la iniquidad, se enfrió la caridad de muchos. Cita a Mateo número 24 y al número 12 de la Antífrica. Con todo, el Papa quiere que todos los fieles meditemos piadosamente estas reflexiones para que, encendidos en amor a Cristo apenado, brote en nosotros el ansia ardiente de expiar sus culpas y las de los demás, de reparar el honor de Cristo, de acudir a la salud eterna de las almas. En esto siguen las palabras de San Pablo. Donde abundó el delito, sobreabundó la gracia. Cita Romanos 5. Pues bien sabemos que la Iglesia sigue inspirada, por el Espíritu Santo, y que son muchos los fieles de uno y otro sexo, que con resuelto ánimo procuran satisfacer al corazón divino por todas las ofensas que se le hacen, ofreciéndose a Cristo como víctimas. El Papa pide que grabemos estas palabras en lo más íntimo del corazón, para que podamos aborrecer y abstenernos de todo pecado, entregándonos a la voluntad divina y afanándonos por reparar el ofendido honor de la Divina Majestad, ya orando asiguamente, ya sufriendo pacientemente las mortificaciones voluntarias y las aflicciones que sobrevienen, ya, en fin, ordenando a la expiación toda nuestra vida. Y en esto nos recuerda que esta actitud, es la que dio origen a muchas familias religiosas de varones y mujeres, que con celo ferviente y ambición de servir, se proponían hacer día y noche las veces del ángel que consoló a Jesús en el huerto. De aquí las piadosas asociaciones aprobadas por la sede apostólica y enriquecidas con indulgencias, que hacen suyo también este oficio de la expiación, con ejercicios convenientes de pereza. De aquí finalmente, los frecuentes y solemnes actos de desagravio, encaminados a reparar el honor divino, no sólo por los fieles particulares, sino también por las parroquias, las diócesis y muchas ciudades. Cita al número 13 de la Antíplica. Como conclusión, el Papa nos recuerda que, así como se extendió en su momento la devoción de la consagración al Sagrado Corazón de Jesús, era necesario extender la devoción de la expiación o reparación santamente introducida y santamente propagada desde el principio. Quiere extenderla aún más y quiere sancionarla firmemente con su autoridad apostólica, para que sea apreciada y practicada en todo el universo católico. Para este fin, dispuso que cada año, en la fiesta del Sacradísimo Corazón de Jesús, fiesta que con esta ocasión ordenamos se eleve al grado litúrgico de doble de primera clase, con octava, en todos los templos del mundo, se rece solemnemente el acto de reparación al Sacradísimo Corazón de Jesús, cuya oración queda publicada con esta misma carta encíclica, que veremos después, buscando con ello que se reparen nuestras culpas y se resarzan los derechos violados de Cristo, Sumo Rey y Amantísimo Señor. El Papa no duda en que esta devoción ha de traer a toda la Iglesia, toda la sociedad sagrada, a la civil y a la doméstica, todos los bienes que el mismo Redentor reveló a Santa Margarita María, pues él mismo indicó que todos aquellos que con esta devoción honraran su corazón, serían colmados con gracias celestiales. Con ello, afirma el Papa, florecerán de nuevo las conversiones y serán más santificados los justos, pues nuestras oraciones las recibirá el Corazón Sacradísimo de Jesús para justificación de muchos pecadores por la acción de su misericordia. Es una cita al número 14 de la encíclica. Y finalmente, reconociendo que Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres, el Papa concluye ofreciendo todo su esfuerzo, todos sus deseos a la benignísima Virgen Madre de Dios, a la que llama abogada de pecadores y dispensadora de la gracia de Dios, al tiempo que concede la bendición apostólica a los venerables hermanos y a toda la Grey que ellos tienen confiada. Pues hasta aquí la encíclica y ahora seguidamente continuamos reflexionando sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Devoción que, como ya vimos en anteriores programas, tiene sus orígenes en el mismo inicio de la Iglesia por la contemplación del costado herido de Cristo en la cruz, de cuyo corazón brotó sangre y agua. La Iglesia naciente ya tenía muy presente que de este corazón nació la Iglesia y por él se nos abrieron las puertas del cielo. Decíamos también que esta devoción está muy unida a la institución de la fiesta de Cristo Rey y a la misma Eucaristía que recibimos todos los días, pues es el mismo Cristo el que nos alimenta con su cuerpo y con su sangre. Recordamos que el mismo Jesús fue el que reveló varias veces a Santa Margarita María en Paray-le-Monial, Francia, pidiéndole que se estableciera universalmente en la Iglesia la devoción a su Sacratísimo Corazón y que el 16 de junio del año 1675 se le apareció Nuestro Señor y le mostró el corazón a Santa Margarita. Hoy añadiremos que San Claudio de la Colombia, quien vivió desde el 1641 a 1682, fue el director espiritual de Santa Margarita durante el periodo en el que recibió las revelaciones del Señor. A ella le había sido anunciado por el mismo Corazón de Cristo que le asistiría. Le dijo así, mi siervo fiel y perfecto amigo que te enseñará a abandonarte en mí. Y efectivamente así fue, ayudando también mucho a convencer a los incrédulos de que era el mismo Cristo el que pedía en aquellas revelaciones que fuera difundida la devoción a su Sagrado Corazón. En esto hemos de recordar también que dos siglos después de las apariciones, el 22 de noviembre de 1848, Hermann Cohen, judío converso, reunía en París, en su cuartito de la calle Universidad, al primer grupo de adoradores nocturnos. Eran 19 miembros los que se hallaban presentes. Monseñor de la Boulevard presidía aquella reunión cuyos miembros se habían convocado, pero, dice el acta de esta primera sesión, con la intención de fundar una asociación que tendrá por objeto la exposición y adoración nocturna al Santísimo Sacramento, la reparación de los ultrajes de que es objeto y para atraer sobre Francia las bendiciones de Dios, apartando de ella los males que la amenazan. Era un programa enorme para tan pequeño número de hombres, casi todos de la más humilde condición. Aparte de Hermann Cohen, el promotor de la reunión, entonces era un pianista famoso, están presentes Monseñor de la Boulevard y dos oficiales de la Marina Francesa. El resto de asociados no eran más que empleados, obreros y criados. Pero Hermann Cohen finalmente en 1849 ingresó en el Carmelo, que en esos años estaba siendo refundado en Francia bajo la dirección de un carmelita español, Domingo de San José. Bien, finalmente, Hermann Cohen fue ordenado presbítero y ya el padre Hermann Cohen, con muchos viajes y trabajos, fue la fuerza más eficaz tanto para la extensión del Carmelo como para la difusión de la adoración nocturna en Francia y fuera de Francia. Fue un religioso ejemplar, tan contemplativo y orante como activo y apostólico. Tuvo relación amistosa con muchos de las grandes figuras católicas de su tiempo. El santo cura de Ars, Santa Bernardita, San Pedro Julián Eymard, el Cardenal Wisman, etc. Experimentó la alegría de bautizar a diez miembros de su familia judía y al fin, agotado por el trabajo y contagiado de viruela, murió en 1871 a los 50 años de edad en Alemania cuando prestaba servicio a los cristianos. Fueron prisioneros franceses de la guerra franco-crusiana. Podemos decir que en estos hechos encontramos los antecedentes más inmediatos de la adoración nocturna española, la cual tiene muy presente los fines para lo que fue fundada en 1877. Fines que, sin lugar a dudas, están anclados en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, según las revelaciones recibidas por Santa Margarita María de la Coque. Esta asociación está orientada a la adoración a Jesús sacramentado durante las horas de la noche en representación de toda la humanidad comunitariamente y de acuerdo con el espíritu y las normas de la liturgia de la Iglesia. Referencia al artículo 1 de nuestros Estatutos. Siendo propio también, de acuerdo con su vocación contemplativa y expiatoria, promover otras formas de devoción y culto a la Sagrada Eucaristía siempre dentro de la comunión de la Iglesia y la obediencia a la jerarquía. Cita al número 2 de los Estatutos. Pues bien, sobre la expiación al Sagrado Corazón de Jesús destacamos hoy el acto de reparación o de desagravio que es consecuencia de la petición que recibió Santa Margarita el primer viernes de junio de 1674 de la que se van a cumplir los 350 años en breve tiempo. Siendo ese día la fiesta del Corpus Christi. Margarita María estaba adorando al Santísimo expuesto y el Señor le revela lo que así fue. Jesucristo, lo expresa ella, Jesucristo, mi amado dueño, se presentó delante de mí todo resplandeciente de gloria con sus cinco llagas brillantes como cinco soles y despidiendo de su sagrada humanidad rayos de luz por todas partes pero sobre todo de su adorable corazón que parecía un horno encendido y vivo manantial de tales llamas. Y es en ese momento cuando le manifiesta las ingratitudes y los desprecios que recibe de los hombres lo cual le resulta más doloroso que su propia pasión y muerte y le dice a Margarita si me devolvieran algún amor estimaría en poco todo lo que hice por ellos querría hacer aún más si fuese posible al menos tú ámame dame el placer de suplir su ingratitud. Jesús quiere entregarse a Dios. A todos los que procuren esta consolación y reparación por tantos como no lo hacen. Me recibirás sacramentado siempre que te lo permita la obediencia y las noches de los jueves al viernes acompáñame una a una hora. Vemos pues que nos ofrece los cauces de la gracia habituales que nos enseña la Iglesia comunión frecuente con énfasis en los primeros viernes de cada mes ofrecido al Sagrado Corazón de Jesús y la práctica de la llamada Hora Santa que desde entonces será la forma de reparación que el Señor quiere establecer en la Iglesia una actitud de adoración al Santísimo Sacramento en el que está presente con su cuerpo, sangre, alma y divinidad y siempre pidiendo la misericordia para todos los pecadores. Y esta es la principal razón por la que el Señor nos pide que hagamos comuniones reparadoras especialmente esos primeros viernes de cada mes siempre meditando acerca de sus palabras esto es, pensando en su dolor antes que en nuestros deseos personales pensando en las llagas de su corazón antes que en nuestras necesidades pensando en la reparación de su corazón antes que en nuestra consolación. Pues bien a modo de conclusión del programa de hoy podemos decir que en nuestros días siguen dándose circunstancias de desprecio a la Iglesia y a la presencia del Sagrado Corazón de Jesús en la Eucaristía razón por la que sigue estando vigente la necesidad de acercarnos a esta devoción con humildad amorosa tal y como nos lo pide el Señor ofreciendo nuestro sacrificio espiritual Y damos entonces continuamente la conversión de todos ellos, de todos los responsables de instituciones religiosas o laicas, para que todos se ocupen de la conversión de los pobres pecadores. De la formación religiosa y espiritual de los fieles. Adoremos al santísimo sacramento cada día y tengamos presentes las necesidades de toda la humanidad, con contrición de corazón, siguiendo a nuestro fundador, el venerable Luis de Trelles, que enseñaba así. La contrición es otro afecto de la adoración, porque no se puede amar de veras. Sin sentir pena de haber ofendido al amado. Es el fruto, por lo tanto, de la caridad que produce el dolor de las ofensas, con el firme propósito de no repetirlas. Y en la contrición, el dolor sobrenatural atrae el favor divino y la rehabilitación, que es su propia consecuencia. Pues bien, hoy terminaremos recordando la necesidad de la conciencia. La observancia del voto de cátedra, que no es otra cosa que la lectura asigua de las enseñanzas del magisterio de la Iglesia, particularmente las encíclicas de los santos padres, pues son una fuente de la correcta interpretación de la palabra de Dios y de la tradición de la Iglesia. Una fuente de luz, en definitiva, muy útil en el proceso del acompañamiento espiritual. Y vamos a concluir. Vamos a concluir haciendo la oración expiatoria que dispuso el Papa Pionce en la encíclica que hemos analizado antes. La meditamos como una oración. Dice así. Dulcísimo Jesús, cuya caridad derramada sobre los hombres se paga tan ingratamente con el olvido, el desdén y el desprecio, míranos aquí postrados ante tu altar. Queremos reparar con especiales manifestaciones de honor tan indigna frialdad y las injurias con las que en todas partes he cedido por los hombres tu amoroso corazón. Recordando, sin embargo, que también nosotros nos hemos manchado tantas veces con el mal y sintiendo ahora divísimo dolor, imploramos ante todo tu misericordia para nosotros. Dispuestos a reparar con voluntaria exigencia. No solo los pecados que cometimos nosotros mismos, sino también los de aquellos que, perdidos y alejados del camino de la salud, rehúsan seguirte como pastor y guía, obstinándose en su infidelidad y han sacudido el yugo suavísimo de tu ley, pisoteando las promesas del bautismo. Al mismo tiempo que queremos expiar todo el corazón, que nos ha dado la oportunidad de vivir en la iglesia, que nos ha dado la oportunidad de vivir en la iglesia, que nos ha dado la oportunidad de vivir en la iglesia, que nos ha dado la oportunidad de vivir en la iglesia. En el cúmulo de tan deplorables crímenes, nos proponemos reparar cada uno de ellos en particular. La inmodestia y las torpezas de la vida y del vestido, las insidias que la corrupción tiende a las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las miserables injurias dirigidas contra ti y contra tus santos, los insultos lanzados contra tu vicario y el orden sacerdotal, las negligencias y los horribles sacrilegios con que se profana el mismo sacramento del amor divino y, en fin, las culpas públicas de las naciones que menosprecian los derechos y el magisterio de la iglesia por ti fundada. Ojalá que podamos nosotros lavar con nuestra sangre estos crímenes. Entre tanto, como reparación del honor divino conculcado, te presentamos, acompañándola con las expiaciones de tu Madre la Virgen, de todos los santos y de los fieles piadosos, aquella satisfacción que tú mismo ofreciste un día en la cruz al Padre y que renuevas todos los días en los altares. Te prometemos con todo el corazón compensar en cuanto esté de nuestra parte. Y con el auxilio de tu gracia, los pecados cometidos por nosotros y por los demás, la indiferencia a tan grande amor con la firmeza de la fe, la inocencia de la vida, la observancia perfecta de la ley evangélica, especialmente de la caridad, e impedir, además, con todas nuestras fuerzas, las injurias contra ti y atraer a cuanto esperamos a tu seguimiento. Acepta, te rogamos, benignísimo Jesús, por intercesión de la bienaventurada Virgen María reparadora, el voluntario ofrecimiento de expiación y con el gran don de la perseverancia, consérvanos, fidelísimos, hasta la muerte en el culto y servicio a ti, para que lleguemos todos un día a la patria donde tú, con el Padre y con el Espíritu Santo, vives y reinos por los santos. En los siglos de los siglos. Amén. Bien, concluimos con unos consejos sencillos de Santa Margarita María y damos por finalizado el programa. Decía Santa Margarita, la afición a nuestro menosprecio en el corazón de Jesús nos basta para honrar los misterios de su santa muerte y pasión. Y Cristo desea que le honremos guardando este sagrado silencio como él en todas las ocasiones de humillación y trabajo, porque os confieso que no hay cosa que tanto me contente como la taciturnidad que guardó tan exactamente en el discurso de la pasión. A imitación suya no abramos la boca, sino la boca. Para orar por los que nos afligen y maltratan. Pues bien, damos por finalizado el programa de hoy diciendo que el próximo viernes, 4 de abril, Dios mediante, analizaremos la encíclica del Papa Pio XII, Summi Pontificatus, de 20 de octubre de 1939, sobre la necesidad de la unción... de la unión, perdón. en Cristo ante los problemas sociales de la época. Estábamos en 1903... en 1939, estamos, pues eso, finalizando la etapa de la guerra. Ya veremos los detalles. Seguidamente, reflexionaremos sobre otros aspectos de la devoción al sagrado corazón de Jesús. Bueno, pues hasta aquí hemos llegado. Os recuerdo que tenéis siempre... todas las grabaciones hechas y que podéis recurrir a ellas para cualquier meditación o análisis de datos o coger incluso los textos en el podcast que os mando siempre en los enlaces de Unión. Gracias por vuestra atención y hasta el próximo programa de acompañamiento espiritual. Un abrazo a todos. Que el Señor nos bendiga. Nos guarde de todo mal. Y nos lleve a la vida eterna. Amén. Ave María Purísima. Sin pecado concebida. María Santísima.
La devoción al Sagrado Corazón de Jesús (II). #17
Fecha: viernes, 21 de marzo de 2025, a las 21:00:00
Duración: 53:22
Transcripción de Episodio 17. León XIII.- Encíclica 'Annum Sacrum' (1899), sobre la consagración al Sagrado Corazón de Jesús.
Buenas noches a los que me escucháis. Os habla Javier Cedrián, vocal de formación espiritual del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed todos bienvenidos al programa Acompañamiento Espiritual de Radio Lavandé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios, de las sagradas escrituras, de la tradición de la Iglesia, del pensamiento teológico o de las enseñanzas de los santos padres, o incluso de las experiencias de la vida espiritual que han tenido los santos reconocidos por la Iglesia. Bien sabemos que todo esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va a representar, realizando el Espíritu Santo en nuestro interior. El Espíritu Santo es el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues sólo Cristo es la cabeza de la Iglesia de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. Y buscamos la unión con el Espíritu Santo no solamente para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos vivir mejor y que podamos vivir mejor. Y que podamos vivir mejor y que podamos vivir mejor. Y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa que celebramos el 4 de octubre de 2024, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu. A fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. En nuestra oración seguimos pidiendo por la pronta recuperación del Papa Francisco y tenemos presentes las necesidades de la Iglesia, las de todos los pueblos de la Tierra, especialmente las de aquellos que se nos han ido. Y que nos hayan encomendado y más particularmente los de nuestros familiares, amigos y bienhechores. Pues bien, invocamos al Espíritu Santo. Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y encienden ellos el fuego de tu amor. Envía tu espíritu y serán creados y renovarás la paz de la Tierra. Oh Dios, que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la Tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Amén. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos ya en materia, recordando que hemos iniciado una nueva serie de programas en los que estamos analizando los documentos del Magisterio que tratan sobre las fiestas de Cristo Rey y del Sagrado Corazón de Jesús. En el último programa analizábamos la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Analizábamos la encíclica Quas Primas del Papa Pío XI de 11 de diciembre de 1925 sobre la institución universal de la fiesta de Cristo Rey, teniendo presente que este año de 2025 se cumple el primer centenario de la institución. Seguidamente reflexionábamos sobre los antecedentes de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, destacando los dos aspectos esenciales. La Consagración, que consiste en una entrega completa a Jesucristo por amor, ofreciénd tadi toda nuestra persona y nuestras cosas y aceptando su reinado sobre nosotros. La Reparción, que consiste en devolver a Cristo amor por amor, a fin de reparar ese amor de Dios despreciado y ultrajado por los hombres, hombres, resarciendo su amor por los derechos de Dios que se han violado. La Iglesia, en adelante, enseña que participando de los sufrimientos de Cristo, en unión con Cristo, Él nos purifica de nuestros pecados, estrecha y perfecciona esa unión y la consuma, al tiempo que nos permite ofrecernos como víctimas por los hermanos a fin de reconstruir el reino de Cristo en la tierra. Pues en el programa de hoy vamos a analizar la encíclica Annum Sacrum del Papa León XIII, de fecha 25 de mayo de 1899, sobre la consagración al Sagrado Corazón de Jesús. Y, seguidamente, reflexionaremos sobre otros aspectos de la Iglesia, en la devolución al Sagrado Corazón de Jesús, cuya fiesta está muy unida a la de Cristo Rey y a la misma Eucaristía que celebramos cada día. Iniciamos el tema analizando el periodo del pontificado del Papa Pío XI, que dura desde 1878 hasta 1903. Este periodo está marcado por la Revolución Industrial, con la aparición de la clase O. La Revolución Industrial, que dura desde 1878 hasta 1903. Este periodo está marcado por la Revolución Industrial, con la aparición de la clase O. La Revolución Industrial, que dura desde 1878 hasta 1903. Este periodo está marcado por la Revolución Industrial, y por las corrientes del modernismo, temas sociales que condicionaron su actuación. De familia de la pequeña nobleza rural italiana, ya desde su juventud, destacó como un gran estudioso humanista, latinista y escritor. Antes de ser elegido Papa, desempeñó algunas responsabilidades de alto nivel. Fue consagrado arzobispo en 1843 y destinado como nuncio en Bruselas, donde permanecería hasta 1846, en que fue nombrado obispo de Perusá, ejerciendo allí un largo periodo de servicio continuado. En 1849 presidió un concilio provincial, celebrado en Spoleto, en el que se pidió al Papa de la Revolución Industrial, que se convirtiera en un concierto de la Revolución Industrial, y que se convirtiera en un concierto de la Revolución Industrial, que se convirtiera en un concierto de la Revolución Industrial, donde se convirtiera en un concierto de la Revolución Industrial, donde se convirtiera en un concierto de la Revolución Industrial, donde se convirtiera en un concierto de la Revolución Industrial, donde se convirtiera en un concierto de la Revolución Industrial, donde se convirtiera en un concierto de la Revolución Industrial, donde se convirtiera en un concierto de la Revolución Industrial, donde se convirtiera en un concierto de la Revolución Industrial, donde se convirtiera en un concierto de la Revolución Industrial, donde se convirtiera en un concierto de la Revolución Industrial, el reconocimiento a la propiedad privada de los bienes dentro de los límites de la justicia y a la misión que tienen los Estados de promover el bien público y privado. La publicación de la encíclica Rerum Novarum fomentó el nacimiento de una nueva ideología política, la democracia cristiana, sobre cuyos principios católicos se formarían numerosos grupos políticos de los diferentes Estados, convirtiéndose además en un texto de referencia constante para los sucesivos pronunciamientos papales en materia de doctrina social. No hay que olvidar que el pontificado de León XIII fue uno de los más dilatados de la historia de la Iglesia, llegó hasta 25 años, con una amplia publicación de encíclicas, 86 en total, que tratan sobre temas muy variados, tanto pastorales y devocionales, como sociales y políticos, incluido lo relativo al peligro que representaba la masonería para la Iglesia y para Italia, tema que trató en la encíclica Custodio de la Fe, de 8 de diciembre de 1892. Bien, pues entrando ya en... en la encíclica que nos ocupa hoy, Annum Sacrum, de 1899, diremos que está dirigida a los patriarcas, primados, arzobispos y obispos del mundo católico, y que se estructura en 15 puntos en los que se aprecian tres partes, una introducción, una exposición y una conclusión. El Papa comienza haciendo mención a las costumbres de sus predecesores, en la idea de que se celebrara en Roma un año santo, razón sobre la que asienta la esperanza de que se dieran para la Iglesia extraordinarios y duraderos beneficios para la cristiandad en primer lugar, y también para todo el género humano. Recordando el ejemplo de sus predecesores, Inocencio XII, Benedicto XIII, Clemente XIII, Pío VI, Pío IX, los que se han convertido en los primeros en la Iglesia, y que se han convertido en los primeros en la Iglesia, admiten haber procurado, con devoción, fomentar y hacer brillar más plenamente aquella excelsa forma de devoción que tiene por objeto la veneración del Sagrado Corazón de Jesús, devoción que quedó patente con el decreto dado el 28 de junio de 1889, por el que elevó a la dignidad de primera clase la fiesta que lleva ese momento. Ahora, su propuesta es una forma de devoción más señalada, que sea en cierto modo la perfección suprema de todos los honores que los pueblos han tenido la costumbre de tributar al Sagrado Corazón, confiando plenamente en que ésta será sumamente agradable a Jesucristo nuestro Redentor. Seguidamente, el Papa Reyes. Reconoce que hace 25 años, esto es en 1874, al acercarse la solemnidad del segundo centenario de la recepción por la bienaventurada Margarita María Alacoque del mandato divino de propagar el culto del Sagrado Corazón, muchas cartas de todas partes, no sólo de personas particulares, sino también de obispos, fueron enviadas a Pío IX rogándole que consintiera consagrar todo el género humano al Sacratísimo Corazón de Jesús. También reconoce que la Iglesia, en aquel momento, creyó oportuno que era mejor aplazar el asunto para que se pudiera llegar a una decisión bien meditada, y que se concedió permiso a las ciudades individuales que lo deseaban para consagrarse. En ese momento, el Papa se fue a la iglesia, a la iglesia de la Iglesia de la Iglesia de la Iglesia, y le pidió que se consagrarse de esta manera, y se redactó una forma de consagración. Con todo, el Papa considera que es llegado el momento y que el plan está maduro para su realización. Son citas a los números 1 y 2 introductorios. En la exposición, con mucha habilidad doctrinal, el Papa destaca que sólo a Jesucristo, cabeza y supremo Señor de la Iglesia, y a la Iglesia de la Iglesia, raza humana corresponde un solemne y universal testimonio de fidelidad y piedad. Y añade, su imperio no se extiende solamente a las naciones católicas y a los que debidamente lavados en las aguas del santo bautismo pertenecen por derecho a la iglesia. Abarca también a todos los que están privados de la fe cristiana, de modo que todo el género humano está verdaderamente bajo el poder de Jesucristo. En efecto, por ser el hijo del rey de todo, es también el heredero de todo el poder de su padre. De ahí las palabras, te daré por herencia las naciones, que son similares a las del apóstol Pablo. 1. A quien constituyó heredero de todo. Con citas constantes al Nuevo Testamento, el Papa nos propone varias consideraciones. Si pues a Cristo se le ha dado todo el poder, se sigue necesariamente que su imperio debe ser supremo, absoluto e independiente de la voluntad de cualquier otro, de modo que nadie se le haga igual o semejante a él. Y puesto que ha sido dado en el cielo y en la tierra, debe tener cielo y tierra obedientes a él. Y verdaderamente, él ha obrado según este derecho extraordinario y peculiar, cuando ordenó a sus apóstoles predicar su doctrina sobre la tierra, reunir a todos los hombres en el único cuerpo de la iglesia por el bautismo de salvación, y que los hombres se le haya dado todo el poder de la fe cristiana. Y que los hombres se le haya dado todo el poder de la fe cristiana. Pues fue él quien nos arrebató del poder de las tinieblas. Y se entregó a sí mismo para la redención de todos. Por eso, no sólo los católicos y los que han recibido debidamente el bautismo cristiano, sino también todos los hombres, individual y colectivamente, se han convertido para él en un pueblo adquirido. Por eso, son acertados los que han recibido el bautismo cristiano. ¿Te han sentado las palabras de San Agustín cuando dice, preguntas qué precio pagó? Mira lo que dio y comprenderás cuánto pagó. El precio fue la sangre de Cristo. ¿Qué podía costar tanto, sino el mundo entero y todos sus habitantes? El gran precio que pagó fue pagado por todos. Es una cita. Al número 5 de la encíclica. A la luz de las enseñanzas de Santo Tomás, indica que éstas nos muestran claramente cómo los mismos infieles están sujetos al poder y al dominio de Jesucristo. Y nos da la razón y la explicación de ello. Después de plantear la cuestión de si su poder judicial se extiende a todos los hombres. Y de afirmar que la autoridad judicial deriva naturalmente de la autoridad real. Concluye decisivamente así. Todas las cosas están sujetas a Cristo en cuanto a su poder. Aunque no todas le estén sujetas en el ejercicio de ese poder. Y que este poder soberano de Cristo sobre los hombres se ejerce por la verdad. La justicia. Y sobre todo por la caridad. Es una cita al número 6. En esto el Papa indica que a este doble fundamento de su poder y dominio. Dios nos permite, si lo creemos conveniente, añadir la consagración voluntaria. Pues hemos de tener presente que Jesucristo, nuestro Dios y Redentor. Es rico en la posesión más completa y perfecta de la vida. Y es rico en la posibilidad de ser un ser humano. Y es rico en la posibilidad de ser un ser humano. Y es rico en la posibilidad de ser un ser humano. Pero no es así. Nosotros, en cambio, somos tan pobres y necesitados que no tenemos nada propio que ofrecerle como don. Sin embargo, en su infinita bondad y amor, de ninguna manera se opone a que le demos y consagremos lo que ya es suyo. Como si fuera realmente nuestro. Más bien, lejos de rechazar tal ofrenda, la desea y la pide positivamente. Como si fuera realmente nuestro. Como si fuera realmente nuestro. Y es sólo eso, si bio ?????? ser guía a la mano, bajoiyi alabame. Hijo mío, dame tu Corazón. Por tanto, podemos serle agradables por la buena voluntad y el afecto de nuestra Alma. Pues al consagrarnos a él, no sólo declaramos nuestro abierto y libre reconocimiento y aceptación de su autoridad, sobre nosotros. Si Business.co.us Y aceptación de su autoridad, sobre nosotros. Si Business.co.us draftingales con ????óandono Entonces le damos a Jesús y abrimos los ojos a un Cathedral de la Roberto Cristiano que lineadas Con lo cual estamos deadly y desinfeccibles. Y asegurarnos que la misericordia no está ? esta coisa de los que nos van a adivinar. Lo ofreceríamos de todo corazón. Le rogamos también que se digne recibirlo de nosotros, aunque sea evidentemente suyo. Tal es la eficacia del acto del que hablamos, tal es el sentido que subyace a nuestras palabras. Es una cita al número 7. Apreciando que en el sagrado corazón de Jesús hay un símbolo y una imagen sensible del amor infinito de Jesucristo, las cuales nos mueven a amarnos unos a otros, es por eso que considera que es conveniente y propio que nos consagremos a su sacratísimo corazón, acto que no es otra cosa que una ofrenda y una vinculación de uno mismo. A Jesucristo, puesto que cuanto honor, veneración y amor se rinde a este divino corazón, real y verdaderamente se rinde a Cristo mismo. Es una cita al número 8. Por las razones expuestas, el Papa busca exhortar a todos los que conocen y aman este divino corazón a que realicen voluntariamente su acto de bendición. Y que todos los que saben, que todos los que saben, que todos los que saben, que todos los que saben, puedan realizar voluntariamente este acto de piedad. Indicando que es su ardiente deseo que todos los hagan el mismo día, para que las aspiraciones de tantos miles de personas que realizan este acto de consagración se lleven al templo del cielo en ese mismo día, sin olvidarnos de aquellos que aún no han recibido la luz de la verdad cristiana, pues todos ocurrirán. Disculpamos el lugar de aquel que vino a salvar lo que estaba perdido y derramó su sangre por la salvación de todo el género humano. Con lo dicho, el Papa pretende encomendar y consagrar a todos los hombres al sagrado corazón de Jesús, de tal manera que pueda ser una bendición para toda la humanidad. De suerte que los que tienen en su corazón el conocimiento, y el amor de Jesucristo sientan que la fe y el amor aumentan y que los que conociendo a Cristo han descuidado su ley y sus preceptos puedan también recibir de su sagrado corazón la llama de la caridad, incluidos los más desdichados que se debaten en las tinieblas de la superstición. Y en esto recuerda que hemos de implorar todos a una el auxilio del cielo para que Jesucristo, a cuyo poder están sujetos, les haga también un día sumisos a su ejercicio. Y esto no sólo en la vida futura, cuando cumplirá su voluntad sobre todos los hombres, salvando a unos y castigando a otros, sino también en esta vida mortal. Dándoles fe y santidad. Que por estas virtudes se esfuercen en honrar a Dios como es debido y en alcanzar la felicidad eterna en el cielo. Es una cita al número 9. El Papa está convencido de que este acto de consagración podrá establecer o estrechar los vínculos que naturalmente unen los asuntos públicos con Dios. La Iglesia antigua puede dejarse la cadena de Uruguay. El ???? ?????? ??? Unfortunately, what should be avam be looking ahead Bye otros mexicanos hillo en esto recuerda que los estados que se inconectan o desito los límites como decandalisa geran no hay MX ?ppedado en el volvente Miro range a darle al arabiano y al pani Bubuyakano sat ?? desterrar a Dios mismo de la tierra, lo cual les ha llevado a un orgullo insolente que elimina los fundamentos más seguros del bienestar público y social, con lo que Dios los ha dejado presa de sus malos deseos y de sus pasiones. Es una cita al número 10. El Papa quiere hacernos ver que los males que se han instalado en el mundo son consecuencia de haber desterrado a Dios de la tierra, lo cual exige la urgencia de que pidamos ayuda a aquel con cuya sola fuerza podemos ahuyentarlos. Y este no es otro sino Jesucristo, el Hijo unigénito de Dios. Porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres. En consecuencia, el Papa nos indica que debemos recurrir a aquel que es el camino, la verdad y la vida, sabiendo que nos hemos extraviado y nos resulta necesario volver al camino recto para disipar las tinieblas con la luz de la verdad. Solo así será posible que nuestras muchas heridas sean curadas. Y que toda la justicia brote de nuevo con la esperanza de una autoridad restaurada. Que los esplendores de la paz se renueven y que las espadas y las armas caigan de las manos cuando todos los hombres reconozcan el imperio de Cristo, a fin de que los hombres obedezcan voluntariamente su palabra y que siguiendo las enseñanzas de San Pablo, toda lengua confiese. Que Jesucristo es Señor en la gloria de Dios Padre. Cita al número 11. Seguidamente el Papa nos recuerda que la Iglesia, cuando en los días inmediatamente posteriores a su institución se encontraba oprimida bajo el yugo de los Césares, un joven emperador vio en el cielo una cruz que se convirtió en un presagio feliz y en la causa de la vida. Y que la Iglesia se convirtió en un presagio feliz y en la causa de la vida. Y que ahora otra señal bendita y celestial se ofrece a nuestra vista, el sacratísimo corazón de Jesús, del cual se alza una cruz que brilla con deslumbrante esplendor entre las llamas del amor. En ese sacratísimo corazón deben estar puestas todas nuestras esperanzas y de él se debe pedir con confianza. La salvación de los hombres. Es una cita al número 12. Y finalmente considera que hay un último motivo que no podemos pasar por alto. Es un motivo personal, bueno y grave a la vez, que le ha movido a realizar esta celebración. Y es que el Papa reconoce que había experimentado personalmente la sanación de una enfermedad. Y por eso nos dice así. Dios, autor de todo bien, nos conservó la vida hace poco curándonos de una enfermedad peligrosa. Ahora, con este aumento del honor rendido al sagrado corazón, queremos que se ponga de relieve la memoria de esta misericordia y se reconozca públicamente nuestra gratitud. Por todas las razones expuestas, el Papa dispuso. Los días 9, 10 y 11 del próximo mes de junio, en la iglesia principal de cada ciudad y aldea, se recen ciertas oraciones y en cada uno de estos días se añadan a las demás las letanías del sagrado corazón aprobadas por nuestra autoridad. El último día se rece la forma de consagración que, venerables hermanos, os enviamos con estas cartas. Y concluye la encíclica con estas palabras dirigidas a sus pastores de toda la iglesia. Como prenda de los beneficios divinos y en señal de nuestra paternal benevolencia, a ti. Al clero y al pueblo encomendados a tu cuidado, te concedemos amorosamente en el Señor la bendición apostólica. Pues hasta aquí el análisis de la encíclica comentada de Anun Sacrum del Papa León XIII. Seguidamente vamos a iniciar la reflexión sobre el sagrado corazón de Jesús. Una devoción que, como ya vimos en el anterior programa, está muy unida a la institución de la fiesta de Cristo Rey y a la Eucaristía. Recordamos que fue el mismo Jesús el que se reveló varias veces a Santa Margarita María de Aracoque, años 1673 al 75 en Paray-le-Monial, Francia, pidiéndole que se estableciera universalmente en la iglesia. Y que se estableciera en la iglesia. Y que se estableciera universalmente en la iglesia. Y que se estableciera universalmente en la iglesia. Y que se estableciera universalmente en la iglesia. Y que se estableciera universalmente en la iglesia. Y que se estableciera universalmente en la iglesia. Y que se estableciera universalmente en la iglesia. Y que se estableciera universalmente en la iglesia. Y que se estableciera universalmente en la iglesia. Y que se estableciera universalmente en la iglesia. Y que se estableciera universalmente en la iglesia. Y que se estableciera universalmente en la iglesia. Y que se estableciera universalmente en la iglesia. Y que se estableciera universalmente en la iglesia. Es decir porque sub Michao que estaba en la iglesia cuando estaba abandonado. La vida ya rito romano de paso antes deopol instead of texture of ser born dead. Tal vez es verdad si usted se\'a0 en la cr trainings. Si ustedes semaila en la iglesia o loWWFAN que no le habia any acento nuevo parece mucho más buen p?sar que panstese de images Too?' Más y yo soy Rodrigo bases Torre settings, Por siempre desde la Tierra ?c çocugba desde corazón La intervenci?n de la superiora del convento de religiosas del buen pastor de Oporto, en Portugal, la beata Maria del Divino Corazon quien transmiti? Personalmente al Papa una petici?n que le habia revelado J il mismo Jesucristo por medio de locuciones interiores. Por siempre desde el sol silla, Jesús pedía una vez más la consagración del género humano a su sagrado corazón. En su carta personal, la Beata María hacía mención a la precaria salud por la que había pasado el Papa. Le dice así. Me hizo nuestro Señor entender que por el incremento que ha de tomar el culto de su divino corazón haría él brillar una luz nueva sobre todo el mundo. El brillo de esta luz iluminará a todos los pueblos y naciones y su ardor los calentará. Pues bien, la experiencia de Jesús fue muy interesante. La experiencia vivida por León XIII con estos hechos narrados le otorgó una confianza plena en el sagrado corazón de Jesús, principal razón por la que calificaría el acto de consagración como el acto más grandioso de su pontificado. Para la consagración se utilizó la fórmula aprobada y publicada en el acta Apostolique Sedis, documento anexo a la misma encíclica. La consagración se utilizó la fórmula aprobada y publicada en el acta Apostolique Sedis, documento anexo a la misma encíclica. Y a fin de poder vivir más estrechamente unidos con vos, todos y cada uno de nosotros espontáneamente nos consagramos en este día a vuestro sacratísimo corazón. Muchos jamás os han conocido. Muchos, despreciando vuestros mandamientos, os han desechado. Oh Jesús benignísimo, compadeceos de los unos y de los otros. Y atraedlos a todos a vuestro corazón sagrado. Oh Señor, sed rey no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de vos, sino también de los pródigos que os han abandonado. Haced que vuelvan pronto a la casa paterna, porque no perezcan de hambre y de miseria. Sed rey de aquellos que por seducción del error o por espíritu de discordia viven separadamente. Haced que vuelvan pronto a la casa paterna, porque no perezcan de hambre y de miseria. Oh Señor, incolumidad y libertad segura a vuestra iglesia. Otorgar a todos los pueblos la tranquilidad en el orden. Haced que el uno al otro con fin de la tierra no resuene sino esta voz. Alabado sea el corazón divino, causa de nuestra salud. A él se entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos. Amén. Pues por otra parte, el acto del segundo acto es el acto de reparación o de desagravio. Y este se concreta en la petición que recibió Santa Margarita el primer viernes de junio de 1674, de la que se van a cumplir 350 años en breve. Siendo ese día la fiesta del Corpus Christi, Margarita, está en la casa de la Virgen de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Estaba adorando al Santísimo Sacramento expuesto y el Señor se le revela. Margarita lo cuenta así. Jesucristo, mi amado dueño, se presentó delante de mí, todo resplandeciente de gloria, con sus cinco llagas brillantes como cinco soles, y despidiendo de su sagrada humanidad rayos de luz por todas partes, pero sobre todo de su adorable corazón, que parecía un horno encendido, y vivo manantial de tales llamas. En ese momento, es en ese momento cuando le manifiesta las ingratitudes y los desprecios que recibe de los hombres, lo cual le resulta más doloroso que su propia pasión y muerte. Y le dice a Margarita, si me devolvieran algún amor, estimaría en poco todo lo que hice por ellos, querría hacer aún más si fuese posible. Y le dice a Margarita, si me devolvieran algún amor, estimaría en poco todo lo que hice por ellos, querría hacer aún más si fuese posible. Al menos tú, ámame, dame el placer de suplir su ingratitud. Jesús quiere entregarse a todos los que procuren esta consolación y reparación por tantos como no lo hacen. Por eso le indica, me recibirás sacramentado siempre que te lo permita la obediencia, y las noches del jueves al viernes, acompañarme. Acompáñame una hora. Vemos pues que Jesús nos ofrece los cauces de la gracia habituales, los que nos enseña la Iglesia, la comunión frecuente, con énfasis en los primeros viernes de cada mes, ofrecidos al sagrado corazón de Jesús y la práctica de la llamada hora santa, como le indicó a Santa Margarita. Desde entonces, desde entonces, esta será la forma de reparación que el Señor quiere establecer en la Iglesia. Es una actitud de adoración al Santísimo Sacramento fuera de la misa, en el que está presente con su cuerpo, sangre, alma y divinidad, y siempre pidiendo la misericordia para todos los pecadores. Y esta es la principal razón por la que el Señor nos pide que hagamos comuniones reparadoras, especialmente, los primeros viernes de cada mes, y siempre meditando acerca de sus palabras. Esto es, pensando en su dolor antes que en nuestros deseos personales, pensando en las llagas de su corazón antes que en nuestras necesidades, pensando en la reparación de su corazón antes que en nuestra consolación. Y en esto, hemos de recordar que la adoración nocturna española tiene muy presentes los fines para los que fue fundada en 1877. Fines que, sin lugar a dudas, están anclados en las revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque, en Parei Demonial. La adoración nocturna española es una asociación de fieles de carácter público, de ámbito nacional, que conforme a las enseñanzas de su fundador Luis de Trelles, tiene por fin adorar y velar ante Jesucristo sacramentado durante las horas de la noche, en representación de toda la humanidad, comunitariamente y de acuerdo con el espíritu y las normas de la liturgia de la Iglesia. Es una cita al artículo número uno de los estatutos. Es también propio de la adoración nocturna española, de acuerdo con su vocación contemplativa y expiatoria, promover otras formas de devoción y culto a la Sagrada Eucaristía, siempre dentro de la comunión de la Iglesia y la obediencia a su jerarquía. Es una cita al número dos de los estatutos. Pues bien, pues bien, vamos terminando y a modo de conclusión podemos confirmar que en nuestros días siguen dándose las circunstancias de desprecio a la Iglesia y a la presencia del Sagrado Corazón de Jesús en la Eucaristía, razones por las que sigue estando vigente la necesidad de acercarnos a esta devoción con humildad amorosa, tal y como nos pide el Señor, ofreciendo nuestro sacrificio espiritual. En unión al sacrificio redentor de Cristo Rey, a fin de reparar la ingratitud, los desprecios que sigue recibiendo y para pedir por la conversión de los pecadores. Pues pidamos por esa conversión de todos ellos y de todos los responsables de instituciones, religiosas o laicas, que tan solo se ocupan de los ámbitos estructurales y organizativos sin pensar en el tema de la Iglesia. prestar atención a la formación religiosa y espiritual de los fieles. Y reconozcamos lo que es una obviedad para todos. La verdadera fe la siguen practicando los humildes de corazón, quienes entregan su tiempo al servicio de Cristo y de la Iglesia, pues con su sacrificio espiritual y con su esfuerzo personal, siguen realizando la santa misión de acercar a Dios, a los hombres y a estos a Dios. Hoy terminaremos recordando el bien que nos produce el proceso de acompañamiento espiritual, convención expresa a la exhortación que nos hace el apóstol San Pedro para que consolidemos la vocación recibida en el bautismo. Es de la segunda carta de Pedro. Número 3. Dice así. Pues su poder divino nos ha concedido todo lo que conduce a la vida y a la piedad, mediante el conocimiento del que nos ha llamado con su propia gloria y potencia, con las cuales se nos han concedido las preciosas y sublimes promesas para que, por medio de ellas, seáis partícipes de la naturaleza divina, escapando de la corrupción que rechaza la vida y la piedad. Y de la corrupción que rechaza la vida y la piedad. Que reina en el mundo por la ambición. En vista de ello, poned todo empeño en añadir a vuestra fe la virtud. A la virtud, el conocimiento. Al conocimiento, la templanza. A la templanza, la paciencia. A la paciencia, la piedad. A la piedad, el cariño fraterno. Y al cariño fraterno, El amor. Pues estas cosas, si las tenéis en abundancia, no os dejan ociosos ni infecundos para el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Y quien no las tenga es ciego y miope, que echa en el olvido la purificación de sus propios pecados. Por eso, hermanos, poned el mayor empeño en afianzar vuestra vocación y vuestra elección, que haciendo esto no caeréis nunca. Pues así se os facilitará muchísimo la entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Pues con estos propósitos podremos caminar seguros de que se irán cumpliendo. Y que nos cumplirán nosotros los deseos expulsados por el Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita, con lo que iremos acercándonos cada vez más al cumplimiento de la voluntad de Dios. Concluimos con unos consejos de la Santa. Tener los sentimientos interiores y exteriores en el Sagrado Corazón de nuestro Señor, imponiéndoles un profundo silencio. Silencio. Silencio interior. Cercenando versamientos inútiles y sutilezas del amor propio, para disponernos a oír la voz del Esposo. Silencio en todo lo que pueda seros a vos materia de alabanza y excusa, de censura y acusación a los otros. Silencio en los ímpetus, con que la naturaleza no morirá. Silencio en el que la naturaleza no mortificada pretenda mostrar alegría o descontento en cosas tristes. Y este silencio será para honrar el de Jesús solitario en el Santísimo Sacramento. Por este medio aprenderéis a conversar con su Sagrado Corazón y a amarle en silencio contemplativo. Silencio en el que la naturaleza no morirá. Silencio en el que la naturaleza no morirá. Silencio en el que la naturaleza no morirá. Ave María Purísima, sin pecado concebida María Santísima.
La devoción al Sagrado Corazón de Jesús (I). #16
Fecha: viernes, 14 de marzo de 2025, a las 21:00:00
Duración: 56:30
Transcripción de Episodio 16. Pío XI.- Encíclica 'Quas primas' (1925), sobre la institución de la fiesta de Cristo Rey.
Buenas noches a los que me escucháis. Os habla Javier Cebrián, vocal de formación espiritual del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed todos bienvenidos al programa Acompañamiento Espiritual de Radio Lavandé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios, de las sagradas escrituras, de la tradición de la Iglesia o del pensamiento teológico, o incluso de las enseñanzas de los santos padres o experiencias de la vida espiritual que han tenido los santos reconocidos por la Iglesia. Bien sabemos que todo eso contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior. El Espíritu Santo es el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues solo Cristo es la cabeza de la Iglesia, de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. Buscamos la unión con el Espíritu Santo no solamente para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida. En el primer programa que tuvimos el 4 de octubre de 2024, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo a fin de que el paráclito prometido por Jesús, nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. En nuestra oración, hoy pedimos por la recuperación del Papa Francisco y tenemos presentes las necesidades de la Iglesia, las de todos los pueblos de la Tierra, especialmente también las de aquellas personas que se nos han encomendado, particularmente nuestros familiares, amigos y bienhechores. Invocamos entonces al Espíritu Santo. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y encienden ellos al fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados y renovarás la faz de la Tierra. Oh Dios, que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que guiados por el mismo Espíritu sintamos rectamente y gocemos siempre, siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve María. Amén. Llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Todo contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior. El Espíritu Santo es el que va edificando la vida. Amén. El Espíritu Santo es el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues solo Cristo es la cabeza de la Iglesia de la que formamos parte, siendo nosotros mismos los miembros del cuerpo místico, la Iglesia. Buscamos entonces la unión con el Espíritu Santo, no solamente para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifiquen y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. Amén. Amén. Bueno, en este video, en el primer programa celebrado allá por el 4 de octubre del año anterior, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que el Divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo a fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas. todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. En nuestra oración de hoy seguimos pidiendo por la pronta recuperación del Papa Francisco y tenemos presentes todas las necesidades de la Iglesia, las de todos los pueblos de la Tierra, especialmente también de aquellos que se nos han encomendado, particularmente nuestros familiares, amigos y bienhechores. Invocamos entonces. Amén. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos ya en la materia, recordando que, en los programas anteriores hemos concluido el análisis de los fundamentos teológicos del acompañamiento espiritual, cuyas líneas están en permanente desarrollo por el magisterio de la Iglesia a partir del Concilio Vaticano II. En el último programa analizábamos el acompañamiento espiritual entendido como un camino hacia la santidad y seguidamente reflexionábamos sobre el derecho a la intimidad y a la libertad de la comunidad. Con este programa, decía, dimos por concluida la serie en los que hemos puesto en valor el acompañamiento espiritual, todo un proceso que nos sirve de guía y de luz en el sendero de nuestra formación integral, espiritual y humana a la vez, que se orienta a la perfección cristiana que Jesús nos pide por la práctica de las virtudes que nos llevan a una vida bienaventurada. En el programa de hoy, ya metidos en la cuaresma, iniciamos una nueva serie de programas en los que vamos a analizar los documentos del magisterio que tratan sobre la fiesta de Cristo Rey, teniendo muy presente que en este año de 2025 se cumplen 100 años de la institución de esta fiesta, establecida universalmente por el Papa Pío XI, con la encíclica Quas Primas, de 11 de febrero, perdón, de 11 de diciembre de 1925, que pasamos a analizar. Seguidamente reflexionaremos sobre la devoción al sagrado corazón de Jesús, cuya fiesta está también muy unida a la de Cristo Rey y a la propia Eucaristía que celebramos cada día. Bien, la encíclica Quas Primas sobre la institución de la fiesta de Cristo Rey, presentada por el Papa Pío XI, con fecha, decía, 11 de diciembre de 1925. Pío XI era un hombre dotado de cualidades extraordinarias, con gran dedicación al estudio. Había desempeñado varias responsabilidades muy relevantes que vamos a indicar. Fue prefecto de la Biblioteca Ambrosiana de Milán y de la Biblioteca Vaticana. Fue visitador apostólico, inuncio en Polonia Lituánea. Y fue arzobispo de Milán. Pero antes de entrar en el análisis propio de la encíclica, vamos a situarnos en el contexto social y religioso del momento histórico de su pontificado. El periodo del pontificado del Papa Pío XI va del año 1922 al año 1939. Se sitúa entre las dos guerras mundiales. La Primera Guerra Mundial, del 14 al 18, la Segunda Guerra Mundial, del 39 al 45, lo cual es determinante para comprender la situación social del mundo y de la Iglesia en ese periodo, en el que sucedieron diferentes acontecimientos sociales y políticos que influyeron notablemente en su pontificado. En el periodo del siglo XIX, el Papa Pío XI se convirtió en el primer monarquista de la Iglesia. En el periodo del siglo XIX, el Papa Pío XI se convirtió en el primer monarquista de la Iglesia. En el periodo del siglo XIX, el Papa Pío XI se convirtió en el primer monarquista de la Iglesia. Lograron la edificación de sus principios de justicia como son Las persecuciones de la Iglesia en México , Las persecuciones de la Iglesia en Rusia , Las persecuciones de la Iglesia en Alemania , 1933 y siguientes años con una violenta persecución desencadenada por Hitler no sólo contra la Iglesia Católica, sino también contra el judaísmo. Y por último, las persecuciones de la Iglesia en España durante la Segunda República, 1933-36, cuya nueva constitución establecía la separación del poder Iglesia-Estado y que suspendía los concordatos anteriores con la Iglesia. Pío XI protestó contra todas estas persecuciones y logró seguir firmando nuevos concordatos a partir de 1934 para tratar de mitigarlas, pues entendía que todas las persecuciones religiosas violaban la dignidad de la persona humana. En el ámbito del gobierno de la Iglesia, cabe destacar, fundó el Instituto de la Iglesia Católica, y el Instituto de Arqueología Cristiana en Roma, 1925. Con relación a su magisterio, hay que mencionar que publicó varias encíclicas, sobre Jimmy, sobre la educación cristiana de la juventud, 1929, sobre el matrimonio cristiano, 1930, y sobre la cuestión social, 1931. Con relación al apostolado de los laicos, logró darle forma definitiva en diciembre de 1931, y en diciembre de 1931, y en diciembre de 1931, y en externos años, en diciembre de 1931, y en diciembre de 1931, y en diciembre de 1931, y en diciembre de 1931, a escala universal, a través de la acción católica, como respuesta a la disolución de sus asociaciones deportivas, universitarias y de sus juventudes en Italia, decretada por Mussolini. Con relación a las misiones, se ocupó de dos problemas centrales, el clero indígena, consagrando por primera vez algunos obispos chinos y japoneses, con la misión de la creación de un nuevo país, y la creación de un nuevo país, y la creación de un nuevo país, y la creación de un nuevo país, y la acomodación a los usos y costumbres de cada país. Con relación a la Iglesia Oriental, supo apreciarla con especial simpatía, fomentando la participación de varias órdenes religiosas, como los jesuitas, dominicos, redentoristas, y fundando provincias religiosas de rito oriental. También promocionó las ciencias eclesiásticas, reorganizando los estudios en las universidades y en los seminarios. Estableció la Pontificia Academia de las Ciencias, 1936, para promover el progreso de las ciencias físicas, naturales y matemáticas, y el estudio de los problemas epistemológicos relativos a ellas. Estudió la Iglesia Oriental, que fue la primera ciencia que se hizo en la historia de la Iglesia Oriental, y estableció varias conmemoraciones jubilares, destacando el centenario de la redención, en 1933, de extraordinaria importancia. Con todo lo dicho, el acontecimiento más relevante y de mayor importancia de su pontificado fue la firma de los pactos lateranenses con el Estado italiano. Las relaciones con este Estado estaban rotas. Desde 1870, cuando los Estados pontificios fueron anexionados y sometidos a la soberanía italiana en su proceso de reunificación, lo que había generado un ambiente de hostilidad entre el Estado italiano y la Iglesia, situación conocida como la cuestión romana. Los acuerdos negociados previamente fueron firmados el 11 de febrero, de 1929, por los plenipotenciarios nombrados al efecto. De una parte, el cardenal Pietro Gasparri, en nombre de la Santa Sede, y de otra, el primer ministro de Italia, Benito Mussolini, en nombre del rey Vittorio Emanuel III. Los pactos están redactados en tres partes. La primera es el pacto de reconciliación. El gobierno de Italia reconoció a la Santa Sede como Estado soberano e independiente, dotado de facultades de autogobierno y con opción a establecer relaciones diplomáticas. Este acuerdo supuso para la Iglesia el poder mantener relaciones diplomáticas con otros Estados de todo el mundo, y con ello establecer vínculos de unión y conocimiento mutuo con ellos. La nueva condición de jefe de Estado del Papa le permitió dirigirse directamente a dignatarios de todo el mundo para hacer llegar sus peticiones y ruegos, y para que su voz fuera oída en los foros internacionales. La segunda parte de los acuerdos es el concordato. Regula y define las relaciones entre el Estado italiano y la Santa Sede, ya independiente. Se reconoce la igualdad de los acuerdos entre los estados, entre los estados de la Iglesia y entre los estados de la Iglesia. La segunda parte de los acuerdos es la Iglesia Católica como institución libre, y queda resumido en el lema Iglesia libre en Estado libre. Este modelo servirá como modelo para otros concordatos. Y la tercera parte de los pactos fue el acuerdo financiero. Con él se proporciona a la Santa Sede una compensación financiera para los estados de la Iglesia. Y la tercera parte de los pactos es una compensación financiera por las pérdidas de los territorios anexionados por Italia en 1870. El estado de la ciudad del Vaticano quedó circunscrito a las 44 hectáreas de terreno incluidas dentro de las murallas leóninas que circundan la Basílica de San Pedro, incluyendo la plaza del mismo nombre, pero no así la de San Pío X, que queda fuera de dicho perímetro. Pero no así la de San Pío X, que queda fuera de dicho perímetro. Se reconoce también la propiedad de la Santa Sede sobre las basílicas de San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y San Pablo, así como los edificios anexos. También se reconocen las propiedades del edificio de San Calisto, unido a Santa María Intrastevere, el palacio papal de Castel Gandolfo y la villa Barberil. Es evidente que la Iglesia asumió esta propiedad. Es evidente que la Iglesia asumió esta propiedad. La Iglesia asumió la pérdida de la propiedad de una gran parte de los estados pontificios y que tuvo que ceder ante el requerimiento de Italia de que los obispos jurasen lealtad al Estado antes de tomar el cargo, así como la prohibición del clero a tomar parte en la política. De otra parte, con su nuevo estatus, la Iglesia Católica fue confirmada como Iglesia Oficial del Estado. De otra parte, con su nuevo estatus, la Iglesia Católica fue confirmada como Iglesia Oficial del Estado. De otra parte, con su nuevo estatus, la Iglesia Católica fue confirmada como Iglesia Oficial del Estado. Y le fue otorgado un poder sustancial en el sistema educativo que incluía los centros escolares de propiedad estatal. Pues bien, con los pactos de Letrán, el Papa logró garantizar la libertad de acción de la Iglesia, con lo que el Magisterio Pontificio iba alcanzando mayores cuotas de credibilidad y de eficacia pastoral. con lo que el Magisterio Pontificio iba alcanzando mayores cuotas de credibilidad y de eficacia pastoral. con lo que el Magisterio Pontificio iba alcanzando mayores cuotas de credibilidad y de eficacia pastoral. Pero la ganancia más importante y favorable para la Iglesia Católica es la firme consolidación de su reconocimiento internacional como Estado independiente, es la firme consolidación de su reconocimiento internacional como Estado independiente, libre para establecer relaciones diplomáticas con todos los estados del mundo. Este Acuerdo significó la recuperación de una alta dignidad y respeto internacional Este Acuerdo significó la recuperación de una alta dignidad y respeto internacional Este Acuerdo significó la recuperación de una alta dignidad y respeto internacional voz del jefe del Estado Vaticano, que estando al servicio de la causa de Cristo, puede oírse desde entonces con toda claridad a nivel mundial. No obstante, Pío XI ya venía percibiendo un desorden mundial de gran calado, cuya causa estaba en que los dirigentes políticos y la sociedad en general se habían apartado de Dios. Percibía que el peso de los males es superior a las fuerzas de la persona y de la sociedad en la que está inmersa esa persona. Pues el peso del pecado original, personal, social y político, todo lo cual había llevado a las instituciones y al mundo en general a un desorden de una complejidad y magnitudes que no tenían precedentes. Así entendido, Pío XI consideraba que para superar este desorden era necesaria la ayuda de la gracia sobrenatural, por lo que pretendió advertir con claridad que no bastaba un auxilio humano, privado o colectivo, sino que se necesitaba un auxilio sobrenatural, privado y público a la vez, pues la paz mundial sólo podría construirse pidiendo la gracia a quien puede concederla, y esto sólo compete a Dios, tal como se lo enseñó Jesús, a los hombres en la vida terrena. Sin mí no podéis hacer nada, cita a Juan XV. La encíclica, cuas primas, se estructura por medio de una introducción seguida de tres capítulos. El Papa comienza haciendo mención a su primera encíclica, una que tuvo anteriormente, Ubi Arcano, de El Consilio, del año... en el año 1922, sobre la paz en el mundo, en la que ya contemplaba, junto con todos los obispos del orbe católico, las calamidades con las que estaba siendo afligido el género humano, cuya causa principal era el alejamiento de Jesucristo y de su ley santísima, tanto en los ámbitos sociales, vida y costumbres, como en la familia y en la gobernanza de los estados. Es por esta razón que advierte una vez más que la paz verdadera sólo puede alcanzarse en el reino de Cristo. Y lo hace con estas palabras. No hay medio más eficaz para restablecer y vigorizar la paz que procurar la restauración del reinado de Jesucristo. Y esto sólo será posible si volvemos la vez a la paz. Y esto sólo será posible si volvemos la vez a la paz. Así es otra vez. Una de las primeras cosas que nosFRD se programará es que el señor Jesucristo de Santiago sobre el cual podríamos compartirSDFZ 1/2 de más 8- todos??? In Background, una serie contínuamente antonio??are mover a el here. E? Mortal Light Lively, Software St kettle semblerán ultravioleta E? Voilà,copeCode de continuación desde tafel. Uno es los palos savages, el propio cable se illuminaciónON, y el otro especial resultado a través de un flash atrás , dato propriAML, en especial nos circumstances ?ze????? nig profiteram y así corporate??? ARIN mindfulness R? ¿No ha redundado en indecible honra y gloria del fundador de la Iglesia, Señor y Rey Supremo? Por ello, el Papa percibía un nuevo renacer tras las peregrinaciones de multitudes que habían llegado a Roma durante este año santo para ganar el jubileo, guiados por sus obispos y sacerdotes. También percibía que era necesario culminar el año jubilar con una fiesta que nos recordara el XVI centenario del Concilio de Nicea, el cual, decía el Papa, definió y proclamó como dogma de fe católica la consustancialidad del hijo unigénito con el padre, además de que, al incluir las palabras cuyo reino, no tendrá fin en su símbolo o fórmula de fe, promulgaba la real dignidad de Jesucristo. Con lo dicho, el Papa concluye la introducción de esta forma. Habiendo pues concurrido en este año santo tan oportunas circunstancias para realzar el reinado de Jesucristo, nos parece que cumpliremos un acto muy conforme a nuestro deseo. ¿Qué es nuestro deber apostólico si, atendiendo a las súplicas elevadas a nos individualmente y en común por muchos cardenales, obispos y fieles católicos, ponemos digno fin a este año jubilar introduciendo en la Sagrada Liturgia una festividad especialmente dedicada a nuestro Señor Jesucristo Rey? Y ello, de tal modo, nos complace que, deseamos, venerables hermanos, deciros algo acerca del asunto. A vosotros toca acomodar después a la inteligencia del pueblo cuanto os vamos a decir sobre el culto de Cristo Rey. De esta suerte, la solemnidad nuevamente instituida producirá en adelante y ya desde el primer momento los más variados frutos. Es una cita al número 3. El capítulo 5 de la encíclica. Pues bien, seguidamente el Papa desarrolla los tres capítulos que contiene. El primero lo dedica a la realeza de Cristo. Esto es, el título de Rey con el que ya era anunciado y reconocido en el Antiguo Testamento, al igual que ocurre en el Nuevo, en el que encontramos referencias constantes a su realeza, pues el título de Rey se le atribuyó a Jesús, en muchas ocasiones. Así nos lo dice Mateo, en el número 25. Cuyo reino no tendrá fin, cita de Lucas 1. Y al que se le ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, Mateo 28. Y todo esto lo concreta así el Papa Pío XI en el número 9 de la encíclica. ¿Qué otra cosa se significa, sino la grandeza de su poder y la extensión infinita de su reino? Por lo tanto, no es de maravillar que San Juan le llame Príncipe de los Reyes de la Tierra, Apocalipsis 1, y que el mismo, conforme a la visión apocalíptica, lleve escrito en su vestido y en su muslo, Rey de reyes y Señor de los que dominan, Apocalipsis 19. Apocalipsis 19. Apocalipsis 19. Apocalipsis 20. Apocalipsis 21. Apocalipsis 21. Apocalipsis 23. Apocalipsis 24. Apocalipsis 25. Apocalipsis 24. Apocalipsis 25. Apocalipsis 26. Apocalipsis 28. Apocalipsis 27. Apocalipsis 20. Apocalipsis 21. Apocalipsis 22. Apocalipsis 24. Apocalipsis 25. Apocalipsis 28. Apocalipsis 29. Apocalipsis 20. Apocalipsis 30. común a los sagrados libros sigue vigente en la Iglesia, Reino de Cristo sobre la Tierra, en cuya liturgia está presente como autor y fundador, soberano Señor y Rey de Reyes. Igualmente ocurre en la Eucaristía, en la que damos culto a la Divina Majestad como alabanza a Cristo Rey, quien según las enseñanzas de San Cirilo, permanece entre nosotros en virtud de su misma esencia y naturaleza. Para Pío XI, la soberanía o principado de Cristo se funda en la maravillosa unión llamada hipostática, de donde se sigue que Cristo no solo debe ser adorado en cuanto Dios por los ángeles, sino que además los unos y los otros están sujetos a su imperio y le deben obedecer también en cuanto hombres, de manera que por el solo hecho de la unión hipostática, Cristo tiene potestad sobre todas las criaturas. Es una cita al número 11 de la encíclica. Bien, pues en esto concluye que Cristo impide, impera sobre toda la humanidad, no solo por derecho de naturaleza, sino también por derecho de conquista adquirido a costa de la revolución. Por todas estas razones, el Papa quiere recordar a todos los hombres, un tanto olvidadizos, lo que le hemos costado a nuestro Salvador, pues hemos sido rescatados no con oro o plata, que son cosas perecederas. sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero inmaculado y sin tacha. Cita a primera de Pedro 1. De hecho, bien sabemos por la primera carta a los Corintios, número 6, que hasta nuestros cuerpos son miembros de Jesucristo. Todo ello es una cita al número 12 de la encíclica. En el segundo capítulo, versa sobre el carácter de la humanidad, el carácter de la realeza de Cristo, que tiene una triple potestad, la legislativa, la de juzgar y la ejecutiva. Como bien nos enseñan las Escrituras, pues es dogma de fe que Jesucristo fue dado a los hombres como Redentor en quien deben confiar y como legislador a quien deben obedecer. ¿Quién ha recibido la fe? Ha recibido además la potestad de juzgar, esto es, de premiar o castigar, así como la potestad llamada ejecutiva, puesto que es necesario que todos obedezcamos sus mandatos. Ahora bien, siendo el campo de la realeza de Cristo esencialmente espiritual, él mismo nos indicó que su reino no es de este mundo, sino que, habiéndose ofrecido, con su cuerpo y con su sangre, continúa siendo sacerdote y víctima por los pecados del mundo, cuyo ofrecimiento se renueva cada día perpetuamente. Es más, su dignidad real como Salvador nos permite participar de la naturaleza espiritual de ambos oficios, lo cual afecta incluso al orden temporal, puesto que el Padre le confirió un derecho absoluto, sobre las cosas creadas, de tal manera que todas están sometidas a su arbitrio, como ya lo indicó León XIII. Decía así León XIII, el imperio de Cristo se extiende no sólo sobre los pueblos católicos y sobre aquellos que, habiendo recibido el bautismo, pertenecen de derecho a la Iglesia, aunque el error los tenga extraviados o el cisma los separe de la caridad, sino que comprende también a cuantos no participan de la fe cristiana, de suerte que, bajo la potestad de Jesús, se halla todo el género humano. Es una cita al número 3 de la encíclica Anum Sacrum de 1899, que veremos en próximo programa. Por lo tanto, tanto los individuos como los seres humanos, como los seres humanos, tanto los individuos como la sociedad entera, deben tener presente que, fuera de él, fuera de Cristo, no hay que buscar la salvación en ningún otro, pues no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del cielo por el cual debamos salvarnos. Cita a Hechos 4. De ahí que el Papa concluya que los gobernantes de las naciones no pueden negarse a dar por sí mismos y por el pueblo, públicas muestras de veneración y de obediencia al imperio de Cristo, si quieren conservar en colume su autoridad y hacer la felicidad y la fortuna de su patria. Cita al número 16. Y en esto, el Papa confirma lo que ya había dicho en su primera encíclica, Ubi Arcano, en el número 20. Desterrados, Dios y Jesucristo, lamentábamos, de las leyes y de la gobernación de los pueblos, y derivada la autoridad no de Dios sino de los hombres, ha sucedido que, hasta los mismos fundamentos de autoridad, han quedado arrancados, una vez suprimida la causa principal de que unos tengan el derecho de mandar y otros la obligación de obedecer. De lo cual, no ha podido menos de seguirse una violenta conmoción de toda la humana sociedad, privada de todo apoyo y fundamento sólido. Con todo lo dicho, en lo que se refiere a la concordia y a la paz en el mundo, el Papa anima a todos a permanecer bajo el reinado de Cristo para poder superar los problemas, pues sólo Cristo puede reconciliarnos en la caridad con su ejemplo de humildad, virtud que ha de ser la que ordene todo gobierno en la tierra. Mi yugo es suave y mi carga es ligera. Cita a Mateo 11. Y en esto concluye que si nos dejamos gobernar por Cristo, Él curará todas las heridas, y nos llevará a recobrar el derecho y el vigor antiguo, con lo que retornaremos a la paz verdadera anhelada por León 13, quien nos enseñó que esto sólo sería posible cuando toda lengua proclame que nuestro Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre. Cita a Filipenses 2 y a la encíclica de León 13, 11. Por último, en el tercer capítulo, se centra ya el Papa en el tema de la fiesta de Jesucristo Rey. Trata sobre la institución de la fiesta en la idea de que se propague lo más posible el conocimiento de la regia dignidad de nuestro Salvador, para lo cual nada será más eficaz que instituir la festividad propia y peculiar de Cristo Rey, a fin de que los fieles, menos instruidos, puedan aprovechar mucho más en la vida espiritual con su participación en los actos litúrgicos, cita al número 20 de la encíclica, lo que permitirá combatir el moderno laicismo y las herejías de los adversarios de la Iglesia de todo tiempo. Y así lo manifiesta explícitamente. Si los fieles, todos, comprensiblemente, todos comprenden que deben militar con infatigable esfuerzo bajo la bandera de Cristo Rey, entonces, inflamándose en el fuego del apostolado, se dedicarán a llevar a Dios de nuevo los rebeldes e ignorantes y trabajarán animosos por mantener incólumes los derechos del Señor. Cita al número 25. En esto, el Papa aprecia la continuación de una tradición ya iniciada con la piadosa práctica de dedicar y consagrar innumerables familias al Sacratísimo Corazón de Jesús, apreciando que no solamente se consagraron las familias, sino también ciudades y naciones. Más aún, por iniciativa y deseo de León XIII, fue consagrado al Divino Corazón todo el género humano durante el año santo de 1900. De ahí la unidad de la fiesta de Cristo Rey con la del Sagrado Corazón de Jesús, sobre la que abundaremos. El Papa destaca también que a la soberanía de Cristo sobre la sociedad humana contribuyen de manera excelente los congresos eucarísticos, indicando expresamente su fin principal. Esto es, convocar a los fieles de cada una de las diócesis, regiones, naciones y aún del mundo entero, para venerar y adorar a Cristo Rey escondido bajo los velos eucarísticos. Y por medio de discursos en las asambleas y en los templos, de la adoración en común del augusto sacramento públicamente expuesto y de las solemnísimas profesiones, proclamar a Cristo como Rey que nos ha sido dado por el cielo. Bien y con razón podría decirse que el pueblo cristiano, movido como por una inspiración divina, sacando del silencio y como escondrijo de los templos a aquel mismo Jesús, a quien los impíos, cuando vino al mundo, no quisieron recibir, y llevándole como a un triunfador por las vías públicas, quiere restablecerlo en todos sus reales derechos. Finalmente, el Papa justifica la elección del año santo como la mejor oportunidad de instituir la fiesta de Cristo Rey, pues corona este periodo que tantos beneficios de gracia ha otorgado a los fieles en la Iglesia, motivo suficiente para honrar con fiesta propia y especial a Cristo como Rey de todo el género humano. Es una cita al número 28 de la encíclica. Y es que este año, 1925, es coincidente, decíamos, con el decimosexto centenario del concilio de Nicea, en el que hemos conmemorado la vindicación del dogma de la consustancialidad del Verbo encarnado con el Padre, sobre la cual se apoya, como en su propio fundamento, la soberanía del mismo Cristo sobre todos los pueblos. Cita al número 29. Pues bien, el texto de la institución de la fiesta litúrgica lo presenta así. Con nuestra autoridad apostólica, instituimos la fiesta de nuestro Señor Jesucristo Rey y decretamos que se celebre en todas las partes de la tierra el último domingo de octubre, esto es, el domingo que inmediatamente antecede a la festividad de todos los santos. Asimismo, ordenamos que en ese día se renueve todos los años la consagración de todo el género humano al Sacratísimo Corazón de Jesús, con la misma fórmula que nuestro predecesor de santa memoria, Pío X, mandó recitar anualmente. Cita al número 30 de la encíclica. Bien, pues hechas las salvedades propias para el año de institución, en el que se celebró de una manera especial el 31 de diciembre, el Papa concluye la carta indicando los beneficios que espera de este público homenaje de culto a Cristo Rey, pidiendo a los gobernantes y a todas las instituciones de la Iglesia que respeten la libertad para expresar y propagar el Reino de Cristo, lo cual será un gran beneficio espiritual para todos los hombres y también para todos los gobiernos y sus naciones, con lo que serán frenadas las calamidades que venimos sufriendo en la época actual. Fin. Pasamos a tratar el tema de la devoción al Sagrado Corazón. Sobre esta devoción, comenzamos diciendo que el Señor, a lo largo de la historia de la Iglesia, ha pedido que se celebren tres fiestas muy concretas. La fiesta del Corpus Christi, instituida en 1262 por el Papa Urbano IV, la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, instituida universalmente en 1856 por el Beato Papa Pío IX, y la fiesta de la Divina Misericordia, instituida universalmente en el año 2000 por el Papa San Juan Pablo II, con ocasión de la canalización de Santa Faustina Cobasca. Pues bien, seguidamente vamos a reflexionar sobre esta devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Decíamos que está muy unida a la institución de la fiesta de Cristo Rey y también, como hemos visto, a la Eucaristía. La devoción al Sagrado Corazón de Jesús tiene su origen en la Iglesia antigua, desde los primeros años de la Iglesia, pues ya en sus orígenes meditaba lo que concierne al costado y al corazón abierto de Jesús. Del que brotó sangre y agua. Tenía muy presente que de este corazón nació la Iglesia y por él se nos abrieron las puertas del Cielo. Como consecuencia de esta meditación, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús es percibida como una devoción singular que está por encima de otras devociones, pues con ella denegamos al mismo Corazón de Dios encarnado en Jesucristo. La devoción al Sagrado Corazón de Jesús tuvo un desarrollo posterior en la Iglesia medieval, desde hasta el año 1500, en el que destacan algunas citas de santos reconocidos por la Iglesia como son San Ambrosio, en el siglo IV, San Gregorio, Magno, 6 y 7, San Buenaventura, siglo XIII, Santa Catalina de Siena, siglo XIV, ya en el siglo XVII destaca la devoción de San Francisco de Sales por medio de la Orden de la Visitación de Santa María, fundada junto a Santa Juana Francisca de Chantal en 1625 para propagar el amor al Sagrado Corazón de Jesús como devoción. Esta orden tomó como escudo el mismo Corazón de Jesús, atravesado por dos flechas. Pero, ¿será el mismo Jesús? El mismo Jesús, como hemos dicho, el que revele varias veces a Santa Margarita María de Alacocie entre 1673 y 1675 en Pareil de Monial, Francia, el que pide a través de esta santa humilde religiosa que se establezca universalmente en la Iglesia la devoción a su Sacratísimo Corazón. El 16 de junio de 1675 se le apareció Nuestro Señor y le mostró su corazón a Santa Margarita. Estaba rodeado de llamas de amor, coronado de espinas, con una herida abierta de la cual brotaba sangre y del interior de su corazón salía una cruz. Santa Margarita escuchó a Nuestro Señor decir He aquí el corazón que tanto ha amado a los hombres y en cambio, de la mayor parte de los hombres no recibe nada más que ingratitud y reverencia y desprecio en este sacramento de amor. Con estas palabras, Nuestro Señor mismo nos dice en qué consiste la devoción a su Sagrado Corazón. Está dirigida a la persona de Nuestro Señor mismo, que es el Señor de la Iglesia. Está dirigida a la persona de Nuestro Señor mismo, que es el Señor de la Iglesia. Está dirigida a la persona de Nuestro Señor mismo, que es el Señor de la Iglesia. Está dirigida a la persona de Nuestro Señor mismo, que es el Señor de la Iglesia. Esta devoción es el amor, el amor de nuestro Señor Jesucristo y a su amor no correspondido representado por su mismo corazón. Y así vemos que son dos los actos esenciales de esta devoción, amor y reparación. Amor por lo mucho que él nos ama, reparación y desagradio por las muchas injurias que recibe, sobre todo en la Sagrada Eucaristía. Es de destacar que la situación de la Iglesia en este siglo XVII es de ruptura de la unidad en Europa debido a la división provocada por la reforma protestante, situación en la que aparecieron graves signos de deterioro social por el ateísmo contemporáneo. En los siglos XVI y XVII la Iglesia anhelaba los deseos de reforma auspiciados en el siglo XV, así como la reconciliación con los protestantes, pero el concilio de Trento de 1545 al 63 no pudo ser un concilio ecuménico sino confesional, orientándose estrictamente a la recatolización de Europa, tarea que debía hacerse con la ayuda del imperio y la protección de los ejércitos. Sin embargo, esta situación terminó llevándonos a la desigualdad de la Iglesia en el siglo XVII. Esto llevó a Europa a una serie de conflictos bélicos, con lo que el cristianismo en Europa no fue capaz de alcanzar la paz hasta 1648 con la firma de la paz de Vesfalia que se expresó en los siguientes términos. La Iglesia clausura la contrarreforma, pero continúa la crisis de la conciencia europea que ponía en duda la misma fe. ¿Cuál es la verdadera fe que nos salva? La verdadera fe que nos salva es la de la paz. Los príncipes laicos son reconocidos como cabeza de la Iglesia en sus diferentes territorios. La religión del príncipe debía ser la de sus súbditos para evitar males mayores y el príncipe tenía derecho a obligar a los súbditos a abrazar su propia fe. Pues bien, pese a todos los esfuerzos, surge una crisis manifiesta de la universalidad, la que afectó de manera especial a la Iglesia con graves consecuencias. La unidad que soporta la fe cristiana en Europa se rompe. Las dos potestades universalistas, Imperio Germánico y el Papado, se separan. La Iglesia se ve sometida a los estados políticos, dando lugar a iglesias nacionales gobernadas por el rey, que tienen la potestad del nombramiento de los puestos eclesiásticos. También el de dar el visto bueno a documentos pontificios, controlando y supervisando las relaciones con Roma, la participación en los concilios, así como las entidades eclesiásticas y religiosas que hubieran en su estado. El Papa es considerado por los distintos países como un soberano extranjero, cuando en verdad lo que buscaban era influir en la elección del papado. El escenario geográfico de la Iglesia se redujo considerablemente. 74 millones de católicos sobre los 124 millones de europeos. Los 50 millones restantes se repartían entre luteranos y anglicanos. Y en esta nueva situación nos encontramos con que aparecen aparecen la totalidad de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. En todo este contexto social y religioso de grave degradación moral, en el que se aprecia una apostasía generalizada y universal de la fe, los papas se afanaron desde el ámbito eclesial, pues sólo percibían un camino de recuperación posible, la conversión universal a Cristo. Y el camino propuesto para recorrerlo será la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Que se concreta en dos aspectos esenciales. La consagración y la reparación. La consagración consiste en una entrega completa a Jesucristo por amor, ofreciéndole toda nuestra persona y nuestras cosas, y aceptando su reinado sobre nosotros. La reparación consiste en devolver a Cristo amor por amor, a fin de reparar el amor de Dios despreciado y ultrajado por los hombres, resarciendo así su amor por los derechos de Dios que se han violado. La Iglesia en adelante enseñará que participando de los sufrimientos de Cristo en unión con Él, nos purifica de nuestros pecados, estrecha y perfecciona esa unión y la consuma, al tiempo que nos permite ofrecernos como píldoras, y ofrecernos como víctimas por los hermanos, para construir el Reino de Cristo en la Tierra. En definitiva, las revelaciones del Sagrado Corazón fueron un remedio extraordinario a los males del siglo. Males que se habían ido agravando con el paso del tiempo porque el mundo se apartó del corazón del Redentor. No obstante, los papas no han dejado de extender esta devoción en el pueblo de Dios, dando su pleno reconocimiento pontificio con una serie de encíclicas que iremos analizando en futuros programas, conscientes plenamente de que esta devoción es un deseo del mismo Cristo Rey del Universo. Vamos concluyendo diciendo que todas estas realidades comentadas nos permiten reconocer que en nuestros días, siguen dándose las circunstancias de desprecio a la fe y a la Iglesia, razón por la que sigue estando vigente la gravedad de la situación y sigue siendo necesaria una entrega voluntaria de unión al sacrificio Redentor de Cristo Rey, a fin de expiar los pecados y desprecios que sigue recibiendo. Cabe mencionar que los adoradores nocturnos tenemos la vocación contemplativa y expiatoria a la vez, como uno de los fines principales de la vida, y que la fe es la principal de los pecados. Pero lo más doloroso para el amor de Cristo es ver cómo sigue habiendo responsables de gobiernos que no solo no favorecen la libertad para las prácticas religiosas de sus nacionales, sino que siguen persiguiendo a los que profesan una fe con vocación universal de salvación, esto es, la fe católica. Pidamos entonces por la conversión de todos ellos y de todos los responsables de las instituciones religiosas o laicas que tan solo se ocupan a veces de los ámbitos organizativos, estructurales, sin prestar atención a la formación religiosa y espiritual de los fieles, y reconozcamos lo que es obvio para todos. La verdadera fe la siguen practicando los humildes de corazón, quienes entregan su tiempo y su sacrificio al servicio de Cristo, y de la Iglesia, pues con su esfuerzo personal siguen realizando la santa misión de acercar a Dios, a los hombres y a estos a Dios. Terminamos recordando que hay tres cosas esenciales que favorecen la unión con Cristo a saber. La oración personal y comunitaria, la lectura asidua de la Palabra de Dios, al menos un capítulo diario del Nuevo Testamento, en el que ya está patente el Antiguo, y la práctica asidua de los sacramentos, Penitencia y Eucaristía, pues son las fuentes de la gracia salvadora que el mismo Cristo nos ofrece con su sacrificio redentor. Esta observancia diaria nos permitirá ser testigos en nuestros ambientes con lo que el Reino de Dios se irá implantando, a fin de que un día podamos decir, lo que cantaron los adoradores en el himno del 35 Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Barcelona allá por el 1952 durante el pontificado de Pío XII. Cristo en todas las almas y en el mundo la paz. Pues bien, con estos propósitos podremos caminar seguros de que se cumplirán en nosotros las palabras del profeta Ezequiel. No volverán a ser presa de las naciones, ni los devorarán las bestias salvajes, habitarán seguros, sin temores. Para ellos crecerán plantaciones renombradas, nunca más serán consumidos por el hambre en esta tierra, ni tendrán que soportar la burla de otros pueblos, y reconocerán que yo, el Señor, soy su Dios. Y que ellos, la casa de Israel, son mi pueblo, oráculo del Señor. Vosotros sois mi rebaño, las ovejas que yo apaciento, y yo soy vuestro Dios, oráculo del Señor. Es una cita a Ezequiel 34. Bien, pues damos por concluido este programa de hoy, diciendo que para el próximo 21 de marzo, Dios mediante, analizaremos el Evangelio de la Iglesia. Y que podamos leer la encíclica del Papa León XIII, Anun Sacrum, del año 1899, sobre la consagración al Sagrado Corazón de Jesús. Y seguidamente reflexionaremos sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en otros aspectos. Pues bien, hoy no tenemos tiempo, vamos un poquito apretados de tiempo, no puedo abrir líneas, pero nos despedimos, dando gracias por vuestra atención, y nos tiramos para el próximo programa de acompañamiento espiritual. Un abrazo a todos, que el Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal, y nos lleve a la vida eterna. Amén. Ave María Purísima.
El derecho a la intimidad y a la libertad del acompañado. #15
Fecha: viernes, 28 de febrero de 2025, a las 21:00:00
Duración: 55:37
Mostrar transcripción de Episodio 15. El acompañamiento como camino hacia la santidad.
Transcripción de Episodio 15. El acompañamiento como camino hacia la santidad.
Buenas noches a los que me escucháis, os habla Javier Cebrián, vocal de formación espiritual del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed todos bienvenidos un día más al programa Acompañamiento Espiritual de Radio Labande, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios, de las sagradas escrituras, de la tradición de la Iglesia, del pensamiento teológico o de las enseñanzas de los santos padres, o incluso de las experiencias de la vida espiritual que han tenido los santos reconocidos por la Iglesia. Bien sabemos que todo esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior. El Espíritu Santo es el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues sólo Cristo es la cabeza de la Iglesia de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. Buscamos, por tanto, la unión con el Espíritu Santo, no solamente para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa, que celebramos el 4 de octubre del año 24, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que el Divino Vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo, a fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. En nuestra oración de hoy, pedimos por la pronta recuperación del Papa Francisco y tenemos presentes las necesidades de la Iglesia, las de todos los pueblos de la tierra, especialmente las de aquellos que se nos han encomendado, particularmente nuestros familiares, amigos y bienhechos. Invocamos, ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, inciende en ellos el fuego de tu amor, envía tu espíritu y serán creados y renovarás la paz de la tierra. Oh Dios, que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve María, llena eres de gracia el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos ya en materia, recordando que estamos concluyendo el análisis de los fundamentos teológicos que están relacionados con el acompañamiento espiritual, cuyas líneas están en permanente desarrollo por el magisterio de la iglesia a partir del concilio vaticano-seúl. En el programa anterior analizábamos varios consejos prácticos para el hombre de hoy sobre el acompañamiento espiritual y seguidamente reflexionábamos sobre la necesidad del sigilo o secreto, cuestión esencial y de obligación, tanto para el acompañante espiritual como para el acompañado, siempre a la luz de las enseñanzas del magisterio de la iglesia. Como conclusión de la serie de programas, un total de 14 que hemos seguido hasta la fecha, hoy vamos a analizar el proceso del acompañamiento espiritual entendido como un camino hacia la santidad y seguidamente reflexionaremos sobre el derecho a la intimidad y a la libertad del acompañado. Con este programa concluimos esta serie que venimos presentando en los que hemos analizado, decía, los fundamentos del acompañamiento espiritual. Una vez puesto en valor este proceso queda clarificado que contamos con un plan de formación que nos sirve de guía y luz en el sendero de nuestra formación integral espiritual y humana a la vez, todo lo cual se orienta a la perfección que Jesús nos pide por la práctica de las virtudes cristianas y contando siempre con las bienaventuranzas. Comenzaremos entonces recordando la importancia que tiene una buena formación tanto de los sacerdotes como de todos los que se disponen a acompañar a los fieles en cualquier ámbito de la iglesia. Decía la constitución de Iberbun, constitución del Vaticano Segundo, en su número 25. Es necesario, pues, que todos los clérigos, sobre todo los sacerdotes de Cristo y los demás que, como los diáconos y catequistas, se dedican legítimamente al ministerio de la palabra, se sumerjan en las escrituras con asidua lectura y con estudio diligente para que ninguno de ellos resulte predicador vacío y superfluo de la palabra de Dios que no la escucha en su interior, puesto que debe comunicar a los fieles que se han confiado, sobre todo en la sagrada liturgia, las inmensas riquezas de la palabra divina. Recordamos también que al comienzo del concilio Vaticano Segundo, muchos compartían la idea de que comenzaba una nueva era para la iglesia que cerraría un periodo de cuatro siglos bajo la influencia del concilio de Trento. Había quien opinaba que la iglesia necesitaría muchos años para el desarrollo del concilio. Otros pensaban que bastaba con aplicar los textos que emanaran de él, pero la realidad fue muy diferente. Los cuestionamientos del concilio, junto con la crisis social y política del momento, mostraron una iglesia frágil que necesitaba expresar con mayor libertad las divergencias internas que había. El concilio favoreció el diálogo interno y una apertura al diálogo externo de la iglesia, posibilitándose nuevos cauces de relación con la cultura, con la ciencia, con los hombres de su tiempo. Esto propició un dinamismo novedoso que evitaba las tradiciones, perdón, las tradicionales definiciones dogmáticas y las condenas, aunque no podemos decir que todo se ha superado. Hoy siguen existiendo algunas carencias internas por la fuerte tradición jerárquica en algunos sectores a los que les cuesta abrirse a la integración plena entre sacerdotes y laicos. Así lo reconocía el cardenal Marc Aulet, prefecto de la congregación para los obispos desde el 19 de marzo del año 22, con ocasión de la presentación del simposio por una teología fundamental del sacerdocio, celebrado el 12 de abril del año 2021, quien pedía superar el clericalismo religioso. Ya en la inauguración de dicho encuentro, celebrado en Roma del 17 al 19 de febrero de 2022, el Papa Francisco advirtió de las consecuencias del clericalismo, incluso de la clericalización del laicado, advirtiendo que puede terminar por desnaturalizar la misión fundamental de los laicos. Es una cita a Gaudium et Spes, número Los laicos siempre están presentes en las distintas realidades del mundo. Pese a todo, es de destacar que el concilio supuso para la iglesia un antes y un después en el modo de entender y expresar los fundamentos teológicos. Ahora mira a los primeros siglos de la cristiandad y pone el foco en las fuentes, en las sagradas escrituras, en las enseñanzas de Jesús que contienen y en los textos recibidos de los santos padres de la iglesia auténticos intérpretes de la tradición. Esta nueva metodología ha permitido poner en valor algunos aspectos de la sana tradición de la iglesia que habían quedado un tanto olvidados con el tiempo. En conclusión, se han recuperado el principio del sacerdocio universal de los fieles, dando una nueva visión de la iglesia como pueblo de Dios más que como un organismo jurídico, buscando con ello una renovada percepción colegiada del episcopado en torno, eso sí, al obispo de Roma, pero con responsabilidad colectiva de todo el pueblo cristiano, siempre en comunión con Cristo, cabeza de la iglesia. Sobre las líneas teológicas del concilio podemos resumir. Los documentos conciliares presentan un contenido de gran calado teológico y pastoral para la renovación de la iglesia, con la vista puesta en el nuevo milenio que estaba por llegar. Los textos aportan mucha luz que contribuye a poner de nuevo en valor el acompañamiento espiritual como vía necesaria para la evangelización. La constitución sacrosanctum concilium sobre la sagrada liturgia refuerza la línea cristológica por la presencia y la acción sacramental de Cristo en la iglesia, especialmente la eucaristía, por la que todos los fieles recibimos la fuerza del Espíritu Santo para realizar la misión evangelizadora. La iglesia se percibe a sí misma como cuerpo místico de Jesucristo que se une a la cabeza para hacer eficaz la acción sagrada de Cristo en permanente unidad con la iglesia celeste, de ahí que otorga una gran importancia al valor de la fe y a la aceptación de las enseñanzas de la propia iglesia, a fin de que todo el pueblo de Dios pueda vivir en plenitud las virtudes que nos llevan a cumplir todo cuanto mandó Cristo. El concilio quiere implicar a todos los prefíteros pues esta tarea sólo será posible con una formación adecuada de los fieles que deben ser guiados por los pastores a una práctica responsable de oración y vivencia litúrgica. La constitución dogmática Lumen Gentium sobre la iglesia presenta a Cristo como luz de los pueblos, mediador de la unidad de Dios con su iglesia, imagen visible del reino de Cristo que ha nacido de su costado por la cual todos los hombres son llamados a la unión con él. Antepone el pueblo de Dios, pueblo saternotal, a la jerarquía eclesial pues ésta, a ejemplo de Cristo, debe estar a su servicio. Pertenecen a este pueblo los obispos, los sacerdotes, los laicos y los religiosos pues todos tienen un lugar específico por el bautismo recibido y están llamados a la santidad con la efusión de los dones que otorga el Espíritu Santo. En su misterio la iglesia se pone en relación con el mundo a través de la misión específica de los laicos quienes deben ser el fermento, los testigos en la sociedad. Todos somos miembros del cuerpo de Cristo pero cada cual tiene su carácter propio en la misión evangelizadora. Los pastores deben prestar al pueblo de Dios los auxilios espirituales y la formación necesaria para que todos den un testimonio de santidad con la meta puesta en la contemplación de Dios, uno y trino, con el ejemplo de la venerada siempre Virgen María quien ya goza de la presencia de Dios. La constitución dogmática de Ibervun sobre la revelación de Dios en Cristo orienta el magisterio de los papas a partir de los aspectos esenciales de la naturaleza y objeto de la revelación. Dios mismo es el principio o punto de partida de la revelación de la que Dios Padre es el sujeto revelador por iniciativa propia y al mismo tiempo el objeto de la revelación. Los hombres en su categoría espiritual y personal son los destinatarios de esa revelación manifestada con obras y palabras de Dios que forman una unidad orgánica de funciones en la que Cristo es presentado como el centro, la síntesis y la cumbre misma de la revelación. Se subraya así el carácter personal y subjetivo de la revelación de Dios en Cristo indicándonos que la persona no puede reducirse a mero objeto. Hace presente el misterio de la voluntad creadora y salvífica de Dios mostrando al creador y a la criatura en una relación amorosa que evita toda espiritualidad individualista. El acompañamiento espiritual se concreta con la praxis de este nuevo concepto de la revelación colaborando así con la economía salvífica y favoreciendo la racionalidad y la comprensión de los fieles lo que permite que estos accedan a la verdad contenida en el texto sagrado en un proceso vivencial de formación integral. Es una formación, decíamos, espiritual y humana a la vez. Por último, la constitución pastoral Gautier Metespes sobre la iglesia en el mundo actual reconoce que se han de tener en cuenta los cambios que se han operado en el mundo, avances científicos, culturales, sociales... Pues de no hacerlo así tendríamos el origen de muchos errores como ocurría en el pasado. Debe considerar la antropología del ser humano la necesidad de un diálogo fraternal que nos permita superar las grandes desigualdades que existen entre los hombres y además debe hacerlo en diálogo con la cultura, decía, con la economía, la sociedad política, siempre con miras a la construcción de la paz y al desarrollo del bien común. El acompañamiento espiritual favorece así el encuentro fraternal que quiere dar respuesta a todos los interrogantes que se hace el hombre de hoy y lo hace a la luz de Cristo muerto y resucitado. Con el auxilio del Espíritu Santo, pues, concita a Gaudi Metespes número 10, la luz de Cristo muerto y resucitado no ha sido dada bajo el cielo a la humanidad otro nombre en el que sea necesario salvarse. En suma, el acompañamiento espiritual fortalece la comunión entre las personas y estimula sus potencias con la participación de la inteligencia y la voluntad libres para que con la ayuda de la gracia pueda distinguir el bien del mal y se adhiera a las buenas obras que lo llevan a la salvación eterna. La formación se orienta entonces con la imitación de Cristo, quien vino a servir y no a ser servido, este es el ejemplo que hemos de seguir cada cual en su estado y vocación para hacer presente el reino de Dios fundado en el amor a Dios a fin de que este reino alcance a toda la humanidad y a todo orden cultural, social, político y económico. Sobre las enseñanzas del magisterio de los papas diremos que, tras el concilio, los papas han dado numerosas muestras de querer recuperar la praxis del acompañamiento espiritual como vía necesaria para la formación de los fieles. En primer lugar, exhortan a la formación de los sacerdotes y los consagrados, pues ellos han de ser el ejemplo para el resto de los fieles en el camino de santidad, camino de perfección necesario y muy eficaz para la evangelización del mundo. El acompañamiento espiritual fortalece las virtudes que son enseñadas y practicadas a la luz de la palabra de Dios, siempre interpretada por el magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad ejerce en el nombre de Jesucristo, cita a Teiberbun 10. El magisterio percibe la revelación en el marco del plan de la salvación de Dios que abarca a toda la creación, idea pues de continuidad y discontinuidad de ambos testamentos. El Nuevo Testamento refleja así el cumplimiento pleno de la voluntad de Dios expresada en el Antiguo. Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra, cita a Juan número 4. Jesús por tanto encarna la voluntad del Padre y en él se encarna la palabra constructiva de Dios que contenía el Antiguo Testamento. Cristo es el Hijo de Dios, verbo encarnado, que es enviado por Dios a todos los hombres, idea de abajamiento de Dios. La Iglesia en su conjunto ha recibido el encargo de extender la buena nueva a todas las naciones, con lo que se manifiesta el sentido universal de la acción salvífica de Cristo, quien ha sido glorificado por el Padre y ha consumado la revelación con su muerte y su resurrección con el envío del Espíritu Santo. Es por tanto una acción trinitaria de Dios. La recepción de la revelación tiene ahora una categoría personal y espiritual. Es imagen de Dios uno y trino, que ayuda al hombre a conocerse mejor a sí mismo y a entender que la misión de Cristo, sacerdote, profeta, maestro, rey, continúa hoy en la Iglesia. Todo el pueblo de Dios participa de esta triple misión y esto requiere de una orientación precisa que puede desarrollarse en el ámbito del acompañamiento espiritual como vía para discernir la acción salvífica de cada hombre concreto y de toda la humanidad. Cristo es el ungido de Dios, es la palabra de Dios que ilumina a todos los seres humanos sin distinción, a los que llama a la unidad con el Padre en el Espíritu Santo. El Nuevo Testamento se muestra como el culmen de la revelación de Dios en Cristo y no hay que esperar ya ninguna revelación pública, con lo que la fe se alimenta ahora de la palabra de Dios transmitida por la Iglesia para que el hombre debe responder con un asentimiento para esperar la acción salvífica. Este es el camino de perfección que recorrer en el acompañamiento espiritual, pues está plenamente abierto a la obra del Espíritu Santo por el cual Jesús vive en la Iglesia y por el cual la Iglesia habla con su voz. En este camino el Espíritu Santo nos lleva a la perfección en la unidad con el Padre y el Hijo por medio de los sacramentos, bautismo, eucaristía, penitencia. Así los consejos de los guías espirituales nos ayudan a comprender mejor la verdad revelada en Cristo Jesús y a mantenerlos en diálogo con Dios para no perdernos por caminos erróneos. En definitiva, el Magisterio se ocupa constantemente por la formación especialmente de los sacerdotes, quienes en sus funciones como pastores y guías de las comunidades parroquiales deben hacer presente a Cristo, especialmente en la Eucaristía, fuente y culmen de la vida eclesial. Pero sin olvidar que el acompañamiento espiritual es una prioridad pastoral que hay que poner en práctica para la formación de los fieles, siguiendo el ejemplo de los sacerdotes santos que nos han precedido. Solo añadir que el Magisterio reciente admite que puedan colaborar también, así lo escribe en Evangelic Audio número 171, hombres y mujeres que desde su propia experiencia de acompañamiento conozcan los procesos donde campea la prudencia, la capacidad de comprensión, el arte de esperar, la docilidad al espíritu para cuidar entre todos a las ovejas que se nos confían, de manera que la palabra revelada fecunde radicalmente la catequesis y todos los esfuerzos por transmitir la fe. Sobre los fundamentos del acompañamiento espiritual diremos que, a iniciativa del Papa Benedicto XVI, la Congregación para el Clero publicó en 2011 el documento titulado El Sacerdote, Confesor y Director Espiritual, Ministro de la Misericordia Divina, que se conforma como una síntesis de las enseñanzas del Magisterio posterior al Concilio Vaticano II. El texto se presenta como una guía para la dirección espiritual de los fieles y resalta la importancia de la conversión y la urgencia de que los penitentes, pero también los ministros, redescubran el sacramento de la reconciliación, pues está fuertemente vinculado con la dirección espiritual. El documento recuerda a los sacerdotes que su misión ministerial es la de siervo y a la vez administrador prudente de la divina misericordia en la confesión, lugar donde se manifiesta la acción salvífica de Dios cuya gracia supera todas las estrategias humanas, incluidas las pastorales, cuando éstas nos apartan de la tarea esencial, esto es la guía espiritual de los fieles. La naturaleza de esta guía espiritual de los fieles está animada por la llamada a la santidad en configuración con Cristo y, en consecuencia, tiene como objetivo la formación recta de la conciencia de los creyentes con una clara orientación a la praxis de la oración y a la participación en los sacramentos con la guía y la escucha del Espíritu Santo. Esta tarea exige que el sacerdote cuide su propia vida espiritual, la alimente y la actualice de forma permanente, pues su ejemplo es testimonio determinante para los fieles. Es más, desde su propia experiencia, el sacerdote está llamado a ser confesor y guía espiritual de los fieles que le encomienda la iglesia para que todos lleguen al encuentro con Cristo, buen pastor al que representa. La dirección o acompañamiento espiritual es, por tanto, un camino de santidad válido para todos, pero requiere un esfuerzo de preparación del sacerdote, teológica, moral, pedagógica, para que su orientación llegue a ser eficaz. Se requiere, además, que el sacerdote o el rector o el director espiritual tenga también una experiencia previa como dirigido y una profunda espiritualidad alimentada constantemente por la oración en unión con Cristo, Maestro y Redentor. De lo contrario, no podrá ayudar a los fieles en el discernimiento vocacional a la luz del Espíritu Santo, verdadero consejero y director espiritual de todos los fieles. El fundamento esencial, entonces, del acompañamiento espiritual es ser iglesia, comunión, cuerpo místico de Cristo y familia de hermanos que mutuamente se ayudan según los carismas que cada uno ha recibido. La base teológica está en el bautismo y en la confirmación, por cuyos sacramentos recibimos los dones del Espíritu Santo. Su objetivo primordial y específico consiste en ayudar a los fieles a discernir los signos, las luces, las mociones del Espíritu que expresan la voluntad de Dios para sus vidas. En la dirección espiritual, los fieles son guiados al mandamiento del amor a Dios y al prójimo con la práctica de las bienaventuranzas sin las cuales perdería el sentido. Entendido así, el proceso del acompañamiento espiritual se conforma como un camino, decíamos, de imitación de Cristo que sigue la senda de la oración personal, comunitaria y litúrgica y que debe ser enseñado con la actitud filial de Jesús, que nos enseña a rezar el Padre nuestro con humildad, confianza y amor. Es Jesús el que nos llama a vivir un camino de perfección, vida propia de los hijos de Dios, como vocación cristiana y santa que da sentido pleno a la vida. De la unión con Cristo surgirá la donación generosa a los hermanos y a la sociedad según las diversas vocaciones que el Espíritu Santo va suscitando. El conocimiento de la palabra de Dios y las enseñanzas del magisterio ayudan a la formación espiritual de todos los fieles, pero antes deben iniciarse en la práctica de la oración para que se fortalezca la adhesión a la voluntad de Dios. También es válida la práctica de alguna actividad de apostolado que fortalezca el carácter de la persona con su memoria, su inteligencia, afectividad, voluntad. Tras acercarse a la luz de Cristo, el acompañado logrará el conocimiento de sí mismo y el dominio de las pasiones dominantes que antes no percibía. Con el tiempo se acrecienta el recogimiento de la mente y la vivencia interior de la fe, lo que dará como fruto la humildad y la mortificación de los vicios, con lo que terminarán aflorando las virtudes en mayor grado. Finalmente le seguirá un momento de mayor perfección que hará que la oración sea más contemplativa y que el fiel se muestre mucho más dócil a las inspiraciones del Espíritu Santo, lo que terminará reflejándose en gestos de caridad fraterna. El itinerario más común del proceso del acompañamiento espiritual es éste. Mediante conversaciones personales se desinicia en la observancia de una vida de oración y lectura de la palabra de Dios con la participación asidua en los sacramentos de la reconciliación y la comunión sacramental, con la que quedarán unidos a Cristo buen pastor y maestro. Seguidamente se les propone el examen de conciencia y el acceso a las enseñanzas de la iglesia y a otras lecturas espirituales. Llegará el momento de iluminar los momentos de aridez o de adversidad que se les presenten, orientándolos en la perseverancia y corrigiendo las situaciones engañosas que les puedan arrastrar al desánimo, a la desconfianza, a la mediocridad, a la negligencia, a la tibieza, a la falsa humildad o al ansia excesiva de hacerse apreciar. La tarea de acompañar, por tanto, requiere un gran espíritu de acogida, de escucha, un gran sentido de responsabilidad por parte del acompañante. Esto exige un tono de paternidad y fraternidad a la vez, de respetuosa amistad, con servicio humilde de consejero, nunca autoritario, ni personalista, ni paternalista. Sosegado, centrado en lo esencial, discreto, prudente, sano en el humor. Cualidades, todas ellas, que se irán haciendo patentes en el rector o rectora con la práctica de las virtudes. Al acompañado se le pide apertura sincera, autenticidad y coherencia de vida, que irá perfeccionando con la práctica de la observancia y con la aclaración de las dudas que requiera en cada encuentro, pero asumiendo siempre con libertad, con responsabilidad, la toma de sus decisiones. Es importante recordar en todo momento que los laicos son el fermento cristiano para la sociedad con la que se relacionan en su vida diaria, en la cual testimonian e infunden los valores espirituales que va suscitando el Espíritu Santo, valores que han de ir siempre unidos al progreso social y material en toda época y lugar, lo que redundará sin lugar a dudas en beneficio del bien común. En conclusión, el acompañamiento espiritual, siendo obra de la trinidad que actúa en cada persona, sigue un estilo que imita la relación de Dios con el hombre, personalizado de tú a tú. Es una acción de Dios Padre revelado en Jesucristo, que por el Espíritu Santo acompaña y educa a cada persona y lo acerca al amor de Dios con absoluto respeto, en plena libertad y con total confianza filial. La tarea del acompañante será apreciar y corregir las tendencias desordenadas que surjan por la influencia del espíritu y del mal, a fin de que los acompañados puedan adherirse con firmeza a la voluntad de Dios en su camino de santificación personal. El acompañamiento espiritual es, en definitiva, un instrumento de la Iglesia para ayudar a la misión santificadora de Dios uno y trino, que quiere que todos los cristianos participemos en la acción salvífica de Dios en la relación con la historia de la humanidad. Es un servicio, una entrega de sí mismo al otro, que busca favorecer el crecimiento personal y la interioridad del acompañado, a fin de fortalecer su capacidad en la toma de decisiones, siempre, siempre, a la luz de las enseñanzas de Jesús de Nazaret, quien se hace presente en cada ser humano, en cada hijo de Dios. Su práctica, la del acompañamiento, está en plena consonancia con el camino sinodal expresado por el Papa Francisco recientemente, comunión, misión, participación, que quiere que todos los nos involucremos en la misión evangelizadora de la Iglesia, pues todos estamos llamados a ser cómplices con el Espíritu Santo, que es el verdadero protagonista y maestro de esta misión evangelizadora. En los encuentros, el consejo del acompañante favorece la acción divina en el acompañado por el testimonio de una vida coherente que acoge con misericordia al necesitado y lo ejercita en la humildad y la acumulación personal. Pone a su servicio los dones recibidos, su experiencia, su formación humana, su formación teológica, para guiarlo en el camino hacia la santidad que Jesús nos pudo. En cada encuentro, el acompañado es fortalecido con el conocimiento de sí mismo, de su estado de ánimo y de su disposición, ya sea el recogimiento de la mente, la quietud de la voluntad, el espíritu de unión al canon evangélico que va reconociendo. El recogimiento es una elevación del pensamiento que en todo momento quiere hacer con amor la voluntad de Dios. La quietud interior es un estado interior de serenidad, estado de sosiego, que educa al acompañado al dominio de su voluntad siempre a la luz de la acción de la gracia, cuya fuerza nos aporta no sólo el entendimiento y la aceptación de la voluntad de Dios, sino también la fuerza para cumplirla con toda diligencia y coherencia. Con la unión al canon, con la unión al evangelio, se consolida la aceptación del espíritu que emana de él y su aplicación, procurando aclarar las dudas que surgen en la comprensión de la palabra de Dios, e incluso resolviendo los conflictos de las pasiones que se oponen a estas enseñanzas evangélicas. También se revisa la acción purificativa que experimenta el acompañado, corrigiendo en su caso las faltas que reconozca, el defecto dominante, el apego al mundo, la negación del yoda en los juicios, los deseos, el instinto de felicidad que nos rodea. Igualmente se orientan las indicaciones evangélicas que debe cultivar, pobreza, castidad según estado, y obediencia al espíritu, a través de las indicaciones que va recibiendo del rector. Como broche final del esfuerzo necesario de lo que denominamos lucha estética, cabe decir que el acompañante comprobará si desde el anterior encuentro se van cumpliendo esa praxis de observancia diaria, sin la cual no tendría sentido el acompañamiento espiritual. Son la oración contemplativa, la vida de sacramentos, un camino de mortificación, una exigencia hacia el voto apostólico o vínculo de caridad fraterna, el voto de cátedra, que consiste en seguir las lecturas de las enseñanzas del magisterio. Con todo, el acompañante irá apreciando cómo actúa la acción del Espíritu Santo en el acompañado, resaltando así los dones que vaya recibiendo y los frutos que va expresando en la idea de afianzarlo en la práctica de las virtudes. Con relación a la mística, la respuesta de la gracia hacia nosotros, sólo aclararemos que ésta surge siempre a iniciativa de Dios, sin que el hombre pueda evitarlo. El modo natural de recibirla es la inspiración, y ésta llega en la contemplación, esos momentos en que las potencias del alma, memoria, entendimiento y voluntad están anonadados, ese momento en que el alma está más receptiva y abierta a la acción de la gracia y a las emociones que el Espíritu Santo nos sugiere. Ahora bien, para una correcta orientación inicial, basta decir que la mística requiere una formación específica adecuada y, a ser posible, una experiencia vivencial de haber sido dirigido previamente. El acompañante no debe adelantar los puntos de la mística si ésta no es percibida por el acompañado. Es más, debe apercibir al acompañado para que no pretenda provocarlo, pues puede ser confundido por el espíritu maligno si intentara imaginar o iniciar una relación directa con Dios. En conclusión, el acompañamiento espiritual está en relación plena con el misterio de la revelación de Dios en Cristo expresado en los contenidos de la Constitución dogmática de Iberbun, en cuyos principios se inspira el proceso espiritual que la Iglesia ofrece para la formación de los fieles como camino hacia la santidad. Es, por tanto, un proceso dinámico de configuración con Cristo que tiene presente la centralidad de la Trinidad en una relación amorosa con Dios que nos identifica con el Hijo y que es desarrollada por el Espíritu Santo. Todo el pueblo de Dios, fieles y pastores, participan de los beneficios del acompañamiento espiritual y en él, a un tiempo, son edificados y llamados a participar en la evangelización universal de la humanidad. Terminaré diciendo con total franqueza que el acompañamiento espiritual ha sido el instrumento del que Señor se ha valido para motivarle a realizar los estudios superiores de etología. Con todo lo aprendido y profundizado, pues creo haber cumplido el objetivo de esta serie de programas que hemos desarrollado a lo largo de estos últimos meses, redactando y presentando los textos en los que la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, anima a todos los fieles a vivir el proceso de acompañamiento espiritual como un camino de perfección cristiana que nos lleva a la santidad. Pues que la Virgen Madre de Dios y Madre Nuestra, bajo la vocación de la Candelaria, nos ilumine y guíe a todos los que decidan seguir este proceso de acompañamiento espiritual como camino hacia la santidad. Bien, pues nos queda reflexionar sobre el derecho a la intimidad y a la libertad de la acompañanza. Con relación al primero, el derecho a la intimidad, diremos que, según el diccionario de la lengua española, entendemos por intimidad la zona espiritual íntima reservada de una persona o de un grupo, especialmente de una familia. En el ámbito del acompañamiento espiritual, esta intimidad tiene un acento personal y requiere el mismo respeto que tiene la propia dignidad de la persona. Esta la hemos recibido con el don de la vida y de una forma más concreta en el sacramento del bautismo, por el que todo bautizado es incorporado a la comunidad de los hijos de Dios, pasando así a formar parte del cuerpo de Cristo, esto es, de la Iglesia. Por ello, es humano de la propia dignidad de la persona y así está reconocido y protegido en la Iglesia Católica por el Código de Derecho Canónico. El derecho a la intimidad abarca a los ámbitos de la intimidad psicológica y de la conciencia, razón por lo que debe ser respetada, ambos son elementos inherentes a toda persona. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquella. Es la conciencia la que de modo admirable da a conocer esa ley, cuyo cumplimiento consiste en el amor de Dios y del prójimo. Es una cita a Gaudí en el Tespés número 16. En este sentido, cada cual es libre de ejercer su derecho a expresar o no sus pensamientos o motivaciones. De igual modo, cada cual es libre de pedir o no consejo espiritual para su realización como persona. En consecuencia, cualquier intento de acompañar espiritualmente queda limitado al ofrecimiento, animando y alentando a los fieles para hacerles ver que la realidad del pecado les mantiene apartados de la gracia, como bien nos enseñan las Escrituras a partir del pecado original. Es por esto que el acompañamiento espiritual se orienta desde el principio a que el acompañado persevere en la oración y en la práctica de los sacramentos, particularmente el de la penitencia y la eucaristía, pues son las fuentes inagotables de la gracia. Bien sabemos que sólo con la ayuda de la gracia el hombre es capaz de ponerse en camino para salir de su propia cerrazón, de su propia ceguera, para que pueda caminar en la senda de las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad. Recordemos que no es lo mismo dar o recibir un consejo espiritual que aceptar el ser acompañado, pues el acompañamiento presupone que el acompañado se dispone a recibir las orientaciones del Espíritu Santo a través del rector o de la rectora, cuyas orientaciones irá formando la conciencia de una fe adulta y un mayor compromiso cristiano de vida a la luz siempre de las orientaciones que vaya recibiendo. En definitiva, el acompañante ha de respetar el derecho del acompañado a manifestar o no sus preocupaciones intimas, especialmente las que competen a los deberes morales, vocacionales, sociales y profesionales, sin que el rector pueda exigir que el acompañado las manifieste. Todo ello sin olvidar que las declaraciones del acompañado gozan de una protección especial en similitud con el sacramento de la penitencia y que están sometidas al sigilo o secreto de confesión, por lo que son inviolables. Cita al número número 9831 del Código de Derecho Canónico. Esta observancia no tiene dispensa alguna. Es más, el penitente o declarante no puede dispensar al sacerdote o al rector del cumplimiento de esta norma. Por tanto, el acompañante espiritual ha de tener en cuenta que no se puede interrogar o escrutar al acompañado para conocer todo lo que concierne a su intimidad, sus dudas, problemas, sino que debe respetar su dignidad como persona a la que deberá escuchar y contemplar desde la realidad individual que percibe, sin tratar de imponerle criterios o expectativas propias, ya sean espirituales o vocacionales. Que no puede imponer plazos ni pretender un objetivo inmediato, por lo que debe dar al acompañado el tiempo necesario para que éste se abra o se cierre, pero siempre respetando su particular intimidad. El acompañado necesita ayuda para captar su propio misterio a la luz de la gracia, con cuyo poder podrá ejercer libremente la toma de decisiones desde su propia conciencia. En este sentido, el acompañante deberá procurar enriquecer los cauces de esa sensibilidad espiritual para que el acompañado sea capaz de reconocer a Dios en su propia vida, animándole a percibir su presencia en la oración por la escucha interior en la que va recibiendo las emociones e inspiraciones de aquello que resulta más agradable a Dios. Que el acompañado necesita aprender a discernir y a percibir la voluntad de Dios para su propia vida, pues ésta es la única manera que le permitirá crecer como persona adulta en la fe, en la esperanza y en el amor. Que toda opresión de la libertad del acompañado se convierte en una forma de abuso sobre la conciencia y la sensibilidad personal que nada tienen que ver con el acompañamiento espiritual que desea la Iglesia. Lo correcto será alentarlo, darle consuelo para seguir con la práctica de las virtudes y el camino de perfección que el Señor nos pide. Sobre el derecho a la libertad, diremos que este derecho a la libertad del acompañado está unido al derecho de la propia intimidad, en la que resuena la voz de Dios a solas con él. Por esta razón, la revelación que hace el acompañado de la conciencia, como hemos visto, debe ser libre en todo momento, pues se trata de su realidad interna, de su propia intimidad, la cual no puede ser controlada por el acompañante. El derecho a la libertad del acompañado es un bien propio que sólo pertenece al interesado, cuya violación puede provocar un daño moral, psíquico e incluso jurídico, pues siempre está unido al respeto de la conciencia personal. En consecuencia, este derecho a la libertad incluye, necesariamente, 1. el derecho a seguir o no seguir la dirección espiritual que recibe, 2. el derecho a revelar o no revelar, sea partial o totalmente, las dudas o inquietudes que percibe, 3. el derecho a elegir la persona e institución a la que acudir para recibir el acompañamiento espiritual, 4. el derecho a seguir o no seguir los consejos que recibe, 5. el derecho a ser respetado en la toma de sus decisiones. Pues aquí lo vamos a dejar. Concluiremos el programa de hoy diciendo que para el viernes 7 de marzo, Dios mediante, iniciaremos una nueva serie de programas, ya metidos en la cuaresma, en los que vamos a analizar los documentos del magisterio sobre la fiesta de Cristo Rey, teniendo muy presente que en el año 2025 se están cumpliendo los 100 años de la institución de esta fiesta por el Papa Pío XI con la encíclica Cuas Primas de 11 de diciembre de 2025. Seguidamente iremos reflexionando sobre distintas devociones muy ligadas a la fiesta de Cristo Rey, pues como es, por ejemplo, el sagrado corazón de Jesús y, finalmente, después de ver toda esa serie de documentos intermedios, terminaremos con la encíclica Dilexit Nos, también recientemente promulgada por el Papa Francisco sobre el sagrado corazón de Jesús. Lo dejamos aquí. Gracias por vuestra atención y hasta el próximo programa de acompañamiento espiritual. Un abrazo a todos. Que el Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén. Ave María Purísima, sin pecado concebida, María Santísima.
La necesidad del sigilo. #14
Fecha: viernes, 14 de febrero de 2025, a las 21:00:00
Duración: 57:03
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Transcripción de Episodio 14. Consejos prácticos para el hombre de hoy.
Buenas noches a los que me escucháis, os habla Javier Tebrián, vocal de formación espiritual del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed todos bienvenidos al programa de acompañamiento espiritual de Radio Labandé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios, de las Sagradas Escrituras, de la tradición de la Iglesia, del pensamiento teológico o de las enseñanzas de los santos padres, o incluso de las experiencias de la vida espiritual que han tenido los santos reconocidos por la Iglesia. Bien sabemos que todo esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior. El Espíritu Santo es el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues solo Cristo es la cabeza de la Iglesia de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. Buscamos entonces la unión con el Espíritu Santo, no solamente para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa que celebramos el 4 de octubre del año anterior, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo, en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo, a fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. En nuestra oración tenemos hoy presentes las necesidades de la Iglesia, al Papa con su enfermedad, las de todos los pueblos de la Tierra y las de aquellos que se nos han encomendado, particularmente nuestros familiares, amigos y bienhechores. Invocamos al Espíritu Santo. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía a tu Espíritu y serán creados y renovarás la paz de la Tierra. Oh Dios, que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve María, llena eres de gracia el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos ya en materia. Recordando que buscamos analizar los fundamentos teológicos que están relacionados con el acompañamiento espiritual, cuyas líneas están en permanente desarrollo por el magisterio de la Iglesia a partir del concilio Vaticano II. En el programa anterior analizábamos el discernimiento espiritual y la diversidad de praxis que tiene la Iglesia sobre el acompañamiento espiritual y seguidamente reflexionábamos sobre la necesidad del voto de cátedra. Esto es de la formación permanente a la luz de las enseñanzas del magisterio de la Iglesia. En el programa de hoy vamos a analizar varios consejos prácticos para el hombre de hoy sobre el propio acompañamiento y seguidamente reflexionaremos sobre la necesidad del sigilo o secreto debido en el acompañamiento como parte del esfuerzo necesario que ha de practicar el hombre en su lucha ascética para avanzar hacia la unión con Dios, porque queremos ser fieles a las enseñanzas que nos dio Jesús a fin de que la gracia vaya configurándonos con Cristo. Esta es la acción mística que obra Dios por la gracia, de forma que podamos llegar a ser buenos discípulos en el camino de perfección al que Jesús nos llama por el don de la fe. Insistimos una vez más en que nos interesa destacar los fundamentos del acompañamiento espiritual para ponerlos en valor de manera que nos sirvan de guía y de luz en el sendero de nuestra formación espiritual. Pues bien, con este programa vamos sintetizando la realidad de lo que es el acompañamiento espiritual y vamos a analizar una serie de propuestas de consejos prácticos para la realidad nuestra de hoy. Comenzamos con una cita al texto de San Pablo en su carta a los hebreos. Número 12 dice Buscad la paz con todos y la santificación, sin la cual nadie verá al Señor. Procurad que nadie se quede sin la gracia de Dios y que ninguna raíz amarga rebrote y haga daño contaminando a muchos. Pues bien, a modo de síntesis, en este programa voy a presentar algunas propuestas sobre la práctica del acompañamiento espiritual buscando con ello concretar los elementos esenciales que lo conforman a la luz de las líneas generales que nos ofrecen algunos autores actuales. Seguidamente, a la luz de las sagradas escrituras, ofreceré algunos criterios prácticos que ayuden a entender los aspectos esenciales que deben observarse antes de emprender este camino de perfección cristiana, poniendo el énfasis en la actitud que debe observar todo acompañado que quiera iniciarse en la experiencia del acompañamiento espiritual. El ejercicio del acompañamiento tiene muchas variantes en la forma de realizarse, pues siempre debe adaptarse a la necesidad del acompañado vocacional de los distintos carismas, matrimonios y familias, enfermos, vivencial del duelo... Sin pretender ser exhaustivo en ello por lo extenso del tema, sí que parece oportuno tratar de desarrollar los elementos esenciales y comunes a todos ellos especialmente en lo que concierne a la santidad de vida. En los albores del pontificado del Papa Francisco, José García Prades ya apreciaba un cambio en la teología de la misión evangelizadora de la Iglesia planteando que no hay mayor dignidad para un ser humano que ser llamado a la complicidad del espíritu. Esto supone un cambio de paradigma que reconfigura nuestra comprensión del mundo y de la misma Iglesia, pues todos somos llamados a la única misión evangelizadora para ser cómplices del verdadero protagonista. De ahí que García Prades considera que no es la Iglesia la que hace la misión, sino la misión la que hace y configura a la Iglesia. Siguiendo a Norman Goodall, García Paredes en su obra Cómplices del Espíritu, el nuevo paradigma de la misión, publicado en 2014 en Madrid, indica que el movimiento misionero de la Iglesia tiene su fuente en el mismo Dios uno y trino. Es un atributo de Dios, un movimiento de Dios hacia el mundo, en el que la Iglesia es sólo un instrumento de la misión redentora de Dios. Entiende que el reino de Dios supera los límites de la Iglesia, pues se trata de una participación de todos los cristianos en la acción salvífica de Dios en la historia. Como lo reconoce también el decreto Argentes, que distingue entre la naturaleza misionera de la Iglesia y su actividad misionera. Dice así. La Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre. Cita al número dos. Y en esto concluye que misioneras y misioneros de Dios son aquellas personas que dejándose llevar por el Espíritu, colaboran y se vuelven cómplices de su misión. En consecuencia, a la luz del concilio Vaticano II. El Espíritu lleva adelante y hacia su culminación la obra creadora del Abba, la encarnación y la pascua de Jesús. El Espíritu es el aliento del padre y del hijo que todo lo recrea y nos ofrece un cielo nuevo, una tierra nueva, una nueva ciudad. Qué elementos podemos considerar esenciales en todo acompañamiento espiritual? Pues bien, partimos de un elemento común a toda forma de acompañamiento, pues todas suponen un encuentro de personas que juntas emprenden un camino, de modo que una de esas personas guía a la otra o a las otras. Así lo reconoce Monseñor Manuel Sánchez Monge, obispo emérico de Santander, en su obra Aprender el arte de acompañar, guía para acompañantes y acompañados, publicado en 2020 en Salamanca. Quien afirma acompañar es entregarse, no basta con aplicar una serie de protocolos o herramientas, se trata de que el acompañante no sólo le entregue al acompañado sus conocimientos, sus experiencias, su tiempo o unas técnicas aprendidas, sino que se entregue a sí mismo. Y esto debe hacerse sin invadir la intimidad del otro, en un clima de confianza y seguridad mutua, con la finalidad de proporcionar apoyo al acompañado y favorecer así su crecimiento personal y su capacidad de tomar decisiones. Para Monseñor Sánchez Monge es primordial que la cultura del encuentro la aprendamos a la luz de las enseñanzas de Jesús de Nafadet, pues la vida pública de Jesús es una historia de encuentros en la que cada ser humano se muestra como alguien único, irrepetible, irrepetible, profundamente amado como hijo de Dios. Se trata de iniciarlos en el camino del seguimiento de Cristo una vez que hayan acogido con interés el querigma, esto es el primer anuncio, pero sin caer en la mediocridad o en la rutina. Por tanto, es muy importante reconocer que toda pastoral de acompañamiento debe buscar el crecimiento espiritual, la interioridad de la persona. Por esta razón, ambos acompañante y acompañado deben dedicar tiempo a Dios, de ahí que no podamos quedarnos en la simple actividad exterior, sino que tendremos que dar una importancia cierta a la oración personal. Como nos indicaba constantemente el Papa Benedicto XVI en la Misa Crismal del 13 de abril de 2006, decía necesitamos menos discusión y más oración. Esta vía de la oración es la que recomienda Monseñor Sánchez Monge para ofrecer al acompañado el discernimiento necesario, sin la cual se perdería la secuencia del proceso que el Papa Francisco ha orientado y formulado en tres etapas. Acompañar, discernir, integrar, cuya ordenación sigue la lógica del don de la cruz, como ya indicaba el mismo Papa Francisco en la exhortación apostólica Gaudete et exsultate. Para Monseñor Sánchez Monge, el acompañante debe reunir una serie de capacidades, cualidades y aptitudes que han de partir de una coherencia de vida entre lo que piensa, dice, siente y cree. Todo acompañante debe estar abierto a la acción divina, desconfiando de sus propias fuerzas. Esto es, abierto a descubrir la acción de Dios en el acompañado, tratándolo siempre con misericordia, no con paternalismo. Debe cultivar la humildad, ser paciente, ejercitarse en la abnegación, escuchar no sólo con el oído, sino con el corazón, confiando en que le asiste el Espíritu Santo. Y por último, debe tener amplitud global de miras respecto a su acompañado, evitando la obsesión por sus faltas. Para otro autor actual, Jesús Sastre, según refiere en su artículo Acompañamiento espiritual, el acompañante ha de tener una previa experiencia propia como acompañado en el seguimiento de Jesús para saber ejercer la misión de ayudar a otros en el mismo itinerario de fe que él ha recorrido y sigue recorriendo. Sólo desde esta experiencia podrá servir a la comunidad eclesial, siguiendo el ejemplo del evangelista Juan, para dar así fe de lo que ha visto y oído. Esta experiencia se adquiere con la oración, atento a la escucha de Dios, disponible a la voluntad del Padre, sin la cual será difícil que pueda guiar a los otros en el camino de la perfección. El acompañante deberá, por tanto, unir, además de la competencia de una preparación teológica y espiritual necesaria y específica, sin olvidar que es la propia vida, la suya propia, el elemento que más puede ayudar a otros. Para José Emilio Cabra, según expone en su artículo Acompañar a la humanidad en todos sus procesos, es de suma importancia la acción del Espíritu Santo. Lo explica así. Se insiste mucho, y quizás no siempre seamos consecuentes con este principio, en que el auténtico director es el Espíritu Santo. A partir de este enfoque, este autor percibe el acompañamiento como un diálogo a tres bandas, en el que ambos, acompañante y acompañado, son discípulos del único maestro interior. Se trata no de que se escuchen el uno al otro, sino de que cada uno escuche al Espíritu a través del otro, con lo que será mucho más fácil evitar el dogmatismo en el director y la excesiva dependencia en el dirigido. Sobre el acompañado espiritual, monseñor Sánchez Monge sostiene que al acompañado se le pide humildad para dejarse acompañar y para reconocerse necesitado de compañía en la guía espiritual. Sólo así será posible que abra su intimidad con transparencia y sinceridad. No obstante, el acompañado ha de evitar la dependencia del acompañante, cuestión que puede presentarse por su propia inmadurez debida a un idealismo exacerbado de la persona acompañante o bien a una exigencia excesiva o benevolente sobre sí mismo. Sí será importante que el acompañado esté abierto a la adquisición de nuevos hábitos constructivos. Para Jesús Sastre, terminando con sobre el acompañado, es muy importante que éste refuerce su confianza en el acompañante, en su autoridad moral, en su experiencia, en su formación teológica y en su coherencia de vida. Pero sin olvidar que es él quien tiene que responder y tomar las decisiones oportunas. Por ello, el acompañado debe evitar pasar al acompañante la responsabilidad que a él le corresponde o hacer de éste un simple confidente para recabar apoyo afectivo. Y en esto concluye, de la adecuada manera de situarse acompañante y acompañado dependerá el éxito de la relación de ayuda. Pasamos a unos consejos prácticos a la hora de iniciar el acompañamiento espiritual. Primero de todo, conviene sentar unas bases esenciales para no perder el tiempo, pues es fundamental que el acompañado acepte que la iniciativa pertenece sólo a Dios, uno y trino, quien ha puesto en nuestro corazón la semilla de la fe. Esta afirmación tiene su base en las escrituras. Jeremías 31. Esta será la alianza que haré con ellos después de aquellos días. Oráculo del Señor. Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrán que enseñarse unos a otros diciendo conocer al Señor, pues todos me conocerán desde el más pequeño al mayor. Oráculo del Señor. Cuando perdone su culpa y no recuerde ya sus pecados. Para todo cristiano, tras recibir la buena noticia, el queritma, el primer paso es la acogida de la fe y su adhesión a ella con toda humildad, sin la cual no puede ser iluminada la razón. Así nos lo indicaba San Juan Pablo II en el prólogo de la carta encíclica Fides Ratio. La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo. Para José Emilio Cabra, el acompañamiento espiritual colaborará con el trabajo del Espíritu Santo, que no es otro que modelar en nosotros los rasgos del Hijo, hacernos parecidos a Jesús, esto es, nuestra configuración con Cristo. En esto consiste la santidad, como nos lo recordaba el Papa Francisco en la exhortación apostólica Gaudete ete Sultate. La santidad, decía, se mide por la estatura que Cristo alcanza en nosotros, por el grado como con la fuerza del Espíritu Santo modelamos toda nuestra vida según la suya, cita el número 21. De esta forma, cada creyente se asociará a la persona de Jesús de una manera personal, pues cada relación con él es única. En definitiva, siguiendo el magisterio de la Iglesia, hemos de aceptar a priori que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una persona que da un nuevo horizonte a la vida y con ello una orientación decisiva. Es una cita de Benedicto XVI en la carta encíclica de Euskaritases de 2005, el número Y en segundo término, hemos de tener en cuenta que si falta el deseo verdadero de santidad, se pierde el objetivo principal de la dirección espiritual. Como ya nos recordaba la congregación para el clero en el documento, el sacerdote, confesor y director espiritual, ministro de la misericordia divina número Por tanto, tenemos que hablar del esfuerzo necesario, la estética, lo que el hombre hace para acercarse a la unión con Dios. El crecimiento en la santidad es un don espiritual de Dios Padre con la mediación de Cristo, a cuyas fuentes es guiado todo acompañado. Si bien se requiere la colaboración personal, esto es, el esfuerzo necesario, estética, para cabra en los primeros encuentros se ha de fortalecer de modo gradual la praxis de la oración personal y la participación en las celebraciones de la iglesia, pues son las vías de la gracia que nos van conformando con Cristo. Como bien nos enseña el catecismo. Números 25 58 en adelante, que son los puntos que desarrollan y explicitan todo lo relativo a la oración. La oración personal es vocal, es meditación y es contemplación de los misterios de la vida de Jesús. La oración vocal asocia la participación del cuerpo con el espíritu en íntima oración que nace del corazón a ejemplo de Cristo, que nos enseñó a rezar y a orar a Dios Padre. La iglesia nos enseña a orar al Padre en unión de la Virgen María, nuestra intercesora. Esta oración vocal, por tanto, nace en el corazón y se expresa con la boca, educando así la armonía de la mente con el dominio de la voluntad para su unión al espíritu evangélico. Según nos enseñó Jesús. Cita al catecismo de la iglesia número 27 En esto bien sabemos ya que la oración vocal, las potencias del alma, memoria, entendimiento y voluntad participan de una forma activa. La oración de meditación no sólo busca el conocimiento de la palabra de Dios, también busca recibir las enseñanzas de Jesús con la participación del pensamiento, emociones, sentimientos o el deseo. Y tiene como fin la aplicación de las virtudes que enseña el espíritu evangélico en las realidades de la vida cotidiana. Una cita del catecismo número 27 23. En esto bien sabemos ya también que la meditación, las potencias del alma, memoria, entendimiento y voluntad participan de una forma receptiva. La oración de contemplación finalmente es una mirada de fe fijada en Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre que permanece junto a nosotros y nos alimenta con su cuerpo y con su sangre. Tiene como finalidad el fortalecer la confianza en la certeza de que él nos hace participar de su misterio de amor. Cita al catecismo número 27 24. Y en esto bien sabemos ya también que la contemplación conlleva que las potencias del alma, memoria, entendimiento y voluntad estén recogidas en la presencia de Dios. Recordaremos también que los sacramentos de iniciación cristiana, bautismo, confirmación y eucaristía ponen los fundamentos que nos permiten gozar de los frutos de la redención de Cristo por la participación en su naturaleza divina. Por el bautismo renacemos para un nuevo crecimiento espiritual en el que Cristo es alimento para el sustento de la vida del hombre. Cita el catecismo número 12 12. El acercamiento con frecuencia a los sacramentos de la reconciliación y al de la comunión diaria. Nos dan fuerza para profesar la fe. Más tarde podremos ser testigos de la bondad divina, pues cuando el pecador se reconoce como tal ante Dios es posible una nueva recreación, la cual es realizada por obra del Espíritu Santo, por la misericordia y el perdón de Dios. O Dios, crea en un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme. Cita al salmo número 50. En estos tiempos iniciales del acompañamiento es importante que el acompañante fortalezca al acompañado en el conocimiento de sí mismo, de su recogimiento, de su quietud interior, de la unión con el espíritu evangélico que va conociendo. Irá apareciendo una nueva percepción de sí mismo que está claramente en contraste con la anterior visión que tuviera el acompañado. Este es el momento de presentarle la figura de Jesús, quien iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres. Cita a Lucas número 2. Sólo así podrá afrontar con coherencia cristiana las contrariedades que se le presenten en la vida con la mente recogida y renovada, con la voluntad aquietada y unida al espíritu evangélico evangélico que ha ido aprendiendo. Sin ira, sin malos gestos, sin malas palabras. Con todo, siempre podrá recurrir a reconocer sus faltas para ser iluminado por el acompañante espiritual a la luz de las enseñanzas del Nuevo Testamento. Por tanto, dice Santiago en el número 5, confesaos mutuamente los pecados y rezad unos por otros para que os curéis. Mucho puede la oración insistente del justo. Con el tiempo, cuando el acompañado viva una observancia continuada de estas prácticas de oración y de sacramentos, llegará el momento de presentarle la necesidad de una mayor percepción en su recogimiento, en su quietud interior y en su espíritu de unión al cánone evangélico, siempre con la guía de la llamada a Jesús. Ser perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto. Cita a Mateo número 5. La percepción a la que nos llama Jesús está condicionada por nuestra realidad existencial, acorde y limitada por los designios de Dios. Quien dispuso así. Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza que domine los peces del mar, las aves del cielo, los ganados y los reptiles de la tierra. Y creó Dios al hombre, a su imagen. La imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó. Cita a Génesis número 1. Esta imagen y semejanza de Dios está reflejada en las potencias del alma, la memoria, el entendimiento y la voluntad, las cuales han de mantenerse en perfección de unidad, en perfecta coherencia de pensamientos, palabras y obras. Y esto sólo es posible cuando el Espíritu ilumina nuestra mente y fortalece nuestra voluntad para cumplir los mandamientos del único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser. Cita a Marcos número 12. Pues bien, estas tres realidades recogimiento, quietud y unión al espíritu evangélico son necesarias y esenciales para toda la vida, pues el camino de perfección no se verá culminado hasta el encuentro definitivo con Dios uno y trino. Es por ello que deberán revisarse en cada encuentro por si hubiera alguna falta importante que corregir o reeducar siempre a la luz de la palabra de Dios. Despojaos del hombre viejo y de su anterior modo de vida, corrompido por sus apetencias seductoras. Renovaos en la mente y en el espíritu y revestíos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios, justicia y santidad verdaderas. Cita a Efesios número 4. Conviene aclarar que el recogimiento de la mente no es una simple concentración. Esta práctica también la ejercen los pecadores cuando delinquen. Se trata de un pensamiento elevado al modo con que lo haría Jesús, quien ponía su vida en el Padre con todo amor. La quietud nos lleva a dominar nuestra voluntad, iluminados por la gracia de Dios, por la que se nos concede experimentar la paz interior que se ha de reflejar en nuestras vidas. Sin el dominio de la voluntad es imposible la coherencia de vida entre lo que creemos y lo que vivimos. El espíritu evangélico es fruto de la aceptación de las enseñanzas del Evangelio con la ayuda, con la interpretación del magisterio de la Iglesia, las cuales favorecerán la unión de la mente con la voluntad, otorgándonos la seguridad de que nos mantenemos unidos a Cristo. Yo soy la verdadera vid y mi padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca y a todo el que da fruto lo poda para que dé más fruto. Cita a Juan número 15. Por estas razones, en cada encuentro deberán revisarse los problemas que haya de comprensión de la palabra de Dios para que ésta pueda ser aceptada y aplicada plenamente y que sea verdadera luz para nuestros pasos. Luz que ilumina la vida del acompañado en todo momento. Esta aceptación del Evangelio le ayudará a resolver los conflictos internos y externos que se le presenten. Tendencias desordenadas, problemas de conciencia, contrariedades, adversidades, etc. Pero si no hay coherencia, coherencia en la vida personal, se presentarán las faltas en forma concreta, faltas que habrá que ir purificando a la luz de las enseñanzas de Jesús. Las más comunes son las siguientes. El apego a las cosas del mundo. El típico defecto dominante, pues cada uno tiene su propio aguijón, como bien nos enseña San Pablo. La falta de abnegación del yo en los juicios, en los deseos, en los instintos de felicidad. Esas tendencias o malos hábitos que nos apartan del cumplimiento de nuestras obligaciones personales, según sea nuestra vocación o estado de cada uno. Pues bien, poco a poco, con la constancia en este camino de perfección cristiana, el acompañante irá apreciando la acción del Espíritu Santo en el acompañado. Momento en que pondrá de relieve los frutos o dones del Espíritu que se van configurando en él para afianzarlo en la práctica de las bienaventuranzas. Será el momento de ir modelando el espíritu de pobreza, de castidad según cada estado, y de obediencia al mismo y único Espíritu que el acompañado recibe a través del rector. Puntos que convendrá revisar en los encuentros personales como indicaciones evangélicas que observar y refrescar siempre a la luz de las enseñanzas de Jesús. El que me ama guardará mi palabra y mi padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él. Cita a Juan número 14. Otros frutos esperados son el vínculo con la comunidad, con la iglesia o carisma de caridad fraterna, lo que le llevará al acompañado a ser más abierto y participativo en movimientos y tareas eclesiales o sociales. Lugares que se le mostrarán como oportunidad para el encuentro y servicio a los hermanos en los que podrá ejercer su particular voto apostólico con los dones que Dios le va dando, sea por la palabra, por el testimonio, por el servicio. En esto hemos conocido el amor. En que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos. Cita a primera carta de Juan número 3. Con el tiempo también surgirá en el acompañado un deseo por formarse en profundidad y conocer con más detalle las enseñanzas de la iglesia y el magisterio. Momento en el que se le ha de guiar en la lectura asidua de los documentos más adecuados para su vida personal, para su vida vocacional o familiar. Esta lectura, lo que llamamos voto de cátedra, formará parte también de su revisión de vida con el fin de animar su perseverancia en la lectura de los textos del magisterio y en la idea de ir aclarando las dudas que se le pudieran presentar. Bien, todo esfuerzo, toda lucha estética tiene una compensación. La respuesta de la gracia. La mística. Lo normal es que la gracia se manifieste en el acompañado por medio de inspiraciones que guían su toma de decisiones. Estas manifestaciones no obedecen a principios humanos, sino que proceden de Dios y se dan en mayor profundidad a los que son llamados a vivir un camino espiritual marcado con la aceptación de la cruz, signo de que van por la senda de la perfección a la que Dios les llama. Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Cita a Mateo número 16. En esto San Juan Pablo II nos enseñaba la actitud que hemos de poner en práctica. Decía así. En nosotros está ciertamente la imagen de Dios, pero desgraciadamente está desfigurada por el pecado. El riesgo para nosotros cristianos es el de servir a dos señores. Nuestra actitud debe consistir en una purificación interior, purificación de los pensamientos, de las intenciones, de la voluntad, de los sentimientos, de los afectos, de los deseos, de las pasiones. En definitiva, de todo nuestro mundo interior. Es necesario, concluía, esforzarse por ser instrumentos dóciles en las manos del Señor y reconocer en nuestra vida el primado de Dios, de lo sobrenatural, de la vida, de la gracia. Con todo lo expuesto, hemos de reconocer que la percepción de la mística no sigue unos patrones establecidos. Esto es, puede aparecer o no en cualquier momento de la vida, pues la iniciativa pertenece siempre a Dios, quien está presente en medio de nosotros. Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará a mi Padre que está en los cielos, porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Cita a Mateo número 18. No obstante, también conviene recordar que Karl Lauraner, quien vivió desde 1904 a 1984, uno de los teólogos que participó en el concilio Vaticano II y uno de los más importantes del siglo XX, percibía la presencia de la gracia como el don divino de Dios, alcanzable, decía, en la visión de actífica final de los tiempos, pero presente ya en nuestro tiempo como realidad ineludible del misterio salvífico de Dios, que orienta y constituye por necesidad trascendental la naturaleza del ser humano. De ahí que llegar a afirmar el cristiano del futuro o será místico o no será cristiano. No es intención de este programa profundizar en la mística, pero sí es importante reconocer que la mística debe formar parte de la formación espiritual de los fieles. Pues la fe surge y se fortalece con la experiencia viva del encuentro personal con Cristo. En todo caso, diremos. Un modelo de acompañamiento bien estructurado que incluya la mística, entendida como experiencia del encuentro personal con Cristo, será de gran valor para la formación de todos los fieles. En este sentido, hemos de reconocer que la mística no puede ser enseñada por los acompañantes que no lo han experimentado. Ambos aspectos, tanto el acompañamiento como la formación en la mística, están todavía por desarrollar en la iglesia para una mejor y mayor atención espiritual de los laicos. Ahora bien, desde mi experiencia personal puedo añadir que todo ser humano tiene su propia mística en la relación con Dios, aunque lo más común es que no lo perciba. En mi opinión, cuando el teólogo Karl Rahner dice que el cristianismo del futuro o será místico o no será cristiano, lo que en verdad quiere decir es que el cristiano que no tiene experiencia personal del misterio salvífico de Dios no puede subsistir en el camino de la fe. Porque la corriente del mundo ha llegado en nuestro tiempo a unos niveles difíciles de superar debido a la fuerte atracción que infunde en nuestros sentidos apartándonos de la vida interior y de la propia experiencia mística en el encuentro con Cristo. Pese a ello, hemos de reconocer también que la verdadera mística es la obra que va haciendo la gracia de Dios en cada uno de nosotros en la medida que nos entregamos a su voluntad, entrega que ha de tener como referente en todo momento el ejemplo de abajamiento y de sumisión de Cristo a la voluntad del Padre, quien ofreció su vida por nuestra salvación y redención. Bien, pues vamos a reflexionar ahora a continuación sobre la necesidad del sigilo. Como es sabido, el sacramento de la confesión goza de una protección especial, de forma que lo que se dice durante la confesión debe permanecer en secreto. El confesor no puede decir nada sobre la persona, sus cualidades, virtudes o defectos. En consecuencia, el secreto sacramental es inviolable y ni siquiera el penitente puede dispensar al sacerdote de la observancia de esta regla. Y así está recogido en el derecho canónico de la Iglesia, en el número 983. Pues bien, esto mismo ocurre en todo lo que concierne al acompañamiento espiritual, pues toda consulta, declaración o consejo debe permanecer en secreto. No obstante, el acompañado puede referir las enseñanzas que son fruto de su acompañamiento a quienes crea que le pueden ser útiles, pero nunca está autorizado hacer comentarios cuando el asunto procede de la intimidad del acompañante. En todo caso, nunca podrá dar información de su procedencia y mucho menos aún identificar al acompañante. En definitiva, el sigilo o secreto en el acompañamiento espiritual consiste en no revelar nada de lo que se habla en la intimidad de la comunidad, exceptuando siempre lo propio, ya que cada uno es dueño de contar su propia vida a quien lo desee. Se puede hablar del conocimiento adquirido cuando es un bien para una tercera persona, pero siempre sin revelar de quién procede. La razón del sigilo es asegurar que las declaraciones, tanto del acompañado como del acompañante, gozan del mismo carácter que tiene la confesión. No deben salir de la comunidad, pues pertenecen al foro interno de la relación personal, esto es, a la propia conciencia de los individuos que han hecho las declaraciones. En consecuencia, ningún miembro de la comunidad está autorizado a contar lo que mencionó otro de los miembros en los encuentros del acompañamiento espiritual. Es importante reconocer también que el acompañamiento espiritual ha de estar presidido por la confianza entre acompañante y acompañado, pues toda relación de acompañamiento personal es y expresa en sí misma la confianza que uno deposita en el otro. Hablamos entonces de una confianza que lleva a ser acompañado, comprendido para poder abrirse, para encontrar una auténtica mediación de la presencia de Dios, una sabia enseñanza sobre la calidad de esta relación con Dios. También hemos de tener presente que en el acompañamiento espiritual no hay una tercera persona humana que vigile los encuentros, pero por su naturaleza propia todo está presidido por el Espíritu Santo y todo lo que acaece en el encuentro, personal o comunitario, debe permanecer en completo secreto. Habida cuenta de que pertenece, como hemos dicho, a la conciencia de los sujetos participantes, a su foro interno, lo cual no permite sacarlo de contexto para evitar favorecer comentarios abiertos con terceras personas. Con todo lo dicho, por encima de cualquier interpretación subjetiva, debe prevalecer la seguridad de la protección de la conciencia de la persona acompañada y también del propio acompañante, cuando cualquiera de estos, de su propia intimidad, facilita en los encuentros una declaración, un consejo espiritual que es fruto de su experiencia íntima y de su propia vida personal. Hablaremos de las faltas contra el sigilo. Hemos visto que el sigilo no admite excepción, como ocurre con el sigilo sacramental de la confesión, y que éste está regulado bajo penas muy severas. Ahora bien, aunque el acompañante espiritual está presidido por la confianza, el acompañamiento espiritual, decía, está presidido por la confianza, también está presidido por la libertad de los hijos de Dios, sin que puedan mediar ningún tipo de imposición, con lo que hemos de admitir que se pueden presentar algunas faltas al sigilo, por lo que conviene tener muy presente algunos aspectos. Estas faltas rompen de forma radical la confianza mutua que debe reinar entre acompañante y acompañado. De ahí lo grave del problema. Tanto para el acompañante como para el acompañado son faltas que no pueden gozar de permisividad y que deben corregirse de forma severa, al igual que sucede con la confesión, tal como nos lo indica el Catecismo de la Iglesia. Número 1467, dice así. Dada la delicadeza y la grandeza de este ministerio y el respeto debido a las personas, la Iglesia decara que todo sacerdote, todo rector que oye confesiones, está obligado a guardar un secreto absoluto sobre los pecados de sus penitentes, que los pecados de los penitentes que le han confesado bajo penas muy severas. Tampoco puede hacer uso de los conocimientos que la confesión le da sobre la vida de los penitentes. Este secreto, que no admite excepción, se llama sigilo sacramental, porque lo que el penitente ha manifestado al sacerdote queda sellado por el sacramento. Y entonces, ¿qué hacer ante un problema de falta de sigilo? Pues viene lo único que tenemos en la mano, es la corrección fraterna. Sobre la corrección fraterna que preside el acompañamiento espiritual, hay que destacar que el acompañante, rector o rectora, está obligado a presentar al acompañado los criterios de la Iglesia sobre la materia a fin de que éste pueda ejercer su responsabilidad personal. Ha de quedar claro que compete al acompañado la aceptación voluntaria de las indicaciones que le va haciendo el acompañante, condición necesaria para que pueda superar sus faltas en la aceptación de las enseñanzas, a fin de que pueda orientarse a un correcto, a un santo comportamiento de vida. El rector no debe juzgar, tampoco condenar, pero debe advertir y enseñar al acompañado a perseverar en el camino de la santidad y a la práctica del sigilo que preside el acompañamiento espiritual. Las faltas solo pueden superarse con un espíritu de humildad y de amor a la Iglesia y siempre contando con la ayuda de la gracia de Dios. En todo, el acompañante ha de estimular en el acompañado una mayor atención al recogimiento de la mente, a la quietud en la voluntad, a fin de que pueda percibir la presencia del Señor en cada una de las enseñanzas y situaciones que va viviendo. A este fin es fundamental la constancia en la práctica de la oración y en la participación en los sacramentos, que son las fuentes de la gracia, siempre en unión a la lectura meditada de las propias enseñanzas del magisterio. El acompañado, por su parte, cuando reconoce la falta de sigilo, solo debe hacer referencia a su conducta, sin identificar ni mencionar a los prójimos de su entorno habitual ni tratar de justificar su falta por la opinión de otros, aunque hubiera existido alguna influencia externa. Y seguidamente, con espíritu de pobreza y humildad, llevará su falta a la confesión, pues bien sabemos ya que el acompañamiento espiritual no sustituye al sacramento de la confesión, la cual debe hacerse con el sacerdote única vía válida para el perdón de los pecados, según nos indica con claridad la disciplina de la Iglesia. En conclusión, las faltas de sigilo entorpecen la confianza mutua que debe presidir todo encuentro entre acompañante y acompañado, por lo que nos aleja de una sana práctica y de la sana doctrina, con lo que demostramos que no aceptamos las orientaciones de la Iglesia y que seguimos siendo carnales, pues nos dejamos llevar por nuestros propios razonamientos y por nuestros juicios personales. Esta falta es grave, dificulta la unión de pertenencia a la Iglesia, pues no nos permite vivir en el único espíritu que nos pide el Evangelio, con lo que el Espíritu Santo llevará a quien la acomete a un estado de purificación extremo en el que puede verse afligido y triste por su falta de aceptación de la doctrina, con riesgo de apartarse de su función de acompañante o de acompañado que había iniciado. Y así nos lo confirma el apóstol San Pablo cuando nos dice que la incoherencia se opone a la obediencia, obediencia y con esto termino que es al Espíritu Santo a través de las indicaciones del magisterio de los lectores y de la misma Iglesia. Pues bien, damos por finalizado el programa de hoy diciendo que el próximo viernes, día 21 de febrero, por imposibilidad de realizar el programa en directo, tendremos la oportunidad de escuchar el número 6 en el que analizábamos la constitución pastoral Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el mundo actual, seguida de una reflexión sobre la necesidad del recogimiento de la mente en la vida cristiana como esfuerzo necesario para nuestra vida. Para el siguiente viernes, 28 de febrero, Dios mediante, analizaremos el acompañamiento espiritual como un camino hacia la santidad con el que vamos a poner broche a toda esta serie de capítulos iniciales. Y terminado esa exposición, ese análisis, reflexionaremos sobre el derecho a la intimidad y a la libertad de la compañía. Damos por finalizado el programa, no voy a entreteneros más y solamente me queda la despedida. Daros las gracias por vuestra atención, que imploramos la bendición del Señor para todos y hasta el próximo programa de acompañamiento espiritual. Un abrazo a todos. Ave María Purísima. Sin pecado, concebida María Santísima. Subtítulos realizados por la comunidad de Amara.org
La necesidad del voto de cátedra. #13
Fecha: viernes, 7 de febrero de 2025, a las 21:00:00
Duración: 55:16
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Transcripción de Episodio 13. Discernimiento y diversidad de praxis.
Buenas noches a los que me escucháis. Os habla Javier Cedrián, vocal de formación del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed todos bienvenidos al programa de acompañamiento espiritual de Radio La Valdé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios, de las sagradas escrituras, de la tradición de la iglesia, del pensamiento teológico o de las enseñanzas de los santos padres, o incluso de las experiencias de la vida espiritual que han tenido los santos reconocidos por la iglesia. Bien sabemos que todo esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior. El Espíritu Santo es el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues sólo Cristo es la cabeza de la iglesia de la que formamos parte, siendo nosotros mismos miembros de su cuerpo místico. Buscamos la unión con el Espíritu Santo, no solamente para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa que celebramos el 4 de octubre del año anterior, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que el divino vilificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo a fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. En nuestra oración tenemos presentes las necesidades de la iglesia, las de todos los pueblos de la tierra y las de aquellos que se nos han encomendado particularmente nuestros familiares, amigos y bienhechores. Invocamos entonces al Espíritu Santo. Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, encienden ellos el fuego de tu amor. Envía tu espíritu y serán creados y renovarás la faz de la tierra. Oh Dios que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que guiados por el mismo Espíritu sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues vamos entrando ya en materia recordando que buscamos analizar los fundamentos teológicos que están relacionados con el acompañamiento espiritual, cuyas líneas están en permanente desarrollo por el magisterio de la iglesia a partir del concilio vaticano segundo. En el programa anterior analizábamos la segunda parte de las líneas fundamentales del acompañamiento espiritual a la luz del documento de la congregación para el clero, actual dicasterio para el clero, el sacerdote, concesor y director espiritual, ministro de la misericordia divina, de fecha 9 de marzo de 2011, y seguidamente reflexionábamos sobre la necesidad de la caridad fraterna, también llamado voto apostólico. En el programa de hoy analizaremos el discernimiento espiritual y la diversidad de praxis del acompañamiento y seguidamente reflexionaremos sobre la necesidad del voto de cátedra, esto es, de la formación permanente como esfuerzo necesario que hemos de practicar para avanzar hacia la unión con Dios porque queremos ser fieles a las enseñanzas que nos dio Jesús a fin de que la gracia vaya configurándonos con Cristo, acción mística de la gracia, de forma que podamos llegar a ser buenos discípulos en el camino de perfección al que Jesús nos llama por el don de la fe. Insistimos, una vez más, en que nos interesa destacar los fundamentos del acompañamiento espiritual para ponerlos en valor, de manera que nos sirvan de guía y de luz en el sendero de nuestra formación espiritual. Con relación al discernimiento espiritual o discreción de espíritus, sabiendo que a Dios pertenece la primacía de la gracia, nuestra tarea como comunidad eclesial es hacer presente a Cristo en el servicio a los hermanos. Por esta razón reconocemos que la iglesia sabe involucrarse en el servicio a la humanidad, sabe acompañar a los hombres en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean, sabe sembrar y hacer fructificar el fruto del trigo frente a la cizaña, y sabe encarnar la palabra recibida para llegar un día a festejar el gozo de la evangelización en la liturgia. Es una cita de Evangelii Gaudium número 24. En este contexto, reconociendo que esta es la línea general de la evangelización y de todo el proceso del acompañamiento espiritual, parece oportuno analizar en qué consiste el discernimiento, según algunos autores actuales, en cuyas reflexiones podemos reconocer también el enfoque conciliar y el seguimiento de la estela de las enseñanzas del magisterio de la iglesia. Para Monseñor Cortés, escribe en los Fundamentos Teológicos de la Dirección Espiritual, la revelación de Dios en Cristo ha supuesto la revelación de la verdad de Dios a la vida nuestra, lo que supone un estilo peculiar de relación de Dios con el hombre. Dice que es un estilo básicamente personalizado, de tú a tú. Concita a Jeremías 31 e Isaías 54. Monseñor Cortés percibe que el Espíritu Santo es el don de Cristo después de resucitado quien actúa en el corazón de cada uno, y al que hemos de invocar para que se haga presente en los acompañados buscando reconocer después con el espíritu evangélico de qué manera está actuando en el corazón de cada persona, dónde le lleva, por qué le lleva, cuál es la voz, cuál es la inclinación del Espíritu Santo. En su exposición Monseñor Cortés sostiene que en realidad es la obra de la Trinidad que está actuando en cada uno de nosotros, lo que obedece al plan global sobre la vida del mundo y de la persona en particular, plan que ha de discernirse a la luz de Jesucristo. Es pues una acción progresiva que necesita ser acompañada en la persona, en su propio dinamismo educativo, para acercarlo al amor de Dios en el estilo de amar propio del Espíritu que actúa en nosotros y se sirve de la palabra del acompañante espiritual para interpelar al otro, pero lo hace con absoluto respeto, en plena libertad y con total confianza. Entendido así, la iglesia es la mediadora que provee de anunciadores y maestros a los fieles que son acompañados en la providencia que Dios ha querido para que se manifiesten las realidades de un itinerario guiado por el Espíritu de Cristo, como ya reconocía San Pablo en sus cartas a Timoteo. Por quien fui constituido heraldo y apóstol, digo la verdad no miento, maestro de las naciones en la fe y la verdad. Es una cita a primera carta a Timoteo número 2. ¿Qué entendemos por discernimiento o discreción de espíritus? El diccionario de la lengua española nos presenta una definición un tanto singular. Del discernimiento lo define como juicio por cuyo medio percibimos y declaramos la diferencia que existe entre varias cosas. Aunque se puede entender de muchas maneras, en el ámbito de la espiritualidad es una práctica inherente a la condición humana. Haciendo uso de su inteligencia, el hombre siempre se ha preguntado por el sentido de su existencia y con el discernimiento busca distinguir los valores y contravalores que se le presentan en la vida, pues se percibe a sí mismo como un ser libre, capaz de adherirse a lo bueno o a lo malo. Así lo entiende otro autor, don José Manuel Durán, de la orden de los Agustinos Recoletos, quien en su obra Donde el Hombre y Dios se Encuentran, dice así. Afirma que todo cristiano, por su condición de hijo de Dios y seguidor de Jesucristo, opta libremente por una elección u otra. Aunque no es indiferente que lo haga de una manera u otra, la razón de ser de su vida es llevar a cabo el plan de Dios respecto a sí mismo, pero también de los demás. La diferencia en su elección está en las complejas situaciones que lo impulsan según su propia experiencia de fe y siempre en relación con la iglesia y con el mundo que lo rodea. De ahí que ve necesaria una continua confrontación entre la guía de Dios que nos revela el Espíritu Santo en la iglesia y los impulsos y las tendencias humanas desordenadas que se derivan de la influencia del espíritu del mal presente en el mundo. Por tanto, esta es la clave. ¿Cómo reconocer los signos de Dios en una determinada situación y sobre todo frente a ciertas opciones? ¿Qué hacer? Para José Manuel Durán es previa la purificación, pues dice el hombre necesita ser purificado para poder discernir. Se trata pues de ser limpiados por el espíritu para saber luego ejercer un claro discernimiento que no significa otra cosa que separar, seleccionar, interpretar, juzgar, criticar, elegir después de un serio examen para resolver y decidir. Durán concluye que sólo así seremos capaces de interpretar correctamente la situación y optar por la opción más adecuada a la voluntad del mismo espíritu que nos guía en el camino de la vida cristiana, subrayando algunos elementos importantes para el discernimiento. Opina que se trata de discriminar la verdad y la mentira, discriminar el bien del mal, discriminar la fidelidad de la infidelidad a la alianza. Para otros autores como Martínez en su artículo Disternimiento viene a decirnos que el discernimiento espiritual consiste en averiguar cuál es el juicio evangélico, religioso o moral, que merecen nuestras acciones internas y externas, nuestras posiciones mentales y cordiales, nuestras actitudes personales o grupales ante los acontecimientos, las situaciones, los problemas, las personas, ante nosotros mismos y ante Dios. En definitiva podemos decir que el discernimiento es una constante búsqueda de la voluntad de Dios para realizarla seguidamente. Así lo sintetiza José Manuel Durán, quien nos remite a otro autor, a J. Correa, y este último lo define así. El discernimiento es el ejercicio espiritual en el que a través de la percepción y del examen de determinadas experiencias llegamos a entender el lenguaje de Dios en nosotros y descubrimos su voluntad en la disposición de Dios en nuestras vidas en orden a la correcta elección. Pues bien, vamos a analizar realidades concretas del acompañamiento espiritual. Vamos a hablar de en qué consiste la elección de un acompañante espiritual. Con ocasión del año jubilar de San Juan de Ávila, celebrado entre 2019 y 2020, al cumplirse el 450 aniversario de su muerte, el 125 de su beatificación y el 50 aniversario de su canonización, hemos tenido la ocasión de recuperar algunos de los consejos de este santo sacerdote. Juan Carlos Mateos, director del secretariado de la Comisión Episcopal para el Clero y Seminarios, nos presenta a San Juan de Ávila como el sacerdote que encontró una fuente de fecundidad muy alta en el acompañamiento espiritual, una tarea mantenida a través de la frecuente correspondencia con todo tipo de personas y de la entrevista personal, sobre todo con sacerdotes, revelándose como un auténtico maestro de espiritualidad. En su artículo, don Juan Carlos Mateos sostiene que San Juan de Ávila, citando el testimonio de otros autores espirituales anteriores a su época, él vivió Juan de Ávila vida entre 1500 y 1569, ya reconocía con total claridad la necesidad de un maestro espiritual que nos ayude en el camino hacia Dios y que rechazar esta ayuda se opone a la apertura de la gracia de Dios. Por esta razón, siguiendo a San Juan de Ávila, Mateos, en su artículo sobre San Juan de Ávila, publicado en la revista Digital Eclesia, anima a todos los sacerdotes y fieles a no caer en la tentación de caminar solos, sino a optar por la elección de un buen acompañante espiritual. Más en este momento presente, marcado por la comunicación digital, pues se corre el peligro de vivir una cultura del autoabastecimiento, también en nuestros presbíteros, incidiendo directamente en nuestra vida espiritual y en la de todos los fieles. Esta enseñanza es válida para todos y para todo tiempo, pues viene de un santo que goza de amplio reconocimiento universal, como es San Juan de Ávila, por su vida y sus obras. Con todo, podemos mencionar uno de los consejos que daba San Juan de Ávila a un jesuita, decía así Conviene siempre tener un ministro de Dios. Cuenta con que su ánima ande repastada en Dios y llena de grosura espiritual. Lo primero para su propio aprovechamiento, lo otro para lo ajeno. Bien, pues vamos a adentrarnos en la diversidad de praxis que conocemos sobre el acompañamiento espiritual. Comenzaremos diciendo que es mucho lo que se ha escrito acerca de la dirección o acompañamiento espiritual, hasta el punto de que se han desarrollado programas pastorales específicos para las distintas realidades humanas, vocacional de adultos y de jóvenes, vivencial de enfermos, del duelo, para los matrimonios, las familias. No es intención de este programa analizarlos en profundidad, pues adentrarnos en un estudio específico de cada uno de ellos nos llevaría mucho tiempo. Tampoco sería correcto quedarnos en un simple comentario sobre los aspectos estructurales o de procedimiento. Solo reafirmaremos que cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pues todos somos invitados a aceptar esta llamada, a salir de la propia comodidad y atrevernos a llegar a todas las periferias que necesiten la luz del Evangelio. Es una cita a Evangelii Gaudium número 20. Pero lo que sí parece oportuno es tratar de detallar los aspectos peculiares que caracterizan las principales corrientes o carismas que ha despertado el Espíritu Santo en la Iglesia, a fin de entender que, aunque son formas de acompañamiento diversas, todas convergen en un mismo fin. A compasar, esto es, ayudar a los fieles en el camino hacia la santidad que Dios nos pide. Y es que el acompañamiento espiritual tiene un recorrido histórico. Para José Manuel Durán, el acompañamiento espiritual en la Iglesia a lo largo de los siglos siempre ha tenido su base en los fundamentos teológicos, si bien con las riquezas y limitaciones propias de cada tiempo, desde los padres y madres del desierto hasta nuestros días, pasando por maestros de la talla de Santa Teresa de Jesús o San Ignacio de Loyola, pues los cristianos siempre han sabido dejarse acompañar en el camino de la fe. Durán percibe que, aunque ha atravesado ciertas crisis en la historia, el acompañamiento espiritual es un valor muy actual que está en alza en el seno de la Iglesia, gracias sobre todo a la nueva teología surgida del Concilio Vaticano Segundo y a las aportaciones de las ciencias humanas, particularmente la psicología y la sociología, también la antropología, y la apertura de la Iglesia hacia ellas, o a la importancia de la persona y de su proceso vital como camino de planificación. Desde estos principios históricos, teológicos y científicos, Durán opina que el acompañamiento espiritual se nos presenta como un proceso cargado de sentido, como una realidad llena de Dios que, por lo tanto, exige mucho, tanto a quien acompaña como al que se sabe acompañar. En este proceso nos adentramos en tierra sagrada que pide reverencia, respeto y responsabilidad. No se puede poner pie en ella de cualquier manera, como le ocurriera a Moisés ante la zarza ardiente. Dios nos pide descalzarnos. En suma, el acompañamiento espiritual es una relación de colaboración con Dios que expresa oración, diálogo y respeto, pero también de colaboración con el hombre que sigue el curso de la historia de la salvación. Vamos a hablar de tres líneas de modelo de acompañamiento. Hablaremos del modelo franciscano, del modelo jesuita, ignaciano y del modelo carmelita. Con relación al acompañamiento franciscano para Fray Óscar Castillo Barros, de la orden franciscana menor capuchinos, la metodología franciscana está basada en la formación de la conciencia individual, siempre caracterizada por su entendimiento y voluntad libres, esto es, con el libre albedrío. A la luz de la fe, esta metodología persigue el objetivo de desarrollar en la vida de los hijos de Dios la nueva criatura que somos en Cristo, introduciendo a los fieles en la tradición viva de su experiencia espiritual específica. Según Castillo, es un método científico y sistemático de catequesis con una pedagogía y técnica didáctica impartidas por formadores que han adquirido previamente las necesarias destrezas y cuyo modelo sigue un camino de perfección a ejemplo de Cristo. Dice así, la actitud de nuestro señor Jesucristo y de San Francisco respecto al camino de la persona fue la del perfecto pedagogo, siempre atento al crecimiento y bienestar superior de la subjetividad e individualidad de cada persona. Este camino supone la imitación de Cristo, conscientes de que quien sigue a Cristo, hombre perfecto, se hace a sí mismo cada vez más hombre. El modelo franciscano toma el ejemplo de San Francisco, quien vivió desde 1182 a 1226. San Francisco encontró este camino en el Evangelio y se propuso seguir sus pasos haciendo suyas las enseñanzas de Cristo en pobreza y humildad para vivir honestamente la Navidad, la Eucaristía, la pasión y la muerte con él, y lo imitó junto a sus hermanos con una actitud de servicio, con total consideración hacia ellos, con benevolencia, tolerancia y magnanimidad. En este camino de amor, el poveredio encontró el medio de acceder hasta lo más hondo de la intimidad de cada uno de los hermanos menores. Esta personal bondad en el amor de Cristo considera a cada hermano ser lo que es y valer lo que vale, en la medida del bien que le es propio. Así lo enseñaba San Francisco, nada debe disgustar al siervo de Dios en los otros fuera del pecado, y sea cual fuera el pecado que una persona cometa, si debido a ello y no movido por la caridad, el siervo de Dios se altera o se enoja, atesora culpas. Es una cita de Francisco, pero es de Romanos número 2. Continúa. El siervo de Dios, que no se enoja ni se turba por cosa alguna, vive en verdad sin nada propio, y dichoso es quien nada retiene para sí, restituyendo al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Es cita de Mateo 22. Francisco, San Francisco, por tanto, busca la perfección integral de la persona y el máximo desarrollo de su vocación mediante una promoción vital y realista que le induzca a una madurez afectiva y a la trascendencia moral como vía que le lleve a presidir su juicio y conducta con criterios de sabiduría y espíritu evangélico, y lo hace poniendo empeño en el dominio de la voluntad, en la formación del entendimiento con doctrinas y verdades eternas que se exponen como reflexión espiritual. En suma, esta línea de formación ayuda a la persona a alcanzar una ética personal y un dominio disciplinado de su conciencia, con lo que podrá dominar sus sentimientos y emociones. Le sigue un camino en la práctica de las virtudes con acompañamiento permanente que, a la luz del Evangelio, animará la praxis de la oración personal y comunitaria, el estudio y la recepción asidua de los sacramentos, especialmente la eucaristía y la penitencia. Sobre el acompañamiento ignaciano. La metodología ignaciana hace referencia a los ejercicios espirituales de Sain Ignacio de Loyola, quien vivió desde 1491 a 1556. Sain Ignacio percibía en ellos un proceso de relación personal en el que uno enseña a otro el modo y orden para meditar o contemplar, con el fin de apoyar y orientar tanto la reflexión como la oración de la persona que contempla, además de ayudarla a discernir las emociones divinas. Así lo expresan Arroyo y Bermúdez en su obra El acompañamiento ignaciano en el siglo XXI. Para quienes el acompañante va ejercitando al acompañado a analizar el origen de esos movimientos internos del espíritu, a fin de que pueda tomar las decisiones adecuadas en su vida. Se suscita en el acompañado un caminar juntos que tiene por finalidad el mutuo crecimiento en reciprocidad e intercambio de experiencias y sentimientos con el acompañante, siempre con respeto a la personalidad del acompañado. Arroyo y Bermúdez indican que este modelo busca asistir espiritualmente y acompañar a los estudiantes al encuentro con ellos mismos, en la idea de que puedan discernir su propio proyecto personal de vida, por lo que consideran que el acompañamiento constituye una pieza fundamental para una auténtica educación integral, siempre con miras al discernimiento vocacional del acompañado, quien más tarde desarrollará su propia vocación activa en la iglesia o en la sociedad, sobre el acompañamiento carmelitar. La metodología carmelitana tiene un carácter contemplativo que se orienta a discernir la vida espiritual según el método de Santa Teresa de Jesús, quien vivió desde 1515 a 1582. Es un camino que nació a la luz de las altas exigencias y experiencias espirituales que tuvo Santa Teresa en su vida religiosa, por la necesidad de ser acompañada. Así lo entiende Amando Cantó de la Orden de los Carmelitas Descalzos de la Santísima Virgen María del Monte Carmelo, quien en su tesis de licencia sostiene que debido a esta necesidad, ella habla y comparte con los mejores acompañantes y maestros de su época, por lo que el acompañamiento espiritual en el Carmelo nace en particular como elemento de validación de la ortodoxia de una experiencia en el ámbito de las grandes escuelas y movimientos de oración que se refieren a los grandes maestros. Para este autor, el éxito carmelitano estuvo en conseguir que muchos de los consejeros acompañantes de Santa Teresa llegaran a avanzar mucho por el camino de la oración de la mano y consejo de la propia Santa Teresa, convirtiéndose ella más tarde en acompañante y los consejeros se convirtieron en acompañados de la Santa. El modelo se muestra con un proceso de acompañamiento liberador que otorga gran importancia al conocimiento propio, al de sí mismo, considerando en palabras de la Santa que siempre mientras vivimos es un bien conocer nuestra miserable naturaleza. Este proceso hace que podamos vivir la vida espiritual con alegría y libertad de forma que seamos capaces de crecer en el amor, elemento esencial que Santa Teresa buscaba potenciar en sus acompañados. Se trata de encontrar desde el principio una interioridad que ayude a encontrar el valor absoluto sobre el que cimentar toda la vida. En definitiva, es un modelo que fundamenta la vida en Dios como enseñanza continua en la intimidad del corazón, en el silencio interior, donde Dios habla sin ruido de palabras, con cuya relación la persona va aprendiendo a conocerlo y desde él a conocerlo todo. Pues bien, hasta aquí la diversidad de prácticas sobre el acompañamiento espiritual y hoy vamos a reflexionar sobre la necesidad del voto de cátedra. Comenzaremos recordando algunas de las citas de la Constitución de Iberbun en la que el Concilio Vaticano II expresaba la responsabilidad, expresaba la responsabilidad ineligible que tienen los sucesores de los apóstoles respecto a la interpretación correcta de las sagradas escrituras. El capítulo II, número 7 al 10, nos presenta la labor esencial de los apóstoles y de sus sucesores, los obispos, en la transmisión de la revelación de nuestro Señor, quien mandó a los apóstoles que predicaran a todos los hombres el Evangelio, comunicándoles los dones divinos. Bajo la inspiración del Espíritu Santo, los apóstoles escribieron el mensaje de la salvación y entregaron su legado a sus sucesores, las sagradas tradiciones de forma oral y las sagradas escrituras de ambos testamentos de forma escrita. En consecuencia, escritura y tradición están íntimamente unidas y se compenetran mutuamente, pues ambas surgen de la misma divina fuente, se funden en cierto modo y tienen y tienden a un mismo fin, por lo que se han de recibir y venerar ambas con un mismo espíritu de piedad, pues constituyen un solo depósito sagrado de la palabra de Dios confiado a la Iglesia, para edificación de todo el pueblo santo. En consecuencia, ambas, escritura y tradición, están en relación plena con el magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo y al que únicamente compete su custodia, la interpretación y la exposición con fidelidad para contribuir eficazmente a la salvación de las almas. El capítulo tercero de Dei Verbum, números 11 al 13, orienta el modo en que ha de interpretarse la sagrada escritura, indicando que el magisterio debe comprender lo que Jesús quiso comunicarnos, investigando con atención lo que escribieron los arqueógrafos, los autores de los libros de la sagrada escritura, también estudiando los géneros literarios que se usaron y el contexto en el que se escribieron, a fin de lograr interpretarla con el mismo espíritu con el que se escribió. El magisterio, por tanto, debe atender diligentemente al contenido y a la unidad de toda la sagrada escritura, teniendo en cuenta la tradición viva de la iglesia y la analogía de la fe. Esto es, la semejanza, afinidad, parecido, similitud de textos con otras partes de las escrituras, etcétera, sin perder de vista que en la sagrada escritura se manifiesta la verdad y la santidad de Dios y la admirable condescendencia de la sabiduría eterna, con las que el verbo del Padre Eterno, tomada la carne de la debilidad humana, se hizo semejante a los hombres. En definitiva, vemos que para el asceta que busca vivir un camino de perfección, las enseñanzas del magisterio han de ser fuente continua de conocimiento y de una interpretación correcta de las escrituras, todo lo cual le ha de llevar a una mejor unión al evangelio y a la práctica de las virtudes que nos exige el mensaje de salvación. De esta forma, podrá ir perfeccionando sus palabras y sus actos para dar un mejor testimonio de vida en el servicio a la sociedad y a los hermanos, en cada uno de los ambientes en los que nos estamos realizando, sea la familia, la iglesia, nuestra profesión particular, amistades, vecinos, etcétera. Por lo dicho, es necesario que el asceta conozca de buena fe y aplique las enseñanzas que va recibiendo el magisterio de la iglesia, pues estas enseñanzas orientan universalmente a todos los hombres. Y esto requiere un acto voluntario de lectura asidua y de reflexión, a veces con esfuerzo penitencial, que le irá llevando al perfecto conocimiento y a la correcta aplicación de las enseñanzas ante las situaciones adversas que se le puedan presentar. En este sentido, se nos dice que debemos seguir el ejemplo de negación de Cristo, quien con su obediencia al Padre y por amor se entregó a la muerte y una muerte de cruz a fin de rescatarnos de la esclavitud del pecado que nació por la desobediencia humana. Se trata entonces de acceder al conocimiento, a la aceptación y a la defensa de la doctrina promulgada por el Santo Padre, quien es el que interpreta con mente universal todo lo concerniente a Cristo y a la iglesia en materia de fe y costumbres. Y esto siempre en comunión con él, en todo su ministerio, con oraciones y peticiones a Dios para que lo mantenga firme y seguro. Recordaremos que la Biblia de la conferencia episcopal, con sus notas e instrucciones, es la versión de referencia primaria para la vida litúrgica y espiritual, para la catequesis, la enseñanza escolar de la religión católica y en general para toda la acción pastoral de la iglesia. Con lo dicho, también tengamos presente que de la Biblia emana el mismo catecismo de la iglesia que busca orientar a todos los fieles con correcta interpretación. Veamos algunas de las enseñanzas del Nuevo Testamento. Tomada de Mateo 23. Entonces Jesús habló a la gente y a sus discípulos diciendo, en la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los pariseos. Haced y cumplid todo lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente. Alargan las filatelias y agrandan las orlas del manto. Les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas. Que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame rabí. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar rabí, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre a vuestro padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro padre, el del cielo. No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido. Hemos de ver entonces al Papa como la cabeza de la iglesia por la cual el mismo Cristo está gobernando a la iglesia. En Lucas capítulo primero leemos. Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos lo transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, también yo he resuelto escribirtelos por su orden, ilustre Teófilo, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido. De Romanos, Carta a los Romanos número 15. Nosotros, los fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los indebles y no buscar la satisfacción propia. Que cada uno de nosotros busque agradar al prójimo en lo bueno y para edificación suya. Tampoco Cristo buscó su propio agrado, sino que, como está escrito, los ultrajes de los que te ultrajaban cayeron sobre mí. Pues todo lo que se escribió en el pasado se escribió para enseñanza nuestra, a fin de que a través de nuestra paciencia y del consuelo que dan las escrituras, mantengamos la esperanza. De la primera Carta a Timoteo número 4. Si propones estas cosas a los hermanos, serás un buen servidor de Cristo Jesús, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que tú has seguido tan atentamente. En cambio, evita las fábulas profanas y propias de ancianas. Ejercítate en la piedad. El ejercicio corporal aprovecha para poco, mientras que la piedad aprovecha para todo. Tiene la promesa de la vida, la presente y la futura. Es palabra digna de crédito y merecedora de total aceptación. Pues para esto nos fatigamos y luchamos, porque hemos puesto la esperanza en el Dios vivo, que es salvador de todos, sobre todo de los que creen. De la Carta a los Gálatas número 1. Así de sencillo. Dice, pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciará un evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema. Bien, terminaremos con la segunda Carta de Pedro, en el número 1, que hace memoria de la enseñanza de Cristo y de los profetas. Dice así. Pues no nos fundábamos en fábulas fantasiosas cuando os enseñaba a conocer el poder y la venida de nuestro señor Jesucristo, sino en que habíamos sido testigos oculares de su grandeza. Porque él recibió de Dios, de Dios Padre, honor y gloria cuando desde la sublima gloria se le transmitió aquella voz. Este es mi hijo amado en quien me he complacido y esta misma voz transmitida desde el cielo es la que nosotros oímos estando con él en la montaña sagrada. Así tenemos más confirmada la palabra profética y hacéis muy bien en prestarle atención como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro hasta que despunte el día y el lucero amanezca en vuestros corazones. Pero sabiendo sobre todo lo siguiente, que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia, pues nunca fue proferida profecía alguna por voluntad humana, sino que movidos por el Espíritu Santo hablaron los hombres de parte de Dios. Esto último nos confirma que en la interpretación de las Escrituras haya hacerse, como hemos dicho, con el mismo espíritu con el que fueron escritas, tarea que compete al sumo pontífice y a los obispos en comunión con él. Nadie puede atentar contra la unidad de doctrina en la iglesia, pues sería atentar contra la propia iglesia de Cristo. Mi vida cristiana, esta vida cristiana, no tendría sentido si hubiera en nosotros una actitud de reserva o de rechazo al magisterio de la iglesia. En conclusión, el voto de cátedra nos compromete a formarnos doctrinalmente de acuerdo con las enseñanzas del magisterio de la iglesia. Tengamos muy presente que para dar a conocer a Cristo en un mundo que avanza culturalmente, no podemos ser ignorantes de la doctrina de la iglesia, que es expresión de la fe, ni caer en la presunción de pretender recibir los conocimientos doctrinales por día infusa. Así que existe también lo que llamamos una falta contra el voto de cátedra. Tiene su parangón, su referencia también en el Nuevo Testamento. En la primera carta a Timoteo, número 6, leemos. Esto es lo que tienes que enseñar y recomendar. Si alguno enseña otra doctrina y no se adhiere a las palabras sanas de nuestro señor Jesucristo y a la doctrina que es conforme a la piedad, es un orgulloso y un ignorante que padece la enfermedad de plantear cuestiones y discusiones sobre palabras. De ahí salen envidias, polémicas, blasfemias, malévolas, suspicacias, altercados interminables de hombres corrompidos en la mente y privados de la verdad, que piensan que la piedad es un medio de lucro. La piedad es ciertamente una ganancia para quien se contenta con lo suficiente. Y de la carta a Tito, número 2, acerca de la sana doctrina, leemos lo que sigue. Habla de lo que es conforme a la sana doctrina, que los ancianos sean sobrios, respetables, sensatos, sanos en la fe, en el amor y en la paciencia. Las ancianas igualmente sean en su comportamiento como conviene a personas religiosas. No sean calumniadoras, ni se envicien con el vino, sean maestras del bien, que inspiren buenos principios a los jóvenes, enseñándoles a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser sensatas, puras, a cuidar de la casa, a ser bondadosas y sumisas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea maldecida. A los jóvenes, exhórtalos también a que sean sensates. Muéstrate en todo como un modelo de buena conducta en la enseñanza, sé íntegro y grave, irreprochable en la sana doctrina, a fin de que los adversarios sientan vergüenza al no poder decir nada malo de nosotros. En consecuencia, las faltas contra la aceptación de las enseñanzas del magisterio se oponen a la acción del Espíritu Santo y, por lo tanto, a la conversión del corazón. La naturaleza humana, bien por obstinación o por una tendencia psíquica, puede verse incapacitada en aceptar que tiene que ser ilustrado previamente en la interpretación correcta de las Escrituras, sin lo cual no podrá poner en práctica las enseñanzas evangélicas que va recibiendo. Sobre la corrección fraterna, nada que decir. La que preside el acompañamiento espiritual ya la conocemos. El acompañante, rector o rectora, está obligado a presentar al acompañado todos los criterios de la Iglesia sobre la materia, a fin de que éste pueda ejercer su responsabilidad personal. Queda claro que compete al acompañado la aceptación voluntaria de las indicaciones que le va haciendo el acompañante, pero es condición necesaria para que pueda superar sus faltas en la aceptación de la cátedra. El rector no debe juzgar, pero debe enseñar a perseverar en el camino de la perfección y de la práctica de las virtudes, animando a corregir las faltas del acto estético, pues la falta de aceptación del voto de cátedra sólo puede superarse con espíritu de humildad y de amor a la Iglesia, y siempre contando con la ayuda de la gracia. En todo, el acompañante habrá de estimular al acompañado una mayor atención al recogimiento de la mente y a la actitud en la voluntad, a fin de que pueda percibir la presencia del Señor en cada una de las enseñanzas del magisterio de la Iglesia. A este fin diremos que es fundamental la constancia en la práctica de la oración y en la participación en los sacramentos, pues son las fuentes de la gracia, siempre en unión a una lectura meditada de las propias enseñanzas del magisterio. El acompañado, por su parte, cuando reconoce las faltas de aceptación de las enseñanzas de la Iglesia en el encuentro comunitario, sólo debe hacer referencia a su propia conducta, sin identificar ni mencionar a los prójimos que en su entorno habitual hayan tratado de justificar sus errores, aunque hubiera existido. Seguidamente, con espíritu de pobreza y humildad, el acompañado llevará sus faltas a la confesión, pues bien sabemos ya que el acompañamiento espiritual no sustituye al sacramento de la confesión, la cual debe hacerse siempre con el sacerdote, única vía válida para el perdón de los pecados, según nos indica con claridad la disciplina de la Iglesia. En conclusión, la falta de aceptación del voto de cátedra nos aleja del conocimiento y de la sana doctrina, con lo que demostramos que no aceptamos las orientaciones de la Iglesia y que seguimos siendo carnales, pues nos dejamos llevar por nuestros propios razonamientos y por los juicios personales. Esta falta dificulta la unión al sentido de pertenencia a la Iglesia, pues no nos permite vivir en el único espíritu que nos pide el Evangelio, con lo que el Espíritu Santo llevará al fiel a un estado de purificación extremo en el que se verá afligido y triste por su falta de aceptación de la doctrina, con riesgo de apartarse del acompañamiento espiritual que había iniciado. Así nos lo confirma el apóstol San Pablo cuando nos dice que la incoherencia se opone a la obediencia. Pues bien, hasta aquí nuestro programa de hoy, damos por finalizada nuestra exposición y sólo me queda comentar que el próximo viernes día 14 de febrero analizaremos consejos y criterios prácticos para el acompañamiento espiritual y seguidamente reflexionaremos sobre la necesidad del sigilo como parte de la observancia que requieren también los encuentros de formación o de acompañamiento espiritual a fin de que nuestra experiencia sea lo más discreta posible en el camino de la perfección de la vida cristiana. Gracias por vuestra atención, que el Señor nos bendiga a todos y hasta el próximo programa de acompañamiento espiritual. Un abrazo a todos. Ave María Budísima, sin pecado concedida, María Santísima.
La necesidad de la caridad fraterna. #12
Fecha: viernes, 31 de enero de 2025, a las 21:00:00
Duración: 57:41
Mostrar transcripción de Episodio 12. Líneas fundamentales del Acompañamiento Espiritual (II).
Transcripción de Episodio 12. Líneas fundamentales del Acompañamiento Espiritual (II).
Buenas noches a los que me escucháis, os habla Javier Cebrián, vocal de formación del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed todos bienvenidos al programa de acompañamiento espiritual en Radio Labandé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios, de las sagradas escrituras, de la tradición de la Iglesia, del pensamiento teológico o de las enseñanzas de los santos padres, o incluso de las experiencias de la vida espiritual que han tenido los santos reconocidos por la Iglesia. Bien sabemos que todo esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior. El Espíritu Santo es el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues sólo Cristo es la cabeza de la Iglesia de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. Buscamos la unión con el Espíritu Santo, no solamente para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa, celebrado el 4 de octubre del año 2024, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que el divino vivificador de las almas sea en quien nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo a fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. En nuestra oración vamos a tener presentes las necesidades de la Iglesia, las de todos los pueblos de la tierra. Pensamos en las guerras particularmente, también pensamos, ofrecemos nuestra oración por las de aquellos que nos han encomendado particularmente familiares, amigos y bienhechores. Invocamos entonces, ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y encienden ellos al fuego de tu amor. Envía tu espíritu y serán creados y renovarás la faz de la tierra. Oh Dios, que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos ya en materia recordando que buscamos analizar los fundamentos teológicos que están relacionados con el acompañamiento espiritual, cuyas líneas están en permanente desarrollo por el magisterio de la Iglesia a partir del concilio Vaticano II. En el programa anterior analizábamos las líneas fundamentales del acompañamiento espiritual, una primera parte, a la luz del documento de la congregación para el clero, actual dicasterio para el clero, el que llevaba por título el sacerdote, confesor y director espiritual, ministro de la misericordia divina, de fecha 9 de marzo de 2011, y seguidamente reflexionábamos sobre la necesidad de la obediencia evangélica. En el programa de hoy seguiremos analizando las líneas fundamentales del acompañamiento espiritual, una segunda parte, a la luz del citado documento, y seguidamente reflexionaremos sobre la necesidad de la caridad fraterna, también llamado voto apostólico, como fruto del esfuerzo necesario que ha de practicar el hombre en su lucha estética para avanzar hacia la unión con Dios, porque queremos ser fieles a las enseñanzas que nos dio Jesús, a fin de que la gracia vaya configurándonos con Cristo, esta es la obra mística de la gracia, de forma que podamos llegar a ser buenos discípulos en el camino de perfección al que Jesús nos llama por el don de la fe. Insistimos una vez más en que nos interesa destacar los fundamentos del acompañamiento espiritual para ponerlos en valor, de manera que nos sirvan de guía y de luz en el sendero de nuestra formación personal. Recordamos que por iniciativa del Papa Benedicto XVI, la entonces congregación para el clero actual de Casterio, el 9 de marzo de 2011 nos presentó ese documento, el sacerdote, confesor y director espiritual del ministro de la misericordia divina, en el que se desarrollan las líneas fundamentales del acompañamiento espiritual. El documento es una síntesis de las enseñanzas del concilio vaticano en todo lo relativo al acompañamiento espiritual, con referencias constantes a los textos del concilio y al magisterio posterior de la iglesia. En este sentido podemos decir que el texto se muestra como una guía sobre la dirección espiritual de los fieles. Hoy, entonces, continuamos analizando este documento y nos vamos a centrar en las orientaciones prácticas que nos aporta en los números que seguían donde lo dejamos. El texto, a partir de las líneas fundamentales, presenta unas orientaciones que quedan abiertas siempre a nuevas gracias y a nuevas circunstancias. En este sentido, sugiere que se tenga en cuenta la vocación eclesial específica, el carisma particular o las gracias especiales, dado que el acompañamiento deberá adaptarse a las circunstancias concretas de cada uno de los fieles, según su estado eclesial, vocación, trabajo, relación social, deseos de mayor perfección o de situaciones extraordinarias debidas a su propia psicología o tendencias concretas que presente el acompañado. En consecuencia, será conveniente precisar los medios que sean de utilizar en el camino de la oración, la práctica de las virtudes y los deberes del propio estado, todo ello orientado a la correcta superación de las dificultades cotidianas de su entorno particular. Cita a los números 87 y 88 del documento. Siempre habrá un momento inicial en el que debe iniciarse al fiel en una actitud de piedad con la práctica de la oración y la adhesión a la voluntad de Dios y a la práctica del apostolado concreto, propiciando así la formación del carácter, memoria, inteligencia, afectividad, voluntad, orientándolo poco a poco a su propia purificación y a una mayor formación. De esta forma será más fácil que afronte los casos de aridez, inconstancia o la falta de entusiasmo que se le puedan presentar en el dominio recto de las pasiones dominantes. El periodo inicial vendrá seguido de un tiempo de progreso que tendrá un mayor recogimiento de la mente, tiende a un mayor recogimiento de la mente y a una vida interior que tendrán como fruto una mayor humildad y la propia mortificación de los vicios, con una mejor percepción de las virtudes y del progreso en la oración. Finalmente se llegará al momento de mayor perfección en el que la oración se hace más contemplativa, con lo que el fiel se hará más dócil a las inspiraciones del Espíritu Santo e irá dando frutos que se transforman en gestos de caridad fraterna. Cita al número 90. Puede ser útil el seguir un proyecto de vida inicial con el que se marque como meta un conjunto de principios, objetivos y medios, pero lo más común es adentrar a los fieles directamente a la observancia de una vida de oración, a la lectura de la palabra y a la participación diaria en el sacrificio eucarístico, fuente y cumbre de la vida cristiana. Seguidamente se les puede proponer las lecturas espirituales, el examen de conciencia, sin olvidar la práctica sido del sacramento de la reconciliación previo al acceso a la comunión sacramental con el que quedarán unidos a Cristo verdadero pastor. Cita a los números 91 y 92. Con el tiempo cuando lleguen los silencios de Dios será el momento de animarlos a la meditación de los consejos que nos dejaron los grandes santos y maestros del espíritu, quienes se vieron rodeados de momentos de aridez, de derrotas, de malentendidos, de calumnias y también de persecución, con lo que se les ayudará a vivir el misterio fecundo de la cruz como un don peculiar de Cristo amigo, corrigiendo las situaciones engañosas que se les puedan presentar y el desánimo, la desconfianza, la mediocridad, la negligencia, la tibieza, la falsa humildad o el ansia excesiva de hacerse apreciar, etcétera. Será necesario apreciar si aparecen casos o fenómenos extraordinarios referidos a los místicos de la historia eclesial, sobre todo para discernir si existe algún problema psicológico, cultural, de formación, de ambiente social, todo ello a la luz del modelo de santidad de vida expresada en la Sagrada Escritura, en la tradición y en el magisterio de la iglesia. Cuando se dan imperfecciones o faltas de vidas a debilidades psíquicas vinculadas a la vida espiritual, lo más correcto será tratar de educar con corrección sincera para que puedan superar sus falsos temores, pero si lo que aparecen son manifestaciones ligadas a enfermedades de tipo neurótico más vinculadas a la vida espiritual, necesitarán la atención de expertos en la materia habida cuenta de que estas manifestaciones no tienen nada que ver con la verdadera contemplación y la mística cristiana, pues los frutos de santidad se expresan siempre en la humildad, en la confianza, en el olvido de sí para servir a los otros según la voluntad de Dios. Citas a los números 93 al 97. Precisamente esta es la tarea del discernimiento que busca que cada uno sea conducido a la oración, a la humildad, al sacrificio, a la vida ordinaria de Nazaret, al servicio, a la esperanza, siguiendo el modelo de la vida de Jesús siempre guiada por el Espíritu Santo y a la alegría pascual en el espíritu. Cita a Lucas 10. Lo contrario de todo esto procede del maligno y está acompañado de soberbia, autosuficiencia, tristeza, desánimo, envidia, confusión, odio, falsedad, desprecio de los demás, preferencias egoístas, etc. Citas a los números 98 y 99. En definitiva, lo importante será discernir, ayudar a discernir adecuadamente para tomar las decisiones oportunas en la vida personal que a cada uno se le presentan según sus peculiares fortalezas y debilidades. Esto requiere la paz en el corazón, que se manifiesta como don del Espíritu Santo cuando no se busca el propio interés, sino el modo mejor de servir a Dios y a los hermanos. Y esto sólo será posible desde la humildad y el desapego del yo, con oración y escucha interior, con el estudio de la vida y doctrina de los santos, la lectura asidua de las escrituras y de la tradición, y un mayor conocimiento del propio corazón y sus inclinaciones para cambiar en libertad con el amor que brota de un corazón limpio, de una buena conciencia y de una fe sincera. Son citas a la primera de Timoteo 1 y al número 100 del documento. Vamos a valorar cuáles son las cualidades que debe tener el director espiritual, el acompañante. El texto nos presenta las cualidades que se piden a los directores y rectores espirituales, destacándose que han de tener un gran espíritu de acogida y de escucha, sentido de responsabilidad y de disponibilidad, tono de paternidad y fraternidad a la vez, de respetuosa amistad, con servicio humilde de consejero, no autoritario, no personalista, no paternalista, sosegado, centrado en lo esencial, discreto, prudente y sano en el humor. El documento invita a la práctica de todas las virtudes, virtudes que también se irán fraguando a medida que el propio director espiritual ejerce su labor en el día a día, en un proceso de servicio al acompañado que hace presente a Cristo en su cercanía y atención personal. Con todo, es importante que el director espiritual sea consciente de que no hace el camino, sino que lo sigue, asistiendo a la persona en su realidad concreta, por lo que deberá desempeñar este servicio con profundo respeto y delicadeza hacia la conciencia de los fieles, quienes tienen en todo momento la capacidad de elegir a quién consultar o incluso a cambiar de director cuando considere que es lo mejor para su vida espiritual personal. Citas a los números 101 al 105. Y ahora vamos a ver las cualidades del acompañado, de quien es objeto de dirección espiritual. El texto indica que el acompañado debe estar abierto con sinceridad, autenticidad y coherencia, haciendo uso de los medios de santificación que conocemos, liturgia, sacramentos, oración, sacrificio personal, examen de conciencia, etc. No existe una regla fija sobre la periodicidad de los encuentros, si bien en los momentos iniciales se pide una frecuencia asidua que permita la espontaneidad en la consultación sin esperar a ser llamados. En los coloquios iniciales, los fieles pedirán aclaración sobre los asuntos que les afectan para que su vida espiritual siga una correcta armonía en el examen personal, con libertad y responsabilidad, pero asumiendo libre y responsablemente el consejo espiritual que van recibiendo. Citas a los números 106 al 109. Sobre la dirección espiritual de los sacerdotes, indica que no hay que olvidar que estos, los sacerdotes, ellos mismos tienen necesidad de dirección espiritual específica basada en la caridad pastoral, con el ejemplo de Cristo, cuya comida era hacer la voluntad de aquel que lo envió para que llevara a cabo su obra. Es más, los sacerdotes necesitarán un proyecto personal de vida espiritual que puede quedar delineado así, a la luz del directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, Dives Ecclesia de la congregación para el clero, publicado el 31 de marzo de 1994. Dice textualmente. Dedicar cada día a cierto tiempo a la meditación de la palabra, a la lectura espiritual, reservar cotidianamente un momento de visita o adoración eucarística, mantener periódicamente un encuentro fraterno con otros sacerdotes para ayudarse recíprocamente, reunirse para rezar, compartir, colaborar, preparar la homilía, etcétera. Poner en práctica y sostener las orientaciones del obispo sobre el presbiterio, proyecto de vida o directorio, formación permanente, pastoral, sacerdotal. Recitar cotidianamente una oración mariana, que puede ser el santo rosario, para la fidelidad a estos compromisos. En definitiva, es hacer cada día el examen de conciencia general y particular. De ahí que el documento insista y explicite la misión de hacer presente a Cristo tanto en la confesión como en la dirección espiritual. Son citas de los números 112 y 113, recordando las indicaciones del concilio vaticano segundo sobre el decreto presbiterorum ordinis, que trata sobre el ministerio y la vida de los sacerdotes, en el que textualmente dice, por lo cual atañe a los sacerdotes en cuanto educadores en la fe, esto es también alcanzable a los rectores o directores espirituales cuando son seglares, el procurar personalmente o por medio de otros que cada uno de los fieles sea conducido en el Espíritu Santo a cultivar su propia vocación según el Evangelio, a la caridad sincera y diligente y a la libertad con que Cristo nos liberó. De poco servirán las ceremonias, pues hermosas que sean o las asociaciones, aunque florecientes, si no se ordenan a formar a los hombres para que consigan la madurez cristiana. En su consecución, les ayudarán los presbíteros para poder averiguar qué hay que hacer o cuál es la voluntad de Dios en los mismos acontecimientos grandes o pequeños. Enséñense también a los cristianos a no vivir sólo para sí, sino que, según las exigencias de la nueva ley de la caridad, ponga cada uno al servicio del otro el don que recibió y cumplan así todos cristianamente su deber en la comunidad humana. En consecuencia, el acompañamiento espiritual ha de ser visto no como un proceso aislado, sino que debe formar parte de cualquier plan pastoral de la santificación y de la misión, aunque éstos puedan iniciarse con la predicación, la catequesis, la confesión, la vida litúrgico-sacramental, especialmente la eucaristía, o con los grupos bíblicos y de oración. El encuentro personal llegará después como invitación a una praxis personalizada que puede proponerse en cualquiera de estos momentos, pero ya de forma privada. Cita a los números 114 al 116. Sobre la particular dirección en la vida consagrada, sin entrar en profundidad, el documento indica que ésta seguirá las propias reglas y constituciones de las diversas modalidades de vida, contemplativa, evangélica, comunitaria y misionera, cuyo recorrido sigue las etapas de preparación y profundización propias de cada vocación con sus particulares aspectos de progreso espiritual. Cita a los números 117 al 121. Sobre la dirección de los laicos. La dirección espiritual de los laicos presupone una llamada a la santidad y a la perfección cristiana, con la particularidad de ser fermento evangélico en el mundo y de actuar bajo la propia responsabilidad y en comunión con la iglesia, tratando las cosas temporales y ordenándolas según Dios. Por lo que el sacerdote, el rector o rectora, debe orientarlos hacia una relación personal con Dios que se concreta en la práctica de la oración, en la participación en la eucaristía, en el examen de conciencia y en la coherencia de vida. De esta forma estarán preparados para ayudar a santificar la familia, el trabajo, las relaciones sociales, con lo que su actuación en la vida pública dará poco a poco sus frutos. En palabras del Papa Benedicto XVI, los laicos están llamados a ejercer su tarea profética, que se deriva directamente del bautismo, y a testimoniar el Evangelio en la vida cotidiana, dondequiera que se encuentre. Adquieren así un camino de santidad y misión sin límites, puesto que son partícipes del oficio sacerdotal, profético y real de Cristo, como cualquier bautizado, y viven esta realidad en el mundo, lo que les concede una función específica absolutamente necesaria en la misión de la Iglesia, para la cual necesitan también consejo. ¿Cómo armonizar los diversos niveles formativos? Debe apreciarse la necesidad de armonizar la formación humana, espiritual, intelectual, profesional y pastoral, pues son aspectos que se integran en la armonización recíproca de la comunión eclesial, siempre con vistas a la misión de la Iglesia. También hay que distinguir el nivel humano personal y comunitario, a fin de que se valore rectamente a la persona como ente que tiene criterios objetivos, una escala auténtica de valores, de motivaciones ordenadas al amor y de actitudes de relación con el resto de personas de la comunidad a la que presta un servicio. No olvidemos que el consejo espiritual se inspira en el misterio de Cristo, a la luz del cual se descifra el misterio del hombre. Por esta razón, la formación de los niveles debe cultivarse a la luz de la fe, la esperanza y la caridad, así como de las virtudes cardinales y de todas las cualidades del buen cristiano. En definitiva, se trata de favorecer que surja en la persona una armonía plena que les lleve al cumplimiento del deber, al amor contemplativo, al estudio y a la acción externa como vínculo necesario para la unidad de vida, unidad de vida del apóstol, que es identificación y configuración con Cristo, lo que se mostrará en los fieles como la fuerza espiritual necesaria para afrontar todas las dificultades personales y ambientales que se les presenten en cada momento y en cada época. Este es el camino que construye la Iglesia comunión que nos lleva a la participación y a la misión. Son citas a los números 125 al 134. En los últimos números del documento nos hacen una breve síntesis cuyo contenido voy a pasar a resumir. Son los números 135 al 140. Dice así. El ministerio de la misericordia, la confesión, permite al sacerdote iluminar las conciencias, perdonarlas y vivificarlas en el nombre del Señor Jesús, siendo para ellas médico y consejero espiritual. Esta es la insustituible manifestación y verificación del sacerdocio ministerial. El ministro es el primer necesitado de la misericordia, pues no se trata sólo de perdonar los pecados, sino también de ser ejemplo y orientar la vida cristiana para corresponder generosamente al proyecto de Dios Amor. Para conseguir sus fines pastorales de renovación interna, el concilio vaticano segundo exhorta vehementemente a todos los sacerdotes a que, empleando todos los medios recomendados por la iglesia, se esfuercen por alcanzar una santidad cada vez mayor para convertirse día en día en más aptos instrumentos en servicio de todo el pueblo de Dios. La pastoral de la santidad se realiza de forma particular por el sacerdote, con el sacramento de la reconciliación y con la dirección espiritual, y está siempre en relación con la eucaristía. Por esta razón necesitamos ministros que vivan con gozo este servicio que producirá grandes frutos y disipará toda duda y desanía. La espiritualidad hay que infundirla en los valores actuales del progreso y de la técnica, como afirma el Papa Benedicto XVI, de manera que el progreso material y espiritual vayan siempre unidos, porque el hombre es uno en cuerpo y alma, nacido del amor creador de Dios y destinado a vivir eternamente. Y así concluye, no hay desarrollo pleno ni un bien común universal sin el bien espiritual y moral de las personas, consideradas en su totalidad de alma y cuerpo. La dirección o acompañamiento espiritual es pues un itinerario que impulsa al mismo confesor o director espiritual a vivir con alegría un camino de donación al Señor que supera la visión materialista humana y permite vislumbrar ese algo más que la técnica no nos puede ofrecer. Por este camino se podrá conseguir aquel desarrollo humano e integral cuyo criterio orientador se haya en la fuerza impulsora de la caridad en la verdad. De la tarea de los sacerdotes depende el crecimiento de las propias vocaciones sacerdotales, de la vida consagrada y del compromiso eclesial de los raicos en el camino de la santidad y del apostolado. Por ello se exige una renovación, el incremento del Ministerio de la Reconciliación y el de la dirección espiritual como vías que nos han de llevar a la nueva primavera presagiada por el Papa San Juan Pablo II en la encíclica Redentoris Missio del año 1990, número 92. Dice así, nunca como hoy la Iglesia ha tenido la oportunidad de hacer llegar el Evangelio con el testimonio y la palabra a todos los hombres y a todos los pueblos. Veo amanecer una época misionera que llegará a ser un día radiante y rica en frutos si todos los cristianos y en particular los misioneros y las jóvenes iglesias responden con generosidad y santidad a las solicitaciones y desafíos de nuestro tiempo. El texto del documento culmina orando con María, madre de la iglesia, imitando así a los apóstoles que después de la ascensión de Cristo se reunieron en el cenáculo con la madre de Jesús, implorando al Espíritu Santo la fuerza que los transformara y el valor necesario para cumplir el mandato misionero recibido. Bien, pues hasta aquí el contenido del documento. Pasamos entonces a reflexionar en esta segunda parte la necesidad de la caridad fraterna. Comenzaremos diciendo que el cristiano debe ser libre, principalmente respecto a su propio yo. Bien sabemos que lo mundano se vence fácilmente cuando llevamos una vida de oración, que al maligno se le vence con la gracia que recibimos en los sacramentos, pero el enemigo que más cuesta vencer es el propio yo, pues la verdadera lucha ascética de la vida es la que llevamos contra la propia carne y sus tendencias desordenadas. Para el asceta que busca vivir un camino de perfección, la caridad fraterna es la expresión de una vida de unión al evangelio que se concreta en el trato que damos a los más prójimos y en el servicio que prestamos a todos los que comparten con nosotros la vida diaria en todos y cada uno de los ambientes en los que nos estamos realizando, familia, iglesia, sociedad, profesión, amistades, vecinos, etcétera. Por lo dicho, es necesario que el asceta aplique las enseñanzas que va haciendo suyas, siempre de acuerdo con las verdades evangélicas y con las enseñanzas del magisterio de la iglesia que orientan universalmente a todos los hombres. Y esto requiere un acto voluntario, a veces penitencial, aunque no se entienda perfectamente las situaciones adversas que se le presentan, pues todos debemos seguir el ejemplo de Cristo, quien con su obediencia al Padre y por amor se entregó a una muerte y una muerte de cruz a fin de rescatarnos de la esclavitud del pecado que había nacido por la desobediencia humana. Veamos algunas de las enseñanzas del Nuevo Testamento. Comprensión con humildad y amor, tomada de Efesios Así pues, yo el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor, esforzándoos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo, un Dios Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos, sobre el estímulo de la caridad de unos en los otros. Tomada de Hebreos 10. Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, porque es fiel quien hizo la promesa. Fijémonos los unos en los otros para estimularnos a la caridad y a las buenas obras. Sobre el precepto de la caridad fraterna. Tomada de Mateo 22. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se sostienen toda la ley y los profetas. Sobre la enseñanza de unos a otros con toda sabiduría. Tomada de Colosenses 3. Así pues, como elegidos de Dios santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia. Sobrelleváos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado. Haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta. Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón. A ella habéis sido convocados en un solo cuerpo. Sed también agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza. Enseñaos unos a otros con toda sabiduría. Exhortaos mutuamente. Pues bien, este es el camino que nos propone el Evangelio y estas son las enseñanzas que nos ofrece la Santa Madre Iglesia, que pide diariamente al Señor en la Eucaristía cuando el sacerdote eleva la plegaria. Llévanos a la perfección por la caridad. Y esto nos confirma que la caridad es vínculo de perfección cristiana. Con todo, vemos que la primera virtud de la caridad cristiana es tener una paciencia constante con los defectos y los males de nuestro prójimo. Un corazón que no es paciente en el sufrimiento que nos viene continuamente por el comportamiento de los demás, es un corazón todavía demasiado estrecho para el amor sin condiciones que Cristo nos exige. Más bien, la paciencia no mira a las personas como objetos a los que se les da un calificativo determinante, sino que las ve como sujetos a los que hay que comprender para disculpar. Pues en la disculpa mostramos el perdón y la misericordia que Dios tiene con nosotros. Esto es, en el perdón acogemos y amamos a los hermanos en sus miserias. En consecuencia, por la práctica de la caridad, el alma se abre a la acogida del otro sin reserva ni acepción de personas. La caridad tampoco admite vergüenzas, ni disimulos, ni encogida de hombros, pues la fe debe traducirse en obras. Y la primera de estas obras es la caridad con el prójimo, que como dice San Juan Pablo II, en características del verdadero cristiano, debe ser ejercida material y espiritualmente aún condenando los errores. La caridad es por tanto un acto creativo de la voluntad y un bien en sí mismo. Y concluye el Papa. Debéis de comprender que no podéis vivir de una manera disoluta, es decir, usando despreocupadamente todo aquello con lo que el mundo os ilusiona en su temporalidad. Vuestra vida debe ser una respuesta al amor de Cristo, al amor redentor. Claro, llevar una vida ordenada al servicio de los demás es el gran ideal del amor, del apostolado. Y esto requiere una pureza de intención y ausencia del propio interés. Cuando todos merecen nuestra atención es que existe verdadero amor hacia todos nuestros hermanos, incluso los que se presentan como enemigos. Hemos pues de prepararnos para servir, esto es, entregar todo el tiempo libre que nos dejan nuestras ocupaciones cotidianas y familiares para ayudar a promover la gloria de Dios, empleando para ello nuestro ingenio y nuestros medios, sin esperar compensación o reconocimiento a alguno de las personas ni triunfalismos. ¿Qué nos dice el Nuevo Testamento? Mateo 5. Brille así vuestra luz ante los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos. Descubramos entonces el valor de amar a la iglesia, a los hermanos, con el mismo amor que Cristo los amó. Esto supone dar testimonio, actuando libremente y sin avergonzarnos ante determinadas situaciones adversas. Demos testimonio de Cristo y de la iglesia que sufre y ama a todos los hombres, pues todos estamos llamados a ser testigos del amor que Dios nos quiere. Para ellos contamos con su promesa. Cita a Juan 15. Cuando venga el paráclito que os enviaré desde el Padre, el espíritu de la verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. La caridad en definitiva se convierte en un voto de apostolado para todo cristiano que quiere ser testigo de Cristo, ganando para sí que el mismo Cristo dé testimonio de él ante el Padre. Esto es el voto apostólico, un compromiso humano formal en la caridad y es esencial para la evangelización, pues la propia caridad se reduce a la aplicación de la doctrina en el ejercicio de nuestros actos, con lo que favorecemos la conversión de cuantos nos observan. Ante las faltas de caridad, que nos demuestran que seguimos siendo carnales y que nos dejamos llevar por los juicios, los deseos desordenados y los instintos de felicidad, hemos de decir que estas faltas dificultan la unión de pertenencia a la iglesia, pues no muestran el principio del amor de Dios que debe presidir nuestras palabras y nuestros actos. Rompen el vínculo de unión familiar, el eclesial y profesional, en todos los ambientes en que nos movemos diariamente. Las faltas de caridad se oponen a la acción del Espíritu Santo y por lo tanto a la conversión del corazón. La naturaleza humana, por obstinación o por una tendencia psíquica, es incapaz de poner en práctica las enseñanzas evangélicas que va recibiendo, con lo que el acompañado sigue dando muestras de su apego a lo temporal y mundano, sin que pueda vivir una conversión auténtica que lo lleve a la vida espiritual. Sigue dependiendo de las emociones que le suscita su propio libertinaje personal, orientándose y apegándose a lo material. En estos casos es importante acompañar e insistir en la necesidad de que el acompañado plantee las dudas que le embargan una y otra vez, hasta que las enseñanzas evangélicas vayan calando en su interior, de suerte que con la ayuda de la gracia sea capaz de ir entendiendo las enseñanzas evangélicas, de aceptarlas y de aplicarlas en su vida con total honestidad y coherencia. Uno de los grandes pecados contra la caridad fraterna es la indiferencia, porque puede llegar a ser más ofensiva incluso que las propias ofensas. También hay falta de caridad cuando se nos requiere para algo y no atendemos la solicitud en el momento, o bien nos limitamos a mirar para otro lado, como si no fuera con nosotros, declinando la responsabilidad en favor de que sea otro el que atienda la necesidad de la colaboración que nos han pedido. ¿Cómo corregir al acompañado sobre la caridad fraterna? Pues bien, sobre la corrección fraterna que preside el acompañamiento espiritual, hemos de destacar que el acompañante, rector o rectora, está obligado a presentar al acompañado todos los criterios de la Iglesia sobre la materia en discordia, a fin de que éste pueda ejercer su responsabilidad personal. Ha de quedar claro que compete al acompañado la aceptación voluntaria de las indicaciones que le va haciendo el acompañante, condición necesaria para que pueda superar sus faltas de caridad y para orientarse a una correcta toma de decisiones en su vida diaria. El rector no debe juzgar, pero debe enseñar a perseverar en el camino de la perfección y de la práctica de las virtudes, animando a corregir las faltas del acto ascético, pues las faltas contra la caridad sólo pueden superarse con espíritu de negación por amor, pero siempre contando con la ayuda de la gracia. El acompañante ha de estimular, por tanto, en el acompañado una mayor atención al recogimiento de la mente y a la quietud en la voluntad, a fin de que pueda percibir la presencia del Señor en cada uno de los prójimos. A este fin es fundamental la constancia en la práctica de la oración y en la participación en los sacramentos, son las fuentes de la gracia, a fin de que la esceta pueda llegar a una unión perfecta con Dios. El acompañado, cuando reconoce las faltas de caridad en el encuentro comunitario, sólo debe hacer referencia a su conducta, sin identificar ni mencionar a los prójimos con los que tuvo este u otro problema, ni tratar de justificar su falta por el comportamiento de aquellos, aunque esto hubiera existido, y seguidamente con espíritu de pobreza y de humildad llevará sus faltas a la confesión, pues bien sabemos ya que el acompañamiento espiritual no sustituye al sacramento de la confesión, la cual debe hacerse con el sacerdote, única vía válida para el perdón de los pecados, según nos indica con claridad la disciplina de la iglesia. Finalmente conviene aclarar que la no superación de las faltas de caridad por parte del acompañado le impedirá avanzar en el camino de perfección que el Señor le pide, con lo que el Espíritu Santo pues le llevará a un estado de purificación quizás extremo, en el que se verá afligido, triste por su falta de coherencia en su vida personal, con riesgo de apartarse del acompañamiento espiritual que había iniciado. Así nos lo enseña el apóstol San Pablo cuando nos dice que la incoherencia se opone a la obediencia. Como conclusiones finales vamos a tratar de concretar, la iglesia busca potenciar la formación espiritual de todos los fieles, especialmente de los sacerdotes y consagrados, y lo hace así pensando en la labor pastoral deseada en favor del acompañamiento espiritual de todos los laicos, sin excepción, pues los laicos estamos llamados a contribuir al crecimiento y santificación incesante de la iglesia, esto es, a hacer presente y operante a la iglesia en los lugares y circunstancias donde la jerarquía no puede llegar a ser la sal de la tierra. Cita alumen gentium 33. Segunda conclusión, la iglesia invita a los sacerdotes a tener una disponibilidad frecuente para que fieles y sacerdotes también puedan experimentar como penitentes y como ministros, que en el sacramento de la penitencia se manifiesta la acción saldífica de Dios cuya gracia supera todas las estrategias humanas, incluso las pastorales, que no pueden apartarnos de lo esencial, la guía espiritual de los fieles. El documento, tercera, el documento comentado es pues un instrumento útil para la formación permanente del clero y una ayuda para redescubrir el valor imprescindible de la celebración del sacramento de la reconciliación y de la dirección espiritual, vías esenciales y fundamentales para la nueva evangelización y la renovación permanente que quiere la iglesia. Cuarta, la vida espiritual y pastoral del sacerdote como la de sus hermanos laicos y religiosos depende para su calidad y fervor de la assidua y consciente práctica personal del sacramento de la penitencia. En un sacerdote que no se confiesa o se confiesa mal, su ser como sacerdote y su ministerio se resentirán muy pronto y se dará cuenta también la comunidad de la que es pastor. Quinta, la atención a la vida espiritual de los fieles debe ponerse en un primer plano a fin de guiarlos en el camino de la contemplación y de la santidad, también como ayuda en el discernimiento vocacional. Sexta, el acompañamiento espiritual es un proceso que nos adentra en la conciencia de uno mismo a la luz del evangelio, en el que se apoya toda la confianza en Dios. De esta forma se aprende la práctica de la humildad, la confianza y un aprendizaje continuo del don de sí mismo a los otros por las obras de la caridad y del perdón. Se fortalece así la conciencia y la instrucción de la mente, se ilumina la memoria, se fortifica la voluntad, se orienta a la efectividad y se alienta a una entrega constante y generosa a la santificación. Séptima, el documento en definitiva es útil para ejercer la misión evangelizadora con toda eficacia apostólica, incluida la pretendida reforma del clero. Recordemos que el propio documento recomienda la tarea de difusión de su contenido y encomienda los frutos a la Virgen María, refugio de los pecadores y madre de la divina gracia. Octava, sobre la caridad fraterna. Es una virtud requerida para vivir según el espíritu evangélico y no según las pasiones del mundo y de la carne. Es una virtud esencial para la evangelización del mundo que nos rodea. Novena, la caridad fraterna requiere también de una obediencia al Espíritu Santo a través de los consejos que recibe el acompañado del rector, pues es el Espíritu el que santifica y el rector el que corrige fraternalmente según el estado y situación de cada acompañado. Décima y última, en síntesis decimos que la caridad se convierte en un voto de apostolado para todo cristiano que quiere ser testigo de Cristo. Este voto apostólico es esencial para la evangelización, pues la propia caridad se reduce a la aplicación de la doctrina en el ejercicio de nuestros actos, con lo que favorecemos la conversión de cuantos nos observa. Pues bien, damos por finalizado el análisis de las líneas fundamentales del acompañamiento espiritual como proceso de formación que está inspirado y guiado por el mismo Espíritu Santo y promovido y deseado por el magisterio de la Iglesia. Concluiremos diciendo que es Cristo quien nos ha asociado a la salvación de los hombres, pero cada uno debe poner su esfuerzo a su servicio buscando lo que se orienta al bien evangélico y rechazando lo que no sirve a este fin en toda nuestra actividad diaria. Recordaremos finalmente que la unión al evangelio presupone la disposición del recogimiento de la mente y la quietud de la voluntad, lo que favorece la experiencia de los frutos espirituales que otorga la gracia en favor de la práctica de las virtudes, no sólo de las teologales, fe, esperanza y caridad, que son un don de Dios, sino también de las virtudes cardinales, vivencia, justicia, fortaleza y templanza, y de las virtudes evangélicas, pobreza, castidad y obediencia, pues todas éstas requieren un esfuerzo humano para que no seamos vencidos por el poder del mundo, del maligno y de la propia carne. Bien, pues damos por finalizado el programa de hoy, diciendo que el próximo viernes, 7 de febrero, analizaremos el discernimiento espiritual y la diversidad de praxis, de prácticas que hay en el acompañamiento espiritual, y seguidamente reflexionaremos sobre la necesidad del voto de cátedra para nuestra formación y para avanzar en el camino de la vida cristiana. Sólo me queda deciros que, nada, que vemos así, a modo de comentario inmediato, vemos que el acompañamiento espiritual precisamente es un servicio de caridad que hace la persona formada previamente, que lo normal es que haya vivido la experiencia del acompañamiento, por eso le da más valor, es mi caso, entonces lo que hace un acompañante espiritual es ponerse al servicio de las necesidades de los fieles, entrega su tiempo, prepara sus temas, va edificando un día a día a los que quieren seguir siendo formados y acompañados. La técnica la iremos viendo poco a poco, cómo en la práctica se va desarrollando, pero bueno, pues es una, de alguna manera, en un esquema simple, es dedicar, pues lo ideal, es dedicar una hora a la semana, no tiene más compromiso, pero una hora a la semana donde hay un encuentro de acompañante y acompañado y el acompañado puede hacer y aclarar sus dudas con el acompañante y el acompañante va como guiando, haciéndole un poquito el cauce más llevadero y va viendo efectivamente cómo desarrolla su compromiso con la vida y con la fe y con la esperanza que va recibiendo. Esto es así, no hay más que ir acompañando. Ya os confirmo que la experiencia es preciosa porque es descubrir un encuentro con Dios Espíritu Santo de una manera, vamos a decirlo así, muy acelerada. Yo sé que todos los carismas llevan al mismo fin, pero este camino espiritual tiene unos frutos muy rápidos. Muy bien, pues dejamos aquí el programa. Gracias por vuestra atención, que el Señor nos bendiga a todos y hasta el próximo programa de acompañamiento espiritual. Un abrazo a todos. Ave María Purísima. Sin pecado con Seguida.
La necesidad de la obediencia evangélica. #11
Fecha: viernes, 24 de enero de 2025, a las 21:00:00
Duración: 59:13
Mostrar transcripción de Episodio 11. Líneas fundamentales del Acompañamiento Espiritual (I).
Transcripción de Episodio 11. Líneas fundamentales del Acompañamiento Espiritual (I).
Buenas noches a todos los que me escucháis. Os habla Javier Cebrián, vocal de formación del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Septo dos, bienvenidos al programa de acompañamiento espiritual de Radio Lavandé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios, de las Sagradas Escrituras, de la tradición de la Iglesia, del pensamiento teológico o de las enseñanzas de los santos padres, o incluso de las experiencias de la vida espiritual que han tenido los santos reconocidos por la Iglesia. Bien sabemos que todo esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior. El Espíritu Santo es el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues solo Cristo es la cabeza de la Iglesia, de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. Buscamos la unión con el Espíritu Santo, no solamente para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa que tuvimos el 4 de octubre del año 2024, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo a fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. En nuestra oración tenemos presentes las necesidades de la Iglesia, las de todos los pueblos de la tierra y las de aquellos que se nos han encomendado, especialmente las vidas de nuestros familiares, amigos y bienhechores. Invocamos entonces al Espíritu Santo. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles e incienden ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor, tu espíritu y serán creados y renovarás la faz de la tierra. Oremos. Oh Dios, que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve, María, llenares de gracia del Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos ya en materia, recordando que buscamos analizar los fundamentos teológicos que están relacionados con el acompañamiento espiritual, cuyas líneas están en permanente desarrollo por el Magisterio de la Iglesia a partir del Concilio Vaticano II. En el programa anterior, analizábamos las líneas del Magisterio del Papa Francisco y reflexionábamos sobre la necesidad de la castidad evangélica. En el programa de hoy y en los próximos programas, vamos a concretar las líneas fundamentales del acompañamiento espiritual a la luz del documento de la Congregación para el Clero, actual de Casterio, para el Clero, que tiene por título el sacerdote, confesor y director espiritual, ministro de la misericordia divina. El documento es de fecha 9 de marzo del año 2011 y, seguidamente, reflexionaremos sobre la necesidad de la obediencia evangélica como esfuerzo necesario que ha de practicar el hombre en su lucha ascética para avanzar a la unión con Dios, porque queremos ser fieles a las enseñanzas que nos dio Jesús en la idea de que la gracia vaya configurándonos con Cristo, esta es la obra mística de la gracia, de forma que podamos llegar a ser buenos discípulos en el camino de perfección al que Jesús nos llama por el don de la fe. Insistimos, una vez más, en que nos interesa destacar los fundamentos del acompañamiento espiritual para ponerlos en valor, de manera que nos sirvan de guía y luz en el sendero de nuestra propia formación espiritual. En este programa, comenzamos con el análisis del documento del Dicasterio para el Clero. Decía que es de fecha 9 de marzo de 2011 y que lleva por título el sacerdote, confesor y director espiritual, ministro de la misericordia divina. En él se desarrollan las líneas fundamentales del acompañamiento espiritual. Es a iniciativa del Papa Francisco, perdón, es a iniciativa del Papa Benedicto XVI, que la Congregación para el Clero nos presentó este documento, una síntesis de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, en todo lo relativo al acompañamiento espiritual, con referencias constantes a los textos del Concilio y al magisterio posterior de la Iglesia. En este sentido, podemos decir que el texto se muestra como una guía sobre la dirección espiritual de los fieles, cuyo contenido sintetizado es el siguiente. El documento comienza resaltando la importancia que tiene la conversión para la vida de los fieles y la urgencia apostólica de redescubrir el sacramento de la reconciliación, tanto en calidad de penitentes como en calidad de ministros. Recordando las palabras de Benedicto XVI dirigidas a los confesores en la celebración del año sacerdotal sobre la urgencia de volver al confesionario como lugar en el que experimentar la presencia de la misericordia divina, exhorta a los sacerdotes a la acogida de los penitentes, y cuando sean requeridos, a favorecer el acompañamiento espiritual de los fieles. Es en este servicio donde el sacerdote muestra la medida real de su caridad pastoral y con ella testimonia la propia identidad redefinida en el sacramento del orden que nunca se puede limitar a mera función. Percibe al sacerdote como ministro, es decir, siervo y a la vez administrador prudente de la divina misericordia, que tiene confiada por la Iglesia la gravísima responsabilidad de perdonar o retener los pecados. Cita a Juan XX, donde lo hace, pues en el sacramento de la reconciliación. Es en la confesión donde, por la fuerza del Espíritu, el Señor nos retorna a la vida y somos acogidos y reconstituidos de nuevo en su dignidad filial. En este sentido, el texto invita a los sacerdotes a tener una disponibilidad frecuente para que fieles y sacerdotes puedan experimentar como penitentes y como ministros que en el sacramento de la penitencia se manifiesta la acción salvífica de Dios, cuya gracia supera todas las estrategias humanas e incluso las pastorales, que no pueden apartarnos de lo esencial. ¿Qué es lo esencial? La guía espiritual de los fieles. El texto se presenta como instrumento útil para la formación permanente del clero y una ayuda para redescubrir el valor imprescindible de la celebración del sacramento de la reconciliación y también en la práctica de la dirección espiritual. Vías esenciales y fundamentales para la nueva evangelización y para la renovación permanente de la Iglesia, siempre necesitada de reforma, pero también para ejercer la misión evangelizadora con toda eficacia apostólica, incluida la pretendida reforma del clero. El propio documento recomienda la tarea de difusión de su contenido y encomienda los frutos a la Virgen María, refugio de los pecadores y madre de la divina gracia. Siendo cierto que Dios no tiene acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea, fue también voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente. Sino constituyendo un pueblo que le confesara en verdad y le sirviera santamente. Esto condiciona que vivamos un camino de santidad, ayudándonos mutuamente unos a otros, haciéndonos mediadores de Cristo para acercar a los hermanos a Dios, a su eterno amor. Es en este horizonte de caridad en el que se insertan ambas realidades, el sacramento de la penitencia y la dirección espiritual. Para Benedicto XVI, una de las prioridades pastorales fue la de formar rectamente la conciencia de los creyentes, a lo que contribuye poderosamente la dirección espiritual, tarea esencial que necesitamos en la Iglesia. Decía así en su mensaje al penitenciario mayor y a los participantes en el XX curso sobre el fuero interno organizado por la Penitenciaría Apostólica el 12 de marzo de 2009. Hoy, más que nunca, se necesitan maestros de espíritu, sabios y santos, un importante servicio eglesial para el que, sin duda, hace falta una vitalidad interior que debe implorarse como don del Espíritu Santo mediante una oración intensa y prolongada y una preparación específica que es necesario adquirir con mesmero. Además, todo sacerdote está llamado a administrar la misericordia divina en el sacramento de la penitencia, mediante el cual perdona los pecados en nombre de Cristo y ayuda al penitente a recorrer el camino exigente de la santidad con conciencia recta e informada. Para poder desempeñar ese ministerio indispensable, decía Benedicto XVI, todo presbítero debe alimentar su propia vida espiritual y cuidar la actualización teológica y pastoral permanentemente. Pues bien, la realidad actual de la Iglesia exige el testimonio de vidas santas, como lo fue el cura de Ars, y esto solo será posible si somos capaces de llevar adelante una renovación interior de los fieles, renovación que debiera empezar por los propios sacerdotes y que debe comprender toda su vida y todos los campos de su ministerio, orientándose plenamente en sus criterios motivacionales, actitudes concretas, pues la actual situación exige el testimonio y requiere que la identidad sacerdotal se viva en la alegría y en la esperanza. El texto aprecia al ministerio de la reconciliación como sacramento fuertemente vinculado al consejo o dirección espiritual, tarea que debe tender a recuperar tanto el ministro como en los fieles el itinerario espiritual apostólico como retorno pascual al corazón del Padre y como fidelidad a su proyecto de amor a todo el hombre y a todos los hombres, idea de Pablo VI. Se trata, pues, de redescubrir que el camino de servicio a los demás es un camino de relación interpersonal con Dios y con los hermanos, en cuanto que es, al mismo tiempo, camino de contemplación, perfección, comunión y misión, y es más, se trata de alentar la práctica del sacramento de la penitencia y el servicio de la dirección espiritual, y esto significa vivir más auténticamente la alegría en la esperanza, para, a través de ella, favorecer la estima y el respeto de la vida humana integral, la recuperación de la familia, la orientación de los jóvenes, el nacer de las vocaciones, el valor del sacerdocio vivido y de la comunión eclesial y universal. Referencia al título II del documento. En este sentido, el texto expresa que el ministerio del sacramento, de la reconciliación y la dirección espiritual son una urgencia de amor, porque el amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos, todos, por tanto, murieron, y murió por todos para que ya no vivan para sí mismos los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. Cita a la II de Corintios número 5. Esta fue la urgencia para san Pablo, y sigue siendo la de hoy, formar a Cristo en cada uno de los fieles, pues su objetivo era hacer a todos los hombres perfectos en Cristo, sin distinción ni limitación. Cita al número 3 del documento. Así entendido, la reconciliación y la dirección espiritual se insertan en el contexto de la llamada universal a la santidad como plenitud de la vida cristiana y medio eficaz para la perfección de la caridad. Cita a Lumen Gentium 40. Así nos lo recordaba san Juan Pablo II. Decía, la caridad pastoral en la verdadera identidad sacerdotal debe conducir al sacerdote a proyectar todos sus ministerios hacia la perspectiva de la santidad, que es armonización de la pastoral profética litúrgica y diaconal. En consecuencia, es parte integrante del ministerio sacerdotal estar disponibles a orientar a todos los bautizados por la fe y la esperanza hacia la perfección de la caridad. Cita al número 4 del documento. Dado que el ministerio pascual que el sacerdote anuncia, celebra y comunica es un instrumento de Cristo, el sacerdote está llamado a ser confesor y guía espiritual a partir de la propia experiencia. Por esto, al mismo tiempo, es beneficiario de estos dos instrumentos de santificación para su personal renovación espiritual y apostólica. Cita al número 5. El texto nos recuerda los anhelos que hacía San Juan Pablo II al inicio del tercer milenio. Deseo pedir, además, una renovada valentía pastoral para proponer de manera convincente y eficaz la práctica del sacramento de la reconciliación. Novo milenio y Neunte número 37. Y es que para San Juan Pablo II, esta era una constante preocupación, reforzar solícitamente el sacramento de la reconciliación, incluso como exigencia de auténtica caridad, verdadera justicia pastoral. Así nos lo recordaba insistentemente, todo fiel con las debidas disposiciones interiores tiene derecho a recibir personalmente la gracia sacramental. Cita al número 7 del documento. El texto destaca que la Iglesia anuncia la conversión y el perdón como signo portador de reconciliación con Dios, pero al mismo tiempo con los hermanos. Su celebración se inserta en el contexto de toda la vida eclesial, sobre todo con relación al misterio pascual celebrado en la Eucaristía, y hace referencia al bautismo olvido y a la confirmación y a las exigencias del mandamiento del amor. Cita al número 8 del documento. Es al mismo tiempo fruto y don de la Pascua del Señor Resucitado, presente en su Iglesia, quien con sus palabras así lo instituyó. Recibí el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados. A quienes se los retengáis, les quedan retenidos. Juan 20. Esta alegría del perdón se convierte en actitud de gratitud y generosidad en el camino de la santificación, en el camino de la misión, pues quien lo experimenta desea que todos puedan llegar al encuentro con Cristo, buen pastor. De ahí se intuye que los ministros que experimentan la belleza del encuentro sacramental se hacen más disponibles para ofrecer dicho servicio humilde, a veces arduo, con una actitud paciente y gozosa. Cita al número 9 del documento. El sacramento de la reconciliación es, por tanto, un exponente de la vitalidad del creyente, pero también del nivel de evangelización de la comunidad. La práctica de la confesión sacramental en el contexto de la comunión de los santos que ayuda de diversas maneras a acercar los hombres a Cristo es un acto de fe en el misterio de la redención y de su realización en la Iglesia. Cita al número 10 del documento. La importancia del sacramento está en la purificación del corazón. Esta purificación proviene de Dios, pues sólo Él es el que perdona todas las culpas. Ahora bien, no cabe duda alguna. Recibido el perdón de Dios, el corazón humano aprende mejor a perdonar y a reconciliarse con los salvados. Cita al número 11 del documento. Por tanto, podemos decir que, en beneficio de la vida espiritual de los fieles, los sacerdotes son en la Iglesia y para la Iglesia una representación sacramental de Jesucristo, cabeza y pastor, proclamando con autoridad su palabra y renovando los gestos de perdón y de ofrecimiento de la salvación, tarea que realizan principalmente con el bautismo, la penitencia y la eucaristía. En un don de sí mismos, por el cuidado amoroso del rebaño, al que congregan en la unidad y conducen al Padre por medio de Cristo en el espíritu. Cita a San Juan Pablo II en Pastores d'Avobobis, número 15. En esta misma línea, en la exhortación apostólica comentada, Pastores d'Avobobis ya invitaba a los sacerdotes a hacer uso de esta práctica como garantía de su propia vida espiritual, recordándolo ya escrito en la exhortación Reconciliatio Epentensiel. Decía así, la vida espiritual y pastoral del sacerdote, como la de sus hermanos laicos y religiosos, depende, para su calidad y fervor, de la asidua y consciente práctica personal del sacramento de la penitencia. En un sacerdote que no se confiesa o se confiesa mal, su ser como sacerdote y su ministerio se resentirán muy pronto y se dará cuenta también la comunidad de la que es pastor. Al contrario, cuando el sacerdote es agradecido, porque Dios le perdona siempre, como escribía Benedicto XVI, dejándome perdonar, aprendo también a perdonar a los otros. Así lo reconocía también San Juan Pablo II en su carta a los sacerdotes, en la conmemoración del segundo centenario del nacimiento de San Juan María de Almeida, reconociendo que, sin lugar a dudas, ha sido su incansable entrega al sacramento de la penitencia lo que ha puesto de manifiesto el carisma principal del santo cura de Ars y le ha dado justamente su fama. Es bueno que ese ejemplo nos impulse hoy a restituir al Ministerio de la Reconciliación toda la importancia que le corresponde. Con todo, hemos de reconocer que hay un gran número de personas que, por diversas razones, parecen abstenerse habitualmente, si no del todo, de la concesión, lo cual nos indica la urgencia de una pastoral del sacramento de la Reconciliación a fin de que ayude a los fieles a redescubrir las exigencias de una verdadera relación con Dios, el sentido del pecado que nos aparta de Dios y de los hermanos, así como la necesidad de conversión, de experimentar el perdón como un don gratuito del Señor. Esta es una prioridad pastoral en cuanto es vivir la caridad del buen pastor, vivir su amor al Padre en el Espíritu Santo, su amor a los hombres hasta inmolarse entregando su vida, pues de su gracia depende la purificación y la renovación de la Iglesia. Citas a los números 20 al 23 del documento. El texto explica seguidamente los fundamentos del sacramento de la Reconciliación, números 24 al 63. Evito abundar en ello para no extenderme demasiado al no ser el objeto de nuestro estudio, pero sí voy a destacar que el texto refuerza una idea. En el sacramento de la Penitencia, el hombre es alcanzado de manera visible por la misericordia de Dios. Acérquense con frecuencia a este sacramento del perdón y de la Reconciliación. Se muestra así la confesión como un medio privilegiado para alentar a los fieles no sólo a recibir el perdón, sino también para seguir con generosidad el camino de la identificación con Cristo. Cita al número 62. Vamos a tocar un tema ahora que se puede titular el ministerio de la dirección espiritual. Mirad, el acompañamiento espiritual puede ser el comienzo de un camino de santidad, tanto para el sacerdote como para los fieles. Si bien requiere que el sacerdote preste una mayor atención a su formación, tal y como lo indicaba el papa Benedicto XVI, lo cual es válido para cualquiera que quiera ejercer de alguna manera la labor de acompañante. Decía así, por tanto, es necesario que además de una buena sensibilidad espiritual y pastoral, el acompañante tenga una seria preparación teológica, moral y pedagógica, condiciones necesarias para todo acompañante espiritual que lo capacite para comprender la situación real de la persona. Además, le conviene conocer los ambientes sociales, culturales y profesionales de quienes acuden al confesionario, a la dirección espiritual, para poder darles los consejos adecuados y las orientaciones espirituales y prácticas. Además de la sabiduría humana y la preparación teológica, es preciso añadir una profunda vena de espiritualidad alimentada por el contacto orante con Cristo, maestro y redentor. Cita al número 63 del documento. El texto nos presenta seguidamente las líneas que debe seguir el acompañamiento o dirección espiritual, haciendo hincapié en la importancia que tiene el discernimiento del espíritu, siempre orientado al fin de la santificación, de la misión apostólica y de la vida de comunión eclesial. Pues la lógica del Espíritu Santo impulsa a vivir en la verdad y en el bien, según el ejemplo de Cristo. En consecuencia, indica que es necesario pedir su luz y su fuerza para discernir y ser fieles a sus directrices. Cita al número 70 del documento. La atención a la vida espiritual de los fieles debe ponerse en un primer plano, a fin de guiarlos en el camino de la contemplación y de la santidad, también como ayuda en el discernimiento vocacional. Esta es una prioridad pastoral que incluye la atención a las vocaciones al sacerdocio como una propuesta válida y convincente de dirección espiritual. Cita al número 71, en la que puede insertarse también la atención a los jóvenes, con el fin de discernir la propia vocación específica en la vocación cristiana general. Cita al número 72 del documento. También la de los ministros ordenados, quienes tienen necesidad de la práctica de la dirección espiritual, que está siempre vinculada a la intimidad con Cristo, en la idea de que puedan cumplir con fidelidad su ministerio, gusten de corazón del cotidiano coloquio con Cristo, Señor, en la visita y culto personal de la Santísima Eucaristía, practiquen de buen grado el retiro espiritual y estimen altamente la propia dirección espiritual. Cita al número 74. Con todo ello, podrán guiar, dice el documento, mejor a los otros, ayudados por el consejo de los hermanos, que, a su vez, son asistidos por el Espíritu Santo, pues el primer consejero o director no es otro que el mismo Espíritu. Cita a los números 75 y 76. Vamos a entrar en las líneas fundamentales del acompañamiento. El fundamento esencial está en la realidad de ser iglesia-comunión, cuerpo místico de Cristo, familia de hermanos que se ayudan según los carismas recibidos, llevándolos unos las cargas de otros para cumplir la ley de Cristo. Cita a Gálatas, número 6. La iglesia, entonces, es un conjunto de mediaciones que corresponden a los diversos ministerios, vocaciones y carismas. Todos tenemos necesidad de consejo espiritual, pues se trata de buscar y aceptar un consejo que viene del Espíritu Santo por medio de los hermanos. La base teológica la encontramos en el bautismo y en la confirmación que todos hemos recibido con los que se manifiestan los dones del Espíritu. La experiencia eclesial demuestra que algunas personas poseen este don de consejo en un alto grado o que, al menos, están llamadas a servir a los otros aportando el don recibido. Como consecuencia, la dirección o consejo espiritual se ha de ejercer al amparo del encargo confiado por la autoridad eclesial o por la propia comunidad eclesial en la que se vive. Cita al número 77. Su objetivo específico consiste en ayudar a discernir los signos de la voluntad de Dios, las luces y emociones del Espíritu Santo, de forma que los que la reciben puedan ser conducidos con docilidad en un proceso de fe, esperanza y caridad, para conformarse estrechamente con los criterios, valores y actitudes de Cristo, pero asumiendo su propia responsabilidad e iniciativa. También pueden ser orientados sobre temas de moral o de práctica de las virtudes, pero también pueden aclarar confidencialmente, confiadamente, cualquier situación personal que requieran en lo referente a la búsqueda de la voluntad de Dios, siempre en un marco de deseo sincero de santidad que equivale a practicar las bienaventuranzas y el mandamiento del amor, sin el cual no tendría sentido la dirección espiritual cristiana. Cita a los números 78 al 80 del documento. El acompañamiento espiritual, entonces, se muestra así como un proceso que nos adentra en la conciencia de uno mismo a la luz del Evangelio, en el que se apoya toda la confianza en Dios. De esta forma se aprende la práctica de la humildad, la confianza, y un aprendizaje continuo del don de sí mismo a los otros. Se fortalece la conciencia y la instrucción de la mente, se ilumina la memoria, se fortifica la voluntad, se orienta la afectividad y se alienta una entrega constante y generosa a la santificación. Cita al número 81 del documento. Es, por tanto, un proceso en el que se guía en el conocimiento de sí y en la confianza del Dios Amor, en la decisión del don total de sí, en la armonía de la purificación, iluminación y unión con Dios. Se trata, pues, de una dinámica de vida en sintonía con la vida trinitaria participada. Citas a Juan 14 y a Efesios, número Y esto es posible por medio de la configuración con Cristo, en criterios, valores, actitudes que manifiestan la fe, la esperanza y la caridad, y bajo la acción del Espíritu Santo, aceptado con fidelidad y generosidad, abarcando así el desarrollo de todos los campos de la relación humana con Dios, la familia, el trabajo, la sociedad. La clave está en la búsqueda de la voluntad de Dios por medio del consejo recibido en un camino de oración-contemplación, discernimiento y fidelidad a la vocación, donación en el itinerario de santidad, vivir armónicamente la comunión fraterna eclesial y la disponibilidad al apostolado. Pero teniendo siempre presente que el verdadero director es el Espíritu Santo, aunque el fiel conserve en todo momento su propia responsabilidad e iniciativa. Quita al número 82 del documento. El camino de la oración, personal, comunitaria, litúrgica, es de vital importancia, por eso ya hicimos unas reflexiones al respecto, pues la oración requiere que se enseñe a rezar, cuidando en particular la actitud filial del Padre Nuestro, que es de humildad, confianza y amor. También es importante la meditación de los escritos de los santos y de los autores espirituales, de las escrituras, pues ayudan a la apertura del corazón y a aprender sus enseñanzas. En esto son ejemplos claros, el santo cura de Ars, yo lo miro y él me mira. También Santa Teresa de Jesús, estar con quien sabemos nos ama, igualmente en San Juan de la Cruz, aprende a amar como Dios quiere ser amado y deja tu condición. O Santa Teresa de Lisier, una mirada sencilla desde el corazón, de todos podemos aprender siempre. Cita al número 83. El principio fundamental de la necesidad de vivir un camino de santidad lo encontramos en la llamada de Jesús. Por tanto, sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto. Mateo 5. Este es el camino de la vocación cristiana, el camino de la plenitud de la vida propia de los hijos de Dios, sin el cual pierde sentido toda nuestra vida espiritual. Esto es, la vida en el Espíritu Santo, que nos conduce a anunciar a los pobres la buena nueva. Son citas a Lucas 4 y al número 84 del documento. Por ser un camino de vocación eclesial, han de cuidarse sobre todo las motivaciones y la recta intención, la libertad de elección, la formación a la idoneidad o las cualidades. De ahí se deduce que un buen director espiritual será reconocido como el que instruye en casos y aplicaciones concretas, da los motivos para donarse con generosidad y ayuda proponiendo medios de santificación adecuados a cada persona y situación según las diversas vocaciones. En definitiva, un buen director espiritual sabrá orientar a los fieles a afrontar las contrariedades que se le presentan en el seguimiento de Cristo, pero también orientará a los fieles en la lectura asidua de la palabra y de las enseñanzas del magisterio de la Iglesia, cuyos textos los fieles encontrarán siempre el aliento para vivir una vida coherente con la fe y en servicio de disponibilidad para con los hermanos. Son citas a los números 85 al 86. Bien, pues hasta aquí el documento. Seguiremos con él en el próximo programa por su extensión. Y ahora vamos a tratar la virtud de la obediencia, la necesidad de la obediencia al Espíritu, la obediencia evangélica. El cristiano, primer principio, debe ser libre respecto a su propio yo. Bien sabemos que lo mundano se vence fácilmente cuando llevamos una vida de oración. También sabemos que al maligno se le vence con la gracia que recibimos en los sacramentos. Pero el enemigo que más cuesta vencer es el propio yo. Pues la verdadera lucha ascética de la vida es la que llevamos contra la propia carne, contra las tendencias desordenadas de la carne. Para el asceta que busca vivir un camino de perfección, la obediencia es un aspecto importantísimo en la unión al Evangelio. Requiere aceptación, resolución de los conflictos y aplicación del Evangelio. Por tanto, es necesario que el asceta someta su mente y voluntad a las verdades evangélicas. También a la doctrina oficial de la Iglesia que las actualiza. Y esto requiere un acto voluntario penitencial. Aunque no las entienda completamente o se le muestren adversas, pues todos debemos seguir el ejemplo de Cristo, quien con su obediencia al Padre nos rescató de la esclavitud nacida de la desobediencia humana. Veamos algunas enseñanzas del Nuevo Testamento. Cristo es el modelo de sacerdocio y de entrega en obediencia al Padre. Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su triedad filial. Y aun siendo hijo, aprendió sufriendo a obedecer. Y llevado a la consumación, se convirtió para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna, proclamado por Dios sumo sacerdote según el rito de Melquisede. Cita a Hebreos 5. Cristo es nuestro modelo de vida en la humildad y en la obediencia. Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, decía San Pablo a los filipenses, si nos une el mismo espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría, manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, considerando por la humildad a los demás superiores a vosotros. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo, el cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, al contrario, se despojó de sí mismo, tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres, y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el nombre sobre todo nombre, de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame, Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre. Por estas razones podemos decir que el cristiano, que es obediente, ya está viviendo en el camino de la perfección. Entonces, ¿en qué consiste la obediencia a los guías espirituales? La autoridad del rector o rectora tiene el límite justo ahí en la dimensión espiritual, pues no puede penetrar en el interior del acompañado. Su competencia se reduce a la aclaración del acto estético y al consejo espiritual. El mismo Cristo dice, ¿quién me ha constituido juez? Por lo tanto, el rector no ha de juzgar, sino que ayuda y enseña a caminar por la senda de la virtud. Anima a permanecer fiel, estimula al acompañado con la corrección y lo reconduce en el seguimiento de una vida de oración, a fin de que la esteta pueda llegar a la unión perfecta con Dios, con la ayuda del Espíritu Santo. Por estas razones, en los encuentros del acompañado con el acompañante, cuando declara sus faltas, solo debe mencionar lo que le atañe a uno mismo, nunca a otras personas, aunque hayan tomado parte en el problema que indujo acometer la falta de obediencia. El acompañamiento espiritual no es sustitutivo de nada, y mucho menos de la confesión, a la cual estamos obligados todos, según la disciplina de la Iglesia. Con todo, vemos que la ayuda mutua es enriquecedora para la Iglesia y que el acompañamiento espiritual favorece el avance en el camino de la santidad de los fieles. Así lo enseña San Pablo en diferentes cartas, la ayuda mutua y la obediencia a los guías. No os olvidéis de hacer el bien, de ayudarnos mutuamente, esos son los sacrificios que agradan a Dios, obedeced y someteos a vuestros guías, pues ellos se desvelan por vuestro bien, sabiéndose responsables. Así lo harán con alegría y sin lamentarse, cosa que no os aprovecharía, cita a Hebreos La obediencia que combate la disensión. Os ruego, hermanos, que tengáis cuidado con los que crean disensiones y escándalos contra la doctrina que vosotros habéis aprendido. Alejaos de ellos, pues estos tales no sirven a Cristo nuestro Señor, sino a su diente, y a través de palabras suaves y de lisonjas, seducen los corazones de los ingenuos. La fama de vuestra obediencia se ha divulgado por todas partes. De aquí que yo me alegre por vosotros, pero deseo que seáis sensatos para el bien e inmunes al mal, y que el Dios de la paz aplastará pronto a Satanás bajo vuestros pies. Que la gracia de nuestro Señor Jesús esté con vosotros, cita a Romanos 16. En definitiva, se trata de una obediencia al Espíritu Santo a través del rector, pues el Espíritu es el que nos santifica, y el rector es el que anima y corrige fraternalmente. Es una obediencia que se ajusta al estado y situación del acompañado, y en el grado de obediencia que debe éste a quienes tienen alguna autoridad sobre él, ya sea en la familia, en la profesión, en la propia vocación, en el servicio a la Iglesia y a los hermanos. Las faltas de obediencia se oponen a la acción del Espíritu Santo, y por lo tanto, a la conversión del corazón. La naturaleza humana, por obstinación o por una tendencia psíquica, es incapaz de poner en práctica los consejos que va recibiendo, con lo que el acompañado sigue siendo terrenal y no espiritual. Sigue dependiendo de las emociones que le suscita su propio libertinaje personal orientado a lo mundano. En estos casos, es importante acompañar e insistir en la necesidad de que el acompañado plantee las dudas que le embargan, una y otra vez, hasta que las enseñanzas evangélicas vayan calando en su interior, de forma que, con la ayuda de la gracia, sea capaz de entenderlas, de aceptarlas y aplicarlas honestamente en su vida. ¿Por qué hemos de confesar o de declarar nuestras faltas en la dirección espiritual? Pues, así lo indicaba el apóstol Santiago. Por tanto, confesaos mutuamente los pecados y rezad unos por otros para que os juréis. Mucho puede la oración insistente del justo. Esta confesión de la que habla el apóstol Santiago en el capítulo 4, no debemos entenderla como sustituta de nada de la confesión. Al contrario, es simplemente declarar nuestras faltas para que podamos recibir la luz necesaria para vencer nuestros obstáculos, nuestras adversidades, nuestras contrariedades. En consecuencia, existe falta grave contra la obediencia para todo fiel que se deje llevar por sus tendencias emocionales y, sin apartarse de los hábitos desordenados, sigue las corrientes que le proponen los hábitos adquiridos, las tendencias mundanas, etc. En estos casos, no está siendo movido por el amor, sino por las pasiones que condicionan su toma de decisiones. Por tanto, la corrección fraterna que preside el acompañamiento espiritual, hay que decir que el acompañante está obligado a presentar al acompañado todos los criterios de la Iglesia sobre la materia, a fin de que éste pueda ejercer su responsabilidad personal. Ha de quedar claro que compete al acompañado la aceptación voluntaria de las indicaciones que le va haciendo el acompañante, condición necesaria para que pueda orientarse a una correcta toma de decisiones en su vida. El rector no juzga, pero debe enseñar a perseverar, decíamos, en el camino de la perfección y de la práctica de las virtudes, animando a corregir las faltas del acto ascético, pues las faltas contra la obediencia sólo pueden superarse con ayuda de la gracia, por lo que, al estimular en el acompañado, decíamos, la constancia en la práctica de la oración y en la participación en los sacramentos, que son las fuentes de la gracia, a fin de que la estreta pueda llegar a un camino verdadero de santidad. El acompañado, por su parte, cuando reconoce las faltas de obediencia en el encuentro comunitario, sólo debe hacer referencia a su propia conducta, decíamos, sin identificar ni mencionar a los prójimos de su entorno habitual, ni tratar de justificar su falta por las indicaciones de otro, aunque ésta hubiera existido. Seguidamente, con espíritu de pobreza, de humildad, el acompañado lleva sus faltas al sacramento de la confesión. Conviene aclarar que la no superación de las faltas de obediencia por parte del acompañado le impedirá avanzar en el camino de la perfección que el Señor nos pide, con lo que terminará por apartarse del acompañamiento espiritual que había iniciado. Así lo enseña el apóstol San Pablo, cuando nos dice que la incoherencia se opone a la obediencia. Debes saber esto. En los últimos días se presentarán tiempos difíciles, pues los hombres serán egoístas, avariciosos, confarrones, soberbios, blasfemos, desobedientes a sus padres, ingratos, irreligiosos, despiadados, desleales, calumniadores, desenfrenados, brutales, enemigos del bien, traidores precipitados, engreídos, amigos del placer más que de Dios. Tendrán la apariencia de piedad, pero habrán renegado de su fuerza. Apártate también de éstas. Segunda carta a Timoteo, capítulo 3. Ya vemos la radicalidad que conlleva también el acompañamiento espiritual. Si no se obra y se lleva una vida sincera y honesta, estamos, de alguna manera, tratando de engañar al Espíritu Santo, y eso es imposible. Más bien, el Espíritu Santo se apartará y nos dejará, de alguna manera, por eso, no necesitarnos de su ayuda. Pues bien, con todo, concluimos diciendo que el ejemplo más claro de una vida de obediencia lo tenemos, cómo no, en la Virgen María, la cual se sometió en todo a la voluntad de Dios como esclava. Por ello mereció la más excelsa consideración del cielo. Fue elevada a ser hija de Dios Padre, madre de Dios Hijo y esposa de Dios Espíritu Santo. Bien, pues vamos a hacer unas breves conclusiones que me voy a centrar solo en lo esencial. El documento comentado es un instrumento útil para la formación permanente del clero y una ayuda para redescubrir el valor imprescindible de la celebración del sacramento de la reconciliación y de la dirección espiritual, vías esenciales y fundamentales para la nueva evangelización permanente de la Iglesia. La vida espiritual y pastoral del sacerdote, como la de sus hermanos laicos y religiosos, depende por su calidad y fervor de la silba y consciente práctica personal del sacramento de la penitencia. En un sacerdote que no se confiesa o se confiesa mal, su ser como sacerdote y su ministerio se resentirán muy pronto y se dará cuenta también la comunidad de la que es pastor. La atención a la vida espiritual de los fieles debe ponerse en un primer plan a fin de guiarlos en el camino de la contemplación y de la santidad, también como ayuda en el discernimiento vocacional. Es un proceso que nos adentra en la conciencia de uno mismo a la luz del Evangelio, en el que se apoya toda la confianza en Dios. De esta forma se aprende la práctica de la humildad, la confianza, y es un aprendizaje continuo del don de sí mismo a los otros. Se fortalece así la conciencia y la instrucción de la mente, se ilumina la memoria, se fortifica la voluntad, se orienta a la afectividad y se alienta a una entrega constante y generosa a la santificación. El documento, en definitiva, es útil para ejercer la misión evangelizadora con toda eficacia apostólica, incluida la pretendida reforma del clero. Recordemos que el propio documento recomienda la tarea de difusión de su contenido y encomienda los frutos a la Virgen María, refugio de los pecadores y madre de la Divina Gracia. Sobre la obediencia, diremos que es una virtud requerida para vivir según el espíritu y no según las pasiones del mundo y de la carne. Es una de las virtudes esenciales evangélicas, sin la cual no es posible vivir el camino de perfección. Es obediencia al Espíritu Santo a través de los consejos del rector, porque es el Espíritu Santo el que santifica y el rector el que debe corregir fraternalmente, atendiendo la situación de cada uno. En síntesis, decimos que la obediencia es una condición previa necesaria para que el ser humano pueda aplicar coherentemente en su vida todos los consejos evangélicos que va aprendiendo y que va aceptando libremente en aras de su propia santificación y del fruto evangélico esperado. En conclusión, las líneas fundamentales del acompañamiento espiritual, como proceso de formación que está inspirado y guiado por el mismo Espíritu Santo y promovido y deseado por el magisterio de la Iglesia, es un proceso, es Cristo quien nos ha asociado a la salvación de los hombres, pero cada uno debe poner su esfuerzo a su servicio buscando lo que se orienta al bien evangélico y rechazando lo que no sirve a este fin en toda la actividad diaria. Recordamos que la unión al Evangelio presupone la disposición del recogimiento de la mente, la quietud en la voluntad, lo que favorece la experiencia de los frutos espirituales que otorga la gracia en favor de la práctica de las virtudes, no sólo astelogales, que son un don de Dios, sino también de las virtudes cardinales, prudencia, justicia, fortaleza, templanza, y de las propias evangélicas, pobreza, castidad y obediencia, que son las que requieren un esfuerzo humano para que no seamos vencidos por el poder del mundo, del maligno o de la propia carne. Estamos por finalizado el programa de hoy, diciendo que el próximo viernes, día 31 de enero, continuaremos analizando este mismo documento del Dicasterio para el Clero, publicado el 9 de marzo del 2011 por iniciativa del Papa Benedicto XVI, en el que se nos van concretando las líneas fundamentales del acompañamiento espiritual. Vemos cómo el Magisterio hizo un desarrollo derivado de los documentos propios del Concilio, principalmente de las Constituciones, y que, efectivamente, ahora se nos va concretando el trabajo, van centrando un poco la forma de llevar ese proceso, y esto es lo que nos interesa. Bien, pues, una vez que hagamos esta segunda parte del documento, reflexionaremos también sobre la necesidad de la caridad fraterna. Y ahí lo dejamos, no tenemos más tiempo, dejamos el tema en abierto, el que quiera puede hacerme alguna consulta, y solamente me queda agradeceros vuestra atención, que el Señor nos bendiga a todos, y hasta el próximo programa de acompañamiento espiritual. Un abrazo.
La necesidad de la castidad evangélica. #10
Fecha: viernes, 17 de enero de 2025, a las 21:00:00
Duración: 53:35
Mostrar transcripción de Episodio 10. El magisterio del papa Francisco.
Transcripción de Episodio 10. El magisterio del papa Francisco.
Buenas noches a los que me escucháis, os habla Javier Cebrián, vocal de formación del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Ya estamos en 2025, un nuevo año jubilar lleno de oportunidades que hemos de afrontar con mucha esperanza. Sed todos bienvenidos al programa Acompañamiento Espiritual de Radio Lavandé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios, de las Sagradas Escrituras, de la tradición de la Iglesia, del pensamiento teológico o de las enseñanzas de los santos padres, o incluso de las experiencias de la vida espiritual que han tenido los santos reconocidos por la Iglesia. Bien sabemos que todo esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior. El Espíritu Santo es el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues solo Cristo es la cabeza de la Iglesia de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. Buscamos, por tanto, la unión con el Espíritu Santo no solamente para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa que tuvimos el 4 de octubre del año anterior, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo a fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. En nuestra oración hoy vamos a tener presentes las necesidades de la Iglesia, las de todos los pueblos de la tierra y las de aquellos que se nos han encomendado particularmente las necesidades de nuestros familiares, amigos y bienhechores. Invocamos al Espíritu Santo. Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía a tu espíritu y serán creados y renovarás la faz de la tierra. Oh Dios que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que guiados por el mismo espíritu sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad con la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos ya en materia, recordando que buscamos analizar los fundamentos teológicos que están relacionados con el acompañamiento espiritual, cuyas líneas están en permanente desarrollo con el Magisterio de la Iglesia a partir del Concilio Vaticano II. En el programa anterior analizábamos las líneas del Magisterio del Papa Benedicto XVI y reflexionábamos sobre la necesidad de la pobreza evangélica. En el programa de hoy vamos a analizar las líneas que sigue el Magisterio del Papa Francisco y, seguidamente, reflexionaremos sobre la necesidad de la castidad evangélica, como esfuerzo necesario que ha de practicar el hombre en su lucha estética para avanzar hacia la unión con Dios, porque queremos ser fieles a las enseñanzas que nos dio Jesús a fin de que la gracia vaya configurándonos con Cristo. Esta es la obra mística de la gracia, de manera que podamos llegar con su ayuda a ser buenos discípulos en el camino de perfección al que Jesús nos llama por el don de la fe. Insistimos una vez más en que nos interesa destacar los fundamentos del acompañamiento espiritual. ¿Y para qué? Para ponerlos en valor, de manera que nos sirvan de guía y de luz en el sendero de nuestra propia formación espiritual. Sobre el Magisterio de los Papas, en líneas generales, recordamos que la misión del Magisterio no está por encima de la palabra de Dios recibida, escrita y oral, sino que su misión es la de defender, conservar y enseñar lo que le ha sido confiado a la Iglesia por mandato divino. El Magisterio ha de exponer la palabra con fidelidad, sacando de este único depósito de la fe todo lo que propone como verdad revelada por Dios. En esto, el Concilio Vaticano II supuso un gran esfuerzo por reflexionar acerca de la propia realidad de la Iglesia desde la comprensión auténtica del misterio de salvación de Dios en Cristo, y lo hizo mirando a los principios, esto es, a las escrituras y a las enseñanzas de los padres de la Iglesia, esto es la tradición, pero siempre poniendo la vista en el servicio al hombre de hoy. Recordamos también que la Iglesia busca potenciar la formación espiritual de todos los fieles, especialmente de los sacerdotes y consagrados, y lo hace así pensando en la labor pastoral deseada en favor del acompañamiento espiritual de todos los laicos sin excepción, pues los laicos estamos llamados a contribuir al crecimiento y santificación incesante de la Iglesia, esto es, a hacer presente y operante a la Iglesia en los lugares y circunstancias donde la jerarquía no puede llegar a ser la sal de la tierra. Es una cita a Lumen Gentium 33. Insistimos en que esta nueva perfección estaba ya patente en las enseñanzas de los santos padres, quienes mostraron una preocupación constante por el acompañamiento espiritual como medio eficaz de dar a conocer las verdades reveladas en la persona de Cristo, quien es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación. Es una cita a Dei Verbum 2. Pues bien, con relación al magisterio del Papa Francisco, comenzaremos diciendo que a los tres meses de iniciar su pontificado, el día 13 de marzo de 2013, nos presentó la carta encíclica Lumen Fidei, de 29 de junio de este año 2013, sobre el tema de la fe. Esta carta daba continuidad a las dos anteriores encíclicas del Papa Benedicto XVI sobre la caridad y la esperanza, respectivamente. Con la luz como figura de la enseñanza divina, el Papa Francisco destaca la importancia de la revelación de Dios en Cristo, fuente a la que hemos de retornar permanentemente para alimentar nuestra vida de fe, pues, dice, la luz de Dios nos llega a través de la narración de su revelación y de este modo puede iluminar nuestro camino en el tiempo, recordando los beneficios divinos y mostrando cómo se cumplen sus promesas. En la carta encíclica, el Papa Francisco pone el foco en los pastores ejemplares, que son guía permanente para todos los fieles, proponiéndonos una reflexión sobre el pensamiento de San Agustín de Hipona, quien encuentra a Dios en la palabra y le permite integrar la luz y la visión, decía San Agustín, guiado siempre por la revelación del amor de Dios en Jesús. De esta fuente, dice el Papa, San Agustín elaboró una filosofía de la luz que integra la reciprocidad propia de la palabra y da espacio a la libertad de la mirada frente a la luz. Sólo así es posible dar una respuesta libre a la palabra oída y aceptada. Esto es, asociando escucha y visión con cuyas perspectivas San Agustín pudo decir, la fe es palabra que resplandece dentro del hombre. Y en esto concluye el Papa. De este modo, la luz se convierte, por así decirlo, en la luz de una palabra, porque es la luz de un rostro personal, una luz que, alumbrándonos, nos llama y quiere reflejarse en nuestro rostro para resplandecer desde dentro de nosotros mismos. Cita al número 33 de la carta encíclica Lumen Fidei. Al hablar de la teología, el Papa nos enseña que ésta nace del deseo de adentrarnos en la palabra, a fin de conocer mejor lo que amamos. Entonces, la teología no es viable sin la fe, pues forma parte del movimiento mismo, de la propia fe, que busca la inteligencia más profunda de la autorrevelación de Dios, cuyo culmen es el misterio de Cristo. La consecuencia de ello es que a Dios no se le puede conocer sólo con el esfuerzo de la razón, ni se le puede tratar como hacen las ciencias experimentales. Así lo expresa el Papa. Dios no se puede reducir a un objeto. Él es sujeto que se deja conocer y se manifiesta en la relación de persona a persona. La fe recta orienta a la razón a abrirse a la luz que viene de Dios para que, guiada por el amor a la verdad, pueda conocer a Dios más profundamente. Cita al número 36 de la carta. El Papa nos muestra también cómo la fe ilumina la vida humana en común cuando vivimos una fraternidad de hermanos que tienen, decía, un padre común como fundamento último en la historia de la salvación, en la que el hombre descubre que cada persona tiene una dignidad única que hay que apreciar. Lo expresaba así. Cada hombre es una bendición para mí, que la luz del rostro de Dios me ilumina a través del rostro del hermano. Cita al número 54. Por esta razón podemos decir que nosotros aprendemos unos de otros y que todos somos necesarios. El Papa percibe al ser humano en relación con la creación y con la fe unida a la virtud del amor a Dios. Esta relación permite al hombre el encuentro con Dios en la naturaleza. Lo explicitará más tarde en la carta encíclica Laudato Si del año 2015. Razón por la que hemos de cuidarla con delicadeza y respeto, porque su designio de salvación abraza a la humanidad entera y a toda la creación y alcanza su cúspide en la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo. De ahí que concluya que nuestra realidad histórica y social está siempre relacionada con Dios. La fe, decía, ilumina la vida en sociedad, poniendo todos los acontecimientos en relación con el origen y el destino de todo en el Padre, que nos ama y nos ilumina con una luz creativa en cada nuevo momento de la historia. Cita al número 55. Con posterioridad, queriendo avivar el espíritu misionero de la Iglesia, el Papa Francisco presentó la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, de 24 de noviembre del mismo año 2013, sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. Contemplando los problemas existentes en la sociedad, quería hacer hincapié sobre dos temas que centran la cuestión. De una parte, la inclusión social de los pobres, y de otra, la paz en unión del diálogo social. El Papa nos exhorta a dar un sentido genuino al Evangelio, siempre animado con la oración, de forma que podamos estar en el mundo siendo auténticamente cristianos. Por la presencia del espíritu, con nuestra oración y con nuestro trabajo, encontramos las permanentes fuentes de motivación para la evangelización que necesita el pueblo de Dios, tal y como lo perciben en la vida comunitaria los consagrados, en la cual se exige un camino, un proceso de peregrinación cristiana, sin el que nos encerraríamos en nosotros mismos. Lo expresa así. El acompañamiento sería contraproducente si se convirtiera en una suerte de terapia que fomente este encierro de las personas en su inmanencia y deje de ser una peregrinación con Cristo hacia el Padre. Es una cita al número 170 de Evangelio y Gabriel. De ahí que el Papa mostrara su preocupación por la buena formación de los acompañantes espirituales, y lo decía con estas palabras. Más que nunca necesitamos de hombres y mujeres que desde su experiencia de acompañamiento conozcan los procesos donde campea la prudencia, la capacidad de comprensión, el arte de esperar, la docilidad al espíritu, para cuidar entre todos a las ovejas que se nos confían de los lobos que intentan disgregar el rebaño. Cita al número 171. El acompañamiento espiritual es entonces una de las tareas esenciales de la transformación de la Iglesia, una Iglesia que el Papa percibe en salida, dicho esto en clave misionera. Así lo ven también algunos actores teológicos quienes sostienen que el Papa Francisco aprecia que la Iglesia acompaña al hombre en su acción evangelizadora y así continúa la misión del Hijo enviado por el amor que el Padre tuvo y que tiene al mundo. Con todo lo dicho, el Papa nos muestra su empeño por la evangelización, siempre desde los principios de la constitución de Iberbu, y concluye en esto que es fundamental que la palabra revelada fecunde radicalmente la catequesis y todos los esfuerzos por transmitir la fe. Cita al número 175 de Evangelii Gaudii. Posteriormente, con la exhortación apostólica sinodal a Amoris Laetitia de 19 de marzo del año 2016 sobre el amor en la familia, el Papa Francisco desarrolla el acompañamiento espiritual específico que requiere el matrimonio y la familia, todo ello a partir de la Evangelii Gaudii, ya comentada. El texto persigue la maduración de una pastoral familiar que oriente a los sacerdotes desde la misericordia a fortalecer los lazos matrimoniales de los esposos a los que el Creador hizo partícipes de la obra de su creación y al mismo tiempo instrumentos de su amor, confiando a su responsabilidad el futuro de la humanidad a través de la transmisión de la vida humana. Cita al número 81. El Papa percibe también la realidad de los novios en la situación social actual, invitándoles a una preparación prolongada para que no vean el casamiento como el final del camino, sino que asuman el matrimonio como una vocación que los lanza hacia adelante con la firme y realista decisión de atravesar juntos todas las pruebas y momentos difíciles. Cita al número 211. Por esta razón exhorta a los sacerdotes a alentar a las familias en el crecimiento de la fe por medio de espacios semanales de oración familiar y teniendo momentos de oración en soledad ante Dios en los que la palabra de Dios pueda ir modelando a los esposos mediante la lectura orante y eclesial de la Sagrada Escritura. Es una cita al número 227 de Amoris Laetitia. Y en esto concluye, se trata de acoger a las familias, acompañarlas con paciencia y con suma delicadeza. Seguidamente, con la exhortación apostólica Gaudete et exsultate, de 19 de marzo de 2018, sobre el llamado a la santidad en el mundo actual, el Papa Francisco definió en qué consiste esta praxis de ser santo. A partir de la Escritura, el Papa pone como fundamento esencial las bienaventuranzas en la idea de que sea tenida en cuenta esta enseñanza en el acompañamiento espiritual de los laicos, proponiendo además como temas personales de formación los propios de la tradición, tales como la oración y la vida de sacramentos, todo ello vivido con la gracia y la alegría del Evangelio. Cita a los números 122 al 128. También pone el énfasis en el discernimiento como elemento primordial y necesario en el seguimiento del Señor, dice el Papa, pues nos hace falta siempre para estar dispuestos a reconocer los tiempos de Dios y de su gracia, para no desperdiciar las inspiraciones del Señor, para no dejar pasar su invitación a crecer. Cita al número 169. Seguidamente, con la exhortación apostólica post-sinodal Christus vivit, de 25 de marzo de 2019, el Papa se dirige a los jóvenes y a todo el pueblo de Dios, cuyo alcance por tanto es válido también para los adultos, con referencias constantes a la Evangelii Gaudium. Orienta la pastoral juvenil y se refiere en concreto al acompañamiento de los más jóvenes, de todos cuantos, dice, necesitan ser respetados en su libertad, pero también necesitan ser acompañados, razón por la que quiere implicar en esta tarea educativa a todas las instituciones de la Iglesia. Cita a los números 242 al 47. En el texto vemos que el Papa exhorta particularmente a los jóvenes en la búsqueda de su propia vocación. Tarea, dice, que requiere espacios de soledad y silencio, porque se trata de una decisión muy personal que otros no pueden tomar por uno mismo. Cita al número 283. Por lo que anima a todos cuantos los acompañan, ya sean sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos, profesionales e incluso jóvenes capacitados, a escuchar y acompañar a los jóvenes en su discernimiento vocacional. Cita al número 291. El Papa nos invita a reflexionar acerca de lo que llama sensibilidades o atenciones del acompañamiento espiritual. La primera es la propia persona, a la que hay que dedicar el tiempo necesario para la escucha, para que el otro pueda expresar lo que quiera, de forma que el acompañado perciba una escucha incondicional, sin que el acompañante se ofenda, se escandalice, se moleste, se canse. Para el Papa, esta escucha es la que el Señor ejercita cuando se pone a caminar al lado de los discípulos de Maús y los acompaña largo rato por un camino que iba en dirección opuesta a la dirección correcta. Cita a Lucas 24. Cuando Jesús hace a demán de seguir adelante porque ellos han llegado a su casa, ahí comprenden que les había regalado su tiempo y entonces le regalan el suyo, brindándole hospedaje. En definitiva, el acompañamiento exige una disposición sin concepciones previas sobre la persona acompañada, sea cual sean sus ideas. La segunda sensibilidad o atención es discernidora, esto es, ser capaz de percibir lo que el Papa llama el punto justo en el que se discierne la gracia y la tentación. Se trata de evitar que las tentaciones nos aparten del camino verdadero. El Papa indica que en esto hemos de analizar las realidades que envuelven al acompañado a fin de comprender lo que le pasa y qué argumentos le mueven o encadenan. Desde el cariño y la delicadeza necesarias, podremos ayudarlo a clarificar las verdades que le asisten o los engaños o excusas que lo apartan del camino. Cita al número 293. La tercera sensibilidad es la escucha de los impulsos que experimenta el acompañado y hacia dónde se orienta desde el presente, sin prestar mucha atención a lo que ocurrió en el pasado. El Papa considera que a veces esto implica que la persona no mire tanto lo que le gusta, sus deseos superficiales, sino lo que más agrada al Señor, su proyecto para la propia vida que se expresa en una inclinación del corazón más allá de la cáscara de los gustos y sentimientos. Se trata pues de invitar al acompañado a la escuche interior, pidiendo en oración para que el Señor lo escuche en su plegaria personal, pues el Señor sólo le basta que alguien le diga, Señor, sálvame, ten misericordia de mí. Cita al número 294. Para el Papa vemos que el discernimiento es la clave para alcanzar un camino de libertad que es único para cada persona y que sólo Dios conoce. Nadie, por tanto, puede conocer cómo se ha de desarrollar el futuro y por esta razón lo importante es animar y ayudar a descubrir ese camino con el ejemplo de Jesús en el encuentro con los discípulos, quien desaparece seguidamente, permitiendo que los discípulos descubran que verdaderamente ha resucitado el Señor. Por todo lo dicho, y ya que el tiempo es superior al espacio, conviene suscitar y acompañar procesos, no imponer trayectos, pues son procesos de personas que siempre son únicas y libres. En definitiva, no es bueno absolutizar los signos positivos ni rechazar los negativos en bloque, pues cada uno de ellos puede esconderse algún valor que espera ser descubierto y reconducido a su plena verdad. Con todo, el Papa anima a los acompañantes a experimentar el hábito de vivir previamente la experiencia de ser acompañados, a fin de que podamos ser ejemplo, como lo hizo la Virgen María, quien afrontando sus preguntas y sus propias dificultades cuando era muy joven, pudo renovar la juventud con la fuerza de su plegaria y ese es el objeto que persigue el Papa, que tengamos presente a la Virgen para que ella nos acompañe con su presencia de madre. Cita a los números 295 al 98. Finalmente, hemos de destacar que en línea con el magisterio y sentir del Papa Francisco, la congregación para el clero publicó el 20 de julio del año 2020 una nueva instrucción con el título La conversión pastoral de la comunidad parroquial al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia, documento que busca recordarnos la necesidad de reorganizar la forma de encomendar la cura pastoral de las comunidades parroquiales, siempre a la luz de la reflexión eclesiológica del concilio Vaticano II y de los notables cambios sociales y culturales de los últimos decenios. El documento busca orientar una nueva etapa evangelizadora que hoy la Iglesia está llamada a promover para que las comunidades cristianas sean centros que impulsen cada vez más el encuentro con Cristo. Concluimos este apartado inicial diciendo que el Papa Francisco de muchas maneras viene exhortando a que todos los fieles afiancemos nuestra vida interior en la fe, en la palabra de Dios, en las enseñanzas de los santos padres a fin de que no sean los proyectos mundanos los que orienten nuestra vida y nos aparten del sentido cristiano. Pues vamos a entrar en el capítulo de la reflexión, la castidad evangélica. Entrando ya en esta materia recordamos que en el anterior programa reflexionábamos sobre la necesidad de la pobreza evangélica. Decíamos que los consejos evangélicos son muy útiles cuando decididamente queremos vivir un camino de perfección tal y como nos lo pide el Señor. Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga, porque quien quiera salvar su vida la perderá, pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del Hombre vendrá con la gloria del Padre entre sus ángeles y entonces pagará a cada uno según su conducta. En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre en su reino. Cita al Evangelio de Mateo 16. Entonces, confiando en su palabra, vemos que es posible la unión con Dios, pero pretender una vida de santidad, un camino de perfección sin vivir de acuerdo a las indicaciones evangélicas de pobreza, castidad y obediencia no será posible. Para los laicos no se trata de hacer votos, pero si queremos ser discípulos de Jesús hemos de aceptar, como ocurre con los demás puntos de la escéptica, un compromiso serio en esforzarnos por vivir las virtudes que nos indica el Evangelio. La negación que nos pide el Señor es una donación voluntaria, la entrega de uno mismo para seguir sus pasos como discípulos amados. Jesús llama a cada uno según su estado, según su vocación, profesión o condición personal. Los consejos evangélicos son consejos del mismo Cristo. Son tres formas de ejercer la libertad respecto al mundo, en las tres vertientes fundamentales a las que alude el apóstol San Juan. Porque lo que hay en el mundo, dice San Juan, la concupiscencia de la carne y la concupiscencia de los ojos y la arrogancia del dinero, eso no procede del Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa, y su concupiscencia, pero el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre. Cita a la primera carta del apóstol San Juan número 2. Con todo, ya dijimos que las virtudes evangélicas, pobreza, castidad y obediencia, tienen una dimensión temporal y otra espiritual. Pues bien, hoy nos vamos a centrar en la castidad. Ya vimos la pobreza y en el próximo programa reflexionaremos sobre la obediencia. La castidad es una virtud requerida para vivir según el espíritu y no según las pasiones del mundo y de la carne. Decimos que la castidad ha de habitar en el ser humano para que pueda dominar las leyes del mundo y especialmente las de la carne, porque esta es la voluntad de Dios, nuestra santificación. San Pablo exhorta a los tesalonicenses a la santificación con estas palabras. De la primera carta a los tesalonicenses en el número 4. Hermanos, os rogamos y os exhortamos en el Señor Jesús. Ya habéis aprendido de nosotros cómo comportarse para agradar a Dios, pues comportaos así y seguid adelante. Ya conocéis las instrucciones que os dimos en nombre del Señor Jesús. Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación. Que os apartéis de la impureza, que cada uno de vosotros trate su cuerpo con santidad y respeto, no dominado por la pasión, como hacen los gentiles que no conocen a Dios. Y que en este asunto nadie pase por encima de su hermano ni se aproveche con engaño, porque el Señor venga todo esto, como ya os dijimos y os aseguramos. Dios no nos ha llamado a una vida impura, sino santa. Por tanto, quien esto desprecia, no desprecia a un hombre, sino a Dios, que os ha dado su Espíritu Santo. Y acerca del amor fraterno no hace falta que se os escriba, porque Dios mismo os ha enseñado a amaros los unos a los otros, y así lo hacéis con todos los hermanos de Macedonia. Sin embargo, os exhortamos, hermanos, a seguir progresando. Esforzaos por vivir con tranquilidad, ocupándoos de vuestros asuntos y trabajando con vuestras propias manos, como os lo tenemos mandado, para que os comportéis honestamente con los no cristianos y no tengáis necesidad de nadie. Pues bien, así entendido, la castidad es la virtud evangélica que brota de la humildad y de la pureza de intención del corazón, desde lo más íntimo, siempre a la luz del Espíritu Santo, guiado y fortalecido por el mismo Espíritu. En esto es importante destacar que todos los fieles podemos ayudarnos en la formación de una razón rectamente ordenada y siempre apartada de las pasiones. La castidad es entonces la virtud que expresa más limpiamente una voluntad bien dispuesta y en plena conformidad con la voluntad de Dios. Por ello, es la virtud que refrena la emoción sexual cuando esta no es posible ordenarla a la finalidad que le es propia. En consecuencia, en los célibes existe la prohibición de promover la emoción sexual tanto en otro sexo como en el suyo propio, habida cuenta de que no podrán darle la finalidad ordenada por el Creador. Con relación a los casados, hemos de decir que la castidad obliga a los cónyuges a la entrega mutua, pero siempre movidos por un amor esponsal, el cual ha de estar abierto a la transmisión de la vida y a la fidelidad mutua de los esposos. El modo de vivir la castidad cristianamente está muy bien desarrollado, muy bien expuesto en las encíclicas Casti Con Nubi, de Pío XII, del año 1930, Humanae Vitae, de Pablo VI, de 1968, y en la exhortación apostólica Familiaris Consortium, de San Juan Pablo II, en 1981, cuyo contenido abordaremos más adelante con un desarrollo que nos llevará varios programas. Baste decir, como breve resumen, que el magisterio de los diferentes papas indica que toda relación matrimonial ha de estar sujeta a la ley natural que ha establecido el mismo Dios, pues el Creador nos ha hecho partícipes de su amor esponsal, y este amor es el que ha de estar perfectamente reflejado en la unión de los esposos. Las faltas contra la castidad se oponen a la realización de la naturaleza humana, esclavizándola y haciéndola depender de las emociones que suscita el libertinaje personal y mundano. Es más, puede dañar psíquicamente a la persona, llevándola a vivir obsesionada cuando no es capaz de dominar sus emociones, las cuales se pudieron despertar en la mocedad. En consecuencia, existe falta grave contra la castidad para todo fiel soltero que se deja llevar por las tendencias emocionales y promueve la emoción sexual tanto en otro sexo como en el suyo propio. Igualmente sucede cuando la relación de los esposos se inicia con la provocación de imágenes u otros medios que activan las emociones de una forma no natural. En estos casos no hay amor, sino pasión desatada. Ha de quedar claro que la Iglesia no aprueba técnicas como la vasectomía como medio eficaz para el control de la natalidad, tampoco el uso de métodos anticonceptivos que se opongan a la apertura a la vida en el matrimonio. Menos aún aprueba los métodos que se consideran abortivos, esto es, actúan después de haberse producido la ovulación, con lo que matan el feto ya engendrado, eliminándolo ya sea por procedimientos químicos o por intervención física. Sobre la corrección fraterna que preside el acompañamiento espiritual, hemos de destacar que el acompañante, rector o rectora, está obligado a presentar al acompañado todos los criterios de la Iglesia sobre la materia a fin de que éste pueda ejercer con responsabilidad personal la toma de decisiones libres que considere oportunas o convenientes en cada momento. El rector no juzga, pero debe enseñar a perseverar en el camino de la perfección y de la práctica de las virtudes, animando al acompañado a corregir las faltas del acto astético, pues las faltas contra la castidad sólo podrán superarse con ayuda de la gracia. Por esto, ha de estimular en el acompañado la constancia en la práctica de la oración y en la participación en los sacramentos, son las fuentes de la gracia, a fin de que la esceta pueda llegar a una unión perfecta con Dios. El acompañado, por su parte, cuando reconoce las faltas de castidad en el encuentro comunitario, sólo debe hacer referencia a su propia conducta, sin identificar ni mencionar a los prójimos de su entorno, ni tratar de justificar su caída en la falta por la provocación de otros, aunque ésta hubiera existido. Seguidamente, con espíritu humilde, el acompañado llevará sus faltas a la confesión. Con todo lo dicho, queda muy claro que el acompañamiento espiritual no sustituye al sacramento de la confesión, la cual debe hacerse con el sacerdote, única vía válida para el perdón de los pecados, según nos enseña con claridad la disciplina de la Iglesia. Con todo, conviene aclarar que la no superación de las faltas de castidad por parte del acompañado impide caminar en el camino de perfección que el Señor nos pide. Y así nos lo enseña el apóstol San Pablo cuando nos dice en la carta de los Efesios número 5. Sed imitadores de Dios como hijos queridos y vivid en el amor como Cristo Samó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor. De la fornicación, la impureza, indecencia o afán de dinero, ni hablar es impropio de los santos. Tampoco vulgaridades, estupideces o frases de doble sentido. Todo esto está fuera de lugar. Lo vuestro es alabar a Dios. Tened entendido que nadie se da a la fornicación, a la impureza o al afán de dinero, que es una idolatría. Nadie que se entrega esto tendrá herencia en el reino de Cristo y de Dios. Por tanto, que nadie os engañe con argumentos falaces. Estas cosas son las que atraen el castigo de Dios sobre los rebeldes. No tengáis parte con ellos. Pues bien, concluiremos diciendo que el ejemplo más claro de una vida de castidad lo volvemos a ver en la Virgen María, en la cual se sometió íntegramente a la voluntad de Dios como una esclava, por lo que mereció la más excelsa consideración del cielo y fue elevada a ser hija de Dios Padre, madre de Dios Hijo y esposa de Dios Espíritu Santo. Hacemos unas conclusiones finales. Primera, la Iglesia busca potenciar la formación espiritual de todos los fieles, especialmente de los sacerdotes y consagrados, pensando en la labor pastoral deseada en favor del acompañamiento espiritual de todos los laicos sin excepción, pues los laicos son los que han de hacer presente y operante a la Iglesia en los lugares y circunstancias donde la jerarquía no puede llegar a ser la sal de la tierra. Esta práctica de acompañamiento ya estaba patente en las enseñanzas de los Santos Padres, quienes mostraban una preocupación constante por el acompañamiento espiritual como medio eficaz de dar a conocer las verdades reveladas en la persona de Cristo. Él es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación. El Papa Francisco nos indica que la revelación es la fuente a la que hemos de retornar de forma permanente para alimentar nuestra vida de la fe. La luz de Dios, dice el Papa Francisco, nos llega a través de la narración de su revelación y de este modo puede iluminar nuestro camino en el tiempo, recordando los beneficios divinos, mostrándonos cómo se cumplen sus promesas. Cuatro, el ser humano en su relación con la creación y con la fe ha de unir la virtud del amor a Dios. De ahí que nuestra realidad histórica y social está relacionada plenamente con Dios. La fe ilumina la vida en la sociedad, poniendo todos los acontecimientos en relación con el origen y el destino de todo en el Padre que nos ama. Nos ilumina con una luz creativa en cada nuevo momento de la historia. El Papa Francisco ha mostrado una preocupación constante por la buena formación de los acompañantes espirituales. Repetimos su frase, más que nunca necesitamos de hombres y mujeres que desde su experiencia de acompañamiento conozcan los procesos donde campea la prudencia, la capacidad de comprensión, el arte de esperar, la docilidad al espíritu para cuidar entre todos a las ovejas que se nos confía. El Papa enseña que las bienaventuranzas han de estar en el fundamento esencial del acompañamiento espiritual, proponiendo además como temas personales de formación los propios de la tradición, tradición con mayúscula, tales como la oración, la vida de sacramentos y además todo ello vivido con la alegría del Evangelio. También pone el énfasis en el discernimiento como elemento primordial y necesario en el seguimiento del Señor. En este sentido sostiene que el discernimiento nos hace falta siempre para estar dispuestos a reconocer los tiempos de Dios y de su gracia, para no desperdiciar las inspiraciones del Señor, para no dejar pasar su invitación a crecer. El alma que quiere avanzar en la perfección, según el consejo de San Agustín, debe buscar a Dios en la palabra, pues en ella se refleja la luz de su amor, siempre guiado por la revelación del amor divino. En esto San Agustín pudo decir la fe es palabra que resplandece dentro del hombre. El acompañamiento espiritual por tanto orienta y favorece la práctica de una observancia diaria que trae aparejada el recogimiento de la mente y la quietud de la voluntad, ya lo habíamos visto. La unión de ambas con el espíritu evangélico lleva a una mejor comprensión del mensaje de salvación y a una mayor purificación, lo que nos permitirá identificar los estorbos que interfieren en la acción del Espíritu Santo, convirtiendo nuestras faltas y pecados en virtudes, siempre con la ayuda de la gracia. La castidad en definitiva es una virtud requerida para vivir según el Espíritu y no según las pasiones del mundo y de la carne. Es la virtud evangélica más esencial, sin la cual no es posible vivir el camino de perfección a que el Señor nos llama. En síntesis, decimos que la castidad ha de habitar en el ser humano para que el hombre pueda dominar las leyes de la carne, porque esta es la voluntad de Dios, nuestra santificación. Última conclusión, el Espíritu Santo habita en nuestro corazón y va suscitando nuestra conversión. El Espíritu Santo ilumina nuestra vida en cada momento y nos da la fuerza para vivir en plena conformidad con la voluntad de Dios. Sólo así podremos ser testigos de su amor en el mundo que nos rodea. En conclusión, vemos una vez más que el acompañamiento espiritual es un proceso de formación que está inspirado, guiado por el mismo Espíritu Santo, promovido y deseado por el magisterio de la iglesia. Es Cristo quien nos ha asociado a la salvación de los hombres, pero cada uno, cada cual, debe poner su esfuerzo en su servicio, buscando lo que se orienta al bien evangélico y rechazando lo que no sirve a este fin en toda actividad diaria. La unión al Evangelio, en definitiva, presupone la disposición del recogimiento de la mente y la quietud de la voluntad, todo lo cual favorece esta experiencia de los frutos espirituales que otorga la gracia por la práctica de las virtudes, no sólo las ilogales, que son un don de Dios, sino también las cardinales y las propias evangélicas, que son las que requieren un esfuerzo humano para que no seamos vencidos por el poder del mundo, del maligno y de la carne. Pues damos por finalizado aquí el programa de hoy, diciendo que el próximo viernes, día 23 de enero, comenzaremos una nueva serie de programas para analizar los documentos del Dicasterio para el Clero, antes llamada Congregación para el Clero, una vez se los nombro de una manera, otros de otra, pero son los documentos en los que se concretan las líneas fundamentales del acompañamiento espiritual. Comenzaremos con el primero de estos documentos, que lleva por título El Sacerdote, Confesor y Director Espiritual, Ministro de la Misericordia Divina, publicado el 9 de marzo del año 2011 por iniciativa del Papa Benedicto XVI, y reflexionaremos sobre la necesidad de la obediencia evangélica en nuestra vida cristiana. Os agradezco vuestra atención, que el Señor nos bendiga a todos y os emplazo en el próximo programa de acompañamiento espiritual para el próximo viernes, día 24. Viernes 24 a las 9 de la noche. Un abrazo a todos, gracias por vuestra atención. Ave María Purísima, sin pecado conseguido a María Santísima.
La necesidad de la pobreza evangélica. #9
Fecha: viernes, 20 de diciembre de 2024, a las 21:00:00
Duración: 50:15
Mostrar transcripción de Episodio 9. El magisterio del papa Benedicto XVI.
Transcripción de Episodio 9. El magisterio del papa Benedicto XVI.
Buenas noches a los que me escucháis, os habla Javier Cebrián, vocal de formación del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed todos bienvenidos al programa Acompañamiento Espiritual de Radio Labandé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios, de las sagradas escrituras, de la tradición de la Iglesia, de las enseñanzas de los santos padres o del pensamiento teológico, o incluso de las experiencias de la vida espiritual que han tenido los santos reconocidos por la Iglesia. Bien sabemos que todo esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior. El Espíritu Santo es el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues sólo Él es la cabeza de la Iglesia de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. En definitiva, buscamos la unión con el Espíritu Santo no solamente para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa, celebrado el 4 de octubre del año actual, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo a fin de que el paráclito, prometido por Jesús, nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Hoy pedimos por nuestros familiares alejados de la Iglesia para que en esta Navidad que ya llega, el Señor pueda iluminar sus corazones con el don de la fe y les abra paso al camino que conduce a la vida eterna. Pedimos también por la santidad de todos los fieles de la Iglesia y en particular lo hacemos por los frutos espirituales de la adoración nocturna española. Invocamos entonces al Espíritu Santo para que nos abra el entendimiento, ilumine nuestro corazón y sea del máximo provecho nuestra meditación. Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, incienden ellos al fuego de tu amor, envía tu espíritu y serán creados y renovarás la faz de la tierra. Oh Dios, que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que guiados por el mismo Espíritu sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos ya en materia. Recordamos que buscamos analizar los fundamentos teológicos que están relacionados con el acompañamiento espiritual, cuyas líneas se desarrollan por el magisterio de la iglesia a partir del concilio Vaticano II. En el programa anterior analizábamos las líneas del magisterio del Papa Venerable Juan Pablo I y del Papa San Juan Pablo II y reflexionábamos sobre la necesidad de la unión con el Evangelio. Hoy vamos a analizar las líneas que sigue el magisterio del Papa Benedicto XVI y seguidamente reflexionaremos sobre la necesidad de la pobreza evangélica como esfuerzo necesario que hemos de practicar en nuestra lucha estética para avanzar hacia la unión con Dios. No olvidemos que queremos ser fieles a las enseñanzas que nos dio Jesús a fin de que la gracia vaya configurándonos con Cristo. Esta es la tarea mística, de forma que podamos llegar a ser buenos y santos discípulos en el camino de perfección al que Jesús nos llama por el don de la fe. Insistimos una vez más en que nos interesa destacar los fundamentos del acompañamiento espiritual para ponerlos en valor, de manera que nos sirvan de guía y luz en el sendero de nuestra formación personal. Con relación al magisterio de los Papas, recordamos que el concilio Vaticano II supuso un esfuerzo, un gran esfuerzo, por reflexionar acerca de la propia realidad de la Iglesia desde la comprensión auténtica del misterio de salvación de Dios en Cristo, y lo hizo mirando a los principios, esto es, a las escrituras y a las enseñanzas de los padres de la Iglesia, pero siempre poniendo la vista en el servicio al hombre de hoy. La Iglesia buscaba potenciar la formación espiritual de todos los fieles, especialmente de los sacerdotes y consagrados, y lo hace así pensando en la labor pastoral deseada en favor del acompañamiento espiritual de todos los laicos sin excepción, porque los laicos estamos llamados a contribuir al crecimiento y santificación incesante de la Iglesia, esto es, a hacer presente y operante a la Iglesia en los lugares y circunstancias donde la jerarquía no puede llegar a ser la sal de la tierra. Con todo, seguimos viendo que esta nueva percepción está patente en las enseñanzas de los santos padres, quienes han mostrado una preocupación constante por el acompañamiento espiritual de todos los fieles como medio eficaz de dar a conocer las verdades reveladas en la persona de Cristo, quien es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación. Con relación al magisterio del Papa Benedicto XVI, comenzaremos diciendo que su pontificado duró desde 2005 hasta 2013. En este periodo el Papa Ratzinger mantuvo viva la constante de difundir la espiritualidad en los valores del progreso y de la técnica, así quedó de manifiesto en la carta encíclica Caritas in veritate de 29 de junio de 2009 sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad. En el discurso a los participantes del XXI curso sobre el fuero interno organizado por la penitenciaría apostólica, el 11 de marzo de 2010, lo confirmaba así. El desarrollo debe abarcar además de un progreso material, uno espiritual, porque el hombre es uno en cuerpo y alma, nacido del amor creador de Dios y destinado a vivir eternamente. Número 76 de la carta encíclica. Y concluía esta carta diciendo, no hay desarrollo pleno ni un bien común universal sin el bien espiritual y moral de las personas. Pero previamente. En el mensaje a la penitenciaría apostólica el 12 de marzo del año 2009 ya había mencionado la necesidad de una preparación espiritual interior que favoreciese una mejor formación de los fieles. Así decía. Hoy más que nunca se necesitan maestros de espíritu, sabios y santos. Un importante servicio eclesial para el que sin duda hace falta una vitalidad interior que debe implorarse como don del Espíritu Santo mediante una oración intensa y prolongada y una preparación específica que es necesario adquirir con esmero. En este sentido, con ocasión de su viaje al Reino Unido, al saludar a los alumnos universitarios en Londres, el 17 de septiembre del año 2010, los exhortaba con estas palabras. Una buena escuela, decía, educa integralmente a la persona en su totalidad. Y una buena escuela católica, además de este aspecto, debería ayudar a todos sus alumnos a ser santos. Para conseguir este progreso espiritual en la formación humana integral, el Papa proponía que el hombre sea percibido como una persona nacida del amor creador de Dios y destinado por su misericordia a vivir eternamente en su presencia. Posteriormente, durante el jubileo del año sacerdotal que llevó desde junio del 2009 a junio del 2010, convocado en conmemoración del 150 aniversario de la muerte de San Juan María Vianey, santo cura de Ars y patrón de los párrocos, se dirigía especialmente a los confesores para implicarlos en su tarea parroquial con estas palabras. Es preciso volver al confesionario como lugar en el cual celebrar el sacramento de la reconciliación, pero también como lugar en el que habitar más a menudo, para que el pueda encontrar misericordia, consejo y consuelo, sentirse amado y comprendido por Dios y experimentar la presencia de la misericordia divina junto a la presencia real en la Eucaristía. Posteriormente, en la exhortación apostólica post-sinodal Verbum Domini del 30 de septiembre del año 2010 sobre la palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia, el Papa insistía en la necesidad de retornar a las Escrituras, fuente inagotable de la revelación de Dios. Decía, para revalorizar la palabra divina en la vida de la Iglesia, fuente constante de renovación, deseando al mismo tiempo que ella sea, cada vez más, el corazón de toda actividad eclesial. En verdad es una cita a Verbum Dei número 1. En dicha exhortación, las referencias a la Dei Verbum son constantes, llegando a explicitar los conceptos de revelación y la importancia que tuvo para la Iglesia con estas palabras. De todos es conocido el gran impulso que la constitución dogmática Dei Verbum ha dado a la revalorización de la palabra de Dios en la vida de la Iglesia, a la reflexión teológica sobre la divina revelación y al estudio de la Sagrada Escritura. En los últimos 40 años el magisterio eclesial se ha pronunciado en muchas ocasiones sobre estas materias. Con la celebración de este sínodo, la Iglesia, consciente de la continuidad de su propio camino bajo la guía del Espíritu Santo, se ha sentido llamada a profundizar nuevamente sobre el tema de la palabra divina, ya sea para verificar la puesta en práctica de las indicaciones conciliares como para hacer frente a los nuevos desafíos que la actualidad plantea a los creyentes en Cristo. En verdad era una cita a Verbum Dei número 3. Meses después, el 9 de marzo de 2011, en línea con el Magisterio y Sentir del propio Papa Benedicto XVI, la Congregación para el Clero, actualmente el Dicasterio para el Clero, publicó un documento de referencia para la dirección espiritual con el título El Sacerdote, Confesor y Director Espiritual, Ministro de la Misericordia Divina. El contenido de este documento lo vamos a analizar en profundidad en futuros programas, pero hoy vamos a tratar de dar algunas pinceladas. Adelantaré que en este documento se insiste en la importancia de que los sacerdotes, junto a la celebración eucarística, ofrezcan su disponibilidad a la escucha de las confesiones sacramentales, a la acogida de los penitentes y, cuando sea requerido por los fieles, al acompañamiento espiritual. En esto confirma que los sacerdotes, con su actitud, muestran la medida real de la caridad pastoral del sacerdocio al tiempo que asumen con gozo y certeza su propia identidad, redefinida por el sacramento del orden, tarea, decía, o dice el documento, que nunca se puede limitar a una mera función. El Papa es evidente que quería ayudar a penitentes y ministros a redescubrir el sacramento de la reconciliación como una medida auténtica de la fe en la acción salvífica de Dios, que se manifiesta con más eficacia en el poder de la gracia que en las estrategias humanas organizadoras de iniciativas, incluidas las pastorales, las cuales a menudo olvidan lo esencial de la misión del sacerdote, esto es, servir a Cristo, sumo sacerdote, en la guía espiritual de los fieles. Por esto se dice, testigos y maestros que caminen con ellos y los lleven a amar y a comunicar a su vez el evangelio, especialmente a sus coetáneos, convirtiéndose ellos mismos en auténticos y creíbles anunciadores. Es una cita a Verbum Dei 104. En definitiva, reconocemos que necesitamos maestros auténticos que, guiados por el Espíritu Santo, revitalicen la vida interior de los fieles, tal y como ya lo indicaba el propio Catecismo de la Iglesia en su número 888. El documento en cuestión se muestra como una síntesis de las enseñanzas del Concilio Vaticano II en todo lo relativo al acompañamiento espiritual, con referencias constantes a los textos del concilio y al magisterio posterior de la Iglesia. En este sentido, podemos decir que es una guía que expone las líneas fundamentales del acompañamiento espiritual de los fieles, cuyo contenido sintetizado es el siguiente, muy sintetizado. El documento comienza resaltando la importancia que tiene la conversión para la vida de los fieles y la urgencia apostólica de redescubrir el sacramento de la reconciliación, tanto en calidad de penitentes como en calidad de ministros. Percibe al sacerdote como ministro, esto es, siervo y a la vez administrador prudente de la divina misericordia, que tiene confiada por la Iglesia la gravísima responsabilidad de perdonar o de retener los pecados. Recordemos que es en la confesión donde, por la fuerza del Espíritu Santo, el Señor nos retorna a la vida y somos acogidos y reconstituidos de nuevo en nuestra dignidad filial. El texto invita a sacerdotes a tener una disponibilidad frecuente para que fieles y sacerdotes también puedan experimentar como penitentes y como ministros, que en el sacramento de la penitencia se manifiesta la acción saldífica de Dios, cuya gracia supera todas las estrategias humanas, incluidas las pastorales, que no pueden apartarnos de lo esencial. Esto es la guía espiritual de los fieles. En definitiva, el documento se conforma como un instrumento útil para la formación permanente del clero y una ayuda para descubrir el valor imprescindible de la celebración del sacramento, de la reconciliación, pero también de la dirección espiritual, vías esenciales y fundamentales para la nueva evangelización y la renovación permanente de la iglesia, que siempre está necesitada de reformas, pero también para ejercer la misión con toda eficacia apostólica, incluida la pretendida reforma del clero. El documento termina encomendando la tarea de difusión de su contenido y los frutos a la Virgen María, refugio de los pecadores y madre de la divina gracia. Pues hasta ahí el magisterio de Benedicto XVI. Y ahora pasamos a la reflexión del día, que es la necesidad de la pobreza evangélica. Mirad, los consejos evangélicos son muy útiles cuando decididamente queremos vivir un camino de perfección. Esto es lo que nos pide el Señor. Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga, porque quien quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí la encontrará. Pues ¿de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero si pierde su alma? ¿o qué podrá dar para recobrarla? Porque el hijo del hombre vendrá con la gloria de su padre entre sus ángeles y entonces pagará cada uno según su conducta. En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al hijo del hombre en su reino. Confiando, en su palabra, vemos que es posible la unión con Dios, pero pretender una vida de santidad, un camino de perfección, sin vivir de acuerdo con las indicaciones evangélicas de pobreza, castidad y obediencia, no será posible. Para los laicos no se trata de hacer votos, pero si queremos seguir a Jesús hemos de aceptar, como ocurre con los demás puntos de la escéptica, un compromiso serio de vivir las virtudes que surgen de la unión al Evangelio. La negación que se requiere es pues una donación exigida a todo cristiano que quiere vivir las virtudes evangélicas cada uno según su estado, vocación, profesión o condición personal. Los de crecer la libertad respecto al mundo en las tres vertientes fundamentales a las que alude el apóstol San Juan. Dice así, porque lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne y la concupiscencia de los ojos y la arrogancia del dinero, eso no procede del padre sino que procede del mundo. Y el mundo pasa y su concupiscencia, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. Cita a primera carta de Juan número 2. Pues bien, hoy nos vamos a centrar en la pobreza, dejando para futuros programas las otras dos virtudes evangélicas, la castidad y la obediencia. Todas ellas tienen una doble dimensión, la dimensión espiritual y la dimensión temporal que vamos a ir analizando. Con relación a la pobreza evangélica, el Evangelio de Mateo la menciona y pone el énfasis en las palabras de Jesús. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Cita a Mateo 5. Vivir la pobreza espiritual es ya entonces poseer el reino de los cielos. Y esto nos indica que hemos de tener presente que las gracias espirituales que recibimos son el impulso que nos lleva a obrar el bien, por lo que no podemos atribuirnos mérito alguno por nuestro esfuerzo personal, ni pensar que somos los generadores de la gracia, sino que hemos de recibirla apreciándola como un don de Dios en la idea de que seamos testigos de su amor en el servicio a los hermanos. Espiritualmente hemos de vivir confiados en la ayuda de la gracia, entendiendo la pobreza como un descansar en Dios, o más bien como una entrega voluntaria a su voluntad, un dedicarse, un perderse en Dios. Es un esfuerzo continuo de identificación con Cristo, lo cual nos ha de posibilitar estar en el mundo sin ser del mundo. La práctica de esta virtud nos abaja en la realidad y nos lleva a ser más creíbles para todos cuantos nos observen, ya sea los ambientes familiares, sociales o profesionales de nuestro entorno habitual. En lo relativo a la dimensión temporal, estamos llamados a ser administradores de los bienes materiales que Dios ha puesto en nuestras manos, viviendo con austeridad, pero siendo solidarios con los demás y sin hacer ostentaciones que puedan dañar, humillar o escandalizar a nuestros hermanos. Podemos decir que es así como hemos de vivir la pobreza evangélica, esto es, viviendo desapegados de los bienes materiales que hemos recibido. No somos dueños, sino administradores de estos bienes, razón por la cual estamos llamados a poner todo lo que tenemos al servicio de Cristo y de la Iglesia en aras de una comunicación cristiana de bienes con los más necesitados y colaborando económicamente en la medida que podamos según nuestras posibilidades. Recordemos que los bienes materiales que administramos son medios para la realización personal y hemos de compartirlos con los demás siempre con miras al bien común. Los bienes materiales, por lo tanto, no son un fin en sí mismos por los que luchar. Tampoco debemos estimarlos ni desearlos como una ambición personal, una ambición de conquista que alcanzar. Lo mismo ocurre con el ejercicio de un cargo de responsabilidad. Hemos de ejercerlo con espíritu de entrega y de servicio, con solicitud hacia cuantos están participando de nuestra relación humana, de forma que el principio colaborativo, el principio cooperativo, ambos presidan en todo momento nuestros actos. Siguiendo a San Máximo, el confesor, monje y teólogo, que vivió allá por el siglo VII, considerado padre de la Iglesia, diremos que la pobreza evangélica, bien entendida, ha de apartarse de los bienes materiales, pues sólo nos ha de mover la caridad fraterna en el sentido espiritual. Decía así San Máximo, la caridad es aquella buena disposición del ánimo que nada antepone al conocimiento de Dios. Nadie que esté subyugado por las cosas terrenas podrá nunca alcanzar esta virtud del amor a Dios. El que ama a Dios antepone su conocimiento a todas las cosas por él creadas y todo su deseo y amor tienden continuamente hacia él. Como sea que todo lo que existe ha sido creado por Dios y para Dios, y Dios es inmensamente superior a sus criaturas, el que dejando de lado a Dios incomparablemente mejor, se adhiere a las cosas inferiores, demuestra con ello que tiene en menos a Dios que a las cosas por él creadas. Con todo, es el amor a Dios el que nos ha de ayudar a guardar sus mandamientos y el que nos guiará y nos dará las fuerzas necesarias para cumplir el segundo mandamiento que nace del primero. Que os améis unos a otros como yo os he amado. Para San Máximo el principio del amor en Dios nos condiciona a amar inevitablemente a nuestros prójimos, pues dice así el que tiene este amor verdadero no puede guardar para sí su dinero sino que lo reparte según Dios a todos los necesitados. En esto observamos también que la limosna nos permite imitar al mismo Dios quien no distingue a buenos y malos, justos e injustos, ni hace discriminación alguna sino que reparte a todos por igual en proporción a las necesidades de cada uno, aunque desde nuestro punto de vista es inevitable que la buena voluntad de cada uno se incline a preferir a los que se esfuerzan en practicar la virtud más bien que a los malos. En esto San Máximo continúa y clarifica la preeminencia que ha de tener la caridad. Dice así la caridad no se demuestra solamente con la limosna sino sobre todo con el hecho de comunicar a los demás las enseñanzas divinas y prodigarles cuidados corporales. El que renunciando sinceramente y de corazón a las cosas de este mundo se entrega sin fingimiento a la práctica de la caridad con el prójimo pronto se ve liberado de toda pasión y vicio y se hace partícipe del amor y del conocimiento divino. El que ha llegado a alcanzar en sí la caridad divina no se cansa ni decae en el seguimiento del Señor, su Dios, según dice el profeta Jeremías, sino que soporta con fortaleza de ánimo todas las fatigas oprobios e injusticias sin desear mal a nadie. Por estas razones que hemos comentado el santo concluye que no podemos dejar todo en la acción de la gracia sino que hemos de esforzarnos en practicar la caridad para con Cristo la cual debe estar seguida por las obras de caridad con los más prójimos. Tú no digas tampoco la sola y escueta fe en nuestro Señor Jesucristo puede darme la salvación. Ello no es posible si no te esfuerzas en adquirir también la caridad para con Cristo por medio de tus obras. Por lo que respecta a la fe sola dice la escritura también los demonios creen y tiemblan cita a santiago número 2 el fruto de la caridad consiste en la beneficencia sincera y de corazón para con el prójimo en la liberalidad y la paciencia y también en el recto uso de las cosas. Por último vamos a acercarnos al consejo evangélico de la pobreza incluyendo algo que nos traen las enseñanzas que dio el mismo Jesús a sus discípulos no os inquietéis por la vida que vais a comer ni por el cuerpo con que os vais a vestir pues la vida es más que el alimento y el cuerpo más que el vestido. Fijaos en los cuervos ni siembran ni cosechan ni tienen despensa ni granero y Dios los alimenta cuánto más valéis vosotros que los pájaros. Quién de vosotros a fuerza de agobiarse podrá añadir una hora al tiempo de su vida por tanto si no podéis lo más pequeño porque inquietaros por lo demás. Fijaos cómo crecen los lirios no se fatigan ni hilan pues os digo que ni Salomón en todo su esplendor se vistió como uno de ellos pues si Dios viste así a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno cuánto más a vosotros hombres de poca fe y vosotros no andéis buscando qué vais a comer o qué vais a beber ni estéis preocupados la gente del mundo se afana por todas esas cosas pero vuestro padre sabe que tenéis de ellas necesidad. Busca más bien su reino y lo demás se os dará por añadida. Cita a Lucas 12 pues vamos a ver después de ver el aspecto positivo de la virtud de la pobreza vamos a ver lo que son las faltas tal y como hemos ido viendo se oponen a la virtud de la pobreza y en consecuencia a la vida de perfección que el señor nos pide la ambición por ocupar cargos de responsabilidad para sobresalir sobre los demás y lo mismo ocurre con la codicia sobre los bienes materiales pues estas tendencias ambas son desordenadas y contrarias al amor de Dios y a una vida de santidad estas tendencias más bien manifiestan un vano y pernicioso orgullo así como un apego al yo que nos orientan a un deseo de posesión desmedida y egoísta y así lo enseña el evangelio mirad guardaos de toda clase de codicia pues aunque uno ande sobrado su vida no depende de sus bienes cita a Lucas 12 ahora bien no se trata de vivir en la indigencia ni de vivir en la despreocupación y procurar lo necesario para el sustento de la vida familiar tampoco se nos pide que abandonemos nuestras obligaciones de estado o las que tenemos en el ejercicio de nuestra profesión o como colaboradores de la iglesia en nuestros respectivos ámbitos de asociación lícita se nos pide que sepamos orientar todo nuestro deseo a superarnos tratando de tratando de mejorar la calidad de nuestra vida pero también la de nuestros prójimos cosa que es muy digna de apreciar y todo ello sin menospreciar a nadie y sin aprovecharnos de los demás para que a nosotros se nos vea en todo recordando que hemos de ganarnos el pan con el sudor de la frente cita a génesis número 3 nuestra pobreza entonces ha de estar guiada por la vigilancia para no caer en la pereza pues ésta nos lleva al hambre y a la pobreza indigente por esto se nos dice manos perezosas generan pobreza brazos diligentes riqueza cita a proverbios 10 pues bien conocemos la gracia de nuestro señor jesucristo el cual siendo rico se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza cita a segunda carta de corintios número 8 y finalmente pues vamos a hacer un una cita a lo que es la corrección fraterna en el acompañamiento espiritual hemos de comentar que la corrección fraterna que preside el acompañamiento espiritual obliga al acompañante sea rector o rectora a tener presente que no puede adentrarse en la vida espiritual del acompañado pues ese terreno sólo pertenece a la gracia de dios en consecuencia su competencia como rector rectora debe limitarse a la aclaración de los actos ascéticos de forma que el acompañado las zeta pueda orientarse al ejercicio de su responsabilidad personal tomando libremente las decisiones que considero oportunas o convenientes en cada momento tampoco tiene la potestad de enjuiciar el acompañado así nos lo enseña el mismo jesús cuando nos dice hombre quien me ha constituido juez o árbitro entre vosotros cita lucas 12 el rector pues no juzga sólo enseña a perseverar en el camino de la percepción y de la práctica de las virtudes animando a corregir las faltas del acto ascético y estimulando la constancia en la práctica de la oración en la participación en los sacramentos que son las fuentes de la gracia a fin de que las zetas pueda llegar a una unión perfecta con dios el acompañado por su parte cuando reconoce las faltas de pobreza en el encuentro comunitario sólo debe hacer referencia a su conducta su propia conducta sin identificar ni mencionar a otras personas a los prójimos de su entorno habitual seguidamente con este espíritu de pobreza el acompañado ha de llevar sus faltas a la confesión y con esto dejamos muy claro que el acompañamiento espiritual no sustituye al sacramento de la confesión la cual debe hacerse siempre con el sacerdote pues es la única vía válida para el perdón de los pecados según nos indica con total claridad la disciplina de la iglesia concluiremos diciendo que el ejemplo más claro de una vida de pobreza lo tenemos en la virgen maría la cual se humilló y se reconoció como esclava con lo que mereció la más extensa consideración del cielo y fue elevada a ser hija de dios padre madre de dios hijo y esposa de dios espíritu santo pues bien no me voy a extender mucho más podríamos concluir con mil detalles pero haremos una breve síntesis para decir simple y llanamente que hemos visto una vez más que el acompañamiento espiritual es un proceso de formación que está inspirado y guiado por el mismo espíritu santo promovido y deseado por el magisterio de la iglesia es cristo quien me ha asociado a la salvación de los hombres y yo he de poner mi esfuerzo a su servicio buscando en toda mi vida diaria lo que se orienta al bien evangélico y rechazando lo que no sirve a este fin la unión al evangelio pues presupone la disposición del recogimiento de la mente la quietud de la voluntad la iluminación del entendimiento con el espíritu santo y todo esto es lo que favorece la unión en el espíritu evangélico que debo conocer y vivir de ahí la necesidad de la oración de la meditación de la palabra porque de este espíritu evangélico nacen las virtudes de la pobreza de la castidad y de la obediencia el resto de virtudes pastorales que otorga la gracia de dios la esperanza la caridad se ven complementadas con las indicaciones evangélicas de la pobreza de la castidad de la obediencia y todas ellas nos llevan a la práctica de las virtudes cardinales las propias del tiempo presente que son la prudencia la justicia la fortaleza y la templanza en definitiva todo un proceso de formación espiritual que va santificándonos perfeccionando nos y organizando toda nuestra mente todo nuestro ejercicio para vivir más y más conformes con la voluntad de dios no se puede amar aquello que no se conoce por eso todas estas reflexiones nos ayudan nos ayudan al conocimiento nos ayudan a tener una buena formación de la razón un buen una buena orientación para qué es para que cuando la gracia actúa nos ponemos a tiro en la oración en la vida de los sacramentos la gracia actúa y vamos asimilando la dejándonos por así decirlo asumir porque nos creemos que es que tiene que venir mucho hacia nosotros cuando realmente lo que estamos siendo es poco a poco ser llevados enraizados relegar otra vez volver a unir la realidad de nuestra existencia con la con el espíritu de dios que está en nosotros que está en nosotros el reino de dios está dentro de nosotros mismos pero muchas veces lo que hacemos es navegar hacia afuera pero tenemos que ir buscando la unión esa interior con dios y con la gracia para eso hacemos vida de oración para eso buscamos el recogimiento la quietud para eso buscamos la la comunión para que toda esa gracia venga a nuestro corazón y vaya produciendo esos efectos de rejuvenecimiento espiritual recordamos aquello de hay que nacer de nuevo hay que nacer del espíritu pues eso con esa confianza terminamos hoy el programa y vamos a concluir avanzando que el por el próximo programa lo vamos a tener el viernes día 10 de enero 10 de enero nos damos unas semanas de vacaciones aprovechad el tiempo los que necesitéis pues reescuchad los podcast y tratar de llevar una vida sencilla pero ordenada haciendo esa vigilancia y esa observancia que siempre hemos comentado dedicando un ratito a la oración vocal otro ratito a la meditación del de un capítulo del nuevo testamento un ratito a la oración de la contemplación la asistencia a la misa diaria en la medida de las posibilidades de cada uno y siempre que no desatendamos no desatendamos obligaciones superiores no pasa nada si tenemos que atenderlas porque hay que atender a enfermos o hay que atender y uno puede llevar esa observancia está supliendo la observancia con un por así decirlo una obra mayor de manera que no os preocupéis en este próximo programa repito de para el 10 de enero analizaremos las líneas del acompañamiento espiritual que sigue el magisterio del papa francisco y vamos a reflexionar sobre la necesidad de la castidad en la vida cristiana voy a terminar también pues felicitando entre si llama o no llama alguien pues felicitamos la navidad a todos los que nos escucháis espero que tengáis también un año nuevo lleno de virtud y de prosperidad humana y espiritual pues bien ya veis cómo es el proceso estamos analizando todo todo todo lo que concierne al acompañamiento espiritual os he citado hoy un documento de la entonces congregación para el clero el sacerdote confesor y director espiritual ministro de la misericordia divina pero hay dos documentos posteriores que amplifican amplían vamos a decirlo así amplían este todo este tema de la dirección espiritual de manera que vamos a tener por delante unos programas y un contenido apasionante vamos a terminar con efectivamente vamos a terminar con el magisterio de los papas y ya os iré dando poco a poco más más orientación y más materia vamos en al mismo tiempo vamos desarrollando un poco las enseñanzas del magisterio y de la iglesia pues vamos viendo precisamente los puntos de por así decirlo del acompañamiento espiritual ya tenemos vistos hacemos un poco memoria hemos visto el recogimiento la actitud como ambos tienen que estar unidos al espíritu al espíritu evangélico la necesidad de conocer el evangelio hemos empezado a hablar hablamos también un poco de los juicios los deseos los instintos de felicidad como contrapuestos a la realidad de esa unión evangélica y ahora estamos viendo los frutos los frutos de esa unión con el evangelio que son la pobreza y analizamos lo que se opone a ello hablaremos también de la castidad trataremos de ver con profundidad la virtud de la castidad y también terminaremos por ver la obediencia la obediencia que ya os anticipo que es una obediencia al espíritu evidentemente aunque aunque la reciba como consejo a través como consejo espiritual pero a través del rector el señor lo quiere así tenemos testimonios en los evangelios muchísimos donde el señor incluso después de resucitar pues se manifiesta y va eso acompañando y va dando consejo y va dando ánimos y va dando claro el consejo espiritual del acompañante queda en el consejo queda en la por así decirlo en la en poner la luz delante de la de la compañía pero evidentemente toda la gracia y toda la fuerza para cumplirlo la da únicamente el espíritu santo por eso en esa vida interior el acompañante no puede entrar no puede ni pretender entrar porque es entrar en un terreno santo donde no puede acceder nada más que la gracia de dios y el espíritu de dios pues bien no hay nada más y como no hay ninguna llamada cerramos el programa y os dejo con la música de ambiente pues nada más sólo terminamos como como hacemos siempre dando gracias por la por vuestra atención y que el señor nos bendiga a todos y hasta el próximo programa de acompañamiento espiritual un abrazo a todos ave maría purísima sin pecado concebido
La necesidad de la unión al Evangelio. #8
Fecha: viernes, 29 de noviembre de 2024, a las 21:00:00
Duración: 58:22
Transcripción de Episodio 8. El magisterio de dos papas: el venerable Juan Pablo I y san Juan Pablo II.
Buenas noches a los que me escucháis. Os habla Javier Febrián, vocal de formación del Consejo Nacional de Laboración Nocturna. Sed todos bienvenidos al programa Acompañamiento Espiritual de Radio Labande, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios, de las sagradas escrituras, de la tradición de la Iglesia, o del pensamiento teológico, o de las enseñanzas de los santos padres, o incluso de las experiencias de la vida espiritual que han tenido los santos reconocidos por la Iglesia. Bien sabemos que todo esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior. El Espíritu Santo es el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues sólo Cristo es la cabeza de la Iglesia, de la que formamos parte, siendo nosotros miembros de su cuerpo místico. Buscamos, por tanto, la unión con el Espíritu Santo, no solamente para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifiquen y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa, el 4 de octubre pasado, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo a fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo verdadero Dios y verdadero hombre. Hoy seguimos teniendo presentes a todos los fieles difuntos, especialmente a los miembros de la Adoración Nocturna por encontrarnos en el mes de las ánimas. Invocamos al Espíritu Santo. Ven Espíritu Santo, guía a los corazones de tus fieles, inciende en ellos el fuego de tu amor. Envía tu espíritu y serán creados y renovarás la faz de la tierra. Oh Dios, que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo. Haz que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve María, llena eres de gracia y el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos ya en materia recordando que buscamos analizar los fundamentos teológicos que están relacionados con el acompañamiento espiritual, cuyas líneas se desarrollan por el Magisterio de la Iglesia a partir del Concilio Vaticano II. En el programa anterior analizábamos las líneas del Magisterio del Papa San Pablo VI y seguidamente reflexionábamos sobre la necesidad de la quietud en la voluntad. Hoy vamos a analizar las líneas del Magisterio de dos papas, del Venerable Juan Pablo I y de San Juan Pablo II, y seguidamente reflexionaremos sobre la necesidad de la unión al Evangelio, también llamado unión al canon, como esfuerzo necesario que ha de practicar el hombre en su lucha estética para avanzar hacia la unión con Dios, pues queremos ser fieles a las enseñanzas que nos dio Jesús a fin de que la gracia vaya configurándonos con Cristo, mística, de forma que podamos llegar a ser buenos discípulos en el camino de perfección al que Jesús nos llama por el don de la fe. Insistimos una vez más en que de momento nos interesa destacar los fundamentos del acompañamiento espiritual para ponerlos en valor, de manera que nos sirvan, nos sean útiles como guía y luz en el sendero de nuestra formación espiritual. Comenzamos entonces recordando que el Concilio Vaticano II supuso un gran esfuerzo para reflexionar acerca de la propia realidad de la Iglesia desde la comprensión auténtica del misterio de salvación de Dios en Cristo y lo hizo mirando a los principios, esto es, a las escrituras y a las enseñanzas de los padres de la Iglesia, pero siempre poniendo la vista en el servicio al hombre de hoy. La Iglesia busca potenciar la formación espiritual de todos los fieles, especialmente de los sacerdotes y consagrados, y lo hace así pensando en la labor pastoral deseada en favor del acompañamiento espiritual de todos los laicos, sin excepción, pues los laicos estamos llamados a contribuir al crecimiento y santificación incesante de la Iglesia, esto es, hacerla presente y operante en los lugares y circunstancias donde la jerarquía no puede llegar a ser la sal de la tierra. Cita de Lumen Gentium 33 Esta nueva percepción está patente en las enseñanzas de los santos padres, quienes han mostrado una preocupación constante por el acompañamiento espiritual como medio eficaz de dar a conocer las verdades reveladas en la persona de Cristo, quien es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación. Pues bien, fijándonos en el Papa Venerable Juan Pablo I, que tuvo un corto pontificado, recordemos que el Papa Luciani estuvo como tal Papa del 26 de agosto al 28 de septiembre de 1978, pero en su corto periodo, en las cuatro audiencias que celebró, nos habló acerca de la humildad, de la fe, de la esperanza y de la caridad, lo que podemos considerar como un legado esencial para el acompañamiento espiritual en nuestro camino hacia la santidad. Al exponer la fe, el Papa hacía vivo el sentir de sus predecesores, a quienes reconoció como precursores del concilio, con palabras memorables. Sobre el Papa Juan XXIII, hombre de fe en las verdades inmutables, decía así Leed a San Pablo. Cristo e Iglesia son una sola cosa. Cristo es la cabeza, nosotros, la Iglesia, somos sus miembros. No es posible tener fe y decir, creo en Jesús, acepto a Jesús, pero no acepto a la Iglesia. Hay que aceptar a la Iglesia tal como es. ¿Y cómo es esta Iglesia? El Papa Juan la ha llamado Mater et Magistra, maestra también. San Pablo ha dicho que la gente sólo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Cuando el pobre Papa y cuando los obispos y los sacerdotes presentan la doctrina, no hacen más que ayudar a Cristo. No es una doctrina nuestra, es la de Cristo. Sólo tenemos que custodiarla y presentarla. Entre otras cosas, dijo el Papa Juan, esperamos que con el concilio la Iglesia dé un salto hacia adelante. Todos lo esperábamos, un salto hacia adelante, pero ¿por qué caminamos? Lo dijo enseguida, sobre las verdades ciertas e inmutables. Ni siquiera le pasó por la cabeza al Papa Juan que eran las verdades las que tenían que caminar, ir hacia adelante y después cambiar poco a poco. Las verdades están ahí, nosotros debemos andar, decía, por el camino de estas verdades, entendiéndolas cada vez mejor, poniéndonos al día, presentándolas de forma adecuada a los nuevos tiempos. Con sus palabras, el Papa Juan Pablo I nos ponía ya en sintonía para entender con claridad certera que el oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado únicamente al magisterio vivo de la Iglesia cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo. Cita a Dave Erwin número 10. Sobre el Papa Pablo VI, defensor del valor del depósito de la fe, en esta misma audiencia decía el Papa Juan Pablo I. También el Papa Pablo tenía la misma preocupación. Lo primero que hice en cuanto fui Papa fue entrar en la capilla privada de la Casa Pontificia. En ella, al fondo, el Papa Pablo hizo colocar dos mosaicos, uno de San Pedro y otro de San Pablo. San Pedro muriendo y San Pablo muriendo también, pero debajo de San Pedro figuran estas palabras de Jesús. Oraré por ti, Pedro, para que no desfallezca tu fe. Y debajo de San Pablo, que está recibiendo el golpe de la espada, decía. He cumplido mi carrera, he conservado la fe. Ya sabéis que en el último discurso del 29 de junio pasado, Pablo VI dijo, después de 15 años de pontificado, puedo dar gracias al Señor porque he defendido la fe y la he conservado. Con sus palabras, el venerable Juan Pablo I quería resaltar que la misión del magisterio no está por encima de la palabra de Dios recibida, escrita y orado, sino que su misión es la de defender, conservar y enseñar lo que le ha sido confiado por mandato divino. Y con la asistencia del Espíritu Santo, la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad. Y de este único depósito de la fe, saca todo lo que propone como verdad revelada por Dios que se ha de creer. Cita a Dei Verbum número 10. Pasamos al magisterio del Papa San Juan Pablo II. Tuvo un dilatado pontificado el Papa Boitila desde 1978 hasta 2005 y es muy rico en enseñanzas. Desde su comienzo nos invitaba a abrir las puertas a Cristo y a sumergirnos en su misterio. No tengáis miedo, decía, abrid las puertas a Cristo. De sus palabras vemos que destaca la importancia del magisterio en el gobierno de la iglesia, al servicio de todos los fieles, para que todo el pueblo de Dios participe de la misión recibida de Cristo. De suerte que prelados y fieles colaboren estrechamente en la conservación, en el ejercicio y en la profesión de la fe recibida. Cita a Dei Verbum 10 también. En su primera homilía, el 22 de octubre del 78, decía así. Nuestro tiempo nos invita, nos impulsa, nos obliga a mirar al Señor y a sumergirnos en una meditación humilde y devota sobre el misterio de la suprema potestad del mismo Cristo. El que nació de María Virgen, el hijo del carpintero, como se le consideraba, el hijo del Dios vivo, como confesó Pedro, vino para hacer de todos nosotros un reino de sacerdotes. El concilio Vaticano II nos ha recordado el misterio de esta potestad y el hecho de que la misión de Cristo, sacerdote, profeta, maestro, rey, continúa en la iglesia. Todos, todo el pueblo de Dios participa de esta triple misión. Y quizás en el pasado se colocaba sobre la cabeza del Papa la tiara, esa triple corona, para expresar, por medio de tal símbolo, el designio del Señor sobre su iglesia. Es decir, que todo el orden jerárquico de la iglesia de Cristo, toda su sagrada potestad ejercitada en ella, no es otra cosa que el servicio. Servicio que tiene un objetivo único. Que todo el pueblo de Dios participe en esta triple misión de Cristo y permanezca siempre bajo la potestad del Señor, la cual tiene su origen no en los poderes de este mundo, sino en el Padre Celestial y en el misterio de la cruz y de la resurrección. Para Juan Pablo II vemos que las escrituras y la tradición están siempre a la sustenten la doctrina de la iglesia, con énfasis particular en la persona del Espíritu Santo, reconocido en el símbolo de la fe, que actúa en la iglesia a partir de Pentecostés y de la historia apostólica. Así lo expresaba en la carta encíclica Dominum et Vivicticantem de 1986. Si la revelación suprema y más completa de Dios a la humanidad es Jesucristo mismo, el testimonio del Espíritu de la verdad inspira, garantiza y corrobora su fiel transmisión en la predicación y en los escritos apostólicos, mientras que el testimonio de los apóstoles asegura su expresión humana en la iglesia y en la historia de la humanidad. Ya en 1995, al tratar el valor inviolable de la vida humana, el Papa Juan Pablo II hizo referencia expresa a la constitución dogmática de Iberbum, destacando la constante presencia de Cristo en la iglesia, quien con el envío del Espíritu de la verdad lleva a plenitud toda la revelación y la confirma con testimonio divino, a saber que Dios está con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y la muerte y para hacernos resucitar a una vida nueva y eterna. Una constante del pontificado de Juan Pablo II, de cara a la preparación de la evangelización del nuevo milenio, fue la de formar las conciencias de todos los fieles, lo que necesitaba una orientación espiritual que reforzara la fe y los capacitara al desarrollo de un mayor crecimiento personal y cristiano, tarea que hay que desempeñar, decía, con fidelidad creativa. En este sentido, invitaba a los institutos religiosos a la cooperación en la formación de los fieles y a reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de sus fundadores y fundadoras como respuestas a los signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy. Vemos que el empeño del Papa Huitila por la formación de todos los fieles quedó patente con la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, cuya nueva redacción fue uno de los logros más importantes de su pontificado y que fue aprobado oficialmente el 15 de agosto de En él se otorga a la revelación de Dios en Cristo una importancia central para la exposición de la verdad revelada, en aras de una mayor comprensión por parte del pueblo de Dios. Así lo expresa el mismo Catecismo. Mediante la razón natural, el hombre puede conocer a Dios con certeza a partir de sus obras, pero existe otro orden de conocimiento que el hombre no puede de ningún modo alcanzar por sus propias fuerzas, el de la revelación divina. Por una decisión enteramente libre, Dios se revela y será al hombre. Lo hace revelando su misterio, su designio benevolente que estableció desde la eternidad en Cristo en favor de todos los hombres. Revela pues plenamente su designio enviando a su Hijo Amado Nuestro Señor Jesucristo y al Espíritu Santo. Cita del Catecismo número 50. Como buen contemplativo que era, el Papa Juan Pablo II valoraba también las enseñanzas de San Juan de la Cruz en lo relativo a la perfección de la vida cristiana, y así quedó recogido en el mismo Catecismo de la Iglesia. Dice así. El Espíritu Santo da a ciertos fieles dones de sabiduría, de fe y de discernimiento, dirigidos a este bien común que es la oración y la dirección espiritual. Aquellos y aquellas que han sido dotados de tales dones son verdaderos servidores de la tradición viva de la oración. Por eso el alma que quiere avanzar en la perfección, según el Consejo de San Juan de la Cruz, debe mirar en qué manos se pone, por cual fuere el maestro tal, pues cual fuera el maestro tal será el discípulo, y cual el padre tal el hijo. Y añade, no sólo el director debe ser sabio y prudente, sino también experimentado. Si el guía espiritual no tiene experiencia de la vida espiritual, es incapaz de conducir por ella a las almas que Dios en todo caso llama, o incluso no las comprenderá. Cita de llama de amor vida, de amor viva, segunda relación estrofa 3. Cita también del catecismo en el número 2690. Vemos así que el catecismo busca acercar las verdades de la fe y de la Iglesia para ponerlas al alcance de todos los hombres, orientando además las líneas pedagógicas que conciernen al acompañamiento espiritual. En este sentido, otorga una gran importancia a la oración con la que la Iglesia peregrina se asocia con la de los santos, solicitando su intercesión. Cita el catecismo 2692. En cuya tradición viva se insertan las diferentes espiritualidades cristianas que se muestran como guías preciosas de la vida espiritual. Cita el catecismo 2693. La familia cristiana destaca como el primer lugar de educación para la oración 2694. Si bien para asegurar la vida de oración, la Iglesia cuenta además con los ministros ordenados, la vida consagrada, la catequesis, los grupos de oración y la dirección espiritual 2695, indicándonos que los lugares más favorables para la oración son el oratorio personal o familiar, los monasterios, los santuarios de peregrinación y sobre todo el templo, que es el lugar propio para la oración litúrgica de la comunidad parroquial, lugar privilegiado para la oración eucarística 2696. Otra de las preocupaciones de San Juan Pablo II fue la formación de los sacerdotes tal y como lo manifestó al inicio del tercer milenio con estas palabras. Deseo pedir además una renovada valentía pastoral para proponer de manera convincente y éfica la práctica del sacramento de la reconciliación. En este sentido reafirmaba su preocupación, reforzar solícitamente el sacramento de la reconciliación incluso como exigencia de auténtica caridad y verdadera justicia pastoral, recordando en todo momento que todo fiel con las debidas disposiciones interiores tiene derecho a recibir personalmente la gracia sacramental. El papa con todo buscaba que la alegría del perdón se convirtiera en actitud de gratitud y generosidad en el camino de la santificación y de la misión, pues quien lo experimenta desea que todos puedan llegar al encuentro con Cristo buen pastor. De ahí se intuye que los ministros que experimentan la belleza del encuentro sacramental se hacen más disponibles para ofrecer dicho servicio, se hacen más pacientes y gozosos aunque a veces esta tarea sea ardua. En esto concluye el papa que cuando se recibe el perdón de Dios, el corazón humano aprende mejor a perdonar y a reconciliarse consigo y con los hermanos. El papa percibía la tarea del sacerdote como una entrega al servicio y beneficio de la vida espiritual de los fieles. Por eso decía así. Los presbíteros son en la iglesia y para la iglesia una representación sacramental de Jesucristo, cabeza y pastor. Proclaman con autoridad su palabra, renuevan sus gestos de perdón y de ofrecimiento de la salvación, principalmente con el bautismo, la penitencia y la eucaristía. Ejercen hasta el don total de sí mismos el cuidado amoroso del rebaño al que congregan en la unidad y conducen al padre por medio de Cristo en el espíritu. El papa exhortó constantemente a lo su pontificado a hacer uso de esta práctica sacramental como garantía de la vida espiritual de los pastores y la de los fieles, repitiendo una y otra vez cuanto ya había escrito en 1984. La vida espiritual y pastoral del sacerdote, como la de sus hermanos laicos y religiosos, depende para su calidad y fervor de la asidua y consciente práctica personal del sacramento de la penitencia. En un sacerdote decía que no se confiesa o se confiesa mal, su ser como sacerdote y su ministerio se resentirán muy pronto y se dará cuenta también la comunidad de la que es pastor. Hemos de destacar también que en noviembre de 2001 la congregación para el clero, actual dicasterio para el clero, publicó la instrucción el presbítero pastor y guía de la comunidad parroquial, documento que sigue las huellas de las enseñanzas del concilio recogidas en la constitución lumen gentium y en el catecismo de la iglesia, proponiendo e insistiendo en la doctrina conciliar porque nos ofrece elementos de reflexión sobre los valores teológicos fundamentales que empujan a la misión y que algunas veces son oscurecidos, decía. El papa Juan Pablo II presentó este documento en un breve discurso con ocasión de la celebración de la asamblea plenaria de la congregación para el clero en el que sintetizó de manera magistral la base teológica y doctrinal de la función del presbítero como pastor y guía de la comunidad parroquial. En su discurso tocó varios temas, pero destacó la centralidad de Cristo que siempre debe resaltar en la misión de la iglesia, cita de Iverbum X, siendo el sacerdote el que in persona Christi celebra el sacrificio de la misa y administra los sacramentos, cita a lumen gentium X, hace presente a Cristo a través de la predicación y la guía de los fieles, sacrosanctum concilium 57, realiza la representación sacramental de Cristo, cita a Pastores Davobobis XVI, y hace posible la presencia de Cristo de manera eminente en la Eucaristía, fuente y culmen de la vida eclesial. Está realmente presente en la celebración del santo sacrificio, así como cuando el pan consagrado se conserva en el tabernáculo, como centro espiritual de la comunidad religiosa y de la parroquial, cita a la carta encíclica Misterium Fidei de 1965. En definitiva, los párrocos, por ello, han de procurar que la celebración de la Eucaristía sea el centro y la cumbre de toda la vida de la comunidad cristiana, cita al decreto Christus Dominus de 1965, por lo que hemos de recordar constantemente que, entre las numerosas actividades que desarrolla una parroquia, ninguna es tan vital o formativa para la comunidad como la celebración dominical del Día del Señor y de su Eucaristía. Estas razones comentadas otorgan al presbítero una función esencial de la que no podemos prescindir, por lo que hemos de suplicar con fe e insistencia a Dios para que suscite numerosos santos y obreros para su Virgen. Finalmente, el Papa pidió que distingamos claramente las tareas de los pastores de las que pueden realizar los que no han recibido esta configuración sacramental con Cristo, aunque a veces resulte necesaria su colaboración, como es el caso del acompañamiento espiritual. Y terminó recordándonos la importancia de la cercanía de la Madre de Cristo que nos introduce en el misterio de la ofrenda redentora de su Divino Hijo. El texto que hemos comentado de esa instrucción en lo relativo al acompañamiento espiritual hace una mención expresa al numeroso batallón de santos sacerdotes que, como el cura de arx, patrono de los párrocos, han llegado a una eximia santidad a través de la generosa e incansable dedicación a la cura de almas, acompañada de una profunda ascesis y de una gran vida interior, los cuales, decía, inflamados por el amor de Cristo y por la consiguiente caridad pastoral, constituyen un Evangelio vivo. El presbítero, pastor y guía de la Comunidad Parroquial, número 10. Bien, pues hasta aquí las citas al magisterio del Papa Juan Pablo II y, a continuación, vamos a entrar en el tema de reflexión que versa sobre la necesidad de la unión al Evangelio, también llamada, como hemos dicho, unión al cano. La evangelización no es adoctrinar, no es ideologizar o simplemente mentalizar, es llevar las verdades de la fe revelada en Cristo para convertir los corazones a Dios. Esto es, para reconducir la vida a la doctrina, de manera que la conversión del hombre a Dios sea perfecta. Nuestra vida ha de conformarse con la vida y las enseñanzas de Jesucristo y esto sólo es posible cuando se tiene un conocimiento adecuado de las enseñanzas de Jesús a través de la palabra de Dios. Se trata, pues, de vivir en comunión con las normas evangélicas. Ahora bien, pretender, como los fundamentalistas, captar el sentido de la palabra de Dios sin tener en cuenta los aspectos humanos de su expresión lleva a todo tipo de errores e ilusiones. De otra parte, limitarse a una exégesis positiva significaría perder de vista el mensaje esencial. Con todo, es necesario que la mente en recogimiento y la voluntad en anhelen y busquen la unión con Cristo en ese espíritu evangélico, en ese canon, en esa norma evangélica. Y esto ha de ser en una doble acción. La primera es la acción formativa o didáctica para una mejor comprensión y aceptación del mensaje. Y la segunda es de purificación, para saber identificar los estorbos que interfieren en la acción del Espíritu Santo y poder convertirlos en virtudes evangélicas. Vamos a analizar, vamos a reflexionar sobre primero la acción formativa o didáctica, también se le llama formulativa. En esta acción se trata lo que tenemos que aprender, esto es, lo que tenemos que recoger, comprender para hacerlo vida en nosotros. Como ya vimos en la oración de meditación, este proceso condiciona la necesidad de tener el hábito diario de la lectura de un capítulo del Nuevo Testamento como parte de nuestra observancia diaria. Porque si no conozco, si no leo el Evangelio, si no leo el Nuevo Testamento, no puedo tener conocimiento de él, con lo cual no puedo llegar a apreciarlo. En la meditación de la Palabra de Dios hemos de distinguir tres pasos o escalones. Primero ha de darse la aceptación intelectual del Evangelio, esto es, lectura del Evangelio para conocer el contenido, meditarlo, aclarar conceptos según el magisterio de la Iglesia y una vez aclarados, ser capaces de aceptarlos para vivir con la coherencia necesaria. En un segundo paso he de resolver los conflictos de las pasiones con la lección evangélica. Si yo choco con lo que estoy escuchando y comprendiendo o leyendo, pues se trata de que en todas nuestras acciones diarias, situaciones de relaciones, partimiento, demás ocupaciones que tengamos presente todo lo aprendido en el Evangelio, pues para tratar de aplicarlo y ser capaces de resolver cualquier conflicto o duda que nos surja, ya que la Palabra de Dios es viva y eficaz, ilumina y conduce a ordenarlo todo para la construcción del reino, nuestra Iglesia universal. Y en un tercer paso tenemos que analizar el espíritu evangélico. Con la insistencia, con la constancia en la aplicación del canón evangélico en todas nuestras acciones, iremos notando que cada vez nos cuesta menos y nace de nuestro ser el vivir en gracia y actuar en plena conformidad con las virtudes, especialmente las cardinales, prudencia, justicia, fortaleza, templanza, apreciando así la trascendencia de la gracia en nosotros para anhelar vivir como Cristo Jesús, nuestro Salvador. La segunda acción, como hemos comentado, es la acción purificativa. Ya hemos aprendido, vamos aceptando, vamos resolviendo los conflictos, vamos adquiriendo ese espíritu evangélico y se está produciendo esa acción purificativa. Entendemos la purificación como un lavado para quedar limpios. Se trata de quitar de nosotros los estorbos que puedan interferir la acción del Espíritu Santo a fin de que seamos transformados en seres nuevos, renovados. Después, analizar y corregir todo cuanto se oponga al Evangelio. Y ahí nos aparecen otros elementos. El primero de todos es el defecto dominante. La tentación siempre nos llega en aquello que somos más débiles. Y aunque todos los pecados capitales en sus múltiples manifestaciones son un continuo azote para la vida de las zetas, siempre suele haber uno en particular que aparece con mucha asiduidad, intentando como acaparar la tensión para romper precisamente nuestra unión y, si es posible, apartarnos del estado de gracia. Este pecado capital repetitivo es el que más cuesta dominar. Cada cual ha de analizar cuál es el que más se repite en su vida. Los pecados capitales están a la cabeza de otros pecados y están catalogados, como bien sabemos, según el objeto al que van referidos. Cada uno se vence con la práctica de una virtud. Cada uno debe conocerse. Contra soberbia, humildad. Contra la ira, en la voluntad, paciencia. Contra la lujuria, en el sexo y en los actos, castidad. Contra la avaricia, en los bienes propios, generosidad, para compartir. Contra la envidia, con relación a los bienes ajenos, caridad. Contra la gula, en la comida, templanza. Y contra la pereza, en los actos, diligencia. En esto conviene aclarar que en la vida estética no debe existir el acto de reprimir, pues es un indicio de duplicidad de vida. Esto es, estar entre querer y no querer. El acto estético perfecto consiste en transfigurar, transformar, predisponer al alma para recibir la unión con la gracia, si es voluntad de Dios dárnosla. Porque para ello se requiere humildad. El segundo paso a estudiar es el apego al mundo. Y es que estamos en el mundo caminando hacia la morada eterna. Todas nuestras posesiones y aquello de lo que podemos disponer no deben atarnos, ni ser medios de coacción que nos liguen, nos impidan vivir libremente la vida de la gracia y el trabajo en la construcción del reino de Cristo. En esto hemos de aceptar que somos simples administradores de los bienes materiales y que debemos orientarnos y encauzarlo todo hacia el bien común, pues no podemos servir a dos señores. Es palabra del Evangelio. Por lo que hemos de actuar como buenos administradores con fidelidad a nuestro Señor. Y en el tercer paso, tercer escalón, vamos a tratar sobre la negación del yo. Si no hay negación difícilmente se avanza, pero la radicalidad en el seguimiento de Jesús es muy clara. Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Cita a Mateo 16. Esta negación hemos de entenderla como una renuncia voluntaria a los juicios, a los deseos, a las pasiones, a los afectos, a los intereses particulares, etc. Pues aún no siendo pecaminosos pueden distraernos y desviarnos del camino de fe que intentamos vivir. En los juicios nos dice el Señor. Sed misericordiosos como vuestro padre es misericordioso. No juzguéis y no seréis juzgados. No condenéis y no seréis condenados. Perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará. Os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midierais se os medirá a vosotros. Cita a Lucas 6, 36 al 38. Se trata pues de tener rectitud en el pensamiento con nosotros y con el prójimo, no aferrándonos al propio criterio sino escuchando, tratando de comprender a la otra parte y siempre teniendo en cuenta el canon evangélico que nos da la ciencia y la medida justa para un buen discernimiento. También tenemos un problema en los deseos. La voluntad tiene que quedar libre de toda apetencia desordenada y para esto hemos de rectificar la tendencia de nuestros deseos desordenados, de nuestro afán de posesión, del amor a las riquezas, de todo lo que el mundo nos ofrece para sumiternos a esclavitud. Sólo Dios debe ser el dueño de nuestra voluntad y nosotros debemos de permanecer fieles a sus enseñanzas. Otro aspecto es el instinto de felicidad, es el impulso, inclinación, sentimiento o tendencia a estar cómodo, a vivir sin problemas, sin contratiempos, sin sacrificios, que nadie me toque lo mío. En definitiva es una desgana aceptar el sacrificio, la cruz que nos llega en cada momento. No se trata de buscar la cruz, sino de aceptarla cuando se nos presenta, ya que el amor a Cristo que nos redimió para que podamos llegar limpios al Padre debe estar por encima de uno mismo, de derechos e incluso de la propia vida. Debe ser pues un acto de generosidad que nos ayudará a superar nuestra repulsa o desgana. Pues bien, llegamos a las conclusiones finales, que podemos reunir de esta manera. Primera, la misión del magisterio no está por encima de la palabra de Dios recibida, sea escrita o oral, sino que su misión es la de defender, conservar y enseñar lo que le ha sido confiado por mandato divino. El magisterio ha de exponerla con fidelidad, sacando de este único depósito de la fe todo lo que propone como verdad revelada por Dios. Segunda, todo el pueblo de Dios participa de la triple misión de ser sacerdotes, profetas y reyes, lo que expresa una idea esencial del servicio que ha de ejercer la jerarquía con el objetivo único de que todo el pueblo de Dios participe en esta triple misión de Cristo y permanezca siempre bajo la potestad del Señor, la cual tiene su origen no en los poderes de este mundo, sino en el Padre celestial y en el misterio de la cruz y de la resurrección. Tercera, la revelación suprema y más completa de Dios a la humanidad es el mismo Jesucristo. El espíritu de la verdad inspira, garantiza y corrobora su piel transmisión en la predicación y en los escritos apostólicos, mientras que el testimonio de los apóstoles asegura su expresión humana en la iglesia y en la historia de la humanidad. Cuarta, el Espíritu Santo concede a ciertos fieles dones de sabiduría, de fe y de discernimiento dirigidos al bien común de la iglesia con miras al acompañamiento espiritual de las almas. Los que han sido dotados de tales dones son verdaderos servidores de la tradición viva de la iglesia. Quinta, el alma que quiere avanzar en la perfección, según el consejo de San Juan de la Cruz, debe mirar en qué manos se pone, porque según fuera el maestro, tal será el destino. No solo el guía espiritual debe ser sabio y prudente, sino también experimentado, pues si carece de experiencia de la vida espiritual, será incapaz de conducir a las almas o incluso no las comprenderá. Sexta, la vida espiritual y pastoral de todos los fieles depende para su calidad y fervor de una asidua y consciente práctica personal del sacramento de la penitencia. En un sacerdote que no se confiesa o se confiesa mal, su ser como sacerdote y su ministerio se resentirán muy pronto y de todo ello se dará cuenta también la comunidad a la que pertenece. Y todo esto es válido también para los acompañantes espirituales. Séptima, la evangelización supone testimoniar las verdades de la fe revelada en Cristo para convertir los corazones a Dios, reconduciendo a la vida diaria la doctrina de Jesucristo contenida en los evangelios. De ahí la importancia de meditar un capítulo diariamente del Nuevo Testamento. Octava y última, el acompañamiento espiritual favorece la práctica del recogimiento de la mente y de la quietud de la voluntad. Ya lo vimos, la unión de ambas con el espíritu evangélico lleva a una mejor comprensión del mensaje de salvación, para poderlo explicar, y a una mayor purificación, lo que nos permite identificar los estorbos que interfieren la acción del Espíritu Santo en nosotros. Sólo así podemos convertir nuestras faltas y pecados en virtudes con la ayuda de la gracia. En definitiva, como resumen global, vemos una vez más que el acompañamiento espiritual es un proceso de formación que está inspirado y guiado por el mismo Espíritu Santo y promovido y deseado por el magisterio de la Iglesia. Es Cristo quien me ha asociado a la salvación de los hombres y yo he de poner mi esfuerzo a su servicio buscando lo que se orienta al bien evangélico y rechazando lo que no sirve a este fin en toda mi actividad diaria. La unión al Evangelio presupone la disposición del recogimiento de la mente, la quietud de la voluntad, todo lo cual favorece la experiencia de los frutos espirituales que otorga la gracia para la práctica de las virtudes, no sólo las delogales, que son un don de Dios, sino también las virtudes cardinales. Concluimos diciendo que el próximo viernes, estamos ya metidos en diciembre, pues analizaremos las líneas que sigue el magisterio del Papa Francisco sobre el acompañamiento espiritual y reflexionaremos sobre la necesidad de las virtudes evangélicas en nuestra vida cristiana. Son concretamente las que surgen de ese espíritu evangélico, la pobreza, la castidad y la obediencia. Pues bien, a partir de este momento abrimos las líneas del teléfono 910607093 para que hagáis vuestras preguntas o comentarios si lo tenéis. Repito, 910607093. Tenemos todavía unos minutos si alguno quiere hacer algún comentario. No tenemos nada, nadie llama, estamos aquí, no sé si los medios están activos o no. Yo como no lo veo, no puedo saber. Algún escuchante ya me ha dicho que llama pero que no le entra la llamada. Puede ser, puede ser que a veces suceda esto, pero bueno, puede ser. ¿Alguien está ahí? ¿Alguien está ahí que hable? No. Bueno, cualquiera que esté entrando, si entra, por favor que hable directamente porque yo simplemente mantendré unos minutos aclarando algunas cositas. Bueno, pues ya veis cómo el acompañamiento espiritual se va configurando, nos va adentrando primero en una vida de oración, segundo en una vida de esfuerzo concreta. No es que la oración es también un esfuerzo, no. Es un sacrificio espiritual, pero es sacrificio. Es sacrificar o dejar de hacer otras cosas para dedicarme y centrarme con la voluntad en los tiempos de oración de cada día. Una observancia bien entendida no es que haya que estar todo el día en actitud orante, porque de lo que se trata es de que vayamos adiestrándonos, ejercitándonos en la oración para que el contemplativo, nuestro valor contemplativo, vayamos aplicándolo en cada momento de la vida. La oración nos va activando, nos va poniendo en marcha las potencias, la memoria, el entendimiento, la voluntad, de suerte que cada vez con más fineza yo voy atento a esa presencia de Dios en mi vida. Y ante cualquier problema, cualquier situación que se presenta, pues como choca conmigo o capto una realidad que no encaja en el espíritu evangélico o en la visión de mi vida, pues me ayuda a contemplar. Pero tengo que hacerlo siempre desde una visión cristiana, no puedo ir por la vida haciendo juicios, no puedo ir por la vida hablando de Cristo cuando luego resulta que yo soy el que tiene los deseos más desordenados. Pongamos un ejemplo, un instinto de felicidad. El instinto de felicidad debemos entenderlo que es un error, vamos a decirlo así, es una falta leve, pero es un error, se convierte en grave cuando por atender mi apetito dejo de atender la caridad de otros hermanos. Si hago una llamada telefónica, hasta aquí este pesado, yo lo rechazo de primera mano cuando todavía ni lo he escuchado. Eso es una falta de caridad. Entonces tenemos que ir poco a poco afinando y eso lo va concediendo la gracia de Dios para ir cada vez siendo más sencillos, más simples, pero más finos en aplicar pues eso, el amor de Dios, aplicarlo a nuestra vida. Primero, sabernos necesitados de él, porque yo sin el amor de Dios no soy capaz de atender a otras personas. Y segundo, efectivamente, pues cuando tenga la oportunidad ir practicando ese amor que es don y regalo de Dios, que vaya saliendo de mí también para atender a las almas que me puedan pedir un consejo, me puedan pedir en un momento determinado un testimonio concreto de ayuda, de vida, de reflexión, de lo que sea. Esa es la idea. Y bueno, pues la unidad al evangelio es así de clara. Si no conozco, no puedo apreciar. Si no leo, no conozco. ¿Quién me va a enseñar el evangelio si no soy capaz de ponerme delante del Nuevo Testamento? Pues esto es fundamental. Entonces, esa observancia consiste ni más ni menos que en tres pasos diarios. La observancia diaria es tan sencilla como esto. Misa y comunión diaria, lectura de un capítulo del evangelio como oración de meditación y un tiempo de silencio en la presencia del Señor, silencio contemplativo, que va poquito a poco, nos va pidiendo el mismo amor con Dios, la misma unión con Dios, nos va llevando a saborear y a participar con más gusto y con más dedicación ese rato de intimidad con Él. Es una audiencia, así lo decimos en la adoración nocturna, es una audiencia privada con el Señor. Y esto es un privilegio para el que se quiere encaminar por esta vía. Dice la enseñanza que son muchos los llamados y pocos los escogidos. Esto hay que entenderlo. Llamados somos todos. Escogidos son los que saben dar el paso adelante y se han escogido para el Señor, porque esta acción es libre. Luego poco a poco la gracia te irá encaminando y te irá llevando. Pero eres tú el que tiene que dar el primer paso, porque sin ti, una vez que ha recibido la noticia del Señor, la noticia del evangelio, sin ti no puede actuar la gracia. Es así de sencillo y así de claro. Bueno, pues damos una última ocasión. Si alguien quiere decir algo, a tiempo está. Y si no, calle para siempre. Muy bien, pues cerramos el programa. Gracias por vuestra atención. Que el Señor nos bendiga a todos y hasta el próximo programa de acompañamiento espiritual. Un abrazo a todos. Solamente me queda deciros un detalle. Los podcasts que están a través del enlace, cuando abráis el móvil recordad que hay que hacer un poco ampliación para poder ver el play de cada uno de ellos. Están tan en diminutos y en pequeños que cuesta localizarlos. Entonces acordad de agrandar un poquito la imagen para ver dónde está el play de cada uno de los podcasts y poder dar al que queramos oír en cada momento. Pues que así sea. Ave María Purísima. Sin pecado concebida María Santísima.
La necesidad de la quietud en la voluntad. #7
Fecha: viernes, 22 de noviembre de 2024, a las 21:00:00
Duración: 54:45
Mostrar transcripción de Episodio 7. El magisterio del papa san Pablo VI.
Transcripción de Episodio 7. El magisterio del papa san Pablo VI.
Buenas noches a todos los que me escucháis. Os habla Javier Febrián, vocal de formación del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna Española. Sed todos bienvenidos al programa Acompañamiento Espiritual de Radio Lavandé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios, ni de las cosas de las Sagradas Escrituras, ni de la tradición de la Iglesia o del pensamiento teológico, o de las enseñanzas de los santos padres, o incluso de las experiencias de la vida espiritual que han tenido los santos reconocidos por la Iglesia. Bien sabemos que todo esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior. El Espíritu Santo es el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues sólo Cristo es la cabeza de la Iglesia de la que formamos parte, siendo todos miembros de su cuerpo místico. Nosotros queremos la unión con el Espíritu Santo, no solamente para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa, celebrado allá por el 4 de octubre, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo, en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo, a fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Hoy tenemos presentes a los fieles difuntos, particularmente de la adoración nocturna española, pues seguimos en el mes de noviembre. Invocamos al Espíritu Santo. Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y encienden ellos el fuego de tu amor. Envía a tu espíritu y serán creados y renovarás la paz de la tierra. Oh Dios, que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que guiados por el mismo Espíritu sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entrando ya en materia, recordaremos que buscamos analizar los fundamentos teológicos que están relacionados con el acompañamiento espiritual, cuyas líneas teológicas se desarrollan por el magisterio de la Iglesia a partir del concilio Vaticano Segundo. En los programas anteriores vimos los principales documentos que emanaron del concilio Vaticano Segundo, las cuatro constituciones, los cuales contienen los principios fundamentales de la razón de ser de la Iglesia y de la propia fe. A partir de este programa de hoy vamos a analizar las líneas que siguen las enseñanzas del magisterio de los papas, siempre a partir del concilio, y en paralelo seguiremos reflexionando sobre algunas nociones esenciales que nos ayudan a conocernos más y mejor en la idea de estar bien preparados para recibir las emociones e inspiraciones que nos vaya suscitando el Espíritu Santo. Sobre las enseñanzas del magisterio que orientan el acompañamiento espiritual destacaremos los aspectos que afectan a la pastoral de la Iglesia e iremos comentando los puntos esenciales que están en relación siempre con el catecismo de la Iglesia. Con posterioridad a estos temas del magisterio de la Iglesia analizaremos otros documentos publicados por el Dicasterio para el Clero, antes llamada Congregación para el Clero, cuyos textos iremos preparando la práctica del acompañamiento espiritual, temas esenciales que desarrollaremos y analizaremos en futuros programas. Hoy nos vamos a centrar en las líneas del Magisterio de San Pablo VI sobre el acompañamiento espiritual y seguidamente vamos a reflexionar sobre la necesidad de la quietud en la voluntad como esfuerzo necesario que ha de practicar el hombre en su lucha estética para avanzar hacia la unión con Dios, pues queremos ser fieles a las enseñanzas que nos dio Jesús a fin de que la gracia vaya configurándonos con Cristo, esa es la obra mística, de forma que podamos llegar a ser buenos discípulos en el camino de perfección al que Jesús nos llama por el don de la fe. Insistimos una vez más en que de momento nos interesa destacar los fundamentos del acompañamiento espiritual ¿para qué? Pues para ponerlos en valor de manera que nos sirvan de guía y de luz en el sendero de la formación espiritual de nuestra vida humana. Bien, el Concilio Vaticano II supuso un gran esfuerzo por reflexionar acerca de la propia realidad de la Iglesia desde la comprensión auténtica del misterio de salvación de Dios en Cristo, pero siempre poniendo la vista en el servicio al hombre. Sentadas las bases dogmáticas Lumen Gentil y Dei Verbum, el Concilio primó la idea de ser eminentemente pastoral, tal y como vimos en la Constitución Gaudium et Spes. Así lo percibe también el agustino don Cándido Martín, quien tras un análisis sobre el concilio a los 40 años de haberse celebrado, indica que en los documentos del concilio ya no se percibían anatemas, sino que es fruto del diálogo y tiende más a la comunión que a la confrontación, a no condenar nada ni a nadie, sino a mirar con simpatía y en actitud de diálogo al mundo que nos ha tocado vivir, prefiriendo la exposición serena a la apologética y a la condena. La Iglesia resume, propone la fe, nunca la impone. Puesto el foco en la palabra y en la tradición de forma colegiada, el magisterio fue presentando una renovada doctrina que se adaptara a la realidad concreta de los hombres en sus múltiples situaciones vitales y esto afectó de lleno a la tarea pastoral de la Iglesia. Así lo reconoce dicho autor cuando indica que el legado conciliar sigue clamando incesantemente por la renovación eclesial. Pues bien, si en los años previos al concilio se apreciaba una crisis importante en la dirección espiritual, en adelante el magisterio quiere ponerlo de nuevo en valor y lo hace superando los malos entendidos del ejercicio de esa dirección, otorgando ahora un papel preponderante al Espíritu Santo como verdadero configurador del corazón del hombre. Es por esta razón que con el tiempo hemos visto que el término dirección espiritual se ha ido transformando en acompañamiento espiritual para significar que es el espíritu el que reparte gracias especiales entre los fieles de cualquier estado o condición y distribuye sus dones a cada uno según quiere. Podemos confrontarlo en la primera carta de los Corintios número 12 y también en el número 12 de la Lumen Gentil. Con todo, la Iglesia busca potenciar la formación espiritual de todos los fieles, especialmente de los sacerdotes y consagrados, y lo hace así pensando en la labor pastoral deseada en favor del acompañamiento espiritual de todos los laicos sin excepción, pues estos los laicos están llamados a contribuir al crecimiento y santificación incesante de la Iglesia, a hacer presente y operante a la Iglesia en los lugares y circunstancias donde ella no puede llegar a ser la sal de la tierra, es decir, a cooperar más directamente con el apóstolado de la jerarquía. Podemos ver el número 33 de la Lumen Gentil y lo quiere hacer con espíritu de apertura y de diálogo con el mundo y con el hombre, con las áreas del conocimiento entre los exegétas y teólogos de las diversas confesiones cristianas, en la búsqueda insistente del significado profundo del texto y teniendo en cuenta la dimensión antropológica del hombre. Esta nueva percepción está patente en las enseñanzas de los santos padres, quienes han mostrado una preocupación constante por el acompañamiento espiritual como medio eficaz de dar a conocer las verdades reveladas en la persona de Cristo, quien es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación. Número 2 de la Dei Pergurum. Pues bien, San Pablo VI, el Papa Montini, mostró una especial inclinación hacia la formación de los sacerdotes durante todo el desarrollo del concilio. De hecho, podemos apreciar que esta preocupación espiritual está incorporada plenamente en los respectivos decretos que desarrollaron los documentos constitucionales del concilio. En el decreto presbiterorum ordinis del 12 de julio del 65 sobre el ministerio y la vida de los sacerdotes, el Papa llama la atención de los presbíteros a las vocaciones sacerdotales, exhortándolos a que expongan a los fieles la excelencia y necesidad del sacerdocio, con el ministerio de la palabra y con el testimonio propio de su vida, que manifieste abiertamente el espíritu de servicio y el verdadero gozo pascual. Esto es, acompañando a cuantos juzguen idóneos para este ministerio, jóvenes o adultos, sin escatimar preocupaciones ni molestias. Para lograr este fin, decía así, es muy importante la diligente y prudente dirección espiritual. Número 11 de la Presbiterorum Ordinis. El decreto octatam totius de 28 de octubre del mismo año de 1965 sobre la formación sacerdotal en los seminarios, exhorta a cultivar la vocación sacerdotal de los alumnos mediante una formación religiosa peculiar, sobre todo por una dirección espiritual conveniente, sin olvidar la adecuada experiencia segura de las cosas humanas y la propia relación con la familia. Número 3 de la octatam totius. El decreto gravissimum educationis de 28 de octubre de ese mismo año sobre la educación cristiana, exhorta a los obispos en el cuidado espiritual de los alumnos de las universidades católicas y no católicas, en las que sacerdotes religiosos y sedulares, bien preparados y convenientemente elegidos, presten una ayuda permanente espiritual e intelectual a la juventud universitaria. Número 10 de gravissimum educationis. En la exhortación apostólica Evangelii nunciandi de 8 de diciembre de 1975 sobre la evangelización en el mundo contemporáneo, animan a aprovechar toda relación humana y social para evangelizar, pues no es otra cosa que comunicar a la fe de los fieles, particularmente mediante una catequesis llena de savia evangélica y con un lenguaje adaptado a los tiempos y a las personas, este alimento y este apoyo necesarios. Número 54 de Evangelii nunciandi. En esta misma exhortación exhorta a los religiosos y religiosas a ser testigos de una iglesia llamada a la santidad y por tanto invitados de manera especial a una vida que dé testimonio de las bienaventuranzas evangélicas. También invita a los seglares de todos los ámbitos sociales, particularmente a las familias, pues aprecia que es necesario que nuestro celo evangelizador brote de una verdadera santidad de vida y que, como nos lo sugiere el concilio Vaticano II, la predicación alimentada con la oración y sobre todo con el amor a la Eucaristía, redunde en mayor santidad del predicador. Número 76 de Evangelii nunciandi. Hay que destacar, finalmente, que las reformas del pontificado de San Pablo VI, 1963 al 79, abarcaron todas las áreas de la iglesia, superando con creces a sus predecesores. Fue el Papa que, citando las enseñanzas de San Ambrosio de Milán, nombró a María como madre de la iglesia y el que supo orientar toda la pastoral eclesial emanada del concilio para ponerla al servicio de la humanidad, mostrándose siempre a favor del acompañamiento de los pobres del llamado Tercer Mundo. Bien, entramos en nuestro segundo apartado para reflexionar sobre la quietud de la voluntad. El diccionario de la Real Academia Española define la quietud como el soseo, reposo, descanso. Son sinónimos de la quietud, la tranquilidad, la calma, la relajación, la serenidad, el equilibrio, la paz, la estabilidad. Pero conviene destacar que hay otra acepción distinta y diferente, que es la inmovilidad, la carencia de movimiento, la inacción, las actitudes, estas actitudes con las que nada tiene que ver la quietud. La quietud en la voluntad es una disposición previa, necesaria para hacer con perfección cristiana la oración, ya sea vocal, de meditación o de contemplación. Unida al recogimiento de la mente, la quietud aporta a nuestro esfuerzo necesario una disposición esencial hacia la unión con Dios, siempre con la ayuda de la gracia. Recordaremos una vez más lo que nos dice San Agustín. Dios que te creó sin fin no puede salvarse, salvarte sin ti. Esto nos indica que tenemos que hacer un esfuerzo necesario. Todo lo que el hombre hace para acercarse a la unión con Dios es lo que llamamos ascética y todo lo concerniente a la acción de la gracia de Dios en el hombre es lo que llamamos mística. El acompañamiento espiritual cuida y educa estas dos líneas de comunicación con Dios. Sabemos por la antropología del ser humano que tenemos unas potencias que desarrollar, la memoria, el entendimiento y la voluntad. En este sentido, hemos de tener muy presente que las potencias del alma han de trabajar unidas, pues son el reflejo de la imagen de Dios uno y trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Al hablar del recogimiento de la mente, decíamos en programas anteriores que para avanzar hacia la unión con Dios, el hombre necesita esforzarse en los dos aspectos, el recogimiento de la mente y en la actitud de la voluntad. El recogimiento refiere a la educación de la atención mental para priorizar la presencia espiritual de Dios. Dios exhala su espíritu y quiere darse a las criaturas. La quietud refiere al dominio necesario de la voluntad para permanecer en esa misma presencia espiritual de Dios. Pues Dios permanece con nosotros hasta el final de los siglos. Y decíamos también que una mente recogida y una quietud sujeta preparan y disponen a la persona para la realización de actos perfectos. Siempre que la gracia asista el entendimiento de la razón bien formada y bien dispuesta. Todo ello a la luz del espíritu evangélico. Con ello, nuestras vidas serán gozosas en el camino de la perfección al que Jesús nos llama, a pesar de las contrariedades y de las adversidades que se vayan presentando en nuestra vida diaria. La quietud es pues una disposición interior para la práctica de la oración, ya sea vocal, decíamos, o de meditación o de contemplación. En la quietud de la voluntad, como bien se cita en la nube del no saber, el espíritu descansa en una libertad alejada de toda duda y ansiedad acerca de lo que ha de hacer. El amor, por tanto, es quietud. Esto nos permite afirmar que la oración contemplativa es el lugar adecuado para la relación de la alianza establecida por Dios en el fondo de nuestro ser, tal y como lo anunció el profeta Jeremías. Decía así. Ya llegan días. Oráculo del Señor. En que haré en la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No será una alianza como la hice con sus padres cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto, pues quebrantaron mi alianza, aunque yo era su señor. Oráculo del Señor. Esta será la alianza que haré con ellos después de aquellos días. Oráculo del Señor. Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrán que enseñarse unos a otros diciendo conoced al Señor, pues todos me conocerán desde el más pequeño al mayor. Oráculo del Señor. Cuando perdone su culpa y no recuerde ya sus pecados. Jeremías capítulo 31. La oración de contemplación es por tanto una oración de íntima comunión con Dios en la que la Santísima Trinidad conforma al hombre a su semejanza. En la nueva condición humana creada a imagen de Dios en Cristo Jesús, como bien nos enseña el apóstol San Pablo en su carta a los Efesios. Desbojaos, dice del hombre viejo y de su anterior modo de vida, corrompido por sus apetencias seductoras. Renovaos en la mente y en el espíritu y revestíos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios, justicia y santidad verdaderas. Por lo tanto, dejaos de mentiras. Hable cada uno con verdad a su prójimo, que somos miembros unos de otros. Si os indignáis, no lleguéis a pecar. Que el sol no se ponga sobre vuestra ira. No dejéis ocasión al diablo. Carta a los Efesios, capítulo 4. En esto, pues, vemos que la quietud, en definitiva, es un acto potestativo de la voluntad que se orienta a hacer todo ordenadamente y en conformidad con la voluntad de Dios. Y esto es posible cuando, recibido el amor de Dios, se transforma en obra de caridad en las relaciones con nuestros hermanos, venciendo las inclinaciones de nuestra naturaleza humana hacia el mal. En consecuencia, la expresión de la quietud es, a un tiempo, energía activa y acción eficaz. No hablamos de un quietismo pasivo, sino de una actividad constructiva que tiende al bien. Es construcción, es ir hacia el bien. Por lo tanto, lo correcto es anhelar el bien y desear la transfiguración para convertir nuestro corazón a Dios, visto que Dios es el sujeto de nuestra conquista. Recordemos que el hombre necesita hacer un esfuerzo, ascética, no sólo para adquirir el temperamento religioso de Cristo, mística, sino para permanecer en él. La quietud de la voluntad es, pues, una disposición interior y esencial del ser humano que, en unión al recogimiento de la mente, condicionan la obediencia y la unión al entendimiento humano que está guiado por el espíritu. De esta forma, la voluntad está sujeta al espíritu, está dispuesta a la acción del espíritu. Esto es, se orienta hacia lo divino, pues busca ser en Cristo y obrar de conformidad con lo que Cristo quiere. Lo que llamamos aspirar y respirar en Dios. Nos vamos disponiendo al encuentro con Dios cuando en nuestra contemplación y actuación vamos aprendiendo a distinguir su llamada. El Maestro está aquí y te llama. En la medida que vayamos perfeccionando el recogimiento y la quietud, escucharemos mejor su voz. Con el paso del tiempo y la perseverancia en la oración, nos iremos reconociendo más y más a nosotros mismos. En la medida que practicamos el recogimiento y la quietud en nuestra vida diaria, no sólo en los momentos de oración, sino también en nuestro comportamiento en las relaciones con los demás. Cuando nos adentramos en la contemplación, nos damos cuenta de la situación de nuestra voluntad, que se ve alterada por las faltas de recogimiento de la mente, lo cual nos lleva a dar cabida a todo género de incertidumbres que nos llevan a la ansiedad o al resentimiento. La perseverancia en el ejercicio de la quietud ayuda al recogimiento de la mente y viceversa, pues ambos se complementan. Como ya dijimos, al hablar del recogimiento en los comienzos de la oración de contemplación, es necesario un mayor esfuerzo debido a la inexperiencia que tenemos. Es comparable al esfuerzo que realiza un deportista que se inicia en la práctica de una nueva disciplina, pues siempre hay que vencer ciertos dolores musculares. Como ya vimos, las primeras experiencias suelen ser purificativas. Esto es debido a que la quietud no está acostumbrada a estar sujeta de buen grado al entendimiento, pero con el tiempo, cuando vayamos ejercitándola, iremos experimentando una gran paz fruto de la unión con Dios. Con todo, nuestra actitud no sólo ha de ser la de estar, permanecer, sino la de favorecer que nuestro espíritu busque a Cristo, presente en el Santísimo Sacramento, para hacer en todo su voluntad. En esto recordemos el ejemplo y las enseñanzas que daba Jesús a los discípulos. Mi alimento, decía, es hacer la voluntad del que me ha enviado. Lo tenemos en Juan, el capítulo 3. Y este es el espíritu con el que nos movemos los adoradores en nuestras oficilias de la oración nocturna. Buscamos no sólo estar, no sólo permanecer, sino favorecer, decíamos, que nuestro espíritu busque a Cristo, presente en el Santísimo Sacramento, con la finalidad de hacer en todo su voluntad. La quietud es entonces la acción de sosedar la voluntad, de reposar, de descansar en el mismo corazón de Jesús, como lo hacía el apóstol San Juan. Con lo que conseguiremos que haya unidad plena en las potencias del alma, memoria, entendimiento y voluntad, de forma que el espíritu esté atento en todo momento a las emociones e inspiraciones que recibe del Espíritu Santo. Se trata, pues, simple y sencillamente de estar en la presencia de Dios, pues sólo Él nos puede orientar hacia el bien sublime y a ejercitarnos en el cumplimiento de su voluntad. Con todo, busco que mi querer esté unido al de Cristo en cada momento concreto de mi vida diaria, y esto es lo que me aporta la paz espiritual y el sosiego necesario para que pueda yo dar sentido cristiano a mi vida y que mi corazón vaya siguiendo configurado por Cristo, con Él y en Él. Recordemos que el conocimiento de las Escrituras es fundamental, pues ayuda al ejercicio de la quietud, del espíritu evangélico, de él nacen las virtudes cardinales y las otras virtudes, prudencia, justicia, fortaleza, templanza, las cuales nos llevan a experimentar la confianza plena en Dios, cuya gracia nos concede el gozo de vivir en su presencia y nos aporta una creciente tranquilidad, una calma, una relajación, la serenidad, el equilibrio, la paz y, como no, una mayor estabilidad emocional. Bien, para entender mejor lo que es la quietud, vamos a hablar de lo que son las faltas de quietud. Diremos que faltamos a la quietud cuando damos cabida a los pecados capitales, soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza y, en general, cuando nos desviamos voluntariamente hacia los afectos o quereres desordenados de una voluntad viciosa que, de forma consentida, se dispone voluntariamente al ejercicio del mal. Como hemos comentado ya, se oponen a la quietud la tendencia a cometer cualquiera de los pecados capitales, pues la gracia actual no nos asiste ni puede estar presente cuando tomamos una determinación libre que se oriente al mal, pero también impiden la quietud sentimientos de pesar, de duda, de ansiedad, de enojo, la propia irresolución de los problemas, la zozobra, la incertidumbre, la agitación, la perplejidad, el resentimiento, los celos, así como toda clase de rivalidad entre los hombres. Todas estas tendencias comentadas son contrarias al bien y, por lo tanto, son actitudes que favorecen la indisposición de la voluntad, perturbando la unión con el recogimiento de la mente y cuya consecuencia es la pérdida de la armonía necesaria para que el entendimiento pueda iluminar nuestros pasos de conformidad con la voluntad de Dios. Recordemos una vez más los argumentos de San Agustín. En el estado de justicia original, la razón dominaba las fuerzas interiores del alma y, al mismo tiempo, ella estaba sometida a Dios. Pero esa justicia original desapareció por el pecado de origen y, como consecuencia lógica, todas esas fuerzas han quedado disgregadas. Comentario de santo Tomás sobre la epístola segunda a los Corintios Num capítulo 6 Desde entonces, el alma tiende a derramarse por los sentidos y a perder la orientación a Dios. La quietud es, pues, un hábito que se orienta a que, junto con el recogimiento y bajo la luz del entendimiento iluminado por la gracia, la persona puede dominar y señorear su propio ser y su propio hacer, sus sentidos, sus apetites. Es un dominio que, sin embargo, nunca llega a ser absoluto, porque la tendencia del corazón humano, sus sentidos y pensamientos están inclinados al mal desde su juventud. Génesis número 8 Con todo, este es el camino de perfección que anhelamos, pues buscamos alcanzar esa unidad profunda de las potencias con la ayuda de la gracia, lo que supone, decíamos, un esfuerzo necesario, una lucha ascética. La sujeción de la voluntad es también, por lo dicho, un esfuerzo necesario que requiere el conocimiento del Evangelio, su aceptación y su aplicación, condiciones necesarias para poder orientar con las enseñanzas y los preceptos del Señor nuestra vida diaria. Vemos así que la quietud participa y colabora también en el proceso de interiorización de la mente, de forma que ambas potencias, memoria y voluntad, se sujetan al acto contemplativo del entendimiento, de forma que queden bien dispuestas para actuar o no actuar ante las emociones e inspiraciones que el Espíritu Santo va suscitándonos. Se trata, en definitiva, de educar la sujeción de la voluntad para discernir lo que hay que hacer en cada momento. De no hacerlo así, como dice San Pablo, seguimos siendo carnales y esclavos del pecado. Decía San Pablo en su que la ley es espiritual, mientras que yo soy carnal, vendido al poder del pecado. En efecto, no entiendo mi comportamiento, pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco, y si hago lo que no quiero, estoy de acuerdo con que la ley es buena. Ahora bien, no soy yo quien lo hace, sino el pecado que habita en mí, pues sé que lo bueno no habita en mí, es decir, en mi carne. En efecto, querer está a mi alcance, pero hacer lo bueno no, pues no hago lo bueno que deseo, sino que obro lo malo que no deseo, y si lo que no deseo es precisamente lo que hago, no soy yo el que lo realiza, sino el pecado que habita en mí. Así pues descubro la siguiente ley. Yo quiero hacer lo bueno, pero lo que está a mi alcance es hacer el mal. En efecto, según el hombre interior me complazco en la ley de Dios, pero percibo en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi razón y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros. Desgraciado de mí, ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias a Dios por Jesucristo nuestro Señor. Así pues, yo mismo sirvo con la razón a la ley de Dios y con la carne al pecado. Esto mismo nos ocurre cuando con malos ejemplos o por las malas costumbres tendemos a cometer faltas y pecados, ya sea de palabra, de obra o de emisión. En todos los casos hay una falta de quietud o de recogimiento de la mente o de ambas potencias, con lo que no podemos ser asistidos por la gracia. Es necesario el esfuerzo de la negación de la tendencia al mal para que podamos convertir nuestra tendencia a la práctica de las virtudes cristianas y superar así las obras de la carne. Recordemos finalmente que en este esfuerzo, en este esfuerzo no estamos solos, pues el Dios Amor viene en nuestra ayuda con la fuerza del Espíritu Santo. Nosotros, ¿qué tenemos que hacer? Debemos perseverar en las prácticas del recogimiento de la mente y de la quietud de la voluntad desde la humildad, pidiendo a Dios la ayuda de la gracia. Con la ayuda de la gracia y la perseverancia, el hombre podrá llegar al estado de justicia original en que fue creado por Dios en el principio y recuperar así la armonía en todos sus actos. Entonces podemos concluir que la perfecta quietud consiste en que toda mi voluntad esté consagrada al servicio de Cristo para que mis obras tengan como referencia la doctrina del Evangelio como único y verdadero fundamento, pues la doctrina recibida en las Escrituras por medio de la Iglesia es la base exclusiva de nuestra existencia. Es, en definitiva, desechar todo lo que nos sirve para mi unión con Cristo ni para el bien de mi prójimo y todo ello sin perder de vista mi condición de discípulo que busca realizar la misión que Dios le encarga como miembro de la Iglesia y testigo en el mundo, de acuerdo con los dones que ha recibido y los que va perfeccionando. Recordemos entonces que es Cristo quien me ha asociado a la salvación de los hombres y yo he de poner también mi voluntad a su servicio obrando lo que se orienta al bien y rechazando lo que no sirve a este fin en toda mi actividad diaria, da igual que sea profesional, familiar, social o religiosa. La quietud de la voluntad me irá modelando y ayudando a experimentar los frutos espirituales que otorgan la práctica de las virtudes evangélicas. En consecuencia, necesito examinar mis faltas de quietud para exponérselas a mi rector o a mi confesor en el encuentro semanal con vistas a ser orientado, guiado por el Espíritu Santo que lo asiste, porque él me quiere llevar a la unión con Cristo y apartarme del mal que se me pega por la concupiscencia de la carne, del mundo. Y seguidamente, pues una vez orientado, llevo a la confesión mis faltas de quietud para que el Señor, con su misericordia, vaya purificando mis interfecciones y me conceda la conversión del corazón. Concluimos. Primera conclusión. El magisterio quiere poner de nuevo en valor el acompañamiento espiritual y lo hace superando los malos entendidos del ejercicio de la dirección espiritual, otorgando ahora un papel preponderante al Espíritu Santo como verdadero configurador del corazón del hombre. Dos. La Iglesia busca potenciar la formación espiritual de todos los fieles, especialmente de los sacerdotes y consagrados. Pensando en la labor pastoral deseada en favor del acompañamiento espiritual de todos los laicos, sin excepción, pues estos son los que están llamados a dar un testimonio allá donde la jerarquía no puede llegar. El acompañamiento tercera, el acompañamiento espiritual, es un medio éfica de dar a conocer las verdades reveladas en la persona de Cristo, quien es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación. El Papa IV, el Papa San Pablo VI, buscaba llamar la atención de los presbíteros a las vocaciones sacerdotales, exhortándolos a exponer a los fieles la excelencia y necesidad del sacerdocio con el ministerio de la palabra y con el testimonio propio de su vida, que sea una manifestación abierta del espíritu de servicio y de verdadero gozo pascual, pero acompañando a cuantos juzguen idóneos para este ministerio, cultivando la vocación de los seminaristas y religiosos, así como del cuidado espiritual de todos los fieles, especialmente los jóvenes estudiantes. Quinta conclusión, el Papa anima a aprovechar toda relación humana y social para evangelizar, pues todos, religiosos y laicos, somos testigos de una iglesia llamada a la santidad para dar testimonio de las bienaventuranzas evangélicas, siempre alimentados con la oración y sobre todo con el amor a la Eucaristía. Sexta, la quietud en la voluntad es una disposición previa necesaria para hacer con perfección cristiana la oración, ya sea vocal, de meditación o de contemplación. Unida al recogimiento de la mente, la quietud aporta a nuestro esfuerzo necesario una disposición esencial que nos lleva hacia la unión con Dios, siempre con la ayuda de la gracia. Séptima y última, el conocimiento de las Escrituras ayudan al ejercicio de la quietud, pues del espíritu evangélico nacen todas las virtudes, las cuales nos llevan a experimentar la confianza plena en Dios, cuya gracia nos concede el gozo de vivir en su presencia y nos aporta una creciente paz y una mayor estabilidad emocional. En resumen, el acompañamiento espiritual es un proceso de formación que está inspirado y guiado por el mismo Espíritu Santo, es promovido y es deseado por el magisterio de la Iglesia. Es Cristo quien me ha asociado a la salvación de los hombres y yo he de poner también mi voluntad a su servicio, buscando lo que se orienta al bien y rechazando lo que nos sirve a este fin en toda mi actividad. El recogimiento de la mente y la quietud de la voluntad, con la unión al espíritu evangélico, que veremos en el próximo programa, favorecen la experiencia de los frutos espirituales que otorga la gracia por la práctica de las virtudes evangélicas. Concluimos el programa diciendo que el próximo viernes día 29 analizaremos las líneas que sigue el magisterio de los papas Juan Pablo I y San Juan Pablo II sobre el mismo tema, el acompañamiento espiritual, y reflexionaremos sobre la necesidad de la unión con el Evangelio. Hemos hablado del recogimiento y de la quietud y ahora hablaremos de la unión con el Evangelio en nuestra vida cristiana. Pues bien, a partir de este momento abro las líneas de teléfono al que te diga más si tenéis alguna pregunta o comentario que hacer. Ya están abiertas en el 910 60 70 93, repito 910 60 70 93. Tenemos en sala algún miembro del equipo, si queréis participar o decir algo también os he abierto el micrófono. Hola, buenas noches. Buenas noches. ¿Quién está por ahí? Consuelo de Albacete. Consuelo. ¿Qué pasó, Consuelo? Cuéntame. Pues me parece muy interesante, por lo menos para mí, los programas que pones, sean grabados o sean personalmente, porque en directo pues me gusta más porque puedo dialogar. Pero es algo para mí, es muy importante porque es para crecimiento espiritual. Y eso no se busca en la calle, se busca donde hay las raíces buenas. Y tú lo tienes, por tu experiencia. Es de agradecer tu palabra, pero te vuelvo a repetir lo de siempre, con toda confianza, Consuelo. La verdadera formación espiritual no es que yo sepa explicar muy bien las cosas, que puedo tener ese toque, esa gracia, porque el Señor me ha dado a lo mejor un buen discernimiento para saber expresarme o para saber escribir las cosas. Pero lo importante no es el conocimiento o el saber explicarlo bien, sino el hacerlo vida. Y el dejarnos formar interiormente, el dejarnos que nos configure verdaderamente el propio Espíritu Santo para que nosotros seamos a su vez nuevos emprendedores de otros carismas o de otras gracias. Lo importante es dejarnos configurar por el Espíritu Santo. Parece que es algo pasivo, no es así. Nosotros tenemos un esfuerzo necesario que hacer para acercarnos a la gracia. Y cuando vivimos de oración, cuando vivimos de sacramentos y vamos mortificando y configurando nuestro corazón, es cuando la gracia de Dios podrá hacer en nosotros un nuevo orden, una nueva imagen de Dios en la imagen de Cristo y seremos otros Cristos vivos capaces de... Te imaginas que vas paseando igual Espíritu Santo contigo y tú vas derramando de alguna forma, sin darte cuenta, vas derramando de alguna forma esa presencia, ese perfume de la presencia, ese perfume del espíritu. Pues esto es así, aunque nos parezca con la presencia muchas veces estamos haciendo presente a Cristo. Me acuerdo de algo que ha ocurrido. Un santo varón, como lo han vivido los franciscanos, le decía al ego vamos a predicar. Daban una vuelta por la ciudad y volvían y dice ya hemos terminado. Dice pero si no ha dicho nada. Dice claro, hemos predicado con el paseo, ya con eso solamente ya habían llevado la palabra de Dios a los corazones. Porque aquel que contempla con la luz de Dios contempla efectivamente. Yo muchas veces digo yo a mis amigas y amigos que tendríamos que aprender a que por donde fuésemos nosotros pues expandiera el perfume maravilloso de Cristo en el amor y cómo se hace me dicen pues simplemente dejándote llevar por el Espíritu Santo. Esa es la clave. Muchas veces creemos, yo también pasé por una etapa en que cualquier lucecita que recibía por la enseñanza que me iban dando religiosa pues que tenía que contárselo a todo el mundo tal cual. Oye para mí era un hallazgo entonces yo no hacía más que calentarle la oreja al que vivía a mi lado. Pero poco a poco pues comprendí que efectivamente primero la conversión del corazón y a veces nuestro testimonio de vida allí donde nos encontramos está ya dando un ejemplo para para aquel que vive a tu lado. Muchas veces no se trata de ir cargando la oreja del vecino con la palabra sino simplemente dar un testimonio de vida honesto y sincero a la vez. Mirando a Dios y procurando el servicio de los que tenemos al lado. Ni más ni menos. Eso es así. Yo sí lo creo. Muchísimas gracias de verdad. Te lo agradezco. Pues nada pues vamos a dejarlo ahí esta noche. Solamente me queda gracias a vosotros por vuestra atención. Que el Señor nos bendiga a todos y hasta el próximo programa de acompañamiento espiritual que será Dios mediante en siete días. Ave María Purísima sin pecado concedida a María Santísima. Sin pecado concedida. Que Dios te bendiga.
La necesidad del recogimiento de la mente en la vida cristiana. #6
Fecha: viernes, 15 de noviembre de 2024, a las 21:00:00
Duración: 44:23
Transcripción de Episodio 6. La constitución 'Gaudium et spes', sobre la Iglesia en el mundo actual.
Buenas noches a los que me escucháis, os habla Javier Cebrián, vocal de formación del Consejo Nacional de la Oración Nocturna Española. Sed todos bienvenidos al programa de acompañamiento espiritual de Radio Lavandé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios, de las enseñanzas de los santos padres, o incluso de las experiencias de la vida espiritual que han tenido los santos reconocidos por la Iglesia. Bien sabemos que todo esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior. El Espíritu Santo es el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues solo Cristo es la cabeza de la Iglesia de la que formamos parte para ser sus miembros en el cuerpo místico. Nosotros queremos la unión con el Espíritu Santo, no solamente para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa que tuvimos allá por el 4 de octubre de este año, nos ofrecimos y nos consagramos para que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo a fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Hoy seguimos teniendo presentes a todos los fieles difuntos y mencionamos especialmente a los miembros de la adoración nocturna española. Invocamos. Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y encienden ellos al fuego de tu amor. Envía tu espíritu y serán creados y renovarás la faz de la tierra. Oh Dios, que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que, guiados por el mismo espíritu, sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor, amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pablo de cada día. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve, María, llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendito tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entramos ya en materia, recordando que buscamos analizar los fundamentos teológicos que están relacionados con el acompañamiento espiritual, cuyas líneas teológicas se desarrollan por el magisterio de la Iglesia a partir del Concilio Vaticano Segundo. En estos programas, estamos presentando los principales documentos que emanaron del concilio y en paralelo vamos reflexionando sobre las nociones esenciales que nos ayudan a conocernos más y mejor en la idea de estar bien preparados para recibir las emociones e inspiraciones que nos vaya suscitando el Espíritu Santo. En el programa anterior, hacíamos un análisis de la constitución dogmática de Iberún sobre la revelación de Dios en Cristo y reflexionábamos sobre la necesidad de la observancia diaria en la vida cristiana. Continuamos, pues, con el análisis de estos principales documentos conciliares, las llamadas constituciones. Recordemos que estas constituciones son cuatro, son los documentos del concilio Vaticano Segundo que definen los principios fundamentales de la Iglesia católica, esto es su razón de ser. Y que una constitución se dice que es dogmática, antes se la llamaba apostólicas cuando en ella se definen principios o fundamentos no discutibles que afectan a la propia fe y a la identidad de la misma Iglesia católica. Hoy vamos a analizar la constitución Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el mundo actual y a continuación reflexionaremos sobre la necesidad del recogimiento de la mente como esfuerzo necesario que ha de realizar el hombre. Es parte de la estética, por tanto, para avanzar hacia la unión con Dios. Pues queremos ser fieles a las enseñanzas que nos dio Jesús. La constitución dogmática Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el mundo actual vio la luz el 7 de diciembre de 1965. El documento tiene un carácter pastoral y se estructura en una exposición preliminar, dos partes, la primera con cuatro y la segunda con cinco capítulos y unas conclusiones finales. El texto nos presenta los gozos y las esperanzas, pero también las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren en un mundo que, guiado por los avances de la ciencia y la modernidad, parece haber olvidado la antropología del ser humano, que ve cómo, ante la falta de un diálogo genuino y fraternal entre personas y países, se agravan las grandes desigualdades entre los hombres. La Iglesia quiere iluminar el misterio de la vida humana con la acción del Espíritu Santo, invitando a todos los hombres de buena voluntad a aprovechar por igual las preciosas oportunidades y las grandes dificultades para la difusión de la Buena Nueva, en la seguridad de que es necesaria una renovada visión de la humanidad que ayude a la promoción plena de la dignidad humana y siempre en aras del bien común. El objeto, por tanto, es el mismo hombre, pero el hombre todo entero, cuerpo y alma, corazón y conciencia. Inteligencia y voluntad. La Exposición Preliminar, números 4 al 10, reconoce que los errores de los cambios profundos que vive el mundo se extienden al universo entero y que luego recaen sobre el hombre, sobre sus juicios y deseos individuales y colectivos, sobre sus modos de pensar y sobre su comportamiento para con las realidades y los hombres con quienes convive. La Iglesia, reconociendo que el hombre quiere conocer con profundidad creciente su intimidad espiritual, termina por dudar sobre la correcta orientación que a ésta debe dar y sobre las leyes que rigen en la vida social. De hecho, la historia nos demuestra que se han producido unos cambios enormes en el orden psicológico, moral y religioso que nos llevan a un desorden en el mundo moderno y que afecta a las personas, a las familias, a las condiciones demográficas, económicas y sociales y, finalmente, a los conflictos generacionales. En esta situación terminan por abocarnos a una desconfianza mutua entre personas y países sin que el hombre se dé cuenta de que el mismo, él mismo, es el causante de todas las tensiones sociales derivadas de las diferencias e injusticias que sufren los pueblos. A pesar de todo, el hombre sigue planteándose unas cuestiones fundamentales. ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte que, a pesar de tantos progresos hechos, subsisten todavía? ¿Qué valor tienen las victorias logradas a tan caro precio? ¿Qué puede dar el hombre a la sociedad? ¿Qué puede esperar de ella? ¿Qué hay después de la vida temporal? La Iglesia cree que puede encontrar respuestas a todas estas preguntas en la luz de Cristo muerto y resucitado y en el Espíritu Santo, pues no ha sido dado bajo el cielo a la humanidad otro nombre en el que sea necesario salvarse. Por esta razón, afirma que la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se halla en su Señor y Maestro imagen de Dios invisible y primogénito de toda la creación. La primera parte aborda los temas concernientes a la Iglesia y la vocación del hombre, quien debe responder a las emociones del espíritu para ver con claridad que el pueblo de Dios y la humanidad de la que forman parte se prestan mutuo servicio, lo cual demuestra que la misión de la Iglesia es religiosa y, por lo mismo, plenamente humana. El capítulo 1, números 12 al 22, se centra en la dignidad de la persona humana creada a imagen de Dios con capacidad para conocer y amar a su Creador y para vivir no en soledad, sino en sociedad, en comunión de personas humanas. En su constitución interna, el hombre está dotado de una espiritualidad que lo condiciona a decidir sobre su propio destino en virtud de la inmortalidad del alma. Por tanto, esta verdad de su realidad existencial ha de ser tenida en cuenta y hacerla fructificar con la participación de su inteligencia y de su voluntad libre, pero siempre con la ayuda de la gracia de Dios y de la inteligencia divina que superan todo el orden del universo material. En este sentido, destaca que el hombre está capacitado para distinguir el bien del mal y, en libertad de conciencia, debe aspirar a evitar el pecado y adherirse a la práctica de las virtudes como orientación certera que le ha de llevar a la salvación eterna tras la muerte temporal. En consecuencia, la increencia y el ateísmo sistemático han de superarse con el reconocimiento de que Dios no se opone en modo alguno a la dignidad humana, ya que esta dignidad tiene en el mismo Dios su fundamento y perfección. Lo cual lleva a la Iglesia a afirmar que cuando falta ese fundamento divino y esa esperanza de la vida eterna, la dignidad humana sufre lesiones gravísimas y los enigmas de la vida y de la muerte, de la culpa y del dolor, quedan sin solucionar con lo que el hombre se ve abocado a la desesperación. El capítulo 2, números 23 al 32, advierte que los errores del progreso cuando la propia comunidad humana no acepta la plena dignidad del hombre y se regulan las leyes de la vida social al margen de esta naturaleza espiritual y moral de la persona, según el plan de Dios, y a la luz de las sagradas Escrituras de ahí, surgen las discrepancias y todos los males que afectan al bien común y a la justicia social, realidades no deseadas que solo pueden ser superadas con responsabilidad mediante la formación y la participación activa de hombres y mujeres. Esto es posible cuando los hombres se atienden mutuamente y cuando imitamos el ejemplo de Cristo que vino a servir y no a ser servido. Cada uno ha de aprender a servir al bien común de la sociedad poniendo en valor los diferentes dones y capacidades que ha recibido. El capítulo 3, números 33 al 39, plantea los problemas de la actividad humana en la vida cuando queriendo ganar todo el mundo nos perdemos a nosotros mismos y no somos capaces de orientar nuestras tareas al fin que Dios nos ha revelado. ¿Cuál es este fin? Alcanzar una tierra y un cielo nuevo. Es por esto que la Iglesia no se cansa de advertir que el reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra. Cuando venga el Señor se consumará su perfección. El capítulo 4 de esta primera parte, números 40 al 45, expone la misión de la Iglesia en el mundo percibiéndose a sí misma como una entidad social visible y como comunidad espiritual que requiere avanzar en unión con toda la humanidad actuando como fermento y como alma de la sociedad que debe renovarse en Cristo y transformarse en familia de Dios. De ahí que su objeto sea el mismo hombre en virtud del Evangelio que se le ha confiado a fin de que todos los hombres, religiosos y laicos, puedan dar solución a las cuestiones y problemas que surjan con la luz de la sabiduría cristiana y con la observancia atenta de la doctrina del magisterio. La segunda parte aborda algunos problemas que considero más urgentes como son el matrimonio y la familia, la cultura humana, la vida económico, social y política, la solidaridad de la familia de los pueblos y la paz. El capítulo 1 trata la dignidad del matrimonio y la familia en el mundo actual, destacando las riquezas espirituales que tiene en favor de la prole como célula educadora e integradora de la sociedad, destacando que el matrimonio cristiano es imagen y participación de la alianza del amor entre Cristo y la Iglesia, por lo que en él se manifiesta la presencia viva del Salvador en el mundo y la auténtica naturaleza de la Iglesia, ya por el amor, la generosa fecundidad, la unidad y fidelidad de los esposos, ya por la cooperación amorosa de todos sus miembros, que debe ser protegido y ayudado en sus dificultades para que formen familias realmente espléndidas. El capítulo 2, números 53 al 62, orienta el sano fomento del progreso cultural y valor que encierra un sinfín de cualidades espirituales y corporales que sirven de provecho a toda la sociedad y a todo el género humano, lo cual nos debe hacer más responsables de unos sobre los otros de forma recíproca, es lo que llama el nuevo humanismo. De ahí la importancia que tiene una buena relación entre la fe y la cultura, pues la Iglesia sostiene que Cristo renueva constantemente la vida y la cultura del hombre, combate y elimina los errores de la seducción permanente del pecado y purificando y elevando continuamente la moral de los pueblos, con su actividad litúrgica, así como educando a los hombres en la libertad interior. Es por esto que la Iglesia urge al respeto de la cultura íntegra del hombre como una urgencia actual que hay que superar mediante la convivencia y la relación paterna entre todos los hombres de todas las clases, de todas las naciones, de todas las razas, donde las culturas de nuestro tiempo puedan impregnarse del espíritu cristiano. Todo ello desde el respeto al conocimiento de la fe y a la libertad de investigación teológica que tanto ha aportado a cada una de las etapas de la historia de la humanidad. El capítulo 3 de esta segunda parte números 63 al 72 invita al respeto de la dignidad humana por parte de la economía moderna y los restantes sectores que influyen en la vida social, porque los desequilibrios económicos y sociales terminan por desestabilizar las regiones de un mismo país, llegando incluso a amenazar la paz mundial. La Iglesia quiere orientar la actividad económica para que se ponga al servicio del hombre y no que se sirva del hombre como un objeto más de consumo. Pide también que se regulen las condiciones laborales de los trabajadores, su descanso, así como unas remuneraciones justas y siempre favoreciendo la participación de los más débiles en la resolución de los conflictos, pues los bienes de la tierra están destinados a todos los hombres. Finalmente, exhorta al respeto de la propiedad privada siempre desde la permanencia del bien común, que ha de estar por encima de los latifundios, todo ello desde la responsabilidad y la titela estatal. El capítulo 4, acto número 73 al 76, pretende orientar la vida pública, argumentando que la mejor manera de llegar a una política auténticamente humana es fomentar el sentido interior de la justicia, de la benevolencia y del servicio al bien común y robustecer las condiciones fundamentales en lo que toca a la naturaleza, que debe ser respetada en todo momento. Invita, además, a la participación abierta de todos los hombres en las tareas de la vida pública, lo que favorecerá un desarrollo personal y social a un tiempo. También invita a la mutua cooperación entre la política y la Iglesia, pues aunque ambas son autónomas e independientes, siempre pueden contribuir al bien común y a la edificación del reino fundado en el amor al Rey del Toro. El capítulo 5 y último, números 77 al 90, busca el fomento de la paz y la promoción de la comunidad de todos los pueblos, entendida no como mera ausencia de guerra, sino como una tarea de relaciones humanas que es fruto de la justicia y del propio orden establecido por el divino fundador de la sociedad humana. De ahí que la Iglesia afirma "Esta paz en la tierra no se puede lograr si no se asegura el bien de las personas y la comunicación espontánea entre los hombres de sus riquezas de orden intelectual y espiritual". Y todo ello orienta a la Iglesia tal y hacerse desde los tratados internacionales que ubiquen la carrera armamentística y las discordias entre las naciones y que al mismo tiempo se favorezca la cooperación en el orden económico entre los Estados pensando en la atención a los menos desarrollados. En este aspecto, la Iglesia se considera una institución de ámbito internacional que puede desempeñar funciones muy valiosas al servicio del bien común y de toda la humanidad. Finalmente, en las conclusiones se invita a las distintas Iglesias particulares a la formación de sus fieles muy importante con el fomento del diálogo entre todos los hombres en aras de la construcción de un mundo mejor y que éste se oriente a Dios al que le corresponde todo honor y gloria en Cristo Jesús por todas las generaciones. Bien, pues vamos a pasar a nuestro segundo tema que es la necesidad del recogimiento de la meditación. Mirad, el recogimiento es, según dice el diccionario de la lengua española, es la acción y efecto de recoger o recogerse. Nosotros nos vamos a quedar con la segunda acepción. Recogerse es la disposición previa necesaria para hacer con perfección cristiana la oración, ya sea vocal, de meditación o de contemplación, buscando con ello aportar nuestro esfuerzo necesario para que podamos disponernos hacia la unión con Dios, pero siempre con la ayuda de esta. Para avanzar hacia la unión con Dios el hombre necesita esforzarse en dos aspectos. Uno de ellos es el recogimiento de la mente y el otro la quietud de la voluntad de la que hablaremos en el próximo programa. El recogimiento refiere a la atención mental requerida que prioriza la presencia de Dios en espíritu y en verdad. Recordemos que Dios exhala su espíritu, busca al hombre y quiere darse a las criaturas. La quietud refiere al dominio necesario de la voluntad para permanecer en cuerpo y alma ante la presencia sacramental de Dios, pues Dios, recordemos, permanece con nosotros, en nosotros hasta el fin de los siglos. Una mente recogida y una quietud sujeta preparan y disponen a la persona para la realización de actos perfectos. Con la ayuda del Espíritu Santo que ilumina el entendimiento y forma al hombre en su interior, configurándolo con una razón bien formada en el espíritu evangélico por la meditación de las sagradas escrituras. Con ello, nuestras vidas serán gozosas en el camino de la perfección al que Jesús nos llama a pesar de que vamos a tener contrariedades, adversidades que se nos van a presentar en la vida diaria. Pero estas pruebas son también necesarias para caminar hacia la verdadera paz del corazón. El recogimiento y la quietud son fundamentales para la práctica de la oración de contemplación. Cuando nos adentramos en la contemplación nos damos cuenta del desorden y desasosiego de nuestra mente. La primera experiencia es purificativa. Se requiere un mayor esfuerzo pues la mente está muy activa y dislocada. Con el tiempo, cuando vayamos teniendo un silencio interior más estable, más profundo, iremos experimentando la iluminación, la unión con Dios. Es una tarea para toda la vida, no es de un momento preciso ni se puede establecer una diferencia entre una etapa y otra. Con todo conviene aclarar desde el principio que hemos de entender la contemplación como lo enseñaba San Juan de la Cruz, como la noche oscura del alma. Pues lo normal es que los sentidos no participen de la obra que está realizando la gracia de Dios en nuestro interior. En esto recordemos que solo se nos pide la fe. Se dice en la carta a los romanos, número uno, pues no me avergüenzo del Evangelio que es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree, primero del judío, también del griego, porque en él se revela la justicia de Dios de fe en fe como está escrito. El justo por la fe vivirá. El recogimiento es entonces la acción, decíamos, de recogerse o estar recibiendo en sí. Lo que verdaderamente hacemos es sujetar, someter el acto contemplativo de la mente a la presencia de Dios, pues cada momento tiene su propio afán y este momento de la contemplación requiere la atención exclusiva de la presencia de Dios. Observemos que no hay que caer en reducir el acto contemplativo a una simple concentración. Eso lo hacen ya los mismos ladrones que van buscando asaltar un banco. Nosotros hemos de poner los cinco sentidos en lo que estamos realizando y además sin perder la realidad que nos rodea. Se trata, simple y sencillamente, de permanecer en la presencia de Dios pues sólo Él nos puede orientar hacia el bien sublime. Y esto nos irá guiando en la vida para distinguir en todo momento el bien del mal. Para entender mejor lo que es y no es el recogimiento diremos que faltamos al recogimiento cuando en nuestra mente nos dejamos llevar por pensamientos que nos apartan de la presencia de Dios. Ejemplos. Distracciones. Son desorientaciones del pensamiento ya sean voluntarias o no. Nos vamos con otra cosa. Cuando teníamos que estar escuchando a nuestro amigo que nos habla estamos yéndonos con la mente al cielo. Pensamientos inútiles. Son esos pensamientos que nos llevan a situaciones vanas, no realizables pero que nos tienen entretenidos. Pensamientos inoportunos. Desviaciones que no pertenecen a ese momento. Pueden ser temas importantes pero no son de este momento que estoy en oración ante el Santísimo. Obsesiones. Esto es más fuerte. Son pensamientos que argumentan ideas tenaces esto es, ideas que se apoderan de la mente de una forma persistente y que es difícil de desechar. Y por último, las maquinaciones. Son pensamientos que nos llevan a urdir intrigas, sospechas y a tramar ideas o actuaciones contra algo o contra alguien. Esto hay que tener mucho cuidado. El recogimiento, por el contrario en lo perfecto, es un hábito que facilita al hombre actuar según la armonía en que fue creado por Dios. Veamos para entenderlo lo que decía Santo Tomás En el estado de justicia original la razón dominaba las fuerzas interiores del alma y al mismo tiempo ella estaba sometida a Dios pero esa justicia original desapareció por el pecado de origen y como consecuencia lógica todas esas fuerzas han quedado disgregadas Desde entonces el alma tiende a derramarse por los sentidos y a perder la orientación a Dios El recogimiento es pues un hábito que se orienta a que junto con el dominio de la voluntad y bajo un entendimiento bien iluminado y formado la persona pueda dominar los sentidos y apetitos dominio que sin embargo nunca llegará a ser absoluto porque la tendencia del corazón humano sus sentidos y pensamientos están inclinados al mal desde su fuente ya nos lo decía así Génesis número 8 Con todo dicho este es el camino de perfección que anhelamos pues buscamos alcanzar esa unidad profunda de las potencias con la ayuda de la gracia lo que supone un esfuerzo necesario esto es una lucha ascética El recogimiento es también por lo dicho la acción de la mente que busca una concentración necesaria para estar permanentemente atenta a fin de que todos sus movimientos sean conformes con el Evangelio con la voluntad de Dios y todo ello ha de realizarse en nuestra propia existencia en contacto con el mundo físico con el mundo real es un proceso de interiorización de la mente para sujetarla al acto contemplativo de forma que pueda percibir en todo momento las emociones e inspiraciones del Espíritu Santo se trata pues de ordenar la mente para que atienda con perfección nuestro hacer diario evitando distracciones, pensamientos inoportunos inútiles, marginaciones y obsesiones buscando con ello que se vaya en la dispersión de no hacerlo así como dice Santa Teresa la mente no es otra cosa es esa loca de la casa que malogra nuestros actos y nos desvía de nuestros deberes personales y sociales así ocurre cuando intentamos hacer oración pues la dispersión mental del divino huésped a pesar de esta realidad hemos de recordar que en la oración de contemplación no estamos solos pues el Dios Amor viene en nuestra ayuda con la fuerza del Espíritu Santo nosotros solo debemos perseverar desde la humildad pidiendo la ayuda de la gracia con la perseverancia y la ayuda de la gracia el hombre podrá llegar al estado de justicia original que fue creado por Dios en el principio recuperando así la armonía en todos sus actos el perfecto recogimiento consiste pues en que todo mi pensamiento ha de estar consagrado al servicio de Cristo reduciendo el entendimiento a cautiverio para que se someta a la obediencia del mismo Cristo cita textual de Segunda Carta de Corintios número 10 es pues vivir en el silencio humilde y abajado de la mente lo cual me permitirá discernir la voz del Espíritu desechando todo lo que no sirve para mi unión con Cristo o para el bien del prójimo y todo ello sin perder de vista de discípulo que busca realizar la misión que Dios le encarga como miembro de la Iglesia testigo en el mundo de acuerdo con los dones que hemos recibido y con los frutos con que nos vaya perfeccionando Cristo me ha asociado nos ha asociado a la salvación de los hombres y yo pongo mi mente a su servicio y rechazo lo que no sirve a este fin en toda mi actividad diaria ya sea la profesión militar la profesión civil el ámbito familiar, social o religioso el recogimiento me irá llevando a controlar sentimientos, afectos obvias o disgustos en definitiva se trata de observar y de detectar mis faltas en mi recogimiento personal para exponerlas en el encuentro con el acompañante espiritual de forma que pueda ser orientado en la correcta ordenación fraterna lo que es la corrección fraterna recordemos que es el Espíritu Santo el que asiste a la comunidad reunida a continuación una vez orientado una vez corregido llevo a la confesión con su misericordia vaya purificando mis imperfecciones incluso las del recogimiento de la mente y me vaya configurando con él por gracia Conclusiones finales a las que hemos llegado Primera, la Iglesia quiere iluminar el misterio de la vida humana con la acción del Espíritu Santo e invita a todos los hombres a tener una renovada visión de la humanidad que ayude a promocionar la dignidad humana siempre en aras del bien común considera al hombre como un todo cuerpo y alma, corazón y conciencia inteligencia y voluntad Segunda el recogimiento es un hábito que facilita al hombre actuar según la armonía en que fue creado por Dios para conocer y amar a su creador y para vivir en comunión de personas humanas su realidad existencial ha de ser tenida en cuenta para hacerla fructificar con la participación de su inteligencia y de su voluntad libres pero siempre con la ayuda de la gracia y de la inteligencia divina que supera todo el orden del universo material el hombre está capacitado para distinguir el bien del mal y en libertad de conciencia debe aspirar a evitar el pecado y adherirse a la práctica de las virtudes como una orientación certera que le lleva a la salvación eterna tras la muerte temporal Cuarta la iglesia invita a las distintas iglesias particulares con el fomento del diálogo entre todos los hombres busca construir un mundo mejor y que éste se oriente a Dios al que le corresponde todo honor y gloria en Cristo Jesús Quinta para avanzar hacia la unión con Dios el hombre necesita esforzarse en dos aspectos el recogimiento de la mente y la quietud de la voluntad una mente recogida y una quietud sujeta prepara y dispone a la persona humana para la realización de actos perfectos cuando la gracia de Dios asiste al entendimiento de una razón bien formada en el espíritu evangélico en definitiva el perfecto recogimiento consiste en que mi pensamiento ha de estar consagrado al servicio de Cristo se consigue cuando soy capaz de reducir el entendimiento a cautiverio a bajarlo a fin de que éste se someta a la obediencia del mismo Cristo es vivir en el silencio humilde de la mente lo cual me permitirá discernir la voz del espíritu desechando todo lo que no sirve para mi unión con él concluimos el programa diciendo que el próximo viernes 22 de noviembre analizaremos, entraremos ya en los textos que nos han aportado los diferentes papas vamos a comenzar con el Magisterio del Papa San Pablo VI hablaremos sobre los temas de acompañamiento espiritual y reflexionaremos sobre la necesidad de la quietud de la voluntad esa segunda parte que ha quedado ya algo introducida hoy y que veremos con más extensión en este programa como os dije hoy este programa ha sido grabado estamos desplazados de nuestras residencias habituales por temas de la adoración nocturna especialmente en Madrid y lamentablemente no podemos abrir hoy las líneas de teléfono pero podéis hacernos llegar a través del correo electrónico a través de WhatsApp cualquier comentario o cualquier pregunta que queráis hacer gracias por vuestra atención que el Señor nos bendiga a todos y hasta el próximo programa de acompañamiento espiritual Ave María Purísima
La necesidad de una observancia diaria en la vida cristiana. #5
Fecha: viernes, 8 de noviembre de 2024, a las 21:00:00
Duración: 56:59
Transcripción de Episodio 5. La constitución dogmática 'Dei Verbum', sobre la Revelación de Dios en Cristo
Buenas noches a los que me escucháis. Os habla Javier Cebrián, vocal de formación del Consejo Nacional de la Adoración Nocturna. Sed todos bienvenidos al programa de acompañamiento espiritual de Radio Lavandé, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios, de las sagradas escrituras, de la tradición de la iglesia, del pensamiento teológico o de las enseñanzas de los santos padres, o incluso de las experiencias de la vida espiritual que han tenido los santos reconocidos por la iglesia. Bien sabemos que todo esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior. El Espíritu Santo es el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues sólo Él es la cabeza de la iglesia de la que formamos parte para ser miembros de su cuerpo místico. Nosotros queremos la unión con el Espíritu Santo, no solamente para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifiquen y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa, celebrado allá por el 4 de octubre, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo a fin de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Hoy tenemos presentes a todos los damnificados por las inundaciones provocadas por la dana en España. Que el Espíritu Santo acoja a todos los difuntos. Invocamos, pues, ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y encienden ellos al fuego de tu amor. Envía a tu espíritu y serán creados y renovarás la faz de la tierra. Oh Dios, que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Muy bien, pues entrando ya en materia, recordaremos que buscamos analizar los fundamentos teológicos que están relacionados con el acompañamiento espiritual, cuyas líneas teológicas se desarrollan por el magisterio de la Iglesia a partir del Concilio Vaticano Segundo. En estos programas iniciales estamos presentando los principales documentos que emanaron del concilio y en paralelo vamos reflexionando sobre las nociones esenciales que nos ayudan a conocernos más y mejor, la idea de estar bien preparados para recibir las mociones e inspiraciones que nos vayan suscitando el Espíritu Santo. En el programa anterior hicimos un análisis de la Constitución Lumen Gentium sobre la Iglesia y reflexionábamos sobre la necesidad de la oración de contemplación. Continuamos pues con este análisis de los principales documentos conciliares, las llamadas constituciones. Recordemos que las constituciones son los cuatro documentos del concilio Vaticano Segundo que definen los principios fundamentales de la Iglesia Católica, esto es, su razón de ser. Una constitución se dice que es dogmática, antes se le decía apostólica, cuando en ella se definen los principios o fundamentos no discutibles que afectan a la propia fe y a la identidad de la Iglesia Católica. Pues hoy vamos a analizar la constitución dogmática de Iberbun sobre la divina revelación de Dios en Cristo y seguidamente reflexionaremos sobre la necesidad de una observancia diaria en la vida cristiana como esfuerzo necesario, ascética, para poder avanzar en el seguimiento de Cristo en el camino de la fe, porque queremos ser fieles a las enseñanzas que dio Jesús a cuantos anhelan ser sus discípulos. La constitución dogmática de Iberbun sobre la divina revelación dio la luz el 18 de noviembre de 1965. El documento, estructurado en seis capítulos, expone la genuina doctrina sobre la divina revelación de Dios en Cristo y el modo de hacer su transmisión. Lo introduce y dice así. El santo concilio, escuchando religiosamente la palabra de Dios y proclamándola confiadamente, hace suya la frase de San Juan cuando dice, os anunciamos la vida eterna que estaba en el Padre y se nos manifestó. Lo que hemos visto y oído os lo anunciamos a vosotros a fin de que viváis también en comunión con nosotros y esta comunión nuestra sea con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Por tanto, siguiendo las huellas de los concilios tridentino y vaticano primero, se propone exponer la doctrina genuina sobre la divina revelación y sobre su transmisión para que todo el mundo oyendo crea el anuncio de la salvación, creyendo, espere y esperando, amén. El capítulo primero, números dos al cinco, expone la naturaleza y objeto de la revelación. Dios mismo es el principio o punto de partida de la revelación de la que Dios Padre es el sujeto revelador por iniciativa propia y al mismo tiempo es el objeto de la revelación. El fin de la revelación es la unión del hombre con Dios para que los hombres podamos participar en su naturaleza divina. Los hombres en su categoría espiritual y personal son pues los destinatarios de la revelación manifestada con palabras y obras, señales y milagros y sobre todo con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos. Cristo es percibido como el culmen de la revelación que nos ha manifestado los secretos de Dios, pues el verbo encarnado habla palabras de Dios y lleva a cabo la obra de la salvación que el Padre le confió. Con el envío del Espíritu Santo, completa la revelación y confirma con el testimonio divino que vive en Dios con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos a la vida eterna. En consecuencia, en la economía cristiana de la salvación, esta alianza nueva y definitiva nunca cesará y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo. La revelación, por tanto, exige la obediencia de la fe y el reconocimiento del entendimiento y de la voluntad con la ayuda de la gracia que proviene internamente de los auxilios del Espíritu Santo, el cual mueve el corazón y lo convierte a Dios, abre los ojos de la mente y da a todos la suavidad en el afectar y creer la verdad. El mismo Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones. El concilio sostiene que las verdades reveladas pueden ser conocidas con certeza por la luz natural de la razón humana partiendo de las criaturas, pero enseña también que hay que atribuir a la revelación de Dios en Cristo que, salvo lo inaccesible a la razón humana, lo pueden conocer todos fácilmente, con certeza y sin error alguno, incluso en la condición presente del género humano. El capítulo 2, número 7 al 10, nos presenta la labor esencial de los apóstoles y de sus sucesores, los obispos, en la transmisión de la revelación de nuestro Señor, quien mandó a los apóstoles que predicaran a todos los hombres el Evangelio comunicándoles los dones divinos. Bajo la inspiración del Espíritu Santo, los apóstoles escribieron el mensaje de la salvación y entregaron su legado a sus sucesores, las sagradas tradiciones de forma oral y las sagradas escrituras de ambos testamentos de forma escrita. En consecuencia, escritura y tradición están íntimamente unidas y se compenetran mutuamente, pues ambas surgen de la misma divina fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin, por lo que se han de recibir y venerar ambas con un mismo espíritu de piedad, pues ambas constituyen un solo depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la iglesia. Para edificación de todo el pueblo santo. En consecuencia, ambas, escritura y tradición, están en relación plena con el magisterio vivo de la iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo y al que únicamente compete su custodia, la interpretación y la exposición con fidelidad para contribuir así eficazmente a la salvación de las almas. El capítulo 3, números 11 al 13, orienta el modo en que ha de interpretarse la sagrada escritura, indicando que el magisterio debe comprender lo que Jesús quiso comunicarnos, investigando con atención lo que escribieron los geógrafos, esto es, los autores de los libros de la sagrada escritura. También debe estudiar los géneros literarios que usaron o el contexto en el que se escribieron, en la idea de lograr interpretarla con el mismo espíritu con que se escribió. El magisterio, por tanto, debe atender diligentemente al contenido y a la unidad de toda la sagrada escritura, teniendo en cuenta la tradición viva de la iglesia y la analogía de la fe, esto es, la semejanza, la afinidad, el parecido, la similitud de ciertos textos con otras partes de la escritura, pero sin perder de vista que en la sagrada escritura se manifiesta la verdad y la santidad de Dios, así como la admirable condescendencia de la sabiduría eterna con las que el verbo del Padre Eterno, tomada la carne de la debilidad humana, se hizo semejante a los hombres. El capítulo 4, números 14 al 16, justifica la importancia de los textos del Antiguo Testamento, pues son libros inspirados que contienen la salvación preanunciada, narrada y explicada por los autores sagrados, que deben conservarse como verdadera palabra de Dios. Su importancia radica en que manifiestan a todos el conocimiento de Dios y del hombre y las formas de obrar del Dios justo y misericordioso con los hombres, a pesar de que contengan algunas imperfecciones narrativas y adaptadas a sus tiempos, nos demuestran la verdadera pedagogía divina, expresan el sentimiento vivo de Dios y encierran sublimes doctrinas acerca de Dios y una sabiduría salvadora sobre la vida del hombre, así como tesoros admirables de oración en los que por fin está latente el misterio de nuestra salvación. De ahí se deduce que, siendo Dios el inspirador y autor de ambos testamentos, dispuso las cosas tan sabiamente que el Nuevo Testamento está latente en el Antiguo y el Antiguo está patente en el Nuevo, pues los libros del Antiguo Testamento manifiestan su plena significación en el Nuevo Testamento, ilustrándolo y explicándolo al mismo tiempo. El capítulo quinto, números 17 al 20, justifica la importancia del Nuevo Testamento, indicándonos que manifiesta el vigor de la palabra divina, que es poder de Dios para la salvación de todo el que cree, pues al llegar la plenitud de los tiempos, el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad. Los textos del Nuevo Testamento nos muestran de manera fehaciente que Cristo instauró el reino de Dios en la tierra, manifestó a su Padre y a sí mismo con obras y palabras y completó su obra con la muerte, resurrección y gloriosa ascensión y con la misión del Espíritu Santo. El documento destaca que los hechos históricos de Cristo, pues, son un testimonio perenne y divino, por lo que ocupan un lugar preeminente como testimonio principal de la vida y doctrina del verbo encarnado Nuestro Salvador. La Iglesia, no obstante, afirma y sostiene que los Evangelios tienen origen apostólico, pues lo que los apóstoles predicaron por mandato de Cristo, más tarde, bajo la inspiración del Espíritu Santo, ellos y los varones apostólicos nos lo han transmitido por escrito. En los Evangelios los autores sagrados nos transmiten lo que enseñaban los apóstoles de palabra, adaptando sus enseñanzas a la condición de las iglesias a las que se dirigen, pero no dejan de ser un testimonio de su memoria o recuerdos de aquellos que desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra para que todos conozcamos la verdad. El Nuevo Testamento, pues, contiene otros libros inspirados con los que se confirma todo lo que se refiere a Cristo Señor. Es más, se declara más y más su heroína doctrina, se manifiesta el poder salvador de la obra divina de Cristo y se cuentan los principios de la Iglesia y su admirable difusión. También se anuncia su gloriosa consumación. Vemos así que la promesa del envío del Espíritu Consolador introdujo a los apóstoles en la verdad completa tal y como se les había anunciado. El capítulo sexto, números 21 al 26, destaca la importancia de las sagradas escrituras para la vida de la Iglesia que han sido veneradas al igual que el mismo cuerpo del Señor. Juntamente con la sagrada tradición son consideradas como la regla suprema de su fe, pues siendo inspiradas por Dios y escritas de una vez para siempre, comunican inmutablemente la palabra del mismo Dios y hacen resonar la voz del Espíritu Santo. Por ellas, el Padre que está en los cielos se dirige con amor a sus hijos y habla con ellos, por lo que son en verdad apoyo y vigor de la Iglesia y fortaleza de su fe, de la fe para sus hijos. Alimento del alma, fuente pura y perenne de la vida espiritual. De ahí que seguidamente se recomienda el fomento de su estudio y el de los santos padres junto con las sagradas liturgias, procurando que haya el mayor número posible de ministros de la palabra para que puedan repartir el alimento de las escrituras a todo el pueblo de Dios y que ésta robustezca las voluntades y encienda los corazones de los hombres en el amor a Dios. Además, de forma especial, exhorta también a los teólogos al estudio de las escrituras que han de ser como el alma de la sagrada teología, al igual que fuente de toda instrucción cristiana en las catequesis, las homilías litúrgicas, etcétera. De igual forma, anima a todos los clérigos, especialmente a los sacerdotes de Cristo, diáconos y catequistas, que se orientan a las catequesis, a una asidua lectura con estudio diligente, exhortando finalmente a todos los cristianos a una lectura frecuente de las divinas escrituras, porque el desconocimiento de las escrituras es desconocimiento de Cristo. Y todo ello sin olvidar que la lectura de las escrituras debe ser acompañada de la oración, pues con ambas se entabla diálogo entre Dios y el hombre, porque a él hablamos cuando oramos y a él oímos cuando leemos las palabras divinas. La Constitución termina exhortando a los prelados a difundir estas prácticas de la lectura y del estudio de los libros sagrados, de cuyas tareas la Iglesia recibirá, sin duda, un impulso de la vida espiritual, juntamente con la renovación constante del misterio eucarístico. Pues bien, terminado el documento de la Constitución de Iberbun, vamos a ver el segundo apartado, la necesidad de una observancia en la vida cristiana. Si en los programas iniciales reflexionábamos sobre la oración, y hemos dedicado un programa a cada una de las formas de oración que nos enseña la Iglesia, oración vocal, oración de meditación, oración de contemplación, hoy vamos a reflexionar sobre la necesidad de llevar en nuestra vida diaria una observancia, un modo de proceder que nos preparará para recibir continuas gracias. Una vez más, recordamos que el Papa nos pide a los fieles que intensifiquemos la oración durante este año, a fin de prepararnos para la celebración del jubileo de 2025, un año santo y de gracia para la Iglesia, de manera que estemos bien dispuestos para experimentar la fuerza de la misericordia de Dios. Vamos, disculpadme que se me ha apagado un momentito, que estoy enseguida. Vamos a recordar también las condiciones a las que llegábamos al término de las reflexiones que hicimos sobre la oración. Primera, sin oración la gracia de Dios no puede actuar, con lo que se pierde el fruto de santidad que espera el riñador. Si el Señor, recordamos, si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles. Salmo 126. Es necesario, por tanto, orar diariamente para mantenernos fieles en el camino de perfección, al que el Señor nos llama. Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto. Mateo 5. Dos, la oración vocal es la oración más humilde de la Iglesia. Hemos de estar acompañando a los más sencillos en el camino del seguimiento de Cristo. El rosario es un arma poderosa contra las exilias del diablo que no se debe abandonar bajo ningún pretexto. Pidamos por la santidad de la Iglesia, por los sacerdotes y por la paz del mundo. Tres. Hemos de esforzarnos en practicar el recogimiento de nuestras potencias, memoria, entendimiento y voluntad, pues la oración vocal y la de meditación van preparando la acequia que nos han de llevar a las fuentes de la contemplación. Esta es la oración que más nos acerca a Cristo de Eucaristía, fuente divina de todas las gracias que Dios ha dispuesto para las criaturas. Cuatro. La oración es pues una vía de perfección que nos dispone a recibir mayores gracias por la acción del Espíritu Santo. Os infundiré mi espíritu y haré que caminéis según mis preceptos y que guardéis y cumpláis mis mandatos. Ezequiel 36. Terminábamos también diciendo que hemos de perseverar en hacer nuestras las enseñanzas de la Iglesia, siempre de la mano de la Virgen María, madre de la Iglesia y madre nuestra, pues ella es nuestra protectora e intercesora y la mediadora de todas las gracias. Pues bien, hoy vamos a tratar las enseñanzas de dos santos que nos han precedido a fin de remarcar la necesidad de la lectura asidua de las sagradas escrituras. Estamos hablando de oración de meditación, pues en ellas siguen presentes las enseñanzas de Jesús, con las que nos sigue hablando. Son el apóstol San Pablo y San Buenaventura, obispo y doctor de la Iglesia. Hemos visto en la Constitución de Iberbú que el Nuevo Testamento contiene, verdad, otros libros inspirados con los que se confirma todo lo que se refiere a Cristo. Se declara más y más su genuina doctrina y se cuentan los principios de la Iglesia y su admirable difusión al tiempo que se anuncia su gloriosa consumación. En esto veremos que la promesa del envío del Espíritu Consolador introdujo a los apóstoles en la verdad completa, tal y como se les había anunciado. Al igual que sigue sucediendo hasta nuestros días. De la mano de San Pablo escuchemos lo que nos dice sobre su vocación y cómo percibió la necesidad de realizar su apóstolado en favor de los gentiles. Saulo era un hombre muy bien formado en escrituras, natural de Tarso, pero había estudiado en la Escuela de Gamabiel en Jerusalén, aunque no había experimentado el amor de Dios hasta que fue llamado a la conversión. Escuchemos. De Gálatas 1 y 2. Hermanos, ¿habéis oído hablar de mi conducta pasada en el judaísmo, con qué saña perseguía la Iglesia de Dios y la asolaba? Y me señalaba en el judaísmo más que muchos de mi edad y de mi raza, como partidario fanático de las tradiciones de mis antepasados. Pero cuando aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia se dignó revelar a su hijo en mí para que yo lo anunciara a los gentiles, enseguida, sin consultar con hombres, sin subir a Jerusalén a ver a los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia y después volví a Damasco. Más tarde, pasados tres años, subí a Jerusalén para conocer a Pedro y me quedé quince días con él, pero no vi a ningún otro apóstol excepto a Santiago, el pariente del Señor. Dios es testigo de que no miento en lo que os escribo. Fui después a Siria y a Cilicia. Las iglesias cristianas de Judea no me conocían personalmente, sólo habían oído decir que el antiguo perseguidor predicaba ahora la fe que antes intentaba destruir y alababan a Dios por causa mía. Después, transcurridos catorce años, subí otra vez a Jerusalén en compañía de Bernabé, llevando también a Tito. Subí por una revelación. Les expuse el Evangelio que predico a los gentiles, aunque en privado, a los más representativos, por si acaso mis afanes de entonces o de antes eran vanos. Con todo, ni siquiera obligaron a circuncidarse a mi compañero Tito, que era griego. Di este paso por motivo de estos intrusos, de esos falsos hermanos que se infiltraron para espiar la libertad que tenemos en Cristo Jesús. Querían esclavizarnos, pero ni por un momento cedimos a su imposición para preservarnos la verdad del Evangelio. En cambio, de parte de los que representaban algo, lo que fueran o dejaran de ser no me interesa, que Dios no mira eso. Como decía, los más representativos no tuvieron nada que añadirme. Al contrario, vieron que Dios me ha encargado de anunciar el Evangelio a los gentiles, como a Pedro de anunciarlo a los judíos. El mismo que capacita a Pedro para su misión entre los judíos, me capacita a mí para anunciarlo entre los gentiles. Reconociendo, pues, el don que he recibido, Santiago, Pedro y Juan, considerados como columnas, nos dieron la mano a Bernabé y a mí en señal de solidaridad de acuerdo en que nosotros fuéramos a los gentiles y ellos a los judíos. Una sola cosa nos pidieron, que nos acordáramos de sus pobres y esto lo he tomado muy a pecho. Por su parte, San Buenaventura, obispo y doctor de la iglesia, es otro ejemplo de apostolado que antecede también a la constitución de Iberbo, quien afirma que del conocimiento de Jesucristo dimana la comprensión de las Escrituras. Dice así en el prólogo de su breviloquio, el origen de la Sagrada Escritura no hay que buscarlo en la investigación humana, sino en la revelación divina que procede del Padre de los Astros, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, de quien por su Hijo Jesucristo se derrama sobre nosotros el Espíritu Santo y por el Espíritu Santo que reparte y distribuye a cada uno sus dones como quiere, se nos da la fe y por la fe habita Cristo en nuestros corazones. En esto consiste el conocimiento de Jesucristo, conocimiento que es la fuente de la que dimana la firmeza y la comprensión de toda la Sagrada Escritura. Por esto es imposible penetrar en el conocimiento de las Escrituras si no se tiene previamente infundida en sí la fe en Cristo, la cual es como la luz, la puerta y el fundamento de toda la Escritura. En efecto, mientras vivimos en el destierro lejos del Señor, la fe es el fundamento estable, la luz directora y la puerta de entrada de toda iluminación sobrenatural. Ella ha de ser la medida de la sabiduría que se nos da de lo alto, para que nadie quiera saber más de lo que conviene, sino que nos estimemos moderadamente según la medida de la fe que Dios otorgó a cada uno. La finalidad prosigue san Buenaventura o fruto de la Sagrada Escritura no es cosa de poca importancia, pues tiene como objeto la plenitud de la felicidad eterna, porque la Escritura contiene palabras de vida eterna, puesto que se ha escrito no sólo para que creamos, sino también para que alcancemos la vida eterna, aquella vida en la cual veremos, amaremos y serán saciados todos nuestros deseos. Y una vez estos saciados, entonces conoceremos verdaderamente lo que trasciende toda filosofía, el amor cristiano, y así llegaremos a la plenitud total de Cristo. En esta plenitud de que nos habla el apóstol, la Sagrada Escritura se esfuerza por introducirnos, y esta es la finalidad, esta es la intención que ha de guiarnos al estudiar, enseñar y escuchar la Sagrada Escritura. Y termina diciendo, para llegar directamente a este resultado a través del recto camino de las Escrituras, hay que empezar por el principio, es decir, debemos acercarnos sin otro bagaje que la fe al Padre de los Astros, doblando las rodillas de nuestro corazón para que Él por su Hijo en el Espíritu Santo nos dé el verdadero conocimiento de Jesucristo y con el conocimiento, el amor, para que así, conociéndolo y amándolo, fundamentados en la fe y arraigados en la caridad, podamos conocer lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo de la Sagrada Escritura y por este conocimiento, llegar al conocimiento pleno y al amor extático de la Santísima Trinidad. A ello tienden los anhelos de los santos, en ello consiste la plenitud y la perfección de todo lo bueno y verdadero. Hasta aquí el texto de San Buenaventura. Hemos de destacar que este santo obispo logró transformar el estudio en una prolongación de la plegaria, de la oración, pero no quedaba contento con ello, por lo que consagraba buena parte de su tiempo a la oración propiamente dicha, convencido de que esa oración era la clave de la vida espiritual. Sostenía, como lo enseña San Pablo también, que sólo el Espíritu de Dios puede hacernos penetrar sus secretos de signos y grabar sus palabras en nuestros corazones. Con todo lo dicho, bien sabemos que en las Escrituras, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, se nos explica todo lo que se refiere a Jesús, razón suficiente por la que deberíamos evitar que Jesús tenga que decir de nuevo, nos tenga que decir de nuevo, lo que les dijo a los discípulos de Maús. Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas. Apreciemos más bien que Jesús resucitado se hizo presente y acompañó a estos primeros discípulos que lo creían todo perdido, tal y como lo leemos en el Evangelio de Lucas. Y comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras. Lucas 24. De manera que todo depende del ejercicio de nuestra libertad para acoger con generosidad la palabra de Dios, previa la oración, guardarla en nuestro corazón y después buscar el ponerla por obra. El que me ama guardará mi palabra y mi padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él. Juan 14. Pues vamos a ir concluyendo. Primera conclusión. Necesitamos una vida de oración personal y comunitaria para mantenernos firmes en el camino de la fe. La oración nos prepara en todo momento para ir recibiendo nuevas gracias. Dos. La meditación de la palabra de Dios, particularmente del Nuevo Testamento, es una continua enseñanza de Jesús, pues Jesús sigue acompañando a los que quieren ser discípulos fieles. Tres. Acudamos diariamente a la Eucaristía, fuente de todas las gracias, y cuando nos sea necesario, al Sacramento de la Reconciliación, porque por ambos sacramentos el mismo Cristo nos va configurando con él, haciéndonos miembros de su cuerpo místico, que es la Iglesia. Nuestras faltas y pecados, recordemos, nos privan de la ayuda de la gracia para caminar en el seguimiento de Jesús. Cuatro. La lectura de las enseñanzas del Magisterio y de los Santos Padres nos guían en la comprensión de las enseñanzas del Evangelio, de las enseñanzas de Jesús, iluminando así nuestro camino de la fe. En definitiva, es grato a Dios que llevemos una observancia diaria, que consiste en dedicar un tiempo a la oración vocal, a la meditación de la Palabra de Dios, con una lectura de un capítulo al menos del Nuevo Testamento, a la oración de contemplación, estando un tiempo en silencio y a ser posible ante el Santísimo Sacramento, y lo más importante, participar diariamente en la celebración de la Eucaristía y asiduamente en el Sacramento de la Concesión cuando resulte necesario. Cabe decir, una vez más, que cuando no se tiene hábito de orar, se empiece poco a poco. En la oración vocal, yo empecé con tres Avemarías, lo recuerdo. Poco a poco, pues se reza un misterio, poco a poco se reza el segundo, poco a poco va cogiendo uno la práctica de la oración, tal cual es con la lectura del Evangelio. A veces cogemos el Nuevo Testamento y dicen, mira, es que la lectura que hago es tan literal que no me entero de nada. ¿Qué quiere decir? Pues claro, todo hay que leerlo con, decíamos, con el mismo espíritu con que fue escrito. Entonces, al comienzo, pues es normal que encuentre uno un choque frontal que conviene en la dirección, en el acompañamiento espiritual, estos temas se tratan. Oye, no entiendo esta parte de tal capítulo. ¿Qué quiere decir con eso de que si un miembro de tu cuerpo te hace pecar, córtatelo? Claro, hay que explicarlo. Es todo el sentido de las escrituras. No vale ir a por el cuchillo y cortarte rápidamente la mano porque se te ha ocurrido robar algo que no era tuyo. De eso se trata, de tener una guía y dejarnos guiar y dejarnos llevar porque el espíritu al final te va a ir dando a entender poco a poco todo el sentido pleno de las escrituras. Bueno, pues en esto consiste lo que se llama una observancia diaria que en verdad la deberíamos seguir todos los cristianos, particularmente los que queremos ser, decimos, adoradores en espíritu y en verdad. Todo ello sin perder de vista que los carismas están flojos cuando se pierde la observancia diaria en la vida cristiana y así ha ocurrido siempre y ocurre hoy con tantas órdenes religiosas y tantos institutos de vida consagrada que no tienen los frutos esperados por el viñador porque han dejado la observancia de la vida diaria. Recordemos que en todo momento cuando oramos nos unimos a la oración de toda la iglesia, especialmente cuando la hacemos con la liturgia de las horas en nuestras vigilias de oración también. En el oficio de lecturas de cada día encontraremos las reflexiones del Antiguo Testamento seguidas de los santos padres y del magisterio de la iglesia, las cuales están en perfecta consonancia con la lectura del Evangelio de cada día, con lo cual aprovechémoslas. Es la sugerencia final, es la liturgia de las horas, es la oración que todos los sacerdotes y todos los consagrados realizan, pero nos podemos unir libremente también buscando pues eso, dar en la medida de que tengamos tiempo, dar un seguimiento a esas lecturas al tiempo que vamos meditando, al tiempo que aprendemos y al tiempo que nos unimos a la oración de toda la iglesia universal. Bien, pues pasamos a concluir el programa y os comento que el próximo viernes, día 15 de noviembre, analizaremos la constitución pastoral Gaudium et Spes, la cuarta constitución del Vaticano II, desde el año 65 de diciembre también, sobre la iglesia en el mundo actual y reflexionaremos, abundaremos para nuestro mejor esfuerzo y perfección humana pues la necesidad del recogimiento de la mente. Bien, debido a que me tengo que ausentar el próximo viernes por cuestiones de una reunión del Consejo Nacional fuera de mi lugar de residencia, pues este programa próximo, del viernes día 15, lo grabaré y lo tendréis a tiempo y oportunamente y si hay que comentar algo lo haríamos a la semana siguiente. Bien, pues a partir de este momento abrimos las líneas, las estoy marcando ya, el que quiera hacer alguna pregunta puede hacerlo en el teléfono 910607093 y entretanto pues le damos la palabra que estoy viendo aquí que tenemos en el plato a Consuelo, si nos está oyendo Consuelo. Hola, buenas noches. Buenas noches, Consuelo. Me alegro mucho de escucharte. Perdón, que te alegras de escuchar. Sí, mucho y me hace mucho bien y bueno, yo la verdad, yo te puedo decir que ahora estoy leyendo la escritura porque como no he visto y tampoco he ido al colegio, no he tenido esa suerte, pero bueno, nunca es tarde, ¿no te parece? Nunca es tarde, efectivamente, tú lo has dicho, desde esa humildad es desde la que podemos hacer frente a los convictos, desde la sencillez y la humildad y seguramente los primeros pasos, tú dices, no me he enterado de nada, estaba aquí leyendo un rato y es que no me he enterado de nada. No te preocupes, pregunta, Javier, puedes venir a decirme o me llamas, Javier, he leído algo que no me entero, yo te ayudaré a entenderlo y a darle un sentido espiritual a toda la enseñanza que encierran las escrituras, ¿vale? Muchísimas gracias. Empezar. Muy bien, Consuelo. Muchas gracias, que Dios te bendiga. Damos gracias a Dios por todos los beneficios que pueda dar el programa, ¿vale? Muy bien. ¿Añadías algo? Sí, que me parece fenomenal estos programas que se han grabado o directos, si en directo mejor, pero no siempre se puede, porque puede haber un diálogo como ahora mismo yo estoy hablando contigo y para mí es muy importante. Claro, a mí me dicen los oyentes, algunos, que intentan llamar pero que no entra la llamada, no sé qué es lo que pasará con las líneas a veces, si es que yo no marco bien esto como está puesto, pero yo creo que sí, ¿no? Tú estás viendo ahí, lo tengo bien puesto eso, ¿no? Digo yo, marcado con un tic, la línea 101 y la 102. Yo te escucho correctamente. Muy bien, bueno, pues no sé si alguien se atreverá a decir algo o a preguntar alguna duda que tenga, porque a mí me han dicho que cuando alguien llama al teléfono suena un pi y a partir de ahí no hay más que escuchar, pero bueno, ya se irán animando. A ver, el programa puede parecer que es denso, porque efectivamente, claro, estamos reduciendo o sintetizando constituciones que son de un calado y de un contenido amplio. ¿Qué hago yo? Pues digamos que masticarlo. Lo dejo un poquito masticadito para que sea más asequible y para un alimento más lógico para las personas que no están familiarizadas con este tipo de documentos, porque a veces, si te pones a leer una constitución o una encíclica, pues es tal el argumentario que lleva y las referencias a lo que ha sido en la iglesia, todo eso, porque se cuida mucho el que haya referencias a documentos de siglos pasados y de un poco la tradición de la iglesia, como hemos comentado, pues a veces no llega uno a enterarse muy bien lo que significa. Yo creo que merece la pena, incluso ahora, argumentar un poquito qué es eso de la tradición y de las escrituras para que os quede claro. Mirad, explicado así un poco en vocabulario ya, cuando Jesús hace su vida pública, se está acercando a las gentes, no lleva documentos, ni lleva papiros, ni lleva nada, habla de viva voz y las gentes captan, claro. ¿Por qué capta una persona algo que le llama la atención de una manera tan franca y tan clara? Claro, cuando le dice Jesús a Felipe, sígueme, es que el Señor está hablándole no sólo a la mente, está hablándole al corazón y esto es lo que hay que tener muy claro, el Señor tiene poder de hablar al corazón del hombre y le dice sígueme. Claro, Felipe ha captado eso tan profundamente, pero la clave de Felipe es que estaba preparado para recibir esa llamada, era hombre de oración, era hombre de conocimiento de escrituras, era hombre, claro que puede llamar a un incrédulo también, que hay personajes que aparecen por ahí, pero que tienen un corazón abierto a la voz del Señor, aunque no conocían la escritura y son profanos, pero el Señor principalmente llama al corazón. Pues bien, todo lo que aprenden los apóstoles es lo que en la misión comienzan a enseñar y lo hacen sin documentos, lo hacen de forma oral y esto se convierte ya en una tradición apostólica. Claro, cuando los apóstoles se van dando cuenta de que se van haciendo mayores, especialmente Pedro en Roma, acompañado de Marcos, pues se ve que alguno como pasa hoy, oye, estamos avanzando en la edad, si tienes una historia que contar, si tienes una biografía bonita y has vivido una vida plena, incluso en la fe, escríbela, porque eso va a ser luz para los que vengan detrás de ti. Pues así, preocupados, inspirados por el Señor, hacen unos relatos del todo estudiados, es decir, las escrituras no se hacen así por un día que tengo de inspiración sin más, no, son estudios. De hecho, cada apóstol, la Iglesia reconoce que ha tenido detrás una escuela, la escuela de Pablo, la escuela de Pedro, la escuela de Mateo, la escuela de Marcos, la escuela... En fin, los apóstoles tenían siempre un colectivo de personas cooperando con ellos en esta tarea del apostolado, en esta tarea de la enseñanza. Con lo cual, todas esas catequesis, sobre todo las que encierran los mensajes de la vida de Jesús, fueron plasmadas en escritura. Van a pasar muchos siglos, todavía, cuatro siglos, hasta que el canon de las escrituras se conforma. Los principios de los primeros siglos fueron casi caóticos, con mucha persecución, y los documentos se iban llevando de un sitio a otro haciendo copias para que la Iglesia enseñara lo mismo en todas partes. Pero a veces se colaban textos que no eran del todo originales, la Iglesia tenía que ir corrigiendo. Entonces se va mezclando la tradición oral que ha recibido con la tradición escrita que va apareciendo. Entonces, esa unidad de escritura y tradición es la que la Iglesia hoy día venera, porque sabe que en esas fuentes encuentra los principios y lo más auténtico y lo más genuino del mensaje de Cristo, de la revelación de Dios en Cristo y de las verdades de la fe. Esta es un poco la clave y la esencia de la reflexión de hoy. Y entonces, ¿lo nuestro qué es? Recordando todo esto, aprovecharnos de ello, en el mejor de los sentidos. Si yo no conozco del todo a Cristo, pues voy a empezar por un poquito de oración, porque si la oración me va a ir guiando y me va adentrando en el conocimiento de las escrituras, pues seguramente me voy a encontrar cada vez con más notoriedad el modo y manera con que actúa en mi corazón. Porque no olvidemos, y con esto terminamos, que el reino de Dios está dentro de nosotros mismos y nos lo tenemos, tenemos que vivir con esa realidad, tenemos que creernos que esto es así, porque cuando el Señor nos manda una emoción espiritual, el Espíritu Santo nos manda una inspiración, una idea, nace en el corazón, no está en nuestra mente. Así como nosotros oramos con el Espíritu desde dentro y ora con nosotros, Él es el principio de nuestra vida y Él nos va inspirando y nos va guiando. Poco a poco iremos haciendo lo que se llama discernir, separar lo que viene de Dios y lo que viene del enemigo, que está precisamente en la cúpula de la mente, muchas veces creándonos imaginaciones, a veces situaciones o cuestiones totalmente irrealizables, pero que no para de incitarnos a generarnos inquietud y a generarnos pérdida de recogimiento y pérdida de atención en las obligaciones que tenemos que atender cada día. Pues nada, lo nuestro es vivir con mucha pobreza de espíritu, sabiendo que todo es gracia de Dios, que todo nos va, Él nos la va presentando y nosotros poniendo de nuestra parte para que, como San Buenaventura, ser humildes, trabajar, estudiar, orar y buscar poco a poco las fuentes de la gracia que sabemos ya dónde están. Pues nada más, muchas gracias por vuestra atención, que el Señor nos bendiga a todos y hasta el próximo programa que tengamos con ejecución presencial de acompañamiento espiritual. Un abrazo a todos. Ave María Purísima. Gracias. Sin pecado con Sevilla.
La necesidad de la oración de contemplación. #4
Fecha: viernes, 25 de octubre de 2024, a las 21:00:00
Duración: 51:10
Mostrar transcripción de Episodio 4. La constitución 'Lumen gentium', sobre la Iglesia.
Transcripción de Episodio 4. La constitución 'Lumen gentium', sobre la Iglesia.
Buenas noches Buenas noches a todos los que me escucháis, sed todos bienvenidos al programa Acompañamiento Espiritual en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios ni de las cosas referentes a las escrituras, de la tradición de la iglesia del pensamiento teológico o de las enseñanzas de los santos padres o incluso de las experiencias de la vida espiritual que han tenido los santos reconocidos por la iglesia bien sabemos que todo esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el espíritu santo en nuestro interior el espíritu santo es el que va edificándonos para ser configurados con cristo pues sólo él es la cabeza de la iglesia de la que formamos parte para ser miembros de su cuerpo místico nosotros queremos la unión con el espíritu santo no solamente para vivir mejor o más confiados sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual en el primer programa celebrado allá el 4 de octubre nos ofrecimos y nos consagramos al espíritu santo en la idea de que el divino vivificador de las almas sea el que nos vaya formando y transformando día a día por esta razón nuestro programa siempre comienza con la invocación al espíritu santo en la idea de que el paráclito prometido por jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con cristo verdadero dios y verdadero hombre invocamos ven espíritu santo llena los corazones de tus fieles y encienden ellos el fuego de tu amor envía a tu espíritu y serán creados y renovarás la faz de la tierra oh dios que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del espíritu santo haz que guiados por el mismo espíritu sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo por jesucristo nuestro señor amén padre nuestro que estás en el cielo santificado sea tu nombre venga a nosotros tu reino hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo danos hoy nuestro pan de cada día perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal amén dios te salve maría llena eres de gracia el señor es contigo bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre jesús santa maría madre de dios ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte amén gloria al padre y al hijo y al espíritu santo como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos amén ave maría purísima sin pecado concebida maría santísima muy bien pues aquí me tenéis javier cebría nos habla y vamos a ir entrando ya en materia recordando que buscamos analizar los fundamentos teológicos que están relacionados con el acompañamiento espiritual cuyas líneas teológicas se desarrollan por el magisterio de la iglesia a partir del concilio vaticano segundo en estos programas iniciales estamos analizando los principales documentos que emanaron del concilio y en paralelo vamos reflexionando sobre las nociones esenciales que nos ayudan a conocernos más y mejor en la idea de estar bien preparados para recibir las emociones e inspirar e inspiraciones que nos vaya suscitando el espíritu santo en el programa anterior hicimos un análisis de la constitución sacrosanto un concilio sobre la liturgia de la iglesia y reflexionábamos sobre la necesidad de la oración de meditación hoy continuamos el análisis de los principales documentos conciliares las llamadas constituciones recordemos que las constituciones son los cuatro documentos del concilio vaticano segundo que definen los principios fundamentales de la iglesia católica esto es su razón de ser una constitución se dice que es dogmática antes se la llamaba apostólicas cuando en ella se definen los principios o fundamentos los que no son discutibles y que afectan a la propia fe y a la identidad de la iglesia católica pues bien hoy vamos a analizar la constitución dogmática lumen sobre la iglesia posteriormente reflexionaremos sobre la necesidad de la oración de contemplación último tema que marcamos en el año de la oración abierto por el papa francisco como preparación al jubileo de 2025 la constitución dogmática lumen gentium sobre la iglesia vio la luz el 21 de noviembre de 1964 y era la primera vez que la iglesia católica presentaba una constitución dogmática para hablar de sí misma de sí misma el capítulo 1 nos introduce en el misterio de la iglesia a partir de las verdades contenidas en la fe que profesamos el documento presenta unas líneas teológicas eminentemente cristológicas base inicial y esencial que justifica la misión de la propia iglesia presenta a cristo como luz de los pueblos razón por la cual la iglesia desea ardientemente iluminar a todos los hombres anunciando el evangelio a toda criatura percibe a cristo como un sacramento esto es como un signo e instrumento de la unión íntima con dios y de la unidad de todo el género humano esta es la base teológica que sostiene la naturaleza y misión universal de la iglesia que consiste en que todos los hombres alcancen la plena unidad en cristo este es el plan establecido por el padre eterno que creó todo el universo mostrarnos al que es la imagen de dios invisible primogénito de toda criatura el texto percibe a la santa iglesia como prefigurada desde el orden del mundo preparada admirablemente en la historia del pueblo de israel y en la antigua alianza constituida en los tiempos definitivos y manifestada por la efusión del espíritu que se consumará gloriosamente al final de los tiempos en esta iglesia serán congregados todos los justos en la casa del padre la iglesia es imagen del reino de cristo que hace presente el misterio y que por el poder de dios crece visiblemente en el mundo su comienzo y crecimiento están simbolizados en la sangre y en el agua que emanaron del costado abierto de cristo crucificado cuya obra de redención se efectúa cuantas veces se celebra en el altar el sacrificio de la cruz por medio del cual cristo que es nuestra pascua ha sido inmolado y a cuya unión todos los hombres están llamados tras la consumación de la obra que el padre encomendó al hijo fue enviado el espíritu santo el día de pentecostés a fin de santificar indefinidamente la iglesia y para que de este modo los fieles tengan acceso al padre por medio de cristo en un mismo espíritu él es el espíritu que da la vida y la fuente que salta hasta la vida eterna el que vinzica a los hombres hasta el momento de la resurrección permaneciendo en el corazón de los fieles y orando en ellos dando testimonio de su adopción como hijos guía a la iglesia a la verdad plena la unifica en comunión y ministerio la provee y gobierna con diversos dones jerárquicos y carismáticos y la embellece con sus frutos así toda la iglesia aparece como un pueblo reunido en virtud de la unidad del padre y del hijo y del espíritu santo cristo da comienzo al reino de dios prometido desde antiguo en la escritura y así se manifiesta la iglesia en su fundación porque el tiempo está cumplido y se acercó el reino de dios cita de mateo la iglesia está enriquecida con los dones del espíritu santo y constituye en la tierra el germen y el principio de ese reino y mientras ella paulatinamente va creciendo anhela simultáneamente el reino consumado y con todas sus fuerzas espera y ansía unirse con su rey en la gloria sin el antiguo testamento se nos proponía en figuras ahora se nos manifiesta mediante diversas imágenes tomadas de la naturaleza y de la vida de la vida misma la iglesia es percibida por ejemplo como un redil cuya puerta es cristo el buen pastor que da la vida por las ovejas es también campo de labranza guardada de dios viña escogida en la que la verdadera vid es cristo que comunica vida y fecundidad a los armientos es también edificación de dios casa de dios en la que cristo es la piedra angular y sobre cuyo fundamento los apóstoles edifican la iglesia es la jerusalén de arriba madre nuestra esposa inmaculada del cordero inmaculado pero que debe caminar en destierro y buscar las cosas de arriba donde cristo está sentado a la derecha de dios hasta que aparezca su esposo en la gloria se reafirma una fe que reconoce que mediante la unión con cristo somos incorporados a la iglesia de un modo real y sostenidos por la acción del espíritu santo que la vivifica y la acrecienta esta es la única iglesia de cristo que confesamos en el credo del símbolo como una santa católica y apostólica que ha sido confiada a y a los demás apóstoles para que la patentaran y la gobernarán y para que difundirán el evangelio a toda la humanidad tarea que ha de realizar la iglesia en pobreza y persecución de igual modo que realizó cristo la obra de la redención y que ahora se encuentra entre las persecuciones del mundo y los consuelos de dios pero anunciando la cruz del señor hasta que vuelva el capítulo 2 nos presenta a la iglesia como el pueblo de dios una nueva metáfora que se abre a todo el mundo y a todos los tiempos su contenido desarrolla la teología sacramental tema fundamental para la pastoral del acompañamiento espiritual pretende superar la dualidad existente entre clero y laicado destacando ahora el carácter universal de la misión que tiene encomendada la iglesia en su conjunto describe también al pueblo de dios como pueblo sacerdotal enfatizando el particular servicio interno que debe prestar el sacerdocio ministerial en virtud de la potestad sacramental recibida de cristo cabeza de la iglesia que queda por encima de la jerarquía el espíritu santo es presentado como don de dios en favor de todos los fieles verdadero vivificador y santificador de la iglesia quitamos de la primera carta a los corintios un extracto del número 12 dice así el mismo espíritu santo no sólo santifica y dirige el pueblo de dios mediante los sacramentos y los misterios y adorna con virtudes sino que también distribuye gracias especiales entre los fieles de cualquier condición dando a cada uno según quiere reparte los dones con los que les hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes que sean útiles para la renovación y la mayor edificación de la iglesia según aquellas palabras a cada uno se le otorga la manifestación del espíritu para común utilidad pues bien todos los hombres están llamados a tomar parte del nuevo pueblo de dios por la acción del espíritu de su hijo señor y vivificador este único pueblo de dios está presente en todas las razas de la tierra pues de todas de todas ellas somos llamados y congregados a participar del único reino de cristo reino que no es de este mundo cita de juan a este mundo pertenecen todas las iglesias particulares que gozan de tradiciones propias y están presididas por el primado de la cátedra de pedro quien preside la asamblea universal de la y que promueve la paz de todos los pueblos y que por la gracia singular de cristo une a todos los cristianos aunque no profesen la fe en su totalidad incluso a los que todavía no han recibido el evangelio pero van ordenándose al pueblo de dios de diversas maneras en definitiva la iglesia se empeña en la misión del anuncio del evangelio por mandato de cristo y lo hace orando y trabajando para que todos se integren en el pueblo de dios cuerpo del señor y templo del espíritu santo y para que en cristo cabeza de todos se rinda al creador universal y padre todo honor y gloria el capítulo 3 nos presenta la misión de los apóstoles y sus sucesores justificando la necesidad de la institución jerárquica y el etiscopal esta se sitúa como autoridad al servicio de los fieles según la voluntad de jesús con el bienaventurado pedro al frente de los demás apóstoles cuya autoridad es presentada como principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad de fe y de comunión su objetivo apacentar y edificar la iglesia de la que cristo repetimos es la piedra angular sigue presente en medio de los fieles y los pastores son reconocidos como los sujetos preferentes que aseguran el acompañamiento espiritual de todos los fieles sin excepción entendido así los sucesores de los apóstoles forman un solo colegio apostólico para la correcta dirección de la iglesia por medio de los concilios al que son incorporados en virtud de la consagración sacramental y por la comunión jerárquica con la cabeza y con los miembros del colegio estos cuentan con la ayuda de los presbíteros próhibidos cooperadores del orden episcopal formando un solo presbiterio en íntima fraternidad para el mejor desempeño de la misión pastoral que les es encomendada finalmente están los diáconos quienes reciben la imposición de las manos del obispo quedando unidos en comunión al obispo y al presbiterio no en orden al sacerdocio sino en orden al ministerio esto es para el servicio del pueblo de dios sea de la liturgia de la palabra o de la caridad el capítulo 4 nos presenta la condición específica y la misión de los laicos hombres y mujeres a los que atañen particularmente ciertas cosas cuyos fundamentos han de ser considerados con mayor cuidado a causa de las especiales circunstancias de nuestro tiempo a estos a los laicos les es propio el carácter secular pues no pertenecen al orden sagrado pero les corresponde por propia vocación tratar de obtener el reino de dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según dios los laicos se ocupan de los deberes y ocupaciones del mundo en las condiciones de la vida familiar y social en las que viven por lo que es en estos ambientes en los que deben santificarse y ayudar a la santificación del mundo que les rodea a modo de fermento mediante su testimonio de vida cristiano por la irradiación de la fe de la esperanza y de la caridad el documento enfatiza que todos los miembros de la iglesia religiosos y laicos forman un único pueblo de dios elegido por cristo un señor una fe un bautismo es común la dignidad de los miembros que deriva de su regeneración en cristo es común la gracia de la filiación y es común la llamada a la perfección pues una sola es la salvación única es la esperanza e indivisa la caridad en definitiva todos los fieles formamos un solo cuerpo en cristo jesús el texto reconoce que habiendo diversos caminos para la santidad existe una auténtica igualdad entre todos en cuanto a la dignidad y a la acción común de todos los fieles en orden a la edificación del cuerpo de cristo pues todos están vinculados entre sí por recíproca necesidad debiendo ponerse unos al servicio de los otros y al de los restantes fieles con el mismo ejemplo de cristo quien siendo señor de todo no vino a ser servido sino a servir cita de mateo 20 todos han recibido el bautismo y la confirmación que los prepara para la misma y única misión salvífica de la iglesia y para el apostolado también los laicos participan de la sagrada eucaristía en la que reciben los dones para ser sal de la tierra pues el sacerdocio común les capacita para ello en un mismo espíritu es más aunque la tarea de los laicos se orienta preferentemente a la vida familiar y matrimonial pueden tomar parte en otras actividades de colaboración estrecha con la jerarquía para una mayor evangelización y para el crecimiento del reino de dios en el mundo es por ello que se les reconoce el derecho de recibir con abundancia de los sagrados pastores los auxilios de los bienes espirituales de la iglesia en particular la palabra de dios y los sacramentos en la idea de que con una adecuada formación al igual que el resto de fieles cristianos puedan desempeñar cargos en el servicio que tienen que les encomiende la iglesia el capítulo 5 exhorta a todos religiosos y laicos a llevar una vida de santidad conforme a la fe profesada en primer lugar exhorta es lógico a los pastores de la grey de cristo a fin de que desempeñen con humildad y entusiasmo su ministerio a los presbíteros para que conserven el vínculo de la comunión sacerdotal y sean testimonio vivo de dios con su ejemplo a los diáconos que deben conservarse inmunes de todo vicio a fin de agradar a dios en todas sus tareas a los clérigos para adaptar su mentalidad y sus corazones a una vida asidua a la oración y a la austeridad de vida y finalmente a los esposos y padres cristianos para que sepan educar a la grey en las virtudes evangélicas con incansable amor en definitiva exhorta a cada cual en su estado incluidos los que de un modo u otro con enfermedad y sacrificios orientan sus vidas al cumplimiento de la voluntad divina en la que resplandecer en todo momento la caridad el capítulo 6 nos presenta la vida de los religiosos hombres y mujeres que deciden seguir los consejos evangélicos de la castidad consagrada a dios de pobreza y de obediencia como vida de santidad fundada en las palabras y ejemplos del señor y recomendada por los apóstoles y padres de la iglesia ellos son los sujetos pasivos preferentes de la pastoral del acompañamiento espiritual y de las enseñanzas del magisterio posterior habida cuenta de que los religiosos se muestran a todos los fieles como un ejemplo que puede y debe atraer eficazmente a todos los miembros de la iglesia a cumplir sin desfallecimiento los deberes de la vida cristiana más aún las oraciones de los clérigos son esenciales para el éxito de la misión que tiene la iglesia de evangelizar a todo el pueblo de dios el capítulo 7 nos presenta el fin escatológico de la salvación como culmen de la vida cristiana reafirma la unidad entre la iglesia que peregrina en la tierra y la iglesia celeste que goza ya de la presencia del señor esta realidad nos anima a la renovación del mundo pues la plenitud de los tiempos ha llegado a nosotros y por tanto es posible la renovación del mundo en la verdadera santidad aunque sea todavía una realidad imperfecta con todo mientras no lleguen los cielos nuevos y la tierra nueva donde mora la justicia la iglesia vive con esperanza la manifestación de los hijos de dios y finalmente el gozo de la gloria para contemplar claramente a dios mismo uno y trino tal como es sobre este aspecto el texto nos indica de forma elocuente como nos unimos a la iglesia celeste dice así la más excelente manera de unirnos a la iglesia celestial tiene lugar cuando especialmente en la sagrada liturgia en la cual la virtud del espíritu santo actúa sobre nosotros por medio de los signos sacramentales celebramos juntos con gozo común las alabanzas de la divina majestad y todos de cualquier tribo lengua pueblo o nación redimidos por la sangre de cristo y congregados en una sola iglesia ensalzamos con un mismo cántico de alabanza a dios uno y trino así pues al celebrar el sacrificio eucarístico es cuando mejor nos unimos al culto de la iglesia celestial entrando en comunión y venerando la memoria primeramente de la gloriosa siempre virgen maría más también de la bienaventurado jose de los bienaventurados apóstoles de los mártires y de todos los santos el capítulo 8 y último está dedicado específicamente a la santísima virgen maría madre de dios en el misterio de cristo y de la iglesia a la que debemos una veneración especial pues fue redimida de modo eminente en previsión de los méritos de su hijo unida a él con un vínculo estrecho e indisoluble está enriquecida con la suma prerrogativa y dignidad de ser la madre de dios hijo y por eso hija predilecta del padre y sagrario del espíritu santo maría permanece unida a la estirpe de adán con todos los hombres que necesitan de la salvación y por tanto es verdadera madre de los miembros por haber cooperado con su amor a que naciesen en la iglesia los fieles que son miembros de aquella cabeza cristo es proclamada como miembro excelentísimo y enteramente singular de la iglesia y como tipo modelo humano y ejemplar acabadísimo de la misma en la fe y en la caridad y aquí en la iglesia católica instruida por el espíritu santo venera como madre amantísima con afecto de piedad filial de aquí nace que todo acompañamiento espiritual oriente la piedad mariana como vía esencial de la santificación personal y para la propia edificación de la iglesia y a eso vamos a meditar a reflexionar sobre la necesidad de la oración de contemplación en los dos programas anteriores habíamos reflexionado sobre la oración vocal y la meditación en este vamos a tratar sobre la contemplación y con ello finalizamos las reflexiones que están en relación con el documento enseñanos a orar publicado por el dicasterio para la evangelización el pasado 21 de enero de 2024 con ocasión de la apertura del año de oración iniciado por el papa francisco un año decía dedicado a redescubrir a redescubrir el gran valor y la absoluta necesidad de la oración en nuestra vida personal en la vida de la iglesia y del mundo recordamos una vez más que el papa nos pide a los fieles que intensifiquemos la oración durante este año en la idea de prepararnos para la celebración del jubileo de 2025 un año de santo y de gracia para la iglesia de manera que estemos bien dispuestos para experimentar la fuerza de la misericordia de dios de este documento extraemos un par de párrafos que siguen a continuación primero dice el papa en la oración lo que se debe ofrecer es la vida misma incluso nuestra miseria sólo así podremos experimentar la compasión de dios que como un padre viene al encuentro de sus hijos lleno de amor misericordio 2 motivamos a todos los fieles a emprender el camino hacia los dones del jubileo descubriendo la misericordia la fuerza y el amor de dios y a concretizar la invitación del papa transformando este año 2024 en una gran sinfonía de oración para recuperar el deseo de estar en la presencia del señor escucharlo y adorarlo haciendo así de la oración el camino maestro hacia la santidad que conduce a vivir la contemplación incluso en medio de la acción la segunda cita está tomada de una carta que mandó el papa a su excelencia monseñor rino fisic fisi chela vamos a entrar en el tema estricto de la contemplación mirar la contemplación es el más alto grado de oración que podemos practicar los hombres se podemos decir que se relaciona con la oración vocal y con la oración de meditación porque sigue siendo un esfuerzo necesario forma parte de la estética ahora bien si en la oración vocal y en la meditación hacíamos uso de las potencias del alma memoria entendimiento y voluntad que estaban activas en la oración vocal y receptivas en la oración de meditación ahora en la contemplación lo importante es el silencio interior un silencio que nos pide el recogimiento de la mente y la quietud de la voluntad para simplemente permanecer en la presencia de dios en una unión íntima y espiritual que se convierte en adoración al amor de los amores decía el santo cura de ars yo le miro y él me mira pues eso es la oración contemplativa un permanecer simple y sinceramente en la presencia del señor decimos que la oración de contemplación supone el recogimiento de la mente la quietud en la voluntad y una unión íntima de ambas con el mismo y único espíritu de dios pues el divino espíritu anhela acercarse a sus criaturas para edificar las espiritualmente por eso decimos siempre que es el espíritu santo el que realiza la verdadera formación espiritual del ser humano pues sólo el amor de dios puede configurarnos configurarnos con cristo verdadero dios y verdadero hombre es él el único mediador entre dios y los hombres con su ofrenda voluntaria en la cruz con su muerte y resurrección ha alcanzado para la humanidad el retorno a la semejanza divina que perdimos por el pecado original bien cuál es el lugar por excelencia de la práctica de la oración de contemplación el lugar por excelencia de esta práctica es ante jesús eucaristía en la que el señor está presente realmente con su cuerpo sangre alma y divinidad también ante la exposición del santísimo sacramento o simplemente adelante el sagrario pues su presencia es permanente en el pan consagrado que deriva del sacrificio eucarístico y se ordena a la comunión de todos los fieles observemos que el señor ha querido quedarse con nosotros hasta el final de los tiempos observemos que cuando no es posible que vayamos a la presencia real del señor lo adecuado es recogernos en nuestro corazón para contemplarlo en nuestro interior como nos enseña el apóstol si vivimos de la comunión diaria el señor está con nosotros y nos dice el apuesto el apóstol mateo tu encambio cuando ores entra en tu cuarto cierra la puerta y ora a tu padre que está en lo secreto y tu padre que ve en lo secreto te lo recompensará pues bien decíamos si en la oración vocal nuestras potencias están activas y en la meditación están receptivas en la contemplación las potencias están sencillamente recogidas en la presencia del señor en silencio en quietud pero abiertas a la acción de la gracia la memoria el entendimiento y la voluntad se disponen en silencio interior a la acogida del espíritu santo vemos con todo lo dicho que las potencias siguen haciendo un esfuerzo necesario parte de la estética decíamos por lo normal que tengamos un combate continuo contra los pensamientos que nos sugiere la mente esa loca de la casa que diría santa teresa que no para de proponernos ideas que nos hacen apartarnos de la presencia de dios se oponen al recogimiento de la mente los pensamientos inoportunos los negativos o inútiles las preocupaciones las maquinaciones y las obsesiones pues nos apartan de la unión espiritual y perfecta con dios entendido así la oración contemplativa es una tarea comparable a la que realiza el campesino cuando dispone las acequias necesarias para el riego de la semilla en la idea de que pueda dar el fruto esperado por el sembrador al comienzo de la práctica de esta oración cuando no se tiene experiencia es frecuente que nos pasemos el tiempo apartando pensamientos inoportunos e inútiles en lo normal pero con la perseverancia iremos experimentando la paz interior un don de dios que favorece el recogimiento de la mente y la quietud de la voluntad pues nuestro corazón anhela estar unido a cristo y hacer en todo su voluntad observaremos que el señor en un instante de nuestra oración en una sintonía fina adecuada y bien recogida en un instante breve brevísimo puede depositar en nuestro corazón las gracias que necesitemos en la actualidad y bien pues poco a poco con la práctica de esta oración irá apareciendo una unión espiritual que perfecciona el entendimiento y armoniza la unión de la mente y de la voluntad de forma que vayamos señoreando nuestra vida con una actitud cada vez más coherente y sincera con la ayuda de la gracia iremos venciendo los vicios y las tendencias desordenadas de suerte que irán aflorando las virtudes cardinales prudencia justicia fortaleza y templanza en definitiva perseveramos en la práctica de la contemplación aunque en los comienzos nos puede parecer que no nos sirve de nada por ese combate de los pensamientos que decíamos al contrario pensemos que esto nos confirma que estamos experimentando la limitación humana en el seguimiento de cristo lo cual nos va a hacer más humildes y confiados a la gracia cuando no tengamos experiencia en la oración contemplativa conviene iniciarse con unos minutos cada día sin querer avanzar a pasos agigantados cinco minutos para empezar diez minutos cuando vayamos cogiendo confianza y si estamos distraídos cuando iniciamos esta oración es bueno ponerte delante una imagen de cristo una imagen que te recoja y que cuando tú veas que los pensamientos se te han ido abran los ojos y te recojas en esa presencia de dios o si estamos en la iglesia pues reconocerlo rápidamente otra vez en el sagrario en la exposición la idea es que seamos capaces poco a poco de llegar al menos a media hora diaria siguiendo las enseñanzas de jesús a pedro le decía no habéis podido velar una hora siquiera conmigo recordemos entonces que la oración de contemplación fue una novedad que aportó nuestro fundador en la adoración nocturna española es lo que llamamos la oración personal ante el santísimo sacramento la práctica correcta de esta oración contemplativa es muy importante para nuestro provecho pues en ella cuando no nos ocupamos en otra cosa buscamos la unión con el único y divino espíritu que procede del padre y del hijo observemos finalmente que hemos de mantener el silencio sin cantos ni otras ocupaciones pues es un elemento necesario el silencio de nuestro carisma de adoración al que debemos ser fieles a pesar de que hayan surgido nuevos carismas de adoración al santísimo sacramento podemos ayudarles en su promoción no está nada mal es parte de nuestro compromiso como adoradores ayudar otras formas de adoración al santísimo pero sin perder nuestro propio carisma de oración contemplativa en el silencio concluimos con cuatro puntos los temas que competen a la oración en conjunto después de las tres modalidades que hemos visto vocal meditación y contemplación llegamos a estas conclusiones sin oración la gracia de dios no puede actuar con lo que perdemos el fruto de santidad que espera el viñador dice el salmo si el señor no construye la casa en vano se cansan los albañiles es necesario por tanto orar diariamente para mantenernos fieles en el camino de perfección al que nos llama al señor cita de mateo ser perfectos como vuestro padre celestial es perfecto la oración vocal es la oración más humilde de la iglesia y hemos de estar acompañando a los más sencillos en el camino del seguimiento de cristo el rosario es un arma poderosa contra las insidias del diablo que no se debe abandonar bajo ningún pretexto y damos por la santidad de la iglesia y damos por los sacerdotes y pidamos por la paz del mundo hemos de esforzarnos en practicar el recogimiento de nuestras potencias da igual el modo de oración memoria entendimiento y voluntad tienen que cooperar por la oración vocal y la de la de meditación preparan los surcos que nos han de acercar a las fuentes de la contemplación esta es la oración que más nos acerca a cristo de eucaristía fuente divina de todas las gracias que dios ha dispuesto para las creativas la oración en definitiva es una vía de perfección que nos dispone a recibir mayores gracias por la acción del espíritu santo así lo han lo lo anunciaban ya los profetas los profetas cita de cequiel os impundiré mi espíritu y haré que caminéis según mis preceptos y que guardéis y cumpláis mis mandatos hagamos pues nuestras las enseñanzas de la iglesia siempre de la mano de la virgen maría madre de la iglesia y madre pues ella es nuestra profectora e intercesora y la mediadora de todas las gracias pues que así sea concluimos el programa de hoy antes de abrir líneas diciendo que el próximo viernes día 1 noviembre al ser la fiesta de todos los santos emitiremos el primer programa que grabamos de acompañamiento espiritual para los que no tuvieran ocasión de escucharlo es importante porque centra muy bien los temas y ayudará a actualizarse para el siguiente viernes día 8 noviembre analizaremos la constitución dogmática también de iberbun sobre la divina revelación y reflexionaremos sobre la necesidad de una observancia diaria en nuestra vida cristiana pues bien a partir de este momento están abiertas las líneas en el teléfono 910 60 70 93 para que hagáis vuestras preguntas o comentarios repito el número 910 60 70 93 podéis llamar en cualquier momento pero confiemos en que pueda darse todavía nos quedan unos minutos y si alguien quiere participar está a tiempo de hacerlo es importante que comprendamos muy bien lo que lo que venimos tratando y abundando sobre la realidad de la enseñanza que nos dio san agustín esa frase es tan tan relevante no cristo que te creo sin ti o dios que te creo sin ti no puede salvarse sin ti está en la clave la clave que nos demuestra que tenemos que hacer un esfuerzo necesario y la vía de unión con con dios es a través del espíritu no puede ser de otra manera si no hacemos si no nos ponemos de alguna manera en esa unión de oración es difícil que que podamos experimentar la es la gracia de dios no en nuestra vida yo por afirmaros no y buscar un poquito dar buenos ánimos pues os diré que mi devoción a la santísima virgen comenzó con tres avemarías ya habéis recibido en mis abuelos las enseñanzas más sencillas porque antiguamente pues tampoco vivíamos en los pueblos de una forma un poco muy discreta muy sencilla entonces la propia familia se encargaba de enseñarnos particularmente yo tenía una abuela que era la de alguna manera la experta en la materia y bueno pues con esa experiencia de tres avemarías me he mantenido unido a la gracia luego iba viviendo con el tiempo la voluntariedad para al menos mantenerme fiel a las misas familiales iba aprendiendo poco a poco de las familias y pasos agigantados en la preparación el matrimonio porque mi confirmación la hice también muy siendo niño yo empecé a la primera comunión la hice con siete años en la confirmación la tuve con 12 y quizás eran años muy tempranos pero eso sí es verdad la madurez de la vida antes venía mucho antes yo recuerdo perfectamente que con 14 15 años tenía una madurez de vida bastante notoria no con lo digo con modestia porque era era la realidad entonces no formamos de otra manera hoy la madurez de los jóvenes supera casi los 20 años hasta que se van dando cuenta un poco de la realidad y en este en este contexto es en el que estamos entonces sabemos que nos hemos criado muy en un ambiente material nos hemos programado mucho estudio mucho estudio académico me refiero que no está mal el estudio académico pero es verdad que en líneas generales pues se ha abandonado mucho la vivencia espiritual entonces aunque mantenemos unos mínimos a una buena mayoría todavía pero vemos que ahí pues eso mucha falta de formación pero sobre todo experiencia interna de dios no y es de lo que se trata entonces la iglesia está afianzando y además es consciente de que bueno hemos vivido también unos años ya en gloria que había muchísimos sacerdotes y cooperaban muy bien a la formación de los fieles yo me acuerdo perfectamente que en poblaciones de 30 40.000 habitantes había 10 12 14 sacerdotes y eso era muy común no pero hoy día están escasos entonces los seglares bien formados los laicos bien formados pues estamos llamados a cooperar con ellos bueno pues si no tenemos nada más si nadie quiere aclarar nada nadie pone un mensajito por whatsapp o le quiere decir nada pues lo vamos a dejar ahí y el que quiera a posteriori hacer algún comentario o contactar con nosotros pues lo puede hacer a través del enlace de mail que han recibido y la contestación será más personalizada y más pausada para la propia consulta muy bien pues nada más un saludo a todos y os enplazo de nuevo a la cita del día 1 repito que va a ser una reposición de programa emitiremos el primer programa que se grabó el 4 de octubre donde nos consagramos al espíritu santo y el día 8 de noviembre repito analizaremos la constitución dogmática de iberbún sobre la divina revelación y reflexionaremos sobre la necesidad de la observancia diaria en nuestra vida cristiana pues nada más gracias por vuestra atención que el señor nos bendiga a todos y hasta el próximo programa de acompañamiento espiritual
La necesidad de la oración de meditación. #3
Fecha: viernes, 18 de octubre de 2024, a las 21:00:00
Duración: 40:36
Mostrar transcripción de Episodio 3. La constitución 'Sacrosanctum Concilium', sobre la liturgia.
Transcripción de Episodio 3. La constitución 'Sacrosanctum Concilium', sobre la liturgia.
Buenas noches a los que me escucháis, os habla Javier Cedrián, sed todos bienvenidos al programa de acompañamiento espiritual, en el que siempre comenzamos recordando que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas sagradas, escrituras, de la tradición de la iglesia, del pensamiento teológico, de las enseñanzas de los santos padres, o de las experiencias en la vida espiritual que han tenido los santos. Bien sabemos que todo esto contribuye a la formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior. El Espíritu Santo es el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues solo Cristo es la cabeza de la iglesia de la que formamos parte para ser miembros del cuerpo místico de Cristo. Nosotros queremos la unión con el Espíritu Santo, no solamente para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa, allá por el 4 de octubre, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que sea el Espíritu Divino el que nos vaya transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comienza con la invocación al Espíritu Santo en la idea de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Invocamos al Espíritu Santo. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y encienden ellos el fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados y renovarás la paz de la tierra. Oh Dios, que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve María, bien eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ave María Purísima, sin pecado concebida María Santísima. Bien, pues entramos en materia. Recordamos que buscamos analizar los fundamentos teológicos que están relacionados con el acompañamiento espiritual, cuyas líneas se desarrollan por el magisterio de la iglesia después del concilio. En estos programas iniciales estamos analizando los principales documentos, vamos a empezar hoy, documentos que emanaron del concilio, son las llamadas constituciones, y en paralelo vamos reflexionando sobre las nociones esenciales que nos ayudan a conocernos más y mejor, en la idea de estar bien preparados para recibir las emociones y las inspiraciones que nos vaya suscitando el Espíritu Santo. En el programa anterior hicimos un análisis del contexto eclesial y social del concilio Vaticano II y también reflexionamos sobre la necesidad de la oración vocal. A partir de hoy y durante los próximos tres programas vamos a analizar el desarrollo del concilio Vaticano II centrándonos en los cuatro principales documentos conciliares, como he dicho, las llamadas constituciones. Para entenderlo bien diremos que las constituciones son los documentos del concilio que definen los principios fundamentales en la iglesia católica, esto es, su razón de ser. Una constitución se dice que es dogmática, antes se decía apostólica, cuando en ella se definen los principios que afectan a la misma fe o a la propia identidad de la iglesia católica. Bien, hoy seguimos con el desarrollo del concilio, decía, nos vamos a detener en la constitución sacrosanctum concilium, sobre la liturgia en la iglesia. También reflexionaremos sobre la necesidad de la oración de meditación en el marco siempre del año de la oración abierto por el Papa Francisco como preparación al jubileo de 2025. Sobre el desarrollo del concilio En los comienzos del concilio Vaticano II, muchos compartían la impresión de que comenzaba una nueva era para la iglesia, se quería cerrar el periodo de cuatro siglos bajo la influencia del concilio de Trento, que llevó de 1545 a 1563, incluso era la voluntad del Papa Juan XXIII que al nuevo concilio se le distinguiera del anterior concilio Vaticano I, celebrado en 1870. En adelante, por tanto, habría que hablar de preconcilio y posconcilio para entendernos bien. Había quien opinaba que la iglesia, después de vivir cuatro siglos bajo la influencia del concilio de Trento, necesitaría numerosos años para el desarrollo de uno nuevo. Otros creían que simplemente bastaba con aplicar los textos que surgieran en el seno de la iglesia, pero en realidad las cosas no fueron así exactamente. Los cuestionamientos del concilio Vaticano II, junto con la crisis de la civilización, mostraron la fragilidad de una iglesia en la que se iban expresando con mayor libertad las divergencias internas que había. En el desarrollo del concilio se dieron numerosas muestras de la complejidad que había para alcanzar acuerdos sinodales. Esto fue debido a la diversidad de procedencias culturales y de tradiciones representadas, cosa que no había ocurrido hasta entonces. Con cerca de 2.500 participantes de muy diversas comunidades eclesiales y ambientes culturales, todos ellos con distintas experiencias personales, esta nueva realidad quedó patente desde los comienzos del concilio y sigue manteniéndose en nuestro tiempo actual. De hecho, hoy en día se siguen produciendo debates teológicos de alto calado con la misma similitud a los que tuvieron lugar durante las sesiones del concilio. Podemos asegurar que el concilio permitió una clara apertura al diálogo de la iglesia con la cultura, con la ciencia, con los hombres de nuestro tiempo, y esto propició un dinamismo novedoso que evitó las tradicionales definiciones dogmáticas y las condenas del antiguo concilio de Trento. Con todo, se siguen mostrando carencias internas en la tradición jerárquica de la iglesia, a la que le cuesta abrirse a la integración de sacerdotes y laicos sin clericalismo religioso, como reconoció el cardenal Aulet el 12 de abril de 2022 en la presentación del simposio sobre la teología fundamental del sacerdocio que iba a tener lugar en Roma del 17 al 19 de febrero. A pesar de lo dicho, hemos de hablar de ciertos y grandes logros alcanzados. Una teología que vuelve a sus fuentes. La vuelta a la palabra de Dios permite la revalorización en la iglesia católica de algunos aspectos tradicionales un tanto olvidados debido a las polémicas antiprotestantes o antiortodoxos del pasado. El sacerdocio universal de los fieles, la iglesia como pueblo de Dios más que como un organismo jurídico y la colegialidad episcopal en torno al obispo de Roma con responsabilidad colectiva de todo el pueblo cristiano. Un segundo aspecto sería la apertura a los otros cristianos y a las otras religiones. La dignidad humana es percibida desde la nueva concepción antropológica, por lo que la libertad es un valor universal que vale no solo para los católicos en minoría, sino también para las minorías no católicas en medio de los católicos. Se pide considerar en primer lugar lo que los cristianos tenemos en común, Cristo y el Evangelio, sin acusar a los católicos de pecado y de cisma, y que los católicos reconozcan también sus deficiencias y responsabilidades para favorecer el ecumenismo. Sobre los no cristianos se pide descubrir la parte del conocimiento de Dios que se mantiene en cada una de las religiones, deplorando los odios, las persecuciones y todas las manifestaciones de antisemitismo de la historia. Otro aspecto es la constitución dogmática Lumen gentio de 1964 sobre la iglesia, que presenta una iglesia que en su misterio se pone en relación con el mundo, pueblo de Dios llamado a la santidad, sacerdocio común de los fieles, en donde los omispos, los sacerdotes, los laicos y los religiosos tienen un lugar específico por el bautismo recibido. La Virgen María fue presentada en su relación en esta constitución por su relación con el misterio de la iglesia. Otro aspecto es el decreto Adcentes de 1965, también positivo, sobre la actividad misional, que invita a todos los fieles a descubrir con gozo y respeto las semillas del verbo, Semina Verdi, que se ocultan en las tradiciones nacionales religiosas de los países de misión. Es de destacar la importancia de la expresión semillas del verbo y su posterior recesión, fórmula que fue tomada de San Justino, siglo II, lo que supuso un respaldo argumentativo importante del valor de la tradición. Esta es la fórmula más representativa y sugestiva del espíritu conciliar y de su actitud de diálogo con el mundo, así como del valor universal de la misión de Cristo y de la iglesia. Otro aspecto es la constitución pastoral sobre la iglesia Gaudium et Spes, también de 1965, en la que se reconoce que la iglesia ha de tener en cuenta los cambios de este mundo, pues no hacerlo fue el origen de múltiples conflictos y errores en el pasado. Debe considerarse el ateísmo con objetividad y buscar sus causas. Examina de forma más particular otros temas, como la cultura, la economía, la sociedad política y la construcción de la paz. La creación del secretariado para los no creyentes, abril de 1965, que respondía precisamente a estas preocupaciones. Razones similares a las expresadas para la fórmula semina verbi explican el éxito de la expresión signos de los tiempos, tomada de Mateo 16 .4, donde Jesús invita a la perspicacia y a la atención constante al reino de Dios. Fue usada por el Papa Juan XXIII en el documento de convocatoria del concilio, afirmando con fuerza profética su significado original. Decía así Haciendo nuestra la recomendación de Jesús de saber distinguir los signos de los tiempos, creemos descubrir y descubrir en medio de tantas tinieblas numerosas señales que nos infunden esperanza sobre el destino de la iglesia y de la humanidad. La fórmula quedó expresada en la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en Gaudium et Spes, la tenemos en el número 4. No obstante, cabe reseñar que los temas sobre el matrimonio, en cuanto al hijo, el uso de anticonceptivos o el celibato, que carecían de un desarrollo amplio, no pudieron ser incorporados finalmente por expreso deseo de Pablo VI, con lo que quedaron pendientes de estudio y de reflexión ulterior. En definitiva, el Concilio Vaticano II es auténticamente dinámico, con lo que sigue abierto a una mayor participación de los fieles, siempre en diálogo con una sociedad cambiante que nos exige estar atentos a los signos de los tiempos, con lo que podemos decir, con seguridad, que el concilio continúa desarrollándose en la actualidad. Añadiremos que el valor sinodal que el Papa Francisco está desarrollando actualmente nos permitirá superar las diferencias internas, poco a poco, pues la diversidad es una riqueza que engrandece a la que el Espíritu Santo sacará, sin duda, lo mejor de cada uno con el paso del tiempo. Pues bien, nos vamos a centrar en el documento de hoy, la constitución sacrosántum concilio, sobre la liturgia en la iglesia. Con este documento, el sacrosántum concilio, se propone tres cosas. Primera, acrecentar de día en día entre los fieles la vida cristiana. Segundo, adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones que están sujetas a cambio continuo. Tercero, promover todo aquello que pueda contribuir a la unión de cuantos creen en Jesucristo y fortalecer lo que sirve para invitar a todos los hombres al seno de la iglesia. Por eso cree que le corresponde de un modo particular proveer esta reforma y fomentar la liturgia de una manera ordenada. En el capítulo primero se expresan las líneas teológicas, eminentemente cristológicas y eclesiológicas, así como las líneas pastorales que orientan la reforma y el fomento de la liturgia, justificando así su razón de ser en la acción sacramental de Cristo. En la liturgia se ejerce la obra de nuestra redacción de forma eficaz, especialmente en el divino sacrificio de la Eucaristía, pues la iglesia, siendo humana, expresa su naturaleza divina en los elementos invisibles que celebra, por los que recibe el alimento para su peregrinar en este mundo y la fuerza del Espíritu Santo para cumplir su misión evangelizadora, a fin de llevar a la unidad a todos los hijos de Dios. El documento reconoce la diversidad de ritos, pero orienta la necesidad de revisarlo con prudencia, de acuerdo con la sana tradición, para que los fieles reciban nuevo vigor en las realidades de cada iglesia local. Su justificación mira a los principios de la obra salvadora que se realiza en Cristo, pues Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, cita de Primera Timoteo 2. Todo ello sin olvidar que Dios habló antiguamente y en muchas ocasiones y de diferentes maneras a nuestros padres por medio de los profetas. Cita de Hebreos 1, enfatiza además que la iniciativa es de Dios quien ha enviado a su Hijo el verbo hecho carne ungido por el Espíritu Santo para evangelizar a los pobres y curar a los contritos de corazón como mediador entre Dios y los hombres. Con su misterio pascual de la pasión y muerte, con la resurrección de entre los muertos y con su gloriosa ascensión, Cristo destruyó nuestra muerte y restauró nuestra vida, pues de su costado, dormido en la cruz, nació el sacramento admirable de la iglesia entera. El texto compara a la iglesia con Cristo, pues como Cristo fue enviado por el Padre a su vez, Cristo envió a los apóstoles llenos del Espíritu Santo no sólo para anunciar la salvación a los hombres, sino para realizarla con la celebración de los sacramentos, especialmente por la Eucaristía, por medio de los cuales recibimos la gracia de Dios y sus dones inefables. De ahí que es de suma importancia la especial atención que otorga a la presencia permanente de Cristo en las celebraciones litúrgicas, quien ahora se ofrece bajo las especies eucarísticas. Así sucede en todos los sacramentos, de modo que cuando alguien bautiza, es Cristo el que bautiza. Cuando se lee en la iglesia la Sagrada Escritura, es él quien habla. Cuando la iglesia ora, Cristo está presente, pues es Cristo el que invoca a su Señor y por él tributa el culto al Padre eterno. La iglesia es presentada como cuerpo místico de Jesucristo, por lo que necesita unirse a la cabeza para ejercer el culto público íntegro, con una acción sagrada cuya eficacia no puede ser igualada por ninguna otra acción eclesial. Es más, las celebraciones litúrgicas unidas en Cristo están en unión con la liturgia celestial que se celebra en la Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén, hacia la que nos dirigimos como peregrinos. Todos estamos llamados a vivir con los santos que nos han precedido, con los que esperamos unirnos para gozar de la eternidad con nuestro Salvador y Señor Jesucristo, cuando Él se nos manifieste glorioso. De ahí que, seguidamente, se otorga mucha importancia al valor de la fe, pues los hombres han de aceptar previamente las enseñanzas de la iglesia para acceder luego a los sacramentos que dan la fuerza para vivir en plenitud las virtudes que nos lleven a cumplir todo cuanto Cristo nos mandó. Pues bien, para atender la necesidad de una buena formación de los fieles, el documento busca implicar a todos los sacerdotes, indicándoles que son ellos los que deben alentar al pueblo fiel a participar de forma consciente, activa y fructuosa para asegurar una plena eficacia. Dice así, es necesario que los fieles se acerquen a la sagrada liturgia con recta disposición de ánimo, pongan su alma en consonancia con su voz y colaboren con la gracia divina para no recibirla en vaino. No podemos perder de vista que los contenidos de la Sacra Sanctum Concilium están dirigidos a toda la iglesia, a todos los fieles, a los que les otorga un papel responsable con la educación religiosa de todos los pueblos, pues el pueblo cristiano es el linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido. Primera de Pedro. Esto nos lleva al reconocimiento que se sigue de una necesaria formación de profesores de liturgia, pero sobre todo a una praxis de vida litúrgica comunitaria en los seminarios e institutos religiosos, así como a una praxis de vida litúrgica de todo el clero, con la finalidad ulterior de que éstos estén preparados y puedan formar de igual manera al pueblo fiel. Finalmente, el documento establece las normas generales y particulares de toda la vida litúrgica de la iglesia. No vamos a entrar en ello, pero trata sobre la celebración de los sacramentos y sacramentales, confirma la obligación santa para el clero de seguir el oficio divino y ordena el año litúrgico con sus tiempos específicos, dando una mayor relevancia a la celebración del domingo y a la participación secular en las celebraciones litúrgicas, particularmente en las festivas, con cantos religiosos acordes a cada celebración. En mi opinión, sentadas estas bases, cabe destacar que el Concilio buscaba una implicación mayor del clero para que, en primer lugar, se forme adecuadamente para luego poder enseñar a todos los fieles a vivir plenamente la praxis litúrgica conforme con las sagradas escrituras y con la tradición, vía necesaria para su edificación espiritual. También hay que destacar que la formación litúrgica y su praxis se perciben como componente esencial que deberá tenerse en cuenta en el acompañamiento espiritual de todos los fieles, especialmente, decía, en los seminarios y en los institutos de vida consagrada, pues estos son los que deben enseñarlo al pueblo fiel. En conclusión, vemos que aparece una nueva realidad de comunión en la Iglesia, en la que se aprecia la necesidad de que todos los fieles aprendan y hagan suya la práctica de la oración y de su participación en la vida litúrgica y sacramental de la Iglesia. Pues bien, en este contexto de acompañamiento espiritual, buscamos cubrir la necesidad de facilitar a todos los fieles una sana formación personal, por lo que hoy hablaremos de algo más. La necesidad de la meditación como vía de oración personal y comunitaria que nos lleva a prepararnos para la oración contemplativa. Si en el artículo anterior o en el programa anterior hablábamos sobre la oración vocal, en este hablaremos sobre la oración de meditación. Continuamos así reflexionando sobre el documento Enseñanos a Orar, publicado por el Dicasterio para la Evangelización el pasado 21 de enero de 2024, con ocasión de la apertura del año de oración iniciado por el Papa Francisco, un año dedicado a redescubrir el gran valor y la absoluta necesidad de la oración en nuestra vida personal, en la vida de la Iglesia y del mundo. Recordemos que el Papa nos pide a los fieles que intensifiquemos la oración durante este año, a fin de prepararnos para la celebración del jubileo de 2025, un año santo de gracia para la Iglesia, en la idea de que estemos dispuestos para experimentar la puerta de la misericordia de Dios. Del citado documento extraemos algunas enseñanzas del Papa Francisco en los párrafos que sigue. Primero, la oración es un diálogo íntimo con el Creador, un diálogo que parte del corazón, del corazón humano, para alcanzar el corazón, el corazón de Dios y su misericordia, capaz de transformar nuestra vida, ampliando con su sencillez la riqueza del magisterio de la Iglesia. Segundo, la oración es la relación viviente de los hijos de Dios con su Padre, infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo. Catecismo 2565. En este diálogo el fiel no sólo habla a Dios, sino que aprende también a escucharlo, encontrando las respuestas y la dirección a la luz de su presencia silenciosa. La oración se convierte así en el puente entre el cielo y la tierra, un lugar de encuentro donde el corazón del hombre y el corazón de Dios se encuentran, en un diálogo de amor interesante. Tercero, en la oración es Dios quien nos debe convertir, no somos nosotros quienes debemos convertir a Dios, lo que se debe ofrecer es la vida misma, incluso nuestra miseria. Sólo así podremos experimentar la compasión de Dios como un padre que viene al encuentro de sus hijos lleno de amor misericordioso. Cuarto, es en la oración litúrgica donde la iglesia se reconoce como un cuerpo único que se dirige a su Señor. Catecismo 2641 al 43. Donde hay oración hay comunión y donde hay comunión hay oración. Vemos así entonces con estas reflexiones del Papa Francisco que la oración en sus distintos grados, sea vocal, sea meditada, sea contemplativa, va desarrollando de una manera ordenada el uso de las potencias del alma, la memoria, el entendimiento y la voluntad. Como ya vimos, la oración vocal nace en el corazón y la expresamos con la boca para elevarla hacia el Padre con la mediación de Jesucristo. El proceso de la oración de meditación es inverso, recibimos la palabra de Dios por los sentidos, por los oídos, por la vista, los ciegos con el tacto y la traemos al corazón. En verdad, ambos procesos se complementan, pues la oración vocal ya nos ha predispuesto a la acogida de la palabra de Dios y a un tiempo nos va orientando a la contemplación de los misterios con el rezo del Santo Rosario. Así entendido, la oración de meditación supone llevar al corazón la palabra de Dios, pero también es meditación la reflexión que educa la fe y edifica espiritualmente a la persona. Por eso podemos meditar también los textos de las enseñanzas de los padres de la Iglesia, las del magisterio más reciente y actual, también las reflexiones y enseñanzas de los santos que nos han precedido. Todo ha de ser llevado al corazón con el ejemplo de la Virgen María, que conservaba todo en su corazón. Cita de Lucas 2. Distingamos siempre que una cosa es tener conocimiento de la palabra de Dios, de cualquier reflexión de los santos, de cualquier reflexión de los santos padres, pero otra cosa es acoger la palabra de Dios y conservarla para la propia edificación espiritual y sobre todo para su puesta en práctica. Si en la oración vocal nuestras potencias están activas, en la meditación nuestras potencias están receptivas. La memoria, el entendimiento y la voluntad se disponen a la lectura o a la escucha atenta de la palabra de Dios, con lo que la dispersión de las potencias se hace prácticamente nula. Si estamos atentos a la palabra, si estamos atentos a la escucha, difícilmente podremos distraernos. Pero observemos que la dispersión de las potencias, una distracción, nos hace perder la concentración y la debida atención a la palabra de Dios. Por esta razón necesitamos continuamente esforzarnos en mantener el recogimiento de las potencias en esa presencia de Dios. Decíamos con San Agustín que el esfuerzo humano es necesario, es lo que llamamos ascética. Este esfuerzo humano necesario nos permitirá que la gracia de Dios con la fuerza del Espíritu Santo pueda depositar su obra en lo más íntimo de nuestro corazón. Esto, la acción de la gracia, es la mística. No la vemos, por eso se dice mística, misterio, pero lo que sí que tenemos claro es que el esfuerzo humano, el esfuerzo de la ascética, es necesario para que se den las condiciones, podamos estar de alguna manera en la armonía y en la onda de poder recibir las inspiraciones y las emociones del Espíritu Santo. Pues bien, este grado de oración, la meditación, es la que practicamos en nuestras vigilias nocturnas al leer los textos que nos propone la Iglesia en la liturgia de las horas. En ellos meditamos la palabra de Dios contenida en las escrituras, sean lecturas, salmos, etc. En el oficio de lecturas también leemos algunas reflexiones de los padres de la Iglesia y del Magisterio e incluso se nos proponen los ejemplos de la vida de los santos en las diferentes reflexiones mensuales. La atención en estas meditaciones que hacemos es muy importante para nuestro provecho, pues hemos de procurar meditarlas con serenidad, en el reposo de nuestras potencias, conscientes de que el corazón recibe la presencia del Señor sin ocuparnos en otra cosa, evitando que las lecturas se queden en una simple recitación vocal. Así nos lo enseñaba nuestro fundador, el venerable don Luis de Trelles. Lectura reposada, oración meditada, ¡qué importante! En definitiva, solo una buena disposición permitirá que por la meditación, el Espíritu de Dios haga la perfecta edificación espiritual en el corazón de todos cuantos meditan su palabra y sus enseñanzas. En consecuencia, la oración de meditación nos es necesaria para que la semilla pueda ser depositada en nuestro corazón. Recordemos, es por la oración de meditación que la palabra de Dios es sembrada en el corazón de los hombres para que podamos dar fruto abundante. Si la oración vocal preparó las potencias del alma para la siembra, ahora la oración de meditación permite la siembra de la palabra que necesita toda criatura para para dar el fruto esperado por el Creador. Con ello estamos recibiendo nuevas gracias y seguimos ejercitando y afianzando el recogimiento de la mente, la quietud en la voluntad y la vivencia de las virtudes que el espíritu evangélico nos va proponiendo. Entendido así, la oración de meditación es una tarea comparable a la que realiza el campesino en la siembra de la semilla tras haber preparado la tierra con la oración vocal. Recordemos que sin oración la gracia de Dios no puede actuar para fortalecer los dones naturales que hemos recibido, con lo que se pierde el fruto esperado por el Viñador. En conclusión, hemos de esforzarnos en practicar el recogimiento de nuestras potencias, la memoria, el entendimiento y la voluntad. Pues la oración de meditación es la oración que prepara la cequia que nos ha de acercar a las fuentes de la contemplación. Oración sobre la que meditaremos en el próximo programa. Perseveremos entonces en hacer nuestras las enseñanzas de la Iglesia, siempre de la mano de la Virgen María, Madre de la Iglesia y Madre Nuestra, pues ella es nuestra protectora e intercesora y la mediadora de todas las gracias. Que así sea. Bien, pues terminamos por hoy. Solo me queda decir que este programa ha sido grabado, con lo cual no tenemos opción de entrar en un diálogo abierto hoy. Estoy de viaje y no ha podido ser. Cualquier pregunta que tengáis, guardarla, apuntarla, que no hay problema y en nuevos programas lo iremos viendo y lo iremos aclarando. Por cierto, hubo un fallo en el sistema de la tecnología y las conexiones estaban fallando, pero ya está todo arreglado porque es más desconocimiento a veces de cómo tiene que estar configurado para que no haya ningún problema. Con lo cual, esperamos que para próximos programas todo esté ya en orden y bien dispuesto. El próximo programa conversará sobre la constitución dogmática Lumen Gentium, sobre la Iglesia, que es del año 1964. Y como ya había comentado, reflexionamos también sobre la necesidad de la oración de contemplación. Pues bien, quedamos a la espera de un nuevo encuentro. Un saludo a Dios, gracias por vuestra atención y que el Señor nos bendiga a todos.
La necesidad de la oración vocal. #2
Fecha: viernes, 11 de octubre de 2024, a las 21:00:00
Duración: 53:46
Mostrar transcripción de Episodio 2. El contexto eclesial y social del Concilio Vaticano II.
Transcripción de Episodio 2. El contexto eclesial y social del Concilio Vaticano II.
Buenas noches a todos los que me escucháis, sed todos bienvenidos al programa de acompañamiento espiritual en el que siempre vamos a recordar que la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios, de las sagradas escrituras, de la tradición de la iglesia, del pensamiento teológico, de las enseñanzas de los padres, incluso las experiencias de la vida espiritual que han tenido los santos. Todo esto contribuye a una buena formación de la conciencia y de la razón, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior. Decíamos que el Espíritu Santo es el que va edificándonos para ser configurados con Cristo, pues sólo él es la cabeza de la iglesia de la que formamos parte para ser miembros del cuerpo místico de Cristo. Y es que nosotros queremos la unión con el Espíritu Santo, no solamente para vivir mejor o más confiados, sino sobre todo para que nos santifiquen y que podamos llegar a lo más sublime de la vida espiritual. En el primer programa que tuvimos el día 4 de octubre pasado, nos ofrecimos y consagramos nuestras vidas al Espíritu Santo en la idea de que sea él el que nos vaya formando y transformando día a día. Por esta razón, nuestro programa siempre comenzará con la invocación al Espíritu Santo en la idea de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas las cosas y nos vaya configurando con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, inciende en ellos el fuego de tu amor, envía tu espíritu y serán creados y renovarás la faz de la tierra. Oh Dios, que has ilustrado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que guiados por el mismo Espíritu sintamos rectamente y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Dios te salve María, llena de gracia el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Comenzamos recordando que en el programa anterior hicimos una síntesis de lo que era el acompañamiento espiritual, de lo que es. Es un encuentro de acompañante y acompañados, pero ambos bajo la guía del Espíritu Santo. Decíamos que el modo ideal de desarrollarlo, de hacerlo, es por medio de conversaciones y en directo. Pero antes de llegar a eso necesitamos asentar, en primer lugar, algunas enseñanzas del magisterio más reciente de la iglesia en la materia. Por eso vamos a dedicar cinco programas a analizar lo que supuso el concilio Vaticano II, tratando de analizar los fundamentos teológicos que están relacionados con este acompañamiento, cuyas líneas teológicas se desarrollan posteriormente por el magisterio de la iglesia. En estos programas iniciales sintetizaremos los principales documentos que emanaron del concilio, son las constituciones, y en paralelo vamos a ir reflexionando sobre las nociones esenciales que nos ayudan a conocernos más y mejor, a fin de que estemos bien preparados para recibir las nociones y las inspiraciones que vaya suscitando el Espíritu Santo en nosotros. Hoy analizaremos sólo el contexto eclesial y social de los momentos previos al concilio Vaticano II y reflexionaremos sobre la necesidad de la oración en el marco del año de la oración abierto por el Papa Francisco como preparación al jubileo de 2025. Entramos en materia. La idea de realizar un concilio estaba ya presente en la mente del Papa Pío XI cuando accedió en su pontificado el año 1922. El concilio Vaticano I, ante la amenaza de la guerra francopusiana, fue suspendido por Pío IX el 20 de octubre de 1870, con lo que quedaron muchos temas por desarrollar. Según Luis Marín, de la Orden de San Agustín, el Papa Rati, tras su elección, expresaba en la encíclica Ubiarcano la idea de convocar oportunamente en Roma, cabeza del mundo católico, una solemne asamblea de este carácter universal que buscase un remedio oportuno a la actual, en aquel momento, decadencia provocada por las grandes perturbaciones de la humanidad. Siguiendo al Padre Marín, Agustino, Pío XI nombró una comisión que estudiase lo que quedaba por hacer según el plano original del concilio Vaticano I y ordenó hacer una consulta a todos los cardenales y a varios obispos para que expresaran su parecer sobre la conveniencia de continuarlo o no, pero habida cuenta de los problemas más urgentes que acuciaban al Vaticano por la cuestión romana, ese problema que tenían de Italia desde 1870 buscaba anexionarse Roma y esto implicaba la extinción del poder temporal de la Santa Sede. Este problema no terminará hasta 1929 con la firma de los pactos de Letrán entre Benito Mussolini y Pío XI. Pues bien, este problema y los problemas propios de la sociedad por el ascenso de los totalitarismos, el Papa decidió esperar a que, son palabras suyas, a que la bondad misericordiosa del Señor nos manifieste con mayor certeza los designios de su voluntad, por todo lo cual el concilio, la convocatoria del concilio quedó sin llevarse a efecto. Con todo, tras la Segunda Guerra Mundial del 39 al 45, las corrientes más conservadoras propugnaban la realización de un concilio doctrinal que corrigiese errores y desviaciones, aportara seguridades, fijase la posición de la iglesia frente al mundo y reforzara la disciplina eclesiástica. Tengamos en cuenta también que había otros asuntos presentes en la iglesia como eran la definición dogmática de la Asunción de María y una revisión del Código de Derecho Canónico. Pío XII, en su pontificado desde el 39 al 58, creó cuatro comisiones preparatorias coordinadas por una comisión central que presidía Monseñor Francesco Boncongini, nuncio apostólico en Italia, la cual contaba como secretario con el padre Pierre Charles, profesor de teología dogmática en el Colegio Máximo de Lovaina. Pero el Papa Giovanni, a la vista de la división de criterios que había en las comisiones y de que la realidad exterior del mundo cultural y social ofrecía un contraste enorme con la realidad existente en aquellos años del Concilio Vaticano I, 1870, decide en enero de 1951 suspender todos los preparativos y abandona la idea de convocar el nuevo concilio. Entretanto el obispo Angelo Giuseppe Roncalli ya estaba en París como nuncio de la Santa Sede desde el año 1945 al 52. Así lo sugiere Hilary Reiger, quien aprecia que el obispo Roncalli ya contemplaba en Francia un catolicismo nuevo que tras la guerra atravesaba un periodo de gran vitalidad, de nueva teología, movimientos bíblicos litúrgicos, patrístico ecuménico y catequético, la misión de Francia, sacerdotes obreros, etcétera, en cuya realidad social tuvo el futuro papa la experiencia de relacionarse con la política parlamentaria. Como bien reconoce Reiger, sólo le faltaba para el alto designio al que Dios lo tenía destinado la experiencia del ministerio episcopal y ésta la adquiriría cuando en 1953 fue creado cardenal y nombrado patriarca de Venecia. Pues bien, tras la muerte de Pio XII, la elección del papa Juan XXIII, octubre de 1958, con 77 años de edad y 50 de sacerdocio, parecía asegurar que la iglesia viviría una etapa de serena transición, pero contra todo pronóstico, el 25 de enero de 1959, el papa anuncia la convocatoria del concilio. Así lo expone Monseñor Díaz Merchan, obispo emérito de Oviedo, expresidente de la Conferencia Episcopal Española desde 1981 al 88, quien afirma que fue una decisión acogida con escepticismo en la curia, pero con esperanza entre los fieles, quienes desde el final de la Segunda Guerra Mundial habían trabajado por el diálogo y la paz a través de la fe, porque el concilio hubiera sido imposible sin la base. Monseñor Díaz Merchan destaca que el papa, con impulso renovador y apoyando su debilidad en la divina providencia, fue movido a abrir las puertas y ventanas de la iglesia para comunicarla con el mundo exterior y prepararla para la misión evangelizadora de la nueva sociedad que estaba gestándose. Juan XXIII, que se caracterizaba por su inclinación netamente pastoral, supo poner en valor el papel de la iglesia en el mundo, tal y como quedó patente en la encíclica Mater et Magistra, año 1961. También se ocupó de orientar la paz de las naciones en plena Guerra Fría, tras la llamada crisis de los misiles de octubre de 1962, con la encíclica Pachel in Terris, del año 63. Quería una iglesia abierta al mundo, pero preparada y capaz de mostrar una unidad sin fisuras, una estrecha unión con Cristo-Eucaristía, idea que tomó de pío décimo, pero también con sus pastores. Es de destacar que durante la década de los 60, además de una falta de comunicación entre la iglesia y el mundo en el ámbito interno, estaban presentes otros temas, como la llamada cuestión social, que había iniciado el Papa León XIII con la Rerum Novarum, el año 1891, la famosa palabra ayornamento, ese querer mirar de nuevo a las escrituras y a los santos padres, para cimentar una renovada actualización de la iglesia. También estaba la cuestión del problema de la libertad religiosa, el encuentro del cristianismo con las religiones no cristianas, etcétera. Pero el concilio, aunque iba a significar una renovación de la pastoral en la iglesia católica de suma importancia, Juan XXIII no pudo llevarlo a término porque le sobrevino la muerte el 3 de junio de 1963, momento en el que tan sólo había discurrido la primera de las etapas conciliares, 1962 al 63. Un Papa Juan XXIII es de feliz memoria y de la que hacemos precisamente memoria hoy, 11 de octubre. Entonces sería Pablo VI el que reanudaría el concilio tras su elección el 21 de junio de 1963 y el que lo guiaría hasta la finalización en tres etapas conciliares sucesivas que llevaría desde 1963 al 65. Pablo VI, dando continuidad al proceso iniciado por Juan XXIII y haciendo honor al nombre elegido, buscó el diálogo eclesial con el mundo, con las otras religiones y con los no creyentes, pretendiendo con ello esencialmente una misión renovadora de la iglesia, una difusión del mensaje de Cristo para todo el orden. Así lo indica un estudioso eclesiástico, Zamit, quien defiende la idea de que Pablo VI percibió el diálogo como una de las claves del concilio, pues ya desde sus inicios pastorales hasta su elección como pontífice, el Papa Montini estaba impulsado a volcarse en el diálogo con el mundo. Es un diálogo abierto al mundo, pero que pone en el centro de las preocupaciones de la iglesia para asomarse a cada situación particular en la que el hombre se encuentra. Así lo manifestó el Papa en su discurso de apertura de la segunda sesión del concilio el 29 de septiembre de 1963 y que merece la pena escuchar. La iglesia decía, asumada a la ventana del concilio abierta sobre el mundo, mira con particular interés a determinadas categorías de personas, mira a los pobres, a los necesitados, a los afligidos, a los hambrientos, a los enfermos, a los encarcelados, es decir, mira a toda la humanidad que sufre y que llora, ésta le pertenece por derecho evangélico y nos, plural mayestático, complacemos en repetir a cuantos la forman, venid a mí todos. Vemos pues un diálogo de la iglesia abierto al mundo y al hombre, pero que también mira hacia su interior, pues el Papa, haciéndose cargo de la dirección personal del concilio, supo dialogar abiertamente con todos los sectores internos para tratar de acercar las posturas contrapuestas de, pues eso, las distintas corrientes geológicas que había. Con todo, la iglesia buscaba salir de su encantamiento para superar el clericalismo del pasado, para orientar la barca hacia unos derroteros renovados, pero también renovadores. El concilio consigue promulgar unos documentos de gran calado que, en palabras de San Juan Pablo II, son fundamentales para edificar la iglesia, decía así el Papa Juan Pablo II. Es necesario leerlos de manera apropiada y que sean conocidos y asimilados como textos cualificados y normativos del magisterio dentro de la tradición de la iglesia. En estos documentos, el concilio nos ha ofrecido, decía, una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza. Hemos de reconocer que ya habían pasado 90 años desde la celebración del concilio Vaticano I, cuando la investigación teológica y bíblica católica comenzaba a mirar a los principios, al propio carácter mistérico y sacramental de la iglesia instaurado por Cristo, buscando pues eso, abandonar el pensamiento neoescolástico y la interpretación literal de las escrituras. Se quería mirar de nuevo a las escrituras y a los santos padres, pero con la idea de recuperar las fuentes en las que cimentar una renovada actualización de la iglesia, eso es lo que se llama el ayornamento, que le permitiera afrontar los aspectos pastorales y dogmáticos que habían quedado sin resolver en el concilio anterior. La iglesia quería entrar en diálogo abierto con el mundo moderno, pues éste había planteado grandes desafíos asociados al cambio político, al cambio social, económico, tecnológico, y lo quería hacer adaptando la disciplina teológica a las necesidades de los nuevos tiempos, promoviendo el desarrollo de la fe católica por la renovación moral de la vida cristiana de los fieles, pero mirando de nuevo a su santa tradición sacramental y mistérica. Entre sus objetivos también estaba en lograr que la iglesia pudiera relacionarse con las demás religiones, muy en particular con las religiones orientales, de ahí el carácter ecuménico del concilio. Y así lo apreciamos en los documentos del concilio que se estructuran en cuatro grupos que tratan sobre temas cruciales para la iglesia. Primer documento sobre la liturgia, la Constitución Sacrosanctum Concilium de 1963. Segundo documento, segunda constitución sobre la iglesia, la Constitución Lumen Gentium de 1964, la Dei Verbum, la revelación de 1965 para tratar los temas dogmáticos, y la relación con el mundo, la vemos en la Gaudium et Spes de 1965. Son cuatro documentos en los que podemos ver que se hace una referencia continua a las sagradas escrituras y a la tradición, cuyos textos vamos a analizar en los cuatro futuros programas. ¿Para qué? Pues para poner en valor los fundamentos esenciales que centran nuestro tema, el acompañamiento espiritual. Tengamos muy presente que todo lo que hemos visto hasta ahora está en la base de los documentos, cuatro columnas que van a fundamentar todo un programa de evangelización del mundo católico y del mundo no cristiano. Una de las partes principales que vamos a descubrir es que el acompañamiento espiritual juega un papel importantísimo en esta tarea. No se ha desarrollado, como ya dije, de una manera inmediata, porque el acompañamiento espiritual, entendido como antes del concilio, como una dirección espiritual, estaba en crisis. Ha costado un poquito de tiempo el ir convenciendo y orientando lo que es el acompañamiento espiritual y siempre, como decía al principio, dando el protagonismo al Espíritu Santo, porque nadie se puede, de alguna manera, apropiar de la dirección espiritual de ninguno de los acompañados. Este fue un error del pasado, un autoritarismo exacerbado que llevó a que los acompañados se negaban, de alguna manera, a ser acompañados o a ser dirigidos con una actitud de obediencia ciega. Pues bien, nosotros pasamos a valorar ahora o a reflexionar algo que nos es interesante para nuestra edificación, la necesidad de la oración vocal. Lo primero que vamos a hacer es recordar algo que ya vimos también, esta frase de San Agustín, dice el Señor que te creó sin ti, no puede salvarse sin ti. ¿Qué quiere decir esto? Recordamos una vez más que hay un esfuerzo necesario por parte de los cielos, por parte de nosotros. Hay un esfuerzo necesario y a esto, a ese esfuerzo que hace el hombre por acercarse a Dios, lo llamamos ascética. De suerte que cuando vamos avanzando en este camino de la ascética aparece la gracia de Dios que nos va confortando, que nos va animando, que nos va guiando, que nos va edificando, que nos va configurando con Cristo y esto es algo que no se ve. Por eso se llama mística. Cuando tratemos temas de este calado de formación espiritual siempre haremos un balance y una comparativa en estas dos líneas, ascética ascendente pero también mística descendente, porque es la gracia la que actúa en el hombre. Bien, vamos a comenzar esta meditación o esta reflexión con un texto del Evangelio de San Lucas. Lo acabamos de leer ayer en el Evangelio. Es un fragmento pero vais a recordarlo de inmediato. Dice así, pues yo os digo a vosotros palabras del Señor, pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá, porque todo el que pide recibe, el que busca haya y al que llama se le abre. Lucas 11 9 10. Este pasaje de Lucas, que como decía, lo hemos visto ayer, nos plantea una pregunta inmediata. ¿Qué es lo que tenemos que pedir, buscar o esperar a que se nos abra? Y la respuesta nos otra. Pues el mismo Jesús nos dice que el Espíritu Santo es el primero que abre nuestro espíritu, nuestro corazón y nos enseña todo lo que se refiere al Padre y al Hijo. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena, pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Juan 16 13. Y esto nos pone de manifiesto que es por el Espíritu, o mejor aún, en el Espíritu donde podemos conocer al Padre y al Hijo de forma inseparable. De manera que el texto, una vez más, nos llama a esperar el don del Espíritu Santo, con cuya gracia seremos capaces de perseverar en el seguimiento de Cristo para, como decíamos, ser edificados y configurados con Él. Este es el don más preciado del Padre y del Hijo, su mismo amor, que lo reciben los que lo piden, lo encuentran los que lo buscan y se abre a los humildes de corazón. En definitiva, la oración sincera y perseverante, hecha con recogimiento de la mente y quietud de la voluntad, nos va preparando a participar de la paz y del amor que unen al Padre y al Hijo. Por eso nos dice, buscad el reino de Dios y su justicia, que lo demás se os dará por añadida. Pues bien, en este contexto evangélico, el pasado 21 de enero de 2024, el Papa Francisco inició la apertura de un año de oración. Decía así, textualmente, un año dedicado a redescubrir el gran valor y la absoluta necesidad de la oración en nuestra vida personal, en la vida de la Iglesia y del mundo. El Papa nos pide a los fieles que intensifiquemos la oración durante este año, a fin de prepararnos para la celebración del jubileo de 2025, un año santo y de gracia para la Iglesia, en la idea de que estemos dispuestos a experimentar la fuerza de la misericordia de Dios. En este sentido, el Dicasterio para la Evangelización publicó un documento que lleva por título, Enséñanos a orar, con el que se nos invita a todos a reflexionar sobre la importancia de la oración en la preparación del jubileo. Del citado documento extraigo los párrafos que siguen. Primero, la celebración de un año santo, que encuentra su origen más remoto en la tradición hebraica del jubileo, Jobel, como tiempo de perdón y reconciliación, representa, a partir del año 1300, una ocasión especial para meditar sobre el gran don de la misericordia divina que siempre nos espera y sobre la importancia de la conversión interior, necesarios para poder vivir los dones espirituales otorgados a los peregrinos durante el año santo, renovando la relación que une a los bautizados como hermanos y hermanas en Cristo y con toda la humanidad en cuanto amada de Dios. Segundo, en sus catequesis, el Papa ha indicado en varias ocasiones cómo la oración es el camino para entrar en contacto con la verdad más profunda de nosotros mismos, donde está presente la luz misma de Dios, como enseñaba San Agustín. El Papa Francisco motiva a orar con perseverancia, subrayando cómo la oración constante transforma no sólo a la persona sino también a la comunidad que lo rodea, también allí donde el mal parece haber tomado la delantera. Tercera cita, que la oración sea, por lo tanto, la brújula que orienta la luz que ilumina el camino y la fuerza que sostiene en la peregrinación que conducirá a cruzar la puerta santa. A través de la oración podremos llegar con un corazón preparado para acoger los dones de la gracia y de perdón que el jubileo nos ofrecerá en cuanto a expresión viva de nuestra relación con Dios. Sumerjámonos, pues, con la oración en un diálogo continuo con el Creador, descubriendo la alegría del silencio, la paz del abandono y la fuerza de la intercesión en la comunión de los santos. Este subsitio, podemos decir, tiene la única intención de ayudar a renovar el espíritu de oración en todos aquellos contextos que estamos llamados a vivir cotidianamente. Busca que los seglares nos impliquemos. Cada parte, desde el significado de la oración en la dimensión personal hasta su práctica en la vida comunitaria, se propone ofrecer reflexiones, indicaciones y consejos para vivir más plenamente el diálogo con el Señor presente en la relación con los demás y en cada momento de nuestra jornada, con sesiones dedicadas a la oración en la comunidad parroquial, en la familia, así como otras dedicadas y orientadas a los jóvenes, a las comunidades de un claustro, a las catequesis, a los retiros espirituales, etc. Como bien sabemos, tres son las formas de oración que enseña la iglesia. Esto está en el catecismo, la oración vocal, la meditación y la contemplación. Pues bien, en este programa vamos a profundizar en el valor de la oración vocal, dejando las otras dos formas para los futuros programas. Podemos decir que la oración vocal es la oración inicial y más básica que practican los fieles. ¿Con ella qué hacemos? Seguir la inspiración del Espíritu Santo porque Él ya ha puesto la semilla en nuestro corazón y ora con nosotros. Es el don incipiente que desarrolla el don de piedad, don que se acrecienta más y más cuando vamos experimentando la acción de la gracia de Dios. Pero el Espíritu ya reza con nosotros. Vamos a analizar lo que es la oración vocal en sí. La oración vocal, sea personal o sea comunitaria, siempre expresa la pertenencia a una comunidad plural, a la iglesia, en la que fuimos injertados por la gracia de Dios en nuestro bautismo. La oración nace entonces en lo más íntimo, en el corazón. Se expresa con la boca en forma de alabanza, en forma de petición por nuestras necesidades o las de otras personas y, cómo no, de acción también, de acción de gracias. Nada se pierde porque los ángeles recogen nuestras oraciones y las presentan al Padre con la mediación de los santos, con la mediación de la Virgen María, pero también del mismo Cristo Nuestro Señor en unión de su Santo Espíritu. Vamos a ver algunos textos que, sobre la oración, el Papa desarrolló el Papa Francisco en sus catequesis entre el año 2020 y 2021. Decía así, primera cita. La oración es la primera fuerza de la esperanza. Tú rezas y la esperanza crece, avanza. Yo diría que la oración abre la puerta a la esperanza. La esperanza está ahí, pero con mi oración le abro la puerta. Segunda cita. La oración de Jesús es el lugar donde se percibe que todo viene de Dios y a él vuelve. A veces nosotros, los seres humanos, nos creemos dueños de todo o, al contrario, perdemos toda estima por nosotros mismos. Vamos de un lado para otro. La oración, eso sí, nos ayuda a encontrar la dimensión adecuada en la relación con Dios, nuestro Padre y con toda la creación. Tercera cita. A través de la oración sucede como una nueva encarnación del Verbo. Somos nosotros los tabernáculos donde las palabras de Dios quieren ser acogidas y custodiadas para poder visitar el mundo. A través de la oración la palabra de Dios viene a vivir en nosotros y nosotros vivimos en ella. La palabra inspira buenos propósitos y sostiene la acción, nos da fuerzas, nos da serenidad y también cuando nos pone en crisis nos da paz. Cuarta cita. Todo en la iglesia nace en la oración y todo crece gracias a la oración. Cuando el enemigo, el maligno, quiere combatir la iglesia lo hace primero tratando de secar sus fuentes e impidiéndole rezar. La oración es la que abre la puerta al Espíritu Santo que es quien inspira para ir adelante. Los cambios en la iglesia sin oración no son cambios de iglesia, son cambios de grupo. Última cita. Jesús no sólo quiere que recemos como él reza sino que nos asegura que aunque nuestros intentos de oración sean completamente vanos e ineficaces, siempre podemos contar con su oración. Debemos ser conscientes. Jesús reza por mí. Vamos a ir concluyendo pues con todo lo dicho podemos decir que la oración vocal nos es necesaria como el agua a las criaturas sin la cual no tendríamos vida en nosotros. No debemos abandonar la oración vocal bajo ningún pretexto. Más bien debemos apreciar en todo momento esos bienes que produce. ¿Qué sucede dentro de nosotros? La oración vocal activa las potencias del alma, la memoria, el entendimiento y la voluntad. De suerte que nos dispone a aprovechar más aún la oración de meditación y contemplación, de las que hablaremos más tarde, afianzando así nuestro recogimiento de la mente, la quietud en la voluntad y la vivencia personal en la práctica de las virtudes que es el espíritu evangélico el que nos va comunicando. También nos anima la oración a afianzar la fe, animarnos en la esperanza y a practicar la caridad y como no también ejercer las virtudes cardinales, la justicia, la prudencia, la fortaleza, la templanza. Entendido así la oración es una tarea comparable a la que realiza un campesino en la preparación de la tierra para que pueda recibir la semilla. El campesino vigila la tierra y no cesa de labrarla para que pueda respirar, va eliminando siempre por las piedras, las malas hierbas, esas que obstaculizan la siembra. Tal es la tarea de la oración para el alma que quiere dar frutos de santidad. Sin oración la gracia de Dios no puede actuar y pierde el fruto esperado por el viñador. En definitiva perseveremos unánimes en la oración del santo rosario pues es la oración que la Virgen María nos ha pedido para atraer la fuerza del espíritu y los dones de la gracia de Dios tanto en el ámbito personal como en el ámbito eclesial y por la paz del mundo. Pues que así sea. Solo me queda deciros que en el próximo programa, antes de entrar, antes de abrir líneas para entrar en diálogo, si queréis, el próximo programa pues analizaremos esos documentos que he comentado. Comenzaremos por la constitución dogmática sacro santo un concilio sobre la sagrada liturgia y reflexionaremos sobre la necesidad de la oración de meditación. Podéis ir marcando. Os recuerdo el número de teléfono. Los que queráis participar hay dos líneas abiertas 910 60 70 93. Repito 910 60 70 93 Tenemos a Carmen. No sé si quiere participar Carmen. Le abrimos micrófono. ¿Tienes el micro abierto Carmen? Vale. Buenas noches Javier o Francisco Javier. Javier. Javier. Vale Javier. Es que son cosas tan tan interesantes y de verdad que es que yo que me considero una persona bastante ignorante en muchas cosas pues no sé qué preguntarte pero me ha pues eso me ha hecho mucha ilusión el valor de la oración vocal aunque últimamente parece que que bueno últimamente no porque se estaba se estaba dando mucha importancia mucho valor a la oración del rosario el santo rosario que la virgen siempre sus apariciones lo ha potenciado ha dicho recemos el rosario pero parece como que la otra oración era como más subida más sublime más la meditación o la contemplación eso estaba yo creo más para gente consagrada para religiosa religiosos sacerdotes y bueno bueno bueno vosotros de la oración nocturna tantos años por supuesto eso también lo habéis practicado pero la gente de a pie como digo yo la gente sencilla pues con oración vocal el rosario las oraciones que hemos aprendido desde niños de boca de nuestros padres nuestras madres nuestras catequistas que nos prepararon para pues con eso nos parece que nos teníamos conforme que nos conformábamos pero ahora como dices tú tan la importancia pues oye a mí me ha llenado eso de alegría parece que a veces rezamos y rezamos despistadamente pero no era san juan 23 precisamente quien decía que un rosario aunque sea mal rezado vale más rezar lo que no rezar que no rezar ninguno no es así es así la base la oración tiene una base muy sencilla es repetitiva aprende uno el padre nuestro desde chico el ave maría de gloria y lo que hace es encadenar unas alabanzas a la virgen que se convierten en eso una una elevación de oración desde el corazón y una disposición a la voluntad de dios esa es la base del rosario se puede pedir siempre por alguna intención por eso podemos ofrecer el rosario empezar por ahí el que siempre digo lo mismo el que no tenga costumbre que no se apure no se trata de rezar de la noche a la mañana uno no puede entrar directamente de tipo te metes en un rosario para estar 20 minutos media hora siguiéndolo y el que no tiene práctica pues claro le cuesta como el que empieza a hacer deporte tiene que empezar con unos estiramientos unos movimientos empezamos eso mi devoción mariana empezó con tres sanes marías ya lo he dicho alguna vez voy a repetirlo siempre empieza uno con tres sanes marías capta a la segunda hasta dormido porque yo me acuerdo que rezábamos cuando era niño claro no no y ya de mayor incluso yo llegaba cansado ya y decía nena vamos decía mi esposa en su día vamos a rezar tres sanes marías toda la noche venga pues venga y a la segunda ya ya estaba ya estaba que me caía quiero decir con esto que la parte humana tiene su debilidad pero el don de la fortaleza se va trabajando y se va se va aún haciendo músculo como el que está haciendo deporte y uno poco a poco va sintiendo la necesidad de orar un pelín más otro poquito más otro poquito más y esto es así y entonces de lo que se trata es de que no seamos no seamos negados vale en la siguiente oración pues nos va a venir por medio de una necesidad de aprender la oración vocal te va llevando a la meditación iremos avanzando en esta tarea pues podemos anticipar algo ya para entender que pues eso si en la oración vocal las potencias están activas lo que va a ocurrir en la oración meditada es que las potencias están receptivas ya no es el espíritu en nosotros que va elevándose hacia afuera sino que la palabra de dios la meditación que estoy haciendo sobre la vida de santos sobre la el magisterio las enseñanzas de los padres va entrando hacia nuestro interior y es una actitud receptiva pero exige esa oración también exige que las potencias estén actuando es decir no se trata de que estemos anulados el hombre tiene unas capacidades y las tiene que poner al servicio de la gracia de dios también porque si no perdemos de alguna manera perdemos la realidad bueno no sé si he contestado a tu pregunta Carmen me oyes se nos ha escapado me decías a mi Javier si no veo que haya no es que estaba no estaba cuidado una hermana con 89 años también y estaba un momento desconectada yo tengo la gran suerte mi familia de habernos aparte de mi maestra de párvulos que nos preparaba que porque yo tomé la comunión con seis años entonces tengo 67 o sea que hace más de 60 años que yo ya recibí la primera comunión y la maestra de párvulos es que nos nos hacía aprender el catecismo de Ripalda el famoso catecismo pequeño de Ripalda de memoria no lo sabíamos todo de memoria entonces eso es aparte de mi madre he recibido también la fe de parte de mi madre que era muy religiosa y en casa de muchos años rezamos el rosario en familia entonces yo en principio cada uno lo rezaba sola hasta que yo se me ocurrió digo oye pues si lo vamos a rezar cada uno sola porque no nos juntamos a una hora y lo rezamos todas en familia que ganamos muchísimo más entonces por eso yo soy muy devota del santo rosario porque siempre en mi casa la familia siempre nos hemos juntado luego eso se pasó en el pueblo pues se pasó porque por ejemplo el mes de mayo pues para facilitar que no hay nadie que participe por eso me enrollo más a vez porque si hay alguien por ahí que Emilio me parece que estaba conectado y si no cortaba y el mes de mayo por ejemplo en el mes de mayo por ejemplo pues en vez de hacerlo en la iglesia cuando ya la gente en el pueblo se hizo mayor las señoras se hicieron mayores pues iban a mi casa entonces se hacía durante el mes de mayo se rezaban en el rosario las flores en mi casa entonces luego el mes del corazón de Jesús por lo mismo o sea hemos recibido de nuestros antepasados ahora pues claro por desgracia pues esas cosas de rezar en familia pues ya no está tan al alcance porque sobre todo en las ciudades que cada uno lleva una hora diferente entonces es más complicado yo también viví esa experiencia de chico de hecho es lo que te marca un poco para toda la vida por eso hay que enseñar a la gente menuda por encima de todo hay que estar catequizando y edificando no escandalizando porque si le damos mal testimonio eso le va a quedar marcado pues esto fue muy importante en mi vida también mis padres me acercaron a la adoración nocturna siempre pues es un crío un crío un tarsicio que me acuerdo que me decía me decía siempre mi mamá dice mira donde ves ese discito ese disco blanco dice ahí está el señor metido en el pan tú estate mirándolo y yo me acuerdo pues eso que hacía una simplemente una mirada estática y un recogimiento ya empezaba ya a practicar el recogimiento de la mente para para no distraerme y entonces pues uno aprende estas cosas desde niño no tiene más misterio luego pues las he entendido las he llevado a la práctica con más perfección y he ido desarrollando poco a poco porque es una labor que va haciendo el espíritu ya decía no es el solo leer cosas el ir el ir poco a poco dejando te dejando te transformar y dejándote configurar bueno carmen pues muchas gracias voy a dar paso a emilio por si quiere decirnos algo vale emilio estás ahí buenas buenas noches don javier buenas noches que tal he estado escuchando el programa muy interesante como siempre bien preparado bien ofrecido y ahora lo que nos queda pues ponerlo en práctica que gracias por las preparaciones y por transmitir también muy bien bueno pues poquito a poco iremos aprendiendo de los que ya lleváis tiempo en esto porque esto hay que hacer casi un cursillo aparte para manejarte las tecnologías y saber lo que tenemos que hacer en cada momento poco a poco iré perfeccionando lo y mejora vale tú me puedes dar una impresión así sobre lo que ves sobre lo que oyes el ritmo de cadencia de la palabra el tono que te parece yo creo que se te ha entendido bastante bien ha estructurado muy bien que es importante y ha encadenado las ideas de cara de cara pedagógica para que nos vayamos enterando mejor y pendiente ya de las otras de las otras constituciones del vaticano segundo porque la de liturgia debe ser interesante también muy interesante ya veréis que sigue porque las cuatro no pero porque son los son los pedestales son las columnas del concilio vaticano segundo y en verdad ya percibís lo que es la realidad de la iglesia el concilio vaticano segundo desarrolló una serie de constituciones una serie de textos perfectamente meditados perfectamente trabajados perfectamente orientados con esa base de la realidad eclesial que había pero el desarrollo está todavía en marcha es decir el concilio vaticano segundo no ha terminado de llevarse a efecto de hecho esta semana fijaros fijaros cómo estamos pero es así esta semana la biblioteca de autores cristianos ha publicado un texto un libro que analiza estas constituciones que yo voy a ir comentando las analiza todavía a la luz de la de la realidad actual de la iglesia o sea que estoy seguro que llegará a una de las conclusiones a las que llega es que está en desarrollo continuo todavía porque el espíritu es el que va el que va guiando y el que va promoviendo el camino de la iglesia no es la iglesia avanza o retrocede en la medida que el espíritu la frena o la espíritu la le da vigor lo nuestro pues lo nuestro es dar importancia a lo que podemos aportar como decíamos nuestro nuestra estética nuestro esfuerzo es la vida de oración la vida de oración nos aseguran que al menos estamos pidiendo por las necesidades de toda la humanidad y esto es lo que vivimos en la elaboración nocturna la oración nocturna no trabaja para el bien de los afiliados o de los asociados no desde el espíritu de su fundador don luis de trelles tiene muy claro que tiene un carácter expiatorio pidiendo por toda la iglesia y por toda la humanidad porque este es el sentir del padre del hijo y del espíritu santo que la gracia llegue al mayor número de almas posibles y que la la promesa de la salvación alcance a todos cuantos sea posible y es esto es así bien pues por mi parte por mi parte nada más si no quieres añadir nada yo creo que podemos estar por terminado el programa y es en plazo para el siguiente comentaros y aprender a aprender a hacerlo bien y no salirnos de las líneas bueno a ver si intentaremos sí que voy a voy a comentaros un detalle y es que con esto terminamos me sucede porque llevo llevo muchas tareas o varias tareas no y entonces la semana próxima con seguridad voy a estar de viaje y es posible que tenga que grabar el programa pero bueno quedará grabado quedará expuesto tal vez sobre un poquito más de tiempo que dedicamos al diálogo y no os preocupéis que si surgen preguntas o alguien me las quiere hacer yo iré abriendo más vías para que hagáis llegar las preguntas que queráis hacer estoy ya digo que estoy empezando y a mí manejar el teléfono el whatsapp la presentación del tema el chat interno las tecnologías de comunicación de la propia radio etcétera pues para mí esto es una cosa nueva hasta que yo no vaya dominando estas cosas no quiero abrir nuevas vías pero os anticipo que vais a tener la posibilidad de volver a escuchar con las grabaciones que se van haciendo y habrá en su momento un lugar en la web donde poder recuperar la escucha de los temas que hemos tratado así que estaros tranquilos que habrá ocasión de poder potenciarlo para aquellos sobre todo que no pueden oírlo en esta hora por las circunstancias que sea y que lo puedan escuchar a posteriori un domingo por la tarde más tranquilos y ya está yo quiero terminar ahí que voy a buscar sintetizar no irme por las ramas como habéis visto tratar de ser exhaustivo eso sí contar cosas efectivas e interesantes y bueno pues nada más muchas gracias por la escucha gracias por esa atención como se suele decir con los cinco sentidos un abrazo a todos
La necesidad de la oración. #1
Fecha: viernes, 4 de octubre de 2024, a las 21:00:00
Programa #1 (1x01).
Temática: Acompañamiento espiritual.
En el programa "Acompañamiento Espiritual" de hoy, por ser el primero que emitimos, analizamos lo que es el acompañamiento espiritual a la luz de las enseñanzas de la Iglesia y de la antropología del ser humano. Seguidamente, reflexionamos sobre la necesidad de la oración, sin la cual, no tendría sentido el acompañamiento espiritual.
Este programa fue emitido en radio online LaVendée el día 04/10/2024.
La radio se puede escuchar con Alexa diciendo "abre directo LaVendée". O en la web lavendee.es.
Puedes contactar a través del correo electrónico acompanamientoespiritual@lavendee.es o a través de Whatsapp en el +34910607093.
Duración: 58:01
Mostrar transcripción de Episodio 1. Introducción al acompañamiento espiritual.
Transcripción de Episodio 1. Introducción al acompañamiento espiritual.
Buenas noches, viernes 4 de octubre de 2024, son las 9 de la noche y en esta temporada comenzamos un nuevo programa denominado Acompañamiento Espiritual, que lo va a llevar Javier Zebrián y ahora mismo se presentará y nos dará más información sobre en qué va a consistir este así que muchas gracias Javier por unirte a este proyecto y cuando quieras. Muy bien, buenas noches particularmente a los oyentes, yo soy Javier Zebrián, actúo como de alguna manera un acompañante espiritual ya con experiencia porque yo he sido acompañado desde el año 87, con lo cual podéis entender que tengo realmente una vivencia personal larga, lo vais a notar seguro que en breve, pero no solamente eso, estoy dedicado como vocal de formación en el Consejo Nacional de la Adoración Nocturna, también lo vais a notar porque muchos de los temas que vamos a tocar estarán enlazados perfectamente con la espiritualidad que vive la Adoración Nocturna. Nada más que añadir, esto es lo principal y lo más importante, después de haberme quedado viudo, decidí formarme en teología, soy licenciado superior en teología y bueno lo más importante decía no es esto, ahora lo veréis que enseguida vais a comprender, lo importante es que llevo una experiencia de vida espiritual bastante dilatada. Bien, pues sin más dilación os voy a introducir un poquito en esto del acompañamiento espiritual. Mirad, la verdadera formación espiritual no es el simple conocimiento de las cosas de Dios, de las sagradas escrituras, del pensamiento teológico siquiera, de la tradición de la iglesia, de las enseñanzas de los santos padres o de las experiencias de la vida espiritual que han tenido tantos santos, todo eso contribuye notoriamente a la formación de la conciencia, pero la verdadera formación espiritual es la que va realizando el Espíritu Santo en nuestro interior. El Espíritu Santo es el que va edificándonos para ser configurados con Cristo. Sólo Cristo es la cabeza de la iglesia de la que formamos parte, pero esto es importante, vamos a formar parte del cuerpo de Cristo. Él es la cabeza y la iglesia el cuerpo místico de Cristo. Por esta razón nuestro programa va a comenzar todos los días con la invocación al Espíritu Santo, en la idea de que el paráclito prometido por Jesús nos vaya enseñando todas estas cosas, nos vaya configurando, como hemos dicho, con Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Pero hoy es el primer día de programa y vamos a hacerlo de una manera especial, vamos a consagrarnos al Espíritu Santo con una breve reflexión. Nosotros queremos la unión con el Espíritu Santo no solamente para vivir mejor o más confiados, sino que sobre todo para que nos santifique y que podamos llegar a lo más sublime de esa vida espiritual que se nos anuncia. En consecuencia vamos a ofrecernos al Espíritu Santo haciendo una sincera consagración de nuestras vidas en la idea de que sea Él el que nos vaya transformando desde este primer día. Y la vamos a hacer con las palabras de un sacerdote benedictino, Eugenio Van Der, sacerdote belga que siguió los pasos de Santa Teresa del Niño Jesús y de San Buenaventura. Oremos. Espíritu Santo, amor unitivo del Padre y del Hijo, fuego sagrado que Jesucristo nuestro Señor trajo a la tierra para quemarnos a todos en la llama del eterno amor. Te adoro, te bendigo y aspiro con toda el alma a darte gloria. Con este fin te hago esta ofrenda con todo mi ser, cuerpo y alma, espíritu, corazón, voluntad, fuerzas físicas y espirituales. Me doy a ti y me entrego tan plenamente como le sea posible a tu gracia acogerlas a las acciones divinas y misericordiosas de ese amor que eres tú en la unidad del Padre y del Hijo. Llama ardiente e infinita de la Santísima Trinidad, deposita en mi alma la chispa de tu amor para que la llene hasta desbordar de ti mismo, para que transformada por la acción de tu fuego en caridad viva pueda con mi sacrificio irradiar luz y calor a todos los que se me acerquen. Así sea. Bueno, pues nos metemos en materia. Os voy a hacer una breve síntesis de lo que es el acompañamiento espiritual. Mirad, a partir del concilio Vaticano II, los papas han ido alentando la necesidad de que los pastores, los presbíteros, sacerdotes, diáconos acompañen a los fieles espiritualmente. El concilio ya primó la idea de ser eminentemente pastoral, prefiriendo la exposición serena de la apologética, es decir, la predicación, a la condena o a aquella iglesia de alguna manera excesivamente dogmática, que todo lo exigía por dogmas de fe. En este sentido, recordemos que la Iglesia busca hoy día proponer la fe y no imponerla. Si en los años previos al concilio se apreciaba una crisis importante en la dirección espiritual, ya en adelante el magisterio busca ponerlo de nuevo en valor y lo hace superando los malos entendidos del ejercicio de esa dirección, otorgando un papel preponderante al Espíritu Santo como verdadero configurador del corazón del hombre. Importante es entender esto. ¿Por qué? Porque en la Iglesia ha habido ciertamente abusos de esa dirección espiritual donde al acompañado se le exigía a veces una obediencia ciega. Lo que diga el abad, lo que diga el que preside, todo esto ha cambiado. Se da un sentido mucho más espiritual, protagonismo verdadero al Espíritu Santo y ambos serán guiados por el mismo Espíritu. Uno para hacer la labor de acompañante, el otro para hacer esa tarea suya que es la de ser acompañado, que también tiene su propia acción. Por esta razón, con el tiempo vamos viendo que el término dirección espiritual se ha ido transformando en acompañamiento espiritual. Con esto se significa que el Espíritu es el que reparte gracias especiales entre los fieles de cualquier estado o condición y los distribuye, distribuye sus dones a cada uno según quiere. De todo esto se encargó la lumen gentil, concretamente el número 12 tiene estos términos expresados. La Iglesia quiere potenciar la formación espiritual de todos, sí, pero especialmente de los sacerdotes y consagrados y lo hace así pensando en la labor pastoral deseada en favor del acompañamiento espiritual de todos los laicos, sin excepción, pues sabemos que los laicos somos los llamados a contribuir al crecimiento y santificación incesante de la Iglesia, pero también a ser presente y operante a la Iglesia en los lugares y circunstancias donde ella no puede llegar. Para ser eso, sal de la tierra, estamos cada uno en nuestros familias, cada uno en nuestros barrios y todos estamos llamados a cooperar directamente con el apostolado de la jerarquía. Y la Iglesia lo quiere hacer con un espíritu de apertura y del diálogo con el mundo, con el hombre, con las áreas del conocimiento, entre los entendidos, los teólogos de las diversas confesiones cristianas, en la búsqueda insistente del significado profundo del texto, de las escrituras, teniendo en cuenta esa dimensión antropológica del hombre. Esto es importante y lo veremos a continuación. Esta nueva percepción está patente en las enseñanzas de los santos padres, quienes han mostrado una preocupación constante por el acompañamiento espiritual como medio eficaz de dar a conocer las verdades reveladas en la persona de Cristo, quien es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación. Decía San Agustín algo así como, Dios que te creo sin ti, no puedes salvarte sin ti. ¿Qué quería decir San Agustín? Pues que tenemos un esfuerzo necesario que realizar. Todo lo que el hombre hace para acercarse a la unión con Dios es lo que llamamos ascética, esfuerzo necesario. Y todo lo que concierne a la acción de la gracia de Dios en respuesta a nuestra ascética es lo que llamamos mística. Pues bien, el acompañamiento espiritual va a tratar de estos dos aspectos, de estas dos líneas, podemos decir, de comunicación la vía ascética y la vía mística. Bien, volvemos un poco a la antropología del ser humano. ¿Cómo es el ser humano? ¿Cómo está constituido? El ser humano tiene unas potencias que desarrollar. Tiene una memoria, tiene un entendimiento y tiene una voluntad. Estas potencias del alma hemos de tener muy presente que han de trabajar unidas. Las tres potencias reflejan la imagen de Dios unitrino, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Nosotros evidentemente no somos Dios, pero sí somos reflejo de esa imagen de Dios. Necesitamos, por lo tanto, formar nuestra conciencia para que rija ordenadamente nuestro entendimiento y nuestra voluntad en conformidad con la voluntad de Dios. ¿Y cómo podemos conseguir esto? Pues esto es posible con ese esfuerzo necesario que hemos comentado, pero siempre contando con la ayuda de la gracia de Dios. Por tanto, necesitamos percepcionar el recogimiento de la mente, la quietud de la voluntad, para que ambas trabajen unidas por el mismo espíritu que recibimos en la gracia. Ese espíritu que nos va santificando y que nos va perfeccionando. Pues bien, en este sentido, el camino de perfección que deseamos ha de iniciarse por medio del esfuerzo, la oración, sin la cual nunca tendrá sentido el acompañamiento espiritual, porque se pierde la perspectiva del fin que buscamos, que es la perfección del hombre con la ayuda de la gracia de Dios. Se puede explicar de muchas maneras, pero hay que entenderlo desde el principio. Sin oración, el acompañamiento espiritual no tiene sentido, ni fuerza, ni validez, ni eficacia alguna. Decía San Buenaventura, al abrigo del tema de la oración, si quieres saber cómo se realizan estas cosas, pregunta a la gracia, no al saber humano. Pregunta al deseo, no al entendimiento. Pregunta al gemido expresado en la oración, no al estudio y la lectura. Pregunta al esposo, no al maestro. Pregunta a Dios, no al hombre. Pregunta a la oscuridad, no a la claridad, no a la luz, sino al fuego que abraza totalmente y que transporta hacia Dios con unción suavísima y ardentísimos afectos. Claro, la experiencia de San Buenaventura franciscana, ya sabemos cuál es. Vamos a recapitular un poco la realidad en la que nos encontramos. Nosotros nos movemos con las enseñanzas del Antiguo y del Nuevo Testamento. Decíamos que el Antiguo Testamento, o se suele decir, para entenderlo bien, el Antiguo Testamento era ya el preludio de la Nueva Alianza y la Iglesia afirma, con unas palabras muy sencillas, algo que es curiosísimo. Dice, en el Antiguo Testamento está latente ya el Nuevo y en el Nuevo está patente el Viejo. ¿Por qué? Porque el Nuevo Testamento está haciendo referencias continuas al Antiguo para que se cumplieran las Escrituras. ¿Cuántas veces está escrito eso, verdad? Pues bien, para nosotros va a ser muy importante conocer el Nuevo Testamento y eso es parte de la oración. Iremos descubriendo ahora lo que es la oración poco a poco. Iremos trabajando sobre esto para entender bien qué es la oración vocal, qué es la oración meditada y qué es la oración contemplativa. Nos podemos posicionar un poquito en el conocimiento del Antiguo Testamento para no perdernos. Mirad, el Antiguo Testamento nos muestra cómo la flaqueza humana lleva al hombre al olvido de Dios una y otra vez, con lo que faltaba a la alianza que Dios había establecido con el pueblo de Israel. Esta situación también se repite hoy en nuestros días, con lo que es bueno que revisemos las enseñanzas de Jesús para corregir estas tendencias desordenadas en la idea de que seamos capaces de encontrar un equilibrio personal en nuestra vida que nos permita vivir en la seguridad de sabernos acompañados por el Espíritu de Dios y que además sepamos enseñárselo a nuestros hermanos en aquellos entornos en los que vivimos. Veamos algunas de estas enseñanzas. Retorna al Señor y abandona el pecado. Reza ante su rostro y elimina los obstáculos. Vuélvete al Altísimo y apártate de la injusticia, pues él mismo te guiará de las tinieblas a la luz salvífica y detesta con toda el alma la abominación. En el abismo, ¿quién alabará al Altísimo como lo hacen los vivos y quiénes le darán gracias? Para el muerto, como quien no existe, desaparece la alabanza. Sólo el que está vivo y sano alaba al Señor. ¡Qué grande es la misericordia del Señor y su perdón para los que retornan a él! El hombre no puede tenerlo todo, porque ningún humano es inmortal. ¿Qué hay más luminoso que el sol? Y también se eclipsa. Los que son carne y sangre maquinan el mal. Dios pasa revista al ejército de las alturas celestes. Los hombres son todos polvo y ceniza. Eclesiastes 17. Pese a todo, pacientemente, el Señor fue guiando al pueblo escogido por medio de los profetas. Les iba proponiendo a los hombres una y otra vez el retorno a la conversión, su vuelta a la casa del Padre. Y así lo expresa el profeta Isaías. Buscad al Señor mientras se deja encontrar. Invocadlo mientras está cerca. Que el malvado abandone su camino y el malhechor sus planes. Que se convierta al Señor y él tendrá piedad a nuestro Dios, que es rico en perdón y misericordia. Porque mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos, oráculo del Señor. Cuanto dista el cielo de la tierra, así distan mis caminos de los vuestros y mis planes de vuestros planes. Isaías 55. En definitiva, apartarnos del pecado es una responsabilidad individual, la tiene cada uno. Pues sin la conversión del corazón hacia las buenas obras, estamos muertos y nuestra alabanza pierde la fuerza que necesita por la misericordia del Señor. Y así nos lo recuerda el profeta Jeremías. Y tú, hijo de hombre, di a la casa de Israel. Vosotros andáis diciendo nuestros delitos y nuestros pecados pesan sobre nosotros y por eso nos estamos consumiendo. ¿Cómo podemos vivir así? Pues diles, por mi vida, oráculo del Señor Dios, que yo no me complazco en la muerte del malvado, sino en que el malvado se convierta y viva. Convertíos, convertíos de vuestra perversa conducta, porque os obstináis en morir. ¿Por qué os obstináis en morir, casa de Israel? Ezequiel 33. Vemos entonces que la conversión consiste en la invocación del nombre de Dios a fin de que el Señor nos pueda ayudar, pues sólo él tiene la fuerza y la gracia del Espíritu para llevarla a efecto. Y así nos lo enseñó Jesús cuando nos dijo, cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas, en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu padre, que está en lo secreto. Y tu padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará. Cuando recéis, no uséis muchas palabras como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, por vuestro padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros orad así. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Está tomado de Mateo 6. En definitiva, pues la iglesia custodia y enseña todo esto. Es la que custodia las enseñanzas y una y otra vez nos las repiten en nuestro caminar de la vida. Pues la oración personal es fundamental para la vida del hombre. Podemos decir con total seguridad que la oración es tan necesaria como lo es el aire para el cuerpo. Estamos metidos en un año de preparación para el jubileo del año 2025 y hay un documento elaborado por el Vaticano que en este sentido pues cuida un poquito las líneas sobre las que hemos de trabajar. Hoy en día la Virgen María, sabemos bien, no para de pedir en todas sus manifestaciones que hagamos oración, pues sin oración acabamos en el abismo de la muerte, muerte eterna además. Atendamos entonces sus mensajes y perseveramos en el rezo diario del santo rosario. Es una oración verdaderamente sencilla que todos podemos practicar en la que rezamos el Padre Nuestro y un conjunto de Ave Marías a modo de rosas. Todos se lo presentamos a María y le pedimos por la conversión de los pecadores, por las necesidades de la familia, los enfermos, por la paz del mundo, por las necesidades de la misma iglesia a la que pertenecemos. Con todo esto lo que hacemos es ejercer una responsabilidad personal y vamos así experimentando nuestra propia conversión. Con todo nos vamos configurando con Cristo cuando recibimos el sacramento de la Eucaristía y el de la Penitencia. Por la gracia del Espíritu Santo vamos acrecentando día a día el don de piedad pero también los demás dones, los cuales son una seguridad de que aumentan nuestra fe con paz y sosiego en su divina presencia. Aumentan las virtudes. Se nos va haciendo cada vez más la relación con Dios más íntima, más cercana. Se potencian las virtudes teologales, decía, la fe, la esperanza, la caridad, también las cardinales, la prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza y este en definitiva es el camino de santidad al que Dios nos llama desde siempre. Pues toda la humanidad espera el ejemplo de nuestras vidas para su propia conversión. Pues bien, poco más que añadir en lo formal de hoy, ahora entraremos un poco, abriremos el diálogo e iremos un poco perfilando todo lo que hemos comentado desde otros puntos de vista, pero que mi deseo es que este programa de radio sobre el acompañamiento espiritual nos sirva para ejercitarnos en la perseverancia, sobre todo en la vida de oración, por medio de este clamor a Dios con la intercesión de la Virgen María, por todas las necesidades que sabemos que hay en la sociedad, en el mundo actual, por toda la humanidad. Y sólo me queda añadir una reflexión de nuestro fundador de la Adoración Nocturna, el Venerable Luis de Trelles y Novena. Decía así, la oración y la meditación son el alma de la adoración a Dios en espíritu y en verdad. Y lo mejor de ese acto espiritual es la súplica por todos los hombres, cooperando a la salvación del mundo pecado. Pues bien, que el Señor nos bendiga en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Abriremos la consulta a partir de este momento y el Arturo, que está gobernando un poco los paneles, pues me irá pasando las preguntas que vayáis haciendo por las vías que están abiertas. Yo, entre tanto, pues voy a ir ampliando un poquito, anticipando un poquito, aunque ya trabajaremos todo eso también. Pensad que este programa es de una hora, da mucho juego. Y yo estoy empezando de alguna manera a moverme en estos campos del directo. Son mis primeras experiencias en radio. Aquí estoy como que hablando solo, pero sé que está llegando a los oyentes, no cabe duda. Pero todavía me falta la chispa, quizás, de la naturalidad. Esto irá llegando poco a poco. También medir un poco la preparación de contenidos, hasta dónde quiero llegar o hasta dónde quiero llegar. Pero lo interesante es que el programa nos va a permitir como ir hacia adelante y hacia atrás, revisando una y otra vez conceptos que nos pueden quedar un poquito en el aire. A mí se me ocurre interesantísimo leeros, por ejemplo, unas palabras que son más actuales, del Papa Benedicto XVI, que ya comenté en la introducción, cuando nos presentaron el viernes pasado, y dice de esta manera, dice, hoy más que nunca se necesitan maestros de espíritu, sabios y santos, un importante servicio eclesial, para el que sin duda hace falta una vitalidad interior que debe implorarse como don del Espíritu Santo, mediante una oración intensa y prolongada, y una preparación específica que es necesario adquirir con esmero. En este sentido, voy ampliando contenidos, pues que tomemos conciencia desde el primer día que, como he dicho, la oración nos hace falta como el agua al cuerpo. La oración es algo esencial en la vida del cristiano, no hace falta repetirlo muchas veces, pero sí es necesario que tomemos conciencia de lo importante que es. ¿Y qué es eso de la oración? Vamos a concretar, porque muchas veces dicen, no, no, no, explícame, porque yo quiero saber qué es esto y hasta dónde tengo que llegar y hasta dónde no. Mira, en primera reflexión, la lanzo con una pregunta, especialmente para los adoradores que nos están escuchando. Creéis, va para todos los escuchantes, pero todos los oyentes, pero la enmarco un poco en el área de la oración nocturna. ¿Creéis que una vigilia al mes es suficiente para llevar una vida cristiana de oración? Cuando Luis de Trellis fundó la oración nocturna, seguramente no hacía falta explicar esto. ¿Por qué? Porque el siglo XVII, el siglo XVIII, sobre todo, fueron riquísimos los maestros de oración y todo el mundo cristiano, todo el mundo católico, vivía en un ambiente de oración donde no había televisión, donde no había teléfonos, ni medios digitales, ni tanta oferta del mundo, con lo cual la vida recogida en el hogar, la vida recogida en la familia, era lo que imperaba. Pero evidentemente los principios fueron de muchas personas perseverantes y comprometidas en la vida de oración. Y a ver, yo que voy al mes a todos los domingos, pero a mí nadie me ha explicado esto, cómo lo puede llevar. Mira, tú puedes vivir con el mínimo. Es verdad que Cristo te puede dar si tienes un comportamiento orientado al bien, te puede dar con una comunión dominical, te puede dar todas las gracias en ese momento, las que necesitas para la siguiente semana. Pero lo normal, lo ordinario, es que el cristiano sepa orientar el día, ofrecer el día y sepa también hacer una revisión de vida a su término. Todo eso es oración. La oración, por excelencia, nos puede parecer que es la vocal, nada más lejos de la realidad. Es necesaria. Mirad, os anticipo ya un poquito, el trabajo que hace un campesino, pues no para de quitar piedras del terreno si quiere que las semillas caigan en buen lugar. Pues esto sería un poquito el valor de la oración vocal. Es necesaria porque está preparándonos, preparando la tierra, nuestra mente, nuestra voluntad, nuestro espíritu, los está uniendo y los está preparando para trabajar unidos. Cuando yo rezo la oración vocal, especialmente pues el rosario, que es lo más significativo que tenemos en la iglesia, estoy repitiendo Ave Marías, pero estoy sujetando mi mente, sujetando mi voluntad y poniendo ese espíritu de amor en lo que en las alabanzas le estoy diciendo a la Virgen María. ¿De dónde parte esa oración? La oración vocal no nace en la mente, nace en lo más íntimo de nuestro ser, porque es el espíritu el que va moviendo todas esas intenciones. De manera que desde el primer momento estamos recibiendo el don del espíritu. Ese don que nos pone un poco, pues eso, en conciencia de responsabilidad y de trabajo. Mente, memoria, voluntad, entendimiento, están trabajando al unísono para ser fiel reflejo de la imagen de Dios que decíamos. Alabanzas que suben al cielo, guiadas por los ángeles y llevadas de alguna forma a la presencia del Padre. Todo eso se transforma en gracia, caudales de gracia, caudales renovados, porque la iglesia en la tierra está unida a la iglesia del cielo. No trabajamos nosotros solos, ellos oran por nosotros, nosotros oramos por ellos y por las necesidades de todo el mundo. Actuamos como, la iglesia actúa como un sacramento también, como imagen de Cristo. Trabaja por toda la humanidad, busca la evangelización de todos los pueblos, no se queda en su ombligo, busca salir siempre un poco a los más necesitados. Y en este sentido, pues para mí ha sido un hallazgo encontrar esta emisora. Gracias, Emilio, por haberme ofrecido esta posibilidad. ¿Por qué? Pues porque, para los que no lo sepáis, es una radio hecha por ciegos y para ciegos. Entonces qué bonito evangelizar a las personas que están un poco, por su circunstancia, apartadas, por así decirlo, de la realidad social. Aunque hoy tenemos muchos medios que ayudan a integrarlos, pero para mí es una dicha, es un honor y es un premio el trabajar para estos fines. Bueno, continuamos un poquito con el siguiente nivel. Decíamos que la oración vocal se inicia en el corazón, se expresa por la boca y se convierte en alabanza que va orientada y dirigida al Padre. Pues bien, la oración de meditación tiene un sentido inverso. Escuchamos la palabra de Dios, leemos la palabra de Dios y por los sentidos entra el mensaje hacia nuestro interior. ¿Veis? Tiene un sentido inverso. Pero siguen trabajando las potencias. Memoria, entendimiento y voluntad vuelven a estar atentas para ser una misma unidad, en el mismo espíritu. Nunca leamos las lecturas de las Sagradas Escrituras teniendo un poco la interpretación ligera y humana. Por eso nos debemos a las enseñanzas del magisterio y en este sentido no hay mejor interpretación que la que hace la Iglesia sobre ellas. Para entenderlas bien, porque aunque son palabras humanas, las que nosotros leemos son palabras humanas y así está escrita la Biblia en toda su extensión, las palabras de la Biblia son inspiradas y esto nos da una idea de que han de leerse con el mismo espíritu que fueron escritas. Claro, si yo no tengo previamente una oración vocal ni estoy preparado, no puedo captar el mensaje de las Escrituras. ¿Por qué? Porque me falta de alguna manera la clave para entenderlas y esa la da el Espíritu Santo. Qué cosa más saludable y qué cosa más bonita entenderla así. De manera que el que se inicia en la oración nunca, por ningún concepto, puede abandonar, se entienden las palabras, no puede abandonar la oración vocal. La oración vocal hay que mantenerla porque además es la oración de los sencillos y si queremos dar un servicio a la Iglesia tenemos que estar del lado de los sencillos. Si vamos de tros, seguramente nos pasemos de largo o nos vayamos demasiado adelante y al final no estamos cerca de nadie. Oración vocal, oración meditada, interpretándola conforme al Espíritu y para eso necesitamos un acompañante. Fijaros que hay un relato muy bonito, me viene a la memoria en este momento, el relato del ministro de Candaces cuando a Felipe el Espíritu lo lleva y lo encamina donde iba este ministro en su carroza y se pone a su lado y va leyendo a al profeta Isaías y le pregunta ¿entienden lo que están leyendo? y claro este ministro de Candaces le dice pues ¿cómo lo voy a entender si nadie me lo explica? Entonces pacientemente Felipe se pone a su lado, le va explicando poco a poco las escrituras desde el comienzo y el porqué y el cómo la figura de Cristo centra la vida, la historia de la vida. ¿Qué cosa más bonita? Pues esto es lo que necesitamos, ir centrando la realidad de la vida, centrarla en Cristo que es de alguna manera el revelador del Padre. Dios Padre es el sujeto de la revelación, el hijo es el objeto, él nos da a conocer, perdón, el hijo es el sujeto que nos da a conocer al Padre. Pues estos son temas importantes que tenemos que tener muy claros para avanzar en esa vida de oración de cidad. Y nos queda un escalón más, el escalón es la oración de meditación, de contemplación, perdón, la oración de contemplación. Hemos hablado de oración vocal, de oración de meditación, en la que cabe meditar la palabra de Dios, meditar la vida de los santos, meditar las enseñanzas de los padres. Distingamos en este en este tema también que es importante lo que son los padres apostólicos, llamamos padres apostólicos, a los que fueron enseñados por los apóstoles. Evidentemente los apóstoles vivieron con Jesús, pero las generaciones posteriores aprendieron con los padres apostólicos y después de que los padres apostólicos murieron y quedó la escritura del Nuevo Testamento culminada, son los padres de la iglesia los que nos han ido llevando a lo largo del camino. Prácticamente todo ha sido aclarado, todo ha sido analizado porque hubo mucha controversia y mucha duda y con San Isidoro de Sevilla se considera que fue el último padre de la iglesia, así lo reconoce la iglesia. ¿Y qué tenemos después? Pues las enseñanzas del magisterio, que lo que van haciendo es actualizar con palabras del momento esas enseñanzas de los santos padres. Eso es así. Y decía que tenemos ese escalón inmediato, la contemplación, pues veréis qué cosa más sencilla de entender que es contemplar. Si en la oración vocal la oración partía del corazón y la expresamos por la boca y en la meditación era el sentido inverso, entrada por los sentidos para llevarlo al corazón, la contemplación es recogimiento de las potencias del alma. Memoria, entendimiento y voluntad están recogidas en la presencia de Dios y se convierte en adoración. Eso es la contemplación. Hay quien dice, bueno, para los principiantes hay que dar de alguna manera alguna facilidad. Claro que sí. Nadie va a entrar en la oración vocal de la noche a la mañana, como nadie ha sido soldado y al día siguiente general de la noche a la mañana. Todo lleva un proceso, todo lleva unas pautas y se empieza desde la sencillez y desde la pequeñez. Yo empecé rezando tres Ave Marías, ya veis. Pues así hay que empezar, de la mano de María. Ya vendrán momentos en que la misma oración nos va pidiendo algo más. Vamos a rezar un misterio. Vamos a contemplar ese misterio, meditando y pensando en ello y va apareciendo la necesidad de formar, de meditar más y poco a poco cojo un párrafo del Evangelio y poco a poco me voy guiando y cojo otro, un capítulo entero y poco a poco digo me lo voy a leer entero, pero poco a poco, no al mismo día. El Nuevo Testamento no es un libro de historia ni es un libro como una novela. Hay que cogerlo con dosis pequeñas. Cada día un capítulo ya sería suficiente. Pero hay que ir cogiendo los hábitos. Y la contemplación son ratos de silencio, preferiblemente ante el Santísimo en la Iglesia o expuesto o en el Sagrario, donde estoy en la certeza de estar delante del Sagrado Corazón de Jesús. Y ahí en esa unidad de espíritu, como decía aquel contemplativo, yo le miro, como Santa Teresa, yo le miro, él me mira. Y eso es oración. Eso es oración de contemplación. Claro, estar media hora, que es lo que hacemos en la oración nocturna o lo que debiéramos hacer en la oración nocturna, conlleva un esfuerzo de negación. Para los que se inician, pues a lo mejor es bueno y así se sugiere, pues que tengan unos textos para leer que les ayude a estar por lo menos meditando y no perder el norte, no estar con la mente revuelta. Tampoco nos ha de estañar las distracciones, es lo más habitual de la tendencia humana, sobre todo en los principios, porque uno se pone a hacer oración, da igual el modo y manera de oración de lo que hemos comentado, cualquiera de los niveles de oración que hay, y al cabo de cinco minutos está distraído y está rezando quizás por rutina. Bueno, pues esto nos pasa a todos. A mí el primero. No os oculto la realidad, a pesar de los años y de la experiencia, pero el ejercicio de perfección es que yo me dé cuenta y vuelva rápidamente donde tenía que estar. Que no esté en la oración pensando en el partido de fútbol del domingo. Que no esté en la oración pensando en lo que voy a hacer de comer el fin de semana. Que no esté en la oración recordando historias del pasado que son inútiles, que me vienen simplemente porque la mente nos propone una y otra vez, esa loca de la casa, decía Santa Teresa, nos propone una y otra vez distracciones. Y entonces, en la medida que yo sea capaz de ir perfeccionándome por la gracia, en la medida que yo me voy a dar cuenta de que mis actos de oración, mis actos con el prójimo, mis palabras, mis obras, mis pensamientos son o están siendo cada vez más perfectos porque el espíritu va trabajándome interiormente. No lo veo, es mística, no lo veo, pero lo puede explicar. Cuando uno lleva una vida de oración perseverante, con el paso del tiempo, mira hacia atrás y es capaz de decir, madre de mi vida, menudo giro, menudo cambio he pegado yo de cómo reaccionaba antes ante determinadas situaciones y cómo me ayuda la gracia de Dios a controlar mi vocabulario, a controlar mis gestos, mis palabras, mis obras con todo el mundo, a tener en definitiva caridad con el prójimo. Pues eso, que veamos que hay mucho fruto que esperar de este acompañamiento espiritual, que confiemos plenamente y en la medida de lo posible, pues cada uno que busque tener lo que se llama una observancia diaria de oración. El ideal para poder empezar un acompañamiento espiritual serio es tener estas vías de oración diarias, rosario, meditación de un capítulo del evangelio y media hora de oración contemplativa. Se añade dentro de esa observancia la eucaristía diaria y la confesión frecuente en la medida de la necesidad, sobre todo a los principios. Bueno, pues vamos a dejarlo ahí y yo me callo para que el moderador me diga si tenemos por ahí alguna pregunta que aclarar. Gracias. Muchas gracias. De acuerdo, el teléfono que tenemos para que podáis intervenir, el que así lo considere, el 910 60 70 93 y tenemos por aquí a Carmen desde Cuenca. Hola, buenas noches. Buenas noches, Carmen. Hola, Arturo. Buenas noches, Javier. Bueno, nada, me descubro antes. La buena, ¿cómo le llamemos? charla o práctica o lo que sea. ¿Cómo le llamamos, Javier? Pues se le puede llamar una reflexión o una conversación, porque el acompañamiento espiritual habitualmente se lleva a modo de conversación. El acompañante y acompañados o uno solo, cuando se trata de iniciarlo, pues se gestiona de una manera como una conversación. Lo que ocurre es que aquí ha sido un poco un solo, como decir, una dirección de diálogo por las técnicas de la radio, pero lo ideal es que haya un diálogo abierto, lo más participativo posible y mi idea es que en el futuro, cuando vayamos avanzando y practicando, el micrófono esté abierto para vosotros también permanentemente y sea un diálogo fluido y normal. Sí, ¿sabe lo que pasa? Que nos pillas una hora, los que normalmente nos solemos conectar, nos pillas a una hora de la cena y encima con responsabilidades en la casa y por eso a lo mejor la gente nos animamos. Pero bueno, a propósito de la oración, pues me ha encantado. A mí me cuesta muchísimo, yo soy adoradora y ahora aquí estoy en el pueblo, en mi pueblo pequeño de la alcaldía conquense, no tenemos misa, nada más que los sábados por la tarde. Entonces, a mí me vale muchísimo y me sirve para no enfriarme, porque claro, si no llega un momento que te... si estás acostumbrada, sobre todo a la misa diaria, a la comunión y a estar, yo por lo menos cuando estoy en Cuenca, dos horas que tengo comprometidas en lo largo de la semana en la capilla de adoración perpetua, pues si no tienes un seguimiento, como tú dices, durante tiempo se enfría, se enfría, el alma se enfría. Entonces, yo lo que hago es que todos los días estoy una hora en la iglesia, que no... además soy María de los Sagrarios, el Sagrario Este sí que se puede llamar un Sagrario abandonado y estoy todos los días una hora en la iglesia, pero soy más... soy más parlanchina. A ver, yo me cuesta mucho la oración mental, la oración me cuesta mucho, a lo mejor si me pongo a ello, pero luego a lo largo del día, a lo largo del día, es que estoy como conectada con el Señor, o sea, cualquier situación, cualquier cosa que me pase enseguida como que me conecto a control remoto, ¿sabes? me conecto, doy gracias por cualquier cosa que hago, que me pasa o cualquier cosa, o pido ayuda en ese momento, pido al Señor, le digo qué tengo que hacer, por dónde tengo que salir ante esta situación, no sé, no sé si lo que estoy diciendo es una tontería, pero bueno, a mí me pasa. No, no es ninguna tontería, porque vives cercana de alguna manera a la medida de tus posibilidades, a los medios de la gracia. El modo y manera habitual de que el Espíritu Santo nos oriente es la inspiración y la emoción, o sea, la mística tiene unas vías, ya podemos hablar un poquito de esto para entenderlo, que son... las esenciales son esas, el común de los mortales nos movemos por inspiración y nos movemos por emociones, el Señor nos da un pensamiento y nosotros lo desarrollamos, mira, esta pista que me está llegando, eso viene del espíritu, lo que pasa es que a veces nos apropiamos de ese consejo, no, es que yo tengo una buena... esto es cosa mía, no, no, vivamos con pobreza también este sentir y veréis que eso aumenta, porque van creciendo los dones de la gracia, van aumentando exponencialmente, vale, y bueno, pues mantente en esa línea, mantente en esa línea, en la medida de tus posibilidades, no te apures, sabes, haz lo que puedas y ya está, no tiene más misterio, lo que no se puede hacer no te lo puede pedir el Señor, pero si no tienes posibilidades de Eucaristía, pues haz una comunión espiritual. Sí, o la escucho por Radio María cuando estoy aquí, sabes, la escucho por Radio María. Otra cosa que para los oyentes que nos puedan estar escuchando, a lo mejor gente que no es de los asidos, nosotros aquí en esta radio rezamos durante el día las cuatro partes del Rosario y siempre a las cinco de la tarde, siempre un grupo de personas nos reunimos unos días más, otros días menos y los rezamos en comunidad el Rosario. Y cuando has dicho de una radio hecha por ciegos, no se te olvide nunca, Javier, que hay mucho tipo de ceguera. Nosotros, Emilio ya nos conoce un poco, Emilio ya conoce un poco porque ha tratado con alguna persona ciega y hay muchos más ciegos del corazón que de la vista de física. A eso hay lo que hay que tenerle. Nosotros quizá vemos, como decía en el programa de Emilio el miércoles, un cantante que trajo José Ramón y le estaba diciendo realmente lo que yo estaba pensando también, que vemos de otra manera y como no nos despeitamos con el sentido de la vista, vemos de otra manera otros matices, otra cosa. Y bueno, me despido y doy paso a otras personas que puedan venir. Muchas gracias por estar con nosotros en esta radio. Gracias a Emilio por haberte traído y nada, adelante. Muchas gracias. También tenemos a Consuelo desde Albacete. Buenas noches. Hola, buenas noches. La verdad es que es una maravilla escucharte. Te digo de tú. Sí, sí, no hay problema. Porque, Javier, porque la oración es lo más grande. Para mí es el oxígeno, el aire que respiro y sin ella no puedo caminar. Entonces, ¿que soy ciega? Pues sí, pero también, como dice Carmen, yo siempre digo que nosotros vemos de otra manera y sentimos de otra manera. No somos ni mejor ni peor, pero cuando Dios permite que no veamos nos da otras sensibilidades y otra forma de ver. Y él, lo mismo que le dio la vista a los ciegos para dar testimonio de su maravilla grandeza, pues nosotros no es que nos da la vista de los ojos, nos da la vista del corazón. Nos infunde el amor, nos infunde la oración. Y entonces eso es lo que nosotros tenemos que expandir. Yo lo digo que tenemos que ser expandidores del perfume de Cristo y que la gente, los hermanos, pues aprendan a amar a Cristo, pero no de los ojos, sino del corazón. Yo se lo digo muchas veces. En la iglesia, a los sacerdotes, cuando yo voy a la adoración, la verdad es que, ya lo comento, yo sin la oración no puedo. Y te digo que para mí la oración más feliz es cuando no hay ruidos de coches, no hay ruidos en la calle y solamente puedes estar pensando, estás aquí conmigo, qué feliz soy. Eso es lo más grande que yo puedo sentir cuando estoy orando por la mañana. Y de verdad te doy las gracias por haber querido estar con nosotros en la radio, en esta radio, que puede hacer mucho bien y dar testimonio de nosotros los que nos vemos con los ojos. Pues muchas gracias, Consuelo. Repito otra vez. Bien, podemos hacer un poco de recapitulación, si queréis. ¿Tenemos alguien más, Arturo, o no? No, ya vamos llegando al final de la hora. Bueno, pues nos quedan unos minutos y vamos terminando. Y, bueno, pues hacemos un poquito de recapitulación. Necesitamos la oración como agua de mayo. Sin oración el acompañamiento espiritual ha perdido todo el sentido que queramos darle. No tiene mayor trascendencia el tema. Es una conclusión a la que hemos llegado, pero que tiene que quedar muy claro desde el principio. Si yo no soy capaz de tener una vida de oración, difícilmente puedo avanzar en la compañía del Espíritu. ¿Por qué sucede esto? Porque, mira, cuando no vives con un camino de oración y de vida de sacramentos, lo normal es que no valores los medios que la Iglesia dispone y ha puesto para enriquecer a los fieles. ¿Cuál es el lugar más adecuado del acompañamiento espiritual? Pues me estoy anticipando también, pero es interesante saberlo. Si yo no soy capaz de reconocer mis faltas, difícilmente las voy a enmendar. Suele ocurrir, y esto también nos enseña a todos, que las faltas más difíciles de enmendar son las que han echado raíz en nosotros. Si cuando éramos pequeños hemos vivido en unos ambientes donde era natural, yo qué sé, contestar mal, pues aquello ha hecho raíz en nosotros y tenemos el hábito de contestar mal o de no hacen más que hablarme y ya estoy yo preparando la respuesta. No hacen más que darme una idea y ya estoy yo maquinando en mi cabeza, dándole vueltas a lo que voy a decir, incluso interrumpo a la persona que me está hablando y falto la caridad. O me llaman por teléfono y me río, este es mi caso, ahí se queda. Es una falta de caridad. Puede ser una persona que te incordie, puede ser una persona que te sea molesta, pero la caridad te tiene que mover. Mira, Pulanín, no te puedo atender en este momento, te he cogido el teléfono para que lo entiendas, que te estoy recibiendo, pero no puedo atenderte en este momento. Ya te llamo yo luego más tarde. Tenemos que tener reacciones en la vida ordenadas, conformes con la voluntad de Dios en todo. Nuestros actos, los más sencillos, pero los más perfectos posibles para no faltar, como decía, a la caridad. ¿Por qué? Porque además en cada persona está viviendo el mismo Cristo que tengo yo en la mía. Y si desatiendo a mi prójimo, desatiendo al mismo Cristo que digo que vive en mí. Esto es pobreza espiritual. Y me ha encantado que iniciemos este programa sin haberlo preparado precisamente el Día de San Francisco. Esto ya me ha ocurrido otra vez. En el año 2001 echamos a andar con el turno de la Adoración Nocturna en un 4 de octubre en la iglesia de Santo Domingo en Cartagena, lugar en el que resido yo. Entonces, no sé, me llamo Francisco Javier, aunque me presento como Javier, soy más Javier que Francisco, pero realmente el espíritu de pobreza y humildad de San Francisco debe de estar presidiendo todos nuestros haceres y toda nuestra vida cristiana. Pues por mi parte, nada más, os emplazo al próximo viernes, en principio a las 9. Dejo abierta la posibilidad, o dejo abierta la posibilidad, si es que la demanda de los que tenemos actualmente y los que habitualmente nos oigan, les venga mejor otra hora, yo estaría abierto a poder cambiar la hora, el día o lo que haga falta. Arturo, toma buena nota y dispuestos a serviros en la mejor manera que se pueda. Pues nada más por mi parte, el próximo día soy yo el que no va a poder estar presente, os prepararé un programita y quedará grabado y lo escucharéis. Como digo, pues eso, estaremos un poco dando pasitos adelante, pasitos de recuerdo, pasitos adelante, porque el acompañamiento espiritual es continuamente eso, enseñar en qué consiste el recogimiento de la mente, la quietud de la voluntad y cómo el espíritu puede ir trabajando la unidad de ambas potencias. Pues nada más, hasta otro día. Un saludo a todos.
(c) 2025 por Arturo Fernández - Actualizado: viernes, 13 de marzo de 2026, a las 02:16:20